Burocracia soviética y socialismo anarquistas y marxistas carta que da lugar al texto



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BUROCRACIA SOVIÉTICA Y SOCIALISMO
ANARQUISTAS Y MARXISTAS

1. Carta que da lugar al texto

2. Nuestra respuesta

2.1. Orígenes de la burocracia en la URSS: ¿se dan hoy las mismas condiciones para un resurgimiento?

2.2. Respecto al POUM

2.3. Anarquistas y marxistas

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1. Carta que da lugar al texto

Os he descubierto hace poco y la verdad es que no paro de leer vuestros documentos y quisiera haceros algunas preguntas.


1º.¿ Existen trabajos que indiquen como debe ser el funcionamiento de la sociedad y el estado tras el triunfo de la revolucion, para que esta no se convierta de una dictadura del proletariado en una dictadura del estado, como creo que sucedio en la URSS con el estalinismo?

2º.¿Era el POUM un partido trostkista? , ya que he leido que Trostki les critico en algunas cuestiones.

3º. ¿Es tan diferente el anarquismo, en la sociedad que persiguen, de la comunista?.

un saludo.
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2.- Nuestra respuesta

Estimado compañero:

Somos un Grupo radicado en Madrid que entre los pocos que somos y la necesidad de trabajar para vivir, nos quedan muy pocas posibilidades de hacer todo lo que quisiéramos y la historia nos exige.

La tarea de responder a la primera cuestión que nos planteas, por sí sola excede con mucho la extensión de una carta. No obstante, vamos a hacer lo posible por sintetizar la exposición sin perjuicio de su objetividad, evitando al mismo tiempo enredarnos en un discurso incomprensible.

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2.1.- Orígenes de la burocracia en la URSS: ¿se dan hoy las mismas condiciones para un resurgimiento?

I

Para los marxistas, lo que distingue un período histórico de otro, es la forma social básica o fundamental por la cual los seres humanos producen y reproducen su vida en sociedad. Bajo el capitalismo, esa forma social está determinada por la relación entre el capital y el trabajo asalariado a instancias de los vínculos mercantiles y dinerarios institucionalizados en el mercado.

II

Esta relación entre asalariados y capitalistas tiene una lógica objetiva, independiente de la voluntad de los seres humanos involucrados en ella, consistente en transformar la mayor cantidad de trabajo necesario (salarios) en excedente (plusvalor) para los fines de la acumulación. Este es el "en si" y el "para sí" de la burguesía, su principio activo y su finalidad.

III

De acuerdo con lo descrito científicamente por Marx en "El Capital", se induce y deduce que, según avanza el desarrollo de las fuerzas productivas y el proceso de acumulación a instancias de la competencia intercapitalista y la lucha de los asalariados, el cumplimiento de esta lógica se torna más y más dificultoso, porque el progreso técnico bajo semejantes condiciones determina que de cada unidad de capital adicional, la parte reinvertida en salarios sea cada vez menor respecto de la parte reinvertida en medios de producción. De esta premisa se infiere que:

1) el plusvalor aumenta, pero cada vez menos respecto del capital en funciones;

2) consecuentemente, la tasa de ganancia tiende históricamente a disminuir.

Así, hasta llegar a un punto en que la masa de capital acumulado no puede ser compensada por el aumento del plusvalor obtenido a instancias de la creciente productividad del trabajo, y la burguesía debe apelar, cada vez más, al ataque no ya esporádico o cíclico, sino sistemático, permanente y directo contra las condiciones de vida y de trabajo de los asalariados activos, al tiempo que se ve obligada a mantener un ejército creciente de parados en lugar de ser mantenida por ellos. Aunque debido a la modalidad del trabajo a tiempo parcial el paro parece remitir durante las fases expansivas periódicas de los ciclos cortos, aumenta más que proporcionalmente en las fases recesivas convirtiéndose así en históricamente creciente. La humanidad a alcanzado este punto desde la primera guerra mundial. Es aquí, cuando la propia lógica objetiva del capital le empieza a decir a la burguesía que es una clase por completo decadente, porque ya no es capaz de asegurar a sus esclavos asalariados las condiciones de su propia esclavitud, y que, por tanto, debe dejar el testigo de la historia en manos de los trabajadores emancipados de su yugo social.

IV

De lo razonado hasta aquí se desprende que la estrategia del poder socialista cabalga sobre la incapacidad más y más notoria de la burguesía, para garantizar la participación de sus asalariados -más y más numerosos e instruidos- en el creciente producto de su trabajo. Y al socaire de sus luchas también más y más infructuosas por satisfacer esa justa demanda dentro del actual sistema de vida, la parte de los asalariados que actúan en función de científicos sociales se encargan inteligente y pacientemente de dibujar en la conciencia de sus compañeros la razón revolucionaria devenida en necesidad histórica del cambio social alternativo; conciencia que, día que pasa, consigue que ese cambio necesario se vea cada vez más amplia y profundamente como algo realmente posible. Así es como la experiencia de las luchas obreras espontáneas se combina con los resultados de la moderna ciencia social encarnados en la vanguardia revolucionaria, para sintetizar en el partido independiente y su programa, que es el arma política de la racionalidad superadora con que el proletariado y su vanguardia tienden a sacudirse la tutela del patrón capitalista y su Estado a escala planetaria. Todo este proceso no es una previsión arbitraria de unos cuantos visionarios inconformistas, sino que está en la naturaleza de las cosas bajo el capitalismo.

