Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde



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La relación incestuosa entre Leonardo y Cecilia


En este subcapítulo pretendemos analizar la relación incestuosa entre Leonardo y Cecilia. Dicha relación es el efecto de la promiscuidad del padre. También procuramos demostrar que Villaverde critica a través de sus personajes el comportamiento impulsivo e irracional, una de las manifestaciones de la sociedad amoral y degradada.

Ya hemos hablado de la debilidad de Leonardo por las mujeres, especialmente por las mulatas. Debido a su afición por las mujeres de color, representadas por el personaje de Cecilia, se convierte en el polo opuesto y más tarde antagonista del mulato José Dolores Pimienta. El mulato odia a Leonardo y a los blancos en general porque los hombres blancos vienen a quitarles a los mulatos las mujeres de color. Sin embargo, la culpa la tienen las mulatas. Éstas, deseando lograr el ascenso social, desprecian a los hombres de su propia raza:


―Puede ser, señó Uribe; pero, digo yo: ¿no tienen los blancos bastante con las suyas? ¿Por qué han de venir a quitarnos las nuestras? ¿Con qué derecho hacen ellos eso? ¿Con el derecho de los blancos? ¿Quién les ha dado semejante derecho? Nadie. Desengáñese, señó Uribe, si los blancos se contentaran con las blancas, las pardas no mirarían para los blancos. (C. Villaverde: 2008, 207).
Al final de la novela, Pimienta se convierte en instrumento de venganza de Cecilia. Sin embargo, movido por los celos, mata a Leonardo en vez de Isabel. En realidad, Leonardo no es víctima de Pimienta, sino de su propio padre. La muerte de Leonardo contrasta con el feliz encuentro de Cecilia y Charo en el desenlace de la novela:
Persiguió, pues, a la muchacha con verdadero encarnizamiento, y no le fue difícil hacer que la condenaran como cómplice en el asesinato de Leonardo, a un año de encierro en el hospital de Paula. Por estos caminos llegaron a reconocerse y abrazarse la hija y la madre, habiendo ésta recobrado el juicio, como suelen los locos, pocos momentos antes de que su espíritu abandonase la mísera envoltura humana. (C. Villaverde: 2008, 637).
Nemesia, la hermana de Pimienta, obra de manera similar que su hermano. Como está enamorada de Leonardo, trata de evitar la relación entre Leonardo y Cecilia. No obstante, no le basta con ser amante. Quiere ser la única, igual que Cecilia. Sin embargo, las dos piden algo que Leonardo no les puede dar.

Nemesia y su hermano no son las únicas personas que intentan provocar la separación de la pareja central. Una serie de personajes tratan de evitar la relación por intereses personales, ocultando la verdadera razón por la que la relación no puede seguir adelante, es decir, no quieren revelar el carácter incestuoso de la relación. Cándido y Josefa saben el secreto también, pero el padre de Leonardo lo oculta cuidadosamente por hipocresía. Hay que decir que el afán de Cándido por ocultar las cosas resulta inútil. La mayoría de la ciudad sabe que Cecilia y Leonardo son hermanos. Solamente la pareja curiosamente no se entera del delito que están cometiendo. Villaverde no denuncia el incesto, sino la sociedad que no hizo nada para evitarlo.

Doña Rosa tampoco sabe nada del secreto de su marido. Como está convencida de que Cándido tiene relaciones ilícitas con Cecilia, provoca el incesto apoyando la relación entre su hijo y Cecilia. Así quiere quitar a Cecilia del lado de Cándido. Ayuda a su hijo a sacar a Cecilia del convento donde fue encerrada por Cándido.

Para concluir este subcapítulo, vemos que los personajes se dejan llevar por sus sentimientos e impulsos. No actúan racionalmente. A Leonardo lo domina el instinto sexual, mientras que José Dolores Pimienta, doña Rosa y Cecilia se dejan llevar por los celos. Villaverde critica los instintos y resalta el papel de la razón. En el capítulo anterior hemos afirmado que Isabel es capaz de reflexionar y por eso contrasta con el resto de los personajes.



    1. Conclusión


En este capítulo hemos analizado el conflicto entre los criollos y los peninsulares por medio de los miembros de la familia Gamboa. Hemos llegado a la conclusión de que la tensión entre los dos grupos sociales se ve reflejada mediante la tensión entre don Cándido y su hijo Leonardo. Como Leonardo es un criollo, siente la necesidad de oponerse constantemente a su padre peninsular. La conducta de los dos se puede explicar a través de la rivalidad existente entre los criollos y los peninsulares.

Sin embargo, a pesar del deseo de Leonardo de distinguirse, acaba cometiendo los mismos errores, ya que tanto el padre como el hijo forman parte de la sociedad amoral. Se ven dominados por ella, no pueden actuar de otra manera. Hemos llegado a la conclusión de que los pecados de los padres se proyectan en sus hijos, o sea, los hechos de Cándido predestinaron el cruel final de su hijo. La muerte de Leonardo simboliza la culminación de un proceso de decadencia de la familia Gamboa, es decir, de toda la sociedad cubana, carente de la moral y dominada por los instintos.


  1. La familia Ilincheta

    1. Introducción


Como hemos podido observar, Cirilo Villaverde usa los núcleos familiares para representar determinados valores sociales. De la novela se desprende que la familia Ilincheta se asocia a los valores positivos, simboliza el ideal utópico basado en la visión de la llamada esclavitud justa. Sin embargo, estamos convencidos de que dichos conceptos contradictorios se destruyen recíprocamente. El sistema esclavista nunca puede ser justo.

La idea de la esclavitud justa que sostiene el autor se basa en la incorporación del negro a la familia criolla. Los esclavos serían considerados seres humanos y como tales tendrían derecho a ser tratados con dignidad, respeto y cariño. Dicha visión utópica del autor la vamos a demostrar analizando la ideología de Isabel Ilincheta en el subcapítulo 5.2.

La familia Ilincheta contrasta con las demás familias criollas para las cuales los esclavos son meros «sacos de carbón» (C. Villaverde: 2008, 273) que no sienten y sufren como las personas. El núcleo familiar que representa una auténtica inhumanidad a la hora de tratar a los esclavos son los Gamboa. Dicha oposición, o sea, la benignidad de los Ilincheta contra la crueldad de los Gamboa, se nos da a conocer principalmente a través de las páginas de la tercera parte de la novela.

Nuestra atención se centrará en el personaje de Isabel Ilincheta, la hija mayor de D. Tomás, y la novia oficial de Leonardo Gamboa. La figura de Isabel es uno de los personajes más importantes de la novela, ya que desempeña el papel del álter ego del autor y, como tal, goza de mucho más espacio en la historia que los demás miembros de su familia, cuyo papel es meramente secundario.

En el capítulo dedicado a Cecilia Valdés hemos llegado a la conclusión de que Isabel se opone a la protagonista mulata en cuanto al aspecto físico. Sin embargo, Cecilia no es el único personaje con el que Isabel entra en conflicto. En el nivel ideológico, Isabel está en contraste con el mayoral D. Liborio, el capataz de los esclavos en La Tinaja. El mayoral trabaja para los Gamboa, es el ejecutor de sus atrocidades.

Como el mismo título del presente capítulo indica, también vamos a desarrollar la oposición existente entre los miembros de la familia Ilincheta. Más concretamente, pretendemos analizar los contrastes entre Isabel y su hermana Rosa. Villaverde usa la figura de Rosa para hacer resaltar el carácter opuesto de Isabel. Vamos a ver en qué consisten las diferencias entre las dos hermanas.

La relación de antagonismo entre los personajes subraya el carácter diferente de cada uno de ellos. El personaje de Isabel es especial, ya que entra en conflicto con tres personajes distintos, es decir, se utilizan tres personajes diferentes para demostrar su personalidad.

Como hemos observado, la novela Cecilia Valdés está basada en la estética del contraste. A través del contraste se consigue una gran tensión que provoca una verdadera emoción estética en el lector. Villaverde usa tanto los contrastes entre los personajes, objetos y espacios diegéticos, como los contrastes de organización. Sin embargo, a pesar de una valoración dicotómica de la realidad, la obra no resulta maniquea. Ya hemos visto que en el mundo novelístico de Cirilo Villaverde no todo es blanco y negro. Sus personajes no se dividen en buenos y malos. La mayoría de ellos se caracterizan esencialmente por la ambigüedad. La figura de Isabel es la excepción que confirma la regla, puesto que su carácter es completamente positivo. Su tarea de portadora del ideal utópico requiere la perfección moral.

Surge la pregunta ¿por qué Cirilo Villaverde ha elegido a Isabel para desempeñar el papel de su álter ego? ¿Por qué no ha elegido a la protagonista Cecilia, cuyo origen humilde y condición mulata la hacen más cercana al pueblo cubano que a una mujer blanca de la alta sociedad criolla? ¿Por qué Isabel se rebela contra la esclavitud? Ella no sufre sus horrores. En este capítulo pretendemos responder a la pregunta formulada.

    1. Isabel Ilincheta vs. D. Liborio y la familia Gamboa


La familia Ilincheta consta de D. Tomás, la tía Juana, Isabel y Rosa. Después de la muerte de la madre de Isabel y Rosa, la familia se traslada al cafetal, espacio muy diferente del ingenio azucarero propiedad de los Gamboa:
Isabel, su hermana Rosa, su tía doña Juana, su padre y criados llevaban una vida de paz y quietud, lejos del bullicio de la ciudad, rodeados de olorosas flores, de los cafetos y naranjos siempre verdes, de las airosas palmas, del clásico plátano, embebecidas con el canto perenne de las aves y el susurro melancólico de la brisa en los campos de Cuba. (C. Villaverde: 2008, 234).
Aparece el tópico del locus amoenus. La familia vive en un lugar idílico. La paz y la tranquilidad del lugar se reflejan en los miembros de la familia. Llevan una vida tranquila y viven en total armonía con el ambiente.

Los Ilincheta simbolizan una Cuba mejor, basada en la civilización y progreso. Sin embargo, hay que aclarar que incluso en una Cuba mejor y civilizada se cuenta con la mano de obra esclava importada de África. Ya hemos dicho que en ningún punto de la obra se rechaza la esclavitud. Villaverde no denuncia la esclavitud, sino la trata ilegal de negros y el hecho de que son tratados como animales, objetos y «bultos» (C. Villaverde: 2008, 267). Para entender plenamente la bondad de los Ilincheta hay que pararse en el comportamiento inhumano de los Gamboa. Partiendo de la estética del contraste, Villaverde usa los horrores realizados por los Gamboa para resaltar la bondad de los Ilincheta.

Rosa Gamboa pone al mismo nivel a los negros y el aceite traído de España, mientras que Don Cándido insiste en la condición animal de los esclavos:
Yo me hago los sesos agua y no atino a comprender por qué se ha de oponer Inglaterra a que nosotros traigamos salvajes de Guinea. Por qué no se opone también a que se traiga de España aceite, pasas y vino? Pues halla más humanitario traer salvajes para convertirlos en cristianos y hombres que vinos y esas cosas que sólo sirven para satisfacer la gula y los vicios. (C. Villaverde: 2008, 269-270).
―Y dale con creer que los fardos de África tienen alma y que son ángeles. Esas son blasfemias, Rosa ―la interrumpió el marido con brusquedad―. Pues de ahí nace el error de ciertas gentes... Cuando el mundo se persuada que los negros son animales y no hombres, entonces acabará uno de los motivos que alegan los ingleses para perseguir la trata de África. Cosa semejante ocurre en España con el tabaco: prohíben su tráfico, y los que viven de eso, cuando se ven apurados por los carabineros sueltan la carga y escapan con el pellejo y el caballo. ¿Crees tú que el tabaco tiene alma? Hazte cuenta que no hay diferencia entre un tercio y un negro, al menos en cuanto a sentir. (C. Villaverde: 2008, 273-274).
Como hemos podido observar, la mayor diferencia entre los Gamboa y los Ilincheta estriba en su actitud hacia los esclavos. Mientras que los amos de La Tinaja los tratan inhumanamente a los negros, los Ilincheta se oponen rotundamente al castigo corporal de los esclavos: «[...] y yo no quiero que se levante el látigo para nadie, ¿lo oyes, Pedro? Que no suene el látigo en mi ausencia.» (C. Villaverde: 2008, 400). Incluso les consideran seres humanos racionales. Isabel dice a uno de sus esclavos: «Bueno, confío en ti, Pedro. Es un gran descanso para nosotros, cuando salimos, dejar el cuidado de la casa y de la finca a un hombre tan racional y honrado como tú.» (C. Villaverde: 2008, 399).

Ha llamado nuestra atención un detalle que señala la diferencia en el trato de los esclavos entre las dos familias. Por un lado, los Ilincheta tratan de usted a los esclavos, puesto que es más modesto. Utilizar la cortesía en el trato con los negros significa reconocer el valor que tienen como personas y así desmentir su condición animal:


―Es ya una costumbre en mí el tratar de V. a todo el mundo. Aun con mis propios esclavos, si son viejos sobre todo, se me escapa el decir V. A papá le sucede lo mismo frecuentemente.

―El es más cariñoso.

―¿Lo cree V. así? El V. es más modesto. (C. Villaverde: 2008, 250).
Por otro lado, Rosa Gamboa trata de usted a los esclavos al reprenderlos. En este caso, la cortesía tiene cierto matiz irónico:
Al buen callar llaman Sancho, y por dolorosa experiencia de largos treinta años de esclavitud, sabía bien Dionisio que debía guardar silencio desde el punto en que sus amos empezaban a tratarle de V. Aquella era señal segura de que subía la marea de la cólera. (C. Villaverde: 2008, 265).
Por su filantropía, cualidades morales y compasión de las desgracias de los negros, la figura de Isabel está en contraste con el mayoral D. Liborio. El capítulo VI de la tercera parte es muy revelador en cuanto al carácter maligno del mayoral. La brutalidad de D. Liborio se ve subrayada por el hecho de que usa a los perros para cazar a los esclavos. El uso de los perros, normalmente destinados a la caza de los animales, señala la condición animal de los esclavos: «[...] los perros son instrumentos de caza, pero no de animales, sino de hombres.» (E. Liñán Avila: 2005, 154). Edgar Liñán Avila dice al respecto:
[E]l mayoral, prototipo de malignidad, encargado de mandar y someter a los esclavos, descubre que han regresado algunos de los que se habían fugado y comienza a castigarlos. Se trata de la madrugada del día de pascua navideña. Villaverde ha señalado el hecho como si no tuviera mayor relevancia, pero dado el carácter espiritual y religioso del acontecimiento, no deja de sorprender el que se haya referido a este día celebratorio, puesto que para los esclavos no es más que otro día común de trabajo forzado. (E. Liñán Avila: 2005, 153, 154).
Ahora vamos a centrarnos en los párrafos donde se manifiesta la humanidad y bondad de Isabel Ilincheta.

En el capítulo V de la tercera parte, Isabel presencia en La Tinaja el sufrimiento de un esclavo, fatalmente mordido por perros:


Su arrepentimiento de haber concurrido a aquel lugar no podía compararse sino con el dolor que experimentaron, singularmente la piadosa Isabel, cuando se desengañaron que no podían hacer nada en alivio de esta otra víctima de la tiranía civil en su desventurada patria. (C. Villaverde: 2008, 465).
Otro párrafo es aún más explícito. Rosa tiene miedo de que Isabel rompa con su hijo Leonardo, creyendo que a sus padres les causa placer castigar a los negros. Sin embargo, hay que aclarar que la preocupación de Rosa no tiene nada que ver con su convicción interna. Su rechazo repentino a los castigos corporales es más bien disimulado. Se opone a los castigos sin estar interiormente convencida de su maldad, ya que le preocupa la opinión de los demás:
¿[Q]ué diría Isabelita si ha despertado? Por fuerza que ha de haber despertado. Deben oírse los cuerazos en el muelle de Tablas. Resuenan en mis oídos como cañonazos. Vea V.; y esa muchacha que es tan delicada, tan enemiga de los castigos. No será mucho que de esta hecha rompa con tu hijo, creyendo que sus padres son dos verdugos y que él le ha bebido los vientos. Lo sentiría por ti que estás tan empeñado en que se casen. (C. Villaverde: 2008, 472-473).
En las últimas páginas del capítulo VI hay unos párrafos muy reveladores en cuanto a la ideología de Isabel. Son muy importantes, puesto que por medio del flujo de pensamientos de Isabel se nos da a conocer el mayor problema de aquel entonces y, al mismo tiempo el tema central de la novela: el trastorno de ideas y la perversidad de una sociedad impregnada de esclavitud. El extracto es demasiado largo, pero consideramos necesario mantener la extensión original del texto para no privar al lector de las reflexiones de Isabel:
En todo son extremadas las mujeres de la índole de Isabel: o aman, o aborrecen; las medias tintas de sus pasiones se quedan para casos raros. En las pocas horas de su estada en el ingenio, había podido observar cosas que, aunque oídas antes, no las creyó nunca reales y verdaderas. Vio, con sus ojos, que allí reinaba un estado permanente de guerra, guerra sangrienta, cruel, implacable, del negro contra el blanco, del amo contra el esclavo. Vio que el látigo estaba siempre suspendido sobre la cabeza de éste como el solo argumento y el solo estímulo para hacerle trabajar y someterle a los horrores de la esclavitud. Vio que se aplicaban castigos injustos y atroces por toda cosa y a todas horas, que jamás la averiguación del tanto de la culpa precedía a la aplicación de la pena; y que a menudo se aplicaban dos y tres penas diferentes por una misma falta o delito; que el trato era inicuo, sin motivo que le aplacara ni freno que le moderase; que apelaba el esclavo a la fuga o al suicidio en horca como el único medio para librarse de un mal que no tenía cura ni intermitencia. He aquí la síntesis de la vida en el ingenio, según se ofreció a los ojos del alma de Isabel, en toda su desnudez.

Pero nada de esto era lo peor; lo peor, en opinión de Isabel, era la extraña apatía, la impasibilidad, la inhumana indiferencia con que amos o no miraban los sufrimientos, las enfermedades y aun la muerte de los esclavos. Como si a nadie importara su vida bajo ningún concepto. Como si no fuera nunca el propósito de los amos corregir y reformar a los esclavos, sino meramente el deseo de satisfacer una venganza. Como si el negro fuese malvado por negro y no por esclavo. Como si tratado como bestia se extrañara que se portara a veces como fiera.

¿Cuál podía ser la causa original de un estado de cosas tan opuesto a todo sentimiento de justicia y moralidad? ¿Tendría el hábito o la educación fuerza bastante para sofocar en el corazón, sobre todo de la mujer, el sentimiento de la piedad? La costumbre de presenciar actos crueles ¿sería capaz de encallecer la sensibilidad natural del hombre y de la mujer ilustrada y cristiana? ¿Tenía algo que ver en el asunto la antipatía instintiva de raza? ¿No estaba en el interés del amo la conservación o la prolongación de la vida del esclavo, capital viviente? Sí lo estaba, a no quedar género de duda; pero eso tenía de perversa la esclavitud, que poco a poco e insensiblemente infiltraba su veneno en el alma de los amos, trastornaba todas sus ideas de lo justo y de lo injusto, convertía al hombre en un ser todo iracundia y soberbia, destruyendo de rechazo la parte más bella de la segunda naturaleza de la mujer: la caridad. (C. Villaverde: 2008, 478-479).
Al darnos cuenta de que el valor del esclavo consiste en estar considerado un «capital viviente» para toda la sociedad esclavista, seremos capaces de comprender por qué incluso los intelectuales, entre ellos Villaverde, se niegan a abolir la esclavitud. Sin embargo, del fragmento se desprende que Villaverde se da cuenta de las consecuencias destructivas del sistema esclavista entero y no sólo de sus ciertos aspectos, como, por ejemplo, los castigos corporales. Esta idea contrasta con la idea general que se desprende de la novela, basada en la visión de la esclavitud justa.

Las preguntas retóricas en el fragmento nos transmiten el carácter pensativo de Isabel. Reflexiona sobre las condiciones penosas de los esclavos y es la única que se da cuenta de las consecuencias horrorosas de la esclavitud.

Isabel puede enfrentarse al problema de la esclavitud no sólo por su carácter, sino también por su posición social. Como forma parte de la élite criolla, es capaz de cambiar las cosas. Sin embargo, su poder no consiste sólo en su posición social, sino también en su capacidad de pensar y en su compasión. Isabel es un personaje rebelde. Se rebela contra lo establecido, contra la sociedad amoral. A pesar de formar parte de la élite, se opone a su comportamiento reprochable. Su rebelión no tiene una dimensión personal, sino social. Se rebela por los demás, actúa a beneficio de los esclavos. No busca ningún provecho personal.

La dimensión social de la rebelión de Isabel contrasta con la dimensión personal de la rebelión de Cecilia Valdés de la que hemos hablado en el capítulo dedicado a la mulata. Cecilia, a la hora de rebelarse, no piensa en los demás mulatos marginados y discriminados. Se niega a aceptar la vida que le toca. Aunque su problema tiene una dimensión social, ella lo hace por interés personal. Diciéndolo de otra manera, Isabel se rebela para que los esclavos tengan una vida mejor, mientras que Cecilia se rebela para tener ella misma una vida mejor.



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