Ceremonia de conmemoración del “DÍa del juez” en el distrito judicial de amazonas



Descargar 29,59 Kb.
Fecha de conversión21.08.2017
Tamaño29,59 Kb.
CEREMONIA DE CONMEMORACIÓN DEL “DÍA DEL JUEZ” EN EL DISTRITO JUDICIAL DE AMAZONAS
Señor……………………………….

Es para mi, motivo de profunda satisfacción y orgullo, haber sido designada para dirigir este mensaje en una fecha de gran significado para quienes tenemos el alto honor y responsabilidad de ejercer la magistratura en esta hermosa y cálida tierra; por tal motivo, vaya mi saludo y homenaje a todos y a cada uno de los jueces honestos y valientes del Perú a quienes expreso un abrazo fraterno y sincero, en reconocimiento al indesmallable trabajo que día a día realizan, algunos, en condiciones humanas y materiales por demás adversas como son especialmente los jueces de paz que laboran en verdadero servicio a su comunidad, prestan un apoyo evidente a la labor jurisdiccional y son los abanderados de la cultura de paz y del acercamiento de la justicia al pueblo pese a las condiciones precarias y muchas veces alejadas de las vías de acceso en localidades donde les toca desempeñarse, y sin embargo, en un clima de conciliación evitan el mayor incremento de la carga procesal.


Es innegable el carácter de prestación de servicio que supone la impartición de justicia en un Estado Constitucional de Derecho, por eso nuestro compromiso con el trabajo judicial está lejos de mostrarse con fórmulas retóricas e impostadas, sino con hechos concretos, compromisos sinceros y cambios de actitud asumidos en la práctica cotidiana. Es esa la razón porque ésta fecha representa una oportunidad para efectuar un ejercicio reflexivo acerca de nuestra práctica judicial, para luchar por mejorar el servicio de justicia que se imparte y elevar los niveles de credibilidad de la ciudadanía en el Poder Judicial.
Muchos son los temas en debate que reclaman del rol protector y garantizador del Poder Judicial en la persona humana, pero siempre es la justicia eficiente y la defensa de los derechos humanos los que deben impulsar el trabajo de los jueces; quienes participamos de este proyecto estamos convencidos que requerimos de involucrarnos y contribuir decididamente todos los ciudadanos que anhelamos una sociedad en paz, tendiendo puentes de comunicación y entendimiento con la sociedad pues asumimos que por esencia la justicia es un servicio público, y reafirmamos el compromiso de seguir trabajando para cumplir los objetivos trazados, sin dejar de contar con grandes colaboradores del trabajo judicial de nuestra institución, los trabajadores, en quienes vemos implicados también el cambio de actitud en su proyección a la sociedad, reforzado por su creciente interés en capacitarse cada vez más en sus conocimientos del derecho.
Vemos una labor por la realización de una judicatura democrática, horizontal, distante de poses señoriales y nobiliarias, un cambio de actitud que no solo supone la capacitación académica de nuestros jueces, que en un momento determinado aparecía como uno de los rasgos más importantes en un proceso de reforma, sino que el aspecto jurídico supone necesariamente imparcialidad, independencia, transparencia, vocación de justicia y un compromiso constitucional con la construcción de una democracia al interior de nuestra institución y en su apoyo al desarrollo de la comunidad; pues no basta conocer la ley para impartir justicia, sino que necesitamos saber juzgar, evaluar los hechos y calcular razonablemente la sanción; como lo señalaba sabiamente Aristóteles, para hacer justicia hay que evitar dejarse arrastrar por los impulsos y por las pasiones y evitar tanto el exceso como el defecto.
La democracia en el Poder Judicial es un régimen que no admite valores ni consideraciones absolutas por el único hecho de ser juez; percepciones absolutas de una legitimidad inmanente por cierto muy comunes, que por un extraño proceso psicológico obnubila a algunos magistrados, los que asumen la idea despótica de que una ubicación burocrática en un nivel preferente los convierte en seres cualitativamente distintos, ética y cognitivamente superiores, eso no es práctica democrática; y curiosamente esa concepción va de la mano con prácticas formalistas que consideran satisfacer el servicio de justicia con un rigorismo formal extremo, formulismos que anquilosan, y son causantes de moras que distorsionan el sentido de una justicia democrática. Ciertamente, somos pensados, y lamentablemente muchos de nosotros nos concebimos, como repetidores y reproductores de un estado inamovible de cosas, temerosos del cambio y de la transformación, fieles modelos de jueces mantenedores del sistema social, reproductores de viejas y seculares prácticas formales que debemos desterrar, pues vivimos en tiempos de grandes cambios y en este tercer milenio se exige que los magistrados asuman los retos y resuelvan los nuevos problemas en la línea de la construcción de un Estado Constitucional de Derecho.
Nosotros, los jueces, hemos sido colocados en el centro de la escena social, es por tanto, urgente ajustarnos a este nuevo paradigma constitucional. La necesidad de una profunda reforma es inaplazable; pero ésta ineludiblemente pasa por comprometer una voluntad reformadora de nosotros mismos, que tenga como sostén el Estado Constitucional como instrumento del cambio social, y así convertirnos en verdaderos artífices de un real proceso de reforma, que nos permita construir un Poder Judicial Democrático. Asistimos a una coyuntura histórica: el tránsito del Estado de Derecho al Estado Constitucional, en el que las leyes se subordinan a los principios constitucionales y los jueces también, éste es un contexto que determina un nuevo paradigma, una nueva reubicación del juez tanto ideológica como funcional.
Históricamente el Día del Juez fue instaurado en el Perú por Decreto Ley Nº 18918 del año 1971, en que se instituyó el 04 de agosto como el Día del Juez; en su Art. 2° se señala que las Cortes realicen sesiones destinadas a rememorar la obra de magistrados peruanos, que hayan contribuido a la recta administración de justicia, al progreso de la cultura jurídica del país y la evolución social, política y económica de la República; es por eso que voy a referirme a un icono de nuestro Poder judicial, que marcó distinción entre todos los integrantes de nuestra Corte Suprema de Justicia por su sencillez, convicción en su creencia y en la justicia social, recto y disciplinado, que no se amilana ante ninguna circunstancia adversa, este personaje es el Dr. Cesar Eugenio San Martín Castro.
El Dr. San Martín, es ya una figura emblemática de nuestro nuevo sistema judicial, es un hombre con grandes cualidades, estudioso, inteligente pero modesto, muy didáctico al hablar, pero sobre todo es justo y valiente; penalista, magistrado, profesor universitario, ya ha escrito su nombre para el porvenir como un ejemplar Juez de estos tiempos, como un modelo de valentía, independencia e imparcialidad expresada especialmente en su actuación como Vocal Supremo y en la calidad de sus sentencias; ha logrado en mucho el cambio de mentalidad que se tiene sobre la justicia, y el reconocimiento de que no todo es corrupción en nuestro país, que contra lo que con ligereza pueda decirse, existen muchas personas que guardamos el firme propósito de levantar la imagen de nuestro Poder Judicial, y pretendemos imponer la defensa del Estado de Derecho, haciendo respetar los valores, garantías y derechos que protegen a los ciudadanos que acuden en pos de justicia a los tribunales; es así que tales excelsas virtudes en un magistrado la encontramos en este Juez ejemplar que tomamos como símbolo y al que contamos con la suerte de tenerlo aún entre nosotros para seguir aprendiendo de él, pero que por sus insignes cualidades estamos seguros desde ya que pasará a la posteridad como modelo de un verdadero Juez; y decir con convicción que sí tenemos jueces dignos como prototipo de esta época actual, pese a todas las vicisitudes que debe trasuntar un magistrado honesto y algunas veces injustamente vilipendiado; y que estamos convencidos que existen muchos otros jueces como él, pero que en su persona es necesario rendir un merecido homenaje como un ejemplo del Juez que queremos ser.

Nacido en Lima el 30 de diciembre de 1955, César Eugenio San Martín Castro destacó como estudiante de derecho de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En las aulas se convirtió en el alumno predilecto del reputado penalista José Hurtado Pozo, quien reveló sus cualidades para administrar justicia y dictar cátedra.

Se inició como practicante en el Poder Judicial, llegando a obtener el cargo de relator de la Sala Civil de la Corte Superior del Callao del año 1979 a 1981, a continuación fue designado Juez de Paz Letrado del Vigésimo Juzgado de Instrucción de Lima, seguidamente fue nombrado titular del vigésimo primer Juzgado Penal del mismo Distrito Judicial, después Vocal Superior de Lima, y actualmente es Vocal de la Corte Suprema de Justicia de la República. Paralelamente, enseña en la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde comenzó como asistente hasta conseguir la titularidad como catedrático, tiene diversos estudios de derecho y variadas publicaciones especialmente en el campo penal donde siempre ha destacado.

César Eugenio San Martín Castro, ha sido siempre un lector insaciable, con especial predilección por la filosofía, y el derecho penal, también aficionado al fútbol en su época de estudiante Sanmarquino, llegando a vestir la camiseta de su Universidad, ahí conoció a la que luego sería su esposa, la también abogada María del Rosario Escudero, con quien tiene dos hijos varones, y como Jueza sufrió un ataque terrorista que casi le cuesta la vida.

Laboró como abogado asociado y después como socio del Estudio Benites, De las Casas, Forno y Ugaz, donde estuvo a cargo de importantes casos; en los años 80, formó parte del Instituto Justicia y Cambio, que se propuso la reforma del Poder Judicial y la lucha contra la corrupción, entre sus integrantes se contaban juristas de prestigio, como Carlos Ernesto Giusti Acuña – fallecido durante el rescate de la residencia del embajador japonés, Clodomiro Chávez, Felipe Villavicencio, Jorge Pacheco y Luis Vargas Valdivia.

Los momentos más duros que enfrentó San Martín Castro han sido los que le tocó vivir durante la nefasta época subversiva de nuestro país, estando asumiendo la presidencia de la Sala de Terrorismo de la Corte Superior de Lima, tenía sobre si el peso de la subversión por la severidad con que aplicaba la ley, y al mismo tiempo resistió la desconfianza del cuerpo militar y policial porque con la valentía poco común de aquel tiempo, absolvía a los inocentes cuando contra ellos no había pruebas de la imputación o se determinaba la fabricación de evidencias; así tenemos como uno de aquellos casos recordados, el haber declarado fundado un hábeas corpus a favor de un sacerdote ilegalmente detenido por la policía antiterrorista, que le atribuía pertenecer a una agrupación sediciosa sindicándolo como colaborador, por haberlo intervenido en su casa después de dinamitada por los terroristas; una vez que hubo analizado el caso, valerosamente, en un momento en que el país reclamaba mano dura contra el terrorismo, no dudó en otorgar el hábeas corpus al sacerdote, pero se ganó una denuncia por delito de Prevaricato interpuesta por el Ministro del Interior a fines del gobierno aprista de aquél entonces, que afortunadamente fue desestimada porque había actuado conforme a ley.

El año 2004 ingresa como Vocal Titular de la Corte Suprema de la República, y por cosas de la vida judicial le ha tocado juzgar al ex presidente de la República Alberto Fujimori Fujimori por casos de corrupción durante su gobierno. Una sentencia especialmente histórica en los anales judiciales del Perú, ha sido pronunciada el 07 de abril del 2009, de cerca de 700 páginas, dictada con absoluta imparcialidad y transparencia, condenando a 25 años de prisión al ex presidente por delitos de lesa humanidad en su figura de Asesinato y Secuestro con agravantes; se realizaron 161 sesiones de audiencias en un periodo de casi 17 meses en Sala Penal Especial que compartió con otros insignes jueces, Víctor Prado Saldarriaga y Hugo Príncipe Trujillo, un juicio llevado a cabo impecablemente con todas las garantías del debido proceso, cumpliéndose el compromiso asumido con motivo de la instalación del juicio oral, en que sostuvieron que se trataba de un juicio penal y no político y se reafirmó la imparcialidad e independencia de la Sala frente a cualquier poder constituido o fáctico, que se haría respetar en todo momento ante cualquier circunstancia, y el pleno respeto a los principios y garantías que informan el desarrollo del proceso penal; y así Fujimori se convirtió en el primer Presidente condenado en su propio país por violaciones a los derechos humanos; mereciendo los más altos comentarios por la conducción del proceso, debiendo resaltar entre muchos otros, el de nuestro escritor Mario Vargas Llosa en los siguientes términos: “ La condena del ex dictador Alberto Fujimori a 25 años de cárcel por delitos contra los derechos humanos que ha dictado un Tribunal de la Corte Suprema del Perú trasciende largamente la demarcación geográfica peruana y gravita a partir de ahora sobre toda América Latina como una advertencia a quienes, de un confín a otro del continente, aspiren a tomar por asalto el poder y gobernar amparados en la fuerza”, y las expresiones de un periódico local al referirse al juicio contra el ex presidente Alberto Fujimori, en el cual decía: "A cada cerdo le llega su San Martín".

Pero, muestra de su total imparcialidad la encontramos en la primera sentencia dictada en el proceso contra este mismo jefe de Estado por la Sala de César San Martín, donde se le absuelve del cargo fiscal de haber favorecido con un Decreto Supremo a la compañía “Mobetek”, de propiedad del israelí Moshe Rothschild Chassin, quien le había vendido helicópteros al Ejército, porque no se acreditaron evidencias del favoritismo del ex Jefe de Estado al dictar esta norma.

Y recientemente, con fecha 20 de Julio del año en curso, se condena a Alberto Fujimori Fujimori, a 07 años y seis meses de prisión por el delito de Peculado Doloso por Apropiación, por apoderarse de fondos públicos y pagar 15 millones dólares a su ex asesor presidencial Vladimiro Montesinos, y se le impuso el pago de una reparación civil de 3 millones de soles que debe pagar de manera solidaria con los ex ministros Carlos Boloña, Federico Salas y Carlos Bergamino.

Al inicio señalé que este Día del Juez debe ser un día de reflexión sobre la forma de hacer justicia. En ese sentido, con optimismo, es imperioso señalar que se evidencian signos de evolución muy importantes en el Poder Judicial, que lo alejan de una visión corporativista burocrática y de una posición de defensa acrítica de nuestro trabajo; vemos asimismo una serie de cambios profundos en pos de concretar uno de los más caros anhelos de la administración de justicia, la celeridad procesal, que es un reclamo urgente de la población, una de las reformas más importantes e históricas, que en nuestro Distrito Judicial se verá cristalizada el año próximo con el nuevo Código Procesal Penal, como algo novedoso y que viene con un balance positivo en los ocho distritos judiciales donde se viene aplicando, con el nuevo modelo procesal penal habrá más acercamiento con las partes, la justicia será fundamentalmente oral, más rápida y célere, fomenta y garantiza el debido proceso y la presunción de inocencia, e incorpora salidas alternativas como el principio de oportunidad, los acuerdos reparatorios, la terminación anticipada, el proceso inmediato y otros; pero siempre teniendo presente como lo expresó el presidente del Poder Judicial Javier Villa Stein “La entrada en vigencia del nuevo modelo Procesal Penal no es un tema de Códigos, es un tema de hombres, de personas, de jueces” . Efectivamente, el Juez es quien trasforma la fría y abstracta ley en algo dinámico al resolver el caso concreto, con honestidad, sabiduría, criterio e independencia, garantizando la paz social, y fortalecer el Estado Constitucional y Democrático de Derecho.


Reivindicamos en este día y saludamos a los jueces, a los que en ejercicio de la judicatura han sabido con honestidad, probidad, imparcialidad y compromiso sobreponerse a los embates de quienes pretenden afectar la independencia del Poder Judicial; y no obstante ser un día que resalta la figura del juez, no podemos olvidar a una parte importante del capital humano del trabajo realizado por la judicatura, y en ese sentido, mi saludo se hace extensivo a los secretarios, asistentes y auxiliares judiciales, con quienes compartimos día a día la responsabilidad judicial, siendo que sin su valioso apoyo no estaríamos en condiciones de realizar nuestra ardua tarea al servicio de la justicia.
Debiendo recordar que nuestra sociedad requiere de magistrados con reto al cambio sin esperar que éste se produzca fuera para recién comenzar a cambiar nosotros, que ejerzan su profesión con conciencia de servicio, pues el papel de garantes de la ley, restauradores de la paz, aplicadores de justicia así lo exigen, debiendo a propósito recordar las imperecederas palabras de Aristóteles en su magistral obra “Ética a Nicómano” cuando señala a la justicia como la virtud más hermosa del ser humano y dice: “Muchas veces la justicia aparece como la más excelsa de las virtudes y que ni el atardecer ni la aurora son tan hermosos como ella”.
MUCHAS GRACIAS


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal