Buenos Aires: 1920-1940: Una modernidad silenciosa



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Buenos Aires: 1920-1940: Una modernidad silenciosa
Gustavo A. Brito e Isolda Maur

OBSERVACIONES PREVIAS.


El origen de las vanguardias arquitectónicas está sin dudas vinculado al desarrollo del proyecto moderno en la sociedad contemporánea y es por ello un proceso histórico lleno de contradicciones.
En un sentido histórico adoptamos un concepto amplio de la vanguardia donde no solamente cabe la reacción autónoma contra lo establecido, el orden de la sociedad burguesa o sus manifestaciones estéticas, sino que preferimos referirnos a un aspecto humano que colocó su mirada en las transformaciones que requería la sociedad de la época con todos sus matices ideológicos, donde la "recepción contemplativa característica del individuo burgués es reemplazada por la recepción de las masas, divertida y racional a la vez", donde el espíritu de la época es reemplazado por el espíritu de lo nuevo. (1)
A esta ruptura corresponden las diversas manifestaciones de la nueva modernidad que se generarían en la cultura porteña, donde la nueva estética adquiriría límites geográficos en la pampa o en el suburbio marginal.
Si en el campo de la literatura existió un amplio márgen para la experimentación, en lo que nos concierna, la crisis económica y la existencia de una voluntad política reacia a los cambios imposibilitaron en estos años la construcción de un movimiento moderno que pudiera pasar del debate a la práctica concreta.
Sin embargo, este fenómeno permite a las vanguardias el acercamiento a la realidad circundante con la cual operará y desarrollará sus manifestaciones; lo que en consecuencia significará el alejamiento de la utopía como catalizadora de la vanguardia.
Esta conciencia dividirá a la experiencia moderna entre quienes asumen su compromiso en la construcción cotidiana de una arquitectura que sintetice los paradigmas de la época en su articulación con las estructuras económicas dominantes; y en otros que reconocen la existencia de la otra orilla emergente de la nueva sociedad con la cual enlazan su destino.
La nueva arquitectura y ciudad no se manifiestan solamente en la mistificación técnica, en la pérdida del aura que reconocía W. Benjamín, (2) sino que en su marginación, comienza a reconocer la necesidad de su concreción histórica en un entorno urbano que cambiaba vertiginosamente sus códigos y sus raíces en la fusión de un nuevo universo cosmopolita (3).
La ciudad se encuentra en plena expansión en las primeras decadas del siglo, conformándose es un repetido escenario donde se estructuran las fuerzas económicas que dominan su transformación morfológica. La explotación intensiva de las áreas centrales y la extensiva del suburbio conformarán los patrones formales de su crecimiento y de su nueva identidad evidenciada en su acelerada verticalización.

Es sólo a partir de la década de los cuarenta, cuando el proyecto moderno sera asumido tardíamente por el conjunto social, aunque no en forma manifiesta y plenamente institucionalizado. Pero ahora si, articulado a la consolidación de una floreciente industria de la construcción que demandaba el perfeccionamiento de la técnica.


La síntesis de esta particular experiencia de la modernidad será dada por su marginación ideológica y por la autoexclusión de la utopía que motivaba como desencadenador de transformaciones radicales.
Una neutralidad estética y un racionalismo consecuente con el desarrollo de las fuerzas productivas, serán la expresión dominante en el montaje de una ciudad que reclamaba una nueva identidad que armonizara con los signos de una nueva época.
BUENOS AIRES, CENTRO Y MODERNIDAD.
La irrupción de los cambios en la vida contemporánea de las primeras décadas del siglo, causadas por las transformaciones económicas, productivas, tecnológicas, el ascenso de nuevos sectores sociales ascendentes y la consolidación de una nueva cultura tamizada por la inmigración y el criollismo, conforman el marco existencial en el cual se desarrollan las ideas de las vanguardias autóctonas, en las primeras décadas del siglo.

La explosión urbana que comienza a partir de 1980, y que se extenderá hasta 1930, estará caracterizada por el arribo de una, masa inmigratoria, que estructurada por el flujo de excedentes de capitales británicos y el producto de la acumulación de la renta agraria, traerán como consecuencia el desarrollo de una industria liviana, una diferente forma de distribución del producto bruto interno y el surgimiento, a partir de estas necesidades, de nuevas temáticas arquitectónicas acordes a estos cambios.


