Buscad el rostro de dios “Para entrar en comunión con Cristo, y contemplar su rostro



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BUSCAD EL ROSTRO DE DIOS. Carta Pastoral a los Jóvenes



BUSCAD EL ROSTRO DE DIOS

Para entrar en comunión con Cristo, y contemplar su rostro, es preciso tener manos inocentes y un corazón arrebatado por la belleza divina”1.


Buscar el rostro de Jesús, debe ser el anhelo de todos los cristianos; y si perseveramos, al final de nuestra peregrinación, será Él nuestra recompensa y gloria para siempre. Ésta es la certeza que ha impulsado a los santos”2, y entre ellos, al Hermano Rafael Arnáiz Barón, monje trapense.


PRÓLOGO

A todos los jóvenes, en edad y/o en espíritu

Queridos jóvenes:


La canonización del Hermano Rafael Arnáiz, que será definida por Su Santidad Benedicto XVI el 11 de octubre del presente año 2009, nos ha impulsado a algunos obispos3, vinculados por motivos diversos al Hermano Rafael, a escribir esta Carta Pastoral.
Estas son nuestras intenciones al escribiros:
• Acercaros a los escritos del Hermano Rafael. Ojalá que su mensaje, dibujado en sus propias palabras, llenas de autenticidad y frescura, y nacidas de una profunda vivencia, os enseñen a buscar a “sólo Dios”, -éste era su lema-. Confiamos en que os ayudarán a identificaros con Cristo y a amar entrañablemente a la Virgen María.
• Queremos ofreceros algunas orientaciones inspiradas en su vida y escritos, que iluminen y fortalezcan vuestra espiritualidad de cristianos, deseosos de que lleguéis a ser, como Rafael, testigos de Cristo en el mundo de hoy.
• Deseamos que esta Carta llegue también a los alejados de la Iglesia; a los que les cuesta creer, pero buscan a Dios con una conciencia recta; y también a los que no hayan tenido oportunidad de recibir una educación cristiana pero ansían conocer el corazón de Dios.

Con profundo respeto y afecto, con humildad y sencillez, con gozo y esperanza, pensamos en todos vosotros al redactar estas páginas.


+ Francisco Hellín, Arz. de Burgos

+ José Ignacio Munilla, Ob. de Palencia

+ Ricardo Blázquez, Ob. de Bilbao

+ Rafael Palmero, Ob. de Orihuela-Alicante

+ Francisco Cerro, Ob. de Cória-Cáceres

+ Manuel Sánchez, Ob. de Mondoñedo-Ferrol

+ Gerardo Melgar, Ob. de Osma-Soria


  1. SEMBLANZA DEL HERMANO RAFAEL ARNÁIZ

¡Nadie nace siendo santo! A veces pensamos que los santos podrían haber sido canonizados ya en los primeros años de su vida… y, desde luego, la cosa no suele ser así... El camino de purificación exterior e interior que lleva hasta la santidad, es necesario para la generalidad de los cristianos; y, el Hermano Rafael, no es una excepción.


Este monje trapense nacido el 9 de abril de 1911 en Burgos, fruto del matrimonio cristiano formado por Rafael y María Mercedes, fue el primogénito de cuatro hijos. Rafael poseía muchos talentos y cualidades: simpático, líder, inteligente, profundo…; pero contaba también con defectos y pecados, que hubo de ir puliendo a lo largo de su vida: era presumido, se había acostumbrado al bien vivir, no rendía a tope en sus estudios...
Para que nos hagamos una idea de lo que era el joven Rafael antes de llegar a la Trapa, vamos a partir de una descripción hecha por su propia madre, años después de la muerte de su hijo, en la primera biografía que se escribió sobre su vida. Es verdad que las madres suelen tener demasiada pasión por sus hijos, pero como podrás ver, se trata de una descripción muy verosímil y con muchos indicios de objetividad. Veamos lo que nos cuenta:

Rafael fue un niño inteligente y comprensivo, al que bastaba una palabra para traerle al orden cuando se introducía en alguna trastada. Nunca hubo que reñirle por algo importante.



Recibió muchos premios y medallas en el colegio. Sin embargo Rafael era algo indolente, no gran estudiante, ni muy aplicado, lo fiaba todo al despejo de su inteligencia y a su intuición imaginativa.

La ilusión del joven Rafael, era la pintura: plasmar en lienzos lo que su alma de artista concebía. Su capacidad imaginativa era enorme. De ahí que fue para él un triunfo el ingreso en la Escuela de Arquitectura de Madrid, siempre difícil de conseguir.

Todo lo quería y nada conservaba. Caprichoso en adquisiciones para sí y para los demás, lo mismo pedía a su padre un coche que una caja de cerillas.

Rafael era extremadamente cariñoso con los suyos, pero sin manifestaciones externas. Los sirvientes de la casa nunca recibieron de él una palabra áspera. Y sin embargo, tenía vivo el genio, era impaciente por verse bien y prontamente servido.

Era escrupuloso en la limpieza y le repugnaba todo lo que era feo, sucio o grosero; las palabras malsonantes... todo lo que atentaba al bien decir y a la belleza física o moral.

Buen gastrónomo y de exquisito paladar, conocía todos los restaurantes madrileños en los que mejor condimentaban los manjares de su gusto…aunque comía lo que le pusieran en la mesa”4.
Así pues, comenzamos esta Carta Pastoral con una semblanza del Hermano Rafael, en la que hacemos un breve recorrido de su vida. Tenemos que reconocer que sabemos más cosas del Rafael monje, que del Rafael niño, adolescente o joven... Pero, sin embargo, partiendo de su vocación, no nos será difícil "tirar del hilo", llegando a conocer el recorrido espiritual de su vida, de la que tantas lecciones podemos extraer para nosotros.


  1. El joven Rafael y su vocación

Hablar en nuestros días del Hermano Rafael Arnáiz es tanto como hablar de un monje trapense. Ahora bien, teniendo en cuenta que Rafael ingresó en la Trapa con veintidós años, la primera pregunta que se nos plantea es la siguiente: ¿Cómo se le ocurre a un joven estudiante de arquitectura, destacado en sus estudios, apuesto y admirado por las chicas, miembro de una familia acomodada, “sepultarse” en el anonimato de una vida tan escondida, austera y humilde?


Vamos a intentar comprender el itinerario seguido por nuestro querido Rafael, hasta que descubre su vocación e ingresa en la Trapa.


    1. 1.1 Cimientos profundos de una vocación

La providencia de Dios se suele servir de muchas mediaciones humanas, pero en el caso del Hermano Rafael, resultó fundamental la educación cristiana recibida en el seno de su familia. Sus padres demostraron un gran acierto en el despertar religioso de su hijo, y de una forma especial, su madre. A esto hay que añadir la formación religiosa que recibió en el colegio de los jesuitas de Oviedo, a donde se había trasladado su familia.


