Comentario de texto. Ortega y gasset



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COMENTARIO DE TEXTO. ORTEGA Y GASSET.
Elabora una composición filosófica respondiendo a las cuestiones siguientes:
1) Descripción del contexto histórico-cultural y filosófico que influye en el autor del texto.

2) Comentario del texto:

Apartado a) Explicación de las dos expresiones subrayadas.

Apartado b) Exposición de la temática.

Apartado c) Justificación desde la posición filosófica del autor.

3) Relación del tema del texto con la posición filosófica de otro autor y valoración razonada de su actualidad


Nota: la pregunta 3 no aparece desarrollada en este comentario, pues ya tenéis en los apuntes dejados en la web del centro la comparación de Ortega con Descartes, con Platón y con Nietzsche. En el material que os di en clase tenéis dos tipos de apuntes para desarrollar a valoración razonada de la actualidad de Ortega.

El conocimiento es la adquisición de verdades, y en las verdades se nos manifiesta el universo trascendente (transubjetivo) de la realidad. Las verdades son eternas, únicas e invariables. ¿Cómo es posible su insaculación dentro del sujeto? La respuesta del Racionalismo es taxativa: sólo es posible el conocimiento si la realidad puede penetrar en él sin la menor deformación. El sujeto tiene, pues, que ser un medio transparente, sin peculiaridad o color alguno, ayer igual a hoy y mañana por tanto, ultravital y extrahistórico. Vida es peculiaridad, cambio, desarrollo; en una palabra: historia.

José Ortega y Gasset: El tema de nuestro tiempo, Cap. X “La doctrina del punto de vista”

1-Descripción del contexto histórico-cultural y filosófico que influye en el autor del texto.

Este fragmento de El tema de nuestro tiempo pertenece al capitulo X ( la doctrina del punto de vista) en el que Ortega desarrolla la doctrina ontológica y epistemológica del perspectivismo. El capítulo X queda enmarcado en la panorámica general del libro: atender al tema (tarea) del su tiempo, es decir, superar dos fenómenos filosóficos que son síntomas de una realidad más global que afectan a Europa y a España: la crisis de a Modernidad, de un modelo de racionalidad que no ha podido reordenar la vida cultural, social y política, el mundo humano. En el campo filosófico, esta crisis se manifiesta en la crisis del Racionalismo y del Idealismo, en la imposibilidad de mantener el Realismo de la antigüedad y la Edad Media, y en la dicotomía entre el Racionalismo y el vitalismo escéptico e irracionalista en sus maneras de concebir el conocimiento, la verdad y el sujeto (este fragmento se sitúa en el análisis de esta dicotomía, aunque aquí sólo aparezca la crítica al Racionalismo).

El título de la obra (El tema de nuestro tiempo) alude a una constante de la vida y filosofía de Ortega: ser fiel a la época en la que se vive, atender a las circunstancias vitales para diseñar los proyectos vitales personales de toda una generación, sociedad o época. El interés constante de Ortega (1883-1955) por vivir y pensar “a la altura de los tiempos”, combinando labor pedagógica sobre la ciudadanía, reflexión filosófica y participación en la vida política y cultural es comprensible si atendemos a las circunstancias históricas, culturales y filosóficas que vivían entonces España y Europa a finales del XIX y primera mitad del XX.

Ortega nació en Madrid en el seno de una familia de la alta burguesía liberal, muy relacionada con el periodismo, vocación y medio de transmisión de ideas que desarrolló ampliamente Ortega (El Imparcial, El Sol, La Nación, Revista de Occidente). Si tuviéramos que dar un “titular periodístico” sobre la España de entonces, diríamos lo siguiente: atraso económico, científico y tecnológico, agitación social y agotamiento en lo político.

