Colombia Institución: Universidad Nacional Autónoma de México



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Título: Expresión espacial doméstica. El lenguaje arquitectónico en la vivienda autoproducida del barrio Berlín, Cali-Colombia

Ponente: Arquitecto. Nelson Ivan Erazo Solarte

País: Colombia

Institución: Universidad Nacional Autónoma de México. Programa de Maestría en Arquitectura, Campo de conocimiento: Análisis, Teoría e Historia.



RESUMEN

El trabajo consiste en la exploración en develar en que se funda el lenguaje arquitectónico que ha utilizado el habitante para materializar su expresión espacial doméstica, originado en procesos de autoproducción de la vivienda a lo largo de la consolidación del barrio. Así, se describe, analiza, distingue y determina como estas expresiones se relacionan y determinan la evolución física del territorio. Con estos elementos se busca determinar cómo se producen diferentes expresiones arquitectónicas en la vivienda, basándose en la experiencia espacial doméstica del habitante, sus modos de habitar, anhelos, imaginarios y deseos, y como, estos terminan por pre-configurar su “idea de casa”, idea que podemos ver y experimentar en su realidad física, tangible y habitable. La metodología empleada consiste en confrontar los planteamientos de un marco teórico de enfoque fenomenológico y la historiografía urbana del sector, con la realidad social y física del barrio en su estado actual, utilizando la etnografía como una herramienta para develar los modos de habitar y la configuración del lenguaje arquitectónico particular.



Palabras clave: Lenguaje arquitectónico, expresión arquitectónica, modos de habitar, vivienda autoproducida, barrios populares, Cali.

INTRODUCCIÓN

La pregunta problema que origina todo el tema de investigación es: ¿Cómo y en base a qué se estructura la construcción de un lenguaje arquitectónico particular y cómo éste repercute en la materialización de expresiones constructivas propias de espacios domésticos en viviendas autoproducidas?, interrogante que se justifica, porque en los estudios del leguaje arquitectónico de la vivienda se tiende a comprender el objeto arquitectónico como el objetivo de la investigación, enfrentándolo a su actor fundamental (el habitante), a sus ideas de espacio y a su expresión arquitectónica, entonces, el fenómeno habitacional queda supeditado al objeto arquitectónico de estudio, creando una separación entre los dos escenarios de comprensión del fenómeno, así, muchas investigaciones de arquitectura de la vivienda quedan reducidas a interpretaciones y razonamientos teóricos, estéticos y comparativos entre lo “formal” y lo “informal”, ahondando en conceptos y prejuicios que no permiten entender la realidad de un lenguaje arquitectónico, participe y presente en el entorno urbano de las ciudades latinoamericanas. Este es un tema de investigación que se encuentra en desarrollo, hasta el momento ha habido acercamientos al barrio y ha trascurrido un periodo de un mes de investigación en sitio, aplicando la metodología que se expone más adelante.



DESARROLLO

El barrio Sultana Berlín de la ciudad de Cali en Colombia representa como proceso de consolidación en un territorio un caso particular que resume y puede mostrar características fundamentales del proceso de consolidación y autoproducción de su espacio habitable. En un territorio de pocas dimensiones se dieron a lo largo de su historia diferentes hechos y acontecimientos que determinaron las condiciones de un barrio completamente consolidado y activo dentro de la dinámica de la ciudad. Este pequeño sector de hoy en día muestra una síntesis de las diferentes condiciones por las que atraviesa el fenómeno habitacional de los barrios irregulares en Cali y en Colombia.

¿Por qué hablar de lenguaje arquitectónico en un barrio de autoproducción como el barrio sultana Berlín en Cali?, como veremos, el lenguaje arquitectónico es parte de la cultura de un territorio, es una construcción abstracta que puede llegar a ser compleja y particular a la vez. Esta construcción, nos permite entender como los territorios llegan a tener cualidades innegables que los hacen únicos, en el lenguaje arquitectónico popular esto se hace mucho más evidente, el proceso cultural que funda en el lenguaje arquitectónico una serie de elementos que hacen reconocible una forma de abordar la espacialidad doméstica y que está atravesado por los modos de habitar y la habitabilidad, que en la cotidianidad configuran y reconfiguran su espacio arquitectónico. De manera que entender la lógica de la producción del espacio doméstico bajo la construcción del lenguaje arquitectónico y su estructura simbólica, sus códigos, significado representaciones y sus vínculos con la memoria constructiva, imbricados en el tiempo y en los procesos de territorialización surgidos desde la autogestión, la lucha y la resistencia; moldeados por la vida cotidiana, el ámbito doméstico, los anhelos y sueños, transformaciones y cambios progresivos.

