Contexto filosofía contemporánea. 1ª Parte



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Pasos a seguir


  1. Hemos de adquirir conciencia de clase e incidir en el curso de los acontecimientos. La propia evolución histórica acabará produciendo los cambios que lleven al final del modo de producción capitalista pero al adquirir conciencia de su funcionamiento nosotros tenemos la obligación ética de avanzar y acelerar ese proceso para establecer un orden más justo.

  2. Estará protagonizado por la clase trabajadora: el proletariado. Este cambio no se da, sin embargo, por simple evolución, sino que exige la intervención de la clase explotada e implica un cambio en las instituciones sociales, políticas (es decir, la superestructura) y económicas (es decir, la infraestructura).

  3. No es sólo una revolución política sino que es esencialmente social. Para Marx las anteriores revoluciones han sido "políticas" sólo han cambiado la clase dirigente, pero no han sido "sociales". Sólo lo es la revolución proletaria, puesto que sólo con ella termina la sociedad clasista. No se puede llamar revolución a un cambio de régimen político, cambiando una clase dominante por un partido, puesto que seguirá existiendo la explotación. La revolución implica ese cambio radical en el sistema económico y político.

  4. Supone la socialización de los medios de producción y la sociedad sin clases. La revolución se podría definir como un cambio brusco, rápido, de una formación social a otra formación social. En una se daba un modo de producir bienes que está basado en la propiedad privada de los medios de producción, en la otra, se cambia el modo de producción: Los medios de producción pasan a ser propiedad de la colectividad, de la sociedad. Este cambio lo realiza la clase proletaria, la clase explotada, que ha quitado la propiedad de esos medios a la burguesía y los ha puesto en manos de la comunidad. Se llega así a la sociedad sin clases, sin antagonismos ni enfrentamientos. La producción está destinada al progreso de todos, no de unos pocos; no habría progreso si solamente unos satisfacen sus necesidades a costa de los demás.

  5. ¿Tiene que ser necesariamente violenta la revolución?. La violencia será o no necesaria, según Marx, en función de las circunstancias del país determinado, si la burguesía se empeña en oponerse. En un principio pensó que sería violenta en los países capitalistas. Más tarde pensó que la creciente potencia del proletariado haría posible la revolución pacífica en los países más avanzados.

  6. Internacionalismo. Se debe realizar en cada país pero con la solidaridad entre ellos, el único vínculo es el vínculo de clase no el de nacionalidad: "¡Proletarios del mundo unios!".

El socialismo


Encontramos que la revolución tiene dos fases. Desde el punto de vista marxista estricto el socialismo es la fase previa del comunismo. Se caracteriza porque:

  1. La clase obrera ejerce su dictadura (dictadura del proletariado) sobre las antiguas clases explotadoras mediante su dominio del Estado, en alianza con los campesinos y otras capas sociales asalariadas.

  2. Nadie tiene otro medio de apropiarse de los bienes sociales sino el del trabajo, ya que se ha suprimido la propiedad privada de los medios de producción.

  3. La distribución de bienes materiales y culturales se realiza en proporción a la cantidad y la calidad del trabajo con que cada uno ha contribuido: "Cada cual [aporta] según sus capacidades. A cada cual [recibe] según lo aportado mediante su trabajo".

En esta fase previa al comunismo, el socialismo pretende:

  1. Eliminación de la división y las diferencias entre trabajo manual e intelectual.

  2. Eliminación de la discriminación de la mujer.

  3. Educación del pueblo para que aporte sus esfuerzos sobre la base de los principios de cooperación y solidaridad desechando las motivaciones del egoísmo y la acumulación privada.

El comunismo


Es la fase final y más desarrollada de la organización social que presupone el socialismo como fase preparatoria. Se distingue de éste porque en él las clases han desaparecido del todo y, al no haber antagonismos de clases, el Estado se convierte en un organismo más de la administración de la riqueza social y no un en instrumento al servicio del dominio político de una clase social.

Al haber desaparecido también, como resultado de la educación en el socialismo, el egoísmo y la rivalidad como fuerzas motrices de la economía, la distribución de la riqueza se puede efectuar ya según el principio de "Cada uno (aporta) según sus capacidades. A cada uno (se le da), según sus necesidades".

Marx consideraba que una vez abolida la propiedad privada el poder político habría ido retirándose paulatinamente, hasta llegar a extinguirse. Para Marx, el Estado no es más que la forma de organización que se dan por necesidad los burgueses con el fin de garantizarse la propiedad y sus intereses; por tanto, cuando ya no exista la propiedad privada ni las clases sociales ya no habrá un poder político en sentido estricto, ya que el poder político no es más que la violencia organizada de una clase para oprimir a la otra.



COMENTARIO DE TEXTO, KARL MARX.
14. ¿En qué consiste, entonces, la enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo. En último término, para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que éste no es suyo, sino de otro, en que no le pertenece; en que cuando está en él no se pertenece a sí mismo, sino a otro. Así como en la religión la actividad propia de la fantasía humana, de la mente y del corazón humanos, actúa sobre el individuo independientemente de él, es decir, como una actividad extraña, divina o diabólica, así también la actividad del trabajador no es su propia actividad Pertenece a otro, es la pérdida de sí mismo (K. Marx, Manuscritos: Economía y filosofía. Trad. de F. Rubio. Alianza, Madrid, 1986, p. 108).

1-. Sitúa al autor en su contexto histórico.

Marx es un filósofo del s.XIX que intentó hacer del devenir histórico un sistema explicable científicamente, especificando como se evoluciona de una forma de sociedad a otra, hasta acabar la historia con la sociedad comunista, que sustituirá al capitalismo que explota deliberadamente al proletario buscando como único fin la productividad y el beneficio económico.

2-. Tema.

El trabajo en el modelo de producción capitalista es un trabajo alienado, no le pertenece al propio trabajador, sino al empresario capitalista que busca la plusvalía a través del sudor ajeno.

3-. Ideas principales.



  • El proletario está alienado en su trabajo, es decir, el producto de su trabajo no le pertenece y el trabajo como actividad le hace infeliz y desgraciado.

  • El trabajo que debería ser aquello que sirve para autorrealizar al ser humano, se convierte dentro del sistema capitalista, en trabajo forzado, esclavo, donde el empresario capitalista exprime hasta la última gota de sudor del trabajador.

  • El trabajador tiene que trabajar para poder subsistir y no para disfrutar, que es lo que debería ser, y esto se ve a simple vista, como dice Marx, ya que si no estuviese el trabajador coaccionado a trabajar huiría de él como de la peste.

  • El resultado y producto del esfuerzo del trabajador se lo queda otro, el capitalista, que es el que gana sustanciosos beneficios y a cambio le paga un miserable salario al trabajador con el que apenas puede subsistir.

  • El trabajo alienado se puede asimilar al poder de la religión que también es una actividad alienada ya que la religión actúa diseñando una fantasía en la mente del ser humano, una fantasía que no se puede cumplir ni llevar a la práctica; le mete una serie de “pájaros en la cabeza” al proletario intentando calmarle e inmovilizarle.

4-. Relaciona las ideas.

En este texto de carácter argumentativo, Marx parte de una pregunta, “¿Qué es el trabajo alienado?”, para a continuación intentar contestarla; como primera aproximación nos dice que el trabajo, dentro del capitalismo, se convierte en algo externo al trabajador, en algo que el trabajador ni controla, ni posee, ni le saca beneficio; el trabajo, dentro de las garras del capitalismo, es un trabajo esclavo, explotado, que causa infelicidad en el trabajador, y ello se demuestra, nos sigue diciendo Marx, porque si el trabajador no necesitara trabajar para sobrevivir no trabajaría. Por último, Marx lleva a cabo una relación entre trabajo y religión, ya que ambas actividades, en el seno del capitalismo, están alienadas; la religión insufla en el espíritu humano un conjunto de fantasías y mentiras que intentan aplacar los ánimos del proletariado e impedir su movilización, intenta sacarle de su objetivo, que debería ser cambiar la situación en la que se encuentra, y por ello, al igual que el trabajo, hace que el ser humano se sienta extrañado y carente de respuesta ante las adversidades que le abruman.



5-. Explicación del texto.

Tal y como hemos visto en los puntos anteriores, el tema central de este texto es el concepto de alienación, concepto que a su vez Marx recoge de la filosofía hegeliana, aunque en el caso de Marx, no nos va a hablar de un Espíritu Absoluto que observa y maneja la historia desde afuera, sino de los males que conlleva cuando se aplica al ámbito ideológico, social y económico. Para Marx, las condiciones materiales en las que vive el proletariado son las peores posibles, ya que el burgués capitalista, dueño de las fuerzas productivas, explota al trabajador a cambio de un sueldo miserable, y con ello enmascara el auténtico ser del trabajo; el trabajo, para Marx, dentro de un modo de producción diferente (el de la sociedad comunista), es una actividad con la que se identifica el trabajador y que le sirve para realizarse como persona, es una actividad en la que disfruta y colma sus necesidades; el trabajo debería ser algo agradable, algo que uno sabe hacer y que a través de dicha actividad colabora con el resto de la sociedad aportándoles algo. Por el contrario, el proletariado se encuentra alienado tanto con respecto al producto del trabajo, como al mismo trabajo, el trabajador ya no controla todo el proceso productivo, tal y como ocurría en otros modos de producción, sino que se ha convertido en un mero engranaje de una maquinaria monstruosa; al trabajador se le desposee del resultado de su trabajo a cambio de un sueldo que no se corresponde con su esfuerzo ni con lo que produce, generándose una plusvalía que queda en manos del capitalista; el trabajador se convierte en una marioneta en manos del capitalista, que maneja a su antojo ya que además de todo la poca oferta laboral hace que el burgués capitalista tenga la sartén por el mango, obligando a trabajar al proletario en condiciones infrahumanas, e incluso, podemos decir que el empresario siembra la insolidaridad entre el conjunto de los trabajadores, ya que nadie quiere perder su trabajo y no está dispuesto a apoyar a nadie que se subleve ante tanta injusticia y explotación. Para Marx, tal y como menciona al final del texto, la alienación económica no es la única, también nos encontramos con la alienación religiosa (y también la política) que intenta sacar al proletario del único objetivo que debería tener, es decir, unirse todos para empezar una revolución contra los capitalistas y una vez ganada empezar una nueva era, la sociedad comunista; en cambio, la religión actúa como somnífero, como “opio para el pueblo”, haciendo que el trabajador se intente olvidar de su situación de penuria y miseria, e inculcándole un montón de mentiras sobre una vida mejor después de la muerte, por tanto, igual que en el trabajo el proletario se siente extraño a dicha actividad, la religión también hace que el proletario se extraiga de su verdadera situación impidiéndole actuar. Para concluir, tan solo decir que toda alienación tendrá su punto y final con el triunfo de la revolución proletaria y la constitución de una sociedad comunista en la que no habrá clases sociales, ni Estado y en la que todos serán iguales.

TEMA 14. FRIEDRICH NIETZSCHE.

1-. CRÍTICA A LA CULTURA OCCIDENTAL.



2-. SUPERHOMBRE, ETERNO RETORNO Y VOLUNTAD DE PODER.

BIOGRAFÍA.

Friedrich Wilhelm Nietzsche nació el 15 de octubre de 1844 en Röcken, una pequeña ciudad de la Sajonia prusiana, hijo de Carl Ludwig (1813-1849) y Franziska Oehler (1826-1897). La temprana muerte de su padre, pastor luterano, a causa de un proceso de degeneración cerebral, provocado supuestamente por una herida en la cabeza producida por una caída, obliga a la familia a abandonar la casa en que residían, para ser ocupada por el nuevo pastor, trasladándose en 1849 a Naumburgo. Allí vivirá con su madre, su hermana Elisabeth, su abuela Erdmuthe y dos tías, Auguste y Rosalie, realizando sus primeros estudios en el instituto ("Gymnasium") local, entre 1854 y 1858. En 1858 ingresa en el internado de Pforta, que había adquirido un gran renombre en la época, y en el que se observaba un régimen estricto y tradicional, donde permanecerá hasta 1864. En esta época se desarrolla su admiración por el genio griego, leyendo sobre todo a Platón y Esquilo, así como por la música y la poesía, siendo un admirador de Hölderlin, realizando entonces sus primeros ensayos como poeta y músico. Por lo demás, comienzan los problemas de salud de Nietzsche, sufriendo en numerosas ocasiones intensos dolores de cabeza que podían llegar a durar varios días.

En 1864 ingresa en la universidad de Bonn y se traslada al año siguiente a la universidad de Leipzig, donde permanecerá hasta 1869, siguiendo los pasos de su maestro Ritschl, continuando en ella los estudios filológicos bajo su dirección, llegando a ser su discípulo predilecto.

De esta época data su admiración por la música de Wagner y su primer encuentro con el músico. La lectura de Schopenhauer y el abandono definitivo del cristianismo coinciden con su actividad como filólogo, publicando varios trabajos en el "Rheinisches Museum" por los que obtiene un gran prestigio entre los especialistas. En 1869 la Universidad de Basilea le ofrece la cátedra de Filología, ante los informes favorables recibidos por su profesor Ritschl, y antes incluso de haber obtenido el grado de Doctor, cátedra que Nietzsche ocupa en mayo de ese mismo año.

