"Con Marx y contra Marx": El materialismo en Pierre Bourdieu



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"Con Marx y contra Marx": El materialismo en Pierre Bourdieu |
Alicia B. Gutiérrez, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina


Revista Complutense de Educación, Vol.14, N 2, 2003. Universidad Complutense de Madrid

1. Introducción

"He recordado a menudo, especialmente a propósito de mi relación con Max Weber, que se puede pensar con un pensador contra ese pensador. Por ejemplo, construí la noción de campo a la vez contra Weber y con Weber, al reflexionar sobre el análisis que él propone sobre las relaciones entre sacerdote, profeta y hechicero. Decir que se puede pensar a la vez con y contra un pensador es contradecir radicalmente la lógica clasificatoria en la cual se tiene costumbre –casi en todas partes, ay, pero sobre todo en Francia- de pensar la relación con los pensamientos del pasado. Por Marx como decía Althusser, o contra Marx. Pienso que se puede pensar con Marx contra Marx o con Durkheim contra Durkheim, y también, seguramente, con Marx y Durkheim contra Weber, y recíprocamente. Es así como marcha la ciencia" (Bourdieu, 1988a).

Es indudable la influencia, por otra parte explícitamente reconocida, de los tres grandes pilares de la sociología –Marx, Durkheim y Max Weber- en la teoría de Pierre Bourdieu. Su construcción teórica es el resultado de una confluencia de tradiciones filosóficas y socio-históricas que la lógica intelectual y universitaria ha tendido siempre a sostener de manera separadas, incluso como enemigas : Marx y Mauss, Durkheim y Weber, Cassirer y Wittgenstein, Husserl y Lévi-Strauss, Merleau-Ponty y Austin, Bachelard y Panofsky. (Wacquant, 1996).

Haciendo una breve referencia a los otros aportes, pretendo señalar aquí los aspectos fundamentales de la presencia del materialismo en la obra de Bourdieu: sus acercamientos y sus rupturas más importantes, que, junto con otros acercamientos y otras rupturas han permitido consolidar y construir una perspectiva analítica propia y fecunda para explicar y comprender diversos fenómenos sociales.



2. Con Marx (y con Durkheim): el rechazo a la teoría pura

Con Marx, el primer punto de confluencia que puede señalarse en la perspectiva de Pierre Bourdieu es el rechazo a la teoría pura como discurso desprendido de todo referente empírico y que procede de una postura contemplativa que ubica al sociólogo en una suerte de espectador del mundo social: para Bourdieu, como para Marx (y para Durkheim), la actividad teórica no es separable del trabajo empírico, del trabajo científico de construcción de un objeto sociológico concreto (Wacquant, op. cit.).

"Allí donde termina la especulación, en la vida real, comienza también la ciencia real y positiva, la exposición de la acción práctica, del proceso práctico de desarrollo de los hombres. Terminan allí las frases sobre la conciencia y pasa a ocupar su sitio el saber real. La filosofía independiente pierde, con la exposición de la realidad, el medio en que puede existir. En lugar de ella puede aparecer, a lo sumo, un compendio de los resultados más generales, abstraído de la consideración del desarrollo histórico de los hombres. Estas abstracciones de por sí, separadas de la historia real, carecen de todo valor" (Marx y Engels, 1845-46/1970).

Así, Marx sostiene que es la observación empírica, en cada caso particular la que debe demostrar empíricamente y sin mistificación ni especulación, la interpenetración dinámica de las ideas, de las concepciones y de la conciencia con las relaciones materiales que ligan a los hombres. (Ibídem) (1)

Como lo señalan Accardo y Corcuff (1986), la sociología de Bourdieu es una sociología que se ha conformado en una polémica constante de las ideas y de los hechos, en ruptura tanto con la sociología espontánea -que olvida la jerarquía de los actos epistemológicos y subordina la ruptura y la construcción a la comprobación de los hechos-, como contra el ensayismo y el profetismo -que ignora que el método no puede ser estudiado independientemente de las investigaciones en que se lo emplea, es decir, al margen de las situaciones concretas de la práctica científica-. En otras palabras, como partidario de una ciencia social total, el autor se opone tanto al teoricismo -actitud intelectual que opone resistencia a lo empírico- como al metodologismo -tendencia que lleva a cultivar el método por sí mismo, y a separar la reflexión sobre el método de su utilización concreta en el trabajo científico- (2).

