CP/acta 1809/11 29 junio 2011



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De manera que es muy difícil tener estándares comunes universales. Lo que es un hecho, una realidad concebible al menos, es que por mecanismos plenamente constitucionales se pueden proponer modificaciones institucionales que se traduzcan en el largo o en el mediano plazo en un debilitamiento de la separación de poderes al punto de concebiblemente hacer de esa separación una realidad efímera, virtual.
¿Cómo lidiar con un problema así? Algunos han planteado la posibilidad de dar la capacidad de activar mecanismos de protección democrática, en esta Organización, a otros poderes del Estado. Eso, naturalmente, produce otras dificultades: objeciones en la línea de cómo lidiar con la conveniente representación única y clara de los Estados Miembros en esta Organización, cómo compatibilizar eso con la posibilidad de dar lecciones ante la misma a otros poderes del Estado. Habría ahí una contradicción y se generarían dificultades adicionales.
Frente a eso surgen soluciones distintas y quiero llamar la atención respecto de al menos una línea, ya que nuestra propia Carta, en su parte preambular, hace referencia al hecho de que las cláusulas democráticas existentes en mecanismos regionales y subregionales comparten los mismos objetivos que la Carta. Comparten los mismos objetivos, pero no necesariamente los mismos mecanismos. Por eso resulta ilustrativo conocer algunos de ellos.
Para lidiar con este tipo de situaciones y otras es que, por ejemplo, en un mecanismo regional que es el al Tratado Constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), que se aprobó en los últimos meses del año pasado, se establece un mecanismo distinto al nuestro, distinto y más amplio en dos sentidos: primero, en que se amplían los casos en que se puede activar el mecanismo de protección democrática. La acción también es más amplia en cuanto a que, en lugar de dar acción o capacidad de activar el mecanismo a otros poderes del Estado, se le entrega la capacidad al Presidente Pro témpore, equivalente a nuestro Secretario General, de actuar de oficio, de activar de oficio los mecanismos de protección democrática cuando se verifique alguna de las hipótesis contempladas y también se da la capacidad de activar esos mecanismos a cualquier otro Estado Miembro.
Este es un mecanismo distinto al que se ha dado en la OEA y que tiene una inspiración que sentimos que vale la pena considerar y discutir en la búsqueda del mecanismo más eficiente que nos queremos dar en la OEA, para ir cumpliendo con la aspiración de nuestros pueblos de tener democracias cada vez de mejor calidad y dentro del marco de nuestra Carta buscar concretar mecanismos de protección democrática cada vez más perfectos.
Gracias, Presidenta.
La PRESIDENTA: Thank you very much, Ambassador, and may I take the opportunity to extend, on behalf of the Council, our wishes for every success to your government on the holding of the conmemoración hemisférica del décimo aniversario de la Carta Democrática Interamericana y la renovación del compromiso de las Américas con la democracia, an event to be held in Valparaiso on September 3 and 4. Thank you.
I now recognize the Ambassador of Costa Rica.
El REPRESENTANTE PERMANENTE DE COSTA RICA: Gracias, señora Presidenta.
Creo que todos merecemos una felicitación, sobre todo los promotores de la idea de hacer estos diálogos, porque esto nos permite reflexionar serenamente sobre los contenidos y alcances de la Carta. Aunque no es esperable y, tal vez diría, ni deseable que lleguemos a acuerdos totales en esto, es muy útil porque nos permite definir posiciones y poder contrastarlas; definir puntos de vista y ponerlos sobre la mesa para que todos contribuyamos a llegar a conclusiones compartidas o a reconocer las diferencias. Todo eso es siempre útil y democrático.
Quisiera comenzar por informarles que del 11 al 13 de mayo tuvimos el gusto, en San José de Costa Rica, de realizar el primer seminario subregional de la OEA en conmemoración de los diez años de la Carta Democrática. Lo hicimos en colaboración con otras entidades privadas de la sociedad civil y no solamente festejamos los diez años de la Carta Democrática, sino también los treinta años de haberse iniciado los procesos de pacificación en Centroamérica que permitieron el retorno de la región al sistema democrático. En la sala se está distribuyendo un boletín que, aunque no es oficial, refleja lo que ocurrió en San José en esos días, los temas que se abordaron y los participantes en esas discusiones.
