Clase I de Complejo de Edipo (reflexiones parciales )



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Clase I de Complejo de Edipo (reflexiones parciales )

Y. Zárate


El Complejo abordado como una teoría fundada en el amor y odio; y como un instrumento mental fundamental para pensar: [referido a la observación, registro, nominación, conceptualización (signo, simbolización, y su interrelación, teorías)]
El Complejo de Edipo alude a un conflicto “sexual” correspondiente a la fase fálica (fundada en una fantasía de amor y odio) y a la entrada del niño a otro orden simbólico, (del saber). Tenemos dos dimensiones existenciales en juego el hombre y la mujer en su dimensión somática y mental. Hombre equivalente representacional a lo masculino= potencia, vigor, penetración y profundidad. Y Mujer equivalente a femineidad= maternidad, receptividad. Y ambos términos se vinculan entre sí; cuando el vínculo tiene el potencial para crear, genera vida, es fértil, pero también el vínculo puede conducir a la destrucción y a la impotencia de ambos términos. Este vínculo que alude a la cópula y a la gestación de hijos, en lo abstracto equivale a cualquier tipo de creación mental (pensar y crear teorías, obras de arte,etc,,), que se inicia con el interés del niño por elaborar su teoría personal respecto a sus padres y su lugar y va avanzando de un conocimiento a otro en el mundo del sentir, del pensar y del ser, de sí mismo y de otros humanos. (corresponde al aprendizaje por la experiencia que se inician con la observación, la experiencia de vida, que se representa por signos, luego símbolos que manipulamos y organizamos mentalmente). Por esta línea de pensamiento podríamos desembocar en el diseño de un mapa mental en cuanto a relaciones humanas (objetales).. El instrumento para realizar este viaje del conocimiento es el Edipo.
Si lo observamos desde la perspectiva de la teoría de Klein, la entrada a la capacidad de simbolización es la posición depresiva caracterizada por una determinada forma de relación con los objetos, defensas y fantasías (imaginarias vinculadas a la pulsión y la frustración o privación de satisfacción), que marca la distinción del sujeto y el otro (ya se ha constituido como sujeto a partir del otro) como objetos totales, y la conciencia de la potencialidad que tiene de dañar al objeto que ama y que puede perderlo, es aquí que podemos decir que el Edipo de Freud y Klein son equivalentes. El amor que circula se fundamenta en la ambivalencia y hay una preocupación por el objeto y culpa por dañarlo, ya hay una moral instalada y un yo conciente y responsable de sus actos; a diferencia de la fase previa a la edípica que se caracteriza por vínculos con objetos parciales y los afectos que circulan entre objetos son más extremos (se desea poseer omnipotentemente, dominar, ambicionar, incorporar) : se idealiza al objeto (en el sentido positivo o negativo: Dios o Demonio) y su amor se corresponde a un amor idealizado de fusión con escasa claridad de separación de yo-no yo /o de aplacamiento del objeto amenazante. El sujeto aun no se reconoce como una entidad separada del todo del objeto por lo mismo sus relaciones son duales, en pares fusionales o escindidas en espejo: omnipotencia/impotencia; independencia o dependencia extrema; Dios o demonio,.dios e insignificancia; etc El amor tiene la connotación de necesidad de sobrevivencia. Para luego pasar a un orden simbólico distinto al que se juega en esta posición previa a la edípica. Esta evolución o pase tiene que ver más con madurez y sostén emocional (yo integrado, capacidad de manejarse con representaciones, porque ha ocurrido un cambio en los procesos cognitivos experienciales, (Piaget: sensoriomotriz-operacional- abstracción), que permite que el proceso de simbolización pase de lo transductivo a lo deductivo/inductivo.
Recapitulando, esencialmente, el Edipo consiste en que el niño se enamora de su madre y rivaliza con el padre por poseerla a ella, lo que implica odiar al padre con deseo de matarlo. Y su contraparte en la niña que mas adelante detallaremos. La observación ha permitido ver que el Edipo es también de los padres hacia los hijos. Las combinaciones de acción (deseo) y reacción (ante la castración) que se manifiestan en la individualidad frente al complejo de Edipo y su significación como trauma (para el sujeto, donde se juega lo ontogenético y la respuesta del ambiente) es diversa. Una de las salidas fallidas, es cuando el sujeto ante su intensidad y magnitud pulsional reflejada en el drama imaginario, anula activamente (la separación del objeto), el vacío que representa la castración (en el sentido general del complejo de castración: ya el destete, y el control de esfínteres, reflejan la introducción de la ley que norma la satisfacción de la pulsión parcial: que implica una negociación de la precaria psique en formación con la satisfacción del deseo y la norma de este ). Lo que quiere decir, que el espacio o sitio que el objeto primario de vinculación (madre) primario, y/o su representación (homeomórfica) no es sustituido por un representante heteromórfico. Es decir, no hay representante simbólico (metáfora) que ocupe ese sitio. Este defecto depende de la fuerza traumática con que vive el sujeto la noción de separación del objeto del deseo primario y con que se defiende; o de la fuerza del deseo de la madre de mantener la dependencia con el sujeto.
En resumen, el pase de lo concreto operacional a la representación simbólica requiere una madurez y una identificación primaria con el objeto que sostiene y traduce lo que se vive como traumático doloroso. (pues significa lo desconocido e incierto para una mente en formación). Como vemos, hay diferentes tipos de simbolización, lo simbólico primario, homeomórfico (lógica transductiva) y lo simbólico (deductiva//inductiva) y tienen una función diferencial. La entrada al orden simbólico (deductivo/inductivo; heteromórfica) diferencia a las patologías (por presencia o ausencia de la llegada o no al orden simbólico) y nos describe la organizaciones intersubjetivas.

Las descripciones pueden ser por defectos (filo u onto genéticos) de la estructura, o por fallas en el establecimiento de l vinculo primario, -que en el mejor de los casos es el que por identificación sienta las bases para pensar lo que está “siendo, o sucediendo”- que conduce a erradicar el dolor que produce no entender lo que se está sintiendo.

El Edipo implica una interacción subjetiva entre tres objetos totales (padre-madre-hijo) y un circulante actualizado en la fase fálica (el falo), [que se desea poseer: adquiriendo varias representaciones en la sucesión de desplazamientos, por medio del cual se vinculan los objetos. En la fase previa a la edípica los representantes simbólicos pueden ser transductivos, una cosa sustituye a otra, una parte por otra parte como ocurre en la ecuación simbólica: falo=pene violin; o hijo=rata=pez=cualquier mascota peluda. Como se ve, aquello que se vive como falta, vacío, el sujeto por lo general lo hace presente por medio del orden simbólico, uno de los problemas es cuando ante esta marca no hay nada que advenga para llenarlo. Y si aunamos esto a cómo circula el deseo y sus representaciones, encontramos que en este punto se corta el puente entre lo previo edípico (su deseo de ser lo que la madre desea para completarla) y el deseo edípico que amenaza su integridad corporal y restablece el vacío del deseo de la madre, la función del padre en todo este drama y el hijo que en un primer momento puede no tener el puente comunicacional para metaforizar el vacío que se le despierta. ¿Podríamos decir que algo pasa con la relación del hijo con la función del padre?. Es decir, la madre tiene participación en esta problemática, tiene internalizada la función del padre para que advenga éste en su función y permita que el hijo renuncie al objeto de amor sin tanto trauma y le quede la esperanza restauradora que en el futuro cuando crezca tendrá acceso a lo que el padre tiene con la madre? Y qué pasa cuando en la realidad el hijo ante los conflictos que vive con los padres, siente que no desea aquello que la promesa ofrece?

En el varón:

Triangulo edipico y la amenaza de castración detona el interjuego edípico con sus valoraciones narcisistas y de amor objetal. Cada integrante juega inconscientemente su posición (pero esta posición no es fija, ya que tenemos padre=hijo=hombre; masculino/femenino=pasivo/activo, ambivalencia= amor-odio hacia…; self/objeto=partes del self/objeto, en reflejo; saber/no saber= límite/ilimitado=omnipotente/impotente; etc), en la vinculación con el hijo y reacciona ante el sitio vacío que deja por momento la dinámica del triángulo. Se activan las defensas primarias con la que cada integrante jugó su propio Edipo y castración; y la búsqueda de la satisfacción del deseo o de proveerse un estado placentero y huir de lo displacentero. Entonces tenemos como ejemplo: padre y madre forman una díada placentera que puede satisfacer el deseo (en parte, porque cada uno tiene múltiples representaciones de este); la entrada de un hijo afecta esta cópula placentera y se dan otras vinculaciones; niño/madre=padre excluido de esta díada; padre se siente afectado de esta exclusión, lo hace sentirse igual a cuando él era niño excluido del comercio erótico de los padres=el misterio nunca resuelto para un hijo: que se intercambian los padres? Pero se fantasea como algo extremadamente placentero: El padre entonces busca formar parejas con el hijo y excluir a la madre= padre y madre en rivalidad competitiva con el hijo; Esto puede llevar a conflictos familiares donde el hijo se encuentra en una posición privilegiada, pues se ha transformado en el falo que ambos padres quieren poseer.

Este interjuego de exclusiones y díadas placenteras puede repetirse circularmente y en ocasiones cuando se queda fijado a uno de los representante, el excluido busca en otro triangulo lo que no logró obtener en el original. O se queda fijado al placer narcisista edipico de la masturbación y eso tiene una connotación fálica. Aquí vemos que cada integrante adulto ha sufrido una regresión a su Edipo y vive las situaciones actuales con la misma configuración (de defensas y fantasías) de cuando era pequeño.

La posible salida es que todos los integrantes asuman la castración y no se den interjuegos de poder que aun muestran la persistencia narcisista sobre la edípica.
Qué vamos a observar para describir un complejo de Edipo?
.- La organización familiar para el momento de la gestación y nacimiento: Los estados anímicos y la personalidad de la madre.

.- La gestación mental de la madre y su deseo; (es satisfecho por el padre (reconoce que la satisfacción de su deseo está más allá del hijo) o en su psique ella aun desea que el hijo por venir, venga a cumplir una función edípica (de completad narcisista que obtura la castración?) Es decir, el hijo se vive como separado de ella o es una posesión-regalo edípico dentro de su ecuación?

.- La madre le otorga el lugar o sitio que le corresponde al padre, o su ley tiene más potencia que la Ley que debe instaurar el padre (como representante de una Ley que lo norma a él también). En otras palabras, el padre y su función tiene un lugar (sitio) en la dinámica entre madre e hijo. ¿Se reconoce la ausencia/ como sitio de la función del padre/ como representante simbólico de lo fálico? Y bajo estas premisas la ausencia se llenará con qué? con una presencia (alucinada del deseo?). Es necesario obturarla, llenarla, o asumirla la ausencia?. Ausencia=vacío= falta= límite=castración.

.- Los interjuegos de posiciones, referido a lo que en supra se mencionó a las posiciones no fijas.


Hasta aquí por hoy… Espero que estas reflexiones les ayuden a pensar el Edipo.

Gracias


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