Contexto filosofía contemporánea. 1ª Parte



Descargar 1,02 Mb.
Página5/5
Fecha de conversión08.06.2017
Tamaño1,02 Mb.
1   2   3   4   5
“¿No oísteis hablar de aquel loco que en pleno día corría por la plaza pública con una linterna encendida, gritando sin cesar: ¡Busco a Dios! ¡Busco a Dios!? Como estaban presentes muchos que no creían en Dios, sus gritos provocaron a risa. ¿Se te ha extraviado? —decía uno. ¿Se ha perdido como un niño? —preguntaba otro—. ¿Se ha escondido?, ¿tiene miedo de nosotros?, ¿se ha embarcado?, ¿ha emigrado? Y a estas preguntas acompañaban risas en el coro. El loco se encaró con ellos, y clavándoles la mirada, exclamó: «¿Dónde está Dios? Os lo voy a decir. Le hemos matado; vosotros y yo, todos nosotros somos sus asesinos. Pero ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo pudimos vaciar el mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hemos hecho después de desprender a la Tierra de la cadena de su sol? ¿Dónde la conducen ahora sus movimientos? ¿A dónde la llevan los nuestros? ¿Es que caemos sin cesar? ¿Vamos hacia delante, hacia atrás, hacia algún lado, erramos en todas direcciones? ¿Hay todavía un arriba y un abajo? ¿Flotamos en una nada infinita? ¿Nos persigue el vacío con su aliento? ¿No sentimos frío? ¿No veis de continuo acercarse la noche, cada vez más cerrada? ¿Necesitamos encender las linternas antes del mediodía? ¿No oís el rumor de los sepultureros que entierran a Dios? ¿No percibimos aún nada de la descomposición divina?... Los dioses también se descomponen. ¡Dios ha muerto! ¡Dios permanece muerto! ¡Y nosotros le dimos muerte! ¡Cómo consolarnos, nosotros, asesinos entre los asesinos! Lo más sagrado, lo más poderoso que había hasta ahora en el mundo ha teñido con su sangre nuestro cuchillo. ¿Quién borrará esa mancha de sangre? ¿Qué agua servirá para purificarnos? ¿Qué expiaciones, qué ceremonias sagradas tendremos que inventar? La grandeza de este acto, ¿no es demasiado grande para nosotros? ¿Tendremos que convertirnos en dioses o al menos que parecer signos de los dioses? Jamás hubo acción mas grandiosa, y los que nazcan después de nosotros pertenecerán, a causa de ella, a una historia más elevada que lo fue nunca historia alguna.» Al llegar a este punto, calló el loco y volvió a mirar a sus oyentes; también ellos callaron, mirándole con asombro. Luego tiró al suelo la linterna, de modo que se apagó y se hizo pedazos. «Vine demasiado pronto —dijo él entonces—; mi tiempo no es aún llegado. Ese acontecimiento inmenso está todavía en camino, viene andando; mas aún no ha llegado a los oídos de los hombres. Han menester tiempo el relámpago y el trueno, la luz de los astros ha menester tiempo; lo han menester los actos, hasta después de realizados, para ser vistos y entendidos. Ese acto está todavía más lejos de los hombres que la estrella más lejana. ¿Y sin embargo, ellos lo han ejecutado!». La Gaya Ciencia. Libro III, parágrafo 125. Editorial Sarpe.

Las consecuencias futuras de la muerte de Dios podrán ser desastrosas para muchos, pero para otros, como para el propio Nietzsche es la “Aurora” de un nuevo mundo y del Superhombre, que vendrá a ser el sustituto de Dios hecho hombre.


2-. SUPERHOMBRE, ETERNO RETORNO Y VOLUNTAD DE PODER.

SUPERHOMBRE.

Tras la muerte de Dios el verdadero lenguaje del hombre no es ya el nombrar dioses, ni la invocación de lo santo; ahora es el lenguaje del hombre al hombre, la proclamación de la suprema posibilidad humana, la doctrina del superhombre.

Con la muerte de Dios, con la muerte de toda “idealidad”, en su forma de un más allá, surge el peligro de un tremendo empobrecimiento del ser humano y de que éste caiga en un desenfreno moral. Pueden darse dos posibilidades ante este hecho:

1-. Que la tendencia idealista se atrofie y la vida se torne ilustrada, racionalista y banal.

2-. Que la tendencia idealista permanezca, pero ya no se pierda venerando lo que había creado ella misma (Dios), sino que cobre conciencia de su naturaleza creadora y proyecte ahora nuevos ideales creados por el hombre.

Estas dos posibilidades después de la muerte de Dios son el último hombre y el superhombre.

El hombre, ese ser que se ha trascendido a sí mismo, se ha trascendido hasta ahora siempre en dirección a Dios. El superhombre, que conoce la muerte de Dios, es decir, el fin del idealismo perdido en el más allá, devuelve a la tierra lo que ésta había prestado, renuncia a todos los sueños ultramundanos y se vuelve a la tierra con la misma pasión que antes dedicaba al mundo de los sueños.

Al reinstalarse la existencia humana en la tierra, al basar su libertad en ella, la existencia humana adquiere, a pesar de todos los riesgos, una estabilidad última. Donde se hallaba antes Dios se encuentra ahora la tierra. En tanto no se conoce la muerte de Dios, el hombre permanece infiel a la tierra. Con el idealismo el hombre se convierte en un ser escindido, desgraciado; desprecia el cuerpo, al que, sin embargo, está encadenada el alma. Pero la transmutación del idealismo mediante la idea de superhombre significa la curación de la desgarradura que divide al hombre y lo escinde, representa una reconciliación en la que se desvanece la contradicción cuerpo/alma.

