Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde



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Los mulatos libres


Los mulatos libres tienen una posición indefinida en la sociedad cubana. Se ven marginados por los blancos sin saber a dónde pertenecen. El personaje de Cecilia Valdés refleja perfectamente esta inseguridad social y racial. Los mulatos sienten vergüenza de su origen, odian su condición mulata. No son ni negros, ni blancos. Viven sin saber a qué raza pertenecen. Viven un desgarramiento interno.

Los mulatos que pasan por la casa cuna reciben en bautismo el apellido Valdés, en memoria del obispo Fray Gerónimo Valdés. Los mulatos bautizados gozan de ciertos privilegios, su posición social es mejor en comparación con los demás mulatos. (J. Murillo Garnica: 2008, 52). La protagonista Cecilia Valdés es una de ellos. Se sienten orgullosos de llevar el apellido Valdés. El apellido los purifica en cierta manera. Pedro Deschamps Chapeaux afirma que los mulatos suelen defenderse ante los insultos relacionados con el color de su piel de la siguiente manera: «Yo no soy mulato, soy Valdés.» (P. Deschamps Chapeaux: 1971, 190).

El mundo de la gente de color se asocia al instinto, la pasión y la seducción. Esta característica se asocia sobre todo a las mujeres mulatas que están en contraste con las mujeres blancas. Éstas se comportan de manera muy distinta, de acuerdo con los valores cristianos. Nos servirá de ejemplo la dicotomía entre Cecilia e Isabel. Leonardo las distingue de la manera siguiente:
[N]o puedo querer a la una como quiero a la otra. La de allá (Cecilia) me trae siempre loco, me ha hecho cometer más de una locura y todavía me hará cometer muchas más. Con todo, no la amo, ni la amaré nunca como amo a la de acá (Isabel)... Aquella es toda pasión y fuego, es mi tentadora, un diablito en figura de mujer, la Venus de las mula... ¿Quién es bastante fuerte para resistírsele? ¿Quién puede acercársele sin quemarse? ¿Quién al verla no más no siente hervirle la sangre en las venas? ¿Quién la oye decir te quiero, y no se le trastorna el cerebro cual si bebiera vino? Ninguna de esas sensaciones es fácil experimentar al lado de Isabel. Bella, elegante, amable, instruida, severa, posee la virtud del erizo, que punza con sus espinas al que osa tocarla. Estatua, en fin, de mármol por lo rígida y por lo fría, inspira respeto, admiración, cariño tal vez, no amor loco, no una pasión volcánica. (C. Villaverde: 2008, 414).
En el mismo capítulo Leonardo defiende uno de los prejuicios y estereotipos sociales más comunes por aquel entonces: la mujer de color está predestinada para ser concubina, mientras que la mujer blanca está predestinada para ser esposa. Además, su opinión demuestra su egoísmo y perversión. Se burla de los sentimientos de sus amantes engañando a las dos:
―Y pensando como piensas, Leonardo, ¿te casarás con Isabel?

―¿Por qué no? Precisamente así es como debe buscarse la mujer para esposa. El que se casa con Isabel está seguro de que no padecerá de... quebraderos de cabeza, aunque sea más celoso que un turco. Con las mujeres como C... el peligro es constante, es fuerza andar siempre cual vendedor de yesca. (C. Villaverde: 2008, 415).


