Conceptos basicos del analisis economico marxista



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Clase, género y raza

Nos hemos centrado en la noción de explotación como la extracción de tra­bajo excedente, debido a que esta relación es el fundamento sobre el cual está construida la sociedad de clases, en el sentido de que el resto de rela­ciones legales, políticas y personales son estructuradas y delimitadas por este elemento central. Esto no quiere decir que las otras relaciones carezcan de una historia y lógica propias. Solamente significa que en cualquier modo de producción dado, dichas relaciones están, atadas al sistema por el campo de fuerza de esta relación central y configuradas en sus características por su siempre presente atracción gravitacional.

La noción de que la sociedad de clases está marcada por la opresión a lo largo de las líneas de clases obviamente no excluye otras formas de subyu­gación igualmente importantes. Es evidente, por ejemplo, que la opresión de la mujer por el hombre es común a todas las sociedades conocidas y a todas las clases dentro de ellas. Así, cualquier explicación apropiada de la opresión de trabajadores por capitalistas también debe contemplar la opre­sión de la clase de las mujeres trabajadoras por los hombres de todas las clases, así como la opresión de las mujeres de la clase dominante por los hombres de su propia clase.

Pero aun así no es bastante. No es suficiente decir que clase y patriarcado son formas de opresión coexistentes. Necesitamos, también, saber cómo se relacionan estas formas entre sí. Y es aquí donde generalmente los marxis­tas le dan preeminencia a la relación de clase, no porque la opresión de clase sea más gravosa, sino en el sentido de que la naturaleza de la relación de clase modula y define la forma de patriarcado correspondiente. Es decir, los marxistas argumentan que el patriarcado capitalista es distinto al patriarca­do feudal precisamente porque las relaciones capitalistas de producción son de características diferentes a las feudales.

Sobra decir que hay todavía considerable controversia acerca de cuál es exactamente la relación existente entre el patriarcado y las clases7, entre la raza y cualquiera de aquellos8. Estas son cuestiones de gran significación teórica y, lo que es más importante, una lucha unitaria contra estas varias formas de opresión tiene verdadero potencial revolucionario.

EL CAPITAL COMO UNA RELACION SOCIAL

Tomada en sí misma, una piedra tallada es simplemente una reliquia dé algún antiguo e inexorable proceso geológico. Pero acondicionada como un instrumento cortante es una herramienta, o en un sentido un poco criminal, un arma. Como piedra es un objeto natural, pero como herra­mienta o arma es un objeto eminentemente social cuya morfología natu­ral es portadora de las relaciones sociales que, por así decirlo, han toma­do forma en ella.

Aun cualquier objeto social particular, como una herramienta, puede entrar en muy diferentes conjuntos de relaciones sociales. Por ejemplo, dondequiera que un telar sea utilizado para tejer tela es parte de los me­dios de producción de un proceso de trabajo orientado á hacer tela. Sin embargo, como cualquier actividad laboral, es en sí misma parte de la di­visión social del trabajo; su verdadero sentido solamente puede ser com­prendido si se analiza como parte de una totalidad mayor. El proceso de hacer tela puede ser parte del trabajo colectivo de una familia' o comuni­dad en la que la tela se destina a1 consumo directo; pero, también, la misma gente puede usar el mismo tipo de telar, en una fábrica capitalista en la que el propósito del proceso del trabajo es producir una ganancia para los propietarios. En el caso de la tela producida para uso directo, son las pro­piedades de calidad y durabilidad las que interesan directamente a los productores. Pero en el caso de tela producida en una fábrica capitalista, su propiedad sobresaliente es la ganancia que pueda generar. Todas las demás propiedades son reducidas a simples vehículos para la ganancia y, como sabemos demasiado bien, el empaque del producto puede fácilmen­te desplazar su utilidad real. Por lo tanto, dos procesos de trabajo qué son idénticos técnicamente pueden, no obstante, tener dinámicas sustancial­mente diferentes, precisamente porque existen dentro d- estructuras so­ciales distintas.