El superhombre será precisamente esa posibilidad de superar el nihilismo. Claro que esa superación sólo se da en una voluntad que afirme, en una voluntad que se ponga en disposición de producir unos valores totalmente nuevos. ¿Pero qué valores son los que hay que crear? Dado que los valores en los que vivimos son los propios de la moral platónico-cristiana, moral de esclavos por excelencia, lo que hay que hacer es invertir todos los valores. Lo que hasta ahora se consideraba como malo, ahora será lo bueno y viceversa. La moral de señores, la moral del superhombre, será una inversión de la moral de los esclavos en la que vivimos. Hay que destruir todos los valores de la cultura occidental, todas sus tradiciones, creencias, etc. e invertirlas. Esta será la dura crítica de Nietzsche a la cultura occidental. Ahora son el juego, la risa y la danza los síntomas de la creación, de la afirmación jovial y alegre de la propia vida, del azar y del devenir.

En Así habló Zarathustra, existe un pasaje en el que se nos habla de las tres transformaciones por la que tiene que pasar el hombre para convertirse en superhombre:

1. En primer lugar está el camello, que carga sobre su joroba una carga muy pesada y que además pide más carga para castigar su soberbia y humillarse hasta el máximo. Se encuentra dominado por la moral de esclavos: respeta la ley moral y la ley de Dios y en su personalidad domina el tú debes (Kant era para Nietzsche "un cristiano alevoso"). El camello es deudor de una promesa con Dios que no puede pagar y tiene que vivir con esa carga.

2. Luego viene el león, que quiere conquistar su propia libertad. Es el que tiene fuerzas suficientes para destruir cualquier valor de un solo zarpazo. En el predomina el yo quiero y simboliza la lucha contra la moral de esclavos. Sin embargo, el león no puede crear nuevos valores.

3. Finalmente, está el niño, cuya inocencia le permite obrar sin conciencia de que está pecando, con total jovialidad, tomándolo todo un juego, disfrutando del presente sin pensar en nada más... ese es el que puede crear nuevos valores, ese es el superhombre.

En cuanto a las características del superhombre, podríamos especificar las siguientes:

I- Es amor a la vida, al “sentido de la tierra”, es decir, a lo corporal, la fuerza, el placer..

II- Es voluntad de poder, deseo de superación de sí mismo y de todo aquello que se opone a la vida.

III- Es creador y libre, construye sus propios mundos, sus valores, y los destruye sin miedo, por puro y generoso amor a la vida

IV- Es poderoso, está por encima del rebaño de los hombres vulgares, del bien y del mal de la moral del rebaño. Se sabe inocente, por lo tanto no es responsable ni pecador.

V- Es el máximo desarrollo de la voluntad de poder, de la evolución humana.

VOLUNTAD DE PODER Y ETERNO RETORNO.

La nueva posición de valores, la nueva creación de valores, mostrará lo que la genealogía ya había mostrado, es decir, que el mundo es un todo de valoraciones, de perspectivas, de interpretaciones que el hombre hace. No se crearan valores que sustituyan a los valores metafísico-cristianos sino que se mostrará que el hombre es, porque valora, que todo lo existente son valoraciones y evaluaciones; la voluntad de poder no caerá en el error de autonomizar y absolutizar los valores nuevos, ya que si hiciera esto caería en el más grande de todos los errores: la metafísica; tan sólo mostrará que ser=valor, que los valores son generados por el hombre dentro de ese tejido de valoraciones que es la vida. Por tanto, trasmutación de los valores anteriores para mostrar que los valores son posicionamientos del hombre dentro de la vida, y no algo divino e inmutable a lo que tenemos que obedecer.

La voluntad de poder es una manera de ver las cosas, no hay cosas fijas y determinadas, tan sólo un quantum de poder, un flujo de fuerzas que está en movimiento. Todo el mundo es actividad. Lo que es, llega a ser mediante ese proceso activo. La voluntad de poder como ese flujo de fuerzas que crea, construye y da lugar a ese devenir incesante que no puede ser aprehendido.

El concepto de valor nos ha servido para establecer un continuo entre nihilismo y voluntad de poder: nihilismo completo como destrucción total de lo anteriormente establecido, voluntad de poder como creación de nuevos valores, trasmutación de todo lo anterior. Pero no hay que olvidar la relación entre tarea genealógica y voluntad de poder, ya que, la tarea genealógica nos mostró el error y el carácter ficticio de lo establecido por la metafísica, y en unión con la tarea crítica descubrió la vacuidad de todos los valores supremos, de los ideales cristianos, y de este modo, ayudándose del "martillo", nos dio a conocer lo que realmente hay: devenir, juego de fuerzas, interpretaciones perspectivas, valoraciones, en suma: Voluntad de Poder.

La voluntad de poder tiene dos formas de manifestarse: el poder y la impotencia. El poder puede adoptar el carácter de fuerza de los instintos belicosos, inquebrantables, de la vitalidad elevada; y la impotencia, el aspecto de la atrofia de los instintos, de una pérdida de instintos.