V

El mercado capitalista es el entramado de vínculos mercantiles y monetarios, que, a través de la oferta y la demanda, determina la producción y distribución de la masa de bienes y sus respectivos valores a repartir entre las clases y sectores de clase, en un proceso continuo que opera independientemente de la razón y la voluntad de nadie. De ahí que, para Marx, la circulación de los valores en el mercado, sea el fundamento absoluto de la producción capitalista, porque es ahí, en el mercado, donde se determina, también objetivamente, la distribución del producto de valor entre salario y plusvalor, y donde el plusvalor se convierte en ganancia industrial, interés del capital de préstamo, ganancia comercial, y renta. El carácter objetivo e histórico o transitorio del mercado capitalista, aparece explicado por Marx en el Libro I de "El Capital" (punto 4 del capítulo 1: "El fetichismo de la mercancía").

Es una realidad social objetiva independiente de la voluntad de quienes concurren a él. Esto es así, en virtud de que la propiedad privada sobre los medios de producción determina que cada productor se desentienda del resto y produzca sin tener en cuenta lo que hacen los demás, de modo que antes de ir al mercado con sus respectivos productos, ninguno de ellos sabe cómo y cuanto han producido los otros. En semejantes condiciones pueden ocurrir tres circunstancias: que la oferta sea equivalente a la demanda, que le exceda o que sea menor. En una economía de tales características, la oferta y la demanda jamás coinciden, y, si lo hacen alguna vez, esa coincidencia es casual y por completo inestable, por lo cual, hay que considerarla como científicamente igual a cero. Ahora bien, cuando el valor de la oferta es mayor que el de la demanda solvente, esto quiere decir que la sociedad ha despilfarrado trabajo social, ha empleado una cantidad de recursos productivos para fabricar por un valor que excede al poder adquisitivo capaz de realizarlo. El mercado se encarga de acusar ese despilfarro social y tratar de corregirlo, haciendo bajar los precios de esos productos fabricados en exceso. Si, por el contrario, la demanda es mayor que la oferta: suben los precios estimulando así que los recursos productivos fluyan hacia la producción de los bienes faltantes.

Como hemos dicho ya, esto es así porque los distintos productores (1) actúan independientemente los unos de los otros. Bajo el capitalismo, el acto de producir se realiza con ausencia total de relaciones sociales entre los distintos productores. Pero esta desconexión y desconcierto social a la hora de producir, en la esfera económica de la producción, no sólo tienen por resultado las correcciones objetivas "ex post", ajenas por completo a la voluntad de nadie y siempre traumáticas a la hora de redistribuir los recursos productivos y la riqueza creada. Es que, las relaciones sociales en la esfera de la circulación, en el mercado, no pueden ser relaciones personales directas entre los productores de los distintos productos que ahora se ofrecen. ¿Por qué? Pues, porque, ahí, en el mercado, los productores como tales ya no existen, metamorfoseados en mercaderes desaparecen diluidos en la calidad y precio de sus productos, se cosifican. Así, las relaciones personales se convierten en relaciones sociales entre cosas. Hasta el punto de que no es el productor quien lleva su producto al mercado, sino que es su mercancía, el valor que representa y la calidad que contiene, "quien" le lleva a él convertido en mercader. Porta su producto pero no lo conduce. Entre otras razones porque no sabe si se va a vender, qué cantidad y por cuanto.

Los burgueses, que no saben ni pueden saber qué va a ser de ellos al día siguiente, proceden sin embargo con el proletariado moderno respecto del mercado capitalista y la democracia formal, como las castas burocráticas dominantes en la edad del bronce con sus bases sociales subalternas respecto de las formas de vida surgidas en la Mesopotamia y Egipto, donde les ocultaban que la ciudad había surgido históricamente del campo y el Rey del Jefe de la tribu. Se trataba de inculcarles el prejuicio de que nada había cambiado jamás ni podía cambiar, y que esa institución teocrático-política de los faraones y su multitudinaria cohorte de burócratas era eterna. A pesar de que estaban plenamente justificados por la función que cumplían (2) , los antiguos monarcas fueron precautoriamente elevados a la máxima dignidad y exaltación fetichista en Egipto, donde el trabajo excedente de los campesinos poseedores hereditarios de la tierra propiedad de la comunidad superior, fue convertido en trabajo necesario de esclavos que, por decenas de miles y durante varias generaciones, debieron ser alimentados sólo para levantar la consistencia pétrea de aquellas enormes formas geométricas monumentales, símbolo del poder omnímodo dimanante desde lo alto del vértice superior hacia abajo, como algo inamovible, fijo sobre la base social subalterna que le reconocía y soportaba.