El resultado anterior también es válido para las herramientas del proce­so de trabajo. Por ejemplo, tanto en la producción comunitaria como en la capitalista, el telar sirve como medio de producción en un proceso de traba­jo. Pero sólo en el segundo caso también funciona como capital. Lo cual quiere decir que para sus propietarios capitalistas el significado del telar reside no en su carácter de medio de producción, sino en su papel como vehículo hacia la ganancia; mientras que, para los trabajadores que lo ma­nipulan, el telar funciona no como su instrumento, sino como una herra­mienta capitalista adecuada. En realidad, si se mira más de cerca la fábrica capitalista, se ve que no sólo el telar sino también el dinero, la hilaza y aun la capacidad de trabajo, sirven en diferentes instancias como encarnaciones particulares del capital de los propietarios. Esto se debe a que el capital no es una cosa, sino un conjunto definido de relaciones sociales que pertene­cen á un determinado período histórico en el desarrollo de la humanidad y que confieren a las cosas inmersas en ellas su contenido es específico como objetos sociales. Para entender el capital se debe, por lo tanto, descif.rar su carácter como relación social9.

Capital y clases


La sociedad humana está estructurada por complejas redes de relaciones sociales en las cuales las personas existen y se reproducen. La reproducción de cualquier sociedad requiere no sólo de la reproducción de su gente, sino también de las cosas necesarias para existir como tales y de las relaciones sociales que envuelven tanto a las personas como a las cosas.

Las cosas que las personas necesitan para su existencia diaria forman la base material de la sociedad. Si bien el carácter específico de estas cosas, y aun las necesidades que ellas satisfacen, pueden variar de acuerdo con el tiempo y las circunstancias, ninguna sociedad puede existir durante mucho tiempo sin ellas. Es más, en todas, excepto en la más primitiva de las socie­dades, el grueso de los objetos socialmente necesarios debe ser producido por medio del trabajo humano. La producción y la asignación social de tra­bajo sobre la cual descansa emergen, pues, como aspectos absolutamente fundamentales de la reproducción social. Pero el trabajo social implica ac­tuar sobre la naturaleza mientras se interactúa con otras personas en y me­diante relaciones sociales específicas. El proceso de trabajo termina siendo esencial no sólo para la producción de nueva riqueza sino también para la producción de las relaciones sociales que circunscriben esta. producción, si como también para cualesquiera otras relaciones sociales directamente contingentes con ellas.

El último aspecto adquiere significado particular en el caso de las socie­dades de clases. En efecto, una sociedad de clases está estructurada de tal manera que le permite a un grupo de personas vivir del trabajo de las otras. Para que esto sea posible, las clases subordinadas deben no solamente ser capaces de producir más que lo que ellas mismas apropian sino también, de alguna manera, deben ser inducidas a hacerlo con regularidad. En otras palabras, deben ser forzadas a trabajar por más tiempo del que requieren para satisfacer sus propias necesidades, de modo que su trabajo excedente y el correspondiente producto excedente puedan ser usados para el soste­nimiento de sus dominadores. La existencia de las clases dominantes está fundamentada, entonces, sobre la explotación del trabajo y sobre la repro­ducción de las condiciones sociales y materiales de esta explotación. Además, puesto que cualquier proceso como este es fundamentalmente antagó­nico, todas las sociedades de clases están marcadas por una hirviente hosti­lidad entre dominantes y dominados, puntualizada por períodos de moti­nes, rebeliones y revoluciones. Es por esto que las sociedades de clases siempre se basan en la ideología para motivar y racionalizar la división so­cial esencial sobre la que están fundadas, y en la fuerza para proveer la disciplina necesaria cuando todo lo demás falla.

El capitalismo no difiere a este respecto. Es una sociedad de clases, en la que la clase capitalista existe en virtud de su propiedad y control de la gran cantidad de medios de producción de la sociedad. La clase trabajadora está, a su vez, conformada por todos aquellos que han sido "liberados" de la carga de propiedad de medios de producción y deben, por lo tanto, ganar su sustento gracias a la venta de su capacidad de trabajo (fuerza de trabajo) a la clase capitalista. Como Marx lo demostró tan elegantemente, la condi­ción social general para la venta regular de la fuerza de trabajo es que la clase trabajadora en su conjunto sea inducida a ejecutar trabajo excedente, por cuanto este trabajo excedente forma la base de la ganancia capitalista y ésta, a su vez, mantiene a la clase capitalista dispuesta y capaz de reengan­char trabajadores. Y, como la misma historia del capitalismo lo deja en claro frecuentemente, la lucha entre las clases acerca de las condiciones, términos y futuro de sus relaciones ha sido siempre parte integral de su desarrollo10.

