Ciencias de la comunicacióN



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CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN”, PARADIGMA DEL SIGLO XX ?

Sobre la especificidad y la identidad de las “ciencias de la comunicación”

De “La trama invisible de la vida social: comunicación, sentido y realidad”. Libro, Introducción, en prensa.

(ALAIC2002, comisión teoría y metodología).-



Eduardo A. Vizer (UBA): Doctor en Sociología. Profesor Titular Regular de la Cátedra Promoción Comunitaria, y del taller de Comunicación Comunitaria. Coordinador del proyecto y 1er. Director de la carrera de Ciencias de la Comunicación, Universidad de Buenos Aires.
e-mail: evizer@yahoo.com

Intendente Aphalo 194, CP 1642

San Isidro. Buenos Aires. Argentina. 011-4723-5507
Keywords: Construcción social; imaginarios sociales; comunicación-posmodernidad.
Abstract: La Modernidad es una categoría histórica. Una construcción de imaginarios sociales, asociados a una historia social de las ciencias y los modos de construír conocimiento, tecnología y poder de intervención sobre la “realidad”. Categorías como naturaleza, sociedad, individuo y subjetividad son construcciones sociales asociadas a diferentes etapas de las ciencias: físiconaturales, sociales y psicológicas. En este contexto, las “ciencias de la comunicación” se constituyen en el imaginario social del siglo XX, en un paradigma marcado por la transdisciplinariedad y la transsubjetividad.

INTRODUCCIÓN.-
Los ciencias sociales parecen tener grandes dificultades teóricas al enfrentar las crisis de transformación de la sociedad moderna. Desde un positivismo siempre resistente se mantiene la exigencia por los hechos empíricos y la cuantificación, aún entre quienes sostienen posiciones críticas. Así que es perfectamente válido y enriquecedor proponer a las “ciencias de la comunicación” como intento de rastrear claves -generalmente ocultas- que ayuden a la construcción de modelos y estrategias interpretativas sobre realidades vividas como “mundo de la vida”, a las que la Fenomenología de Hüsserl y el pensamiento social alemán denominaron “Lebenswelt”.
Ahora bien, como todo conocimiento científico se construye a través de la objetivación y del recorte de un dominio de "realidad" (de hechos, de acontecimientos, de realidades naturales, sociales, o psíquicas), el problema epistemológico fundamental radica en definir cómo concebimos y cómo abordamos teórica y prácticamente ese “oscuro objeto del deseo (de conocimiento)” que llamamos comunicación. Esta es la problemática de una epistemología histórica tratada en el presente trabajo. Se presenta a la comunicación, como una fase contemporánea dentro de la historia de la construcción histórica, social y epistemológica de las ciencias sociales, así como de la formación de sus objetos de conocimiento. Y al método interpretativo y la investigación acción como estrategias fundamentales para articular la producción de conocimiento con la intervención social.

LAS CREENCIAS Y LA VIDA SOCIAL.-

El tema central del trabajo se puede describir como el análisis de los procesos y la historia de la formación de creencias y certezas en el mundo de la vida social. Se refiere a la constitución de sentido -y en especial de los "sentidos de realidad"- a partir de los cuales se fundamentan las creencias que aseguran la construcción de la vida y los lazos sociales, tanto por parte de los individuos como las comunidades. Las "realidades" humanas, por mas complejas y cambiantes que sean, son construidas por los hombres (y las mujeres). Pero a diferencia de los animales, los hombres precisan atribuir sentido y valor a la mayoría de sus acciones, en especial cuando se ven obligados a observar e interpretar una situación, a elegir entre alternativas, y a decidir entre ellas (aunque se debe aclarar que este proceso no es solo "consciente y racional" en el sentido que le atribuye una teoría sobre el comportamiento económico de la gente; y hace tres siglos atrás, Pascal lo sintetizó vívidamente: "el corazón tiene razones que la razón no comprende"). Las acciones de los individuos en sociedad no son aleatorias, pero tampoco predeterminadas: la propia cultura produce los códigos que regulan las creencias y las prácticas que hacen posible la vida en sociedad. En el interjuego entre las experiencias vividas, las creencias y las acciones se produce el sentido, y si éste proceso se establece en forma eficaz y sólida en la vida cotidiana (o sea, si se instituye), genera las certezas y las certidumbres que a su vez fortalecen y legitiman a las instituciones, en el proceso de reconocimiento que hacen los sujetos. En términos clásicos para las ciencias sociales, podemos decir que las creencias, así como el lenguaje, los relatos y las metáforas sobre las que se fundan, corresponden al ámbito de la cultura; las acciones -en tanto praxis-, corresponden al ámbito de la sociedad y de los actores sociales. Y por último, en el mundo de la vida (Lebenswelt), son los individuos en sus interacciones mutuas, y en sus reconocimientos, los que articulan las relaciones que "instituyen una realidad", y recrean los contextos sociales: las acciones con creencias, significados, sentidos y certezas (1). Es el triángulo también clásico: cultura, individuo y sociedad.


Las "realidades" que estudian los científicos sociales, no siempre coinciden con éstas realidades de la "vida social" que viven los hombres. Las ciencias construyen sus objetos de estudio, y los investigadores elaboran sus argumentaciones y sus certezas por medio de la teoría, del lenguaje, y de la práctica metódica de la investigación en sus disciplinas. Y éstas interpretan y describen las realidades, pero también las construyen. Por esto es importante explorar posibles modos de establecer puentes entre las "diferentes" realidades: las de los científicos y las que construyen y llenan de sentido los hombres, las sociedades y la cultura en sus diferentes mundos de la vida. Los seres humanos (incluyendo a los científicos, claro está) no podríamos vivir sin ciertas certidumbres (relaciones previsibles entre signos, significados y realidades): certidumbres sobre el mundo material, sobre nuestros vínculos humanos, sobre nosotros mismos, sobre la cultura y el lenguaje, y en especial sobre el futuro. Sin embargo, en las complejas sociedades modernas, la vida social no se construye sobre los acuerdos y las armonías, sino sobre todo a través de reglas que regulan el conflicto y la lucha por el control y la imposición de diferentes -y a veces opuestas- definiciones sobre los significados, los derechos, los valores y las necesidades.
Como en el famoso cuento "Alicia en el país de las maravillas", no importa tanto cuál es la "verdad", sino quien la afirma. La sociedad puede ser vista como un sistema de controles y regulaciones, pero también como una praxis de actores sociales que luchan y forman alianzas para acceder al control de los recursos del propio sistema. Recursos -o capital que pueden ser físicos, estructurales, sociales, culturales, de conocimiento y aún emocionales. No siempre quienes controlan instituciones y "dominios" de la realidad social (hablando metafóricamente sobre el poder de ciertas instituciones y grupos para definir una realidad por medio de las creencias y el control de los recursos), controlan en forma hegemónica los significados y la formación de sentidos. Las instituciones políticas y económicas por un lado, y las religiones por el otro -y en especial la iglesia católica-, han lidiado durante muchos siglos por sus respectivas hegemonías sobre la producción y la reproducción de la vida social (en la forma de la praxis de producción de la sociedad por un lado, y de su re-producción fundada en las construcciones de sentido). Toda la Edad Media lleva el sello de ésta división dual de influencias entre el poder terrenal y un poder celestial, entre el mundo de la necesidad y el reino de Dios. Entre el mundo del trabajo y de la lucha terrenal por un lado (o sea, de los campesinos y de los señores), y por el otro el reino de la fé (la palabra, el sentido, y la liberación del alma). Pero el equilibrio histórico se ha quebrado: a partir de la Modernidad tardía, la ciencia y la tecnología han transformado las lógicas de ambos procesos, y esto significa que nuestros mundos de la vida ya nunca serán los mismos. La asociación entre ciencia, tecnología, la economía y el poder, subvierten constantemente lo que entendemos por realidad, y por consiguiente se han vaciado los viejos universos de sentido y nuestras certezas asociadas a ellas. Precisamos de nuevas metáforas capaces de generar sentido de orientación hacia nuevas formas de praxis social.
A pesar de la crisis de sentido, y de la "crisis de valores", las comunidades siguen "construyendo sus realidades" en el espacio y en el tiempo. No hay "fin de la historia", solo un corrimiento en la formación del sentido y nuevas búsquedas que se abren: en la cultura, en la sociedad y en la subjetividad de los sujetos. Y esta búsqueda toma la forma del proverbio africano "el que no sabe adónde se dirige, que no olvide de donde viene". La historia -que siempre vuelve y se reescribe- no es solamente la búsqueda de los hechos del pasado, sino la búsqueda de los significados, la exploración de un sendero recorrido, la interpretación de los proyectos que guiaron a los actores que lo transitaron. La historia política investiga sobre los proyectos y las acciones de los grandes actores sociales; la historia social intenta recrear los mundos de la vida, las realidades y los sentidos de los "pequeños actores". Por último, la historia intelectual intenta "deconstruir" el origen y la formación de las claves y las categorías por medio de las cuales nuestros antepasados buscaron interpretar y construir sentidos, palabras y argumentos sobre la propia realidad.


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