Hoy nos toca abordar el capítulo I de la Carta, pero me voy a retrotraer a la parte considerativa de la resolución mediante la cual se adoptó la Carta en el año 2001, para citar uno de los párrafos que me parece importante tener presente como contexto de lo que contiene el capítulo I. Ese párrafo dice así:
CONSIDERANDO que en la Declaración de Managua para la Promoción de la Democracia y el Desarrollo, los Estados Miembros expresaron su convicción de que la misión de la Organización no se limita a la defensa de la democracia en los casos de quebrantamiento de sus valores y principios fundamentales, sino que requiere además una labor permanente y creativa dirigida a consolidarla, así como –y aquí viene la parte que me interesa destacar más –un esfuerzo permanente para prevenir y anticipar las causas mismas de los problemas que afectan el sistema democrático de gobierno.
Creo que es importante tener en mente este párrafo, como digo, al abordar el texto de la propia Carta. Y me remito ahora entonces al artículo primero que dice, en su primer párrafo: “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla”.
Creo que este artículo merece, aunque sea somero, un análisis porque es lo que marca la pauta de todo el contenido de la Carta. No en vano es el artículo primero. Aquí se establece algo muy interesante. La arquitectura del sistema interamericano tiene como elementos componentes los Estados representados por sus gobiernos. Aquí muchas veces se ha dicho, con razón, que la Organización de los Estados Americanos es una organización intergubernamental porque son los gobiernos los poderes ejecutivos. Cuando digo gobierno lo hago en el sentido “poder ejecutivo”, los que están representados aquí, los que conducen la representación de su país y los que gestionan ante la Organización.
Esto ocurre en virtud del principio de representación. La Carta reconoce este principio en el artículo segundo cuando habla de “el ejercicio efectivo de la democracia representativa”, lo mismo que lo hace en el artículo tercero, en la primera línea también, cuando habla de que “son elementos esenciales de la democracia representativa” tales y tales.
Ahora, esto quiere decir algo: el artículo primero lo que nos dice, y lo dice muy claramente, es que el titular de los derechos de la Carta y todos los relativos a la democracia es el pueblo. Son los pueblos los titulares. Y establece obligaciones correspondientes del representante, del apoderado. Generalmente hay un triángulo que es el titular del derecho, que es el que otorga poderes; el apoderado, que recibe el encargo, y un tercero, frente a quien se obtienen o se pactan obligaciones o derechos.
Este artículo primero no configura el triángulo completo. Le establece obligaciones al apoderado, al representante, no a terceros; ni siquiera a la Organización. Entonces, siempre tenemos que tener presente, cuando interpretemos la Carta y los demás instrumentos de la Organización, que el verdadero titular, porque es el soberano, es el pueblo y el Gobierno no es más que un representante.
Esto, como digo, es importante tenerlo presente porque cuando se hable de quebrantamientos del sistema democrático, hay que tener claro que la víctima, que el sujeto pasivo no es el gobierno de ningún Estado, sino que es el pueblo, que es el titular de sus derechos. Y que, por el contrario, ese representante puede, si ejerce mal su representación, quebrantar la democracia perjudicando los derechos del pueblo que se supone representar.
Este capítulo primero tiene mucha miga y da mucho para hablar y analizar. Me voy a limitar a tocar dos o tres puntos muy superficialmente: uno son el del artículo tercero que se refiere, como lo ha mencionado el Embajador de Chile, a la separación e independencia de los poderes, pero también al sistema plural de partidos y organizaciones. El artículo tercero, en concordancia con el cinco, se refiere a los partidos políticos. Ese es un tema álgido en nuestra América porque en algunos de los países el libre juego de los partidos políticos no es pleno todavía e, incluso, sufre retrocesos.
Quiero resaltar también el señalamiento de la necesidad de la separación e independencia de poderes. Quisiera decirle al Embajador de Chile que el mecanismo que él menciona como de la UNASUR está ya en la Carta Democrática desde hace muchos años, desde que se adoptó la Carta hace diez años. Ese mecanismo está ya en la Carta y puede ser activado por el más alto funcionario de la Organización o por otro Estado. Pero yo no me voy a referir a eso porque eso está en el capítulo IV y cuando aquí nos volvamos a sentar a hablar sobre el capítulo IV, yo voy a tratar de hacer unos comentarios.
Simplemente quería recalcar la importancia de la libertad de expresión y de prensa en el artículo 4, también en el sentido de que aquí, cuando hablamos de libertad de expresión, pensamos mucho en la prensa, pero la Carta recoge no solamente la libertad de prensa, y lo significativo es que lo cite separadamente, sino la libertad de expresión. En los ciudadanos, que incluso muchas veces no tienen acceso a los medios de comunicación para expresar sus opiniones, en eso tenemos que pensar. En esto tenemos que progresar.
Gracias.
La PRESIDENTA: Thank you very much, Ambassador. I now recognize the Ambassador of Dominica.
El REPRESENTANTE PERMANENTE DE COMMONWEALTH DE DOMINICA: Thank you very much, Madam Chair. Again, let me join the House in congratulating you on being an excellent representative of diplomacy in the Caribbean.
I am pleased, Madam Chair, on behalf of the members of the Caribbean Community (CARICOM), to contribute to this debate on the Inter-American Democratic Charter (IADC), mandated by the General Assembly of the Organization of American States.
Chapter I of the IADC focuses on the place of democracy in the American system. In fact, the chapter captures well the centrality of representative democracy in the Hemisphere and the obligation of governments of the states of the region to promote and defend it.
Madam Chair, CARICOM member states are justly proud of their track record regarding the promotion and defense of representative democracy, which we regard as the bedrock on which our democratic infrastructure rests. Throughout our history, two factors have emerged as crucial by way of explaining this track record: ethical leadership and a knowledgeable and engaged populace.
Of course, the constitutional orders of all CARICOM member states guarantee the right of participation on the basis of human rights and, in particular, adult suffrage. Beyond the formal right to vote, however, we evince a situation in which people actually love the political game. No formal qualifications are necessary to participate in this game. We recognize, nonetheless, that education enhances the quality and effectiveness of popular participation in governance and accept that the state, in partnership with civil society, has a legitimate role in promoting that education.
Speaking of civil society, we recall that in 1977, CARICOM heads passed a Charter of Civil Society for the Caribbean Community, underlining “their commitment to the rule of law, to good governance, and to the role of civil society in governance.”
Of central importance, though, is the acceptance on the part of our governments that the obligation to ensure impartiality in the conduct of elections is central. Thus, care is taken to ensure that the electoral commissions and similar bodies are empowered to the point where elections are conducted regularly and are seen to be free and fair.
Of course, even though we hold the notion of representative democracy to be fundamental, it is not static. Thus, in several states, including the Commonwealth of Dominica, Jamaica, and Haiti, participatory democracy has long been extended to a love for the elections of local government structures.
In Jamaica in 2003, Parliament granted the Parish of Portland the right to elect its mayor, and throughout the region, what is called “deliberative democracy”; that is, the regular organization of meetings to discuss and decide on ways of influencing decisions of the government of the day, is gaining support.
What has been described as “electronic democracy,” the use of electronic means and media to enhance information, discussion, and even voting, is also now being discussed.
Madam Chairman, we hold the right to participate in free and fair elections periodically, and free and fair elections as sacrosanct. However, our understanding of representative democracy goes well beyond periodic elections, either at the national or local level. Thus, we insist that the rule of law and those traditions that value responsible public administration, as well as the respect for the right to freedom of expression and of the press, cannot be compromised.
We recognize that the information age and, in particular, the Internet, has engendered widespread ventilation of views and opinions that are not always comfortable for those in authority. Of course, in those instances where the Internet as a medium of expression is being abused, some regulation may be required. However, in general, we view the Internet and its consequences as essential and wholly legitimate aspects of democratic expression in the Information Age. In general, the Internet presents opportunities for innovative action on the part of the state to legitimize new forms of expression, participation, and response.
Is the Inter-American Democratic Charter, as presently formulated, adequate to enable states to undergird the traditional as well as the evolving forms of democratic rights and expression in our hemisphere? We are firmly of the view that it is. In fact, we believe that the capacity for recognizing and adhering to the core principles espoused in Chapter I must reside and be continually nurtured at the national level. This capacity must be grounded in the willingness of leaders, institutions, and civil society organizations, and of course, the people, to fashion a political culture that demonstrates a commitment to continuing to work at consolidating the democratic practice at home and in partnership with other members of our organization. To this long-term mission, CARICOM member states are fully dedicated.
I thank you, Madam Chair.
La PRESIDENTA: Thank you very much, Ambassador, and to the countries of the Caribbean Community (CARICOM). I now give the floor to the Ambassador of Peru.
El REPRESENTANTE PERMANENTE DEL PERÚ: Gracias, Presidenta.

Quisiéramos hacer unos breves comentarios que se van a referir al preámbulo de la Carta y a su capítulo I. Quisiera empezar, al hacer esos comentarios, por dejar en claro cuál es nuestro punto de vista, el objetivo de este ejercicio que estamos haciendo en el Consejo.