Todo es cuestión pues, de este juego de fuerzas; no hay nada fijo y estable, todo dependerá de la relación entre las fuerzas, de la cantidad y cualidad de éstas. La voluntad de poder no puede ser separada de la fuerza, ya que representa el juego de esas fuerzas; cuando una fuerza se apodera de otras, las domina, o las rige, es siempre por la voluntad de poder. Una cosa tenemos que tener clara, las fuerzas reactivas son fuerzas, fuerzas negativas, fuerzas destructivas, pertenecientes a la voluntad de negar, al nihilismo; ese voluntad de negar formará parte de la voluntad de poder; la genealogía mostrará la negatividad de esas fuerzas, y nuestro objetivo será subvertir dichas fuerzas, hacer de la voluntad de poder un cúmulo de fuerzas activas y creadoras, donde no tenga cabida la voluntad de negar, la voluntad de la nada, donde se exterminen las fuerzas reactivas.

El valor de un valor consiste en la cualidad de la voluntad de poder que se expresa en la cosa correspondiente. Lo que Nietzsche llama alto, noble, señor, es tanto la fuerza activa, como la voluntad afirmativa; lo que llama bajo, vil, esclavo, es tanto la fuerza reactiva, como la voluntad negativa.

La tarea genealógica nos muestra que durante toda la historia de occidente han predominado las fuerzas reactivas (resentimiento, mala conciencia, ideal ascético). Estas fuerzas reactivas separan y limitan las fuerzas activas, para que no puedan actuar, para que no puedan crear nuevo valores. El nihilismo, propio de esa historia de occidente, conservaba la vida débil, la negación, el triunfo de la vida reactiva. La metafísica, la moral, el cristianismo, han conseguido durante muchos siglos que la voluntad de negar reinara sobre nuestras cabezas. ¿Cómo podemos poner fin a esas fuerzas reactivas, a esa vida reactiva? A través del eterno retorno. El eterno retorno asegura la transformación de las fuerzas reactivas en fuerzas activas, creadoras, dominadoras.

El eterno retorno es la manera en que Nietzsche vislumbra que el superhombre santificará la vida y el mundo sensible, sin recurrir a un mundo trascendente. Supongamos que una noche se te aparece un duende y te cuenta un secreto: volverás a vivir la vida tal y como la estás viviendo una y mil veces, así hasta el infinito. No cambiará ni un sólo detalle, ni un instante, todo será igual. El día de hoy se volverá a repetir segundo a segundo, sin ninguna alteración. Esta es precisamente la teoría del eterno retorno que defenderá Nietzsche apoyándose en una serie de especulaciones físicas. Lo cierto es que hoy existe una teoría acerca del origen del universo llamada "Teoría del universo Pulsante" que sigue aproximadamente esa misma línea. Pero, lo importante, lo realmente importante es que este postulado te lleve a plantearte lo siguiente: suponiendo que lo que te ha dicho el duende es cierto: ¿seguirás comportándote como lo has hecho hasta ahora?

Nietzsche va a criticar la concepción de tiempo lineal que, a su juicio, es un invento del cristianismo. El tiempo cristiano te hace mirar hacia el futuro, hacia un evento que está por ocurrir (tu muerte para pasar a la otra vida o el día del Juicio Final), y eso te hace negar el presente (mi situación penosa atada a un cuerpo manchado por el pecado, incapaz de obrar bien). Así obramos muchas veces: "Mañana me pondré a estudiar", "El próximo trimestre de verdad que me pongo en serio", "cuando me vaya de vacaciones sí que realmente lo pasaré bien".... El tiempo lineal del cristianismo nos hace centrar nuestra vida en un futuro ficticio, falso, y nos hace negar el momento, nos impide disfrutar del presente en su máxima intensidad. Pensar siempre en el pasado o en el futuro es algo propio de esclavos. Los señores viven el momento, lo apuran al máximo. Y así, Nietzsche lanza su imperativo (a mi juicio precioso): "No anhelar distantes venturas ni bendiciones, sino vivir de modo que queramos volver a vivir, y así por toda la eternidad".



Es una formulación radical, poderosa, del típico carpe diem (si bien no significa exactamente lo mismo), del vive la vida, del disfruta al máximo hasta el más mínimo segundo de tu vida, pues tendrás que repetirlo no sólo una, ni dos, ni tres, sino infinitas veces más. Y esta es una forma de superar el nihilismo en la que la muerte de Dios nos dejaba. Los grandes sistemas filosóficos y científicos son falsos, no pueden decirme nada, pero eso no significa que todo caiga en el sinsentido y en el absurdo. La vida, mi vida, es lo que es realmente importante, y mucho más cuando he de repetirla infinitamente. Amar la vida, su necesidad de infinita repetición, ese será el nuevo imperativo del nuevo hombre que está por llegar. El mundo, todo lo que ha sido y todo lo que será, se repite eternamente una y otra vez. Lo que hoy pase, volverá a pasar una y otra vez y lo hará de modo idéntico a como lo hizo. Así como la visión cristiana rechaza este mundo terrenal y quiere otro mundo, la metafísica del superhombre sólo puede ser expresión de su amor por este mundo, de un amor sin condiciones.
Así pues, el eterno retorno es la expresión del amor a la vida y al mundo del superhombre. El "nuevo mundo" se apoyará en el eterno retorno y en la voluntad de poder.

COMENTARIO DE TEXTO. FRIEDRICH NIETZSCHE.
15. Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin en niño […] ¿Qué es pesado? así pregunta el espíritu paciente, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que se le cargue bien […] ¿Acaso no es: humillarse para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia tontería para burlarse de la propia sabiduría? […] Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu paciente: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto. Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa, y ser señor en su propio desierto. Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria. ¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? “Tú debes”, se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice “yo quiero” […] Crear valores nuevos -tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad para un nuevo crear- eso sí es capaz de hacerlo el poder del león. Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león […] Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacerlo? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño? Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí […] Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño (F. NIETZSCHE, Así habló Zaratustra, Madrid, Alianza, 1984, pp. 49-51).