El capital como relación social individual vs. el capital como la relación social dominante


En la sección precedente hablamos de la sociedad capitalista ya constituida. Pero ninguna forma social brota de manera completamente acabada. En lu­gar de ello, sus elementos constitutivos deben existir ya en otras socieda­des, de manera dispersa, o bien deben surgir y ser nutridos dentro de la estructura de su predecesor directo. Esta distinción entre los elementos y el todo es importante por cuanto nos permite diferenciar entre el capital como relación social individual y el capitalismo como formación social en donde el capital es la relación social dominante.

El capital como relación social individual se ocupa ante todo de la pro­ducción de ganancia. En su forma más general, esto significa avanzar una suma de dinero D con el fin de recuperar una suma mayor de dinero D'. El circuito de capital general siempre está, por lo tanto, acompañado de los dos polos D y D' y su magnitud es siempre la medida global de su éxito. Obsérvese que el dinero funciona en este caso como un medio para hacer dinero (es decir, como capital-dinero) más que como simple medio para comprar mercancías para el consumo (esto es, como ingreso monetario). Marx define muchas implicaciones significativas y poderosas a partir de esta diferencia funcional entre capital-dinero e ingreso monetario.

Aun dentro del circuito de capital hay tres posibles rutas diferentes entre sus dos polos. Primera, el capital dinero D puede ser avanzado como un préstamo a cambio de un repago subsecuente D' que cubre tanto el antici­po original como una suma adicional. Este es el circuito D - D' de capital financiero, en el cual una suma inicial de dinero aparece creando directa­mente una suma más grande por medio del aparentemente mágico meca­nismo del interés. Segunda, el capital dinero D puede ser utilizado para comprar mercancías M y estas mismas mercancías pueden luego ser reven­didas por más dinero D' . Este es el circuito D - M - M - D' de capital comercial, en el cual la doble presencia de M como término intermedio sig­nifica que es el mismo conjunto de mercancías que antes existía como el objeto de compra del capitalista y más tarde como su objeto de (re)venta. En esta oportunidad parece que es el tino del capitalista para "comprar barato y vender caro" el que genera la ganancia del circuito. Finalmente, el capital dinero D puede ser gastado en la compra de mercancías M que compren­dan medios de producción (materiales, planta y equipo) y fuerza de traba­jo; estos últimos elementos son puestos en movimiento como un proceso de producción P y el producto resultante M' es vendido por capital dinero (ampliado) D'. Este es el circuito de capital industrial D - M... P ... M' - D', en el cual el término intermedio característico es el del proceso de produc­ción P. En estas circunstancias la habilidad del capitalista para mantener la productividad del trabajo por encima del salario real aparece como fuente de toda ganancia.

Las más antiguas encarnaciones de capital, aún prevalecientes, son las del capital del usurero D - D' y el capital mercantil D - M - M - D'. Ambas son virtualmente tan viejas como el dinero mismo y han existido por mile­nios en diferentes civilizaciones. Sin embargo, casi siempre aparecen como relaciones parásitas aun en el seno de una sociedad particular, o entre dos c más culturas. Aunque frecuentemente menospreciadas y ocasionalmente te midas, estas actividades individuales eran, no obstante, generalmente tole radas, en la medida en que se ajustaban a la estructura de la formación socia) dentro de la que existían. Fue tan sólo en la Europa feudal, particularmente en Inglaterra, donde estas formas de capital antediluvianas se fusionaron con el capital industrial para constituir la enteramente nueva formación so­cial que denominamos el modo de producción capitalista. Sólo entonces, so­bre la base del trabajo excedente extraído directamente por y para él, encon­tramos al capital como la relación social dominante, y a sus formas indivi­duales como simples momentos particulares del mismo proceso global"11.



Las leyes generales del capital


El predominio social del capital da origen a ciertos patrones característicos del modo de producción capitalista.

El primero de estos patrones, la relación de clase entre capital y trabajo, es fundamentalmente antagónica, signada por una lucha intrínseca alrededor de las condiciones y términos de la extracción de trabajo excedente. Aunque siempre esté presente, este antagonismo puede brotar a veces con tal fuerza y ferocidad que llega a sacudir las bases del sistema mismo.

Con el segundo patrón, el capitalismo es una forma de organización social que enfrenta a cada elemento contra algún otro en un clima generali­zado de conflicto. Capitalista contra trabajador en el proceso de trabajo, tra­bajador contra trabajador en la competencia por puestos de trabajo, capita­lista contra capitalista en la batalla por la posición del mercado y las ventas, y nación contra nación en el mercado mundial. A1 igual que en la lucha de clases, estos conflictos emergen periódicamente en combate agudo y abier­to entre los participantes, en, las batallas de huelguistas contra esquiroles, de capitalistas contra sus rivales o, aun, en la guerra mundial de un conjun­to de naciones capitalistas contra otras. Precisamente este conflicto real es encubierto por la noción burguesa de "competencia perfecta"12.



En tercer lugar, e1 hecho de que las relaciones entre las personas estén mediatizadas por relaciones entre cosas, proviene de la misma naturaleza de la producción capitalista, en la que se emprenden trabajos individuales únicamente con el ánimo de obtener una ganancia de sus productos. Los diferentes trabajos individuales son articulados en una división social del trabajo solamente bajo la "cubierta objetivada" de sus productos. Los pro­ductos aparecen, entonces, en primer lugar y los siguen los productores. De aquí se deriva el famoso fetichismo de las relaciones mercantiles, que pare­ce ser una propiedad natural de todos los objetos más que una forma histó­rica especifica de evaluar el contenido social de los trabajos que los produ­cen (véase la sección "Trabajo concreto y trabajo abstracto" del Capítulo 2).

El cuarto punto se deriva directamente del tercero. Como se indicó arri­ba, bajo las relaciones de producción capitalistas los procesos individuales de trabajo se llevan a cabo con la esperanza de obtener una ganancia priva­da sin ninguna consideración previa de la división social del trabajo. Pero cualquier articulación de tales trabajos puede sobrevivir solamente si, por casualidad, reproducen colectivamente las bases materiales Y sociales de su existencia: la sociedad capitalista, como toda sociedad, requiere un modelo particular de trabajo con el fin de reproducir su estructura general. Por lo tanto, bajo la producción capitalista los distintos trabajos individuales ter­minan siendo forzosamente articulados en una división social del trabajo en continuo movimiento, por medio de un proceso de ensayo y error, de ampliación y contracción, de discrepancia, discontinuidad y aun rupturas ocasionales en el proceso de reproducción. Este patrón de aparente anar­quía, regulado por leyes de movimiento internas, es la forma peculiar de la reproducción capitalista. Nótese cuán diferente es este concepto del de equilibrio general, donde el proceso en conjunto se reduce a una éstasis in­mediata y perfecta.

El quinto punto proviene del hecho de que la producción capitalista es guiada por la ganancia. Cada capitalista es impulsado a buscar y agrandar la brecha entre el avance inicial D y el retorno final D'; los que sean más exitosos prosperan y crecen, quienes queden rezagados pronto enfrentarán el espectro de la extinción. Dentro del proceso de trabajo, esto se evidencia en la tendencia a prolongar la duración e intensidad de la jornada de traba­jo hasta sus límites sociales, mientras, al mismo tiempo y constantemente se persigue reformar el proceso de trabajo según patrones que sean aún más "racionales" desde el punto de vista del capital. Esta compulsión es respon­sable directa del papel históricamente revolucionario del capitalismo a ele­var la productividad del trabajo a nuevos niveles. La racionalidad capitalis­ta se expresa de manera más perfecta en la rutinización de la producción, en la reducción de actividades humanas a operaciones repetitivas y auto­máticas, y en el posible reemplazo de las líneas de trabajo-humano-máquina por máquinas reales. Como Marx señala, la llamada Revolución Industrial es tan sólo la señal, no la causa, del advenimiento de las relaciones de pro­ducción capitalistas. Y si bien, antes la herramienta era un instrumento de trabajo, ahora es el trabajador un instrumento de la máquina13.

Concepción del capital en la economía ortodoxa



En la economía ortodoxa el término "capital" generalmente se refiere a los medios de producción; en ella se afirma que el capital, conjuntamente con el trabajo, existe en toda sociedad. Desde este punto de vista, las formas sociales deben distinguirse por la manera como los factores de producción, el capital y el trabajo, sean puestos conjuntamente a trabajar de acuerdo con sus respectivas disposiciones. El capitalismo es definido como un sistema que utiliza el mercado para acometer esta tarea en el contexto de la propie­dad privada de los medios de producción14.

A1 tratar la actividad laboral humana como un factor de producción a la par con materias primas y herramientas, por ende como una cosa, la econo­mía ortodoxa logra reducir el proceso de trabajo a una relación técnica entre los llamados insumos y productos (es decir, una función de producción). De ese modo se pierden de vista todas las luchas sobre los términos y con­diciones del trabajo.



Además, una vez el trabajo es definido como un factor de producción, cada individuo (en uso de sus capacidades) es propietario por lo menos de un factor. Desde luego, algunos pueden ser lo suficientemente afortunados para poseer también grandes cantidades de capital. Pero este es un simple detalle de la distribución de "dotaciones iniciales", aspecto sobre el cual la economía ortodoxa se mantiene cautelosamente neutral. En cambio sí im­porta que, bajo el capitalismo, la idea según la cual cada uno es propietario de un factor de producción sea indicio de una cualidad inherente a los indi­viduos. Cualquier referencia al concepto de clase es por lo tanto bloqueada desde un comienzo.

Se desprende de esto que, debido a que el trabajo es tan sólo uno de los factores de la producción que los individuos son libres de utilizar en la for­ma como escojan, no se puede decir que este trabajo -siendo una cosa- sea explotado. La explotación del trabajo queda fuera de escena, para ser rem­plazada por la noción de cooperación entre capital y trabajo, cada uno de los cuales contribuye con su componente al producto, y recibe, a su vez, su retribución proporcional (como consta en las teorías de la distribución ba­sada en la productividad marginal). Con esto queda completa la santifica­ción del capitalismo.


Límites históricos del capital como relación social



El último aspecto general tiene que ver con la especificidad histórica de la producción capitalista. Por un lado, el capitalismo es una estructura social poderosa y altamente flexible que ha desarrollado sus fuerzas productivas hasta alturas extraordinarias y ha probado que por sí mismo es capaz de disolver o destruir todas las formas sociales anteriores. Su naturaleza inhe­rentemente expansiva lo ha llevado a la creación de grandes cantidades de riqueza y a un dominio que se extiende por todo el Globo. Pero por otro lado, este mismo aspecto progresivo alienta un lado oscuro y enormemente destructivo cuya naturaleza se aclara de manera particular cuándo es vista a escala mundial. La relación capital-trabajo es profundamente desigual y la concentración y centralización del capital que acompaña el desarrollo capi­talista tan sólo profundiza la desigualdad. La lucha competitiva de todos contra todos crea un carácter social alienado y egoísta, que aprisiona a cada quien en una atmósfera de sospecha y tensión, y amontona sus miserias pre­cisamente sobre quienes están en las posiciones más débiles. Finalmente, a medida que el capitalismo se desarrolla, también lo hace su nivel de mecani­zación, de tal manera que es progresivamente menos capaz de absorber tra­bajo. En los países capitalistas desarrollados esto se manifiesta en una masa creciente de gente desempleada a cualquier tasa "natural" de desempleo da­da. En el Tercer Mundo, a medida que la penetración de relaciones capitalis­tas asuela las formas sociales anteriores, los procesos mecanizados que las remplazan tan sólo son capaces de capturar una fracción del gran número "dejado libre" previamente. La creciente productividad de la producción ca­pitalista es acompañada de un foso creciente de trabajo superfluo alrededor del Globo. La presencia de hambrientas masas en el Tercer Mundo, así como de poblaciones flotantes de desempleados en el mundo capitalista desarro­llado, son amargas advertencias de estas tendencias inherentes.
La anterior perspectiva recuerda forzosamente que el capitalismo es tan sólo una forma histórica particular de organización social, sujeta a profundas contradicciones que son inherentes a la estructura de su exis­tencia. Precisamente, debido a que estas contradicciones están incorpora­das, cualquier lucha exitosa contra sus efectos destructivos debe ir más allá de las reformas, al rechazo de su misma estructura. En el siglo XX tales es­fuerzos han tomado una gran variedad de formas, que van desde el llamado socialismo parlamentario hasta la revolución socialista. Sea lo que sea lo que podamos pensar de las fortalezas y debilidades de estos novedosos movi­mientos sociales, la tendencia general es parte de un proceso humano de vieja data. La historia nos enseña que ninguna forma social dura por siem­pre. Y el capital, en tanto relación social, no es la excepción de esta regla.

GANANCIA Y PLUSVALÍA



La rentabilidad regula la salud de la sociedad capitalista. A este respecto, Marx identifica dos fuentes distintas de ganancia. Ganancia por_transferen­cia (o incluso apropiación violenta) de riqueza, que domina el período mer­cantilista. Y ganancia por la producción de plusvalía, que viene a tener pro­minencia en la época del capital-industrial. Puesto que las actividades co­merciales pueden estar ligadas a cualquier fuente de ganancia es útil co­menzar con las ganancias comerciales.

