Contexto filosofía contemporánea. 1ª Parte


-. CRÍTICA A LA CULTURA OCCIDENTAL



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1-. CRÍTICA A LA CULTURA OCCIDENTAL.

El papel de Nietzsche en el pensamiento occidental es fundamental porque plantea la tremenda cuestión de si el hombre europeo ha seguido hasta ahora un camino errado y por tanto es necesario dar marcha atrás y renunciar a todo lo que hasta ahora se ha considerado "santo", "bueno" y "verdadero" (es decir, a los valores que se habían establecido como los adecuados en la cultura occidental).

A diferencia de Hegel que concibe la historia como un proceso evolutivo en el que se hallan integrados todos los pasos anteriores y que creyó que podía dar una respuesta positiva de la historia de la humanidad occidental, Nietzsche representa, por el contrario, la negación del pasado, la repulsa de todo dogmatismo y de toda tradición, y una vuelta al momento anterior a la creación de la metafísica y de la escisión entre mundo sensible y mundo inteligible que llevó a cabo Sócrates-Platón.

Para Nietzsche la historia no es más que la historia de un error prolongado y por ello la ataca y la critica radicalmente. Nietzsche lleva a cabo una crítica contra la metafísica anterior, lucha contra el racionalismo y se opone a la violación de la realidad por el pensamiento. Su lucha con el pasado tiene la forma de una crítica total de la cultura, pero esa crítica es en esencia una disputa contra la metafísica occidental.

En su obra “El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música” (1872), Nietzsche analiza la cultura griega, en cuyo seno aparecen los grandes conceptos filosóficos, desde las categorías de lo apolíneo y lo dionisiaco: la vida en grecia se desarrolla entre dos polos que representan dos modos vitales opuestos:

-Dionisio: dios del caos, la diversidad, el desorden irracional, la oscuridad, la embriaguez, el devenir...

-Apolo: Dios del orden estático, la razón, la armonía, la luminosidad...

Estos dos elementos configuran y dan riqueza a la vida, están reconocidos en la primitiva cultura griega y en su máxima forma de expresión artística, la tragedia. Sin embargo, Sócrates aniquila el aspecto dionisiaco de la vida, interpreta el mundo desde el orden: inventa el “concepto” que recoge los elementos comunes presentes en la diversidad de lo real, anulando la riqueza de la vida, de la que Sócrates solo atiende a una dimensión: aquella que puede ser tratada racionalmente, el concepto general y abstracto, frente al cual, la realidad inmediata, material, sensible y concreta pierde valor. Con ello está consolidando una imagen del mundo, presente ya en Parménides en la que hay una prioridad de la razón sobre la sensibilidad, del ser parmenídeo (realidad estática e inmutable) sobre el devenir, y de la esencia sobre la apariencia. A partir de Sócrates, la filosofía se convierte en dogma, considera la realidad existente como algo fijo, estático en inmutable, se anula así su dimensión dionisiaca, sin la cual la vida misma desaparece. De ahí que Nietzsche salve a Heráclito de su crítica a la tradición filosófica, pues fue el único capaz de reconocer el carácter cambiante y a la vez ordenado de la realidad, y el valor de los sentidos para mostrarnos el devenir, el fenómeno, la apariencia.

Antes de proseguir con la crítica nietzscheana a la filosofía socrático-platónica, como aquella que fue el comienzo del “error más largo”, abordemos el concepto nietzscheano de NIHILISMO; una actitud a la que ha sido abocado el hombre del XIX, y que llevará a Nietzsche, a través de la tarea genealógica, a encontrar el principio de dicha actitud, de vacío y sin sentido, en la que se encuentra el hombre

El nihilismo designaría una actitud trágica y desesperada frente a la presente situación del hombre y de la sociedad. Ahora bien, el nihilismo no debe entenderse como catastrofismo, ni como una forma de pesimismo, sino como una exigencia del pensamiento. El nihilismo nos muestra que las ideas y creencias que habían en la historia anterior se han venido abajo, ya no nos sirven los valores que había en la tradición anterior, los ideales existentes no se pueden ya mantener; por todo ello, el nihilismo se convierte en algo que nos avisa de lo caduco del pasado, nos indica que la sociedad actual está "enferma" y por tanto, nos advierte que hay que cambiar las cosas, ya que éstas no pueden seguir como antes. Para Nietzsche la aparición del nihilismo es necesaria porque muestra la falsedad y vacuidad de los valores que teníamos, e impulsa a los hombres a crear nuevos valores, que le valgan y que sustituyan a los viejos valores que se han convertido en algo falso. Sólo pasando por el nihilismo se puede llegar a mostrar el valor real de los valores (ese valor real será el mostrar que están vacíos y se han convertido en algo falso). Lo que antes se consideraban valores absolutos ahora se han convertido en valores ficticios.