En esta manera de abordar la realidad social, todo acto de investigación es, a la vez, empírico y teórico. Así, la más pequeña operación empírica -la elección de una escala de medida, la inclusión de un ítem en un cuestionario, etc.- implica elecciones teóricas conscientes o inconscientes, mientras que la más abstracta de las dificultades conceptuales no puede ser completamente resuelta sino por medio de una confrontación sistemática con la realidad empírica (Bourdieu y Wacquant, 1992) (3)



3. Con Marx (y con Weber): la construcción del hecho científico

Cuando en la Introducción general a la crítica de la economía política de 1857, Marx resumía los principios de su método, rechazaba simultáneamente "la ilusión de Hegel" que considera a lo real como el resultado del pensamiento que se reabsorbe en sí mismo y la ingenuidad de los empiristas que toman por objeto científico el objeto "real" en su totalidad concreta, sin advertir que este procedimiento no hace más que asumir las abstracciones del sentido común negándose a realizar el trabajo de abstracción científica que implica siempre una problemática histórica y socialmente constituida. Aquí lo "concreto pensado", que la investigación reconstruye al finalizar su trabajo, es distinto del "sujeto real" que subsiste, tanto antes como después, en su autonomía fuera del espíritu.

"El todo, tal como aparece en la mente como todo del pensamiento, es un producto de la mente que piensa y que se apropia el mundo del único modo posible, modo que difiere de la apropiación de ese mundo en el arte, la religión, el espíritu práctico. El sujeto real mantiene, antes como después, su autonomía fuera de la mente, por lo menos durante el tiempo en que el cerebro se comporte únicamente de manera especulativa, teórica. En consecuencia, también en el método teórico es necesario que el sujeto, la sociedad, esté siempre presente en la representación como premisa" (Marx, 1857/1968: 22).

En la perspectiva de Bourdieu, cuando se habla de conceptos, se hace referencia a conceptos construidos, a construcciones operadas por el investigador sobre la realidad social. Esto significa el reconocimiento de que "los hechos no hablan por sí mismos", es decir, que no tienen un sentido independiente de la grilla de lectura que cada uno le aplique (Bourdieu, Chamboredon y Passeron, 1975) (4).



Objeto real y objeto construido son categorías epistemológicas diferentes. En efecto, la realidad es compleja y presenta múltiples aspectos que pueden aprehenderse de modo diferente según el marco teórico a partir del cual se la aborda: según la perspectiva de análisis del investigador, ciertas facetas de lo real serán percibidas como más importantes, otras como secundarias o accesorias, mientras que otras podrán no ser tenidas en cuenta (5).

Hablar de conceptos construidos, significa, además, reconocer con Bachelard que el hecho científico se conquista, construye, comprueba, e implica,

"rechazar al mismo tiempo el empirismo que reduce el acto científico a una comprobación, y el convencionalismo que sólo le opone los preámbulos a la construcción" (Bourdieu, Chamboredon, Passeron, J.C., op. cit.: 25).

Ahora bien, es necesario aclarar que decir que el hecho científico se conquista, construye, comprueba, es enunciar el orden lógico de los actos epistemológicos: ruptura, construcción, prueba de los hechos. No significa que a cada uno de ellos correspondan operaciones sucesivas ligadas a instrumentos específicos. Es decir, el orden lógico de los actos epistemológicos no se reduce al orden cronológico de las operaciones concretas de la investigación, en la medida en que el modelo teórico es, inseparablemente, construcción y ruptura.

Dentro de esta perspectiva epistemológica, el hecho se conquista contra la ilusión del saber inmediato, situación que lleva implícita una constante actitud de vigilancia epistemológica y de rigor metodológico.

Retomando en estos aspectos a Durkheim (1985), se postula una polémica ininterrumpida contra las prenociones, representaciones esquemáticas y sumarias de la realidad, que reciben su autoridad y eficacia del hecho de que cumplen ciertas funciones sociales:

"La familiaridad con el universo social constituye el obstáculo epistemológico por excelencia para el sociólogo, por que produce continuamente concepciones o sistematizaciones ficticias, al mismo tiempo que sus condiciones de credibilidad". (Bourdieu, Chamboredon y Passeron, op. cit.: 27).

La actitud de constante vigilancia epistemológica y de rigor metodológico, se impone pues, especialmente en el caso de las ciencias del hombre. En ellas es más imprecisa la separación entre la opinión común y el discurso científico, entre el objeto real, preconstruido por la percepción, y el objeto científico, concebido como sistema de relaciones expresamente construido.

En relación con lo que estoy planteando, dicen los autores citados:

"La sociología sería menos vulnerable a la tentación del empirismo si bastase con recordarle, como decía Poincaré, que 'los hechos no hablan'. Quizá la maldición de las ciencias del hombre sea la de ocuparse de un objeto que habla. En efecto, cuando el sociólogo quiere sacar de los hechos la problemática y los conceptos teóricos que le permiten construirlos y analizarlos, siempre corre el riesgo de sacarlos de la boca de sus informantes. No basta que el sociólogo escuche a los sujetos, registre fielmente sus palabras y razones, para explicar su conducta y aun las justificaciones que proponen: al hacer esto, corre el riesgo de sustituir lisa y llanamente a sus propias prenociones por las prenociones de quienes estudia o por una mezcla falsamente científica y falsamente objetiva de la sociología espontánea del 'científico' y de la sociología espontánea de su objeto" (Ibíd.: 57).

Es decir, no basta con reconocer que el objeto científico se construye sino que hay que saber construirlo deliberada y metódicamente, mediante técnicas y procedimientos de construcción adecuados a los problemas planteados. Los procedimientos de construcción no explicitados, no conscientes -aunque no por ello menos presentes en el acto de conocimiento-, tienen mayores posibilidades de no ser controlados, y por la misma razón, mayores posibilidades de ser inadecuados al objeto de estudio. En estas condiciones pues, plantear su problemática y elaborar una grilla de análisis constituye para el sociólogo, una elección consciente y controlada de un cierto número de útiles intelectuales que apunten a interrogar la realidad y a construir los hechos científicos.

Cabe destacar también, con respecto al objeto de investigación seleccionado que:

"por más parcial y parcelario que sea, no puede ser definido y construido sino en función de una problemática teórica, que permita someter a un sistemático examen todos los aspectos de la realidad puestos en relación por los problemas que le son planteados" (Ibíd.: 54).

Así, dentro de la teoría de Bourdieu, cuando hablamos de conceptos, nos referimos a conceptos construidos y sistémicos, es decir, mutuamente interrelacionados en un contexto estructural, de modo que su utilización supone la referencia permanente al sistema total de las relaciones en el cual están insertos. En otros términos, son concebidos para ser puestos en marcha empíricamente de manera sistemática: constituyen partes entrelazadas de un todo, que se comprenden y son válidas como instrumentos de análisis sólo en la medida en que son considerados conjuntamente, en el interior del sistema teórico que configuran. En definitiva, el análisis de cada uno de estos conceptos remite siempre a los otros, situación que posibilita también un mayor control metodológico tanto en relación con la teoría misma como en su adecuación a la realidad que se pretende construir (6).



