Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde



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Isabel vs. Rosa


Rosa, la hermana menor de Isabel, es el segundo personaje más importante de la familia. A primera vista puede parecer que su papel en la historia es meramente secundario, no obstante, su función adquiere mayor importancia al final de la novela.

En la Introducción hemos afirmado que la figura de Rosa complementa a Isabel. El carácter enérgico y travieso de la hermana menor subraya el carácter reservado y frío de Isabel.

En muchas ocasiones se dan a conocer las diferencias entre ellas. Por ejemplo, en el capítulo III de la tercera parte se nota la diferencia entre el carácter aventurero de Rosa y el temerario de Isabel. En el fragmento que sigue se manifiesta la compasión de Isabel con todos los seres vivos. A veces, su amor hacia los demás hasta parece exagerado y llevado al extremo:
Cedió ella con visible repugnancia, y como para no tomar parte directa en el martirio, según dijo, de los caballos, entregó los cordones del de la pluma a su hermana Rosa y cerró los ojos mientras duró la bajada.

No deseaba ésta cosa mejor. Joven y viva de carácter, amaba el peligro y se perecía por manejar, fueran las que fuesen las fatigas que experimentasen las caballerías en transportarla por aquellos derrocaderos, como al niño en su cuna de viento. (C. Villaverde: 2008, 427).


En el capítulo IV de la tercera parte tiene lugar la cena en La Tinaja durante la cual el cura simpatiza con Isabel por su perfección moral, lo que aún más subraya el carácter santo de ésta. Rosa, cuya energía capta la atención de los hombres presentes, contrasta con la hermana por su viveza:
Creía que todas las mujeres se enamoraban de él, y desde su puesto en la mesa le lanzaba miradas a hurtadillas a Rosa Ilincheta, cuya graciosa figura, viveza y fogocidad de carácter sobraban para volverle el juicio a hombre de más seso que él. El cura simpatizó desde luego con Isabel, que en todas sus palabras y acciones revelaba las altas prendas de su espíritu. (C. Villaverde: 2008, 442).

La viveza de Rosa atrae a todos los hombres. Es una mujer divertida y habladora, mientras que Isabel es callada y pensativa:


Las señoras apoyadas de espaldas en la barandilla, y los caballeros pendientes de los labios de Rosa Ilincheta que, en pocas palabras, llenas de gracia y gráfica expresión, describía los pequeños incidentes del viaje, su mal manejo parte del camino, y sus propias impresiones. Leonardo se sonreía, Cocco aplaudía, Mateu el médico hacía piruetas de gusto, y Meneses se mantenía serio de celos, porque crecían con esto los admiradores de su linda amante. Adela e Isabel, dadas las manos, escuchaban y callaban. (C. Villaverde: 2008, 450).
A pesar de su carácter diferente, las dos se rigen por los mismos principios éticos y morales, por eso Rosa es la persona ideal para convertirse en la continuadora de la ideología de su hermana después de su enclaustramiento. Rosa se casa con Diego Meneses, uno de los amigos de Leonardo Gamboa, y se trasladan al campo para ocuparse del cafetal La Luz: «Casada Rosa con Diego Meneses, se esforzó en reemplazar a la hermana mayor en el cariño del padre y de la tía, yendo a morar con ellos en el edén de Alquízar.» (C. Villaverde: 2008, 638).

El matrimonio de Rosa Ilincheta y Diego Meneses no es casual. En muchas ocasiones Diego demuestra su superioridad moral e intelectual frente a su amigo Leonardo. Una conversación entre Diego y Leonardo sobre Isabel nos servirá de ejemplo:


—Es mucha mujer ésa, amigo.

—¿No te lo decía yo?, contestaba éste satisfecho.

—Vale un Perú. No se ven muchas como ella por ahí.

—¿Quieres cambiar? La cambio pelo a pelo por Rosa. Vamos.

—No te burles, compadre, contestaba Diego serio. Que reconozca en Isabel prendas raras, dignas de encomio, no quiere decir que me guste más que otras mujeres, ni que esté prendado de ella. Pero la verdad es que cada vez me convenzo más de que tú no te la mereces. (C. Villaverde: 2008, 411-412).
La superioridad moral de Diego se une con los principios éticos y morales de Rosa. Se convierten en una pareja adecuada para poner en práctica la idea de la esclavitud justa. Al final de la novela se nos ofrece un ideal utópico: los criollos Diego y Rosa, ubicados en el ambiente bucólico del cafetal La Luz, van a crear junto con los esclavos una gran familia feliz. Isabel nunca podría hacerlo al lado de Leonardo, indiferente ante las crueldades del sistema esclavista. La propia Isabel se da cuenta de la imposibilidad de realizar su visión al lado de su novio: «¿Por qué quiero yo a Leonardo? ¿Qué hay de común entre mis ideas y las suyas?» (C. Villaverde: 2008, 479-480).

Roberto González Echevarría afirma que la unión entre Isabel y Leonardo significaría una «especie de reduplicación, de endogamia, de la fusión de lo mismo con lo mismo, con todo lo que semejante unión amenaza. [...] El asesinato de Leonardo impide esta unificación, como si algo ancestral se opusiera a ella. La sociedad criolla no va a reproducirse triunfantemente mediante el matrimonio de estos dos vástagos unidos y separados por fuerzas primitivas superiores a ellos...» (R. González Echevarría: 2012, 132).

Consideramos errónea la opinión de González Echevarría, puesto que el matrimonio de Rosa y Diego supone el mismo problema. En el caso de estos personajes, su unión significa el triunfo de la sociedad criolla, pero esta vez basada en los principios morales.


    1. Conclusión


Hemos procurado señalar la función ideológica del personaje de Isabel Ilincheta. Su papel resulta obvio al analizar el contenido de sus diálogos, de los que se desprende la crítica al sistema esclavista de aquel entonces. Sin embargo, hemos llegado a la conclusión de que, a pesar de su papel de la portadora de las ideas avanzadas, Isabel nunca ha sido destinada a ponerlas en práctica. Ha sido Leonardo quien le ha quitado esta posibilidad. Los dos nunca podrían constituir aquel núcleo familiar por medio del cual Villaverde suele transmitir los valores colectivos, puesto que les falta la unidad ideológica. El matrimonio de Rosa y Diego representa dicha unidad. Su familia va a reflejar los valores de una nueva sociedad, basada en la esclavitud justa.
  1. Contrastes espaciales

    1. Introducción


En este capítulo procuramos analizar los contrastes espaciales. Hay un conflicto entre los diferentes espacios en la novela, con lo que se transmite al lector la visión conflictiva del autor de la realidad. Analizando los espacios diegéticos pretendemos demostrar su función expresiva y caracterizadora.

El espacio narrativo tiene una importancia primordial en Cecilia Valdés. No es el mero soporte de la acción. Su cometido va más allá. Según Antonio Garrido Domínguez, los autores románticos y realistas usan el espacio para reflejar el estado de ánimo del personaje. (A. Garrido Domínguez: 2007, 211). Cirilo Villaverde no es ninguna excepción, ya que sigue el canon de las dos corrientes literarias mencionadas.

El espacio y el personaje se ven entrelazados, ya que el ambiente caracteriza al personaje. El espacio sirve como metáfora del personaje y de la colectividad social/racial que éste representa. También está ligado a la situación que el personaje está viviendo, el ambiente lo determina.

