Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde


Contrastes sociales y raciales Introducción



Descargar 393,09 Kb.
Página3/7
Fecha de conversión25.04.2017
Tamaño393,09 Kb.
1   2   3   4   5   6   7

Contrastes sociales y raciales

  1. Introducción


Hemos colocado el capítulo dedicado al análisis de los contrastes sociales y raciales en la Cuba decimonónica pintada en la novela al principio de nuestro trabajo de investigación para enlazarlo con el capítulo anterior, que se ocupa del contexto histórico-social. El contexto nos proporciona un marco adecuado para este análisis que nos permitirá interpretar las relaciones sociales y raciales de aquel entonces. Procuramos demostrar que dichas relaciones, expresadas mediante el recurso literario del contraste, transmiten la degradación de la sociedad, y cuya causa se halla en el sistema esclavista. A través de las razas y capas sociales aparece un conflicto omnipresente que actúa como fuerza motriz de todas las acciones realizadas por la sociedad. Por ejemplo, uno de los conflictos motrices es la discriminación racial alrededor de la cual gira toda la acción diegética.

Vamos a centrarnos tanto en la realidad histórica como en la versión novelesca del problema planteado en el primer párrafo. Como uno de los mayores propósitos del autor es crear un espejo de la realidad, su versión literaria se considera un valioso testimonio de la sociedad de la época. Los hechos históricos los vamos a relacionar con los hechos novelescos que nos servirán de ejemplos.

Nuestro análisis se basará sobre todo en el conflicto entre peninsulares y criollos. También vamos a dedicarnos a la esclavitud. Dichos temas son los resortes centrales de la historia. De ellos derivan otros temas muy importantes en la novela. Por ejemplo: uniones interraciales, diferencias entre la esclavitud urbana y rural, posición social de los mulatos libres, discriminación de los mulatos hacia los negros, etc.

Para nuestra investigación nos hemos apoyado en el trabajo de Jacqueline Murillo Garnica que lleva por título Las relaciones interraciales y sociales en la Cuba de Cecilia Valdés (2008).


    1. Organización social


Hay muchos escalones en la pirámide estamental de aquel entonces. En su cúspide se halla el Capitán General, representando al rey Fernando VII. La base de la pirámide social está formada por los esclavos, el verdadero protagonista colectivo de la novela Cecilia Valdés. Entre estos dos extremos opuestos se encuentran las autoridades militares, funcionarios de la metrópoli, aristocracia criolla, la clase media y la llamada pequeña burguesía, la clase formada por artesanos, sastres, peluqueros, etc. Dicha organización social tiene mucho que ver con la raza, es decir, la diferenciación racial se refleja en la diferenciación social. Los blancos se hallan arriba, mientras que los negros ocupan los puestos más bajos en la pirámide social.

Sin embargo, a pesar de sus diferencias sociales, raciales y económicas, las capas sociales no están rígidamente delimitadas y separadas. Está claro que el contacto no se puede evitar. Los peninsulares, de los que un 90 por ciento son hombres, se mezclan con las negras recién importadas. De esta simbiosis surge la Cuba mulata. Sin embargo, los inmigrantes españoles o tienen su esposa en la metrópoli o se casan con una criolla.

El ascenso del negro en la escala social no se descarta completamente. Ciertos oficios permiten el ascenso en la escala social, por ejemplo, la profesión de sastre o de partera. (J. Murillo Garnica: 2008, 37-42). Sírvanos de ejemplo el personaje del sastre Uribe, cuyo oficio le permite obtener un capital considerable.6

Está claro que el éxito económico de los mulatos molesta a la élite blanca, ya que los perciben como rivales que pueden amenazar su posición superior y privilegiada.


    1. Discriminación racial


En el primer subcapítulo hemos anotado que la discriminación racial origina la mayoría de la acción novelesca. La discriminación es una de las consecuencias de la esclavitud. La presencia de la raza negra en Cuba, ya desde el comienzo destinada a servir, provoca un erróneo sentimiento de superioridad en la población blanca. El hecho de que los negros estén destinados a ser esclavos causa que el mundo de los negros se asocie automáticamente a connotaciones inferiores y serviles. El color de la piel es el factor determinante en la vida de la población cubana.

A la hora de describir los personajes, Villaverde nunca omite el color de la piel, ya que éste condiciona la posición social de los personajes. El caso del maestro sastre Uribe nos servirá de ejemplo:


Aunque quisiera, no hubiera podido negar la raza negra mezclada con la blanca, a que debía su origen. Era de elevada talla, enjuto de carnes, carilargo, los brazos tenía desproporcionados, la nariz achatada, los ojos saltones, o a flor del rostro, la boca chica, y tanto que apenas cabían en ella dos sartas de dientes ralos, anchos y belfos; los labios renegridos, muy gruesos y el color cobrizo pálido. Usaba patilla corta, a la clérigo, rala y crespa, lo mismo que el cabello, si bien éste más espeso y en mechones erectos que daban a su cabeza la misma apariencia atribuida por la fábula a la de Medusa. (C. Villaverde: 2008, 198).
El personaje de Uribe refleja a la pequeña burguesía. Goza de cierto privilegio económico, puesto que su clientela está formada por la oligarquía blanca. Sin embargo, carece de beneficios políticos por el color pardo de su piel, en este sentido padece discriminación racial. Jacqueline Murillo Garnica afirma al respecto:
Disfrutaba Uribe de una selecta clientela, integrada por destacadas figuras de la nobleza peninsular y criolla. Era el sastre más popular en Cuba. Este reconocimiento tenía sus ventajas económicas y sus desventajas políticas. No podía pasar desapercibido para las autoridades coloniales el hecho de que una persona como Uribe, que ocupaba el mundo social de los pardos y morenos libres, tuviera un lugar destacado y prominente. (J. Murillo Garnica: 2008, 39).
A lo largo de la novela se nota la postura racista del autor, lo que indica su incapacidad de librarse de los efectos del sistema esclavista. A pesar del supuesto carácter antiesclavista de la obra, el narrador no deja de considerar a la gente de color la «raza híbrida e inferior» (C. Villaverde: 2008, 108). En este sentido, hay muchas contradicciones en la novela. Por un lado, rechaza castigos excesivos que reciben los esclavos, por el otro, a la protagonista la describe como «la Venus de la raza híbrida etiópico-caucásica» (C. Villaverde: 2008, 100). Villaverde considera a los blancos la raza superior. El color blanco de la piel es positivo, mientras que el negro tiene connotaciones negativas. De ahí surge el deseo de las mulatas de blanquearse, asimilar el color blanco, o sea, superior, de sus amantes. Ellas se consideran inferiores. Uno de los personajes subraya la superioridad de los blancos en el extracto siguiente:
Especialmente no se cree que, ni se espera tampoco, que las de la raza mezclada sean capaces de guardar recato, de ser honestas o esposas legítimas de nadie. En concepto del vulgo, nacen predestinadas para ser concubinas de los hombres de raza superior. Tal, en efecto, parece que es su destino. (C. Villaverde: 2008, 598).
Para una mulata, blanquearse significa salvarse. Tener un hijo con un mulato significaría tener un descendiente saltoatrás7. Las aspiraciones de las mulatas las revela claramente la conversación de Cecilia con su amiga Nemesia:
―¿Tú no prefieres los blancos a los pardos, como seña Clara?

―No lo niego, mucho que sí me gustan más los blancos que los pardos. Se me caería la cara de vergüenza si me casara y tuviera un hijo saltoatrás. (C. Villaverde: 2008, 374-375).


Las mujeres de color dependen de los blancos superiores, puesto que buscan su salvación y purificación racial casándose con ellos y teniendo hijos:
A la sombra del blanco, por ilícita que fuese su unión, creía y esperaba Cecilia ascender siempre, salir de la humilde esfera en que había nacido, si no ella, sus hijos. Casada con un mulato, descendería en su propia estimación y en la de sus iguales. (C. Villaverde: 2008, 163).
Sin embargo, la dependencia es mutua. Según Jacqueline Murillo Garnica, los hombres blancos tienen relaciones sexuales con las mulatas para demostrar su superioridad y poder. (J. Murillo Garnica: 2008, 74). No obstante, las relaciones interraciales se ven condenados rotundamente no sólo por parte de la Iglesia católica, sino también por parte de la sociedad racista. (J. Murillo Garnica: 2008, 50). Es decir, las relaciones interraciales no tienen futuro. Leonardo Gamboa nunca podría casarse con una mulata, porque sería una vergüenza para toda la familia (igual que sería una vergüenza para la familia de Cecilia si ésta se casara con uno de los suyos). En ambos casos sería un salto atrás, ya que las mulatas quieren blanquearse y los blancos quieren subrayar, mejor dicho, certificar su color privilegiado casándose con una mujer blanca. Leonardo afirma: «No me ha pasado jamás por la mente casarme con la de allá (Cecilia), ni con ninguna que se le parezca, y sin embargo, aquí me tienes que me entran sudores cada vez que pienso que ella puede estar coqueteando ahora mismo con un pisaverde o con el mulato músico.» (C. Villaverde: 2008, 415).

Según Jacqueline Murillo Garnica, tanto Cecilia como Cándido están obsesionados con garantizar su posición privilegiada, Cecilia entre los mulatos y Cándido entre la élite blanca:

[C]uanto más clara la piel de los personajes, más tratan éstos de obtener una pureza total. Por ejemplo, Cándido Gamboa compra su título de nobleza para afirmar la superioridad de su raza, para asegurar la superioridad de su Yo. Por su parte, Cecilia Valdés, como se anotó arriba, escapa de su negritud por medio del blanqueamiento genético ocurrido por la mezcla con blancos de generación en generación desde su bisabuela. (J. Murillo Garnica: 2008, 81).
Sin embargo, dicha certificación parece inútil, ya que la superioridad de los dos dentro de sus comunidades respectivas resulta obvia. Cecilia es superior a los demás mulatos por su color, mientras que Cándido es superior a los demás por ser peninsular. Éste quiere certificar su posición privilegiada consiguiendo un título nobiliario. Ninguno de los dos quiere convencer a los demás, sino a sí mismos. Cándido quiere librarse de su pasado, relacionado con la trata negrera, y convertirse en noble. Su hijo Leonardo opina al respecto: «[...] la nobleza comprada con la sangre de los negros que tú y los demás españoles robaban en África para condenarlos a eterna esclavitud, no era nobleza, sino infamia.» (C. Villaverde: 2008, 622).

No sólo existe la discriminación racial entre diferentes razas humanas, es decir, blancos y negros, sino también hay conflictos raciales entre negros y mulatos.

Las mujeres negras no gozaban de los mismos privilegios que las mulatas. La mujer negra era esclava y la más despreciada por parte de la sociedad. La diferencia se nota en la denominación de las dos razas. Para los hombres blancos, la mulata era «canela», mientras que la negra era «carbón». Se nota que el color de la piel es factor decisivo. Cuanto más oscura es la piel, tanto más difícil es la posición social de la persona. Las negras se consideran inferiores a las mulatas:

El refrán no viene al caso; más si lo dices para afirmar que no te gusta la canela, peor para ti, Pancho, porque eso quiere decir que no te gusta el carbón, género mucho más inferior. (C. Villaverde: 2008, 136).


Los mulatos discriminan a los negros por el color de su piel, ya que éste significa la esclavitud. Los mulatos se avergüenzan de sus padres negros, quieren borrar su origen y acercarse a los blancos, o sea, quieren blanquearse. El odio que enfrenta a negros y mulatos es la consecuencia de la esclavitud. Ésta corrompe a toda la sociedad, no sólo a los amos blancos, sino también a los esclavos negros. Degrada los valores humanos. Odian su condición esclava, odian su negritud, puesto que ésta es la causa de su sufrimiento. Ser mulato significa gozar de una mejor condición social. La familia de la esclava María de Regla refleja dicha discriminación:
Dolores y Tirso eran hermanos uterinos. La primera, nacida en la Habana, salió negra, porque a esa raza pertenecía su padre; el segundo, nacido después en el ingenio La Tinaja, salió mulato, porque su padre, fuera el que fuese, era de la raza blanca. De aquí provenía el que ellos no se viesen como tales hermanos y que María de Regla quisiese más a Tirso, que mejoraba su condición, que a Dolores, la cual perpetuaba el odioso color, causa aparente y principal, creía ella, de su inacabable esclavitud. Pero aún en este particular estaba María de Regla condenada a ver defraudadas sus más risueñas ilusiones de madre. Tirso, su preferido, no la quería, más se avergonzaba de haber nacido de negra, enfermera del ingenio por añadidura. Al contrario Dolores, adoraba en su madre. (C. Villaverde: 2008, 303).
Vamos a ver otro ejemplo de la discriminación entre negros y mulatos. Nos referimos a la disputa entre un negro de África y un mulato nacido en La Habana. La causa de la disputa es la condición esclava de los dos. Se odia instintivamente el color negro de la piel, porque está relacionado con la esclavitud a la que se ven sometidos. El acontecimiento tiene lugar en el primer capítulo de la segunda parte:
Y este hombre, africano de nacimiento, lo mismo que el otro, mulato de la Habana, en vez de acudir cada cual a su vehículo respectivo, a fin de deshacer el enredo y facilitar el pasaje, con atroces maldiciones y denuestos se embistieron mutuamente, ciegos de furor salvaje. No era que se conocían, estaban reñidos o tenían anteriores agravios que vengar; sino que siendo los dos esclavos, oprimidos y maltratados siempre por sus amos, sin tiempo ni medio de satisfacer sus pasiones, se odiaban de muerte por instinto y meramente desfogaban la ira de que estaban poseídos, en la primera ocasión que se les presentaba. (C. Villaverde: 2008, 199-200).
El caso de la protagonista Cecilia Valdés es muy interesante. Es tanto la víctima, como el verdugo. Por un lado, la mulata sufre la discriminación por parte de los blancos, por el otro, es ella la que discrimina a los suyos. Su desprecio hacia los negros y la preferencia por los blancos es una clara muestra de su actitud racista. En uno de los bailes, la mulata se niega a bailar con un negro:
Cualquier mediano observador pudo advertir que, a vueltas de la amabilidad empleada por Cecilia con todos los que se le acercaban, hacía marcada diferencia entre los negros y los mulatos. (C. Villaverde: 2008, 382).
―¿Con que no me ha creído la niña digno de ser su compañero esta noche? [...] comprendo la razón por qué la niña me ha desairado. La niña me ve prieto, pobremente vestido, sin amigos en esta selecta reunión y se ha figurado que soy un cualquiera, un malcriado, un pelagatos. [...] Debo decirle a la niña, sin embargo, que la niña me desprecia porque se figura que como tiene el pellejo blanco es blanca. La niña no lo es. Si a otros puede engañar, a mí no. (C. Villaverde: 2008, 383).
Hemos llegado a la conclusión de que tanto los blancos como los mulatos sufren complejo de inferioridad, provocado por la discriminación racial arraigada en la sociedad cubana de aquel entonces. Las dos razas sienten necesidad de demostrar su superioridad. Los mulatos pueden conseguir el ascenso social o mediante ciertos oficios o mediante relaciones sexuales con los blancos, ya que éstas suponen un blanqueamiento racial. En el caso de los blancos, es el dinero lo que les permite certificar su posición privilegiada.

    1. Esclavitud


La población negra se divide en tres tipos: bozales, ladinos y cimarrones. Los bozales son negros recientemente sacados de África. No hablan español ni conocen costumbres de la cultura occidental. Según la RAE, los ladinos son esclavos que llevan más de un año de esclavitud. Es decir, estando en contacto con la civilización occidental, asimilan su cultura, incluso la lengua. Los cimarrones son esclavos que se refugian en los montes en busca de libertad. (J. Murillo Garnica: 2008, 18-19).