4. Con Marx (y con Durkheim y con Weber): los fenómenos sociales se explican por sus causas sociales e históricas

"Los economistas razonan de manera singular. Para ellos no hay más que dos clases de instituciones: unas artificiales y otras naturales. Las instituciones del feudalismo son artificiales y las de la burguesía son naturales. Aquí los economistas se parecen a los teólogos, que a su vez establecen dos clases de religiones. Toda religión extraña es pura invención humana, mientras que su propia religión es una emanación de Dios. Al decir que las actuales relaciones –las de la producción burguesa- son naturales, los economistas dan a entender que se trata precisamente de unas relaciones bajo las cuales se crea la riqueza y se desarrollan las fuerzas productivas de acuerdo con las leyes de la naturaleza. Por consiguiente, estas relaciones son en sí leyes naturales, independientes de la influencia del tiempo. Son leyes eternas que deben regir siempre la sociedad" (Marx, 1847/1974: 104).

Marx ha demostrado en diversas ocasiones que cuando las propiedades o las consecuencias de un sistema social son atribuidas a "la naturaleza" es porque se olvida su génesis y sus funciones históricas, es decir todos aquellos elementos que lo constituye como un sistema de relaciones. Según Marx, este error de método es tan frecuente por las funciones ideológicas que cumple, en la medida en que logra, al menos imaginariamente, "eliminar la historia".

En la perspectiva teórica de Bourdieu se conjugan la prohibición de Marx de eternizar en la naturaleza todo aquello que es producto de la historia, semejante al precepto durkheimiano que exige que lo social sea explicado por lo social y sólo por lo social y al weberiano que muestra la esterilidad de la explicación de las especificidades históricas por tendencias universales. Las tres visiones confluyen en una cuestión central: el rechazo de todos los intentos por definir la verdad de un fenómeno cultural independientemente del sistema de relaciones históricas y sociales de la cual es parte.

Así, dentro del marco teórico-metodológico de Bourdieu, se pretende explicar las acciones sociales -hasta donde ello es posible- desde una perspectiva sociológica, y como si fueran totalmente explicables sociológicamente. Es decir, no se trata de reivindicar para la sociología un objeto real espacialmente distinto del de las otras ciencias del hombre, ni de querer explicar sociológicamente todos los aspectos de la realidad humana, sino que se pretende explicitar:

"la fuerza de la decisión metodológica de no renunciar anticipadamente al derecho a la explicación sociológica o, en otros términos, no recurrir a un principio de explicación tomado de otras ciencias, ya se trate de la biología o de la psicología, en tanto que la eficacia de los métodos de explicación propiamente sociológicos no haya sido completamente agotada" (Bourdieu, Chamboredon y Passeron, op. cit.: 36).

Y pretender explicar las acciones sociales -hasta donde ello es posible- desde una perspectiva sociológica, lleva consigo la convicción de que la sola descripción de las condiciones objetivas no logra explicar totalmente el condicionamiento social de las prácticas: es importante también rescatar al agente social que produce las prácticas y a su proceso de producción. Pero se trata de rescatarlo, no en cuanto individuo sino como agente socializado, es decir, de aprehenderlo a través de aquellos elementos objetivos que son producto de lo social.

Esta actitud metodológica lleva necesariamente a sustituir la relación ingenua entre el individuo y la sociedad, por la relación construida entre los dos modos de existencia de lo social: las estructuras sociales externas, lo social hecho cosas, plasmado en condiciones objetivas, y las estructuras sociales internalizadas, lo social hecho cuerpo, incorporado al agente.

Las "estructuras sociales externas" se refieren a campos de posiciones sociales históricamente constituidos y las "estructuras sociales internalizadas" a habitus, sistemas de disposiciones (a actuar, a percibir, a evaluar) incorporados por los agentes a lo largo de su trayectoria social. Creo aquí importante señalar que en la teoría de Bourdieu, a través de la relación dialéctica entre ambos conceptos construidos -campo y habitus-, se propone la necesidad de superar -y un camino metodológico para lograrlo- la falsa dicotomía planteada en las ciencias sociales, entre objetivismo y subjetivismo.

Para Bourdieu, tanto el objetivismo como el subjetivismo constituyen "modos de conocimiento teórico" (savant), es decir, modos de conocimiento de sujetos de conocimiento que analizan una problemática social determinada, igualmente opuestos al "modo de conocimiento práctico", que es aquél que tienen los individuos "analizados" -los agentes sociales que producen su práctica- y que constituye el origen de la experiencia sobre el mundo social.