Este proceso revoluciona en la década de los treinta la cultura urbana, repercutiendo sobre su morfología y su estructura tipológica, transformando a la ciudad en embrión de la metrópoli moderna.

Al comienzo de esta década se establecen los cables de alumbrado público en reemplazo de los viejos sistemas a gas y kerosene. Se introducen los modernos medios de transporte, extensión y ramificación del tranvía; se establece el sistema de colectivos para el transporte público y se amplía la red de subterráneos comenzada en 1914. La movilidad sobre la ciudad asume un rol más dinámico en la vida cotidiana, sus efectos son el acercamiento de los barrios al centro; la velocidad y la comunicación comienzan a ser paradigmas de una época de cambios.


Estos fenómenos contribuyen a la consolidación de la estructura barrial de la ciudad, expandiéndose sobre ellos los modelos del núcleo central; barrios como Villa Urquiza, Belgrano, Parque Saavedra y Boedo son las nuevas fronteras de una ciudad que se desplaza hacia el borde mítico de la pampa.(4)
Entre los años 1920 y 1938 se duplica la superficie pavimentada de calles incorporando centros dispersos en un sistema aglutinador que motivará su identidad moderna.
Buenos Aires se transforma en una ciudad cosmopolita; la inmigración europea es su principal componente casi duplicando la población entre 1914 y 1936 de l.576,000 a 2.415,000 habitantes.
Durante la intendencia de Vedia y Mitre entre los años 1932 a 1938, se inauguran y culminan un conjunto de obras de reciclaje urbano que transforman su fisonomía de la ciudad, (algunas de ellas iniciadas desde la intendencia de T. de Alvear), se terminan las diagonales norte y sur; se inicia la avenida norte-sur, 9 de Julio; se culmina el ensanche de la calle Corrientes; se amplía la red de subterráneos; se rectifica el Riachuelo reemplazando, sus puentes con estructuras modernas; se llega con infraestructura sanitaria al suburbios; se entuba el arroyo Maldonado; se completan algunos trazados planteados en el Plan de la Comisión de Estética Edilicia de 1925 diriguida por Martín Noel, donde se plantea la modernización de la estructura formal y monumental de la ciudad como operación de puesta en valor del suburbio y los barrios, visualizando lo que años más terde se producirá al trasladarse el centro de la renta urbana, de la explotación de la vivienda, de alquiler a la extensiva especulación del suelo.(5)
Hasta alrededor de 1930 encontramos un proceso de concentración y hacinamiento de la vivienda en las áreas centrales estimulado por la concentración de mano de obra, fuentes de trabajo, ausencia de infraestructura adecuada, que determinó la superexplotación de los terrenos centrales, involucrando un deterioro acelerado del hábitat que culmina en la formación del conventillo, como tipología de vivienda de alquier, en la cual se instala la gran masa de inmigrantes que llegan a la ciudad. Las mejoras urbanas que se consolidan en esta década, y el consecuente aumento de impuestos a los alquileres en las áreas centrales producen la expulsión de los sectores bajos hacia el suburbio, siendo reemplazado su hábitat por la tipología de la casa de renta dirigida a los sectores medios que en este período comienza a tener un rol protagónico en la sociedad y consecuentemente en la ciudad.
La construcción en 1936 del obelisco por A. Presbisch, es un símbolo de esta modernidad naciente en el corazón de la ciudad al destruir el pasado y la traza heredada de la colonia y representar el desafío de la conquista de un nuevo horizonte en la verticalización de la ciudad.
También, el trazado en la misma época de la Av. General Paz por E. Vautier bajo los criterios del parkway como borde de la ciudad, conforma otro de los límites geográficos y concretos de una modernidad sustituta y contradictoria en la cual la velocidad es el elemento estructurante del paisaje y sobre cuya función se diseñó como generadora del entorno.(6)

El puerto también es incorporado a estas transformaciones, donde surgen la nueva usina eléctrica en 1937 y los grandes elevadores de granos, en los cuales la ingeniería aplica contundentemente la estética utilitaria de la modernidad . No existe la anécdota, y la síntesis se produce como culminación del proceso productivo de una estructura de poder conservadora y tradicionalista que domina la escena social.