En esa forma social, el desarrollo de las fuerzas productivas había conseguido que la agricultura se separe del artesanado urbano y se practicara el intercambio, pero el excedente individual era tan nimio, la división social del trabajo tan incipiente y el uso de la moneda tan limitado, que la producción no podía estar orientada hacia un mercado interior constituido y tampoco existió la figura del comerciante privado. La economía siguió siendo, por tanto, de tipo natural o de subsistencia. El tributo de las comunidades particulares a la comunidad superior permitió a ésta la acumulación de un excedente que favoreció el desarrollo de las ciudades y del comercio exterior. Pero este comercio fue ejercido no por particulares sino por funcionarios pertenecientes a esa comunidad superior.

Esta realidad empezó a desvanecerse cuando el arado de hierro permitió un excedente que preparó el pasaje de la propiedad colectiva a la propiedad privada de la tierra y, con ella, también al comercio privado interior y exterior. Desde ese momento, el arte arquitectónico de las pirámides fue perdiendo el valor político y religioso glorificador de una forma de vida social y política originalmente considerados eternos, que con el tiempo se demostraron tan provisorios como la base económica que les dio sentido en su momento. Y después, así como el arado mecánico y la energía hidráulica entraron sucesivamente en contradicción con las formas sociales esclavistas y serviles acabando por ser arrojadas al basurero de la historia, del mismo modo la irresistible tendencia a la generalización del automatismo en la producción tiende hoy día a dejar cada vez más sin sentido social a las relaciones de producción capitalistas, incluyendo el mercado y la democracia formal.

Con el progreso técnico incesante, el capital se acumula más rápido que la producción de plusvalor, agudizando las contradicciones del sistema bajo la forma de sucesivas rebeliones inconscientes de los explotados en el contexto de catástrofes humanas (económicas, bélicas, epidemiológicas, ecológicas) de frecuencia magnitud crecientes, hasta el punto de poner al proletariado ante la necesidad y la plena conciencia de su capacidad para comportarse como clase "para sí", que le impulsa cada vez con más fuerza a tomar la decisión de reemplazar la caduca forma social del mercado capitalista por la democracia de los productores libres asociados. En esas estamos.

VI

El socialismo consiste en un proceso revolucionario por medio del cual, las leyes objetivas, ciegas y anárquicas del mercado capitalista que presiden la división de la sociedad entre explotadores y explotados, así como sus consecuencias más catastróficas: las crisis y las guerras, son reemplazadas por decisiones conscientes de los productores libres asociados. La condición necesaria para la realidad efectiva de este modo alternativo racional de producción y reparto, es la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción. Con esta determinación, desaparece la explotación del trabajo ajeno a título privado, la explotación "por (ese) otro" del proletariado que es la burguesía y, por tanto, el capitalismo. Tienden a desaparecer también las noxas o daños sociales derivados de los desajustes permanentes entre la producción y las necesidades colectivas, que están en la lógica de la crisis, así como la cosificación de la relaciones sociales en todos los ámbitos.

Pero al subsistir la categorías "salario", "dinero" y "precios", el espíritu objetivo de la burguesía sigue vivo, enquistado en la base material o económica de la sociedad de transición, pugnando por el regreso a la sociedad capitalista. Al principio, esa tendencia regresiva se expresa en que la explotación del trabajo subsiste sólo como posibilidad abstracta en el nuevo Estado obrero ¿Por qué abstracta? Porque no están dadas las condiciones políticas para que esa tendencia regresiva, latente, se haga manifiesta, convirtiéndose en necesidad objetiva y en posibilidad real, paso intermedio entre la posibilidad abstracta de la contrarrevolución y la nueva realidad efectiva del capitalismo redivivo.

Tomando por referencia la Revolución Rusa, la posibilidad abstracta de la contrarrevolución estuvo siempre planteada desde el día siguiente a la toma del poder en octubre de 1917. En el XI Congreso del PCURS (27 de marzo-2 de abril de 1922), sumadas las consecuencias de algunos errores durante la etapa del llamado "comunismo de guerra" (1918-1920), la revolución atravesaba por enormes y diversas dificultades de orden económico y político. Dado el irrisorio número de asalariados -una isla social en un mar de campesinos- y su casi nulo nivel de instrucción, los bolcheviques se vieron precisados a mantener en sus puestos a los empleados del antiguo Estado zarista, al tiempo que las empresas capitalistas rusas convertidas en propiedad pública, aunque bajo un control obrero formal muchas de ellas siguieron realmente administradas por sus antiguos dueños, que, de burgueses, pasaron a engrosar el funcionariado estatal soviético.