Esto no quiere decir que nuestro Hermano Rafael hubiese frecuentado ambientes exclusivamente religiosos. De hecho, a los quince años pasó del colegio religioso a un instituto público, donde terminó el Bachillerato.
Para cuando el Hermano Rafael llegó al monasterio, ya estaba avanzado en la vida espiritual. Era un joven que se había dejado alcanzar por Dios, y por ello, lo buscaba más y más. El Padre Teófilo, su confesor en la Trapa, pudo afirmar de nuestro joven: “Por especial providencia de Dios, nunca llegó a romper sus filiales relaciones con Él por un pecado grave plenamente deliberado”. El maestro de novicios se encontró con “una obra maestra de la gracia”, un alma hambrienta y sedienta de Dios.
Pero no pensemos que el Hermano Rafael carecía de defectos. Era una persona muy sensible, y esto tenía -y tiene- sus ventajas y sus inconvenientes. Su gran sensibilidad hacia el prójimo, le hacía muy cariñoso, compasivo y solidario, pero tal vez le inclinaba a ser demasiado condescendiente. Por su talante personal, a Rafael le podía costar más decir que “no” que “dejarse llevar”… Sin embargo la vida espiritual necesita también reciedumbre, y la providencia de Dios le fue educando poco a poco para corregir sus defectos, al mismo tiempo que fortalecía sus virtudes.
1.2 La llamada va madurando
Al terminar el Bachillerato todavía no estaba decantada su vocación contemplativa. Esa sensibilidad fue fraguándose gracias a la relación que mantenía con sus tíos de Ávila, los Duques de Maqueda, quienes poseían una cultura religiosa y una vida espiritual excepcionales. Ellos fueron la mediación humana que completó la educación religiosa que Rafael había recibido de sus padres y del colegio de los jesuitas. La relación sobrino-tíos fue muy intensa, y gracias a esto, Rafael pudo ampliar sus horizontes y conocer en profundidad muchas figuras de la mística española y mundial.
Un año después de iniciar sus estudios de arquitectura en Madrid, Rafael visita por primera vez la Trapa de Dueñas y se queda “prendado”, o cuando menos “tocado”. En la Trapa no le presionaron para que entrase, sino que le aconsejaron que continuase sus estudios y que fuese profundizando en el alcance de la vida monástica. El discernimiento de Rafael no fue precipitado, ya que ingresó tres años más tarde, tras una madura consideración, no exenta de luchas interiores…
Un detalle importante del que todos debiéramos tomar nota es que Rafael no llevó a cabo su discernimiento quedándose “encerrado”; muy al contrario, se incorporó a diversas asociaciones católicas, además de realizar anualmente los ejercicios espirituales. En otras palabras, Rafael no caminó solo y supo apoyarse en los medios espirituales que Dios puso a su alcance.
1.3 Tras la purificación y las pruebas, el “salto”…
El Hermano Rafael vivía su fe y su discernimiento vocacional en un contexto muy delicado de la historia de España… La Segunda República, estaba presidida en aquellos años por un gobierno marcadamente anticlerical y marxista, y el ambiente que Rafael encontró a su alrededor no era precisamente favorable para sus propósitos…
Conocemos una anécdota sucedida en la “Pensión Callao” de Madrid, en la que él residía mientras cursaba sus estudios de arquitectura, que refleja sus luchas internas en aquel ambiente: Una tarde al llegar a la pensión, una chica argentina que se hospedaba en la misma residencia, se metió en su habitación y se echó en la cama con la intención de seducirle para que se acostara con ella. Más tarde diría el Hermano Rafael, en clara referencia a este episodio y a otros que desconocemos: “Si no es por un milagro de la Santísima Virgen, me hubiera sido imposible sustraerme a las garras de los enemigos del alma que intentaron arrebatarme el tesoro de la gracia y la libertad del corazón”5.
El Hermano Rafael no estaba “huyendo de nada” en su discernimiento vocacional, sino que estaba respondiendo a la llamada del Señor. Sin embargo, en la medida en que el ambiente anticristiano le resultaba más envolvente y asfixiante, más claro veía que debía de “apartase” de los peligros que le impedían ser fiel a la vocación que Dios le estaba mostrando en su interior. Ciertamente, hoy en día la expresión “huida del mundo” resulta antipática y contracultural, pero puede y debe interpretarse positivamente: Un cristiano necesita tomar medidas de prudencia para poder mantenerse fiel en la vocación que Dios le ha dado.
Al margen de estas últimas tentaciones y pruebas que Rafael hubo de superar, el momento de la despedida de su familia había de ser especialmente duro para él, máxime teniendo en cuenta su sensibilidad… ¡Un auténtico “desgarrón”! Pero Rafael está decidido, y prepara con delicadeza y prudencia la forma de comunicar la noticia a sus padres, tíos, hermanos y demás parientes y conocidos… Los ojos derraman abundantes lágrimas, ya que el adiós supone una gran purificación para quien tanto ama a los suyos, pero en su alma se asienta el consuelo de las promesas de Cristo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros»6.