1-. Sitúa al autor en su contexto.

Nietzsche es un filósofo de la 2ª mitad del s.XIX que llevó a cabo una crítica contundente sobre la tradición filosófica occidental. Para Nietzsche la historia del pensamiento occidental es el error más largo que ha cometido el hombre, dilapidando la vida y creando una serie de valores ascéticos que eran totalmente falsos y vacíos. Nietzsche diagnostica la enfermedad y le pone remedio a través de la venida del superhombre.

2-. Tema.

Nietzsche describe la transformación desde el hombre metafísico que cree en ciertos valores que se demostrarán vacíos, pasando por el último hombre que todavía no puede crear nuevos valores, aunque conoce la situación de incertidumbre y vacuidad en la que se encuentra, hasta llegar al superhombre que puede crear valores nuevos, activos y positivos, amando la vida por encima de todo.

3-. Ideas principales.



  • Nietzsche nos va a presentar, desde un punto de vista metafórico, las tres transformaciones que debe experimentar el espíritu.

  • El hombre del pensamiento metafísico se asimila a un camello, que carga en su espíritu toda una serie de cosas inútiles para la vida, burlándose de la sabiduría y proclamando a los cuatro vientos, el ascetismo y la verdad absoluta.

  • El hombre del nihilismo, el último hombre como diría Nietzsche, se asimila al león que quiere plantar cara y deshacerse de los últimos resquicios de resentimiento, ascetismo y decadencia, luchando con el “dragón”, con la ética kantiana y cristiana, con el tú debes, y cambiarlo por el “yo quiero”, en un intento por aferrarse a la vida y devolverle su valor.

  • Pero el último hombre no puede todavía crear nuevos valores, no puede entender la vida como voluntad de poder y eterno retorno, y por ello se necesita una última transformación, la del león en niño. Se necesita olvidar todo lo anterior para empezar de nuevo, y tomar las cosas por primera vez, para interpretarlas por primera vez sin prejuicios. Se necesita la llegada del superhombre para retomar lo que Heráclito empezó.

4-. Relaciona las ideas.

Las ideas de este texto nietzscheano tienen, como podemos ver, un marcado acento metafórico, tal y como sucede en todo el libro “Así habló Zarathustra”. En este texto Nietzsche parte de una afirmación clara: nos va a explicar cómo el espíritu humano sufre (tiene que sufrir) ciertas transformaciones. A reglón seguido comienza a explicarnos tales transformaciones: la primera tiene lugar cuando el camello se convierte en león; el camello, un animal que hinca sus rodillas para ser cargado es como el hombre metafísico que carga con la culpa y el pecado y con ello se le inmoviliza y se le arrastra hacia el desprecio por la vida. Pero se da cuenta de su error y se transforma en león, un animal fiero y combativo que quiere acabar de una vez por todas con las cadenas de la ética cristiana, con la moral de esclavos, quiere liberarse del “tú debes” y dejar paso al “yo quiero”, al amor hacia el mundo, entendido como flujo de fuerzas, y hacia la vida. Pero se necesita una última transformación, se necesita que el león se convierta en niño, mostrándonos que se necesita de esa inocencia que caracteriza al niño para empezar de cero, para no coger malo hábitos ni partir de ciertos prejuicios, se necesita comenzar de cero, amando la vida por encima de todas las cosas y creando valores que hagan posible esa glorificación de la vida.

5-. Explicación del texto.

Profundicemos un poco más en lo que ya he explicado en los puntos anteriores. Nietzsche, como sabemos, considera que la historia del pensamiento occidental, que es la historia de la metafísica y de la moral cristiana, es un gran error, y por ello, una vez diagnosticado el mal que aqueja al mundo y al ser humano, hay que plantear un remedio, una curación. Nietzsche pretende, a través de su filosofía, liberar al hombre de sus ideas metafísicas, liberarlo de la pesada carga del ideal ascético judeo-cristiano, y convertirlo en un hombre libre que ame la vida por encima de todo. Y para representar tal liberación nos plantea las tres transformaciones que debe experimentar el espíritu humano. El hombre metafísico y cristiano (el camello) confía y cree en los valores impuestos por la metafísica occidental y por el cristianismo; el error que empezó Sócrates-Platón y que continuo con fuerza el cristianismo, la escisión entre un mundo verdadero y un mundo falso, entre tierra y cielo, es creído a pies juntillas por ese hombre metafísico, que está convencido en la posibilidad de una única verdad absoluta, en la posibilidad de una vida mejor después de la muerte al lado de Dios; para Nietzsche tal hombre está equivocado, ya que no hay ni mundo verdadero, ni una verdad absoluta, ni Dios, ni vida después de la muerte, y ahí es cuando el camello se transforma en león, es decir, en aquel hombre que reconoce y sabe de la vacuidad de los valores metafísicos y cristianos, el hombre que sabe que lo único que hay es la vida en su constante devenir, una vida que no podemos atrapar, pero que tenemos que aceptar con sus contradicciones con sus cosas buenas y malas, felices y tristes. Ese “último hombre” quiere derrocar de una vez por todas el “tú debes” cristiano y kantiano, y transformarlo en “yo quiero” lejano de reglas ascéticas y de la idea de pecado, alcanzando así la libertad de movimiento que el ser humano merece, aunque se equivoque, ya que la vida, como decíamos, es error y acierto. En ese “yo quiero” se muestra un conato de amor fati, de amor hacia la vida alejada del corsé racional y conceptual que se le había impuesto por parte de la metafísica anterior, y es ahí donde surge la última transformación, la del león en niño, la del “último hombre” en superhombre, ya que se necesita el olvido definitivo de todo lo anterior, una vez el mundo verdadero deviene fábula se necesita la llegada del superhombre, del niño que con su inocencia empieza de nuevo, sin prejuicios, sin dogmas, sin corsés sobre los que actuar; el superhombre verá el mundo, la vida como lo que es, un conjunto de fuerzas en continuo conflicto, un mundo como voluntad de poder, donde el eterno retorno se ocupará del triunfo de las fuerzas activas y creadores. Ama de tal forma la vida, dirá Nietzsche, que quieras que todo lo que hagas se puede volver a repetir de la misma forma eternamente.



COMENTARIO DE TEXTO. SARTRE.

Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo, es responsable de todo lo que hace. El existencialista no cree en el poder de la pasión. No pensará nunca que una bella pasión es un torrente devastador que conduce fatalmente al hombre a ciertos actos y que por consecuencia es una excusa; piensa que el hombre es responsable de su pasión. El existencialista tampoco pensará que el hombre puede encontrar socorro en un signo dado sobre la tierra que le orienta; porque piensa que el hombre descifra por sí mismo el signo como prefiere. Piensa, pues, que el hombre, sin ningún apoyo ni socorro, está condenado a cada instante a inventar el hombre (J. P. SARTRE, El existencialismo es un humanismo, Trad. V. Prati. Barcelona, Orbis, 1984, pp. 68-69).

1-. Sitúa al autor en su contexto.

Jean Paul Sartre es un filósofo francés de principios del s.XX; padre del existencialismo plantea la absoluta libertad del ser humano, que abocado un mundo totalmente indeterminado siente la angustia de la responsabilidad de elegir.

2-. Tema.

El hombre, al ser totalmente libre en sus decisiones, es responsable de sus actos, sin que pueda poner excusas ante las consecuencias de los mismos.

3-. Ideas principales.


  • El hombre está condenado a ser libre.

  • El hombre es responsable de sus actos, sea cual sea la intención y las consecuencias de los mismos.

  • Las pasiones, sentimientos e instintos no son una excusa o no se pueden poner como disculpa para explicar cierta decisión o actuación.

  • El ser humano no tiene ninguna guía externa que le diga lo que tiene que hacer o no, lo que debe elegir o no, ya que cualquier signo podría ser interpretado de mil maneras.

  • Por todo ello el hombre está arrojado al mundo sólo, en una absoluta libertad y responsabilidad.

4-. Relación entre ideas.

Sartre parte de una frase un tanto lapidaria, el hombre está sólo, sin excusas a la hora de dar cuentas de sus acciones. Es cierto, nos sigue diciendo Sartre, que el hombre es libre, absolutamente libre, pero lejos de ser una bendición es más bien algo angustiante ya que el hombre es responsable de todo lo que hace, de todas sus actuaciones, y no tiene excusas ante las consecuencias de dichas acciones, ya que, uno no puede excusarse ni en las pasiones, ni en los instintos, ni en signos externos mal interpretados; cada persona es libre y responsable de todos sus actos y de las consecuencias de los mismos, eso es lo que opina el existencialista, y por todo ello, el inventar cada día al hombre se transforma en algo angustiante, quizá en una pesadilla de la que no se puede despertar.

5-. Explicación de las ideas.

Libertad, este es el concepto sobre el que gira, no sólo este fragmento del ensayo que Sartre escribió en 1946 “El existencialismo es un humanismo”, sino el existencialismo en general. Para Sartre el ser humano está condenado a ser libre, no somos libres de dejar de ser libres. Una vez el hombre ha sido arrojado a la vida, se vuelve responsable de todo lo que hace, de su proyecto fundamental: su vida. No hay excusas, si se fracasa es que uno ha elegido fracasar. El hombre se elige, su libertad es incondicionada, y puede cambiar en cualquier momento su proyecto fundamental. Estamos perpetuamente amenazados por el poder escoger y por tanto por devenir distintos de lo que somos. No existen hechos accidentales, un acontecimiento social que surge repentinamente y me arrastra no viene de afuera; si yo soy movilizado en una guerra, esa guerra es mi guerra y yo la merezco, ya que, como diría Sartre, yo podría sustraerme de ella con el suicidio o con la deserción; si no me substraigo a ella, se puede decir que yo la he elegido, quizá por ser blando, por debilidad, porque prefiero otros valores a los de la paz, pero en todo caso es una elección. Los actos, las decisiones, las elecciones particulares, ponen a cada instante en cuestión la elección originaria, el proyecto fundamental que a su vez determina las voliciones y los actos particulares, como vemos una pescadilla que se muerde la cola. Ser responsable de lo que uno hace, es también ser responsable de los demás hombres, ya que la elección afecta a los demás así como a los valores que deben constituir la realidad. Por ello, ese sentimiento de angustia, del que nos habla Sartre, florece en nosotros, un sentimiento que nace por nuestra absoluta responsabilidad no sólo para con nosotros solos sino para con los demás.

No obstante, podemos decir que el existencialismo sartriano, en el fondo, es una doctrina optimista porque afirma que el destino del hombre está en el hombre mismo; no existen ni esencias, ni valores absolutos, ni normas que predispongan o guíen su hacerse, ni tampoco, límites de ese hacerse, un no-posible que delimite sus posibilidades.

COMENTARIO DE TEXTO. WITTGENSTEIN.
¿Pero cuántos géneros de oraciones hay? ¿Acaso aserción, pregunta y orden? ─Hay innumerables géneros: innumerables géneros diferentes de empleo de todo lo que llamamos «signos», «palabras», «oraciones». Y esta multiplicidad no es algo fijo, dado de una vez por todas; sino que nuevos tipos de lenguaje, nuevos juegos de lenguaje, como podemos decir, nacen y otros envejecen y se olvidan. (Una figura aproximada de ello pueden dárnosla los cambios de la matemática). La expresión «juego de lenguaje» debe poner de relieve aquí que hablar el lenguaje forma parte de una actividad o de una forma de vida. Ten a la vista la multiplicidad de juegos de lenguaje en estos ejemplos y en otros: dar órdenes y actuar siguiendo órdenes, describir un objeto por su apariencia o por sus medidas, fabricar un objeto de acuerdo con una descripción (dibujo), relatar un suceso, hacer conjeturas sobre un suceso, formar y comprobar una hipótesis, presentar los resultados de un experimento mediante tablas y diagramas, inventar una historia y leerla, actuar en teatro, cantar a coro, adivinar acertijos, hacer un chiste y contarlo, resolver un problema de aritmética aplicada, traducir de un lenguaje a otro, suplicar, agradecer, maldecir, saludar, rezar (L. WITTGENSTEIN. Investigaciones filosóficas. Traducción de A. García Suárez y U. Moulines. Barcelona: Crítica, 1988, § 23, pp. 39-41).
1-. Sitúa al autor en su contexto

Ludwig Wittgenstein, filósofo de principios del s.XX, perteneciente a la llamada filosofía analítica; sus estudios acerca del lenguaje tienen dos partes claramente diferenciadas, en un primer momento, el Wittgenstein del Tractatus se ve influenciado por el atomismo lógico de Russell, planteando un lenguaje perfecto, en un segundo período, el Wittgenstein de las Investigaciones, da un cambio radical y se centra en el uso del lenguaje ordinario.


2-. Tema.

El lenguaje es una actividad que está conformada por infinitud de juegos de lenguaje que van cambiando.


3-. Ideas principales.

  • El lenguaje está conformado por innumerables géneros y elementos que se emplean de formas distintas.

  • La multiplicidad de géneros que conforman el lenguaje, Wittgenstein la denomina “juegos del lenguaje”.

  • El lenguaje es algo vivo, dinámico y por ello la infinidad de juegos de lenguaje que lo conforma es algo cambiante; aparecerán nuevos, se olvidarán viejos, se transformarán algunos de ellos, etc.

  • Todo ello nos muestra que el lenguaje es una forma de vida, que el lenguaje se hace y se constituye usándolo, hablándolo, y por tanto no hay que buscar ninguna esencia escondida, ni ninguna entidad mental, ya que el significado de una palabra será su uso.

4-. Relación entre las ideas.

Wittgenstein en este texto argumentativo, empieza planteándonos que el lenguaje tiene una multiplicidad de elementos que no se pueden retrotraer a una esencia común; sigue planteando que la multiplicidad en el seno del lenguaje se debe a que está formado por muchos juegos de lenguaje que no comparten una esencia común. Tales juegos del lenguaje van cambiando y variando a medida que el lenguaje es usado por las personas. Todo ello, nos muestra, según Wittgenstein, que el lenguaje es una forma de vida, algo vivo y cambiante. Por último, Wittgenstein nos enuncia toda una serie de juegos del lenguaje.
5-. Explicación del texto.

El concepto de “Juego de Lenguaje” que aparece en este texto de Wittgenstein y sobre el cual gira la totalidad del mismo, es uno de los conceptos clave del pensamiento del 2º Wittgenstein, el de las “Investigaciones filosóficas”. Este 2º Wittgenstein echa abajo toda la concepción del lenguaje que aparece en otra de sus grandes obras el “Tractatus”, en dicha obra, se asoma su vena atomista, la que heredó de Russell, y busca los elementos mínimos del lenguaje que permitan conectarlo con la realidad. Pero volvamos al concepto que nos compete, el “juego de lenguaje” lo emplea Wittgenstein para subrayar el hecho de que el lenguaje es una actividad, una forma de vida. Como ejemplos de juegos lingüísticos nos da los siguientes: dar órdenes y obedecerlas, describir la apariencia de un objeto, dar las medidas de un objeto, formular una hipótesis, inventar una historia, leer una historia, traducir de una lengua a otra, etc. La diversidad de juegos de lenguaje es tal que no se puede reducir a un concepto común; tan sólo podemos hablar de “parecidos de familia” en los distintos juegos de lenguaje, del mismo modo que podemos decir que hay juegos que tienen características comunes. Dentro de esta concepción, el lenguaje se definirá por Witt como un conjunto de juegos lingüísticos y el significado de una palabra consistirá en su “uso”. Para el 2º Witt debemos eliminar de las palabras todo velo metafísico y devolverle su esplendor cotidiano; el lenguaje forma parte de de nuestra historia más cotidiana, igual que el caminar, el beber o el comer. Como el significado de una palabra es su uso en el lenguaje, la tarea de la filosofía se tornará en descriptiva, la filosofía como análisis del lenguaje no puede tener como fin rectificar el lenguaje y llevarlo a su forma completa y perfecta, se convertirá en la terapia de las enfermedades producidas por el lenguaje trasladando las palabras a su uso diario y corriente sin buscar nada detrás de ellas.