Bajo semejantes condiciones agravadas por la guerra civil y la intervención extranjera, el poder obrero debió ceder ante el mal menor de conceder responsabilidades de gestión a los antiguos propietarios burgueses experimentados en la técnica de la administración en sus empresas, devenidos ahora en burócratas estatales. Dado que el conocimiento y la información es poder, los antiguos burgueses transformados ahora en gestores del flamante Estado soviético, saboteaban las funciones y competencias de los comités de fábrica, forma incipiente y solapada de expropiar el poder proletario.

Durante el XI Congreso del PCUS, Lenin insistió en la necesidad de disponer para la administración y para la organización del Estado, de hombres que dominaran la técnica del gobierno y que tuvieran experiencia económica y gubernamental, añadiendo que "hombres así sólo podemos sacarlos de la clase que nos ha precedido". En ese pasaje de su discurso de apertura al Congreso, Lenin comparó los 4.700 miembros del partido en puestos de dirección dentro de la máquina burocrática de Moscú, con el ejército de funcionarios ex empleados zaristas y burgueses reciclados a burócratas estatales. Y ante esa emergencia Lenin preguntó:

<<...¿quién dirige a quién? Me parece muy dudoso poder afirmar que los comunistas dirigen a ese gentío. Para decir la verdad, no dirigen, son dirigidos. En este caso sucede algo semejante a lo que nos relataban en nuestras lecciones de historia cuando éramos niños. Nos enseñaban: sucede que un pueblo conquista a otro; y entonces, este pueblo, el conquistador, es el vencedor. El otro, el vencido, es el pueblo conquistado. Esto es sencillo y comprensible para todos. ¿Pero qué pasa con la cultura de esos pueblos? Esto no es tan simple. Si el pueblo vencedor es más culto que el pueblo vencido, impone a éste su cultura. Pero en caso contrario, el pueblo vencido impone su cultura al vencedor. ¿No ha pasado algo parecido en la capital de la República Socialista Federativa Soviética Rusa (RSFSR)? ¿No han caído los 4.700 comunistas (casi una división completa, y todos los mejores) bajo la influencia de una cultura extraña? Es cierto, se podría tener la impresión de que los vencidos tienen un alto nivel de cultura. Nada de eso. Su cultura es miserable, insignificante, pero, sin embargo, es de un nivel más elevado que la nuestra. Por deplorable y mísera que sea, es mayor que la de nuestros dirigentes comunistas responsables, porque estos no tienen suficiente habilidad para dirigir. Los comunistas ubicados al frente de instituciones -que delegan funciones en esos hábiles saboteadores para utilizarlos como escudo- son, con frecuencia, burlados. Es una confesión muy desagradable, o, por lo menos, no muy agradable, pero que considero necesaria, pues en la actualidad, este es el nudo del problema. (...)

¿Entenderán los comunistas responsables de la RSFSR y del PCR que no saben dirigir, que ellos, que creen dirigir, son en realidad dirigidos? Si lo entienden aprenderán, porque, como es natural, este trabajo se puede aprender. Pero para aprenderlo es necesario estudiar con ahínco, y nuestra gente no lo hace. Esparcen a derecha e izquierda órdenes y decretos, pero el resultado es muy diferente de lo que quieren. >> (V.I. Lenin: Op. cit. 27 de marzo de 1922)

Así fue como el explotador burgués ruso cambió de piel adoptando la figura del burócrata estatal soviético. Dada esta condición, a partir de ese momento la posibilidad de la contrarrevolución capitalista en la URSS, de abstracta que fue entre 1917 y 1918, empezó a convertirse en real a medida que la burocracia estatal de ese país procedió paulatina y subrepticiamente a expropiar el poder político al proletariado, proceso que culminó con el encumbramiento de Stalin y su camarilla a la más alta instancia del poder partidario, lo cual facilitó la tarea de absorción del partido por el Estado soviético de tal modo burocratizado.

En realidad, lo que hizo el stalinismo al frente del PCUS, fue patrocinar la alianza entre el estamento burocrático soviético ya consolidado y la pequeñoburguesía subsistente en la URSS, contra el proletariado y a expensas de él. Desde 1917, la URSS se erigió sobre una base económica y social a medio camino entre el capitalismo y el socialismo. Este dualismo se explica por las siguientes condiciones:

a. El desarrollo de las fuerzas productivas en Rusia era aun insuficiente para que categorías económicas burguesas como los precios y el dinero empezaran a perder sentido y la nueva realidad social adquiriera un carácter socialista.

b. La producción era de tipo socialista pero las normas de reparto seguían siendo de naturaleza burguesa propiciando la diferenciación social.

c. El desarrollo económico bajo tales condiciones, fue mejorando lentamente la situación económica y social de los trabajadores, al tiempo que contribuyó a la creación de una capa social de privilegiados.