La metodología para el análisis descriptivo y cualitativo de las condiciones espaciales del barrio y de las viviendas que en él se han configurado y evolucionado basado en un método etnográfico y en algunos instrumentos del mismo como: el relato de los líderes comunales, la entrevista a los habitantes más antiguos del barrio, los imaginarios de los nuevos habitantes y la descripción profunda de su casa y su entorno ligado al proyecto familiar de consolidación de su espacio y sus modos de habitar, y así, reconstruir por medio de la memoria colectiva e individual en el proceso constructivo cuales son los elementos del lenguaje popular que se replican y se consolidan como expresión y cuáles de ellos cambian constantemente. Las prácticas constructivas realizadas por sus hacedores, en su saber popular y sus propias formas de entender su espacialidad la arquitectura se vuelve el medio para configurar su expresión espacial, entender la heterogeneidad y la diferenciación es clave para afianzar el lenguaje arquitectónico del lugar. “la idea de “arquitectura para sociedades heterogéneas” emerge como una respuesta necesaria para actuar en el mundo contemporáneo. Ella implica la apertura del espacio epistemológico de la arquitectura para dar cabida a la diferenciación y la diversidad como categorías de la realidad en la cual se validan los efectos de su práctica.” (Saldarriaga, 1988: 15)



Vivienda autoproducida.

Para comprender el tema del lenguaje y la expresión arquitectónica se hace necesario aclarar conceptos que permitan entender por qué hay un escenario donde la dialéctica entre los dos es tan productiva. En primer lugar hay que aclarar cómo y qué tipo de vivienda se produce; en la literatura de la vivienda popular y los asentamientos humanos irregulares es frecuente escuchar hablar de “vivienda autoconstruida”, si bien esta dinámica se puede dar dentro de los barrios, no necesariamente es una constante para el desarrollo de la vivienda popular. La autoconstrucción se puede dar en algunas etapas o fases de la vivienda, para actividades específicas, o en circunstancias en las que la comunidad tiene lazos fuertes de apoyo mutuo y en las que se toma la decisión de edificar con sus propias manos.

La autoproducción en cambio es un camino mediado por la presencia de gente con experiencia en la construcción (maestros, oficiales y ayudantes de construcción) en ocasiones habitantes del mismo barrio que trabajan en constructoras o como obreros independientes y que terminan por edificar varias de las construcciones del mismo barrio, en casos con ayuda de la familia, los vecinos o familiares que colaboran en la construcción, como lo menciona Ontiveros: “Es el trabajo mancomunado de los miembros de la familia, del amigo, del vecino o compadre, en suma, las redes de solidaridad, la contratación de un albañil o maestro de obra, cuando la situación económica así lo permite, lo que ha dado forma a la vivienda”. (Ontiveros, 2015: 526), pero en este actuar mancomunado la “idea de casa” pertenece al habitante, aunque la ejecución se delegue a un maestro de construcción o a un grupo de vecinos que colaboran para construir.

LENGUAJE ARQUITECTÓNICO POPULAR (L.A.P)

El lenguaje arquitectónico puede tener diferentes emisores presentes constantemente en la ciudad, dentro de todos ellos el lenguaje arquitectónico popular es aquel que está en mayor contacto con la posibilidad de la trasformación y modificación del medio físico de forma directa, esta relación estrecha entre el plano de abstracción y el de materialización que se fundamenta en el “hacer”, permite que el lenguaje arquitectónico popular tenga una estructura que responda de forma dinámica, flexible y abierta a nuevas posibilidades en su estructura sintáctica. Por ello vemos que en el LAP caben recursos arquitectónicos de diferente tipo, tiempo y tecnología y que a su vez interactúan sin ningún tipo de discriminación o jerarquía comunicativa, lo que resulta ser adecuado a las necesidades del emisor.

Para llegar a lo anterior, el lenguaje arquitectónico popular acude a cuatro aspectos para fundamentarse: primero, a la memoria, o toda aquella construcción cultural histórica que anida en las generaciones de habitantes y que ha ido construyendo “ideas” de como configurar sus propios espacios. Segundo, a la experiencia de la arquitectura o la relación del habitante con el espacio físico con todos sus sentidos, la relación del “estar” en el lugar con el confort anhelado. Tercero, a la dimensión estética del habitante y a su construcción constante de relaciones subjetivas con los objetos y espacios cotidianos, íntimos y domésticos. Cuarto, a la construcción simbólica de su realidad, interpretación subjetiva de los elementos arquitectónicos que construyen una forma de entender el mundo a través de la subjetividad.

Entonces; la esfera del lenguaje, es la que le permite al habitante: comprender, imaginar, experimentar la idea de un espacio arquitectónico diferente y único, sin ser necesariamente materializados. Esta esfera del lenguaje arquitectónico es donde se encuentran los elementos abstractos necesarios para componer y recomponer el espacio doméstico deseado, donde a cada persona le es posible acceder a una base de conocimiento de donde puede sustraer sus componentes y combinarlos a su manera, creando expresiones arquitectónicas únicas y particulares (así como en el lenguaje hablado), cada individuo puede moldear el espacio y los elementos arquitectónicos que tienen que ver más con su “gusto” o que funcionan mejor para su modo de habitar, no obstante, y a diferencia del primero, el LAP, tarda más en hacerse evidente para el interlocutor (el otro habitante de la ciudad, el vecino), debido a que los procesos de construcción edilicia no son inmediatos, tardan tiempo en su consolidación.