Ambas maneras de abordar la realidad son igualmente parciales: El modo de pensamiento objetivista rescata las relaciones objetivas que condicionan las prácticas (el sentido objetivo), pero no puede dar cuenta del sentido vivido de las mismas, ni de la dialéctica que se establece entre lo objetivo y lo subjetivo. El modo de pensamiento subjetivista toma en cuenta el sentido vivido de las prácticas, las percepciones y representaciones de los agentes, sin considerar las condiciones sociales y económicas que constituyen el fundamento de sus experiencias (Bourdieu, 1980).

Ahora bien, dado que las estructuras sociales existen dos veces, que lo social está conformado por relaciones objetivas, pero que también los individuos tienen un conocimiento práctico de esas relaciones -una manera de percibirlas, de evaluarlas, de sentirlas, de vivirlas-, e invierten ese conocimiento práctico en sus actividades ordinarias, se impone al sociólogo, como se verá más adelante, una doble lectura de su objeto de estudio.



5. Con Marx (y con Weber y con Durkheim): el principio de la no-conciencia y la ilusión de la transparencia

En el prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política, Marx señalaba:

"El resultado final a que llegué y que, una vez alcanzado, sirvió de hilo conductor a mis estudios, se puede resumir así: en la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el carácter general de los procesos de la vida social, política y espiritual. No es la conciencia del hombre lo que determina su ser, sino al contrario, su ser social lo que determina su conciencia" (Marx, 1978: 71).

Aquí y en otros escritos de Marx, uno puede ver dos consecuencias importantes, la primera de las cuales será tratada en este apartado: Siendo el hombre producto de sus relaciones sociales, es ilusorio pensar en la "transparencia" de sus acciones, sin analizar en primer lugar esas relaciones sociales. El mismo Durkheim reconocía a Marx el mérito de haber roto con la ilusión de la transparencia:

"Creemos fecunda la idea de que la vida social debe explicarse, no por la concepción que se hacen los que en ella participan, sino por las causas profundas que escapan a su conciencia" (Durkheim, 1897: 648).

La independencia de las relaciones sociales respecto a la conciencia y a la voluntad de los individuos, semejante al postulado durkheimiano de que los hechos sociales tienen una manera de ser constante y una naturaleza que no depende de la arbitrariedad individual (y de donde derivan relaciones necesarias) y a la actitud weberiana de la proscripción de la reducción del sentido cultural de las acciones a las intenciones subjetivas de los actores, lleva a la sociología de Bourdieu a sostener que:

"las relaciones sociales no podrían reducirse a relaciones entre subjetividades animadas de intenciones o ‘motivaciones’ porque ellas se establecen entre condiciones y posiciones sociales y tienen, al mismo tiempo, más realidad que los sujetos que ligan" (Bourdieu, Chamboredon y Passeron: 33).

En ese sentido, la asunción del "principio de la no-conciencia y la ilusión de la transparencia" lleva a adoptar lo que Bourdieu, Chamboredon y Passeron llaman: el objetivismo provisorio. Pero ya he mencionado la ontología bourdiana: lo social existe de doble manera, en las cosas y en los cuerpos, bajo la forma de "estructuras objetivas externas" y bajo la forma de "estructuras objetivas incorporadas", por ello, el sociólogo debe hacer una doble lectura de su objeto de análisis:

"La sociología supone, por su misma existencia, la superación de la oposición ficticia que subjetivistas y objetivistas hacen surgir arbitrariamente. Si la sociología es posible como ciencia objetiva, es porque existen relaciones exteriores, necesarias, independiente de las voluntades individuales y, si se quiere inconscientes (en el sentido de que no son objeto de la simple reflexión) que no pueden ser captadas sino por los rodeos de la observación y de la experimentación objetivas. (...) Pero, a diferencia de las ciencias naturales, una antropología total no puede detenerse en una construcción de las relaciones objetivas porque la experiencia de las significaciones forma parte de la significación total de la experiencia (...), la descripción de la subjetividad-objetividad remite a la descripción de la interiorización de la objetividad" (Bourdieu et al., 1970: 18-20).