Nosotros pensamos que este es un ejercicio de extrema utilidad para lograr precisiones, para profundizar el entendimiento común de cuál es el contenido de la Carta Democrática Interamericana. Entendemos que ese es un ejercicio colectivo en el cual, obviamente, habrá puntos de vista diferentes, pero la idea, por lo menos desde nuestro punto de vista, es que a través de este diálogo logremos acrecentar la convergencia que existe sobre el contenido de la Carta, lograr algunas precisiones adicionales si fuera posible, lograr algunas definiciones precisas como ya se ha expresado en la primera sesión del Consejo en la cual iniciamos este diálogo. Pensamos que esas precisiones, esos entendimientos son de gran importancia para que la aplicación de la Carta sea más efectiva.
Ahora, en términos más específicos, en el preámbulo de la Carta y en su capítulo I hay un mensaje que tal vez no está precisamente dicho, pero que queda claro en su lectura, que es, evidentemente que la democracia es un concepto complejo, es un concepto que tiene un conjunto de elementos que están sintetizados en esta parte de la Carta.
La identificación de los elementos que están en el preámbulo y en el capítulo I, de manera colectiva, ha tenido un proceso de muy largos años. La Carta es fruto de ese largo proceso de convergencia. Ese conjunto de elementos están entonces sintetizados en el preámbulo de la Carta y de alguna manera decimos que todos esos elementos tienen que confluir, tienen que producirse para que haya democracia en la región.
Ese preámbulo nos recuerda, por ejemplo, que la democracia va más allá de la realización de elecciones periódicas, libres y justas; que los derechos humanos son fundamentales; que la educación, el desarrollo económico, la lucha contra la pobreza, la preservación del medio ambiente, entre otros factores, son de gran importancia para la concreción de la democracia.
En consecuencia, aproximaciones simplistas, parciales del tema de democracia no resultarían en su plena vigencia en la región. Es, de alguna manera, obligación de esta Organización trabajar sobre los compromisos que están en el preámbulo y en el capítulo I y hacerlo de manera comprensiva, no trabajando, como muchas veces ocurre, los distintos elementos componentes de la democracia de manera aislada y, en algunos casos, hasta desordenada.
Nosotros reconocemos que en la Organización, y particularmente en la Secretaría, se hace una serie de esfuerzos para trabajar este conjunto de elementos, pero, con toda franqueza, y este es un diálogo que es bueno para decir estas cosas, no vemos una visión de conjunto como la que tiene la Carta. Tal vez sería útil que aquí en el Consejo, en la continuación, en la profundización de este diálogo, pudiéramos tal vez intercambiar puntos de vista que nos permitan tener esta visión colectiva de conjunto que, a su vez, oriente a la Secretaría en la realización de los trabajos específicos que tiene que llevar adelante en la aplicación del mandato.
En este contexto, Presidenta, reitero una vez más lo que ya dijimos en la primera etapa de este diálogo. Somos profundos creyentes en que el acento en nuestros trabajos debe ponerse fundamentalmente en lo que son trabajos de promoción de los valores y de la cultura democrática. Ello nos parece de fundamental importancia porque, si somos exitosos en este esfuerzo, no habrá necesidad de estar defendiendo la democracia, puesto que si somos sociedades que tenemos valores y cultura democrática fuertemente enraizados en nuestras sociedades, no habrá posibilidad de que se produzcan atentados contra la vigencia del sistema que todos queremos para nuestras sociedades.
En consecuencia, queríamos sugerir que tal vez en el Consejo Permanente sería útil profundizar el diálogo en ese aspecto, es decir, en hacer una suerte de programa de trabajo que la Secretaría podría desarrollar sobre la base de los consensos que podamos alcanzar en este proceso de diálogo sobre el conjunto de la Carta. Estoy adelantando una opinión puesto que este ejercicio solamente podrá ser posible una vez que hayamos completado el diálogo sobre el conjunto de los capítulos de la Carta.
Pensamos que hay que darle un sentido operativo a este diálogo, puesto que si bien es de altísima importancia el intercambio de puntos de vista sobre lo que es el contenido de la Carta, reflexiones como las que aquí se han hecho, es también por lo menos de igual importancia darle un sentido de trabajo práctico a estas reflexiones, de tal manera que nuestra Organización pueda hacer un aporte importante, decisivo para la profundización de la democracia regional.