2. Rafael en la Trapa
Como hemos apuntado anteriormente, a los 19 años de edad, Rafael había visitado el monasterio cisterciense de San Isidro de Dueñas, sintiéndose fuertemente atraído por lo que allí vio: “Lo que yo vi y pasé en la Trapa, las impresiones que tuve en ese santo monasterio, no se pueden, o por lo menos, no sé explicarlas y solamente Dios lo sabe”7.

Finalmente, tomó la firme decisión de consagrar su vida a Dios, en un ambiente de contemplación y clausura, de oración y silencio, de trabajo y gozosa penitencia.


Pasado el mes de postulantado requerido, Rafael tomó el hábito de novicio lleno de ilusión. Creyendo haber llegado a la meta de sus aspiraciones y de su vocación, escribió a su madre: “La Trapa la ha hecho Dios para mí, y a mí para la Trapa. Puedo morir contento, pues ya soy trapense”8.
De momento, el Señor le permitió que gozase de las emociones y alegrías de la vida que había elegido; y, cuando estuvo bien afianzado en la fe y en el amor hondo a su vocación trapense, llegó calladamente una enfermedad -la diabetes sacarina-, para probarle de manera misteriosa. Es por ello que se vería obligado a dejar el monasterio, una, dos y hasta tres veces; volviendo otras tantas, en aras de una generosidad heroica, a responder a la llamada de Dios.
Cuando reingresó por segunda vez, el 11 de enero de 1936, tuvo que hacerlo como “Oblato” -el último en el monasterio- (condición ésta que le dispensaba de ciertas exigencias, debido a su precaria salud). Sin embargo, supo sobrenaturalizar en todo momento esta situación, sin acomplejarse, interpretándola como una “ofrenda al Señor”. Por eso dejó escrito: “Lo único que quiero es dar gloria a Dios, amarle, servirle... Procuraré ser un “Oblato” santo”9.
Su última entrada en la Trapa la realizó el 15 de diciembre de 1937. Abandonando las comodidades y cuidados de su casa, vuelve de modo definitivo al monasterio. Al día siguiente anota en su cuaderno íntimo: “Ayer al dejar mi casa, a mis padres y hermanos, fue uno de los días que más sufrí. Es la tercera vez que por seguir a Jesús abandono todo, y yo creo que esta vez fue un milagro de Dios, pues por mis propias fuerzas, es seguro que no hubiera podido”10.
El Hermano Rafael supo corresponder a esta vocación con total generosidad, aunque en ocasiones en plena desolación. En su cuerpo se iba notando el flagelo de la enfermedad diabética, con sus manifestaciones de cansancio agotador. Todo fue casi fulminante. A mediados de abril de 1938 cayó en cama para no levantarse.
Con intuición providencial, antes de morir, el abad le concedió el privilegio de vestir la cogulla cisterciense, prenda monacal que se viste una vez realizada la profesión solemne; si bien llegó a disfrutarla solamente una semana.
El 26 de abril de 1938, hacia las siete de la mañana, acabó sus días a consecuencia de un coma diabético; aunque más bien, fue el amor de Dios lo que le consumió. Tenía 27 años recién estrenados.

3. Sus escritos desde la Trapa
Si es cierto que la devoción de muchos creyentes ha contribuido a la expansión y a la fama de santidad del Hermano Rafael, no cabe duda que la lectura de sus escritos espirituales ha influido poderosamente en su conocimiento y difusión, con notable provecho para muchas almas.
Uno de los Censores ha precisado: “Tras un estudio atento de sus escritos, llegamos a la conclusión de que no han podido llevarse a cabo, sin un influjo predominante del Espíritu Santo”.
Estos son sus escritos más importantes y significativos:

- Meditaciones de un trapense: Escrito desde el 12 de julio al 8 de agosto de 1936.