La de la Habana (Cecilia) será mi Venus citerea, la de Alquízar (Isabel) mi ángel custodio, mi monjita Ursulina, mi hermana de la caridad. (C. Villaverde: 2008, 415).
Para gozar mucho en la vida el hombre no debe casarse con la mujer que adora, sino con la mujer que quiere. (C. Villaverde: 2008, 415).
El carácter de los mulatos se desprende de los pasajes en los que se describen sus fiestas. Su estilo de diversión subraya su libertad, ya que sus fiestas se dan en la calle y tienen un carácter espontáneo, mientras que los bailes de los blancos tienen lugar en los salones elegantes y son más oficiales:
Pero esto no era por cierto el rasgo más notable de nuestras fiestas circulares. Había en el espectáculo algo que se hacía notable por demasiado grosero y procaz. Nos contraemos ahora a los juegos de envite y de manos que hacían parte de la feria y que provocaban con sus estupendas, aunque mentirosas ganancias, la codicia de los incautos. Los dirigían y ejecutaban en su mayoría hombres de color y de la peor ralea. Si bien groseros los artificios, no dejaban de engañar a muchos que se daban por muy avisados. Éstos tenían lugar en la plazuela o en la calle, a la luz mortecina de los candiles o de los faroles de papel, y tomaban en ellos parte gente de todas clases, condiciones, edades y sexos. Para las de alta posición social, queremos decir, para los blancos, había algo más decente, había la casa de bailes, donde un Farruco, un Brito, un Illas o un Marqués de Casa Calvo tenían puesta la banca o juego del monte desde el oscurecer hasta la pasada media noche, mientras duraban los diez y ocho días de la feria. (C. Villaverde: 2008, 91).
Otro detalle que llamó nuestra atención en la novela es la diferencia que se da entre las profesiones destinadas a la élite blanca y las profesiones destinadas a la gente de color. Según Jacqueline Murillo Garnica, para los mulatos libres, no condenados a la esclavitud, las posibilidades de trabajo son muy limitadas. Ejercen el oficio de carpintero, sastre (Francisco de Paula Uribe), músico (José Dolores Pimienta) o campanero. Constituyen la llamada clase artesanal. Los hombres blancos se dedican a profesiones mucho más lucrativas, por ejemplo, medicina, derecho, administración, teología, etc. (J. Murillo Garnica: 2008, 69). En la novela la madre de Leonardo quiere que su hijo se dedique a la abogacía:
Su madre, sin embargo, quería que fuese abogado, doctor de la Universidad de la Habana, halagándole la esperanza de que podría, por este camino, llegar a oidor de la Audiencia de Puerto Príncipe, y hasta a Teniente Gobernador, como llamaban entonces a los jueces letrados de nombramiento real. Creía ella con razón que, mediante el dinero y las relaciones de su marido en la Corte, bien podía conseguirse para su primogénito cualquier gracia, honor o título, entre los muchos que, merced a aquellos estímulos, es uso conceder la Corona. (C. Villaverde: 2008, 181).
Del fragmento se desprende que la posición privilegiada de Cándido significa ciertos privilegios y beneficios para su hijo, aunque éste carece de cualquier talento, lo que se da a conocer al lector en el capítulo XII de la primera parte. El dinero es todopoderoso y tiene inmenso poder corrupto en la sociedad cubana decimonónica.

Para concluir el presente subcapítulo, la novela nos transmite el desgarramiento interior de los mulatos que se asocia a su inseguridad social y racial, provocada por el mestizaje racial. Quieren acercarse a la única raza que vale, es decir, a los blancos. Por un lado, Cecilia quiere demostrar su superioridad racial y ascender socialmente manteniendo las relaciones sexuales con Leonardo, por otro lado, acepta su condición inferior y sumisa convirtiéndose en la mera concubina del hombre blanco superior. Esto indica que su actuación es contradictoria y desgarrada igual que su personalidad.



    1. Criollos vs. peninsulares


La sociedad cubana decimonónica está determinada por la relación conflictiva entre los peninsulares y los criollos. El conflicto se asocia a la identidad nacional, ya que los criollos, nacidos en la Colonia, se consideran cubanos y no españoles. Eran descendientes de militares, funcionarios o comerciantes españoles.

Los peninsulares ocupaban puestos importantes en la administración y gobierno, mientras que los criollos no podían participar activamente en la política. Esta distribución injusta del poder es la causa principal del conflicto mencionado. Los criollos quieren decidir sobre su patria, se niegan a dejar el poder en manos de los inmigrantes intrusos. Tratan de reducir el poder de los españoles. En el capítulo dedicado al contexto histórico y social hemos afirmado que el tratado firmado entre España y Gran Bretaña aumenta aún más la tensión existente entre los criollos y los peninsulares, ya que cada uno de los grupos defiende intereses distintos.

La vida de los criollos blancos se caracteriza por la ostentación, la vanidad, el lujo y el ocio. Sobre todo los jóvenes de las familias criollas muestran su riqueza. Se visten a la última moda, se rodean de esclavos, utilizan carruajes, su única diversión son las mujeres, el juego, la bebida, los bailes, etc. Leonardo es un ejemplo excelente:
¿Qué necesidades podía experimentar un mozo de sus años y ocupaciones? Libros, trajes, caballos, carruajes, criados, dinero, todo le sobraba: ni el trabajo de pedir casi nunca tenía, porque desde la cuna se había acostumbrado a ver satisfechos sus deseos y aun caprichos, apenas indicados. Con todo eso, no pasaba día sin que le hiciera la madre algún regalo costoso, teniendo además la costumbre de ponerle todas las tardes en la faltriquera del chaleco media onza de oro, a veces una onza. Naturalmente, como entraba ese dinero, así salía, sin conciencia de su valor, y era lo malo que jamás pasaba por la mente del hijo pródigo, que debía guardar para mañana lo que no fuese necesario para los gastos de hoy. ¿Cómo derramaba el oro nuestro imberbe estudiante? Adivinarlo puede el discreto lector, siendo, como eran, el juego, las mujeres y las orgías con los amigos la vorágine que consumía el caudal de Gamboa y le agotaba el perfume del alma en la flor de su vida. (C. Villaverde: 2008, 183).
A través de la familia Gamboa se nos dan a conocer los problemas existentes en la sociedad cubana decimonónica. La relación entre Leonardo, hijo de madre criolla y el padre español, y Cándido refleja el conflicto nacional entre los criollos y los peninsulares. No existe ninguna comunicación entre los dos. Leonardo quiere apartarse ideológicamente de su padre, no obstante, por mucho que se niegue a aceptarlo, se rige por los mismos valores. Los dos se consideran amos de esclavos y dueños de grandes instalaciones agrícolas. A los dos les gusta demostrar su superioridad, tanto social como racial, teniendo relaciones ilícitas con las mulatas.

Las mujeres criollas dependen de los hombres blancos, así que están en la misma posición que las mulatas. Como las mujeres blancas no pueden trabajar, son mantenidas económicamente por sus esposos. El personaje de doña Rosa es una excepción. Muchas veces demuestra su superioridad e independencia. Ella es la verdadera dueña del ingenio y posee la mayoría de los bienes gananciales:


―Lo que yo me propongo, señor D. Cándido Gamboa y Ruiz ―dijo su mujer alzando la voz y con ademán solemne―, es que V. no continúe derrochando mi dinero ni el de mis hijos en querindangos y en la familia de la querida. (C. Villaverde: 2008, 357).
En este subcapítulo hemos llegado a la conclusión de que la novela transmite magistralmente el conflicto entre los criollos y los peninsulares, otro de los muchos conflictos existentes en la sociedad cubana decimonónica. Dichas relaciones conflictivas que poco a poco vamos descubriendo demuestran la visión conflictiva del autor de la sociedad de aquel entonces.

    1. Conclusión


Hemos visto que la discriminación provoca el sentimiento de inferioridad. Todos tienen necesidad de certificar su posición social, sean los mulatos (Cecilia Valdés) o los blancos (Cándido Gamboa). El dinero mejora la condición racial y social. De ahí que Cecilia quiera casarse con un blanco adinerado y Cándido quiera comprarse el título nobiliario.

Las mulatas quieren blanquearse para borrar su parte negra de la que se avergüenzan. Casarse o tener relaciones sexuales con un hombre blanco significaría librarse de su complejo de inferioridad y acercarse a los blancos. Sin embargo, su intento se ve condenado al fracaso. Los mulatos tienen que superar su complejo de inferioridad y su inseguridad racial. Si no aceptan lo que son, estarán condenados al sufrimiento eterno. Sin embargo, comprendemos que dicha superación se ve obstaculizada por la sociedad racista de la que forman parte.

El sistema esclavista causa la degradación paulatina de toda la sociedad. Sus consecuencias las sufren tanto los explotadores como los explotados. Todos carecen de los valores morales. Villaverde no propone ninguna solución al problema, ya que no consigue librarse de los efectos del sistema esclavista. Como no quiere abolir la esclavitud, permite que la población cubana siga corrompiéndose. La abolición de la trata o mejor tratamiento de los negros no son soluciones aceptables. Dichas propuestas no libran a los negros de su condición esclava, no dejan de ser poseídos.

  1. El personaje de Cecilia Valdés

    1. Introducción


En el presente capítulo pretendemos analizar a la protagonista Cecilia Valdés comparándola con el personaje de Isabel Ilincheta, con lo que queremos demostrar caracteres opuestos de los dos personajes. Villaverde utiliza a Isabel Ilincheta, una mujer fría, seria y reservada, para resaltar el carácter apasionado de la mulata sensual.

También queremos prestar nuestra atención al conflicto interior de la mulata Cecilia. Nos referimos a su inseguridad racial que origina casi toda la acción diegética. Como pertenece a la raza inferior, desea casarse con un hombre blanco para blanquearse y así ascender automáticamente en la sociedad. La historia sentimental de la mulata, es decir, el amor incestuoso con su medio hermano Leonardo, constituye el eje central de la historia.

Uno de los objetivos de nuestro trabajo es demostrar que la discriminación racial, uno de los efectos de la esclavitud, origina los conflictos en la sociedad. Por ejemplo, uno de los conflictos es el desgarramiento racial de la mulata. Por eso consideramos necesario analizar dicho conflicto interno de Cecilia, ya que éste es la consecuencia de las actuaciones hostiles que la sociedad racista ejecuta contra la gente de color. La discriminación racial la hace odiar su parte negra y subrayar su parte blanca.

    1. Inseguridad racial de Cecilia Valdés


Cecilia Valdés es una mulata, pero no lo parece físicamente. La llaman Virgencita de bronce. La apariencia blanca provoca en ella una inseguridad, no sabe a qué raza pertenece. Siguiendo los consejos de su abuela Josefa, quiere conseguir el ascenso social ocultando su origen, es decir, su parte negra. Siendo casi blanca, Cecilia está convencida de que puede aspirar a casarse con un hombre blanco y adinerado. Sin embargo, no lo consigue, puesto que todo el mundo sabe de dónde procede:

Él (Leonardo) era un joven blanco, de familia rica, emparentado con las primeras de la Habana, que estudiaba para abogado y que, en caso de contraer matrimonio, no sería ciertamente con una muchacha de la clase baja, cuyo apellido bastaba para indicar lo oscuro de su origen, y cuya sangre mezclada se descubría en su cabello ondeado y en el color bronceado de su rostro. Su belleza incomparable era, pues, una cualidad relativa, la única quizás con que contaba para triunfar sobre el corazón de los hombres; mas eso no constituía título abonado para salir ella de la esfera en que había nacido y elevarse a aquélla en que giraban los blancos de un país de esclavos. (C. Villaverde: 2008, 162).

La vida de Cecilia está determinada por la sociedad y la hipocresía de ésta. Es víctima de la discriminación a pesar de parecer blanca físicamente. Dicha discriminación no tiene nada que ver con el color de su piel, sino con el color legal, es decir, la certificación de la pureza de sangre. Lyle Scott Nash afirma al respecto: «[...] there exists a greater reliance on the legal determination of race that is not based on somatic indicators, but rather on documentation that would confirm the family bloodline.» (L. Scott Nash: 2008, 73).

Cecilia fue criada en la convicción de que era mejor nacida que los demás mulatos, no podía compararse con ellos. La abuela creó en ella el sentimiento de superioridad. El hecho de ser hija de un caballero blanco significa que Cecilia tiene derecho a casarse con un blanco y de este modo ascender en la escala social. Casarse con un mulato sería un paso atrás.

―Y Nemesia, la hija de seño Pimienta el músico, ¿no se está en la calle hasta las diez? Antenoche nada menos la topé en la plazuela del Cristo jugando a la lunita con una porción de muchachos.

―¿Y tú te quieres comparar con la hija de seño Pimienta, que es una pardita andrajosa, callejera, y mal criada? El día menos pensado traen a esa espiritada, a su casa en una tabla con la cabeza partida en dos pedazos. La cabra, hija, siempre tira al monte. Tú eres mejor nacida que ella. Tu padre es un caballero blanco, y algún día has de ser rica y andar en carruaje. ¿Quién sabe? Pero Nemesia no será nunca más de lo que es. Se casará, si se casa, con un mulato como ella, porque su padre tiene más de negro que de otra cosa. Tú, al contrario, eres casi blanca y puedes aspirar a casarte con un blanco. ¿Por qué no? De menos nos hizo Dios. Y has de saber que el blanco, aunque pobre, sirve para marido; negro o mulato ni el buey de oro. (C. Villaverde: 2008, 86).

A lo largo de toda la novela se subraya la diferencia entre Cecilia y las demás mulatas. Su belleza hasta parece exagerada. El narrador como si fuera uno de sus pretendientes, la describe como si fuera una diosa: «Era su tipo el de las vírgenes de los más celebres pintores.» (C. Villaverde: 2008, 73). Su apariencia física se ve muy idealizada, no obstante, no tanto su carácter: «La boca tenía chica y los labios llenos, indicando más voluptuosidad que firmeza de carácter.» (C. Villaverde: 2008, 73).

Las mulatas simbolizan la sensualidad, la erótica, la voluptuosidad, la pasión. Cecilia se describe como una «femme fatale» que es capaz de destruir al hombre, devorarlo. El personaje de la mulata tiene características románticas por excelencia, ya que representa el arquetipo de la mujer perniciosa y carnal que conduce al hombre a la perdición. Sin embargo, la belleza de Cecilia es la causa de la perdición no sólo del hombre, sino también de ella misma.

Siendo muy hermosa, Cecilia tiene muchos pretendientes entre los hombres blancos, sin embargo, es un mero juguete sexual para ellos. En la novela se sostiene que la condición natural de la mulata es ser una concubina. Las mulatas están predestinadas a ser concubinas de los hombres blancos. (C. Villaverde: 2008, 598). Las mulatas servían para satisfacer la necesidad sexual del hombre, mientras que las blancas servían para casarse. La mujer mulata era algo prohibido y por eso muy deseado por parte de los blancos. Según el código moral de aquel entonces, la mayor virtud de una mujer blanca era permanecer virgen hasta el matrimonio. La virtud de las mulatas no importaba tanto. De ahí el deseo de Josefa de que Cecilia se mantenga pura. Quiere que su nieta se iguale a las mujeres blancas y que los demás la traten como tal.

[S]u figura y su parecer son los que van a acabar conmigo antes de mucho tiempo. [...] Su lindura me tiene loca y fuera de mí. No vivo ni duermo por guardarla de los caballeritos blancos que la persiguen como moscas a la miel. Me tiene sin sombra. (C. Villaverde: 2008, 339).

Josefa no quiere que su nieta pierda la virginidad antes del matrimonio con un hombre de la raza superior. Según la abuela, los hombres de color constituyen el mayor peligro para Cecilia. Josefa narra una historia a su nieta para disuadirle de tener sexo prematrimonial. En su narración, la piel negra de un joven galán desconocido se asocia al diablo:

―Yo te lo contaré ―prosiguió seña Chepa con calma, notando que producía el efecto deseado su cuento de cuentos―. Pues, señor, al llegar Narcisa a las Cinco esquinas del Ángel, se le apareció un joven muy galán que le preguntó a dónde iba a aquella hora de la noche. A ver un baile ―contestó la inocentona―. Yo te llevaré, repuso el joven; y cogiéndola por un brazo la sacó a la muralla. Aunque era muy escuro, reparó Narcisa que según iban andando el desconocido se ponía prieto, muy prieto, como un carbón; que los pelos de la cabeza se le enderezaban como lesnas; que al reír asomaba unos dientes tamaños como de cochino jabalí; que le nacían dos cuernos en la frente; que le arrastraba un rabo peludo por el suelo; que echaba fuego por la boca como un horno de hacer pan. Narcisa entonces dio un grito de horror y trató de zafarse, pero la figura prieta le clavó las uñas en la garganta para que no gritara, y, cargando con ella, se subió a la torre del Ángel, que, según habrás reparado, no tiene cruz, y desde allí la arrojó en un pozo hondísimo que se abrió y volvió a cerrarse tragándosela en un instante. Pues esto es, hija, lo que le sucede a las niñas que no hacen caso de los consejos de sus mayores. (C. Villaverde: 2008, 88).

Villaverde critica severamente la actitud hipócrita de los hombres blancos que se casan con las mujeres blancas, puras e inmaculadas y al mismo tiempo manchan a las mulatas teniendo relaciones ilícitas con ellas. Es un círculo vicioso. Las mulatas, movidas por el deseo de convertirse en sus esposas y ascender, aceptan ser concubinas de los hombres blancos. Es decir, aceptan una posición inferior a pesar de su deseo de igualarse a la raza superior. Ofrecen a los blancos lo que la mujer criolla no les puede dar. Las mulatas gozaban de libertad a la hora de manifestar su sexualidad. Podían moverse libremente por la ciudad y visitar fiestas y bailes de diversa índole. Su libertad contrasta con las posibilidades restringidas de las mujeres blancas. Nos servirá de ejemplo una escena que nos transmite las actividades inaceptables para las mujeres blancas:

A veces, tras las ponderaciones de las gracias de la mulata, podían oírse voces de compasión, pues tomándola por una joven de pura sangre, era natural que les chocase de verla allí y que creyese de bajos sentimientos a quien consentía en rozarse tan de cerca con la gente de color. (C. Villaverde: 2008, 381).

Todas las mulatas sueñan con un futuro mejor. Cecilia no es ninguna excepción. Por ejemplo, Nemesia, su mejor amiga, intenta seducir a Leonardo Gamboa por las mismas razones que Cecilia:
Si no ha de ser para mí, que no sea para ella tampoco. Él es muy enamorado y le gustan mucho las pardas. No es tan difícil la cosa como parece. Veamos si de una vía hago dos mandados. Ella (Cecilia) para José Dolores y él (Leonardo) para mí. Se puede, se puede. (C. Villaverde: 2008, 249).

Sin embargo, a pesar del objetivo que une a todas las mulatas, Cecilia resulta ser diferente. Se rebela y lucha contra la vida predestinada de todas las mulatas. Consciente de su belleza privilegiada, se niega a ser mera concubina. Cueste lo que cueste, Cecilia está decidida a conseguir el ascenso social. Representa la rebelión contra el destino, contra la sociedad que la discrimina. Sin embargo, siguiendo el canon romántico, la protagonista tiene que terminar derrotada. La sociedad la destruye. A lo largo de la novela pasa del optimismo al abatimiento. Hay un contraste entre la tragedia que está viviendo su madre Charo y el éxito inicial de Cecilia. Son dos caras de la misma moneda. Mientras Charo está ingresada en el hospital, Cecilia alcanza el éxito teniendo relaciones íntimas con Leonardo. Sin embargo, a pesar del éxito inicial de Cecilia, al final queda abatida igual que su madre. La relación interracial en la sociedad racista no puede terminar bien. En la novela todas las relaciones interraciales fracasan, lo que demuestra claramente el objetivo moralizador del autor: las razas no deben mezclarse. A lo largo de la novela se afirma que los blancos son la raza superior y su unión con la raza negra significaría su degradación:


Gracias, pues, debe Vd. dar a Dios de que no se le haya metido en la cabeza a su hijo de Vd., que parece ser testarudo y voluntarioso, el enredarse con una negrita. Eso sí que sería una desgracia para la familia. (C. Villaverde: 2008, 598).

En la novela aparece uno de los temas típicamente románticos: el amor incestuoso. Ignorando que son medio hermanos, Cecilia y Leonardo se enamoran. La protagonista se queda embarazada de su medio hermano, es decir, se consuma el incesto. Sin embargo, Villaverde no denuncia el incesto como tal. El tema no es el incesto por el incesto. Villaverde utiliza la relación incestuosa entre Cecilia y Leonardo para demostrar los vicios de la sociedad amoral. Denuncia la costumbre de mantener relaciones ilícitas que provocan el incesto, critica la costumbre de usar a las mulatas como objetos sexuales. Casi toda La Habana sabe que Cecilia y Leonardo son medio hermanos, no obstante, la gente no hace nada para evitar la relación incestuosa.8

El amor de Leonardo hacia Cecilia es más bien pasional que romántico. Con el carácter pasional de los sentimientos de Leonardo, Villaverde pretende demostrar el carácter de la relación de los dos. Cecilia es capaz de provocar la pasión en el hombre blanco, pero no el amor. La relación entre los dos está basada en una fuerte atracción sexual, una obsesión enfermiza.

Cuando Leonardo abandona a Cecilia para casarse con Isabel, la obsesión de la protagonista por Leonardo se convierte en la obsesión de vengarse de él:


No faltó quien comunicara a Cecilia la nueva del próximo enlace de su amante con Isabel Ilincheta. Renunciamos a pintar el tumulto de pasiones que despertó en el pecho de la orgullosa y vengativa mulata. Baste decir que la oveja, de hecho, se transformó en leona. (C. Villaverde: 2008, 636).
Para concluir este subcapítulo, a pesar de tener una posición privilegiada por su piel blanca, la protagonista Cecilia Valdés sufre un complejo de inferioridad y siente la necesidad de blanquearse casándose con un hombre blanco. Cecilia goza de una posición privilegiada y especial sólo entre los suyos, o sea, entre los mulatos. Sin embargo, a pesar de considerarse superior a los demás mulatos, se siente inferior a la raza blanca. Dicho sentimiento de inferioridad frente a la raza blanca es la consecuencia de la discriminación racial. La élite blanca trata de distinguirse y apartarse de la gente de color señalando su superioridad. Crea una línea divisoria entre la raza superior y la inferior. No obstante, dicha línea divisoria tiene fisuras que se manifiestan a través de las relaciones interraciales.

La discriminación racial es sólo una de las manifestaciones de la ausencia de los valores morales de la sociedad. Otra manifestación de la degradación general de la sociedad es la tolerancia de los pecados. Sírvanos de ejemplo la relación incestuosa entre Leonardo y Cecilia. Villaverde critica la actitud apática de la sociedad que no hace nada para evitar el incesto.



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