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BIBLIOTECA VIRTUAL

CONSEJO LATINOAMERICANO DE CIENCIAS SOCIALES

CLACSO



LENGUAJE Y SUJETO CARCELARIO
Juan Pablo Arancibia


INDICE

INTRODUCCION

El presente documento tiene el carácter de ser un avance de investigación, en el que se exhiben y perfilan, de modo general, las líneas centrales de indagación respecto a nuestro objeto de estudio.
Nuestro examen de la relación entre lenguaje y sujeto carcelario está articulado por distintos lugares de observación, en correspondencia con los cuales depositamos nuestras sospechas e hipótesis. En el presente trabajo, en tanto su condición de primer acercamiento, no se logra ni aspira clausurar con conclusiones perentorias ninguna de las vetas que examinaremos, más bien trasladaremos a regiones de mayor visibilidad problemas que habitan y circulan en torno a nuestro objeto. Además, intentaremos aproximarnos con alguna seriedad y humanidad al problema aquí abordado.
Nuestra mirada plantea algunas orientaciones particulares para ingresar a la interrogación por el ser encarcelado, el mundo que lo prefigura, el mundo que produce y las interrelaciones que en ella existen.
Asi, los nudos que comportan la presente investigación son identificables de la siguiente manera:
Una aproximación al lenguaje como ruta de ingreso para la inspección del sujeto encarcelado. Aquí nuestra observancia básicamente pretende establecer un vínculo entre el lenguaje y el sujeto que lo comporta. Nuestro supuesto principal tiende a instalar la afirmación de que el lenguaje "delincuencial" es un sistema relacional y representacional que contiene, expresa y despliega un conjunto de factores cognitivos, históricos, culturales que constituyen al sujeto hablante en el marco de sus relaciones sociales.
Una mirada crítica a la etiología criminal funcional e institucional. Al respecto nuestra motivación es concurrir a este debate, ingresando con un postulado crítico de los actuales modelos referenciales de indagación de la etiología criminal. Nuestras inferencias, más bien, van destinadas a concebir una lectura social global del sujeto que nos ocupa, procurando un desciframiento de las imbricaciones y correspondencias entre el marco social y nuestro objeto.
Una mirada tensionante a la noción de rehabilitación. Nos preocupa la valoración y la utilización del concepto, las matrices analíticas que contiene. Nos preocupa el despliegue de un dispositivo discursivo institucional mediante el cual se instala y opera un conjunto de políticas funcionales de escasa exactitud -por no decir inverosímiles- en su realización, bajo las actuales condiciones.
La evolución social intrapenitenciaria. Intentaremos realizar un paneo a la movilidad de la comunidad carcelaria; así, observar una suerte de desplazamiento que ha tenido lugar entre una denominada sociedad clásica, hacia la irrupción y emergencia de un sujeto delincuencial transicional, al interior del espacio urbano.
Exégesis del lenguaje carcelario. Mediante este ejercicio pretendemos una aproximación al sujeto del lenguaje, a sus plataformas cognitivas, representacionales, relacionales y sociales. En alguna medida, si nos resulta posible, intentaremos una interrogación o develamiento de una filosofía delincuencial, de sus implicancias y determinaciones en la esfera vivencial, cultural y social sobre el sujeto que motiva este trabajo.
Lo anterior cobra su real dimensión si consideramos que el sólo despliegue en el lenguaje nos ofrece la posibilidad de constatar y reconocer la presencia de la otredad, de la diferencia y lo diverso. No nos interesa la diferencia por la diferencia, nos importa en la medida que denuncia la existencia de un otro, y en tanto otro proviene de un marco vivencial distinto y es afectado de modo particular por las relaciones sociales y produce un sistema conceptual, referencial, conductual y relacional disímil al de cualquier otro. De ello nos interesa su propia relación con el mundo y para ello ingresamos a su lenguaje.
Su lenguaje será capaz de contener y expresar su propia existencia, y en el develamiento de su propia existencia nos importa descubrir cómo somos conocidos, cuál es la relación que producimos y entender que lo otro es otro en tanto se relaciona con nosotros. Quizás, descubriendo su propio marco referencial sea posible modificar el marco de las relaciones actuales.
Esos son los ejes que articularán nuestra investigación. Como ya hemos dicho, el presente documento es sólo un avance, un informe preliminar de investigación, el que de ningún modo puede, ni pretende, zanjar el complejo de problemas aquí tratados. No obstante, dejaremos insinuados algunos problemas y objetos de interés, para que en un examen más riguroso, paciente y detenido, podamos producir reflexiones un tanto más exactas y humanas.