Para Bourdieu pues, objetivismo y subjetivismo son perspectivas parciales pero no son irreconciliables. Ambas representan dos momentos del análisis sociológico, momentos que están en una relación dialéctica:

a. Las estructuras objetivas que construye el investigador en el momento objetivista (construcción del sistema de relaciones objetivas en el cual los individuos se hallan insertos), "al apartar las representaciones subjetivas de los agentes, son el fundamento de las representaciones subjetivas y constituyen las coacciones estructurales que pesan sobre las interacciones" (Bourdieu, 1988b: 129).

b. Pero, por otro lado, "esas representaciones también deben ser consideradas si se quiere dar cuenta especialmente de las luchas cotidianas individuales o colectivas, que tienden a transformar o a conservar esas estructuras" (Ibid.).

Dicho de otro modo, la realidad social es también un objeto de percepción y la ciencia social debe tomar por objeto de análisis, a la vez, la realidad y la percepción de esa realidad, teniendo en cuenta que las estructuras objetivas externas son el fundamento y condición de las percepciones y representaciones de las mismas. Con ello, se estaría postulando una primacía lógica del momento objetivista:

"La construcción del mundo de los agentes se opera bajo condiciones estructurales, por lo tanto, las representaciones de los agentes varían según su posición (y los intereses asociados) y según su habitus, como sistema de esquemas de percepción y apreciación, como estructuras cognitivas y evaluativas que adquieren a través de la experiencia duradera de una posición del mundo social" (Ibíd: 134).

En su momento objetivista -objetivismo provisorio-, la sociología analiza campos de posiciones relativas y de relaciones objetivas entre esas posiciones; en su momento subjetivista, analiza las perspectivas, los puntos de vista que los agentes tienen sobre la realidad, en función de su posición en el espacio social objetivo.

Ahora bien, teniendo en cuenta que la visión del mundo de los agentes sociales está asociada al lugar que ocupa en ese mundo, y lo que decía más arriba acerca de que la sociología construye su objeto, es necesario señalar que todo ello supone, para el sociólogo, no sólo pensar en términos de "construcción de la realidad social", sino también y más precisamente en términos de "construcción social de la realidad social".

Considerar la construcción social de la realidad social desde la perspectiva de Bourdieu, implica plantear una manera de mirar y analizar los condicionamientos sociales que afectan al proceso de investigación, tomando como punto especial de la mirada, al propio investigador y sus relaciones. Se trataría, para utilizar las palabras del autor, de "objetivar al sujeto objetivante", es decir, de ubicar al investigador en una posición determinada y analizar las relaciones que mantiene, por un lado, con la realidad que analiza y con los agentes cuyas prácticas investiga, y, por otro, las que a la vez lo unen y lo enfrentan con sus pares y las instituciones comprometidas en el juego científico. El primer tipo de relaciones alude a lo que Bourdieu llama "el sentido de las prácticas", y apunta a reflexionar sobre las posibilidades de aprehender la lógica que ponen en marcha los agentes sociales que producen su práctica, que actúan en un tiempo y en un contexto determinado. Esta lógica es diferente a la "lógica científica", la lógica que el investigador implica en su intento de comprender y explicar la problemática que le preocupa.

El segundo tipo de relaciones alude a los condicionamientos sociales que afectan la producción del conocimiento sociológico en la medida en que el sociólogo forma parte de un espacio de juego: el campo científico. Por todo ello, sólo mediante una reflexión crítica y la subordinación de la práctica científica a un conocimiento del "sujeto de conocimiento" y de su relación con el objeto, es posible superar la falsa antinomia entre objetivismo y subjetivismo, y a la vez, recuperar los logros de ambas perspectivas y avanzar así en la comprensión y explicación de las prácticas sociales.


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