Así pues, en resumen, podemos decir que el concepto NIHILISMO no designa nada peyorativo, ni destructivo, sino algo necesario, destrucción de los valores anteriores, para después poder construir valores nuevos. No obstante, tenemos que tener claro que nihilismo es un término negativo, y aunque ese nihilismo desemboque después en la creación de nuevos valores, en el nihilismo todavía no se crean nuevos valores.

Este nihilismo de "nuestro tiempo" podría considerarse como el final del error más largo, pero ¿dónde tiene su origen ese nihilismo que nos ha llevado a la situación presente de ausencia de valores?

Si rastreamos el camino (a través de la tarea genealógica) que nos ha llevado a ese momento de pérdida de los valores supremos, podemos establecer el origen del nihilismo en la escisión creada por Platón-Sócrates, entre el "mundo verdadero" y el "mundo aparente". Platón llena de contenido el espacio metafísico, da sentido al espacio escindido. Según Platón, y el pensamiento occidental, si nuestro mundo sensible, en el cual vivimos y nos movemos, es un mundo caracterizado por la multiplicidad y la diversidad en continuo movimiento, si nuestro mundo es un devenir que no podemos controlar, lo que hay que hacer es construir una reduplicación de ese mundo, pero dicha reduplicación debe ser inmutable, eterna, fija, controlable, "verdadera" e inteligible; una vez construido ese mundo inmutable, reino del filósofo-basileus platónico, pongamos sobre él, el rótulo de "mundo verdadero"; de esta manera llegamos a la completa escisión del mundo en dos mundos: por una parte, el mundo de la verdad, de la Razón, de las ideas, de lo inteligible, y por otra parte, el "mundo aparente", el mundo sensible, donde según Platón y el pensamiento metafísico occidental predominan la ficción y la apariencia y donde nada podemos conocer y controlar ya que todo es perpetuo devenir. Así pues, aquí comienza, en la cultura occidental, el predominio de la Razón sobre las pasiones y los instintos.

Así pues con Platón tenemos el primer estadio de la historia de occidente, el primer estadio de "cómo el mundo verdadero deviene fábula", tal y como diría Nietzsche. Pero, hay que tener en cuenta, que Platón sólo es el primer peldaño.

El segundo estadio de la historia de occidente es el cristianismo. El cristianismo, significó el final del mundo antiguo, ya que aniquiló las formas y valoraciones más nobles de la vida; el cristianismo es para Nietzsche la más grande de todas las corrupciones imaginables, el cambio de todo valor en un no-valor, de toda verdad en una mentira y al revés; es el envenenamiento de la vida mediante la idea de pecado, la destrucción de toda auténtica jerarquía mediante la igualdad de las almas ante Dios.

Para Nietzsche, la valoración que lleva a cabo el cristianismo es la valoración de la metafísica, que interpreta lo sensible, lo mundano y lo terreno a la luz de las Ideas, a la luz de un mundo supraterreno, auténtico, "verdadero", trasmundano. El Dios cristiano condena como "pecado" los impulsos naturales de la vida; ese Dios garantiza la indestructibilidad y la trascendencia de los valores negadores de la vida. Esa gran mentira de la que habla Nietzsche, esa mentira de la religión, de los sacerdotes, construye un mundo supraterreno que tiene como cemento la nada; la única finalidad de esa moral cristiana es la de controlar la vida del hombre, atar de pies y manos al hombre, controlar las acciones humanas, y esto lo consigue prometiéndole un trasmundo de felicidad y de bienestar.