-Mi cuaderno: Inicia el 8 de diciembre de 1936 y continúa del 1 de enero hasta el 6 de febrero de 1937.

-Dios y mi alma: Notas de conciencia (reservado). Comienza el 16 de diciembre de 1937 y termina el 17 de abril de 1938, nueve días antes de su muerte.



4. Propuesto como modelo
La fama de santidad del Hermano Rafael ocasionó la apertura de su proceso de canonización en 1962. Un salto importante en la propagación de la figura del Hermano Rafael, se produjo el 19 de agosto de 1989. Juan Pablo II, en la homilía de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud, en Santiago de Compostela, habló del Hermano Rafael ante medio millón de jóvenes, con estas palabras:

Con profundo gozo me es grato presentaros como modelo de seguimiento de Cristo, la encomiable figura del Siervo de Dios, Rafael Arnáiz Barón, muerto como Oblato Trapense a los 27 años de edad, en la Abadía de San Isidro de Dueñas (Palencia). De él se ha dicho justamente, que vivió y murió “con un corazón alegre y mucho amor a Dios”. Fue un joven como muchos de vosotros y vosotras, que acogió la llamada de Cristo y le siguió con decisión”.


Fue igualmente Juan Pablo II quien el 27 de septiembre de 1992, lo declaró Beato en la Plaza de San Pedro. Refiriéndose al Hermano Rafael, en la solemne ceremonia, el Papa volvió a repetir: “En su vida monástica, breve, pero intensa, como trapense, fue ejemplo, sobre todo para los jóvenes, de una respuesta amorosa e incondicional a la llamada divina”.
Con su Canonización, el próximo 11 de octubre, Benedicto XVI glorificará a Dios y propondrá un nuevo intercesor a toda la Iglesia. Será una llamada interpelante para recordarnos a todos, que “el Padre nos ha elegido en Cristo antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia por el amor”11.


II. ESPIRITUALIDAD Y MENSAJE
El Hermano Rafael, tiene una misión profética ante los jóvenes de hoy, de manera especial ante los que buscan el sentido de su vida y un ideal por el que luchar.
Consideramos que Rafael es un modelo, no sólo para los jóvenes en edad, sino también para los “entrados” en años, pero jóvenes de espíritu, que tratan de reafirmar su seguimiento a Cristo; y también para los maduros desencantados y desilusionados, tal vez enquistados en sus tibiezas e indiferencias, pero deseosos de superarlas.
El testimonio de este joven monje nos estimula a la santidad en nuestra vocación particular. La Iglesia nos propone al Hermano Rafael como modelo a imitar, no tanto para “copiar” literalmente su vida, sino para que nos ilumine en el discernimiento de los caminos que Dios ha trazado para nosotros.
Veamos las características principales de su espiritualidad y su mensaje:

1. Buscando el rostro de Dios

He aquí una de las “claves de bóveda” del alma del Hermano Rafael. Es su gran tema: el alma absorbida por la “pasión” de Dios, que, como hierro adherido al imán, se ve atraída desde el fondo mismo de su corazón, y abocada a una búsqueda insaciable del rostro divino.


Se trata de una verdad perfectamente expresada en el salmo 41, que reza así:

Como busca la cierva



corrientes de agua,

así mi alma te busca

a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,

del Dios vivo:

¿cuándo entraré a ver

el rostro de Dios?”.
San Agustín había hablado anteriormente de la búsqueda que realiza “el corazón inquieto”, que no se detiene hasta descansar en Dios. Por su parte, Rafael dedicará una de sus mejores meditaciones al tema de la “cierva sedienta”, que en este caso, no es el alma cristiana en abstracto, sino su propio corazón, sediento del Dios único y verdadero, el ¡sólo Dios!:

Como el ciervo desea las fuentes, como el cervatillo sediento olfatea el aire buscando con qué mitigar su sed, así mi alma suspira de sed de vida...”12.

¡Ansias de Cristo! ¿Cómo no tenerlas? (...) El ciervo con sed, es el animal acosado por los cazadores... Su sed le viene de su continuo correr por los montes, los riscos y las breñas. Busca con locura la fuente escondida, donde sabe hallará el descanso su fatiga, y el agua que templará sus ardores”13.


2. Y para llegar a Dios… el desprendimiento
El hermano Rafael había conocido antes de su ingreso en la Trapa la doctrina espiritual de San Juan de la Cruz. Su enseñanza se resumía en una frase emblemática: “Para llegar al TODO, hay que ir por la nada14. Es decir, para llenar nuestro corazón de Dios, es preciso estar dispuesto a despojarse de todo aquello que pudiere impedirlo: fama, comodidades, planes, dinero, criterios mundanos, etc.
Rafael se adentra decididamente en este camino de “desprendimiento”. En el fondo, es la lucha contra la idolatría, para poder llegar al “sólo Dios”. Los “ídolos” no deben de ocupar en nuestro corazón el lugar central reservado para Dios. En el fondo, se trata de traducir a nuestra vida el pasaje evangélico del joven rico: “Si quieres ser perfecto, ve, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven y sígueme”15.
Como es de suponer, este proceso de desprendimiento le resultaría costoso a Rafael, máxime siendo él un joven de la alta sociedad, acostumbrado a vivir cómodamente y a que los demás le sirviesen. Pero no se trataba de un ejercicio de voluntarismo, ya que Rafael fue capaz de ir desprendiéndose de sus ídolos, en la medida en que descubría el “tesoro escondido” del amor de Dios.
En la espiritualidad del Hermano Rafael, es emblemático el siguiente texto, que te invitamos a leer. Aunque un poco largo merece la pena. En él se expresa con gracia y claridad las luchas interiores del joven trapense en el monasterio:

Las tres de la tarde de un día lluvioso del mes de diciembre. Es la hora del trabajo, y como hoy es sábado y hace mucho frío, no se sale al campo. Vamos a trabajar a un almacén donde se limpian las lentejas, se pelan patatas, se trituran las berzas, etc. (…) La tarde que hoy padezco es turbia, y turbio me parece todo. Algo me abruma el silencio, y parece que unos diablillos, están empeñados en hacerme rabiar, con una cosa que yo llamo recuerdos... En mis manos han puesto una navaja, y delante de mí un cesto con una especie de zanahorias blancas muy grandes y que resultan ser nabos. Yo nunca los había visto al natural, tan grandes... y tan fríos... ¡Qué le vamos a hacer!, no hay más remedio que pelarlos.



El tiempo pasa lento, y mi navaja también, entre la corteza y la carne de los nabos que estoy lindamente dejando pelados. Los diablillos me siguen dando guerra. ¡¡Que haya yo dejado mi casa para venir aquí con este frío a mondar estos bichos tan feos!! Verdaderamente es algo ridículo esto de pelar nabos, con esa seriedad de magistrado de luto.

Un demonio pequeñito y muy sutil, se me escurre muy adentro y de suaves maneras me recuerda mi casa, mis padres y hermanos, mi libertad, que he dejado para encerrarme aquí entre lentejas, patatas, berzas y nabos.

(…) Transcurría el tiempo, con mis pensamientos, los nabos y el frío, cuando de repente y veloz como el viento, una luz potente penetra en mi alma... Una luz divina, cosa de un momento... Alguien que me dice que ¡qué estoy haciendo! ¿Que qué estoy haciendo? ¡Virgen Santa!! ¡Qué pregunta! Pelar nabos..., ¡pelar nabos!... ¿Para qué?... Y el corazón dando un brinco contesta medio alocado: pelo nabos por amor..., por amor a Jesucristo”16.
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