I.- SOBRE EL PROBLEMA DE ESTUDIO Y CIERTA MATRIZ TEÓRICA
Previamente, debemos acotar que nuestra inspección se centrará en los penales urbanos de Santiago: Colina 1 y 2. San Miguel y ex-Penitenciaría de Santiago. Trabajaremos, en un primer período, sólo con población adulta. Básicamente nuestra exploración se concentra en la población penal general, observando la relación de traspaso, y conflicto en la socialización de los nuevos sujetos delincuenciales. Nuestro objetivo principal, aquí, es reunir información vivencial y de lenguaje para realizar una exégesis del sujeto carcelario.
Nuestra investigación se concentra en el territorio de la realidad carcelaria, ello implica, necesariamente, la observación amplia y detenida de múltiples factores que se conjugan y operan dentro de tales fronteras sociales. Así, nuestra investigación se articula desde un eje central, cual es la relación entre lenguaje y sujeto carcelario, relaciones y sistema social al interior de las prisiones, ello no necesariamente significa que tengamos que eludir todo el cúmulo de componentes y cruces que constituyen el espacio social carcelario, conformando todo un contorno social disímil y extraño, el que se torna extremadamente complejo a la hora de realizar un examen con pretensiones serias y científicas.
Nuestro núcleo de investigación es la pretensión de indagar en el lenguaje de los prisioneros habituales. De este modo el concepto de lenguaje es aquí asumido como una diversa potencialidad de significación, como la posibilidad de producir y expresar un articulado de relaciones. Desde nuestro cuerpo teórico, el lenguaje sería un complejo sistema de códigos con capacidad de referencia objetal, así como con capacidad de expresión de las características del sujeto, de sus acciones y relaciones. No sería una sola forma o un mero instrumento, sino más bien un entramado relacional que existiría en distintos niveles, inaugurando así diferentes instantes de su ejercicio y operación.

Con ello estamos aludiendo a momentos como el lenguaje intrapersonal, el interpersonal, el grupal, el social y masivo. De ahí que asumamos como nuestros los niveles de construcción de lenguaje (1):

-Fonológico

-Sintáctico

-Semántico
Desde el mismo marco conjetural, pensamos que la comunicación interpersonal se prefigura como la distancia óptima para la comunicación humana. En esferas como estas operarían de manera privilegiada fenómenos comunicativos como la kinesia y la proxemia, a los que se suman los códigos del olfato y el movimiento de los ojos (2).
Sobre la comunicación grupal, podemos plantear que el lenguaje a nivel grupal se establece fundamentalmente a partir de la delimitación de roles, así, siendo los códigos recurrencias instituidas, los sujetos inmersos en marcos grupales específicos obedecen y responden a las designaciones funcionales del grupo (3). De tal modo, un grupo se constituye en un ordenamiento sistémico que exige un orden y estructuración interna, de tal suerte que una vez asignados los roles -de manera implícita- los sujetos han de cumplir con el suyo, toda vez que su transgresión se lee como una transgresión al funcionamiento sistémico del grupo en que habita. Una transgresión de este tipo siempre supone la sanción, el control, ya que el sujeto que lo modifica ejecuta una desconfirmación, y con ello la desconfirmación del grupo.
Sustentándonos en un cuadro analítico como éste, intentaremos elevar la mirada de nuestra plataforma de investigación a rango de lo sistémico y no de lo particular o accidental. Hemos asumido la concepción de comunicación no ya como un transmitir, sino como un tejido de relaciones, en el cual la sola noción de relación es ya el manifiesto de un comunicar (4), ya que los sujetos desde el momento de la sola presencia frente sí estarían produciendo un ejercicio de comunicación, una interrelación constante e ininterrumpida. De ahí que estemos en condiciones de tensionar y problematizar la comunicación como mera información calculada, sino concebirla como un marco relacional. Marco relacional que es en sí contenido.