Imaginemos dos esferas gravitando entorno a el sujeto y su habitabilidad, el lenguaje arquitectónico es una esfera de conocimiento y construcciones culturales que hacen parte de la habitabilidad y que permiten tener el conocimiento apropiado para materializar la “idea de casa” que tiene el habitante, la esfera de la expresión arquitectónica es el ámbito de lo tangible o materializado por el acto de habitar, construido o autoproducido por el propio habitante (en adelante veremos que estos dos conceptos están estrechamente relacionados), La relación constante entre las dos esferas sin que aparentemente se toquen debe verse como una relación dialéctica en constante transformación. El lenguaje arquitectónico se encuentra en el plano abstracto que se funde con otros conocimientos que el habitante ha elaborado por medio de sus modos de habitar (usos y costumbres). Todo lo contrario la esfera de la expresión arquitectónica es tangible, medible, observable y registrable físicamente; en la ciudad, en el barrio y en la casa, es la exteriorización de la esfera abstracta del lenguaje arquitectónico. Como en toda estructura de un lenguaje, el LAP es una construcción social, solo se hace consistente cuando es evidente en el medio físico y alcanza su expresión arquitectónica; ésta dinámica de los procesos de abstracción y materialización es fundamental para el estudio de la arquitectura y para la comprensión de la materialización edificatoria en un territorio específico.

El modelo comunicacional en la conformación del territorio

En nuestro tiempo las formas entran rápidamente en obsolescencia, pero, surgen: formas nuevas, reinterpretaciones nuevas de formas caducas; en esta apoteosis de producción formal, todo viene a ser como una gran operación de re simbolización, una especie de readymade llevado a cabo en toda la ciudad. Como lo diría Bruno Zevi1 es el juego del redescubrimiento filológico (Zevi. 1999) perspectiva que conduce a entender la arquitectura como una forma de interpretación, producción y transmisión del conocimiento constructivo de un territorio específico, no obstante Zevi también advierte que no es el único: “…que la arquitectura sea uno de los capítulos “de la praxis como comunicación” es exacto, pero las demás artes constituyen otros tantos capítulos de la misma.” (Zevi, 1999: 128). En la configuración del territorio urbano está más cercano a nosotros el lenguaje de la arquitectura como herramienta de cambio y transformación efectiva en la realidad constructiva, es posible acercarse hacia una teoría del lenguaje arquitectónico particular que afiance las características de la arquitectura de un territorio y que represente la relación del habitante con su medio físico, que sea “apropiado y apropiable” a sus condiciones de habitabilidad.

De manera que cada entorno construido genera un conocimiento en el acto de su edificación y en los procesos de consolidación, los territorios consolidan en cada uno de ellos particularidades que se hace necesario considerar como expresiones culturales únicas y que refuerzan la idea de lo local, esta diferenciación es fundamental para el surgimiento de patrones, pautas, símbolos y elementos del lenguaje arquitectónico que posteriormente hace parte de la expresión cultural propia del lugar. La diferencia se hace necesaria y enriquecedora, como motor de cambio y adaptación constante, “…es necesario considerar las diferencias culturales como factores relativizadores importantes” (Saldarriaga, 1988: 58), esta dinámica de trasformación se opone al modelo de imposición de patrones foráneos o totalizadores, al punto que estos mismos patrones terminan siendo transformados, adaptados o abandonados, aquí viene a lugar la pertinencia de un modelo comunicacional que trasmita en el tiempo los códigos necesarios para la construcción apropiada en el lugar, esta trasmisión no solo debe quedarse en la trasferencia de información, los barrios populares han demostrado que su forma de “hacer” está atado a un modelo de transferencia del conocimiento más profundo, que corrobora el enunciado de Saldarriaga: “La comunicación, más allá de la frontera de “la información”, implica receptividad, internalización y entendimiento.” (Saldarriaga, 1988: 86).

“Comunicación y participación son fenómenos análogos. Las decisiones que se adoptan en relación con la construcción y deconstrucción del entorno habitable son motivo de comunicaciones diversas” (Saldarriaga, 1988: 87) donde el lenguaje permite la transmisión del conocimiento, tiene en esencia un fin comunicativo, en esta esencia el lenguaje arquitectónico cobra relevancia como “construcción cultural”, un conocimiento adaptado a las necesidades y requerimientos particulares, que su esencia plantee una realidad comunicable, lo hace una construcción “común” al ser así, es fácilmente transferible en la cotidianidad, se afianza en el tiempo y perdura en la memoria cultural. El LAP entendido como cadena de representaciones simbólicas y sistema comunicativo que permite transmitir conocimiento a diferentes niveles y escalas. Dicho así, no solo debe existir una escala de trasmisión en el barrio sino una escala de trasmisión de conocimiento en el sector, en la ciudad, en el país y la región y también ser parte de aquello que ha permeado a lo global.