Los esclavos se ven sometidos a trabajos extremadamente duros y castigos corporales. Trabajan tanto en el campo, como en la ciudad. El trabajo en el ámbito rural es mucho más duro. Trabajan en ingenios de azúcar y plantaciones de tabaco. En el ámbito urbano se dedican a las labores domésticas, por ejemplo cocinan, lavan, planchan, etc. Entonces, resulta obvio que los esclavos urbanos no sufren tanto como los del campo. Las condiciones de trabajo en los ingenios son insoportables e inhumanas. Los negros se ven obligados a trabajar veinte horas al día y son castigados severamente, o con los azotes o con el cepo. Los esclavos urbanos son castigados siendo enviados al campo. (J. Murillo Garnica: 2008, 46-49). Es el caso de la esclava María de Regla. Es desterrada injustamente al ingenio La Tinaja para no revelar el secreto de Cándido. Tiene que vivir separada de sus hijos y de Dionisio, su pareja.

Los esclavos no pueden formar familias, ya que no pueden casarse ni cuidar a sus hijos. Los hijos no pertenecen a sus padres esclavos, sino a los amos. Éstos los separan de sus padres enviándolos a otros ingenios. A pesar de la imposibilidad de formar familias, las esclavas se ven obligadas a tener relaciones sexuales con los negros para engendrar nuevos esclavos. (J. Murillo Garnica: 2008, 46, 49).

Como los esclavos tienen que sufrir un trato cruel, degradante e inhumano, su única solución para salvarse es escapar. También es muy común el suicidio. Villaverde nos da a conocer el destino trágico de los negros fugitivos a través de los personajes de Pedro y Pablo, dos esclavos que se quitan la vida hallándose en un callejón sin salida.

Los esclavos que consiguen huir se convierten en los llamados cimarrones. Lejos de la cultura occidental y de la fe católica, mantienen un estilo de vida primitivo, internados en las montañas. (J. Murillo Garnica: 2008, 20).

Los amos se consideran dioses que poseen a los negros. No los consideran seres humanos, sino animales. De ahí que uno de los pretextos de los traficantes negreros para importar esclavos africanos es bautizarlos y convertirlos en cristianos. Rosa Gamboa defiende a su marido diciendo:


Y, si bien se mira, lejos de hacer Gamboa nada malo o feo, hace un beneficio, una cosa digna de celebrarse, porque si recibe y vende, como consignatario, se entiende, hombres salvajes, es para bautizarlos y darles una religión que ciertamente no tienen en su tierra. (C. Villaverde: 2008, 188).
Según Cándido Gamboa, la esclavitud es la condición natural del negro. Divide a los esclavos según su capacidad para trabajar y obedecer:
Mas todos ésos son congo real, congo loango o congo musundi, raza humilde, sumisa, leal, la más propia para la esclavitud, que parece su condición natural. (C. Villaverde: 2008, 445).
Todos han nacido para la esclavitud, ésa es su condición natural; en su mismo país no son otra cosa que esclavos, o de unos pocos o del demonio. (C. Villaverde: 2008, 447).
Los esclavos se ven obligados a asimilar la nueva lengua. El uso del español como medio de comunicación entre los amos y los esclavos simboliza la superioridad de los primeros y la sumisión de los segundos. Obviamente, el español de los esclavos no es perfecto. Villaverde refleja su forma de hablar en la novela:
Mi ricorde, niña [...] Le pobre negre va a tené una Pacua mu maguá [...] Ma como la niña no etá dilante, le negre no se diviete. (C. Villaverde: 2008, 400).
Sí, siñó, mi suama sumecé. Chilala no juye má: Chilala tlabaja; Chilala fino, fino [...] Sí, siñora, mi ama sumecé; Chilala contente, mú contente. (C. Villaverde: 2008, 478).
Este subcapítulo nos ha servido para dar a conocer el mundo de los esclavos, los héroes oprimidos de la novela Cecilia Valdés. De la obra de Villaverde se desprende la actitud cruel de los amos hacia los negros, de quienes consideran que su condición natural es la esclavitud. Tras el supuesto deseo de convertir a los africanos al cristianismo se esconde la condenable actuación de los amos, lo que nos indica la degradación del hombre blanco por su pérdida de valores morales.




    1. Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2019
enviar mensaje

    Página principal