Carlos leóN nace en Ceuta en 1948 y, tres años después, se traslada con su familia a Segovia, donde reside y trabaja en la actualidad tras varias estancias en París y Nueva York



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CARLOS LEÓN nace en Ceuta en 1948 y, tres años después, se traslada con su familia a Segovia, donde reside y trabaja en la actualidad tras varias estancias en París y Nueva York.

La trayectoria de Carlos León es paradigma de la exploración sobre la abstracción. Ha mantenido una incesante investigación sobre los soportes (lienzo, poliéster o dibond), la técnica (de los pinceles y brochas a las manos) y la pintura, explorando sus posibilidades expresivas. En este proceso ha abordado el cuadro y la pintura desde todas las formas y perspectivas posibles logrando una perfecta tensión entre composición, color y gesto. Sorpresa y apuesta son indisociables de cada nueva etapa.

Su obra se ha caracterizado siempre por utilizar un lenguaje muy personal, por ser coherente y rigurosa en los diversos soportes con los que trabaja y en cualquier circunstancia personal, llegando a la madurez de su carrera con una obra singular.

Carlos León es un caso insólito de artista que sin ser académico ha dedicado toda su vida a la pintura, desde los postulados más analíticos y minimalistas hasta la exuberancia más barroca. A lo largo de su trayectoria, que discurre en solitario y al margen de tendencias, logra que la pintura siga teniendo un espacio propio en convivencia con múltiples medios de expresión.

La obra de Carlos León empieza a conocerse en la década de los 70 tras su estancia en París donde se integra en el grupo Supports-surface introduciendo en España novedosas técnicas y expresiones artísticas. En nuestro casi irrespirable ambiente artístico de entonces destaca por su voluntad de aportar innovación y transgresión, lo que propicia ser seleccionado para participar en la Bienal de Venecia de 1976. En las décadas de los 80 y 90 se confronta a la escuela de Nueva York sin renunciar a su identidad pictórica europea.

Desde sus inicios ha cuestionado la naturaleza misma de la pintura. Su obra es hoy fundamental para comprender cómo la práctica pictórica ha superado el agotamiento provocado por su depuración continua. Sin olvidar que la pintura es siempre una exploración de color, textura y superficie, Carlos León reaviva su espacio abriéndolo a la emoción, a la búsqueda de la expresión a través de la sensualidad.

Su producción pictórica ha convivido en los últimos años con la escultura. En su obra objetual extrae las piezas de los depósitos de chatarra y tras apenas intervención, procede a asociarlas y ensamblarlas. Es en ese proceso asociativo donde reside para él verdadero interés de la creación escultórica.

Carlos León ha encontrado a lo largo de su carrera significativo apoyo de mecenas como fue el caso de Jose Luis Castillejo, fundador de Zaj y gran coleccionista quien introdujo a Carlos León en el arte internacional. Así también los coleccionistas Marcos Martin Blanco y Elena Rueda, han tenido un destacado papel en su segunda y más larga estancia en Nueva York durante la década de los 90 y todavía hoy mantienen un estrecho vínculo.

Cada nuevo viaje responde a su empeño en ahondar en su trabajo y a su natural predisposición a mayores desafíos, resultando una intensa experiencia formativa. Como referentes han sido fundamentales desde la cueva de Lascaux o los grandes clásicos al expresionismo abstracto; la filosofía, la literatura y el psicoanálisis; la mitología y la historia antigua. Gran conocedor del pasado, especialmente de la Grecia clásica, al profundizar en su obra se reconoce un clasicismo muy marcado que adapta al siglo XXI.

Lector insaciable, especialmente de poesía, y profundamente intelectual, de esta experiencia surge el impulso de crear. Para el artista un verso tiene una influencia muy directa en las obras. Trabajador infatigable, dedica mucho tiempo a su obra y también a ese gran conocimiento que posee.

Su interpretación poético-pictórica es de gran intensidad, logrando una vuelta vanguardista a la pintura. La pintura es para él un lugar de encuentro, mental y físico, un juego intelectual- sensorial donde el paisaje y el jardín surgen desde la memoria, el sentimiento o la sensación de ella.

Lejos de acusar el paso del tiempo, en la madurez de su carrera se siente capaz de todo gracias a una infinita curiosidad y a ese gran soporte intelectual.


Texto extraido de la nota de prensa del premio Arte y Mecenazgo de la Caixa.


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