EXPRESIÓN ARQUITECTÓNICA

El acto de la expresión sustenta y explica la acción más que la imagen como objeto final, por tanto tiene su argumento y razón de ser en el hecho de que el habitante haya sido quien gesta su producción, con la lógica operativa de una expresión que busca transmitir y transferir información decodificada. La expresión no es la reproducción de una técnica constructiva, más bien, es aquello que se puede lograr con esa técnica, con su empleo para dar forma y materializar la arquitectura, la expresión está estrechamente ligada al plano abstracto del lenguaje arquitectónico, en su construcción, empleo y reproducción es donde se pueden encontrar formas y funciones que son referentes para una nueva materialización, entonces: la expresión arquitectónica es el proceso por el cual la arquitectura toma una forma específica en un lugar, se hace tangible, medible y observable por medio de todos los recursos2 que su “hacedor” tiene a la mano para ir consolidando en el tiempo una respuesta físico espacial.

La repercusión de este fenómeno en la ciudad latinoamericana es evidente, el impacto urbano arquitectónico de la vivienda autoproducida ocupa un porcentaje significativo en la producción de inmuebles en su mayoría destinadas a vivienda, en algunas ciudades sobrepasa el 80% de la producción total de la ciudad y gran parte de la configuración del territorio está forjada por la autoproducción. Estas construcciones están hechas en base a las ideas de sus propios habitantes, que con la colaboración de maestros de obra y trabajadores de la construcción han ido consolidando espacios domésticos, calles y hasta la misma ciudad y un paisaje urbano característico y reconocible en cualquier ciudad latinoamericana.

Las escalas y las dimensiones de las esferas en la expresión Arquitectónica Popular

Esto lleva a pensar en la forma y la fuente de donde provienen aquellos elementos que se hacen evidentes en la consolidación del hábitat popular, se puede decir que existe una relación de las esferas de construcción del conocimiento y socialización del lenguaje arquitectónico popular que se construye en diferentes escalas territoriales. La casa como unidad básica, constituye en sí una unidad de la escala donde los factores se pueden conjugar en lo abstracto y generar simbolizaciones y resimbolizaciones de los elementos arquitectónicos para configurar nuevas formas de constitución de lo físico. Así mismo el barrio conforma otra relación, la relación entre las unidades, en el barrio o sector se pueden determinar patrones del lenguaje arquitectónico, apropiaciones con ligeras variaciones, mezclas, colores que diferencian materialidades, “lujos” y ornamentos únicos. En el barrio se encuentran diferentes construcciones del mismo lenguaje, se materializan espacios similares, fachadas parecidas, y diferentes medios son los encargados de decodificar los códigos del lenguaje de reproducir o de aplicar los mismos elementos en distintas casas. La escala de la comuna o incluso de la ciudad permite que a los barrios llegue información diferente, y que sea utilizada para la construcción; recursos de lenguaje arquitectónico de otros sectores de la ciudad, lo novedoso y atractivo, lo contemporáneo también entra en los recursos formales, las nuevas tecnologías y los nuevos materiales constructivos utilizados para modificar la casa se hacen presentes en la consolidación, estos lenguajes, formas y tecnologías se adaptan a la manera que se tiene para construir.

También está una escala general de encuentro; la ciudad como escenario de diferentes mezclas, lejos de parecer una actuación ecléctica es una construcción constante de lo particular de una ciudad contemporánea, constituyéndose a sí misma, reiterando en las formas de hacer como se construyen espacios arquitectónicos que tienen una carga denotativa y dan cuenta del territorio en el que están, permeándose hasta la unidad de menor escala. La casa autoproducida se nutre de elementos constitutivos entre en un ir y venir de relaciones, de lo particular a lo general del lenguaje arquitectónico de la misma ciudad, es más que una construcción, cruce de redes o de factores. Es, una construcción social, resultado de la relación constante del habitante con el objeto arquitectónico.

Toda acción en el espacio tiene una justificación, una razón que lo argumenta; en la expresión arquitectónica popular, las razones están dadas por las necesidades del habitante del barrio, pero también, por el anhelo y el deseo de transformar su casa en un “lugar mejor”. Si bien hay una apropiación de las técnicas constructivas también hay una aportación propia a las mismas, la utilización de los materiales no se da de la misma forma, no bajo la misma normativa. Lo constructivo y la materialización de la vivienda es una mezcla de técnicas basada en las tecnologías que se usan en el resto de la ciudad y aquellas que son más accesibles a los medios económicos de los habitantes, lo enriquecedor de su puesta en práctica es la forma en como estos materiales se utilizan, la variedad, la mezcla y la diferenciación de cada uno de ellos.