La descripción detallada del espacio la hace el narrador omnisciente casi siempre al principio del capítulo, así que el espacio sirve para enmarcar los acontecimientos ocurridos más tarde. Se trata de la anticipación narrativa por excelencia. La posición de la descripción al principio del capítulo evita la ruptura en el discurso, así que la narración no carece de coherencia. La minuciosidad descriptiva del autor provoca la lentitud de la novela porque retarda la acción.

El detallismo hace verosímil el texto. Gracias a los detalles el lector puede imaginarse muy bien el espacio, tanto La Habana, donde se desarrolla la mayor parte del argumento, como el campo, donde transcurre la tercera parte de la novela.14 Para conseguir verosimilitud en su historia (de la que nos trata de convencer constantemente)15, Villaverde usa los nombres toponímicos reales:

El callejón de San Juan de Dios se compone de dos cuadras solamente, cerrado por un extremo en las paredes del convento de Santa Catalina y por el otro en las casas de la calle de la Habana. El hospital de San Juan de Dios, que le da nombre, y que por sus altas y cuadradas ventanas siempre deja salir el vaho caliente de los enfermos, ocupa todo un lado de la segunda cuadra, y los otros tres casitas pequeñas de tejas coloradas y un solo piso, el de las últimas en particular más alto que el nivel de la calle, con uno y dos escalones de piedra a la puerta. Las de mejor apariencia de ellas eran las de la primera cuadra, entrando de la calle de Compostela. Eran todas de un mismo tamaño, poco más o menos, de una sola ventana y puerta, ésta de cedro con clavos de cabeza grande, pintadas de color de ladrillo; aquéllas, o de espejo o volada y de balaústres de madera gruesa. El piso de la calle se hallaba en su estado primitivo y natural, pedregoso y sin banquetas. (C. Villaverde: 2008, 62-63).

Ya hemos mencionado dos espacios narrativos en la novela, es decir, la ciudad y el campo. Dentro del ámbito urbano, el barrio de la Loma del Ángel, la casa de Cecilia Valdés, de Nemesia, de Mercedes Ayala y la sastrería del señor Uribe representan el mundo de los mulatos marginados; la casa de la familia Gamboa, la Capitanía General y la Sociedad Filarmónica están ligados al poder de la élite blanca; el Colegio Seminario San Carlos representa el mundo intelectual de aquel entonces. Dentro del ámbito rural, el ingenio La Tinaja refleja el mundo de los esclavos oprimidos, mientras que el cafetal La Luz es un locus amoenus que simboliza la relación ideal amo/esclavo. (P. Barreda Tomás: 1976, 143).

Cecilia Valdés no nos ofrece la dicotomía ciudad/campo, típica de la literatura realista. (M. Bal: 1985, 251-252). Aquí el mal no es el producto del ambiente, sino de la sociedad. La barbarie puede hallarse tanto en la ciudad como en el campo. Es decir, toda la sociedad de aquella época era conflictiva. Pedro Barreda Tomás afirma al respecto:
El primer contraste que aquí se nos podría ofrecer es el de la ciudad y el campo que, sin embargo, hay que destacar por no ser conflictivo en realidad, ya que dichos ámbitos no se nos dan como unidad monolítica. Cada uno de ellos tiene diversos segmentos; no son, en su totalidad, el soporte de la cultura y de la libertad o el de la barbarie y de la opresión política. Lo cual prueba de nuevo que para el narrador el mal y la ignorancia o el bien y la sabiduría no dependen del medio geográfico, sino que son productos del medio social, de los hombres. (P. Barreda Tomás: 1976, 143).
A continuación vamos a analizar los contrastes espaciales dividiéndolos en dos grupos: los contrastes dentro del ámbito rural y los contrastes dentro del ámbito urbano.

    1. Polaridad urbana


Primero vamos a centrarnos en los contrastes espaciales dentro del ámbito de La Habana. Villaverde nos da una visión compleja de la sociedad cubana decimonónica a través de la descripción de la ciudad, en la cual conviven diferentes razas (blancos, mestizos, negros), diferentes clases sociales (la plutocracia, la clase media y los esclavos) y diferentes nacionalidades (criollos, peninsulares, africanos).

Las razas y las clases sociales no se encontraban rígidamente separadas. La actitud de los blancos hacia los mulatos era muy ambigua. Por un lado, la élite blanca discriminaba a los mestizos, los consideraba una raza inferior, por el otro, los hombres blancos galanteaban a las mulatas sensuales y las admiraban por su belleza. Es decir, su inferioridad no les impedía tener relaciones ilícitas con ellas. De ejemplo puede servirnos la relación entre Leonardo Gamboa y Cecilia Valdés. Leonardo quiere poseerla, no obstante, no quiere casarse con ella. (C. Villaverde: 2008, 415).



      1. Los bailes de cuna vs. los bailes de la Sociedad Filarmónica


Hemos afirmado que las razas solían mezclarse a pesar de la línea divisoria que las separaba. En la novela hay varios espacios donde se mezclan las dos razas. Nos referimos sobre todo a los llamados bailes de cuna que contrastan con los bailes de la Sociedad Filarmónica. Detengámonos en la descripción de los llamados bailes de cuna:
El baile, conocidamente, era uno de los que, sin que sepamos su origen, llamaban cuna en la Habana. Sólo sabemos que se daban en tiempo de ferias, que en ellos tenían entrada franca los individuos de ambos sexos de la clase de color, sin que se le negase tampoco a los jóvenes blancos que solían honrarlos con su presencia. (C. Villaverde: 2008, 94-95).
Los bailes de cuna tenían lugar en la casa de la mulata Mercedes Ayala que facilitaba el comercio sexual entre los blancos y las mulatas. (P. Barreda Tomás: 1976, 137-138). En uno de los bailes se encuentran los dos protagonistas. Los bailes simbolizan la sensualidad y libertad de las mulatas, cuyo comportamiento está en contraste con el de las mujeres blancas que viven encerradas en sus residencias bajo el control de sus padres.

Ya hemos afirmado que Villaverde rechaza las relaciones interraciales. Como los bailes posibilitan al hombre blanco tener relaciones sexuales con las mulatas, provocan su perdición. Manteniendo relaciones ilícitas corren el riesgo de perder su posición social privilegiada. Sin embargo, las relaciones sexuales interétnicas en general causan la perdición no sólo del hombre, sino también de la mujer involucrada. En la novela se describen varias relaciones interétnicas (Leonardo/Cecilia, Cándido/Charo, María de Regla/el carpintero vizcaíno de La Tinaja) que traen fatales consecuencias para los involucrados. Tales efectos se deben al hecho de que ninguna de las relaciones mencionadas se basa en el amor, sino que están basadas en el interés personal. Por ejemplo, Cecilia está con Leonardo para ascender en la escala social; Cándido es infiel a su esposa con Charo por la mera atracción física; la esclava María de Regla es infiel a Dionisio con el carpintero vizcaíno porque cree que éste le cumplirá la palabra de libertarla.

Los bailes de la clase baja no tienen lugar en una residencia ostentosa como en el caso de los blancos. El espacio donde se celebran los bailes de cuna, refleja la posición de los mulatos en la sociedad cubana. En la novela se dice al respecto: «La casa donde tenía efecto ofrecía ruin apariencia, no ya por su fachada gacha y sucia como por el sitio en que se hallaba...» (C. Villaverde: 2008, 93).

Los hombres blancos suelen acudir a los bailes de cuna para entregarse a la promiscuidad desenfrenada:


No escaseaban tampoco los jóvenes criollos de familias decentes y acomodadas, los cuales sin empacho rozaban con la gente de color y tomaban parte en su diversión más característica, unos por mera afición, otros movidos por motivos de menos puro origen. (C. Villaverde: 2008, 96).