La ganancia comercial individual se presenta dondequiera que una mer­cancía sea revendida en busca de ganancia. Para el comerciante que adquie­re una mercancía por £100 y la revende por £200, lo que determina su ga­nancia (que cubre costos comerciales y beneficios) es su habilidad empresa­rial para "comprar barato y vender caro". Pero desde la perspectiva del sis­tema en su conjunto, la cadena de transacciones desde la venta inicial hasta la final, simplemente sirve para dividir el precio de venta total entre los diferentes negociantes, incluido el comerciante. Esto es cierto aun, si las transacciones son justas o injustas, libres o forzadas.



La ganancia del comerciante es su "balance del excedente comercial". Pero es esencial distinguir entre una situación en la que el "balance de co­mercio "global" es cero debido a que el excedente del comerciante es compensado por un déficit correspondiente en cualquier parte de la cadena; y otra, en la que el balance total es positivo a causa de que la ganancia del comerciante es solamente su participación particular en algún excedente global cuyo origen descansa, por lo tanto, fuera de las actividades de co­mercio mismas. El primer caso corresponde a la ganancia por la transferen­cia de riqueza, y el último a la ganancia por la producción de plusvalía. A continuación consideraremos cada una por separado.


Ganancia por transferencia de riqueza


La existencia de un amplio sistema de ganancia debido a la transferencia de riqueza es misteriosa ya que el excedente del comerciante no parece ser compensado por algún déficit correspondiente. Supongamos que comer­ciantes capitalistas intercambian bienes que adquieren por £100 a los co­merciantes de una comunidad no capitalista o tribu y luego los revenden por £200. Este trueque deja la riqueza conjunta de los participantes intacta. Sin embargo, da origen a una ganancia del lado capitalista sin ninguna pér­dida correspondiente del lado no capitalista, así que aparece una ganancia neta para el sistema como un todo. ¿Cómo es posible esto?

La participación de la tribu en el comercio puede ser motivada por mie­do, por consideraciones rituales o por la esperanza de conseguir objetos que sean socialmente más deseables. En todos los casos subyace una va­luación social del comercio. Pero, para los comerciantes, lo importante es que los objetos tribales adquiridos puedan ser revendidos para lograr una ganancia monetaria. En terminología de Marx, la tribu opera dentro del circuito simple de mercancías M - M', en el que un conjunto de valores de uso M es intercambiado por otro conjunto útil M' , mientras que los co­merciantes operan dentro del circuito del capital D - M - M'- D' donde una suma de dinero D = £100 es finalmente transformada en una suma más grande D' = £200, por medio del intercambio de un conjunto de va­lores de uso M por otro más valioso M'.

Estos circuitos forman los dos polos de la transacción. Sin embargo, da­do que sólo uno de los polos es estimado en términos monetarios, cualquier ganancia monetaria que sé registre no tiene contraparte en el otro polo. Una ganancia monetaria neta puede aparecer solamente para el sistema como un todo. Nótese que ésta no sería la situación si los dos polos fueran trata­dos en los mismos términos. Si los bienes de la tribu fueran valorados a su precio final de venta de £200, sería obvio que la tribu habría intercambiado un conjunto de mercancías con valor de £200 por otro con valor de £100 tan sólo, perdiendo, por lo tanto, exactamente lo mismo que ganan los co­merciantes en términos monetarios. A1 final, la desigualdad del intercam­bio está a la base de la ganancia por transferencia de riqueza (ganancia de enajenación)15.

Es interesante observar de qué manera la economía neoclásica tiende a tratar la ganancia como simple ganancia de enajenación, razón por la que el análisis del "intercambio puro" ocupa una posición tan prominente en la teoría. Por ejemplo, una representación clásica describe un campo de prisio­neros de guerra en el que todos los prisioneros reciben (de la Cruz Roja) paquetes iguales de mercancías. Un empresario que se encuentra entre los prisioneros sirve de intermediario para realizar una distribución más con­veniente de la masa total de mercancías, una parte de las cuales guarda para sí como su propia recompensa. Puesto que todos los otros prisioneros ganan en términos de sus respectivas utilidades subjetivas (por lo tanto no comparables), la porción de la dotación colectiva que se gana el empresario no es tratada como pérdida para ellos. Por otra parte, el empresario conta­biliza precisamente esta riqueza transferida como su ganancia. Con un polo de la transacción puesto en la utilidad subjetiva y el otro en el beneficio material, la ganancia parece haber sido creada del aire. En vez dé intentar disolver esta falsa apariencia, la economía neoclásica se concentra en pre­sentar la ganancia como la justa recompensa de la clase capitalista16.
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