La expresión arquitectónica al ser una construcción física basada en la aplicación de un lenguaje arquitectónico aprehendido por el habitante da como resultado un paisaje urbano misceláneo, como el que se puede apreciar en cualquier barrio popular, ejemplo: en la expresión de las fachadas diferenciadas cada una de la otra, predio a predio, e incluso piso a piso de cada vivienda. Así, cada parte de la vivienda y su interior continua esta búsqueda de diferenciación, la expresión múltiple e individual es el resultado de una construcción cultural del lenguaje arquitectónico, que si bien reproduce patrones identificables permite también la apropiación individual y personalización del mismo, dando la posibilidad al habitante de diferenciar las características de su lugar de habitación a su acomodo, a sus necesidades de diferenciarse ante “el otro”, permitiéndole ser parte de un conjunto o pertenecer a varios niveles de reconocimiento o identidad. “La identidad del entorno habitable que viene dada por su fisonomía arquitectónica, es decodificable mediante el conjunto de significados que actúan como comunicadores entre los hechos físicos y los habitantes.” (Saldarriaga, 1988, 31), la edificación y su edificador vistos como un mecanismo de abstracción, construcción y trasmisión o difusión cultural.

MODOS DE HABITAR

Pensar en la habitabilidad con sus modos de habitar como una estructura compleja donde se conectan el orden físico-espacial con el orden abstracto de la construcción cultural es el enfoque que se quiere mostrar en este estudio, el caso de estudio (Barrio Berlín) permite demostrar cómo esta construcción conceptual se da en el territorio urbanizado y en la complejidad de la ciudad, de manera que, la construcción particular de la habitabilidad en un territorio pueda dar a entender cómo se construye a través de los usos y costumbres del habitante. En este “hacer” del habitante se imbrican los dos planos del conocimiento popular, lo abstracto del lenguaje arquitectónico, como una construcción cultural compuestas de signos, símbolos, iconos, códigos y memoria socializada e inteligible, y la expresión arquitectónica como la materialización física, diferenciable, perceptible, experimentable espacialmente, escenario y soporte de la actividades diarias.

Esta relación dialéctica entre estas dos esferas se construye con la fuerza de la cotidianidad y la lucha del día a día, propia de la dinámica de un barrio popular, plano del habitar donde la relación con su entorno físico se liga transversalmente con el tiempo y la memoria. Entonces, al análisis supone abordar la temática del habitabilidad desde la relación entre la acción de construir el hábitat con los modos o maneras de hacerlo, cada acto humano y particular de “estar en el lugar” configura un espacio arquitectónico con características tangibles y espaciales específicas que a su vez pasaron por un proceso de abstracción que permite comprender la manera de construirlo o de dar las instrucciones para su materialización. Los habitantes han aprehendido muchos de estos componentes desde el inicio de su vida, desde el habitar primario de la infancia, conocimiento que se trasmite por generaciones, pero que también se transforman en el tiempo, se permean por otras construcciones simbólicas provenientes de otras construcciones culturales con componentes diferentes del lenguaje arquitectónico que pueden existir en el barrio, la comuna, en toda la ciudad, o en otras ciudades o regiones del mundo.

Los modos de habitar implican comprender el núcleo filial (familiar) básico, su composición como núcleo básico de la sociedad, cada uno de sus componentes y a que dedica su tiempo diario, actividades, ritmos, creencias y costumbres propias de su idiosincrasia, todos estas variables repercuten en una forma de comportarse en el espacio de la casa, en la calle y en el barrio. El método etnográfico de observación participante se convierte en una herramienta clave para analizar como en la dinámica diaria se hace uso de la casa, entendiendo el porqué de un tipo de uso específico, de donde proviene una costumbre, como las reuniones familiares u otra manifestación propia de la vida de la familia, esta observación puede aportar datos específicos del comportamiento en el espacio doméstico que seguramente tendrán similitudes en la mayoría de familias pero que podrá observarse algunas ligeras variaciones que repercutan en diferencias espaciales de la casa de barrio.

La espacialidad doméstica, conformada con elementos arquitectónicos cuyas características se vuelven únicas según: usos, funciones, imaginarios, rituales del habitar, recuerdos, dimensiones y tamaños, cargada de esa construcción constante del ambiente o atmosfera que se genera al habitar, a las costumbres y formas de usar los espacios, a la periodicidad con que se usan, a la intimidad, a la variedad en las formas de usar, de componerlo, y de relacionarlo con otros dentro de la casa. El sistema de los objetos, que hacen parte de la espacialidad doméstica, su representatividad en las historias de vida de los habitantes, su uso, función y relación con los modos de vivir. Los objetos funcionales y técnicos y también los simbólicos y ornamentales, siempre presentes ocupando el espacio y complementando el lenguaje espacial de lo doméstico.

Intimidad

En la intimidad el núcleo filial encuentra su reconocimiento como grupo social básico y el individuo en el espacio para expresar su “ser” como individuo. La intimidad se puede entender como la subjetividad de la existencia humana y la forma de recrearla por medio de los actos cotidianos dados en un escenario o espacio que provee el soporte a la vida misma. Visto de esta forma, la relación de la intimidad con la espacialidad doméstica es un elemento articulador de carácter cualitativo que permite lograr mejores condiciones para el desarrollo de los modos de habitar.

La intimidad cobra un sentido pragmático al ser consciente de que para obtenerla se necesitan medios físicos que construyan una transición de lo público a lo privado de manera gradual, en la que el individuo, al final, encuentra un espacio para realizar su existencia bajo sus propias reglas y gustos. Las relaciones que se dan al interior de la vivienda, están determinadas por las distintas actividades del núcleo filial y construyen las relaciones de cada uno de sus integrantes con el espacio arquitectónico, se puede distinguir entonces al interior de la vivienda distintas escalas de la intimidad y espacios que la permiten, así como espacios de socialización e interacción.

Cotidianidad

Aquellas relaciones, encuentros y circunstancias que se dan a diario, aquello que sucede todos los días, es la cotidianidad; con la monotonía, la rutina o la representatividad de una festividad, la cotidianidad se fundamenta en el ser en un lugar a través del tiempo, los barrios populares tienen una mayor relación con esta dimensión de los modos de habitar, en ellos la actividad es constante a diferencia de las ciudades dormitorio o de los conjuntos habitacionales cerrados, la vida en el barrio se da a toda hora, se da en las calles y se de en su casas, sucede a diario con cierta similitud pero sin que cada día sea igual, es bien conocida la frase “cada día trae su propio afán”.

¿Qué es lo que permea la cotidianidad?: las relaciones sociales vecinales, los medios de comunicación presentes todos los días en cada vivienda, el encuentro casual y los acontecimientos de la ciudad que repercuten en la vivienda. La dinámica de actividades del núcleo filial y las necesidades diarias construyen en los actos y acontecimientos de cada día: la cotidianidad. El morar se afianza en este hecho, reconoce en el barrio y el entorno, como el lugar donde este acto de todos sucede, la comunidad construye, moldea y reconoce por medio del relato diario elementos culturales comunes, que a pesar de ser “aparentemente heterogéneos” y/o producto de la diversidad de procedencia de las familias de las que se compone el barrio (población proveniente de distintas regiones de Colombia), sucede que en el tiempo se afianza el reconocimiento de una propia manera de ser en su entorno, así: “A pesar de esta aparente heterogeneidad, existe una referencia general, común en la que se circunscriben todos estos relatos: la cotidianidad.” (Muñoz Sonia, 1994:79)

La espacialidad doméstica como experiencia

La experiencia en la arquitectura es acercar a la arquitectura a su elemental razón de ser frente al “ser”, la experiencia en el espacio arquitectónico remite a diferentes variables que hacen que esta relación entre el objeto arquitectónico y el ser humano sea variable. ¿Qué pasa en el espacio doméstico?, ¿Existe algo que haga diferenciable la experiencia de la arquitectura doméstica, de la experiencia en otro tipo de arquitectura? Considerando lo expuesto en los apartados anteriores la espacialidad de lo doméstico contiene en su arquitectura una serie de experiencias que le son propias de su uso, por lo tanto diferenciables de toda la arquitectura como experiencia. ¿Qué es lo doméstico? En este caso lo entenderemos como todo el conjunto de seres vivos, acciones, objetos, espacios y relaciones, estrechamente conectados en la vida cotidiana de la casa, que han adquirido su condición por medio del morar en un lugar específico, a través de la relación diaria e íntima con el espacio de la casa.

Así, la experiencia del habitante en el espacio doméstico, concierne a la relación de su percepción con una serie de elementos que componen un universo cercano a la cotidianidad de su espacio más íntimo, lo que lleva a pensar que la experiencia de este tipo de arquitectura se le deba atribuir un mayor grado de lo simbólico en relación con la intimidad, con lo que concierne lo cercano a todos los días, en ese caso la arquitectura se convierte en el universo físico experimentado a diario y por ello pierde su condición de “sorprender”, a diferencia de una espacialidad como la de un museo o la de un edificio gubernamental u otros espacios que ofrece la ciudad, la espacialidad doméstica experimentada todos los días se percibe como usual y cotidiana, no deslumbra con su forma o interioridad porque de alguna manera el sujeto también es resultado de la domesticidad de su espacio más íntimo.

En la medida que el sujeto explora el entorno donde habita, y extiende su percepción en el territorio reconoce secciones de paisaje urbano, sectorial y barrial; lo interioriza por que le permiten ubicarse y referenciarse en el mundo donde vive. La casa y su espacialidad también es un espacio reconocido como elemento del paisaje urbano y como paisaje interior, el habitante entonces percibe y recrea un lugar doméstico, con la carga simbólica y de memoria inherentes a él, distinguible de los demás espacios domésticos (del vecino) por sus modos de habitar, diferenciados por las construcciones simbólicas de otras latitudes. “…ellos [los sectores populares] regresan simbólicamente al origen, pero sólo desde el imaginario de la ciudad (producción nacional, transnacional)” (Muñoz, 1994:95). De manera que la espacialidad doméstica y la experiencia de la misma permiten entre otras cosas la interiorización de la atmosfera o atmosferas que se recrean en el interior y que a diario están creando en la mente y el cuerpo de su habitante.



Memoria en la vida doméstica

Técnicamente; es la capacidad de recordar algo que sucedió cuyo significado perdura en el tiempo como un recuerdo; pero, ¿Que subyace en la memoria habitacional de la familia? el interrogante plantea comprender la memoria desde una dimensión socializada, lejos de ser un concepto que atañe a la individualidad y a la interiorización o psique humana, es un concepto ligado a el hecho del actuar del hombre dentro del núcleo básico social o grupo filial, de manera que se puede considerar el hablar de memoria cultural (hecho socializado) como aquella que resguarda para un núcleo social básico los “modos de hacer y habitar”, el conocimiento propio del objeto casa y el entendimiento de la ciudad como construcción cultural, donde: “La memoria cultural es un inmenso repertorio de imágenes, costumbres, valores, objetos y espacios” (Saldarriaga, 1988 :162), se instaura en la domesticidad y la vida diaria, configuran en cada habitante unas relaciones íntimas con el espacio mismo. Esta dimensión de construcción del conocimiento de cada habitante que comparte lazos profundos con su grupo familiar y su entorno cultural, se ha trasmitido socialmente en el territorio por varias generaciones y se construye en cada paso y en cada actuación en su entorno como lo menciona Saldarriaga: “La obra construida posee una dimensión de memoria más compleja que tiene que ver con su significado. Toda obra del pasado posee una significación múltiple que incluye su origen, su presente y todo aquello que ha sucedido entre el origen y el presente”. (Saldarriaga, 1988:162-163), esta significación múltiple se van trasformando en el tiempo de acuerdo a los cambios culturales propios de cada periodo histórico, la vivienda autoporducida es un objeto vivo en la memoria de su habitante, lo que explica su constante transformación y su apertura al cambio.



Los anhelos y los sueños, La “idea” de casa y la casa imaginada

Todo habitante o todo núcleo familiar tiene una expectativa de un lugar para hacer de él su morada, en esta prefiguración y deseo, reposan muchas formas de una posible vivienda, todas estas ideas cumplen y satisfacen necesidades que van más allá de la idea básica de un techo que proteja de la intemperie, en estas ideas, subyace aquello que es sublime para cada habitante y que cumple con las características anheladas de un lugar donde consolidar la vida cotidiana. Esta dimensión de lo doméstico considera el anhelo, la fuerza y la vehemencia del deseo (de aquello que no se tiene pero que podría conseguirse algún día), como algo que se convierte en una poderosa idea de cambio y que traza una línea ascendente de mejoramiento y restructuración constante del propio espacio doméstico. El “sueño” o la capacidad de recrear en la conciencia, una casa que aún no existe, en ocasiones con pocas posibilidades de realizarse, pareciera ser un término cadencioso, sin embargo el “sueño” se instaura en el habitante como un proceso de trasformación que refuerza el anhelo. Esta fuerza trasformadora deja en claro no se puede afirmar que el estado de una vivienda (sea cual sea en el momento que se estudie), es su estado final, porque detrás de lo aparente y de su realidad física, se develan las ideas de una casa que podría llegar ser, y esta idea vive y perdura en el habitante y en lo que él o ellos determinen como representativo y fundamental en cada tiempo.

El otro componente de la idea de casa o de lo que se quiere lograr como lugar para vivir tiene que ver con el hecho socializado de lo que se busca como solución espacial: “La complejidad de la obra creada por la cultura constructiva popular, revela que las fases del proceso de consolidación no representan categorías estáticas y su desarrollo obedece más a los proyectos familiares que a la evolución técnica y racional del proceso de construcción.” (Rosas Meza, 2009:84) y en esta actividad de cambio constante el grupo filial es que determina el cambio, lejos de ser una serie de etapas planeadas como desarrollo progresivo la casa se construye bajo la dinámica de las ideas que se tenga para concretarla.

Simbolización y afecto

La casa, el “lugar” donde un grupo social encuentra cohesión, espacio de reunión, reconocimiento como grupo social básico, diferenciación con los otros, memoria y estructuración simbólica cargada de sentido en el día a día, es también el escenario donde emergen sentimientos de apego, expresiones como: “extraño mi casa” o “me hace falta mi cama” son muy comunes y dan cuenta de esa sensación de tener un lugar en el mundo, donde se encuentra un orden propio y perteneciente al individuo. También da cuenta del tiempo que se ha pasado en la casa y del que se piensa pasar en el futuro, en ese lugar donde se habita, de manera que los objetos y los espacios entra a ser parte de la referencia de apego e interiorización son cercanos y pertenecientes al ritmo que adquiere la vida, “La vivienda puede dar cuenta de los ritmos temporales de la Familia, de su memoria larga, de elementos del pasado que se mantienen, Así como los cambios y transformaciones de los elementos de la cultura.” (Ontiveros, 2015: 521 522). En nuestras casas vemos objetos que han acompañado nuestra familia desde hace mucho tiempo, aún sentimos aprecio por ellos, por lo que han significado y por lo que le atribuimos para preservar la memoria de nuestro existir en familia, u objetos que nos han acompañado a lo largo de nuestra vida y que sin duda son vínculos con el pasado.



REFLEXIONES FINALES

Lo anterior lleva a pensar en que seguir entendiendo el fenómeno de la producción de vivienda en una ciudad en el sentido reduccionista de enfrentar lo formal” y lo “informal” es pronunciar la segregación desde el discurso académico, la construcción cultural de la ciudad, del barrio y de la casa lo podemos ver como el resultado de diversas expresiones arquitectónicas y la sobre posición de diferentes temporalidades y formas de entender la espacialidad doméstica del lugar, en consecuencia la contemporaneidad de un barrio popular como el Berlín de la ciudad de Cali es el resultado de la expresión constante de la materialización de diferentes tiempos. No es extraño que en una casa ya consolidada exista una tendencia al cambio, al embellecimiento de la fachada, el cambio de colores, la adecuación de la terraza (para las fiestas de la familia) y a muchas otras variaciones que no obedecen a una lógica funcional o mercantil de la vivienda.

En ningún momento se trata de magnificar o sobrevalorar la expresión de la arquitectura popular, se comprende que es parte del fenómeno general de la expresión arquitectónica y en este sentido existe una diferencia clara entre lo popular (común) y lo refinado (especial) sin que el entendimiento del fenómeno signifique un deslinde entra las dos expresiones, cuando la ciudad es el escenario de diferentes manifestaciones y materializaciones que en conjunto conforman el paisaje reconocible de cada territorio urbanizado, cada día con mayor variedad.Todos los conceptos expuestos configuran un modelo cíclico de la construcción del habitar cuyo eje central es el ser humano como el “habitante del lugar” y su realización en el marco de la espacialidad doméstica. El lenguaje arquitectónico y la expresión arquitectónica actúan como una construcción cultural única, donde los dos conceptos están estableciendo una construcción constante en base a una relación dialéctica del campo abstracto del conocimiento y del campo físico.

El campo físico condiciona muchas de las formas de usar y habitar en el espacio doméstico, establece una relación con el habitante que se da en el uso del objeto arquitectónico a diario, así se configuran unos modos de habitar que pueden ser variados para cada grupo filial y pueden tener mayores variaciones según el territorio o región, estos modos influyen directamente sobre lo que el habitante considera como su universo doméstico, establece una serie de determinantes donde se enmarca la percepción y experiencia de su propia concepción de espacio y lugar en el mundo, el plano del habitar más ligado a la interiorización de la realidad física del entorno construido, este plano es fundamental para la determinación de un lenguaje arquitectónico reconocido en la experiencia propia del espacio doméstico, el lenguaje entonces creado tiene la condición de haber nacido en el fundamental acto del “hacer” la arquitectura. Y del lenguaje se plantea nuevamente esta dialéctica con el objeto y el ciclo vuelve a comenzar, como comienza el día en cada casa del barrio Berlín, así, en el simple acto de todos los días.

A simple vista, el desorden del lenguaje arquitectónico que se aprecia en el paisaje urbano de la ciudad autoconstruida es una serie de formas aparentemente arbitrarias, pero no lo son, cuando se comprende su relación instaurada en el hacer, esto que parece desarticulado y caótico, ya no lo es, están argumentados por la experiencia en la espacialidad doméstica dada en la cotidianidad que coincide con lo materializado, esto también corrobora el planteamiento de Bruno Zevi frente al lenguaje y la expresión arquitectónica, explicando que es posible una arquitectura que no sea hecha por arquitectos, sino por sus mismos usuarios, pero más aún, Zevi dice, hay una “arquitectura sin edificios” (Zevi,1999), refiriéndose a que la arquitectura puede prescindir de la materialización en tanto se construye como necesidad de uso de los habitantes. En últimas, es la referencia directa a la construcción de un lenguaje arquitectónico, de un plano abstracto donde surge la idea transformadora del espacio.

BIBLIOGRAFÍA:

Saldarriaga, Alberto (1988) Arquitectura para todos los días. La práctica cultural de la arquitectura. Bogotá, Colombia. Ed: Universidad Nacional de Colombia. ISBN 958-17-0049-8.

Muñoz, Sonia (1994). Barrio e identidad. Comunicación cotidiana entre mujeres de un barrio popular. México: Editorial Trillas. S.A.

Zevi Bruno (1999) Leer, escribir, hablar arquitectura. España. Ed Tesys. ISBN: 84-455-0187-9.

Rosas Meza, Iris (2009) La cultura constructiva informal y la transformación de los barrios caraqueños. En: Revista Bitácora, Vol 15, Dossier central, Jul- Dic del 2009. (Pág: 79 – 88). Sede Bogotá. Bogotá-Colombia. Ed. Universidad Nacional de Colombia.

Ontiveros, Teresa (2015) La casa de barrio. Su forma y expresión. Una aproximación desde la Etnoarquitectura. En: Ciudades en construcción permanente ¿Destino de casas para todos?, Volumen II, marzo 2015. (Pág. 517-546) Quito–Ecuador. Ed. Abya–Yala. ISBN: 978-9942-09-265-6





1 Bruno Zevi. Arquitecto, teórico e historiador de la arquitectura moderna.

2 Recursos como: lenguaje arquitectónico, tecnológicos, económicos, sociales entre otros.



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