En el terreno político, este dualismo entre el carácter socialista de la producción y el remanente burgués de la distribución a instancias del mercado, se expresaba en la dualidad de poder entre la burocracia estatal que representaba la tendencia a mantener la norma del reparto desigual, por un lado, y, por otro, el PCUS hasta la muerte de Lenin, que pugnó infructuosamente por quitarle a la burocracia esa base de sustentación de sus privilegios. Una vez en el poder al interior del PCUS, el stalinismo resolvió este dualismo en favor de la contrarrevolución burguesa, consolidando las normas de reparto desigual, impuestas por la alianza entre la burocracia y la pequeñoburguesía rural a expensas del proletariado en su conjunto.

Enlazando la lucha triunfante contra el fascismo invasor, con la política del statu quo y la coexistencia pacífica respecto del imperialismo, el auge y declive del "socialismo en un solo país" estuvo determinado por la onda larga expansiva del capitalismo durante la segunda post guerra mundial y su agotamiento a principios de la década de los setenta, hasta que se fue para siempre por el sumidero de la historia con el agudizamiento de la crisis a principios de los noventa, arrastrado por la irresistible corriente privatizadora como un ya inservible epifenómeno de la ley del valor.
VII

Las condiciones objetivas de la Rusia soviética descritas hasta aquí, (un proletariado poco numeroso y analfabeto) que entre 1917 y 1924 contribuyeron a convertir la posibilidad de la contrarrevolución burguesa de abstracta en real, están hoy ausentes en todos los países de la cadena imperialista y en numerosos países de atraso relativo. De minorías irrisorias e incultas que fueron durante el capitalismo temprano, en virtud del progreso de la las fuerzas productivas, los asalariados han pasado a ser desde hace décadas mayoría absoluta de la población activa del planeta, con un nivel de instrucción suficiente como para hacerse cargo de los asuntos económicos, sociales y culturales de la sociedad. De hecho, millones de ellos en el mundo vienen gestionando la producción planificada en las más importantes empresas capitalistas transnacionales, así como en centenas de miles de sociedades anónimas que agrupan capitales medios. Prueba evidente de ello, es que las universidades de elites en tiempos de Marx y Lenin, pasaron a ser universidades de masas en todo el orbe.

Una de las dos principales características de las sociedades anónimas radica en que mediante el sistema accionario, se establece una nítida separación entre quienes detentan la propiedad de esas empresas (los accionistas) y quienes las dirigen administrativa, técnica y comercialmente, que es personal básicamente asalariado. En la medida en que este sistema de propiedad y gestión actualmente dominante en el mundo empresarial se ha generalizado, aumentó la masa de la burguesía industrial, comercial y de servicios, que se recicló al mercado bursátil, convertida así en una clase parasitaria y, por tanto, socialmente superflua, a igual título que los terratenientes y los prestamistas.

Estos burgueses negocian, especulan y deciden sobre algo que funciona, pero se desentienden de su funcionamiento, que delegan en otros con capacidad y pleno dominio en las técnicas de la administración de empresas y gobiernos, a quienes pagan para que se ocupen de ello. Pueden, por ejemplo, negociar la instalación de subsidiarias dentro y fuera de un mismo país. Pero el trabajo de realizar las necesarias prospecciones de mercado que aconsejan semejantes decisiones de inversión, lo delegan en expertos a cambio de un salario y prebendas, verdaderos aristócratas obreros que las universidades del sistema han instruido en esa técnica y se ganan muy bien la vida con ello. Lo mismo pasa en todos los niveles de la administración pública. En tiempos de Marx y Lenin, los políticos eran "intelectuales orgánicos", esto es, al mismo tiempo estadistas y empresarios, algo cada vez más raro de ver hoy día. Aunque sigan detentando el poder, los capitalistas han perdido su lugar en la historia. Los grandes porque no gestionan, los pequeños y medianos porque no están a la altura del desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas de la humanidad.

Como se ha visto muy resumidamente más arriba, desalojar del poder político y expropiar a los grandes propietarios terratenientes y burgueses, para la clase obrera rusa fue un problema menor frente las enormes dificultades de operar el cambio revolucionario efectivo en toda la sociedad de ese gran país. Uno de esos problemas fue la propiedad sobre los medios de producción por el arraigo a ella (a la tierra) de la mayoría (campesina) rusa; una segunda dificultad -tampoco resuelta- fue la incapacidad de la clase obrera para gestionar la sociedad de transición hacia el socialismo. Tal fue, junto con el atraso relativo de ese país, el caldo de cultivo de la burocracia soviética (desde hace una década reconvertida o reciclada al capitalismo). Para los asalariados de hoy es al revés, lo que les parece un objetivo impensable es la toma del poder. Curiosamente, si este objetivo no cabe todavía en la conciencia de los explotados del mundo actual, es porque magnifican los mismos problemas que tuvieron los revolucionarios rusos en 1917, hoy casi por completo inexistentes. Porque ese lugar político está ocupado, además, por el prejuicio burgués de que la propiedad privada sobre los medios de producción y el mercado capitalista son eternos, y porque su práctica condición de clase mandada o subalterna, les impide comprender que ha llegado la hora de que tomen el testigo de la historia para hacerse cargo de la humanidad. Todo ello a pesar de que el capitalismo decadente les está poniendo como nunca antes la realización de esa tarea casi en bandeja. Tal es la paradoja de la lucha de clases en este momento: los asalariados del mundo, tan al alcance de hacer la revolución y al mismo tiempo tan lejos de ella.
VIII