II.- LENGUAJE, SUJETO Y CONCIENCIA
Nuestra principal afirmación es que el lenguaje y el ser se pertenecen y corresponden. No nos interesa, aquí, realizar un desciframiento causal entre ellos -es pues de poca relevancia- más nos alienta la necesidad de imbricar insolublemente la condición del ser y un rasgo connatural a éste, la posibilidad del lenguaje.
Metodológicamente nos es útil observar la relación de pertenencia entre el ser y el lenguaje en la medida que, mediante un posterior examen, de un cierto tipo de lenguaje podríamos encontrar pistas reveladoras acerca del sujeto que motiva esta investigación.
Así, nuestra preocupación inicial será problematizar la noción de lenguaje como artefacto, como utensilio que está por ahí depositado y el sujeto concurre a éste, lo toma, lo usa y luego lo deja. Una visión cósica del lenguaje abandona la posibilidad de encontrar mediante la ruta de su inspección al sujeto que habita en él. Desde nuestro marco referencial pensar el lenguaje como un utensilio, es un concepto de lenguaje que por su condición cósica y fragmentaria terminaría por negar al sujeto y en última instancia sólo reconoceríale una participación esquizofrénica en la vida, en lo social.
Nuestra afirmación reposa sobre el supuesto de que el ser y el lenguaje son dos dimensiones existenciales que se pertenecen, que se contienen, y lo que es más aún, se corresponden. Desde una mirada heiddegariana afirmaríamos que "el lenguaje es la morada del ser", en el sentido que se despliega como una fusión existencial, constitutiva del ser. Con mayor visibilidad lo podemos apreciar en palabras de Heiddegger:«El hombre se manifiesta como un ente que habla. Esto no significa que le sea peculiar la posibilidad de la fonación, sino que este ente es en el modo del descubrir el mundo y del "ser ahí" mismo»(5).
Nuestra inferencia se orienta hacia la vinculación que existe entre conciencia y lenguaje, la conciencia como posibilidad de pensamiento y como una condición del ser, del sujeto; y el lenguaje como una articulación de la conciencia. Si esa es la relación que postulamos, nos resulta inverosímil la separación entre lenguaje y conciencia.
Tal relación ha sido anteriormente identificada y precisada por otros estudiosos, particularmente Luria lo expresa de este modo: «Gracias al lenguaje, el pensamiento permite delimitar los elementos más esenciales de la realidad, configurar en una misma categoría cosas y fenómenos que en la percepción directa pueden parecer distintos, reconocer los fenómenos que -no obstante la semejanza externa- pertenecen a esferas diversas de la realidad» (6).
Desde el mismo marco pudiéramos resaltar que dicha condición sería un rasgo distintivo de la condición humana, así podríamos considerarla como una fundamental diferencia entre hombres y animales, la que precisamente radicaría en el lenguaje como acto de voluntad racional, con ello se habilita la diferencia mediante la figura de la conciencia: «Por eso el lenguaje del hombre se distingue del "lenguaje" de los animales, que, según vimos anteriormente, sólo expresa a través de los sonidos determinados estados afectivos, y jamás designa con ellos objetos concretos»(7). No es la posibilidad de articular un "signo" accidentalmente, es la pertenencia al lenguaje como articulación de la conciencia la que nos diferencia, como posibilidad cognitiva de pertenencia, de realización y de intervención en lo real. De esta manera se trataría de un lenguaje que es conciencia, una conciencia que es social e histórica.
No obstante el lenguaje es un componente consustancial a la humanidad, otro factor que constituye y distingue dicha humanidad es el trabajo. Trabajo y lenguaje serían dos dimensiones del salto cualitativo que la humanidad dió de una capacidad de expresión simpráxica a una abstracción sinsemántica; un salto cualitativo de un puro lenguaje sensitivo a uno abstractivo racional.
Desde la propia teoría Sterniana del desarrollo del lenguaje podemos reafirmar lo anterior. Stern identifica tres raíces que fundan el lenguaje: la tendencia expresiva, la tendencia social a la comunicación y la tendencia intencional. Sería esta última condición la que Stern señala como consustancial y distintiva de los humanos. La intencionalidad es entendida como la orientación a un sentido determinado «En una determinada etapa de su desarrollo intelectual, el hombre adquiere la capacidad de "tener algo en mente" (etwas zu meinen), de referirse a algo objetivo cuando articula sonidos...»(8). Para Stern como para el propio Vigotsky «...estos actos intencionales son en esencia actos del pensamiento (Denkleistungen); por eso, la aparición de la intencionalidad supone la intelectualización y la objetivación del lenguaje»(9).