Muchas gracias, Presidenta.
La PRESIDENTA: Thank you very much, Ambassador. I now recognize the Ambassador of Haiti.
El REPRESENTANTE PERMANENTE DE HAITÍ: Merci Madame la Présidente.
C’est ma première prise de parole, je voudrais en profiter pour vous féliciter pour le travail de qualité que vous avez fait à la tête du Conseil permanent et je souhaite dire la bienvenue à mon collègue du Honduras, qui est mon voisin dans cette Assemblée, et aussi j’en profite pour remercier El Salvador pour son hospitalité à l’occasion de l’Assemblée générale qui a eu lieu à San Salvador. Il est vrai que l’Ambassadeur de la Dominique a déjà pris la parole pour la CARICOM, Haïti fait partie intégrante de la CARICOM et probablement notre Président sera ce weekend à Saint-Kitts-et-Nevis pour participer à la réunion de la CARICOM, mais comme la situation en Haïti a certaines spécificités, je voudrais prendre le temps de partager avec vous quelques réflexions que nous avons au niveau de la Mission d’Haïti à l’OEA.
Je voudrais d’abord, au nom de la Mission, féliciter le Secrétariat général pour cette initiative qui consiste à ouvrir au sein du Conseil Permanent un dialogue autour de la Charte démocratique. Aujourd’hui, il est généralement admis que malgré ses imperfections, cet instrument qu’est la Charte démocratique, marque une étape importante dans l’histoire de la construction de la démocratie dans la région et du renforcement des institutions qui sont indispensables à l’épanouissement de la démocratie.
Depuis son adoption, la Charte a servi de référence légale à l’Organisation interaméricaine dans la définition et la mise en œuvre de ses lignes d’action dans les situations de crise qui ont secoué quelques pays de la région. En effet, elle a permis à l’OEA de jouer un rôle déterminant dans le renforcement des institutions démocratiques en Haïti après la crise de 2004, de continuer de favoriser à travers ses missions d’observation, le déroulement d’élection libre et démocratique dans presque tous les pays de la région, de peser de tout son poids, d’une part dans la condamnation du coup d’état de Honduras et d’autre part, dans la recherche avec les leaders du Venezuela et de la Colombie, d’une solution qui privilégie avant tout, les intérêts du peuple de Honduras.

Ce matin, il nous est bien entendu demander de concentrer notre réflexion autour du chapitre I de la Charte: la démocratie et le système interaméricain. Un chapitre dans lequel on retrouve tous les concepts clés en matière de promotion et de respect de la démocratie. Nous nous félicitons des progrès réalisés dans la région durant ces dix années de mise en œuvre de la Charte démocratique. Au cours de cette période, nous avons assisté à la tenue d’élections régulières dans tous les pays membres du système interaméricain et nous avons aussi enregistré de nombreux cas d’alternance politique qui démontrent que le processus de renforcement et de la maturation des institutions démocratiques dans la région est en bonne voie.


Récemment au Pérou, en Haïti, au Chili et dans d’autres pays de la Caraïbe, comme la Barbade, la Grenade, la Jamaïque, le Trinidad, on a vu le triomphe de représentants de partis de l’opposition à partir d’élections libres et démocratiques. Nous devons reconnaître que grâce aux acquis démocratiques qui permettent à tous les peuples de la région de choisir leur propre dirigeant, nous sommes en train de construire entre nous une nouvelle forme de relation politique, diplomatique et économique. Il faut se rappeler que durant les années 70, il était courant dans les cercles de réflexion de diviser la région des Amériques en pays du centre d’une part, et pays de la périphérie ou pays satellite, d’autre part, selon théorie de l’économiste Allemand Andre van der Zwan. Aujourd’hui par contre, sous l’effet d’investissement venant de l’Asie, de l’Europe et de l’Amérique du Nord, on assiste de plus en plus à une profonde diversification de l’économie des pays en développement de la région.
En définitif, nous voulons croire que le principe de l’autodétermination des peuples est en train de trouver sa vraie résonance au niveau de la région grâce aux conséquences positives du respect des normes démocratiques. Issus d’élections démocratiques, les leaders des grands ou petits pays tirent leur légitimité du vote de leur peuple et n’ont plus besoin, comme par le passé, de la complicité de puissances externes. La mise en œuvre des normes démocratiques basées sur le principe du respect du vote populaire n’est-elle pas finalement la meilleure voie pour garantir la souveraineté des états de la région, quelle que soit leur dimension géographique?
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