Hasta qué punto el capitalismo tardío pone hoy el socialismo al alcance de la clase obrera en el poder, y cómo debe ser el funcionamiento de la sociedad tras el triunfo de la revolución para que no quede otra vez convertida en esclava del Estado burocrático, a nuestro modo de ver, las claves de respuesta a estos interrogantes están previstas en las propias condiciones objetivas en que actualmente se desenvuelve el proceso de producción en el capitalismo tardío, tal como aparecen descritas en: http://www.nodo50/gpm/1vacaslocas8.htm

Estas condiciones demuestran que el caldo de cultivo económico y social en que medró la burocracia soviética en tiempos de Lenin, es hoy inexistente, y que el propio desarrollo alcanzado por la socialización objetiva del trabajo en medio del próximo torbellino revolucionario, evocarán de modo casi natural la experiencia de la Comuna de París, con su democracia proletaria real directa como alternativa racional histórica a la irracionalidad selvática genocida del mercado capitalista y a la ineficiente y parasitaria burocracia "socialista", que está en la misma lógica social burguesa, como lo demuestra el masivo reciclaje al que estamos asistiendo en los países del Este de Europa. Mientras tanto, para quienes tenemos claras estas cosas, la tarea estratégica pasa por difundirlas y comprender que lo más difícil de la próxima revolución está en la toma del poder político a nivel internacional, cuyo primer paso hacia ella hay que darlo construyendo una organización internacional realmente independiente, que en todos los sitios luche por su programa máximo sin resignar ningún objetivo estratégico a cualquier objetivo presente de la pequeñoburguesía en esta sociedad. La revolución puede adquirir, según las especificidades de cada país, una forma nacional, pero debe tener por fuerza un carácter internacional. Y eso prefigura como tiene que ser la sociedad venidera respecto de la actual configuración nacional o fronteriza de la burguesía. En ese sentido, la transnacionalidad creciente de los capitales, hace que la posibilidad abstracta del internacionalismo proletario se convierta en posibilidad real, y la consigna “Proletarios del mundo uníos” anunciada hace 150 años adquiera una actualidad acuciante.

La burguesía internacional necesita llevar adelante ataques inauditos contra nuestras condiciones de vida y de trabajo. Ya los está consumando en el llamado tercer mundo y se prepara a ejecutar la misma política en los países de la cadena imperialista en nombre de los DD.HH. Ante semejante realidad actual del capitalismo, los más conscientes de nosotros debemos aprovechar ese estímulo a la ruptura ideológica con la patronal y su Estado, para conseguir que, en vez de continuar dándole un carácter político a espectáculos como el fútbol, más y más asalariados ocupen su tiempo libre en el estudio y comprensión de asuntos como éste. Los burgueses lo saben muy bien, de ahí que conviertan más y más el ocio en mercancía y la "libertad" de sus clases subalternas en múltiples opciones de entretenimiento, no sólo para acumular más capital a expensas del salario, sino principalmente para mantener a la gente sumida en la indignidad de la estupidez política.
Notas:

1.- Las relaciones sociales entre los productores al interior de cada lugar de trabajo también son inexistentes, porque allí priva la voluntad del patrón. En todo caso, del reducido círculo social dirigente si la propiedad es colectiva. Otra cosa ocurre en el caso de varias fábricas de un mismo grupo empresarial dedicado a la producción de un mismo producto. A medida que opera la centralización del capital y las empresas oligopólicas se difunden, a través de la propiedad privada de los medios de producción se abre paso la necesaria relación social para la planificación racional de la producción entre las distintas empresas de cada grupo de empresas, tanto en el terreno nacional como internacionalmente. Así es cómo -desde el punto de vista del proceso productivo- el capitalismo anticipa el socialismo, del mismo modo que las modernas sociedades anónimas anticipan el socialismo dentro del capitalismo desde el punto de vista de la propiedad.