COMENTARIO DE TEXTO. ORTEGA Y GASSET.

La vida humana es una realidad extraña, de la cual lo primero que conviene decir es que es la realidad radical, en el sentido de que a ella tenemos que referir todas las demás, ya que las demás realidades, efectivas o presuntas, tienen de uno u otro modo que aparecer en ella.

La nota más trivial, pero a la vez la más importante de la vida humana, es que el hombre no tiene otro remedio que estar haciendo algo para sostenerse en la existencia. La vida nos es dada, puesto que no nos la damos a nosotros mismos, sino que nos encontramos en ella de pronto y sin saber cómo. Pero la vida que no es dada no nos es dada hecha, sino que necesitamos hacérnosla nosotros, cada cual la suya. La vida es quehacer. Y lo más grave de estos quehaceres en que la vida consiste no es que sea preciso hacerlos, sino, en cierto modo, lo contrario; quiero decir, que nos encontramos siempre forzados a hacer algo, pero no nos encontramos nunca estrictamente forzados a hacer algo determinado, que no nos es impuesto este o el otro quehacer, como le es impuesta al astro su trayectoria o a la piedra su gravitación. Antes que hacer algo, tiene cada hombre que decidir, por su cuenta y riesgo, lo que va a hacer (J. ORTEGA Y GASSET, “Historia como sistema” en Historia como sistema y otros ensayos de filosofía, Madrid, Revista de Occidente/Alianza, 1981, pp. 13-14).

1-. Sitúa al autor en su contexto.

Ortega y Gasset es un filósofo de principios del s.XX, con una clara influencia de la filosofía alemana. Se enmarca dentro de la corriente filosófica del vitalismo, con tintes existencialistas, planteando que la vida es un quehacer que el individuo va construyendo basándose en su libertad.

2-. Tema.

La vida que nos es dada sin quererlo, es un quehacer, es algo que tenemos que ir construyendo a través de nuestras decisiones que son libre y no están determinadas o forzadas.

3-. Ideas principales.



  • La vida es una realidad radical, el fundamento y base de cualquier otra realidad.

  • La vida nos es dada, pero no nos es dada hecha, sino que hay que hacerla, construirla, elegir. La vida, por tanto, es un quehacer constante, para lo bueno y lo malo.

  • El ser humano se encuentra forzado a hacer algo pero no algo determinado, es decir, podemos elegir siempre, tenemos libertad para ello, y por tanto, cada ser humano, debe elegir, para bien o para mal, qué quiere hacer, qué opción de las que tiene quiere elegir.

4-. Relación entre ideas.

Ortega en este texto argumentativo parte de una idea crucial, la vida es algo extraño para el ser humano, es algo con lo que se encuentra, que se le da y al mismo tiempo es una realidad radical, fundamental y primigenia hacia la que todas las demás realidades se refieren; después de esta reflexión inicial, Ortega pasa a describirnos la vida como algo abierto, como un constante hacer, que no acaba nunca; Ortega insiste en la indeterminación de la vida, mostrándola como un camino de diversas direcciones, donde es ser humano, desde su libertad e indeterminación, elegirá una de las opciones, equivocándose o acertando con dicha decisión, ahí se encuentra lo interesante de la vida, que cada día la vamos haciendo, no sabiendo cómo va a resultar.

5-. Explicación de las ideas.

Partiendo del perspectivismo de Ortega, podemos empezar diciendo, para explicar este texto que versa sobre el concepto de vida, que la filosofía es partir del hecho de que toda razón es viviente. Esto significa que el problema radical de la vida es definir ese especial modo de ser que es nuestra vida. Pero vivir es lo único que nadie puede hacer por mí, ni yo, por supuesto, por nadie. Es mi ser más individual, lo menos abstracto. En resumidas cuentas, la filosofía es filosofar y filosofar es vivir.

El perspectivismo orteguiano afirma dos cosas:

1. Que todo conocimiento está anclado siempre en un punto de vista, en una situación concreta, en una circunstancia.

2. Que en su propia esencia, la realidad misma es multiforme, atendiendo a la pluralidad de puntos de vista.

La vida se encuentra a sí misma a la vez que descubrimos un mundo. Por esto, todo vivir es ocuparse con lo otro que no es uno mismo, todo vivir es convivir, es hallarse uno en medio de una circunstancia. Vivir es encontrarse frente a un mundo, pero también al contrario, el mundo al componerse sólo de lo que nos afecta es inseparable de nosotros. La vida nos es dada, somos arrojados a la existencia. Y esto que nos es dado es un problema que tenemos que resolver, y así, nadie espera su vida porque la vida ‘nos es disparada a quemarropa’. La vida es quehacer, aunque no cualquier quehacer, sino el que cada hombre tiene que hacer impuesto por su yo íntimo, que nos impele a una vocación o a un destino. Cada individuo tiene un proyecto de vida individual e intransferible. El ser del mundo no está dado, sino que es siempre perspectiva. La perspectiva aparece como una condición epistemológica para captar la auténtica realidad.

El perspectivismo sostiene la multiplicidad de los posibles puntos de vista sobre la realidad, pero esta multiplicidad debe ser unificada desde algún principio rector.

