Conceptos basicos del analisis economico marxista



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Anwar Shaikh Conceptos Básicos del Análisis Económico Marxista


Anwar Shaikh:
CONCEPTOS BASICOS DEL ANALISIS ECONOMICO MARXISTA
Publicado en: Valor, Acumulación y Crisis. Ensayos de Economía Política

Tercer Mundo Editores, Bogotá 1990 ISBN 958-601-282-4

INTRODUCCION

Toda ciencia posee ciertos conceptos básicos sobre los cuales se fundamenta cualquier desarrollo científico ulterior. La economía política marxista no se diferencia a este respecto. El concepto fundamental es el de clase, sumado .a los de trabajo excedente y explotación, que examinaremos en esta introducción.

El concepto de capital lo entendemos, no como una entidad física o fi­nanciera (herramientas y equipo, o dinero y activos financieros), sino como una estructura históricamente especificada de relaciones sociales, que en­traña diferentes elementos de reproducción social y los convierte en recur­sos para la obtención de sus propios fines. Esto nos permite explicar por qué una herramienta utilizada en forma capitalista "produce" resultados cualitativamente diferentes a los que arroja cuando es utilizada de manera comunitaria. Lo cual también, forzosamente, nos recuerda que el capitalis­mo es tan sólo una de las tantas formas de organización social que han exis­tido y podrán existir y que, como todas, está destinada a ocupar tan sólo un período en la historia de la humanidad. Estos aspectos serán examinados en la siguiente sección.

El concepto de capital nos lleva inevitablemente al tema de la ganancia puesto que ella es el fin y la razón de ser del capital. Marx identifica dos diferentes fuentes de ganancia que son la transferencia libre o forzada de riqueza (ganancia por enajenación) y la producción de plusvalía (ganancia por plusvalía). La primera fuente domina la larga y azarosa historia del ca­pital comercial, mientras la segunda es, desde luego, la base principal del capitalismo industrial. La distinción entre la ganancia basada en la enajena­ción y la ganancia con base en la plusvalía nos permite formular una crítica al concepto neoclásico de ganancia, que generalmente reduce la segunda a la primera. También nos provee de una clave importante para descifrar la paradoja, por largo tiempo afirmada, de la aparente variabilidad de las ganancias agregadas en presencia de cambios en los precios relativos, que tanto confunde la literatura de la transformación de valores a precios de producción. La tercera sección explorará estos aspectos.

El capital individual es invertido con el propósito de obtener una ganan­cia y expandir el capital disponible. Para poder continuar haciéndolo, este valor capital ampliado debe ser lanzado a la pelea de nuevo, en mejores condiciones.

A un nivel agregado, este circuito recursivo da origen a un proceso diná­mica de crecimiento cuyos patrones estructurales subyacentes están ocul­tos bajo su aparente desorden. Marx denomina estos patrones económicos de largo plazo "leyes generales de la acumulación capitalista". Comenzare­mos su exposición en la cuarta sección de este Capítulo, al discutir el con­cepto de "ley" delineado por Marx, como una fuerza que domina sus ten­dencias contrapuestas asociadas, de tal manera que el resultado es un pa­trón general dominante.

Existen tres leyes generales que desempeñan un papel fundamental en el análisis económico de Marx. La primera de ellas contempla la concentra­ción y centralización que acompañan a la acumulación de capital. La segun­da se relaciona con la tendencia interna del capital a crear y mantener un fondo universal de desempleo y empleo parcial, un verdadero ejército in­ternacional de reserva de trabajo. La tercera ley general tiene que ver con la tendencia de la acumulación a hacer decrecer la tasa de ganancia y, por lo tanto, a socavar la acumulación en sí misma. Las periódicas crisis económi­cas generales, es decir, depresiones, son la inevitable consecuencia de esta tendencia general de la tasa de ganancia a caer.

La ley de Marx de la tasa decreciente de ganancia es una de las tres teo­rías principales de las crisis económicas en la tradición marxista. El presen­te Capítulo termina con un esbozo de la estructura e implicaciones de las tres teorías marxistas de las crisis. Se reserva para el Capítulo 4 un trata­miento más detallado de los aspectos teóricos y empíricos involucrados en esta temática.



CLASE, TRABAJO EXCEDENTE Y EXPLOTACION

La sociedad está compuesta por gente que vive dentro -y-por-medio de complejas redes de relaciones sociales que configuran su existencia. Marx sostiene que las relaciones que estructuran la división social del trabajo es­tán a la base de la reproducción social, porque la división del trabajo cum­ple simultáneamente dos metas sociales diferentes: primera, la producción de los muchos y variados objetos que la gente usa en sus actividades de 1, vida diaria; y segunda, la reproducción de los delineamientos sociales básicos bajo los cuales esta producción se realiza. La reproducción social es siempre la reproducción de individuos en tanto individuos sociales.