2.- La génesis de este antecedente inmediato del Estado clasista, responde a la necesidad de grandes obras hidráulicas de servicio común, especialmente para regadíos, también para desecación, de los grandes valles aluviales de Egipto o la Mesopotamia, al igual que entre los Incas, cuya ejecución excedía los medios disponibles por las comunidades particulares. La realización de estos trabajos exigía fuerzas productivas y una dirección centralizada. Tal fue el poder de "función" que adquirieron las monarquías absolutas en base a lo que Marx denominó "modo de producción asiático".
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2.2.- Respecto al POUM

Sobre si el POUM fue un partido trotskysta, decirte que, creado en 1935, hasta julio de 1936, fue de inspiración trotskysta acorde con la línea de pensamiento político estratégico entre Marx y Lenin, incluida la teoría de la revolución permanente desde las tesis de Abril. Hasta esa fecha , los principios que presidieron el programa del POUM fueron los siguientes:

1) Independencia política y organizativa de la clase obrera frente a las demás clases, y del partido marxista frente al resto de organizaciones políticas del proletariado.

2) Toma del poder político por la clase obrera mediante una insurrección armada e implantación de la Dictadura del Proletariado.

3) Destrucción del Estado capitalista y sustitución por los órganos del poder proletario

Durante el periodo de la dualidad de poder (julio-setiembre de 1936), contribuyó a la superación de esta situación revolucionaria a favor de la burguesía, en razón de que:

1) Desde su creación nunca planteó a la clase obrera la cuestión del poder.

2) Durante el período de dualidad de poder decidió resolverla a favor del bando burgués republicano contra Franco, disolviendo los comités antifascistas en lugar de trabajar por su democratización y erigirlos como arma de lucha contra los órganos de poder de la burguesía en su conjunto.

3) Desde el principio tampoco estableció claramente la delimitación precisa entre el Partido Revolucionario y el Frente Popular, orientándose por esta última vía hacia la colaboración con la burguesía republicana al interior de sus instituciones, como fue el caso de la Generalitat de Catalunya

4) Marchó detrás del anarcosindicalismo de la CNT-FAI, considerando a sus dirigentes como revolucionarios. En mayo de 1937, los obreros de Catalunya se sublevaron. Los anarquistas que dirigieron ese movimiento han repetido cientos de veces en la prensa que si la CNT hubiese querido tomar el poder en ese momento lo hubiera hecho sin dificultad y era la pura verdad. No lo hizo por cuestiones de principio, de renuncia a comprometerse con el ejercicio de cualquier poder político, anteponiendo la libertad individual a cualquier autoritarismo externo. Como ha dicho Trotsky, en esa emergencia la dirección del POUM "se colgó literalmente de los faldones de la CNT". Esto permitió a la burguesía republicana aplastar la sublevación de mayo.

5) Se asimiló al reformismo republicano distinguiendo entre guerra contra el franquismo y revolución adscribiendo así la revolución por etapas, rompiendo con la concepción trotskysta de la revolución permanente. Así fue como sacrificó la revolución socialista y la lucha por la dictadura del proletariado a los "intereses de la guerra" (colaboración gubernamental con el bando burgués republicano.)

6) No hizo nada para sentar las bases de los organismos obreros de poder a través del Frente Obrero Revolucionario, ni siquiera en los lugares donde la influencia del POUM fue preponderante. Sus direcciones ordenaron a miembros del Partido a cargo de la "división Lenin", que sabotearan toda acción política dirigida a constituir Consejos de Soldados en las milicias del POUM quitándole todo carácter político de clase.

Una organización revolucionaria no puede progresar más allá de lo que le permite el desarrollo de una situación revolucionaria. Pero el caso es que el POUM estuvo siempre a la derecha de esa situación, negó los principios que le dieron nacimiento y se desinfló políticamente desde los inicios del ascenso revolucionario de las masas en España, entre julio y octubre del 36, contribuyendo así a la contrarrevolución fascista. Fue el principal obstáculo para la construcción de un partido revolucionario en esa época.

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2.3.1. Anarquistas y marxistas

En cuanto a si lo que persiguen los anarquistas es diferente de lo que pretenden los comunistas, en primer lugar deberíamos tener una noción clara de qué son y qué pretenden los anarquistas. Sociológicamente, todos ellos son descendientes directos del artesanado gremial de la época post-feudal, donde la libertad se confundía con la independencia individual de unos maestros artesanos respecto de los otros, y por un odio común hacia los burgueses que disolvieron en la dependencia salarial con el patrón capitalista su mundo de relaciones corporativas libres.

Los anarquistas son anticapitalistas, pero no son comunistas. Permanecen aferrados a la propiedad del artesano, del pequeño productor. A diferencia de los comunistas, para quienes la libertad individual pasa por la organización igualitaria y democrática de los productores asociados, los anarquistas conciben la libertad íntimamente vinculada a la propiedad individual. Se dividen en dos grandes categorías.

