Corte suprema de justicia



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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACION CIVIL

MARGARITA CABELLO BLANCO

Magistrada ponente

SC7817-2016

Radicación n° 11001 31 03 034 2005 00301 01

(Aprobado en sesión de diecisiete de mayo de dos mil dieciséis)

Bogotá. D. C., quince (15) de junio de dos mil dieciséis (2016).

Decide la Corte el recurso de casación que EMMA CECILIA DÍAZ ARENAS, a través de apoderado, interpuso frente a la sentencia proferida el 30 de agosto de 2012 por la Sala Civil del Tribunal Superior de Bogotá, dentro del proceso ordinario que ella y ANATILDE ARENAS DE DÍAZ, HÉCTOR DÍAZ HERNANDEZ, HÉCTOR, ÁLVARO y EUGENIO DÍAZ ARENAS iniciaron contra ORLANDO RICAURTE y MARÍA DEL PILAR ARCHILA GÓMEZ.



ANTECEDENTES

1. Se solicitó declarar civil y solidariamente responsables a los convocados por los daños “causados como consecuencia de un falso diagnóstico de cáncer de seno a EMMA CECILIA DÍAZ ARENAS”. En segundo lugar pidieron el reconocimiento de los siguientes conceptos:

A aquella los perjuicios materiales concretados en las secuelas de la intervención quirúrgica, los morales representados en el sufrimiento padecido al enterarse del diagnóstico de la catastrófica enfermedad, y los fisiológicos que afectaron su vida, llevándola a variar sus condiciones de existencia.

A ANATILDE ARENAS DE DÍAZ, HÉCTOR DÍAZ HERNANDEZ, HÉCTOR, ÁLVARO y EUGENIO DÍAZ ARENAS, en sus calidades de madre, padre y hermanos, los perjuicios morales dimanantes del equivocado diagnóstico “y la posterior intervención a que fue sometida”; sumas todas que se reclamaron indexadas desde su fecha de causación hasta la de condena.

2. Como soporte fáctico de sus pretensiones, relacionaron los hechos que a continuación se sintetizan:

Debido a una molestia presentada por la paciente en su seno derecho, su médico tratante de la EPS CAPRESUB, Dr. DAVID CORDERO, “le ordenó una ecografía de seno” que se realizó “el 13 de diciembre de 1995 en el Centro Mamográfico del Dr. HERNANDO SÁNCHEZ RESTREPO” el cual arrojó

microquistes, es decir pequeñas acumulaciones de líquido, las cuales se consideran completamente normales, pero también se observó la existencia de una fibrosis de predominio derecho sin configurar masa. (…)”, recomendándose una mamografía de base.

Efectuado el procedimiento el 15 de enero de 1996 se advirtió la presencia en el seno derecho de un “nódulo de 0.8 centímetros que se confirma en el cono de compresión focalizada no visible ecográficamente por lo cual se sugiere biopsia bajo mamografía estéreo tactica”, enviándose las muestras de tejido mamario obtenido por “Biopsia Tipo Trucut mediante mamografía para estudio histopatológico” al consultorio de los galenos patólogos PILAR ARCHILA GÓMEZ y ORLANDO RICAURTE GUERRERO “mediante orden de servicio No 46566”, quienes el 23 de enero de 1996 rindieron reporte informando la “existencia de carcinoma tubular y cribiforme bien diferenciado grado nuclear I”. (Negrilla original del texto).

Expresaron que la noticia de padecer un cáncer produjo a la paciente “y a su círculo familiar cercano (…) una profunda tristeza, angustia y depresión” dada su naturaleza de incurable que generalmente se extiende a otras partes del cuerpo, marcándose “un cambio absoluto en la visión de la vida futura y en la relación general con el mundo exterior”.

El servicio de CAPRESALUB la remitió al CirujanoOncólogo Dr. ELÍAS QUINTERO ARANGO, “quien le comunicó que el procedimiento a seguir era realizar una cirugía; (…) le ordenó diversos exámenes pre quirúrgicos, entre ellos algunos para determinar si el cáncer había hecho metástasis (…) y le indicó que debía hacer conciencia de que padecía una enfermedad crónica e incurable”.

Conforme a las prescripciones médicas, la cirugía se practicó en la Clínica Palermo el 16 de febrero de 1996, retirándose los ganglios linfáticos de la axila y el “cuadrante donde estaba el tumor principal”; decisión que se tomó luego de que la paciente prestara el consentimiento para ello “bajo el supuesto de que dicho tumor era efectivamente canceroso, lo que hacía necesario una intervención de esta dimensión”.

Tomadas las muestras de los tejidos supuestamente afectados por las células, se analizaron por el Laboratorio de Patología del Centro Hospitalario “y no encontró el carcinoma que habían diagnosticado los patólogos PILAR ARCHILA GÓMEZ y ORLANDO RICAURTE GUERRERO”, según se lee en el informe de 16 de febrero de 1996.

Señalaron que ante la contradicción de los dictámenes enviaron las placas de la biopsia realizada por los médicos demandados al INSTITUTO NACIONAL DE CANCEROLOGÍA con el objeto de obtener un tercer diagnóstico que esclareciera la situación, el cual determinó, “que en efecto, la señora EMMA CECILIA DÍAZ no padecía un CÁNCER DE SENO, sino que por el contrario tenía un FIBROADENOMA”, tal como lo había calificado la CLINICA PALERMO.

El 17 de enero de 2000, la División de Servicios de Salud de CAPRESUB, pidió a la Dra. PILAR ARCHILA realizar un estudio a la paciente, quien respondió mediante comunicación el 26 enero del mismo mes y anualidad, confirmando la existencia del error en el primer informe, concluyendo “que se trataba de un diagnóstico falso positivo, impresión que corroboró ahora al analizar nuevamente el caso, el cual corresponde a una lesión proliferativa benigna tipo adenosis esclerosante y sus variantes”; situación aceptada por el Dr. RICAURTE GUERRERO y posteriormente ratificada por los convocados ante el Tribunal de Ética Médica.

Como resultado del error y la posterior cirugía, vio reducido en tamaño su seno derecho, trayéndole efectos en el brazo por exigir “cuidados especiales”, impidiéndole desarrollar a plenitud algunas actividades que antes realizaba normalmente, como tomar el sol, sostener vida íntima, practicar el volley ball, entre otras; molestias esas que “evidentemente generan una incapacidad laboral que estimamos superior al 10%”.



  1. Admitida la demanda, el extremo pasivo por conducto de mandatario judicial la contestó oponiéndose a la totalidad de las pretensiones. Igualmente propusieron las excepciones de mérito que denominaron “inexistencia de la obligación por adecuada práctica médica”, “cumplimiento de la lexartis”, “indebida tasación de perjuicios” y la genérica.



  1. Luego de agotarse las formas propias del proceso ordinario, se finiquitó la primera instancia mediante proveído de 13 de enero de 2012, declarando a los demandados civilmente responsables de los perjuicios morales alegados en el libelo “como consecuencia de un falso diagnóstico de cáncer de seno a la señora EMMA CECILIA DÍAZ ARENAS”; última ésta a quien se le reconoció perjuicios por daño a la vida de relación. Contrario sensu, se denegó el daño material.

Los valores se tasaron así:



a) Por concepto de perjuicios morales:

A favor de EMMA CECILIA DÍAZ ARENAS en su calidad de directamente afectada con el falso diagnóstico de cáncer de seno, lo equivalente a cuarenta y cinco (45) SMLMV al momento del pago. A favor de ANATILDE ARENAS DE DÍAZ en su calidad de madre de la afectada lo equivalente a diez (10) SMMLV al momento del pago. A favor de HÉCTOR DÍAZ HERNÁNDEZ en su calidad de padre de la afectada lo equivalente a diez (10) SMMLV al momento del pago. A favor de HÉCTOR ORLANDO DÍAZ ARENAS en su calidad de hermano de la afectada lo equivalente a cinco (5) SMMLV al momento del pago.

A favor de ÁLVARO AUGUSTO DÍAZ ARENAS en su calidad de hermano de la afectada lo equivalente a cinco (5) SMMLV al momento del pago.

A favor de EUGENIO DÍAZ ARENAS en su calidad de hermano de la afectada lo equivalente a cinco (5) SMMLV al momento del pago.

b) Por concepto de daño a la vida de relación:

A favor de EMMA CECILIA DÍAZ ARENAS en su calidad de directamente afectada con el falso diagnóstico de cáncer de seno, lo equivalente a veinte (20) SMLMV al momento del pago”.

La providencia del juzgador a quo se apeló tanto por la parte actora como por la pasiva; la primera argumentó que persigue fundamentalmente la concesión del daño material por lucro cesante, configurado en la pérdida de la capacidad laboral del 10.27%, y el incremento de la condena por daño moral. A su vez, los opositores persistieron en la inexistencia de un acto culposo, dado que el tema versó sobre “un falso positivo” derivado de un “diagnóstico diferencial”, actuándose con prudencia y probidad.




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