En este contexto e influido por las múltiples transformaciones del período, la cultura ciudadana se revoluciona, haciéndose presente en un aspecto más amplio de la sociedad, democratizándose en las capas medias ascendentes.
Los canales de distribución y consumo se masifican como rasgo de los tiempos que transcurren. El periodismo escrito y radial trata de ganar espacio entre los nuevos ciudadanos, apareciendo el periódico "El Mundo" en 1928, donde el lenguaje que se utiliza ya no es dirigido a la élite ilustrada. La información y la comunicación pasan a ser parte de las clases medias y populares donde las noticias aparecen en diarios pequeños, cómodos para leerse en movimiento (hacia el trabajo en subterráneo colectivo). El desarrollo de la radiotelegrafía desde 1925 y los nuevos lenguajes de la publicidad permiten formas de comunicación y conocimiento de los acontecimientos que acortan las distancias, los objetos y la nueva estética funcional que desde la ingeniería invade el universo de lo cotidiano, transforman a su vez los hábitos de los habitantes de la ciudad.
Este protagonismo y dinamismo de las nuevas clases sociales permitirá la llegada al gobierno de la Unión Cívica Radical en 19l6, y la reforma universitaria del dieciocho, generando un marco de democratización que posibilitará el desarrollo polar de una vanguardia que por un lado se fundirá con el espíritu de la vieja oligarquía y que por otro lado, dirigirá su acción al campo fértil y virgen de los nuevos actores sociales que emergen de la fusión entre la inmigración y la formación de una nueva identidad urbana que los contenga.
El cine y los nuevos códigos de comunicación visual configuran otra faz del paisaje de la modernidad urbana, brindando una novedosa dimensión espacial y temporal a la existencia, a la cultura y a la ideología. Los espacios para el tiempo libre, producto de las transformaciones de la época, se constituyen en un campo de experimentación de la vanguardia, sinónimo de la destrucción de tabúes y no sujeta a ningún formulismo. Se genera un "aggiornamiento" de la visión del mundo y de las cosas, todo está en movimiento y transformación , la realidad cambia y el dinamismo del montaje conforma la representación de la vida cotidiana, donde el centro se desplaza al suburbio y donde la distancia y los márgenes urbanos se diluyen (7)
La ciudad adquiere una cultura autónoma propia, donde surgen los nuevos fenómenos que caracterizan su modernidad: el barrialismo, el "redescubrimiento" de Buenos Aires, sus "itinerarios míticos" y sus "fundaciones mitológicas" son encrucijadas en las cuales coinciden las vanguardias estéticas; dando paso a la transformación de la ciudad paleotécnica a la ciudad dinámica y protagonista de su historia (8)
La tensión que generan estos procesos se verifica en la multiplicación de fenómenos que convergen en símbolo de lo moderno:
- la ciudad se ilumina y la nueva escena de contrastes y claroscuros amplían el universo del espacio urbano; el neón y la electricidad son centros de atracción social.

- la masificación de los medios de comunicación, transporte e información se dirige a un nuevo personaje urbano que será conformado por los sectores ascendentes y su mixtura cultural con la herencia de la inmigración.

- el crecimiento en altura y la explotación intensiva del suelo urbano, genera un nuevo erotismo, producto de la ecuación automóvil-velocidad-verticalización.

- la transformación de la vida urbana y de los códigos de lenguaje a través de la fusión de la cultura inmigratoria con la masificación de los medios de comunicación.