Este principio rector radica, para Ortega, en la afirmación de que esas perspectivas múltiples no son contradictorias y excluyentes unas para las otras. Muy al contrario, esas perspectivas deben ser unificadas, porque en cada una de ellas hay una gota de verdad; de modo que “la Verdad” está constituida por la unificación de las múltiples perspectivas.

Por último decir que el ser humano al verse forzado a elegir se adentra en el terreno de la moral, ya que al tener que elegir, se es libre (aunque no absolutamente porque la vida es fatalidad, por una parte) y al ser libre se asume la acción hecha o elegida por nosotros, es decir, que uno tiene que hacerse responsable de sus actos.

COMENTARIO DE TEXTO. JÜRGEN HABERMAS.

[Cuando hay un debate ético en el que participan personas de diferentes credos religiosos y diferentes culturas] las perspectivas iniciales de los participantes, que tienen su raíz en su propia religión y cultura, van descentrándose (los participantes van dejando de ver todo desde su propia perspectiva para ir poniéndose en el lugar de los otros) cada vez con más fuerza […] a medida que el proceso de interrelación mutua de las diferentes perspectivas se va acercando a la meta de la inclusión completa. Resulta interesante constatar que la práctica de la argumentación ética apunta ya, por su propia dinámica, en esta dirección de que el participante en un debate ético salga de su propia y exclusiva posición para incluirse en la posición del otro. Si atendemos al punto de vista del diálogo, bajo el cual sólo obtienen aceptación aquellas normas morales que son igualmente buenas para todos, el discurso racional aparece como el procedimiento más apropiado [para resolver un conflicto ético], ya que se trata de un procedimiento que asegura la inclusión de todos los afectados y la consideración equitativa de todos los intereses en juego (J. HABERMAS, “Acción comunicativa y razón sin trascendencia”, en Entre naturalismo y religión, Barcelona, Paidós, 2006, p. 55 [traducción adaptada])



  1. Contextualizar al autor.

El autor, J. Habermas, es un filósofo vivo en la actualidad que desde posiciones izquierdistas analiza algunos de los problemas actuales: el nacionalismo, la emigración, el multiculturalismo, el cientificismo…

  1. Tema.

El texto aborda el problema de cuál es el procedimiento más apropiado para resolver los conflictos en cuanto normas morales que se producen en nuestro mundo multicultural entre las diversas culturas y religiones.

  1. Las ideas principales.

  • Cuando las personas dialogan teniendo culturas diferentes empiezan estando centrados en su cultura pero poco a poco son capaces de ponerse en el punto de vista de las otras culturas.

  • La meta sería que fueran capaces de incluir completamente la posición de los otros.

  • Argumentar en ética implica por su propia lógica ser capaz de ver las cosas también desde el punto de vista de los otros.

  • Dialogar en ética supone aceptar sólo las normas morales que son buenas para todos

  • El procedimiento más apropiado para resolver los conflictos multiculturales es el diálogo racional, que implica la participación de todos y la consideración de los intereses de todos.

  1. La estructura del texto.

Constatación de un hecho: en los debates éticos multiculturales las personas poco a poco son capaces de salir de su punto de vista y ponerse en la piel de los otros. Constatación de una tendencia o dinámica: la anterior observación le sirve a Habermas para comprender la dinámica de las argumentaciones en ética: dialogar en ética es ser capaz de ponerse en el punto de vista de los otros. Conclusión: el discurso racional aparece como el procedimiento más apropiado para resolver un conflicto ético, o Condición: si entendemos que se da realmente un diálogo cuando sólo obtienen aceptación aquellas normas morales que son igualmente buenas para todos o Razón: ya que se trata de un procedimiento que asegura la inclusión de todos los afectados y la consideración equitativa de todos los intereses en juego.

  1. La explicación de las ideas principales.

Vivimos en un mundo multicultural en el que sobre las cuestiones éticas hay perspectivas diversas, debido a las diferentes religiones y culturas, pues la cultura en la que nacemos es como la perspectiva desde la que vemos todo; cuando se da un debate sobre las normas morales entre gente de cultura o religión diferente, los participantes van dejando de ver todo desde su propia perspectiva para ir poniéndose cada vez más en el lugar de los otros; bueno, quizás eso no sea siempre así, pero Habermas quiere decir que el verdadero diálogo ético implica esto, porque si todos siguieran inamovibles en sus posiciones iniciales, no habría diálogo, ya que no tiene sentido debatir una cuestión si los que debaten no tienen la más mínima intención de escuchar al otro y de, quizás, cambiar sus ideas; (3) teniendo en cuenta esto, comprendemos que dialogar con otros argumentando en cuestiones éticas significa salir del propio punto de vista y ser capaz de entender los puntos de vista y los intereses de los otros, lo que significa que no hay diálogos éticos, ni ética misma, si no se da una cierta imparcialidad; ser bueno implica ir abandonando la propia perspectiva, dejar el egoísmo de la propia perspectiva e ir incluyendo en la manera de pensar los puntos de vista diferentes de los propios. A partir de ahí se deduce que el procedimiento más moral para resolver los conflictos morales es un diálogo en condiciones de igualdad; si hay condiciones de igualdad en el diálogo sólo se aceptarán aquellas normas morales que sean igualmente buenas para todos; la razón por la que Habermas saca esa conclusión es que es el único procedimiento que asegura la inclusión de todos los afectados y la consideración igualitaria de todos los intereses en juego. En conclusión, según Habermas, en un mundo multicultural y conflictivo como el nuestro la ética consiste en el diálogo, la igualdad y la imparcialidad.

1   2   3   4   5


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal