Buenos Aires: 1920-1940: Una modernidad silenciosa



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4.- LA VANGUARDIA MARGINADA.
Como consecuencia de la influencia de los modelos culturales europeos desde la década de los ochenta del siglo anterior, especialmente el italiano y el francés, el desarrollo de la arquitectura académica del eclecticismo, produce un choque ideológico de distinta envergadura en la búsqueda de la identidad formal que deberían adoptar las instituciones y la propia disciplina. En esta coyuntura se presentan dos manifestaciones de reacción opuestas; los que buscan a través del purismo vanguardista una salida acorde a una época de cambios relevantes, y los que se remiten al pasado de la emancipación y los orígenes de la nación, reestableciendo el léxico formal de la colonia como modelo que enfrente las versiones extranjerizantes, restituyendo el sistema de valores culturales de lo propio, de la tradición y el criollismo.
Con el golpe del año treinta, se inicia un período neoconservador, que en la cultura se expresa en la revalorización de la tradición, acorde con el perfil autoritario del contemporáneo fascismo europeo, que intentará resistir los procesos de "desintegración cultural" producida por la "masa inmigratoria inculta" (15)

La sustitución morfológica que supone el "neocolonial" no deja de lado sus raíces evidentemente académicas, conformando un nuevo eclecticismo, que sería denominado como "renacimiento neocolonial".


Sin embargo, este movimiento no se aferrará como modelo institucional, principalmente debido a la caída del gobierno Radical en 1930, el cual a través del M. Noel, había sido desde la Municipalidad de la ciudad uno de sus principales impulsores. Obras como la Casa Radical, o el actual Banco de Boston (una híbrida resonancia entre escuela de Chicago y barroquismo neocolonial), testimonian el desarrollo de esta corriente, que adquiriría mayor relevancia en la arquitectura anónima residencial y en el posterior desarrollo del "californiano" en la arquitectura institucionalizada del período peronista de fines de la década de los cuarenta.
Por otro lado, las posiciones de vanguardia asumidas por algunos profesionales en el marco de una sociedad convulsionada por los cambios, tendrá en Buenos Aires un tamiz marcado por su correspondencia con el grado de desarrollo social y de las luchas hegemónicas de los grupos emergentes o consolidados de la burguesía autóctona. Sólo en el momento de ascenso de las confrontaciones de la década de los cuarenta, se generarán los espacios políticos e institucionales, y las fisuras del sistema desde las cuales surgirá una arquitectura fiel a los postulados de la modernidad, y articulada con el nivel de desarrollo alcanzado por la tecnología disponible en el país.
En esta tendencia pionera de la modernidad, encontramos dos posiciones, un sector que se dirige hacia la consagración de la nueva estética, y en las antípodas, otro que persigue la consumación de la utopía del progreso. Entre ellos existe también un conjunto de búsquedas de adecuación de la nueva arquitectura y urbanismo a la realidad local.
Las ideas del Movimiento Moderno que recibe la intelectualidad vanguardista porteña, acceden por diversos canales que van desde los viajes a Europa; la llegada de profesionales europeos (Le Corbusier en 1929, y más tarde Perret); el establecimiento de algunos de ellos en el país (W.Costa, los hermanos Kalnay), y la influencia de diversas publicaciones como "L'Espirit Noveau; ABC; Das Neue Frankfurt, L'Architecture d'Anjourd'hui, etc. Estas posturas generan un debate que se refleja en un conjunto de publicaciones entre las décadas de los veinte y treinta (16) , como las "Conclusiones del Primer Congreso Panamericano de Arquitectos" (1920); las "Crónicas del Segundo Congreso Panamericano de Arquitectos" (1923; "Ensayo de Estética Contemporánea" de Prebisch y Vautier en 1924; "El sentido poético de la ciudad moderna", publicado en Proa en 1924; "Tropiezos y dificultades al progreso de las artes" de Virasoro, en 1926; "Las nuevas tendencias arquitectónicas" de A. Chirstophersen en 1926; "Marinetti en los Amigos del Arte" de Prebisch, publicado en Martín Fierro en 1926; "Orientación espiritual de la arquitectura de América" por Angel Guido en 1927; la correspondencia entre Le Corbusier y VictoriaOcampo, publicada por la Revista Sur en 1929; "La Crisis de la arquitectura" de Camile Manclair de 1933; "Urbanismo y Arquitectura" de W. Acosta, publicado en Nuestra Arquitectura en 193l; "Una ciudad de América" de Prebisch, publicado en el Sur en 193l; "Sobre un mal de esta ciudad" de V. Ocampo, publicado en Sur en 1935.
Desde 1925, las obras e ideas de los maestros del Movimiento Moderno se hacen presentes en las principales publicaciones de arquitectura en el país (Revista de Arquitectura y Nueva Arquitectura -desde 1929-, ésta última dirigida por el arquitecto socialista Isaac Stok); donde son publicados además escritos de Virasoro, Vilar, Acosta y Betervide. En 1930, la Sociedad de Arquitectos publica un número de la Revista de Arquitectura dedicado al fenómeno de las nuevas tendencias renovadoras.
La visita, en 1929, de Le Corbusier, deja una marca imborrable, produciendo una serie de debates y relaciones con arquitectos locales (Prebisch, Stok y Vilar), invitado por una élite cultural, su presencia pasa desapercibida para la ciudad, en un momento en el cual el funcionalismo se encuentra en pleno apogeo de una Europa cercana a la crisis, y en un país próximo a producir la primera fractura en el proceso democrático de su formación como nación, con el derrocamiento de H. Irigoyen en 1930. En su estancia, Le Corbusier pronuncia una serie de conferencias sobre las ideas del Movimiento Moderno. Llama a liberarse del espíritu académico; e intenta dirigir sus propuestas hacia el gobierno Radical, desarrollando un plan general para la ciudad. Se relaciona también con la élite intelectual, para la cual realizará varios proyectos como la casa para Victoria Ocampo (terminada en 1932 por A. Bustillo).
En el período, así mismo, dejarán su impronta la llegada y relación de Marinetti y de Bardi con Joselevich; de Hagermann con Prebisch y J. Kalnay; de Sartoris, de Steinhoff y de Perret con Mario R.Alvarez. Se debe destacar que estos visitantes, en general, representaban un aspecto conservador del Movimiento Moderno, alejados del compromiso social y de las actitudes radicales o de choque de sus contemporáneos; un perfil que coincidía con las aspiraciones de la vanguardia esteticista del país. Es importante destacar la presencia, en 1930, del urbanista alemán Werner Hagermann, gestionada por los Amigos de la Ciudad y las propias intendencias de Buenos Aires, Montevideo, Rosario y Mar del Plata; quien se encargará de estudiar y proponer medidas de transformación para estas ciudades.
También sientan antecedentes, la llegada de publicaciones como "Das Steinere Berlin", uno de los primeros libros de historia urbana; las exposiciones de arquitectura y urbanismo alemán e italiano, como la traída por el mismo Hagemann a Buenos Aires, y anteriormente presentada en el Congreso Internacional de Arquitectos de 1930 en Budapest; y la difusión de las experiencias de vivienda popular en Viena y Berlín. (28)
Basadas en estas experiencias europeas y americanas, se desarrollan propuestas como la Ciudad Azucarera de Tucumán, de Prebisch y Vautier en 1924, que tiene su paralelo en la Ciudad Industrial de Tony Garnier, las propuestas de W. Costa para el City-block integral de 1930, que rememora la ciudad vertical de Hiberseimer, o las torres de la Ville Radieuse de Le Corbusier; o más concretamente el trazado de la avenida norte-sur, hoy Avenida 9 de Julio, con puntos de contacto con las iniciativas de Saarien para Chicago.
Recién, sobre los años cuarenta, se dejan ver las influencias del Movimiento Moderno en la enseñanza de la arquitectura, principalmente en la cátedra de René Karman, donde se formarán los profesionales que impondrán en las décadas siguientes el nuevo lenguaje. El resultado de este proceso es el desarrollo de un movimiento que permanecerá marginado de los núcleos de poder institucionales y económicos, que determinan la fisonomía que adquiriría la ciudad, más aún cuando estos asumen posiciones radicales o un ideario progresista. Esta avanzada silenciosa, formada por inmigrantes o por sus hijos, debatirán por un espacio crítico, a través del cual conforman el universo de la nueva arquitectura, frente a una realidad que los evade.
Alejandro Virasoro, en la década de los veinte, será uno de los pioneros de la modernidad junto a Prebisch y Vautier. Sus obras comenzarán a desnudar el ornamento y la estructura académica, en búsqueda de un lenguaje Art-Decó, como en el caso del primero, o hacia una estética de rigidez purista pre-racionalista en los segundos; como se observa en el proyecto para el concurso de viviendas colectivas para el barrio Los Andes, donde obtienen el 2do. premio.
Estas obras y otras, como el Banco del Hogar Argentino (Virasoro,1927), presentan la conjunción de elementos prefabricados, el trabajo de una geometría de formas puras, y la presencia de la función y la tecnología en la resolución espacial enfrentada al órden dominante de las escuelas académicas. El Art-Decó se difunde entre los sectores medios como caracterización de lo nuevo y moderno; traduciéndose formalmente en ventanas redondas, escaleras helicoidales, arriesgados voladizos que permiten la depuración de las nuevas técnicas del hormigón.
El aura de esta nueva estética y filosofía proyectual se refleja al asumir que: "la arquitectura surge directamente de la aplicación de los nuevos elementos constructivos librados de toda aureola académica, y reducidos a escala humana" donde la premisa es " arquitectura en todo, urbanismo en todo". "que la forma exterior responda estrictamente a las necesidades de su contenido y que no sea el resultado de un trasplante caprichoso y ridículo de otras formas que pertenecen a épocas de diferente contextura que la nuestra, y que se pueden considerar definitivamente caducas"(17). También los cambios tecnológicos y el espíritu de lo colectivo que se sintetiza en el maquinismo ideológico de la época, se presentan en "el espíritu científico, preciso, mecánico, que busca afanosamente la claridad y el orden perdidos" (18)
Estas lecciones de modernidad permanecerán en la orilla de la realidad concreta, relegadas a unas pocas experiencias anteriores a la década de los treinta; momento en el cual comenzará la aplicación de los nuevos códigos a un conjunto de tipologías que se adaptaban y transformaban, en función de los cambios tecnológicos y las necesidades de explotación del suelo urbano.
La bifurcación del propósito moderno entre quienes se apoyan en la estética formal y la realidad concreta para el desarrollo de las nuevas tipologías (Vilar y Kalnay); o quienes desde otras posiciones asumen la necesidad de construir no solamente a través de los dictados del Movimiento Moderno, sino que corporizados por un compromiso ideológico, llevan adelante la posibilidad de la utopía, como en Acosta o más tarde Vivanco. La arquitectura entendida por ellos como cultura transformadora de formas de vida, y que busca respuestas en la nueva problemática social fue explorada en algunos ejemplos que daràn como resultado una política edilicia comprometida con estos postulados; el conjunto Los Andes de F.Betervide, La Maison Garay y el Perú House de Kalnay, la casa del pasaje Indonecia de Virasoro, los edificios de Malabia y Libertador de León Dourge, o el de Juncal y Esmeralda de J. Kalnay, pueden resumir estas posiciones.
La ausencia del gesto audaz, la simplicidad armónica de los volúmenes, los ideales higienistas de asoleamiento y ventilación, la articulación con los avances tecnológicos en la transformación de la planta residencial y la conquista de la naturaleza con el crecimiento vertical, son eslabones que configuran partes relevantes de la arquitectura de A.U. Vilar, A.Prebisch, L. Dourge, J. Kalnay.
En el otro margen, el horizonte del "espirit noveau" asume posiciones abiertamente diferenciadas en casos como Fermín Beretervide, que bajo una morfología tradicional, introduce y adapta a las condiciones específicas de Buenos Aires, todo el bagaje del urbanismo moderno, o en las antípodas, la teorización de W. Costa sobre la ciudad donde apela a la rigurosidad científica para la construcción del hábitat, partiendo del racionalismo, el serialismo, la masificación, la respuesta al clima y la geografía, y el tipo como caminos para la obtención de la igualdad social, y como respuesta al emergente hábitat popular que demandaba soluciones precisas. Son singulares los estudios de Acosta sobre la vivienda obrera y los tipos mínimos residenciales, así como su estructuración urbana sistemática, siguiendo las experiencias del "mínimo

existencial" de los CIAM y los estudios de A. Klein.


La paradoja de estas dos personalidades, que en un caso desde el compromiso social militante (Beretervide y su relación con el socialismo porteño), o en el otro, que desde una aproximación ideológica (Acosta), constituyen el cuerpo más radical de una vanguardia que se centra en lo ético y la defensa del proyecto moderno al servicio de las mayorías.
Esta discusión está planteada en el seno de la cultura porteña; la visión de divergentes orillas en el horizonte social, el mercantilismo neutro de los nuevos códigos, el fetiche de la máquina, la estandarización y la conquista de la tercera dimensión que propone Gideon (l8 bis), representan en la vida urbana y sus personajes, el abanico emocional de la nueva arquitectura, desde la pureza militante de los textos de Borges o las superficies de Vilar, hasta la modernidad contaminada de anarquismo, luces de neón y ética blindada presentes en las propuestas urbanas de Acosta, o los rincones marginales de Gonzáles Tuñón y Artl. El precio de esta filosofía será la utopía como concreción, en una sociedad que se introducía en la década de los treinta, en la "infamia" del estancamiento de la cultura y del debate de las nuevas ideas que conforman el orden conservador que se instalaba
Esta vanguardia se personifica paradigmáticamente en la figura de W. Acosta, en una arquitectura plasmada en el papel, condición no tan lejana y ajena a la experiencia de los maestros europeos. El "City-block", la "casa Helios", la Casa de Villa Urquiza, los estudios de prototipos seriados en lotes mínimos, y la parametrización de unidades de vivienda sobre el concepto de "mínimo existencial", desarrollados entre los años 1927 y 1935, configuran una visión que adapta la realidad urbana de la ciudad y sus escalas, a los códigos y tecnologías modernas. Los elementos del hábitat popular son sintetizados en el nuevo lenguaje; la terraza como "roof garden", el porch de entrada, el patio con toldo, son elementos que configuran el ámbito existencial de las clases urbanas emergentes esos años; el proletariado y la clase media de origen inmigratorio. Precisamente en este período (19l6-1932), se duplica la superficie construida en la ciudad, pasando de las 24,000 hs. a ocupar 46,000 hs.; sin embargo, la nueva arquitectura no está presente como factor decisivo de su evolución. La propuesta moderna no fue asumida por las instituciones del Estado o los grupos hegemónicos que dominan los destinos de la ciudad; preocupados por el mantenimiento de una anacrónica identidad que ve con recelo un movimiento que encarna el cambio, la desestabilización del orden y las jerarquías sociales, aún donde la transformación del lenguaje es símbolo de alteración del estado de las cosas.
Si bien la ciudad asume un rol ideológico conservador, este proceso admite fracturas, que son producto de los avances de la técnica, de las necesidades de transformación en función de la nueva realidad económica del capitalismo urbano, y del inicio de los procesos de industrialización que apuntalan su crecimiento vertiginoso. Con la consolidación del centro administrativo financiero sobre el casco histórico de la ciudad, coinciden la implantación de las tipologías modernas del rascacielos (Kavanagh, Comega, Safico, y más tarde los edificios Alas y para el Ministerio de Obras Públicas), u hospitales como el Churruca (Vilar, 1934), el Militar de 1934: tema sobre los cuales el catálogo académico no ofrecía las dinámicas tecnológicas y espaciales que exigía la época.

5.- EL PENSAMIENTO URBANISTICO MODERNO.
La mayoría de los planes urbanísticos realizados entre la década de los años veinte y los cuarenta, no se llegaron a plasmar en la ciudad; solamente en algunos casos encontramos sus fragmentos, construidos a través de la inercia propia del desarrollo mercantil del suelo, de los intereses de los grupos de poder que se conjugan en su realidad, o de las necesidades de orden político.
La extensión de la urbe se fundamentará en el crecimiento arbitrario de la cuadrícula y del loteo de las antiguas quintas suburbanas, que conformaban el espacio geográfico remanente, entre los viejos núcleos poblacionales (Belgrano, Flores, Pompeya, etc.). Estos a su vez se expandían y se articulaban con la presencia de los nuevos medios de transporte e infraestructura urbana. La primera propuesta de transformación integral se realizará entre los años 1923 a 1925, por la Comisión de Estética Edilicia, dirigida por Martín Noel, y encargada por el Intendente C. Noel, durante el segundo gobierno radical.
En él se conjugan un amplio espectro de intereses y posibilidades urbanísticas, que integran propuestas anteriores, como el trazado de diagonales y avenidas de Boulevard de 1910; la presencia de Forestier en el desarrollo paisajístico y la recuperación de la ribera sobre la Costanera Norte y Sur; la consolidación de un nuevo centro cívico en la Plaza de Mayo, reemplazando la antigua morfología con la incorporación de rascacielos; el desarrollo de un sistema de subcentros urbanos en función del crecimiento natural y tendencial que se verificaba; la recuperación del margen sur sobre el Riachuelo, incorporándolo al mercado del suelo con la extensión del trazado en damero y el desarrollo de la infraestructura básica (puentes, saneamiento de arroyos, redes, parquización, eliminación de las "quemas"; la multiplicación de los espacios verdes; y la implementación de un programa de sectorización funcional que ordenara programáticamente la estructura del cada vez más presente tránsito vehicular, los sistemas de abastecimiento de la población, el equipamiento y la localización de la vivienda dirigida al proletariado que crece a la par de los procesos de industrialización que se implantan predominantemente en el sur de la ciudad.
Este Plan se resume como el primer intento moderno de desarrollo urbano capitalista; y es asimismo un contendor de los sectores sociales que comienzan a estar presentes en el escenario urbano (proletariado, clases medias y burguesía industrial en ascenso). Sus modelos y antecedentes pueden ser hallados en las propuestas de Camille Sitté, el Plan Cerdá para Barcelona, y las teorías del Garden City inglés.
Esta operación de organización capitalista de la ciudad, regulando su crecimiento sobre las bases de la propiedad privada del suelo; generando las condiciones propicias para la transición de los modos de extracción de la renta urbana, dirigiéndolos hacia la explotación directa y extensiva del suelo; expresándose en el crecimiento de la cuadrícula y la sistematización paisajística del entorno sobre zonas como el Bajo Flores, Pompeya, Barracas o el Bajo Belgrano; proponen una puesta en valor de la ciudad en su conjunto, como totalidad, del centro, del barrio y del suburbio.
Años más tarde, pero en las postrimerías de la crisis que pondrá fin a este período Radical, con la invitación a Le Corbusier para visitar y ofrecer una serie de conferencias en Buenos Aires, se inicia un prolongado proceso de debate y frustraciones sobre la ciudad, que se remontará hasta fines de la década de los cuarenta
La ambición del maestro radicado, en Francia, por desarrollar y concretar un Plan Director para la ciudad, se concretará parcialmente en los años 1937 a 1938 en su estudio de París, con la participación de los arquitectos Kurchan y Ferrari Hardoy, que más tarde fundarán el Grupo Austral (29) (?)
La propuesta plantea lazos que lo vinculan con sus precedentes (la ribera de Forestier) y con un conjunto de operaciones urbanísticas que, siguiendo los postulados de los CIAM, consolida y sintetiza la estructura funcional de la ciudad; una zona sur industrial; una zona central administrativa y de negocios que se vuelca hacia el río, y lo asume reemplazando la obsoleta infraestructura portuaria, por un centro polifuncional; una zona residencial ordenada a través de super-manzanas en torno a la "citté des affairs"; el desarrollo de villas satélite en torno a las estructuras barriales en consolidación (Belgrano, Villa Urquiza, Flores); y autopistas que generan una trama sobre el sistema radial preexistente, produciendo la transición entre el suburbio y los márgenes de la llanura pampeana. Se desarrolla un Plan que no hace tabla rasa sobre los intereses económicos presentes en la ciudad, ni tampoco sobre los anhelos de la dirigencia política a la cual Le Corbusier dirige su atención.
Como su antecesor, este Plan pretende localizar el desarrollo de la ciudad, en correspondencia con los nuevos tiempos y con la necesidad de regular su crecimiento caótico, basado en la explotación del suelo. Todo esto articulado sobre un sistema que mejore la calidad de vida y revalorice su estructura unitaria, y su centralidad como símbolo de un poder que hegemonizaba el destino de sus habitantes.
Los intentos por extender la ciudad e incorporar el suburbio al mercado urbano, serán una constante del urbanismo moderno. Sectores como el Bajo Flores y el Bajo Belgrano, están en la mirada de arquitectos y planificadores durante décadas, originando una serie de propuestas que incorporarán las nuevas tendencias inspiradas en los movimientos de vanguardia.
El proyecto para el Parque Sur de 1936, propone el saneamiento de la ribera del Riachuelo, con su rectificación, incorporando a la ciudad las tierras bajas recuperadas, a través de un gran parque urbano, y el desarrollo de un barrio jardín sobre una extensión de 2,000 hs. libres.
La realización de la Av. General Paz, por un equipo dirigido por el Ing. Palazzo, también en 1936, plantea un anillo de circunvalación, "ring", como parque urbano, de 24 Km. de extensión, donde a través de la intervención de E. Vautier, en la Dirección de Vialidad, se relacionan los principios paisajísticos e higiénicos del urbanismo académico, con una operación que lo recorre a alta velocidad. (19). El principio moderno de movimiento se involucra en el diseño de las escalas y los recorridos convertidos en la dimensión temporal con la cual Gideon caracteriza la nueva arquitectura.
Sin embargo, los proyectos modernos más ambiciosos, deberán esperar hasta las décadas del cuarenta y los cincuenta, donde la Municipalidad de la Ciudad emprenderá planes urbanísticos para el desarrollo de grandes núcleos habitacionales en el Bajo Belgrano y Bajo Flores.
Más cercanas a las posibilidades de transformación de la ciudad, se inscriben experiencias concretas sobre el tejido morfológico, que con elaboradas por arquitectos como Kalnay, W. Acosta o F. Beretervide.
Kalnay, sintetizando la necesidad de adaptar las viejas tipologías del edificio de renta a los cambios de la época, desarrolla modelos que se refieren a la planta, como experiencia moderna, y de la cual surgen tipos de organización espacial adecuadas a la cuadrícula urbana (20), como las tiras del Perú House de 1933; el patio articulado al corazón de manzana que mejora las condiciones de asoleamiento en el edificio de Esmeralda y Juncal; el tratamiento de la esquina urbana; y la torre de viviendas en la Maison Garay. Estas soluciones tipológicas que involucran la tecnología avanzada de la época y el lenguaje neutro de la modernidad local, estarán presentes también en su propuesta para la remodelación de la Plaza de Mayo, presentada en 1935.
El "City block de W. Costa, representa a su vez, la posibilidad de transformar el damero colonial en un tipo organizativo de la vida moderna, donde el trabajo se realiza y vincula en su basamento, y la torre señala la residencia, elevando del suelo sobre plataformas, todas las circulaciones vehiculares, liberando el suelo para espacios verdes. Estos estudios iniciados en 1927, en Europa, y luego en los treinta adaptados a Buenos Aires, desembocarán en el "city block integral"(2l), en el cual la tipología adoptada mejora el modelo de asoleamiento y la diferenciación morfológica de las funciones de vivienda y trabajo. Sólo tardíamente, en los cincuentas, se concretará parcialmente este modelo de unidad habitacional, trabajo y comercio, en el edificio para El Hogar Obrero, que realiza junto a F. Beretervide.
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