Más allá de ingresar plenamente al examen de las diferencias y tensiones entre las distintas matrices analíticas de orientación genética o la intelectualista, lo relevante por ahora, para efectos de este documento, es señalar que cual sea la plataforma teórica y el desciframiento causal que ésta proponga entre lenguaje y pensamiento, lo cierto es que ambas figuras son consustanciales y necesariamente imbricadas a la otra.
De tal suerte, el lenguaje y la conciencia son una condición de lo humano, y es en dependencia de cual sea la condición de lo humano, que expresiones y formas adopte el lenguaje y la conciencia. Particularmente nos referimos a los factores exógenos, histórico, sociales, culturales, que van prefigurando e incidiendo en identidades y características globales de los sujetos. Ellos combinados con los rasgos específicos y particulares, propios de la historia de vida de cada individuo, va diseñando una relación social y cognitiva con su entorno, un habitus (10) que determina el despliegue y expresión existencial de cada individuo. La dimensión cognitiva y social del lenguaje cobra mayor visibilidad si consideramos que el individuo aprende su mundo en los procesos de socialización y este proceso sólo es en lenguaje, de tal modo el individuo asume su condición de conciencia, del yo y la otredad mediante el despliegue existencial del lenguaje. «En el desarrollo del niño como ser social, la lengua desempeña la función social más importante. La lengua es el canal principal por el que se le trasmiten los modelos de vida, por el que aprende a actuar como miembro de una "sociedad" -dentro y a través de los diversos grupos sociales, la familia, el vecindario, y así sucesivamente- y adoptar su "cultura", sus modos de pensar y de actuar, sus creencias y sus valores...Un niño que aprende el lenguaje, aprende al mismo tiempo otras cosas mediante el lenguaje, formándose una imagen de la realidad que está a su alrededor y en su interior; durante ese proceso, que también es un proceso social, la construcción de la realidad es inseparable de la construcción del sistema semántico en que se halla codificada la realidad»(11).
Esto nos arroja la constatación de una dimensión social y otra individual o particular en el lenguaje, dimensiones que se cruzan y contienen, dimensiones que no es posible delimitar física y mecánicamente, pero cuyos cruces producen los sentidos e imbricaciones que dinamizan las infinitas posibilidades del lenguaje. Eso que los lingüistas llamaron habla, como la dimensión individual, personal, exclusiva de la lengua, esa sería la expresión más existencial y vivencial del lenguaje, en la que habita la condición del ser: «El lenguaje puede despedazarse en palabras como cosas "ante los ojos". El habla es lenguaje existenciario, porque el ente cuyo "estado de abierto" articula en significaciones tiene la forma de ser del "ser en el mundo" "yecto" y referido al "mundo"» (12).
Ante ello nos resulta necesario precisar que -siguiendo a los lingüistas- así como en la configuración de la lengua habita un ser social, una esfera de lo social, en el habla se aloja la presencia del ser individual «si el lenguaje es un sistema objetivo de códigos, formado en el transcurso de la historia social... el habla es el proceso psicológico de formulación y transmisión del pensamiento por medio del lenguaje»(13) pues, ambas dimensiones del existir, tanto en lo social como en lo individual, están cruzadas por su condición de correspondencia y dinámica histórica. De cierto modo, lo social en el nivel de la lengua; lo individual en el nivel del habla; están gestadas, posicionadas y articuladas desde un marco de lo histórico, su condición misma es histórica y por tanto, evolutiva, cambiante y conflictiva. Evolutiva, cambiante y conflictiva por la lógica de las contradicciones, en una dialéctica en que la dinámica de lo hegemónico y lo residual se torna constituyente.
Pues bien, esta condición de pertenencia entre ser y lenguaje ya ha sido previa y lúcidamente tratada por otros diversos pensadores. Es más aún, dentro del propio dogma fundacional cristiano se alude a la noción del lenguaje en una dimensión rigurosamente existencial «En el principio ya existía la Palabra; y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios»(14). En otra versión dice «En [el] principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios»(15). Pues en otra dice «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el verbo era Dios»(16).

Ahora bien, exhibimos distintas versiones básicamente para establecer que en todas ellas existe una vinculación de pertenencia entre la Palabra y Dios, es decir, la Palabra misma, el Verbo mismo era Dios. Más allá de distraernos con el problema de la Trinidad que está ahí puesto en evidencia como tensión entre distintas corrientes mitológicas, lo relevante es que todas las versiones reconocen en una sola figura el ser y la palabra.
Nos resulta de gravitante sensibilidad las anteriores citas, puesto que en ellas subyace con extraordinaria lucidez la idea de fundir el ser y el lenguaje. Si realizamos una exégesis con mayor atención, en ellas no se trata la expresión "Palabra" o "Verbo" en sentido puramente literal, sino más bien -y como la hermenéutica bíblica lo comprueba- existe y merodea un sentido metafórico, y ahí la alegoría está destinada a sugerir que aquel dueño de la "Palabra", del "Verbo", es él mismo la "Palabra", el "Verbo", pues es él mismo la conciencia. Claro está, ya que la intención ahí no es decir meramente que Dios fue el primero en hablar. No, ahí la intención es señalar a Dios como el Principio y el Fin de todas las cosas y de todos los seres, así Dios habría sido no el primero en hablar, sino la primera conciencia, el primero en existir, y en tanto primero en existir la existencia esencial, la existencia fundante, el creador de todo.
Bien, podríamos ahondar en una suerte de exégesis bíblica para intentar dilucidar y respaldar con más ejemplos la anterior afirmación; pero ya creemos, aquí, resuelto el nexo constitutivo entre ser y lenguaje. Sin embargo, podemos observar la lectura realizada por Marx acerca del mismo pasaje, puesto que en ella se concentra la atención sobre el problema medular, el problema de la conciencia.
Marx, refiriéndose a la cuestión del dinero y la constitución del fetiche, a la inversión de las relaciones sociales y relaciones mercantiles en la formación capitalista, escribe «En su perplejidad, nuestros poseedores de mercancías piensan como Fausto: en principio, era la acción. Por eso se lanzan a obrar antes de pensar. Las leyes de la naturaleza propia de las mercancías se cumplen a través del instinto natural de sus poseedores. Estos sólo pueden establecer una relación entre sus mercancías como valores, y por tanto como mercancías, relacionándolas entre sí con referencia a otra mercancía cualquiera, que desempeña las funciones de equivalente general»(17).
Ahí, lo relevante es que Marx está parafraseando alegóricamente a Goethe en la inversión del evangelio según San Juan 1.1.; y de ello se desprende que Marx entiende y acepta la inversión de Goethe porque entiende el evangelio de San Juan como la declaración de la conciencia, el primer ser, y ese primer ser como ser de conciencia y, cuya expresión en San Juan sería el don de la Palabra o del Verbo, por tanto el ser divino se funde con la palabra divina.
Tal inferencia queda en entera visibilidad si volvemos a la cita de Marx; como es sabido, Marx se está refiriendo a que el fetiche nace de la inversión de las relaciones entre personas y cosas, las relaciones sociales se producen entre las cosas y las relaciones mercantiles entre las personas; tal lógica podría sustentar la teoría del valor que alentaba la teoría clásica, como una suerte de hispostación del valor y por tanto del intercambio. No obstante Marx descubre que bajo ese tipo de valor se oculta un tejido de relaciones sociales que lo determinan.
Por lo tanto Marx en esa cita señala que la acción sóla, sin conciencia, sin ser pensada, como acto torpe, adopta expresión en la figura del fetiche. Marx está oponiendo alegóricamente la figura del verbo y del acto, el verbo como de la conciencia, el acto como la acción sola y torpe desprendida de la conciencia, por ello Marx plantea como necesario la adopción de conciencia de las relaciones sociales.
Al respecto, es expresión de Hinkelammert decir que Marx acepta la inversión de la frase ya que «...en tal forma describe exactamente lo que ocurre con el productor de mercancías. Este actúa antes de pensar, y por tanto el mundo mercantil piensa por él; y él ejecuta los dictámenes de las mercancías. La renuncia a la libertad es a la vez la renuncia a pensar sus actos... Al estar la acción en el principio, la libertad se pierde, y se crea un mundo falso. De esta manera Marx reivindica frente a Goethe el sentido original de la frase de Juan: "En el principio era el Verbo", o sea, la acción consciente, de la cual se hace responsable el actor en todas sus consecuencias»(18).



Así, queda en completa evidencia que Marx esta aludiendo a San Juan y establece una tensión entre conciencia y acto. Marx esta leyendo correctamente a San Juan, "la Palabra" fundida con Dios, el lenguaje fundido con la conciencia, la conciencia como condición del ser.
Lo relevante de la observancia del lenguaje es que mediante éste, opera y se despliega la constitución del individuo, en la posibilidad del autoreconocimiento y la de su entorno. Así, aparece la noción de la conciencia, como posibilidad de la distinción entre el yo y la otredad.
Este entramado de relaciones entre lenguaje, conciencia, sujeto, en el territorio de la psicolingüística es abordado con un asentamiento en común, pero que luego se ramifica y dispersa en la especificidad de dicha disciplina. Básicamente el sustrato de lo común, en el marco del debate, es que el lenguaje y pensamiento, lenguaje y conciencia son estados y procesos constitutivos del sujeto y se despliegan en un sistema de estrechas interrelaciones y correspondencias. Nuestro ya mencionado psicólogo soviético L.S.Vygotski, quien por primera vez señaló la honda conexión existente entre la estructura del significado de la palabra (concepto) y la estructura de la conciencia, habiendo formulado el principio de la estructura semántica y sistemática de la conciencia, trabaja sobre el estrecho vínculo de pertenencia entre lenguaje y conciencia.
En medio de las diferencias que observa Vigotsky respecto de la teoría de Piaget, o de Stern, acerca de las relaciones causales, tipos y procesos de conformación de la inteligencia en los infantes; lo relevante es que lo medular se conserva intacto en las tres líneas de pensamiento: dichos procesos se producen y son en el lenguaje.
Lo que afirmamos es que el lenguaje comporta el sistema cognitivo y representacional del individuo, constituye al sujeto mismo y éste se despoja en él. En palabras de Luria esto es «Todo el surtido de medios sintácticos (desigual en los distintos idiomas) hace del lenguaje un sistema objetivo que permite construir el pensamiento y expresar cualesquiera nexos y relaciones, por complejos que sean, existentes en el mundo real»(19).
Es en medio de estas inferencias que podemos ingresar a la inspección de otra dimensión del lenguaje, y que a nuestro favor, refleja y afirma la dimensión existencial, y con ello histórica del lenguaje, cual es la evolución misma de éste y su multiplicidad o infinitud de sentidos. Dicho de otra manera, tan vivencial, histórico y existencial el lenguaje es, tan sujeto es, que existen múltiples e infinitos sentidos, en tanto sean múltiples e infinitos los sujetos que concurren a él o habitan en él.
Nos interesa particularmente la lectura de M. Halliday al identificar el lenguaje como semiótica social, en tanto que se activa y participa en los procesos de significación, y en ello, de la construcción social de la realidad.
En lo específico la importancia radica en que el lenguaje es una extensión del individuo en lo social, y con ello un mecanismo de intervención, construcción y modificación de lo real. Especialmente cuando nos enfrentamos con un marco social de extrema codificación, o de un tipo de codificación especial -al menos extraña- en la que la significación proviene de una lectura social directa, de un posicionamiento en la conciencia de un colectivo.
Un lenguaje distinto delata la presencia de un sujeto diferente, de un sistema de abstracción disímil al formal o convencional.
Lo interesante es el vínculo entre la condición social del pensamiento y del lenguaje, en la medida que si el acto en que designo proviene de una lectura del "objeto", de un desciframiento de éste, en ese descifrar subyace el marco referencial, cognitivo, filosófico de quien realiza y despliega su existencia mediante ese lenguaje.
Dicha condición cognitiva y filosófica del lenguaje cobra especial singularidad, puesto que la palabra misma no es un signo petrificado y unívoco, lo cierto es que su dimensión existencial se produce en esa suerte de "negociación" en el habitus, frente a lo específico de cada sujeto, y en ello el lenguaje adopta su naturaleza de infinitud semántica y de existencialidad

«El hecho de que la palabra no es en modo alguno una asociación simple y unívoca entre la señal sonora convencional y la representación directa, y de que ella posee multitud de significados potenciales, se ve no sólo por el análisis de la estructura morfológica de la misma, sino también por su uso práctico en la vida corriente»(20).
Esta posibilidad y condición del lenguaje como sistema de nexos destacado entre las muchas acepciones posibles y que corresponde a una esfera situacional, suele ser denominada en psicología el sentido de la palabra. Pues bien, ese sentido de la palabra es el que nos preocupa en la medida que ofrece el arraigo a una dimensión vivencial, cognitiva, histórica y social del lenguaje. De esta manera bien podríamos pensar la palabra como un medio de abstracción y síntesis, como sistema que contiene y refleja los nexos y relaciones profundos que hay entre los sujetos y en medio de los objetos del mundo exterior.
Así las cosas, bien podríamos pensar que es debido a ello que el empleo real de la palabra es siempre un proceso de opción del significado necesario dentro de todo un sistema de alternativas emergentes, destacando unos sistemas, los de conexiones indispensables, y haciendo que otros se inhiban, aquellos que no corresponden a la tarea dada. Esa que sería una lectura enteramente funcional sí otorga la comprensión del lenguaje como sistema global existencial, en tanto que en él se despoja el existir, el saber mismo de quien lo expresa.
Dicha característica logra su mayor expresión y complejidad si incorporamos la mirada, por cierto, a los distintos niveles del lenguaje, ya que particularmente en el nivel de la semantización se encuentran y cruzan factores de la enunciación que terminan comportando el sentido mismo de la palabra, así el lenguaje como condición existencial se nutre de la diversidad o infinitud semántica que posee la existencia misma. Luria se refiere particularmente a una de las condiciones de la enunicación «Justamente por eso la entonación, de tan gran trascendencia en el uso vivo del lenguaje, se convierte a la par con el contexto en uno de los factores importantes que permiten alterar el sentido de la palabra, tras de elegir una acepción entre las muchas posibles»(21).
Bajo esta misma matriz analítica podemos repensar el proceso real de uso de la palabra, ya no tan sólo como opción dentro de un sistema de significados plurales, sino como condición existencial de los sujetos y, es en base a ello que se torna como lo esencial de la psicología de la comunicación y del pensamiento; y es precisamente por ello que uno de los ejes centrales y cardinales de la psicología científica ha sido la inspección a la movilidad del lenguaje, su preocupación por establecer la probabilidad con que cada vez aflora una u otra acepción de la palabra, acepción elegida entre muchas alternativas, analizando los procesos y factores que pueden determinar el proceso de opción de uno u otro nexo dentro de todos los posibles.
Tanto ha sido así, que la investigación objetiva de las conexiones semánticas es de gran trascendencia, no sólo para la psicología de los sistemas semánticos y de la lingüística, sino que además ha cobrado una especial importancia para el estudio y análisis de las desviaciones que surgen en las mencionadas conexiones al producirse estados patológicos.
Así pues, el propio marco metodológico de esas investigaciones se ha encargado de reafirmar la que ha sido nuestra postulación principal, ya que el método investigativo más utilizado y simple acerca de los nexos potenciales que se ocultan tras de cada palabra consiste en indagar las asociaciones que suscita el vocablo en cuestión. «Esto demuestra que con ayuda del método indicado realmente podemos establecer el sistema de las conexiones semánticas que se ocultan tras de cada palabra, y que en el sujeto normal dichas conexiones tienen un carácter lógico, y no sonoro externo»(22). De esa manera, el sistema cognitivo, sensitivo, emotivo y referencial se conducen mediante el lenguaje, pudiendo afirmar con ello la imposibilidad de negar el vínculo entre sistema abstractivo y lenguaje, entre conciencia y lenguaje.
Es esta dinámica existencial de pertenencia entre conciencia y lenguaje, lo que imprime una movilidad social e histórica al lenguaje, una condición que se traduce en una variabilidad semántica y sígnica que atraviesa y supera los conceptos de antaño, conceptos que asumían la palabra pura y solamente como simple asociación de una señal sonora convencional con la imagen viva, ciertamente «...los científicos creían que el significado de la palabra permanecía invariable en todos los estadios del desarrollo, y que la evolución del lenguaje se reducía únicamente al enriquecimiento del vocabulario y a la ampliación del círculo de ideas que se designan mediante términos sueltos...»(23).
Un desciframiento de ese tipo conduce a pensar el lenguaje como una sistema instrumental cristalizado, cósico y divorciado de la condición connatural de la conciencia, es decir, priva de la posibilidad de reconocer al sujeto mediante el lenguaje, priva de la posibilidad de que el sujeto produzca su lenguaje, sus marcos relacionales y referenciales. Un concepto cosificado del lenguaje nos conduciría a la inevitable dicotomía entre objeto y sujeto, entre cosa y saber, entre ser y conciencia. Un concepto cósico del lenguaje que sólo instala la movilidad, la diferencia y el enriquecimiento del lenguaje mediante el cambio de cantidad, sólo como un puro cambio numérico, es una matriz reflexiva que se desentiende de la condición existencial e histórica que posee el lenguaje.
Es más bien nuestra tendencia pensar que el significado de la palabra sufre un extraordinario y complejo desarrollo, y aunque pudiera afirmarse que la catalogación objetiva de la palabra puede alcanzar grados de cristalización en el sentido común sin presentar mayor transmutación, el sistema nexor y relacional que se halla contenida en ella, el sistema de generalizaciones que la palabra desempeña, evoluciona. Esto se hace más visible si contemplamos que, en los diversos grados de la evolución, la palabra no sólo sufre modificaciones morfológicas o estructurales, sino que comienza a concentrarse en nuevas correlaciones de los procesos psicológicos.
De ese modo, cuando el sujeto habita en el lenguaje y se despoja en la palabra, no tan sólo está diseñando su propia "representación" particular y existencial de una "materia significante", mucho más que eso, está activando y movilizando un complejo entramado de conexiones que trascienden los marcos contextuales y situacionales directamente implicados, y detona sistemas de saberes que poseen el carácter de matriz global compleja, matriz que, cabe insistir, es social e histórica; matriz que bien puede ser llamada conciencia o pensamiento. Bajo esta lógica, nuestra reflexión que acusa la dinamicidad de la palabra bajo la movilidad constitutiva del lenguaje como rasgos existenciales de la propia conciencia, queda un tanto más saneada

«Por eso la palabra, que forma el concepto, puede considerarse con pleno fundamento como el más esencial mecanismo que sirve de base a la dinámica del pensamiento»(24).
Si tuvieramos que explicarlo de otra manera volveríamos al debate de Vigostky frente a Piaget (25) y Stern, debido a que éste se centra en que las formas de observar los tipos de inteligencia y las formas del pensamiento sólo y únicamente logran ser apreciadas en el ingreso al lenguaje. Así, cuando Vigostky sospecha y problematiza el traspaso del pensamiento autista a la inteligencia egocéntrica y de ella a la inteligencia lógica o adulta, sólo produce su observación desde el despliegue del lenguaje, identificando así las relaciones abstractivas del infante única y exclusivamente mediante su despliegue vivencial del lenguaje(26). Esto perfectamente nos puede ayudar a transitar a la reafirmación de la fusión existencial entre ser y lenguaje, y con ello a la semiósis infinita.
Lo anterior puede ser enteramente reforzado y clarificado en el marco de la psicolingüística «Un hecho esencial es que entre personas diferentes, y sobre todo entre las que se hallan en estadios diversos del desarrollo mental, la correlación de los nexos figurativos-directos y las conexiones lógicas resulta desigual»(27).
Esa propia fundamentación señala una ruta analítica de la psicología contemporánea, cual es la necesidad de conocer la movilidad del lenguaje, el significado de las palabras no es estático y universal, se mueve, se desarrolla y expresa saberes, existencias y vivencias. Este hecho instala el profundo cambio de estructura del significado de las palabras y manifiesta las transformaciones que experimentan en las sucesivas etapas de desarrollo cognitivo de los individuos «Precisamente por eso, esta ciencia afirma que en cada etapa del desarrollo el hombre

-etapas que se basan en palabras diferentes por la estructura del significado y en otra estructura del concepto, distinta por sus mecanismos psicológicos- refleja el mundo de modo distinto y de forma distinta toma conciencia del mismo»(28).
Así pues, podemos plegarnos a un sistema de delimitación formal y estructural del lenguaje, nada más que como un mapeo general de los sistemas más globales que en este se pueden producir, de tal modo que podemos decir que se producen modelaciones globales de la estructura bajo distintos tipos de conceptos como bajo el sistema de los procesos psicológicos que participan en la formación de los mismos, de tal modo es posible identificar que en los conceptos "usuales y vivenciales" predominan los nexos concretos y situacionales; en los "científicos y abstractivos", las conexiones lógicas, abstractas. En el caso de los "usuales y vivenciales" se constituyen con la integración de la actividad práctica y de la experiencia figurativa-directa; en el caso de los "científicos y abstractivos", se prefiguran mediante la activación rectora de las operaciones lógico-verbales.


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