Las sociedades de clases son aquéllas en las que la imposición de un grupo de gente sobre otro se fundamenta en un tipo particular de división social del trabajo. Esta particularidad proviene del hecho de que la clase dominante se sostiene mediante el control de un proceso por medio del cual se les exige a las clases subordinadas que dediquen una porción de su tiem­po trabajo a la producción de cosas que necesita la clase dominante. La división social del trabajó en una sociedad de clases debe, por lo tanto, estar estructurada alrededor de la extracción de trabajo excedente, es decir, de tiempo de trabajo mayor que el requerido para producir los bienes que sa­tisfagan las necesidades de las clases trabajadoras mismas. En efecto, las clases subordinadas son las que hacen el trabajo para la reproducción de la clase dominante y, por lo tanto, terminan trabajando para reproducir las condiciones de su propia subordinación. Por eso Marx se refiere a la ex­tracción de trabajo excedente en las sociedades de clases como la explota­ción del trabajo1. Digamos, de paso, que debería ser claro a partir de esto que la sola ejecución del trabajo más allá de lo necesario para satisfacer ne­cesidades inmediatas no constituye explotación en sí. Robinson Crusoe, que trabajaba en su soledad con el fin de sembrar plantas para su consumo futuro o de crear fortificaciones contra posibles ataques, realizaba solamente un poco del trabajo necesario para satisfacer sus propias necesidades. El no era ni explotado ni explotador. Pero todo cambió una vez que logró su­bordinar al negro Viernes, educándolo mediante la promesa de la religión y la amenaza de la violencia para que alcanzara su nuevo lugar en la vida, y obligándolo a trabajar en la construcción de un microcosmos de la socie­dad inglesa. Entonces, se convirtieron en Robinson el explotador y Viernes el explotado, cuyo trabajo excedente sólo sirve para atarlo aún más a sus nuevas condiciones de explotado.2

En el sentido más general, explotar algo significa hacer uso de ello con algún fin particular, como en la explotación de recursos naturales para be­neficio social o para ganancia privada, lo cual equivale a "sacar ventaja" en un sentido neutral o benigno. Pero en la medida en que una actividad im­plica sacar ventaja de otras personas, es decir, sacar ventaja en sentido ma­ligno, la explotación también significa algo inescrupuloso. Finalmente, si la situación de otras personas es desmejorada de manera endémica, como en el caso de los pobres en relación con los terratenientes, prestamistas y similares, el término "explotación" toma la connotación de opresión. Eso es sa­car ventaja sistemáticamente.

Marx utiliza la palabra explotación en todos los anteriores sentidos. Pe­ro, como se indicó ya, también define un concepto nuevo, la explotación del trabajo, que se refiere específicamente a la extracción del trabajo exce­dente sobre la que se funda la sociedad de clases. En este sentido, la explo­tación viene a ser uno de los conceptos básicos de la teoría marxista de las formaciones sociales.

Si bien la explotación del trabajo es inherente a todas las sociedades de clases, la forma que toma varía considerablemente de un modo de produc­ción a otro. Bajo la esclavitud, por ejemplo, el esclavo pertenece a su dueño de tal forma que el total de su trabajo y el producto neto correspondiente (es decir, el producto adicional al reemplazo de los medios de producción utilizados) es apropiado ostensiblemente por el esclavista. Pero, de hecho, el esclavo también debe ser mantenido con parte de este mismo producto neto. Por consiguiente, es el producto excedente (la porción del producto neto por encima de la necesaria para mantener a los esclavos) y, por lo tan­to, el trabajo excedente de los esclavos, lo que sostiene a la clase esclavista. De modo similar, bajo el feudalismo, los trabajos excedentes del siervo y el arrendatario soportan el aparato de dominación. Pero aquí las formas de su extracción son muchas y variadas: algunas veces son directas, como en el caso de las cantidades de trabajo y/ o producto anual que el siervo o arren­datario están obligados a entregar al señor, a la Iglesia y al Estado; y algunas veces indirectas, como en el pago de arrendamientos en dinero, diezmos e impuestos que requieren que el siervo o el arrendatario obtengan un pro­ducto excedente y lo vendan para cumplir con las obligaciones impuestas.

La riqueza material de la clase dominante está directamente ligada al tamaño del producto

excedente; éste, a su vez, será más grande cuanto más bajo sea el nivel de vida de las clases subordinadas y más larga, más intensa o más productiva su jornada de trabajo. Ambas proposiciones se traducen en que la relación entre el tiempo de trabajo excedente y el tiempo de tra­bajo necesario para la reproducción de los trabajadores mismos sea más alta, es decir, en una tasa de explotación del trabajo más alta: dada la pro­ductividad del trabajo y la duración e intensidad de la jornada de trabajo, cuanto menor sea la porción del producto consumido por la clase produc­tiva (trabajadores), más grande será la parte de su jornada que es dedicada al trabajo excedente; de manera similar, dado el nivel de consumo del cam­pesino o trabajador medio, mientras más duradero, más intenso o más pro­ductivo sea su trabajo, más pequeña la porción de su jornada que tiene que dedicar a sus propias necesidades de consumo y, por tanto, mayor la por­ción correspondiente al trabajo excedente.

Debido a que la magnitud del producto excedente puede ser elevada en las formas descritas, la clase dominante siempre está interesada en empujar la tasa de explotación hacia sus límites históricos y sociales. En el mismo sentido, el interés de las clases subordinadas es no solamente el de resistir tales esfuerzos, sino también pelear contra las condiciones sociales que ha­cen esta lucha necesaria. El carácter de explotación de las sociedades de clases las convierte en un modo de existencia humana fundamentalmente antagónico, signado por una candente hostilidad entre dirigentes y dirigi­dos y caracterizado por períodos de motines, rebeliones y revoluciones. Es por eso que las sociedades de clases deben derpnder fundamentalmente de la ideología, para motivar y racionalizarla división social sobre la cual están asentadas, y en la fuerza, para proveer la disciplina necesaria cuando todo lo demás falla.

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