De 1869 a 1879 Nietzsche permanecerá en Basilea, desarrollando su actividad como profesor. La amistad con Wagner se afianza y Nietzsche le visita en numerosas ocasiones en su villa en el lago de Lucerna. En 1872 pública El origen de la tragedia, obra muy mal recibida en los medios académicos y criticada virulentamente por algunos especialistas en filología clásica; algunos de sus amigos, no obstante, salen en su defensa, como Erwin Rhode; y otros, como Wagner, por ejemplo, la celebran con entusiasmo. Pese a ello, su prestigio entre los filólogos mermará considerablemente.

Entre los años 1873 y 1876 publica las Consideraciones intempestivas, en las que alaba a Schopenhauer y Wagner. A pesar de ello, en 1876 comenzará su distanciamiento de Wagner, que culminará poco después en una abierta oposición. Hasta entonces Nietzsche había tomado como referencia el ideal del artista y el genio creador; en los próximos años, aunque de forma provisional, orientará su reflexión hacia el papel de la ciencia, interés que se plasmará en obras como Humano, demasiado humano, escrita entre los años 1878 y 79. En 1879, probablemente por problemas de salud, renuncia a su cátedra en la universidad de Basilea, y comienza un período que durará diez años caracterizado por el constante viajar de Nietzsche por Suiza, Italia y Alemania (que sólo visitará ocasionalmente), así como por la efervescencia creativa que le conduce a la elaboración de la mayor parte de su obra. En 1880 reside en Naumburgo, Venecia, Marienbad y Génova. En 1881 residirá fundamentalmente en Génova y Sils-Maria, pequeña localidad de los Alpes suizos donde Nietzsche intuirá las principales ideas de su filosofía futura, como la del eterno retorno y la de la voluntad de poder.

En 1882 y siguientes residirá en ciudades como Génova, Messina, Roma, Orta, Basilea, Lucerna, Naumburgo, Leipzig, Santa Margherita, Florencia, Rapallo y Niza, entre otras, pasando varios veranos en la localidad de Sils-Maria, especialmente querida por Nietzsche. De este período datan algunas de sus obras más significativas, como La genealogía de la moral, Así habló Zarathustra y Más allá del bien y del mal.

En 1889 su salud, que ya le había dado motivos de preocupación en los años "errantes", empeora bruscamente, comenzando a manifestar síntomas de desequilibrio mental. Trasladado de Turín a Basilea es tratado en la clínica de dicha ciudad, y posteriormente en la de Jena, dando muestras de una ligera recuperación. No obstante su estado empeora de nuevo, instalándose en Naumburgo con su madre y, luego de la muerte de ésta, en 1897, con su hermana Elisabeth en Weimar. Pero ya no se recupera jamás. Morirá en agosto de 1900, habiendo alcanzado una considerable fama y ejerciendo un notable influjo que se dejará sentir en el desarrollo del pensamiento contemporáneo.

A MODO DE INTRODUCCIÓN.

Crítico despiadado del pasado e “inactual” profeta del futuro, desmitificador de los valores tradicionales y propugnador de un hombre que tenía que venir. Friedrich Nietzsche fue muy consciente de su destino: “Conozco mi suerte. Mi nombre estará un día ligado al recuerdo de una crisis, como no haya habido otra igual, al más hondo conflicto de conciencia, a una decisión que se proclama contraria a todo lo que hasta ahora se había creído, pedido y consagrado. No soy un hombre, soy una descarga de dinamita... Contradigo como jamás se había contradicho, y a pesar de ello soy la antítesis de un espíritu negador...” Nietzsche se interpreta a sí mismo como un hombre elegido por el destino, como aquel que contradice como jamás se ha contradicho. Contradice el positivismo y su fe en el hecho, por una sencilla razón: “el progreso es sencillamente una idea moderna, es decir, una idea falsa”. Socava las pretensiones de verdad de las ciencias exactas. En contra de todos los espiritualismos, proclama la muerte de Dios. Dice que el cristianismo “es un vicio, porque no existe nada que resulte más mal sano, en medio de nuestra malsana humanidad, que la compasión cristiana”. Por tanto, Nietzsche es un espíritu que contradice. Lo es porque piensa que tiene que anunciar algo grande y nuevo: “¡Os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no deis fe a quienes os hablan de esperanzas sobrenaturales! Son envenenadores, conscientes o inconscientes. Son menospreciadores de la vida, moribundos, y están ellos mismos envenenados: la tierra está cansada de ellos; pues bien, ¡expulsadlos para siempre!”. Junto a la fidelidad a la tierra, Nietzsche enseña: “No escondáis más la cabeza en la arena de las cosas celestiales, sino llevarla libremente: una cabeza terrenal, que es la que crea el sentido de la tierra.”


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