Nietzsche distingue entre MORAL ARISTOCRÁTICA, la expresión en normas de los instintos que habían llevado a los más fuertes a imponerse sobre el resto. Esa moral afirmará como valioso lo que ayude a ser fuerte, del mismo modo que también se considerará valioso el amor hacia la propia vida, las pasiones, los instintos, el propio mundo y la felicidad y MORAL DE ESCLAVOS, los esclavos invertirán todos los valores de los amos. El máximo representante de esta moral de esclavos será el cristianismo, que desplegará una moral del NO, una moral de resentimiento a los amos y a su moral. El cristiano que ha padecido el dominio de las pasiones del aristócrata, tiene miedo a éstas; al odiarlas y proponer su exterminio, lo que el cristiano está reflejando es su odio y temor a la vida. La vida, para el cristiano, es un sufrimiento continuo, un valle de lágrimas, algo inaguantable y peligroso. La única manera que tuvieron los cristianos de imponer su moral a los fuertes fue convenciéndoles de que todo aquello que ellos amaban, y de lo cual era expresión su moral aristocrática, en realidad era el mal, y viceversa, todo aquello que odiaban por entenderlo pernicioso para la vida era, justamente, el bien.

Esa construcción de un trasmundo que se jacta de poseer la "verdad en sí", "lo bueno en sí", "Dios", es completamente ficticia, falsa, ¿por qué la metafísica lleva a cabo tal escisión? ¿por qué el cristianismo alimenta tal escisión, e intenta destruir todo lo bueno, instintivo y vigoroso que tiene la vida? El resentimiento es la clave para responder. El hombre, al no poder controlar el devenir, al no poder controlar el mundo como inestable, diverso, en continuo movimiento, crea un entramado conceptual y categorial para poder subsumir esa diversidad en la unidad, para aplanar todo lo subjetivo y particular, para inmovilizar todo lo que está en movimiento, crea un origen y un fin, es decir, una divinidad; con esta entramado categorial, con la creación de un mundo fijo y estable, que tiene una finalidad divina, cree conseguir la felicidad, cree que ha capturado el devenir, pero está muy equivocado, nadie puede parar el fluir constante de la vida, nadie puede fijar lo que no está quieto ni un sólo momento; hemos de reconocer, cueste lo que cueste, que la vida es sufrimiento y felicidad, error y conocimiento, no podemos abolir ni el sufrimiento ni el error, ya que si lo hacemos corremos el riesgo de destruir la vida. Por tanto el hombre del resentimiento, el hombre nihilista, tiene que aceptar el mundo tal y como es.

Ese resentimiento del hombre, esa rabieta que protagoniza el hombre por no poder controlar el mundo, hace que occidente se aboque a la decadencia. "Decadence", una de la peores enfermedades, una de las peores pestes de nuestra historia. Todo lo corporal, todo lo instintivo es considerado como "pecado", como obstáculo para poder conseguir la vida eterna y el "mundo de los buenos". Si queremos seguir las reglas de Dios tenemos que dejar a un lado lo que realmente vale la pena, es decir, la vida instintiva, la vida. La tarea nietzscheana a este respecto será muy simple, retornar el valor a esos "valores morales", es decir, dotar de "inmoralidad" a esos valores morales.

El tercer estadio de esta historia del pensamiento occidental sería, a juicio de Nietzsche, la filosofía de Kant, según la cual, aunque las entidades metafísicas no pueden ser conocidas por la razón teórica, sí que se puede acceder a ellas por la razón práctica, por ese motivo, Nietzsche critica a Kant ya que no destruye la metafísica y deja una ventana abierto a Dios, alma, etc.. El cuarto estadio estaría dominado por el pesimismo, preforma del nihilismo, que vendría a decir lo siguiente: si Kant dijo que no podemos conocer ni a Dios, ni el alma, ni el "mundo verdadero", etc., ¿para qué queremos esas entidades?), que se caracteriza por el descubrimiento de la vacuidad de los valores metafísicos, de la ficción del mundo verdadero, pero a pesar de ello, el lugar que ocupaban esos valores se sigue manteniendo, aunque ahora ese lugar esté vacío. El quinto estadio de “cómo el mundo verdadero deviene fábula” sería el nihilismo (del cual ya hemos dado cuenta anteriormente).

Es necesario, por tanto, llegar a un 6º y último estadio donde se produzca la subversión total de esos valores y del lugar que ocupaban, donde llegamos a un nihilismo completo, en el cual se destruya todo lo producido por la metafísica y el cristianismo; pero no todo será destrucción, ha de haber construcción y creación, ha de estar la voluntad de poder como la otra cara de ese nihilismo completo. La nueva posición de valores, en relación con los valores anteriores legados por la metafísica, va a ser la voluntad de poder y el eterno retorno. El "último hombre" poblador de esa época de incertidumbre, ha de ser superado por el "superhombre", antítesis del hombre metafísico, que debe poblar el mundo, el mundo como voluntad de poder.

La tarea genealógica explicaría el por qué se ha llegado necesariamente a ese nihilismo, por qué ese proceso histórico nihilista ha desembocado en la "subversión de los valores supremos". La genealogía es una mirada hacia atrás, se trata de ir más allá de la perversión introducida por la unión entre metafísica y cristianismo. Debe retornarse a lo que hoy es indecible para nosotros, debe retornarse a la Grecia anterior a la perversión socrático-platónica. La tarea genealógica quitará el velo que cubre todas las ficciones y mentiras que ha creado la moral cristiana, la metafísica. La genealogía está muy relacionada con la tarea crítica, la tarea genealógica incluye una tarea crítica que se propone particularizar lo que la metafísica había absolutizado, es decir, se propone devolver la multiplicidad y la diversidad que caracteriza la vida, el mundo; intentará poner de manifiesto el juego azaroso e incontrolable que es el mundo.

Por otra parte la tarea genealógica intentará mostrar la "vida" como conjunto de perspectivas y de interpretaciones. No hay nada absoluto e inmutable, no hay una única finalidad, sino diversas finalidades, diversas lecturas e interpretaciones que llevan a cabo los distintos sujetos, y esas lecturas particulares son las que conforman el mundo, son las que hacen del mundo, un texto con lecturas múltiples y diversas. Por tanto, no hay una única perspectiva o interpretación del mundo, no hay un único punto de vista que sea privilegiado, cada visión es particular, subjetiva y correcta. El mundo, por mucho que diga la metafísica y la moral cristiana, es un flujo de relaciones entre fuerzas, es un juego de fuerzas, es Voluntad de Poder. El error que comete la metafísica se encuentra en la creencia de una única interpretación que es la verdadera y es la que todos debemos seguir, pero no existe tal interpretación que regule el devenir, nadie se encuentra en posesión de la "verdadera visión del mundo". Debemos ver el mundo como un tapiz inmenso en el que cada hilo es una interpretación diferente, una perspectiva diferente, y el conjunto de todas esas perspectivas dan lugar al mundo, a la vida. Solo cabe un acercamiento a la realidad, el comportamiento estético, el espíritu creativo y el arte. Es la metáfora y no el concepto lo que nos muestra a la vida, la metáfora sugiere y no encorseta la realidad, no nos obliga a renunciar a las diferencias, la pluralidad y la diversidad.

Así pues, la genealogía, la tarea genealógica, se convierte en crítica de valores e intento de superación de la metafísica.



La afirmación de la muerte de Dios es el primer paso para recuperar la moral de los señores, lo dionisiaco. Como hemos visto en los diferentes sistemas filosóficos que hemos estudiado, Dios acababa por ser la piedra angular sobre la que se sostenían (recuerda a Descartes o a Kant). Si Dios no existe, todos los sistemas filosóficos se derrumban, los "mundos inventados" caen por su propio peso, la verdad, el bien, lo bueno, desaparecen. El ser humano está solo en el mundo, no hay nada por encima de él. En el mundo ya no hay nada que niegue la vida. Si no hay Dios, los esclavos ya no pueden subyugar a los fuertes, a los señores. Ya no hay verdad, la razón no tiene nada en donde agarrarse; ya no hay una idea de bien que debamos seguir, ya no hay pecado.... estamos en el nihilismo. ¿Qué hacemos para salir de él? Incipit Zarathustra, comienza Así habló Zarathustra, la obra más importante de Nietzsche y una de las más importantes de la filosofía y de la historia de la literatura universal, según él, un libro "para todos y para nadie".




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