Por un lado están los individualistas, que se caracterizan por la consagración del concepto de individuo que en la producción decide por sí mismo, sin otra relación económico-social con los demás que la puramente mercantil, siendo radicalmente contrarios a toda autoridad Este tipo de anarquismo pretende prescindir, hasta donde sea posible de toda organización, tanto social como estatal, por considerarlas coactivas.

Por otro lado, están los anarco-socialistas -cuyas figuras más representativas fueron Kropotkin y Bakunin- coinciden con los individualistas en el rechazo a toda autoridad estatal, que consideraban artificial o contra natura, pero aceptan las organizaciones sociales como resultado de lo que consideran una tendencia natural o gregaria de los seres humanos al agrupamiento para la cooperación. Negando toda relación política coactiva, llegan al extremo de repudiar la democracia, esto es, la autoridad de las mayorías sobre las minorías, de ahí que el concepto marxista de "dictadura del proletariado", tanto como el de partido de clase para la acción política, les parezcan aberraciones humanas intolerables.

Esta última categoría, la de los anarco-socialistas ha sido la de mayor proyección social. Creen que los pequeños grupos entre individuos pueden ser organizados de tal modo que queden eliminados los antagonismos económicos por la tendencia natural a la cooperación, y que es posible extender el mismo principio de acción a territorios más amplios sin recurrir a ninguna clase de coacción. Esperaban realizar esto sustituyendo al Estado, organizado desde arriba, vaciándolo socialmente por gravitación de las masas laboriosas hacia el método de la "federación libre", mediante el cual las pequeñas unidades se agruparían naturalmente en función del bien común, uniéndose para formar la comuna local, y así sucesivamente hasta agruparse por sí mismas en territorios más o menos amplios para fines comunes más generales.

Estuvieron contra la idea marxista según la cual el capitalismo acabaría con los oficios e iría reduciendo la producción en pequeña escala a la mínima expresión social. Para Bakunin, al contrario de los marxistas, el resultado de la acción revolucionaria anticapitalista no está sujeta a determinadas condiciones económico-sociales, sino que es producto directo de la voluntad colectiva sin condicionamiento objetivo alguno. Así es como llegó a proponer que la transformación al anarquismo de la sociedad europea capitalista basada en la gran producción, se lleve a efecto por los pueblos ruso y eslavo dedicados a la agricultura y al pastoreo. Bakunin esperaba que los obreros del Occidente europeo apoyarían esa revolución basada en condiciones de vida de mayor penuria e incultura, que ellos ya habían superado de la mano de la burguesía. Otro tanto ocurriría al revés, si ese mismo proletariado industrial quisiera hacer la revolución en Europa sin ocupar una posición social predominante en la industria, capaz de hacer inmediatamente por los campesinos de ese continente, tanto o más de lo que la burguesía francesa fue capaz de hacer por los campesinos en tiempos de Napoleón Bonaparte. Kropotkin, por su parte, queriendo someter el irreversible desarrollo de la producción capitalista europea en gran escala al sueño de una sociedad compuesta por pequeños productores individuales, propuso desmantelar las grandes fábricas que proveían a los mercados de ultramar, para convertirlas en cooperativas de obreros, lo más pequeñas que permitiesen una producción eficiente. Y que todo esto se hiciese sin el recurso a la autoridad sobre la burguesía -que por mandato de la ley del valor ya tenía montado el tinglado de otra manera- sino por consenso social inspirado en la supuesta tendencia natural de los seres humanos genéricos a la cooperación en pequeña escala. Como si las clases no existieran.

Los anarquistas sacan las premisas de su acción de simples ideales de vida a los que tienden a ajustar la realidad. Los comunistas no tenemos ideales. Las premisas de nuestra acción transformadora están en la naturaleza de las cosas, en las contradicciones de las formas de vida vigentes que señalan la tendencia general de su movimiento hacia la resolución de esas contradicciones que culminan necesariamente en otra forma de vida superadora. Para nosotros se trata de comprender la tendencia objetiva del movimiento de la sociedad en cada etapa histórica y actuar políticamente en el mismo sentido de esa tendencia, de su necesaria resolución. La libertad del sujeto sin el referente de la necesidad histórica objetiva, es un solipsismo teológico, según el cual, las cosas del mundo son según mis ideas. Para los comunistas, la libertad, es el conocimiento de la necesidad objetiva, de lo necesario al margen de las apetencias personales o ideas preconcebidas. Sólo se es libre en tanto se descubre lo que tiende necesariamente a su realización y se actúa para preparar las condiciones que lo hacen posible:

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estado que debe implantarse, un ideal al que debe sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual.>> K.Marx-F. Engels: "La Ideología alemana". 2)

Para el materialismo histórico -la única actividad del pensamiento metódico aplicado a la sociedad que merece el calificativo de ciencia- el movimiento real que anula y supera el estado actual de cosas, discurre según lo resumido muy apretadamente en los puntos I a IV de la presente.
Un saludo:

Grupo de Propaganda Marxista (GPM)


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