Los bailes de cuna contrastan con los bailes de la Sociedad Filarmónica, donde se reunían personajes importantes de la época. El narrador afirma que entre los invitados estaban también personas reales. Por ejemplo, los escritores Ricardo Palma y Esteban Echeverría. El hecho de mezclar la ficción literaria con la realidad histórica da un aire de verdad a la narración:


Aquella noche el teatro de la elegancia habanera sentó sus reales en la Sociedad Filarmónica. Brillaron allí con todo su esplendor el gusto y la finura de las señoras, lo mismo que el porte decente de los caballeros. Además de los socios y convidados de costumbres, asistieron los señores cónsules de las naciones extranjeras, los oficiales de la guarnición y de la real marina, los ayudantes del Capitán General y algunos otros personajes notables por su carácter y circunstancias. (C. Villaverde: 2008, 222).
También contribuyó al lustre de la fiesta la presencia de algunos jóvenes que empezaban a distinguirse en el cultivo de las letras, a saber: Palma, que había sido uno de los competidores en la corrida de cañas; Echeverría, empleado en la Hacienda, que el año siguiente alcanzó el premio en el concurso poético abierto por la comisión de Literatura, con objeto de celebrar el nacimiento de la Infanta de Castilla, Isabel de Borbón. (C. Villaverde: 2008, 226).
Los vestidos de las mulatas, vestidas extravagantemente, contrastan con los trajes de las señoras que acuden a los bailes de la Sociedad Filarmónica. Éstas se visten según las reglas de la más estricta etiqueta. (C. Villaverde: 2008, 223).

Los bailes de la Sociedad Filarmónica son oficiales, mientras que los bailes de cuna parecen tener carácter espontáneo, ya que «permitían acceso a la sala a las mujeres y hombres con derecho o voluntad de entrar. Y decimos con derecho o voluntad, porque nadie presentaba papeleta, ni había bastonero que recibiese o aposentase.» (C. Villaverde: 2008, 94). Los bailes de la Sociedad Filarmónica están bajo el control del gobierno. En la decoración de la sala no faltaba el retrato del rey Fernando VII. (C. Villaverde: 2008, 223). Los ayudantes del Capitán General, presentes en el evento, eran tentáculos extendidos de Francisco Dionisio Vives, ausente en el baile. El gobierno quiere dominar al pueblo, todo tiene que estar bajo su control, incluso la diversión. Por otra parte, los eventos de la gente de color como si gozaran de libertad, allí todo está permitido. En los bailes de cuna reina la libertad, promiscuidad, goce. No es de extrañar que sean eventos favoritos de los hombres blancos.



      1. La casa de Cecilia Valdés vs. la residencia de los Gamboa


La casa de la mulata Cecilia está en contraste con la residencia lujosa de la familia Gamboa. Cecilia Valdés vive en el barrio de la Loma del Ángel. Es un espacio marginal donde vive la gente de color. El ambiente callejero determina a la mulata:

[L]as calles de la ciudad, las plazas, los establecimientos públicos, como se apuntó más arriba, fueron su escuela, y en tales sitios, según es de presumir, su tierno corazón, formado acaso para dar abrigo a las virtudes, que son el más bello encanto de las mujeres, bebió a torrentes las aguas emponzoñadas del vicio, se nutrió desde temprano con las escenas de impudicicia que ofrece diariamente un pueblo soez y desmoralizado. (C. Villaverde: 2008, 75).

Su vida callejera simboliza la libertad que está en contraste con la vida de Isabel. Ésta pasó su juventud encerrada en un convento: «Entraba en la pubertad cuando perdió a su madre, y para educarla, lo mismo que para libertarla de los peligros del mundo, su padre la puso al cuidado de las religiosas ursulinas...» (C. Villaverde: 2008, 232). La descripción de la juventud de Cecilia es muy distinta:

Entre tanto la chica crecía gallarda y lozana, sin cuidarse de las investigaciones y murmuraciones de que era objeto, y sin caer en la cuenta de que su vida callejera, que a ella le parecía muy natural, inspiraba sospechas y temores, si no compasión a algunas viejas; que sus gracias nacientes y el descuido y libertad con que vivía alimentaban esperanzas de bastardo linaje en mancebos corazones, que latían al verla atravesar la plazuela del Cristo. (C. Villaverde: 2008, 74).

La casa de Cecilia, incómoda y humilde, contrasta con su belleza física. El mismo narrador llama nuestra atención sobre dicha oposición:

Reducíase a bien poco el mueblaje, aunque en su poquedad y ruina se conocía que había visto mejores tiempos cuando nuevo. (C. Villaverde: 2008, 79)


A un lado de la alcoba había una cama alta, cuadrilonga, que siempre estaba de recibo, como que era de cuero sin curtir, cuya dureza la suavizaba un colchón de plumas, cubierto perennemente con una colcha de mil y un retazos o taracea. (C. Villaverde: 2008, 79)
Nos hemos detenido tanto en la descripción de la casucha donde entró Cecilia, porque pare su imaginación el benigno lector en el contraste que ofrecería una niña tan linda, rebozando vida y juventud, en medio de tanta antigualla, que no parecía sino que el cielo la había colocado allí para decirle a cada rato al oído: Hija, contempla lo que serás y sé más cuerda. (C. Villaverde: 2008, 80).
Ahora vamos a detenernos en la casa de los Gamboa que contrasta con la casucha de la protagonista. La familia aristocrática tiene muchos esclavos a su disposición, así que la vida en la mansión nos da la visión tanto del mundo de los amos, como del de los esclavos.

La familia Gamboa representa la clase aristocrática habanera. Su residencia es el símbolo del poder y la opresión del esclavo. La casa está descrita detalladamente, se presta mucha atención tanto al aspecto exterior como al interior. A través de la descripción minuciosa, el autor nos da a conocer el equipamiento y la decoración de la mansión. Todo abunda de lujo, hay muebles de maderas exóticas, retratos de pintores famosos y porcelanas:


De la viga principal colgaba por sus cadenas una bomba de cristal; de la pared del costado dos retratos al óleo, representativos de una dama y de un caballero en la flor de su edad, hechos por Escobar; debajo de éstos un sofá, y en dirección perpendicular al mismo, en dos filas, hasta seis sillones con asiento y respaldo de marroquí rojo; en los cuatro ángulos, rinconeras de caoba, adornadas con guardabrisas de cristal y con floreros de china. (C. Villaverde: 2008, 124).

El espacio de la residencia es testigo de los castigos de los esclavos. La tranquilidad de la casa se ve alterada con los golpes que reciben los esclavos: «Y sin más ni más empezaron a llover zurriagazos en las espaldas desnudas del infeliz esclavo.» (C. Villaverde: 2008, 260).

La residencia simboliza el control por parte de los amos, la casa se convierte en una prisión tanto para los esclavos como para las hijas. Éstas viven encerradas en casa. Su encierro y el control por parte de los padres contrastan con la libertad de la que gozan los mulatos libres que viven en la Loma del Ángel. El barrio simboliza la libertad, mientras que la residencia el encierro. Ninguno de los habitantes de la casa de los Gamboa, sea el amo o el esclavo, es feliz de verdad. El lugar está ligado a la hipocresía, engaños y celos. Son los atributos que caracterizan las relaciones familiares de los Gamboa. Por ejemplo, la relación entre el padre y el hijo prácticamente no existe, los motivos de la tensión ya los hemos mencionado. También nos puede servir de ejemplo la naturaleza engañadora de la relación entre don Cándido y doña Rosa.

      1. Capitanía General vs. Colegio de San Carlos


Otros espacios urbanos que contrastan entre sí son el palacio de la Capitanía General y el Colegio de San Carlos, el mundo de los intelectuales de aquel entonces.

La Capitanía General representa el poder soberano de Vives, o sea, del rey Fernando VII. En el texto se afirma que el palacio es un sitio «aristocrático e imponente» (C. Villaverde: 2008, 287). A diferencia de otros espacios, la Capitanía General no se describe demasiado. El narrador no nos dice nada sobre el aspecto del palacio.

Dentro del complejo del palacio se hallaba el patio de la Fuerza donde estaba un reñidero de gallos. Era muy bien conocida la afición del Capitán General a las riñas de gallos. (C. Villaverde: 2008, 287). Vives hasta solía «dar audiencia en medio de sus gallos de pelea, hasta al general de marina, a los cónsules extranjeros...» (C. Villaverde: 2008, 286).

Los dueños de los ingenios mandan al Capitán General regalos de diversa índole16, porque quieren que los apoye en la lucha contra los ingleses. Éstos tratan de impedir la trata de negros de África. La sociedad de Cuba es corrupta porque el gobierno lo permite.

Escogido por Fernando VII, «el más de los despóticos gobiernos que ha tenido España en lo que va del presente siglo...» (C. Villaverde: 2008, 291), Vives imponía los intereses de la metrópoli. Su gobierno se caracteriza en la página 11 del presente trabajo.

Ya hemos afirmado que el contrapunto ideológico de la Capitanía General es el Colegio de San Carlos, símbolo del mundo intelectual de aquel entonces. El padre Félix Varela y José Antonio Saco son dos de los ilustres profesores. Los dos son muy importantes en la propagación de la independencia de Cuba. Además, José Antonio Saco17 defiende rotundamente la abolición de la esclavitud. Pues, no es de extrañar que sus ideas iluminadas contrasten con la ideología de la metrópoli.

Los intelectuales de la época transmiten sus ideas a los estudiantes del colegio. Sin embargo, la mayoría de los jóvenes, hallándose entre ellos Leonardo Gamboa, muestran total indiferencia en cuanto a la emancipación o la abolición.

El Colegio de San Carlos, representando el ideal en el ámbito intelectual, y el cafetal La Luz, representando el ideal en cuanto a la relación amo/esclavo, son los únicos lugares positivos en la novela. A través de ellos Villaverde da a conocer su visión de una Cuba mejor.

Para concluir el subcapítulo dedicado a la polaridad urbana, hemos descubierto que dentro del ámbito urbano de La Habana hay una serie de espacios que contrastan entr sí. A través de dichos contrastes se nos transmite la visión conflictiva que sostiene el autor sobre la sociedad cubana.

    1. Polaridad rural


En este subcapítulo vamos a dedicarnos a los contrastes entre dos instalaciones agrícolas que se acercan al lector en la tercera parte de Cecilia Valdés. Dichas instalaciones pertenecen a las familias Ilincheta y Gamboa. La familia de Isabel posee el cafetal llamado La Luz, mientras que Cándido Gamboa es dueño del ingenio La Tinaja.

En cuanto a los contrastes espaciales, los capítulos que tienen lugar en el campo son los más logrados de la novela, ya que el planteamiento de la dicotomía La Luz/La Tinaja es el punto fuerte de la obra.

El narrador nos presenta dos tipos de instalaciones agrícolas completamente diferentes. Por un lado se nos describe el cafetal, que representa el trato benigno de los esclavos, por el otro, presenciamos los horrores que tienen lugar en el ingenio de azúcar, símbolo de la crueldad y despotismo. Se nos describe el contraste entre el ideal y la realidad plasmada en la novela. En el cafetal reina la armonía entre los personajes y el ambiente, mientras que la relación entre el ingenio y los personajes está marcada por el dramatismo. La Tinaja es un lugar adversario y hostil. El trabajo en el ingenio es más duro. Allí presenciamos los horrores de la esclavitud, los castigos, el trabajo inhumano de los negros que son tratados como animales.

Villaverde subraya la oposición entre los dos lugares dándoles nombres contrastantes. La Luz es un claro símbolo del paraíso, armonía y belleza, mientras que La Tinaja simboliza el infierno y la muerte. El espacio agresivo de La Tinaja contrasta con el espacio protector y apacible de La Luz. También hay un contraste entre los sucesos que tienen lugar en La Luz y los que ocurren en La Tinaja. En el cafetal, «bello jardín» (C. Villaverde: 2008, 424), reina la felicidad y tranquilidad, mientras que en el ingenio, donde se cristaliza «el jugo de la caña-miel con la sangre de millares de esclavos» (C. Villaverde: 2008, 424), los personajes son testigos de la muerte de los negros.



En el primer capítulo de la tercera parte, Leonardo y un amigo suyo llegan al cafetal La Luz. El lugar tiene un aspecto edénico. Los jardines del cafetal están llenos de las flores más bellas que envuelven a las hermanas Ilincheta «con sus emanaciones aromáticas» (C. Villaverde: 2008, 395).
[B]ajo un cielo azul y sin nubes, se ponía entonces el glorioso sol de los trópicos, cuyos abrasadores rayos lanzaban manojos de luz a través de las ramas de los árboles, tendiendo cada vez más larga la sombra de las palmas sobre el campo verde, tachonado de gayadas flores, a tiempo que encendían el átomo impalpable que se cernía en el tranquilo ambiente. (C. Villaverde: 2008, 394).
En el cafetal los esclavos no son tratados como objetos y animales. Forman parte de la familia. Isabel los trata con amor y respeto, rechaza los castigos de los negros. Isabel es una filántropa, no distingue entre los blancos y los negros. Los esclavos la adoran, es «idolatrada por sus esclavos como no lo fue reina alguna sobre la tierra». (C. Villaverde: 2008, 424).
A su aparición se observó un movimiento general seguido de un murmullo entre los esclavos espectadores, quienes prorrumpieron a una en el clamor o canto monótono de la víspera: La niña sen va, probre crevo llorá, repetido en coro solemne a la luz matinal del nuevo día. (C. Villaverde: 2008, 418-419).
La región donde se hallan los ingenios de azúcar se llama la Vuelta Abajo. Dicha denominación claramente indica el carácter infernal de La Tinaja. «La baja nivelación del suelo de este territorio» (C. Villaverde: 2008, 421) contrasta con la alta del de La Luz. Durante el viaje que los personajes emprenden al principio del capítulo III de la tercera parte, tienen que descender de la región del cafetal a la Vuelta Abajo. «Muy pendiente era la bajada por aquel lado al vastísimo valle de los ingenios de azúcar...» (C. Villaverde: 2008, 425). En el mismo capítulo se hace una descripción detallada de las diferencias entre los dos espacios:
No hay paridad ninguna en la fisonomía del país visto por ambos lados de las montañas. Por el del Sur, la llanura con sus cafetales, dehesas y plantaciones de tabaco, continúa casi hasta el extremo de la isla y es lo más ameno y risueño que puede imaginarse. Al contrario por el lado del Norte, en el mismo paralelo se ofrece tan hondo, áspero y lúgubre a las miradas del viajero que cree pisar otra tierra y otro clima. Ni porque está ahora cultivado en su mayor parte hasta más allá de Bahíahonda, se desvanece esa mala impresión. Quizá porque sus labranzas son ingenios azucareros, porque el clima es sin duda más húmedo y cálido, porque es suelo es negro y barroso, porque la atmósfera es más pesada, porque el hombre y la bestia se hallan ahí más oprimidos y maltratados que en otras partes de la Isla, a su aspecto sólo la admiración se trueca luego en disgusto y la alegría en lástima. (C. Villaverde: 2008, 423).
En La Tinaja reina la barbarie de la esclavitud. «Los ingenios no consentían esos símbolos del progreso y de la civilización.» (C. Villaverde: 2008, 429). La figura de Isabel es revolucionaria, puesto que es ella la que en realidad manda en el cafetal. Su padre dice: «Es mi Mayordoma, cajera y tenedora de libros, y cree que primero es la obligación que la devoción.» (C. Villaverde: 2008, 397). El carácter revolucionario de la figura de Isabel también estriba en su actitud cariñosa hacia los esclavos. Se horroriza ante el comportamiento de los amos en el ingenio:
Cosas bien extrañas en verdad empezaba Isabel a averiguar respecto de la familia bajo cuyo techo se hallaba hospedada y del ingenio tan ponderado de La Tinaja. Interesada vivamente en la suerte de la enfermera, antigua nodriza de su tierna amiga, ahora desterrada de la casa solariega, y conmovida, horrorizada con lo que había oído respecto del esclavo, mordido por perros feroces, cosas todas inauditas para ella, no pudo ocultar Isabel de Leonardo, ni su intenso disgusto ni sus hondas emociones. (C. Villaverde: 2008, 452).
La tranquilidad en La Tinaja se ve alterada por los castigos de los esclavos. A los habitantes de la casa los despierta la música de los látigos:
―¿Escuchas, Cándido? ―dijo doña Rosa entre sábanas a su marido―. Me parece que oigo el cuero. Temprano ha madrugado hoy D. Liborio18. (C. Villaverde: 2008, 471).
Los castigos de los negros se convierten en espectáculos públicos:
[D]oña Rosa, sentimos decirlo, al ver las contorsiones de aquéllos a quienes la punta del látigo de cuero trenzado del mayoral abría surcos en sus espaldas o brazos, se sonreía, tal vez por creer grotesco el espectáculo, o exclamaba, exclamación en que la hacían coro las personas de que se hallaba rodeada: ¡Hase visto gente más bruta! (C. Villaverde: 2008, 457).
Los esclavos en La Tinaja experimentan dolor y sufrimiento en la llamada casa de calderas. La descripción del espacio es muy expresiva, crea la atmósfera infernal:
El departamento propio de las calderas estaba pobremente alumbrado por unos candiles de grasa común colgados a trechos de las gruesas vigas, en derredor del laboratorio o tren jamaiquino. Más humo que luz emitían, soltando de cuando en cuando gotas de grasa encendidas, que se apagaban luego que tocaban en el suelo de ladrillos. Por su parte, el vapor que desprendía la miel en cocimiento, cargaba más la espesa atmósfera de aquel sitio, disminuyendo a compás la poca fuerza luminosa de los candiles. De tal modo era esto así, que pisando el suelo caliente y pegajoso de las calderas, por largo rato las personas recién venidas sólo veían a los fabricantes del azúcar como a través de un espeso velo de gasa. A veces un rayo de luz penetreba la nube de humo y vapor, hería el busto de los negros y del maestro de azúcar afanados en torno de las calderas; y entonces se repetía aquí al vivo uno de aquellos cuadros en que suelen representar a las ánimas del purgatorio. (C. Villaverde: 2008, 500).
Por medio del espacio se acentúa el dramatismo de ciertos acontecimientos. Por ejemplo, en el ambiente infernal de la casa de calderas se suicida un esclavo tragándose su propia lengua. Tampoco es casual que el suicidio ocurra el día de Navidad.

Otro acontecimiento, cuyo dramatismo se ve acentuado a través de la descripción de un espacio hostil es el suicidio de otro esclavo que tiene lugar en un bosque espeso y sombrío, «con ramas bajas y espinosas de los árboles y plantas trepadoras» (C. Villaverde: 2008, 492). Dicho espacio crea la atmósfera adecuada para la muerte del esclavo, cuyo cadáver fue encontrado por Leonardo y sus amigos. Al entrar en el bosque ven las aves que «se entretenían en devorar el cadáver de un negro, colgado por el pescuezo de la rama de un árbol a orillas de la vereda» (C. Villaverde: 2008, 493). La alegría inicial de los jóvenes contrasta con la experiencia horrorosa en el bosque:


Penetraron todos en el sombrío bosque, llenos de alegría. Pero apenas anduvieron corto trecho, uno detrás de otro, abriendo paso a veces con las manos, cuando tuvieron que detenerse. Empezó a sentirse un hedor fuerte, como de cuerpo muerto. (C. Villaverde: 2008, 493).
Tanto la casa de calderas como el bosque espeso simbolizan la prisión de la que el esclavo no puede escapar. O es capturado o se suicida hallándose en un callejón sin salida. El esclavo se convierte en «Jesucristo de ébano» (C. Villaverde: 2008, 465) por tener que soportar tanto sufrimiento.

Para concluir este subcapítulo, por medio del análisis de los pasajes que describen ambas instalaciones agrícolas hemos descubierto que los espacios acentúan el carácter de los personajes y el dramatismo de ciertos acontecimientos, lo que nos demuestra la capacidad expresiva de los espacios en la novela Cecilia Valdés.



    1. Conclusión


En conclusión, la visión conflictiva de la sociedad cubana determina de manera fundamental el espacio narrativo en Cecilia Valdés. Como hemos visto, los espacios tienen la capacidad expresiva y caracterizan a los personajes novelísticos. Según Antonio Garrido Domínguez, el espacio sirve como exponente de determinados valores (A. Garrido Domínguez: 2007, 216). Hemos podido observar que Cecilia Valdés es un ejemplo excelente de dicha técnica narrativa. A través de los espacios se nos da a conocer el poder de la plutocracia habanera, la pobreza y la marginalidad de los mulatos o el sufrimiento y la opresión de los esclavos. El propósito del autor resulta ser claro: que el lector rechace los horrores de la esclavitud (P. Barreda Tomás: 1976, 152).
  1. Estructura de la novela

    1. Introducción


Villaverde nos da a conocer el carácter conflictivo de la sociedad cubana del siglo XIX no sólo por medio de la historia, sino también a través de la estructura narrativa de la novela Cecilia Valdés. En el presente capítulo pretendemos demostrar que las partes de la novela contrastan entre sí tanto por el tema que tratan, como por la velocidad narrativa. La cuestión de velocidad narrativa nos obliga a analizar el tiempo narrativo, ya que ambas categorías están enlazadas.

    1. Los contrastes entre las partes novelísticas


Ya hemos dicho que la novela consta de cuatro partes. También hemos afirmado que dichas partes contrastan entre sí tanto por el tema que tratan, como por la velocidad narrativa. También hay diferencias temáticas entre los capítulos individuales. Según Pedro Barreda Tomás, a excepción de la última parte, los capítulos restantes de la novela se pueden dividir en determinados núcleos temáticos. Tanto la primera como la segunda parte constan de tres núcleos claramente delimitados, la tercera parte de la obra contiene dos núcleos y en la cuarta parte se sitúa la culminación del destino personal de Cecilia y al mismo tiempo del destino colectivo del pueblo. (P. Barreda Tomás: 1976, 137-139).

El carácter rápido y abrupto de la conclusión está en contraste con las primeras tres partes de la novela que se caracterizan por la lentitud narrativa. Villaverde usa en la conclusión el llamado sumario, una de las figuras de aceleración. Se trata de la condensación del desarrollo narrativo de los hechos. (A. Garrido Domínguez: 2007, 180). Pocas veces utiliza las figuras de aceleración a lo largo de las tres partes novelescas. A veces usa la elipsis determinada, por ejemplo, al principio del capítulo II de la primera parte: «algunos años adelante, mejor, uno o dos después de la caída del segundo breve periodo constitucional» (C. Villaverde: 2008, 72). Otro ejemplo de la elipsis determinada se encuentra al principio del capítulo IV de la primera parte: «cinco o seis años después de la época a que nos hemos contraído en los dos capítulos anteriores» (C. Villaverde: 2008, 90). La velocidad de las primeras tres partes se ralentiza por medio de las frecuentes incursiones del narrador y las descripciones detalladas.

Pedro Barreda Tomás distingue tres tipos en estas intervenciones del narrador. (P. Barreda Tomás: 1976, 135). El primer tipo está dirigido contra vicios personales y colectivos. El segundo tipo son las reflexiones del narrador acerca del comportamiento de los personajes:
Figúrese el lector la hija de seña Josefa, madre a su vez desgraciada, revelando al pueblo en sus arrebatos de locura los pasos, los medios y el nombre quizás de la persona o personas por cuya agencia se veía en aquel tristísimo estado. No debía darse, y no se dio semejante espectáculo; antes por doloroso que fuese el sacrificio hubo que hacerlo todo entero, como que de ello dependían hasta cierto punto la salud y la felicidad de la inocente niña que había sido la causa indirecta de la desgracia de su madre. Tampoco debía creer y desarrollar su razón viendo que ésta la había perdido y era el ludibrio de los extraños. Ni había llegado el tiempo, creía la abuela, de que la hija y la madre se conociesen. La separación, pues, podía ser eterna. (C. Villaverde: 2008, 321).
El tercer tipo son las preguntas retóricas para subrayar el carácter ético de lo narrado:
¿Y cómo librarse de semejante influjo? ¿Cómo impedir que sus vivarachos ojos no viesen? ¿Que sus orejas siempre alerta no oyesen? ¿Qué aquella alma rebozando vida y juventud no se asomara antes de tiempo a los ojos y a los oídos para juzgar de cuanto pasaba en su derredor , en vez de dormir el sueño de la inocencia? (C. Villaverde: 2008, 75).
¿[C]uál de los dos, la víctima o el verdugo, encontró primero reposo en la cama? Mejor dicho ¿qué pasaba por el alma del amo cuando se echó en la suya? ¿Qué por el alma del esclavo cuando se desplomó en la rígida tarima? (C. Villaverde: 2008, 261).
Ahora vamos a centrarnos en los capítulos de las primeras tres partes que se agrupan en diferentes núcleos temáticos. Vamos a partir del análisis de Barreda Tomás (P. Barreda Tomás: 1976, 137-142). A través de nuestro análisis procuramos demostrar que los capítulos difieren temáticamente entre sí, hay un conflicto temático entre ellos, lo que refleja la visión conflictiva de Villaverde de la realidad cubana de aquel entonces. La estética del contraste resulta obvia no sólo en la acción diegética, sino también en la estructura de la novela.

Ya hemos dicho que la primera parte de la novela consta de tres núcleos temáticos. El primer núcleo trata el tema del origen de la protagonista mulata y es comprendido por los capítulos I, II y III. A través de ellos se nos da a conocer la historia trágica de Charo que contrasta con el éxito de su hija Cecilia. El destino trágico de la madre anticipa el destino trágico de la hija, puesto que las dos cometen el mismo error. Los capítulos IV, V y VI tienen lugar en el llamado baile de cuna que facilita el comercio sexual entre las mulatas y los hombres blancos. Dicha diversión perversa y amoral contrasta con la niñez ingenua de Cecilia que se describe en los primeros tres capítulos. Los capítulos restantes de la primera parte, es decir, del VII al XII, nos presentan a los Gamboa y sus conflictos familiares. También se nos da a conocer el ambiente académico del Colegio de San Carlos y la indiferencia de los jóvenes ante los problemas del país. Se percibe la dura crítica social. Este núcleo temático contrasta con los antecedentes, ya que por primera vez se nos plantea uno de los problemas palpitantes de aquel entonces, la denuncia por parte del autor resulta obvia.

La segunda parte tiene el mismo número de los núcleos temáticos que la primera. Los capítulos I, II, III, IV y V reflejan el conflicto racial de la época. Dicho núcleo temático se apoya en dos momentos clave, ubicados en el primer capítulo. Nos referimos a la riña entre dos esclavos (descrita en las páginas 20 y 21 del presente trabajo) y a la conversación entre José Dolores Pimienta y el señor Uribe:
Y este hombre, africano de nacimiento, lo mismo que el otro, mulato de la Habana, en vez de acudir cada cual a su vehículo respectivo, a fin de deshacer el enredo y facilitar el pasaje, con atroces maldiciones y denuestos se embistieron mutuamente, ciegos de furor salvaje. No era que se conocían, estaban reñidos o tenían anteriores agravios que vengar; sino que siendo los dos esclavos, oprimidos y maltratados siempre por sus amos, sin tiempo ni medio de satisfacer sus pasiones, se odiaban de muerte por instinto y meramente desfogaban la ira de que estaba poseídos, en la primera ocasión que se les presentaba. (C. Villaverde: 2008, 199-200).
El fragmento es una clara muestra que el sistema esclavista corrompe a la sociedad entera, tanto a los amos (explotadores) como a los esclavos (explotados). Los negros odian su origen y su color de la piel, ya que son las causas de su esclavitud. Diciéndolo de otra manera, odian lo que son. A continuación se presenta el diálogo entre el maestro sastre y su discípulo. La conversación entre los dos refleja la injusticia del sistema social:
―Si lo haces porque ese blanco19 te pisa la sombra, lo peor que puedes hacer es tomarlo tan a pecho. ¿Qué remedio, José Dolores? Disimula, aguanta. Haz como el perro con las avispas, enseñar los dientes para que crean que te ríes. ¿No ves que ellos20 son el martillo y nosotros el yunque? Los blancos vinieron primero y se comen las mejores tajadas; nosotros los de color vinimos después y gracias que roemos los huesos. Deja correr, chinito, que alguna vez nos ha de tocar a nosotros. Esto no puede durar siempre así.

―Lo que yo sostengo es, que ni a V., ni a mí, ni... a nuestros hijos, según van las cosas, nos tocará ser martillo. Y es muy duro, durísimo, insufrible, señó Uribe [...] que ellos nos arrebaten las de color, y nosotros no podamos ni mirar para las mujeres blancas.

―¿Y quién tiene la culpa de eso? [...] La culpa la tienen ellas, no ellos. No te quepa género de duda, porque es claro, José Dolores, que si a las pardas no les gustaran los blancos, a buen seguro que los blancos no miraban para las pardas. (C. Villaverde: 2008, 205-206).
El segundo núcleo temático comprende los capítulos VI, VII, VIII y IX. Éstos se ven agrupados bajo el tema del sistema social y político, basado en la trata negrera y la esclavitud. Los capítulos restantes, del X al XVIII, nos muestran el conflicto interno del personaje de Cecilia Valdés y al mismo tiempo la dimensión nacional de dicho desgarramiento personal. Ya hemos afirmado que la inseguridad racial de la mulara refleja la inseguridad racial de los mulatos, provocada por el mestizaje.

La tercera parte se puede dividir en dos núcleos temáticos. Los primeros dos capítulos, ubicados en el cafetal edénico, nos transmiten la visión ideal de la esclavitud justa. Como hemos afirmado muchas veces, Villaverde propone la idea de la esclavitud librada de los castigos corporales y del trato inhumano de los negros. Según el autor, la cara inhumana de la esclavitud se puede percibir en el ingenio azucarero La Tinaja, que se describe a lo largo del resto de los capítulos (III a IX). En La Tinaja hay un gran contraste entre las «bellezas del físico mundo» y los «horrores del mundo moral»21. Según Pedro Barreda Tomás, el lema de Heredia nos da la clave para entender la intención del autor. Viendo los horrores de la esclavitud, la naturaleza cubana sufre igual que el personaje de Isabel Ilincheta. (P. Barreda Tomás: 1976, 139).

La tercera parte contrasta con el resto de las partes novelescas por el ideal utópico que plantea. Éste se opone a una realidad condenable descrita en las partes antecedentes. Las dos primeras partes nos dan una visión de la sociedad cubana, sirven de introducción a la tercera parte, según nuestra opinión la más importante de la novela, ya que transmite los horrores de la esclavitud y el ideal utópico sostenido por Villaverde.

La cuarta parte de la novela contiene el trágico desenlace del triángulo amoroso compuesto por Cecilia, Leonardo e Isabel. El destino personal de los tres protagonistas refleja el destino de todo el pueblo. Tanto los protagonistas como el pueblo sufren las consecuencias de su mala actuación (a excepción de Isabel, ésta fue enredada en el triángulo amoroso sin darse cuenta). El final trágico de los personajes es la culminación y al mismo tiempo el efecto de sus hechos condenables que tienen lugar en las partes antecedentes. Villaverde señala que la sociedad degradada y amoral puede esperar las mismas consecuencias que los personajes de la novela.


    1. Conclusión


Para concluir, la visión conflictiva de Cirilo Villaverde determina la estructura de la novela. Determina tanto la organización de los hechos narrados como los hechos narrados mismos. A pesar del carácter conflictivo del aspecto formal de la obra, la estructura no carece de coherencia y unidad, puesto que la estética del contraste nos ayuda a entender la visión del autor de la sociedad cubana decimonónica. Hay muchos tipos de los contrastes, no obstante, los une el único objetivo del escritor: reflejar la sociedad amoral por culpa de la esclavitud.

Conclusiones

El presente trabajo de investigación ha tenido por objetivo analizar los diferentes tipos de contrastes que se encuentran en la novela Cecilia Valdés y, demostrar que a través de la estética del contraste Cirilo Villaverde pretende transmitir una visión conflictiva de la sociedad cubana de aquel entonces. Dicha visión conflictiva estriba sobre todo en las diferencias sociales y raciales. También hemos procurado demostrar que la novela es un reflejo de un pueblo en crisis, cuyo origen se halla en el sistema esclavista implantado en Cuba. Este degrada a la sociedad, puesto que es capaz de trastornar todas sus ideas de lo justo y de lo injusto.

En la novela aparece la llamada estética del contraste. Los contrastes sirven como exponentes de los valores contrastantes, propios de determinadas colectividades, a través de los cuales se transmite la visión de Villaverde de la realidad como conflicto. Dicha visión conflictiva unifica toda la trama. A pesar de muchos contrastes y oposiciones el texto no carece de unidad y coherencia, ya que todos transmiten un solo objetivo, es decir, muestran la sociedad en una crisis moral por culpa del sistema esclavista.

El autor establece una serie de oposiciones que resultan evidentes en todos los niveles narrativos. En el nivel formal se trata de contrastes en la estructura de la obra, mientras que los contrastes diegéticos equivalen a los personajes y espacios. El contraste espacial es uno de los resortes narrativos más importantes en la novela. La dicotomía entre el cafetal y el ingenio azucarero es la más lograda. Los dos espacios tienen una enorme capacidad expresiva, puesto que subrayan el carácter de los personajes y sus hechos. Por ejemplo, el locus amoenus del cafetal sirve como marco adecuado para el ideal utópico de la llamada esclavitud justa, mientras que el ambiente infernal de la casa de calderas en el ingenio azucarero subraya el sufrimiento de los esclavos a causa de las horrorosas condiciones de labor.

Hemos llegado a la conclusión de que la novela nos transmite cómo la esclavitud corrompe a la sociedad cubana entera. La degradación se manifiesta a través de la discriminación racial, evidente tanto entre los amos explotadores, como entre los esclavos explotados. La discriminación de los mulatos hacia los negros se hace visible en la relación de la esclava María de Regla con sus hijos. La madre quiere más a su hijo mulato que a su hija negra, ya que el color pardo del vástago masculino mejora su condición. El color negro condena a la esclavitud, mientras que el color pardo significa una vida mejor. De ahí surge el deseo de la gente de color de blanquearse y así librarse de su complejo de inferioridad. Nuestra protagonista mulata quiere conseguir el blanqueamiento casándose con un joven rico de la alta sociedad criolla. Ascendería en la escala social y el dinero borraría su origen negro del cual se avergüenza. La unión con un hombre de su propia raza significaría un salto atrás y un descenso en la sociedad.

Cecilia se rebela contra el papel social que le ha sido impuesto por los demás. Sin embargo, no se rebela para convencer de su superioridad a la sociedad que la discrimina, sino para convencer a sí misma. Sufre un desgarramiento interior por no saber a qué raza pertenece. Su complejo refleja la inseguridad racial del pueblo mulato de Cuba. Sin embargo, el intento de la mulata de librarse de su parte negra se ve condenado al fracaso. Los hombres blancos nunca se casarían con una mujer mulata, sería una vergüenza para la familia. De ahí que las mulatas acepten el papel de meras concubinas. Vemos que la división estricta entre las diferentes razas es sólo aparente. A pesar de la condena por parte de la Iglesia católica, el contacto entre las razas resulta inevitable. Villaverde critica la hipocresía de los hombres blancos que se manifiesta por medio de su actitud ambigua hacia las mulatas. Por un lado las discriminan, por el otro son incapaces de resistírseles. Villaverde denuncia a la sociedad, para la cual resulta normal tener relaciones ilícitas, lo que demuestra su degradación moral.

Comparando la actuación de Cándido con la de su propia hija, hemos llegado a la conclusión de que Cándido Gamboa sufre el mismo complejo de inferioridad que la gente de color. Comprándose el título nobiliario quiere certificar su posición social privilegiada y borrar su pasado relacionado con la trata de los esclavos. Sin embargo, no lo hace por estar arrepentido, sino para convertirse en aristócrata y así ascender aún más en la sociedad. La compra del título de nobleza es sólo uno de los modos de cómo demostrar la superioridad. También hemos observado que los criollos demuestran su superioridad racial teniendo relaciones ilícitas con las mulatas y castigando a los esclavos sumisos.

Los amos se consideran seres todopoderosos que tienen derecho a poseer la vida de los negros. Éstos son tratados como animales que se ven obligados a servir a sus amos incluso contra su propia voluntad.

Los esclavos, el héroe colectivo de la novela, condenados al sufrimiento extremo, se suicidan tratando de liberarse de las condiciones inhumanas. Se rebelan contra su destino, no obstante, hallándose en un callejón sin salida acaban quitándose la vida. De este modo se convierten en mártires del sistema esclavista. Su intento de rebelarse está condenado al fracaso, igual que el intento de los mulatos de mejorar su condición. La gente de color no puede triunfar en la sociedad dominada por la disriminación racial.

Cirilo Villaverde denuncia rotundamente el trato inhumano de los esclavos y propone la abolición de la trata negrera, de ahí que la novela se considere antiesclavista. Sin embargo, tenemos que desmentir el carácter antiesclavista de la obra, puesto que el autor no pretende abolir la esclavitud. Villaverde se ve dominado por las consecuencias de la economía de la Cuba decimonónica, basada en la mano de obra esclava, sin la que la economía amenazaría ruina. Entonces, incluso el propio autor sufre los efectos del sistema esclavista que corrompe los valores morales de la sociedad.

La única solución que plantea Villaverde consiste en la llamada esclavitud justa. Los esclavos serían tratados con dignidad y respeto y serían incluidos en las familias criollas. En la novela hay muchas declaraciones contradictorias del autor. Por un lado admite la inferioridad de los negros, por el otro rechaza su trato cruel, degradante e inhumano.

Hemos conseguido comprobar nuestra teoría planteada en la Introducción acerca de Francisco Dionisio Vives como causante de la degradación de la sociedad cubana. Villaverde culpa de la desmoralización del pueblo cubano al Capitán General, puesto que éste fomenta la importación masiva de negros esclavos. Su gobierno represivo introduce la censura que mata todas las ideas revolucionarias. De ahí que el pueblo cubano se vuelva apático e indiferente a los problemas del país. La indiferencia de la sociedad se nos da a conocer a través del personaje de Leonardo Gamboa. El joven mimado y egoísta contrasta con su novia Isabel Ilincheta, la portadora de las ideas "revolucionarias" del autor. La muerte de Leonardo simboliza un nuevo comienzo, posibilita la génesis de una nueva sociedad renacida de sus cenizas, basada en los principios de la esclavitud justa introducida por Rosa Ilincheta y Diego Meneses. Su unión supone el fin de la estructura circular de la historia. A lo largo de la novela hemos visto que la historia se repite, los hijos cometen los mismos hechos vergonzosos que sus padres. O sea, los errores de los padres predestinan el trágico final de Cecilia y Leonardo. El matrimonio de Rosa y Diego supone un nuevo comienzo, ya que la sociedad cubana se librará de la discriminación racial y de la trata negrera, reliquias del pasado colonial.

Para concluir, la novela Cecilia Valdés no denuncia la esclavitud como tal, sin embargo, su fuerza estriba en el retrato de la sociedad que la tolera. Transmitiendo los horrores de la esclavitud Villaverde abre el camino para los autores posteriores que no se conformarán con la mera abolición de la trata negrera.

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1 Cirilo Villaverde no rechaza la esclavitud, sino la trata negrera y el tratamiento inhumano y cruel que se ejercía sobre los esclavos. Propone que los negros sean incluidos en las familias criollas y sean tratados con amor y respeto. La visión del autor se nos transmite por medio del personaje de Isabel Ilincheta que será analizado en los próximos capítulos.

2 Un ejemplo de la crítica dirigida contra el gobierno se halla en el capítulo VIII de la segunda parte.

3 Muchos argumentos de las novelas románticas giran en torno a la relación incestuosa entre hermano y hermana. Por ejemplo: María (Jorge Isaacs), Mathilda (Mary Shelley), Cumandá (Juan León Mera).

4 En 1848 Villaverde fue detenido, no obstante, consiguió escapar a Estados Unidos. La novela Cecilia Valdés fue publicada en Nueva York.

5 En 1823 había sido nombrado capitán general de Cuba y el mando del gobierno lo asumió hasta 1832.

6 El personaje de Uribe está inspirado en una persona real. Al parecer, en La Habana vivió el sastre Francisco Uribe que participó en la llamada Conspiración de La Escalera, a cuya consecuencia le fueron quitados sus bienes y sus esclavos, lo que indica un considerable ascenso social. (J. Murillo Garnica: 2008, 41).

7 Según la RAE, saltatrás es «descendiente de mestizos con caracteres de una sola raza».

8 El tema de la denuncia de la sociedad por no evitar la tragedia nos evoca la novela Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez. Allí todo el pueblo sabe que los hermanos Vicario quieren matar a un galán que ha deshonrado a su hermana, sin embargo, la gente no hace nada para evitar el crimen. No se critican los hermanos, sino la sociedad, igual de culpable que los asesinos.

9 Isabel Ilincheta simboliza el ideal de una relación amo-esclavo. Sus ideas acerca de la esclavitud se analizarán en el capítulo dedicado a la familia Ilincheta.

10 La minoría blanca, que se hallaba en el punto más alto de la escala social, estaba formada por los peninsulares y los criollos, o sea, los blancos nacidos en el Nuevo Mundo. Había muchas disensiones entre los dos grupos sociales. El siguiente grupo en la escala social eran los mestizos. No teniendo tantos privilegios como la élite blanca, aspiraban a conseguir el estatus de blancos por medio del desembolso de dinero. El dinero tenía el poder de borrar no sólo las diferencias económicas, sino también raciales. En el punto inferior de la escala social se encontraban los negros que se dedicaban a trabajos en las instalaciones agrícolas, en las minas o trabajaban de sirvientes en las casas de la élite blanca. (G. Vázquez; N. Martínez Díaz: 1998, 127).

11 Brading se centra en México, no obstante, aprovechamos su investigación para entender mejor el contexto histórico y social en Cuba.

12 De 1808 a 1813 reinó José I, el hermano de Napoleón. Durante su reinado tuvo lugar la guerra de la Independencia. Aprovechando de la desestabilización del poder, en 1808 se inició el proceso de la emancipación de las colonias. De 1820 a 1823 el régimen liberal volvió al poder.

13 La aspereza de Cándido contrasta con su nombre, ya que la palabra «cándido» significa «inocente».

14 Cecilia Valdés consta de un total de 45 capítulos, agrupados en cuatro partes.

15 Villaverde escribe varias veces en el texto que la historia es real: «Habrá comprendido ya el discreto lector, que la Virgencita de bronce, de las anteriores páginas no es otra que Cecilia Valdés, la misma jovenzuela andariega que procuramos darle a conocer al principio de esta verídica historia.» (C. Villaverde: 2008, 108). El autor también afirma que el personaje de Cecilia está inspirado en una joven mulata real.

16 Vives ha recibido un par de gallos ingleses, los más pugnaces, de la Vuelta Abajo. (C. Villaverde: 2008, 286). En la Vuelta de Abajo hay ingenios de azúcar, uno de ellos pertenece a la familia Gamboa.

17 José Antonio Saco es uno de los impulsores de la creación de la novela abolicionista cubana. Los objetivos esenciales de los reformistas son el abolicionismo, descolonización, ilustración, abolición de la trata de negros y la emigración blanca. Sin embargo, fomentando la emigración blanca, fija el mito de la inferioridad de los negros. (E. Morillas Ventura: 1990, 59).

18 D. Liborio Sánchez trabaja como mayoral en La Tinaja. Como castiga severamente a los esclavos, es el polo opuesto de Isabel.

19 Leonardo Gamboa.

20 Los blancos.

21 Las expresiones usadas por Villaverde provienen del «Himno del desterrado», escrito por José María Heredia.
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