En 1898, cuando los países europeos y EEUU están lanzados a la industrialización, la investigación científico-tecnológica y la creación de los imperios coloniales, España pierde sus últimas colonias en Filipinas, Puerto Rico y Cuba. Se manifiesta entonces en España un gran retraso con respecto a otros países: sin promoción de la ciencia y la técnica, escasamente industrializada (salvo Cataluña y el País Vasco), con una poderosa oligarquía terrateniente y una población campesina analfabeta. Políticamente, en España se producen de manera sucesiva regímenes políticos que no logran la estabilidad: la Restauración de la Monarquía constitucional (con un caciquismo electoral lejos de la democracia liberal querida por Ortega), la dictadura de Primo de Rivera y la posterior II República (en la que activamente participó Ortega como diputado de 1930 1 1931). Posteriormente, el alzamiento militar, la Guerra Civil y la dictadura franquista acabaron con las esperanzas de una europeización de España, y acallaron las voces de los intelectuales liberales (Ortega vivió en el exilio).

Por otro lado, en Europa se habían ido gestando movimientos sociales y políticos de envergadura que ocuparon también la reflexión de Ortega: el ascenso del comunismo soviético la 1ª Guerra Mundial, el ascenso de los totalitarismos , de los nacionalismos particularistas, la 2ª Guerra Mundial y su posterior Guerra Fría. Por eso, lo que en un principio ( la crisis de la Modernidad) la había parecido a Ortega un problema de España que en Europa tendría la solución, pronto fue visto ( a partir de 1914) como un problema de la civilización Occidental.

En el ámbito cultural, el tiempo en el que vive Ortega refleja también la respuesta de los intelectuales, artistas, literatos y científicos ante un siglo de grandes cambios y contradicciones, que rompen el “sueño ilustrado”. En España, la Generación del 98 lleva la conciencia a los problemas históricos de España, desde una perspectiva literaria, subjetiva y artística. El movimiento Regeneracionista ahonda en el retraso de España y propone soluciones que supongan la europeización y la superación del tradicionalismo sentimentaloide español (Joaquín Costa dice que España necesita “Escuela, despensa y doble llave al sepulcro del Cid”). La europeización de España, que aparece en el Regeneracionismo, es recogida por la Generación del 14 o Generación de Ortega, el grupo de intelectuales, filósofos, literatos, médicos, políticos ( Manuel Azaña, Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala…).

La renovación cultural se deja sentir en todas las artes con las distintas vanguardias (fauvismo, expresionismo, surrealismo, cubismo, simbolismo, futurismo, modernismo, arte abstracto…), así como en el mundo científico. El mundo mecanicista moderno sucumbe ante el darwinismo, el psicoanálisis, la teoría cuántica, la teoría de la relatividad (Ortega encontró una fuerte relación entre sus tesis perspectivismo y la relatividad de Einstein), las geometrías no euclídeas. El mundo ya no tiene un orden lógico, ordenado, preciso y controlable.

El panorama filosófico también ve emerger corrientes de distinto tipo que responden a una Modernidad hija del Racionalismo, la Ilustración y el Idealismo que se quiebran. En Ortega hay distintas corrientes que influyen poderosamente, reflejadas en sus distintas etapas filosóficas, especialmente las que proceden de Alemania y Francia (el neopositivismo y la filosofía anglosajona están ausentes en Ortega).

En 1902 Ortega se licencia en Filosofía en España. De 1902 a 1913 la filosofía de Ortega es objetivista. Sus viajes a Alemania (1905-1907, 1910-1911) dejan en él la influencia del neokantismo (Cohen, Natorp), que para Ortega representa el rigor y la disciplina en el pensamiento cientifico y filosófico ausente en España.

El pensamiento más genuino de Ortega se corresponde con las dos siguientes etapas: el Perspectivismo (1914-1923) y el Raciovitalismo (1924-1955), el cual resulta ser una explicación y desarrollo de las tesis perspectivistas. El Perspectivismo se inaugura con Meditaciones del Quijote (1914) y culmina con El tema de nuestro tiempo (1923) en el cual se perfilan las tesis básicas que se desarrollarán en las obras del Raciovitalismo (España invertebrada, Ideas y creencias, Lecciones de Metafísica, Historia como sistema, La rebelión de las masas…..)

Tanto en la etapa del Perspectivismo como del Raciovitalismo son destacables las influencias de la fenomenología de Husserl, el Historicismo de Dilthey, Simmel y Spengler, el vitalismo de Bergson y Nietzsche, y el Existencialismo de Heidegger.

De Husserl influyó el estudio de la conciencia como conciencia intencional, que crea el sentido del objeto. Del Historicismo es destacable la concepción del carácter histórico de la realidad, especialmente de la humana, la distinción entre ciencias de la naturaleza (explicación causal) y del espíritu (comprensión del sentido de las acciones humanas), la relación entre vida e historia (el hombre es historia, no naturaleza). Nietzsche (a quien Ortega llama “sumo vidente”) ataca el valor excesivo de la razón en la historia a costa de la vida y el concepto de verdad en sí, ajena a toda interpretación. Aunque Ortega quiere superar los excesos vitalistas (relativismo, irracionalismo, escepticismo), comparte tesis vitalistas. Finalmente, el existencialismo de Heidegger influye en la consideración orteguiana de que la Ontología sólo puede elaborarse a partir del ser que se pregunta por la realidad: el existente humano (Dasein). De modo que investigar el ser es analizar al existente humano, cuya dimensión fundamental es la temporalidad.

2) Comentario del texto:
Apartado a) Explicación de las dos expresiones subrayadas

Racionalismo. Corriente filosófica fundamental en la Modernidad (aunque sus antecedentes históricos ya están en Platón), y cuyos “excesos” en torno al conocimiento y la metafísica Ortega considera importante superar. Ortega critica el exceso racionalista de considerar que la razón no tiene límites, puede conocerlo absolutamente todo, alcanzar verdades absolutas, atemporales con un uso de la razón también atemporal, ahistórico, que termina dando la espalda a la realidad radical: la vida humana. Para el Racionalismo, las verdades son eternas, únicas e invariables, cualquier elementos subjetivo en el conocimiento es un contaminante de la verdad. Para hacer posible la captación de estas verdades, el sujeto debe ser un medio transparente, es decir, renunciar a todo lo que es propiamente el sujeto ( la subjetividad), y convertirse la razón en una razón llamada por Ortega “utópica”, “pura”, extravital y ultrahistórica, es decir, fuera de la temporalidad ( de la historia). Esta razón del Racionalismo es la generadora del culturalismo de Europa: la adoración a los conceptos abstractos. Frente a esta razón ahistórica y a este Racionalismo, Ortega propone su razón vital e histórica y su Raciovitalismo.

Historia. El concepto de historia, en este fragmento, es el “contrapunto” a las tesis racionalistas ( ahistóricas). Se identifica aquí con la vida (cambio, desarrollo, particularidad), y es que en las categorías de la vida como realidad radical y verdad indudable, la temporalidad (futurición del vivir, presente y pasado de la circunstancia) es una dimensión propia del vivir y del sujeto como ser viviente. Eliminar la temporalidad supone eliminarlos. La realidad (la vida) es cambio, devenir y desarrollo temporal, y la razón que dé cuenta de ella debe ser una razón vital e histórica, atenta a las peculiaridades de la vida.

Apartado b) Exposición de la temática.

La temática del texto es epistemológica. El autor plantea la posibilidad del conocimiento de una realidad exterior (“trascendente”) al sujeto cognoscente. A esta problemática el autor expone el planteamiento racionalista al cual critica como teoría inviable para dar cuenta de la vida (peculiaridad, cambio, desarrollo: historia). En síntesis, el autor dice que el Racionalismo, ante el problema del conocimiento, plantea sus tesis sobre la verdad (eterna), el conocimiento y el sujeto (ahistórico) fuera de las dimensiones propias de la vida (variable, cambiante), postulando una abstracción en la verdad, el conocimiento y el sujeto que no se atienen a la realidad.

Hemos de observar que el fragmento es una exposición de las tesis que ataca Ortega del Racionalismo como teoría epistemológica (conocimiento puro, verdades inmutables) y sus tesis ontológicas (sujeto ahistórico, realidad ultravital), contrarias a los planteamientos perspectivistas y raciovitalistas del autor. La estructura es la siguiente:

- En primer lugar, define el conocimiento como adquisición de verdades, de captación por parte de un sujeto cognoscente de una realidad que está fuera de él (universo transcendente, transubjetivo). Expone con ello los dos polos del conocimiento: el subjetivo (el sujeto) y el objetivo (la realidad), para, a continuación, expresar cómo el Racionalismo caracteriza estos dos polos, y con ello el conocimiento.

- Ortega expone las tesis racionalistas que explican el conocimiento en relación a las verdades, el proceso de conocer y los rasgos del sujeto que conoce. La exigencia de la verdad absoluta en el Racionalismo conlleva las tesis sobre el proceso de conocer y sobre el sujeto. Estas tesis se resumen en:


  • las verdades deben ser únicas invariables, eternas (se niega con ello la pluralidad, la modificación de las verdades).

  • el conocimiento es una penetración no deformada de la realidad en el sujeto (si las verdades son invariables, el conocimiento no puede ser fruto de una subjetividad que introduzca variación), como si se metieran verdades en el “saco” de la mente (Ortega habla de la insaculación de verdades en la mente).

  • El sujeto cognoscente debe ser un medio transparente que deja penetrar la realidad, fuera de las dimensiones de la vida. Se trata, por tanto, de un sujeto “abstracto”.

Apartado c) Justificación desde la posición filosófica del autor

La filosofía de Ortega como una superación de la Modernidad supone una crítica a las doctrinas filosóficas que impiden dar cuenta (conocer) de la realidad radical en sentido epistemológico y ontológico: la vida humana, el vivir concreto, particular, cambiante, en desarrollo histórico. Tal es el caso del Racionalismo, como manifiesta Ortega en este fragmento. La vida no es algo estático y sustancial, tal como se concebía desde las categorías metafísicas racionalistas, con lo cual no puede ser entendida desde los planteamientos epistemológicos y ontológicos propios de esta corriente de pensamiento. En este fragmento encontramos las tesis sobre el conocimiento y la realidad que Ortega quiere superar con su doctrina del perspectivismo ( en cuanto doctrina ontológica y epistemológica), del circunstancialismo ( yo y circunstancia, sujeto y mundo) y del Raciovitalismo ( la razón vital e histórica, la razón aplicada a la vida y la vida entendida por la razón).

Para Ortega la vida humana es peculiaridad, cambio y desarrollo. Es decir, no es una sustancia abstracta, una cosa, reducible a un fenómeno biológico, a una categoría metafísica al uso (o mente, o cuerpo, o ser estático...) o a un hecho científico, como se pretendía desde la razón físico-matemática heredera del Racionalismo. La vida humana es el conjunto de vivencias (es biografía), el ámbito en el que se muestra la coexistencia e interdependencia del sujeto y su mundo, del yo y su circunstancia teoría del circunstancialismo). El universo trascendente ( transubjetivo) de la realidad no es una entidad en sí misma, independiente del sujeto que penetre en éste como si el sujeto fuera también una entidad en sí misma, un medio transparente fuera de toda dimensión temporal e histórica. Ortega propone una metáfora para explicar la interdependencia del sujeto (el yo) y la realidad (el mundo, la circunstancia) que supere la metáfora de la realidad como un sello que deja su impresión en la mente como una tablilla de cera (o en el texto, la mente como un saco en el que se introducen sin deformación alguna las verdades), y la metáfora idealista del mundo como contenido y de la mente como continente. Es la metáfora de los dioses conjuntos: igual que en la mitología clásica aparecían dioses que nacían y morían juntos, mundo y sujeto son inseparables. Ni el yo es independiente del mundo, sino que en él se constituye, vive en su circunstancia, ni el mundo es independiente del sujeto, sino aquello de lo que éste se ocupa al vivir y el modo como es vivido. La frase de Ortega que expresa esta metáfora es su famoso: Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo.

El mundo o circunstancia es entorno vital, compuesto por el mundo físico, cultural (creencias, ideas, usos…), histórico (las generaciones de cada época) y social (las masas y las élites de toda generación), el propio cuerpo, incluso elementos del psiquismo (temperamento). El Racionalismo necesitaba de un sujeto fuera de la circunstancia, y una circunstancia (un mundo) independiente del sujeto para garantizar una penetración de la realidad en sí misma en el sujeto, y así alcanzar verdades absolutas e invariables.

En el momento en que concebimos al sujeto y al mundo de una manera relacional y desde la realidad fundamental que es la vida, el conocimiento universal y absoluto, la razón pura y utópica (fuera de todo lugar, condicionante particular, cambio, desarrollo: extrahistórica y ultravital) muestran su incapacidad explicativa. Para Ortega, la circunstancia, el “universo trascendente” es en sí misma perspectivística, multiforme, se rompe en miles de haces o perspectivas. La perspectiva es una condición de la realidad, es un constitutivo de la realidad, la forma en la que la realidad puede darse al sujeto para ser conocida. El sentido ontológico del perspectivismo sienta las bases del conocimiento humano como punto de visa y de la verdad como perspectiva sobre la realidad (sentido epistemológico del perspectivismo). Si la propia realidad es perspectivística, no existe un único punto de vista, una única verdad posible. Todo conocimiento es siempre una interpretación desde un punto de vista de una realidad en la que me tengo que orientar. Todo punto de vista sobre la realidad contiene elementos individuales (la propia experiencia subjetiva, deseos….) e intersubjetivos (la sociedad y la cultura con sus creencias, ideas…). El sujeto cognoscente, como un cedazo (y así muestra la psicología en el estudio de la percepción), selecciona la realidad percibida (no es un yo puro y transparente). Las propias estructuras del sujeto ponen límites a nuestra capacidad de conocer, pero no deforma la recepción de la realidad. La imposibilidad de una visión única de la totalidad de la realidad, como quiere el Racionalismo, no deriva, no obstante, ni en el escepticismo ni en el relativismo: es posible una verdad universal en cuanto ésta es la suma de las perspectivas complementarias.

La verdad como perspectiva no es la verdad obtenida “bajo la especie de lo eterno” sino “bajo la especie de la circunstancia”, es decir, de lo particular, cambiante, histórico por parte de un ser viviente y su razón vital e histórica, y no por un sujeto abstracto y una razón pura. La razón vital e histórica atiende a la vida, a su dimensión temporal intrínseca. La vida es saberse vivir, enterarse del mundo dando sentido a la realidad (el ser de las cosas es el sentido que el sujeto les da), la búsqueda de verdades. Como un hacerse intransferible, cuenta con una dimensión de fatalidad (la vida nos es dada, no elegimos la circunstancia) y de libertad (la vida no nos es dada hecha: es decisión, elección, creación de proyecto). La vida es encontrarse en el mundo (experimentar la inseparabilidad del yo y su circunstancia) y ocuparse de él, proyección temporal hacia el futuro (la vida es futurición). De ahí que el ser humano (el yo, el sujeto) no tenga naturaleza, sino historia.



La razón vital e histórica que atiende a la vida aúna los imperativos de la cultura (de la razón: encontrar la Belleza, el Bien, la Verdad) con los de la vida (el deleite, la impetuosidad, la sinceridad), permite comprender el mundo humano como el mundo de sentidos, de interpretaciones elaboradas desde las creencias (convicciones no expresas desde las que vivimos y adquirimos por herencia cultural) y con las ideas que generamos y discutimos. Con ellas nos orientamos en la realidad, pues el hombre necesita, como función vital, conocer y comprender su circunstancia y a sí mismo, y el entendimiento o razón es una función vital tan importante como la digestión o la respiración (somos verdávoros: sin ser humano no habría verdad, pero sin verdad no habría ser humano, el deseo de verdad es un deseo vital).


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