- los cambios en la tecnología que transforman la vida cotidiana.
La ciudad adquiere de esta forma una universalidad en la cual convergen las vanguardias estéticas de la época que reniegan del centro de la cultura institucionalizada y adoptan la "celebración mítica" de la ciudad, derivando hacia el suburbio donde se instalará el otro "centro", que no es homogéneo, pero que representa la construcción de la utopía moderna en el montaje de las imágenes y códigos en la fragmentación de la ideología (9).
Esta búsqueda del suburbio como necesidad de apropiar la identidad del momento moderno no es homogénea, presenta caminos divergentes, donde para unos, ese margen es una orilla geográfica que separa a los unos y a los "otros" en una ciudad que limita con la pampa (10); y para otros, significa el reconocimiento de la existencia de una orilla social, la de los marginados y desheredados, la ciudad no es un borde, sino un reparto territorial, lingüístico e ideológico.
El impacto de estos procesos determinará la formación de una élite cultural que adoptará los nuevos códigos expresivos en función de su compromiso social. La vanguardia será entendida en un caso como "encontrarnos en el mundo"· y en otros, como un "transformar al mundo". (11)
Esta vanguardia estética que ha recopilado en Europa la experiencia de la modernidad, produce en su retorno en los años veinte, la formación de una dualidad contradictoria entre criollismo y vanguardia, entre tradicionalismo y espíritu renovador. El debate que surge de estas posiciones se refleja en las discusiones de Borges, Guiraldes, Rojas Paz, Girondo o Brandan Caraffa, en revistas como "Proa" y "Contra" (?) que representan al pensamiento renovador de la expresión formal (Borges) por un lado, y crítico del incipiente pensamiento radical de izquierda (González Tuñón) por el otro. También está presente la revista "Martín Fierro", una suerte de fusión de expresiones estéticas y políticas que representan al criollismo urbano de vanguardia; en el centro de estas posiciones se encuentran "Los Pensadores" y "Sur", que difunden y traducen a la modernidad europea. Un proceso similar acontece, aunque más tardíamente, en las expresiones musicales de la época que oponen al academicismo criollo-romántico de López Buchardo, Gaito, Giraldi, Boero, actitudes antireaccionarias a través de la Sociedad Nacional de Música, ó más radicales como el Grupo Renovación, en 1930, que introducen los conceptos modernos de la politonalidad, la nueva objetividad y el jazz en las obras de Juan José y José María Castro, Luis Gianneo, Jacobo Fischer y Juan Carlos Paz. A partir de 1937 con la Agrupación Nueva Música, se consolidan las tendencias modernas de la atonalidad, el dodecafonismo, la escritura atemática y serial.(27) (?)
La síntesis de estas posiciones presenta un debate estético en el cual el campo, lo que está más allá de la ciudad, se asume en la tradición del romanticismo de salón, vinculado a la estética de la oligarquía terrateniente; y por otro lado al espacio de la ciudad como innovador, transgresor del orden heredado, en el cual la radicalización vanguardista es profundamente urbana.
El debate de las ideas entre un núcleo marcado por la experiencia de la inmigración y el origen diferente, como en Artl, Castelnuovo o González Tuñón; en oposición de otro grupo que adhiere a la mitificación esteticista del criollismo urbano, familiarizado con la tradición oligárquica en el cual se encuentran Jorge Luis Borges u Oliverio Girondo; está expresado en la diferencia de la fundación de una mitología urbana (Borges) marcada por el sentido del pasado histórico y del pasado de una ciudad, en oposición a una postura que se resuelve por una nueva fundación literaria (Artl) con materiales de una escenografía desarticulada por el caos del crecimiento urbano y el industrialismo (12)
Sin embargo, este reducto del vanguardismo no escapará a la utopía de la modernidad, en la cual prevalecerá el distanciamiento entre el pensamiento estético respecto de las transformaciones concretas del universo que los rodea, relegando a la marginación a aquellos que actúan desde posiciones radicales o asumen posturas políticas de izquierda. Florida y Boedo (13) son marcos de referencia de estas dos posiciones encontradas de una vanguardia que difícilmente puede asumir el desafío del proyecto moderno y de los cambios sociales que le son inherentes.
Consecuentemente, las posiciones asumidas por arquitectos como Wladimiro Acosta en sus primeras obras en Buenos Aires, reflejan la dicotomía existencial con respecto a posiciones esteticistas que subyacen en las concreciones formalistas de contemporáneos como Antonio U. Vilar, ó Alberto Prebisch.
La conmoción que producen los cambios de este período en la sociedad rioplatense, y principalmente en la construcción de una identidad cultural y lingüística provocada por los efectos de la fusión de la inmigración con el embrión criollo, generan la edificación de códigos que son incorporados a la nueva estética, en unos, a nivel de la representación del lenguaje (Borges y el "criollismo aceptable"), y en otros, en la que se inscriben los que rechazan ese pasado y crean, a partir de su identidad contemporánea, el espíritu de lo nuevo (Artl). Nuevamente la modernidad quiere transformar su acción en un fenómeno popular, la transmisión de lo nuevo como consigna, como utopía estructuradora de las relaciones estéticas, a la vez que ubica en su meta el cambio social, la anarquía o la revolución como sustento de la práctica artística. El peso de estas transformaciones es insoslayable, nadie se escapa a las convulsiones de la modernidad, para la cual la revolución se convierte en garantía de su realización.

3.- LA CIUDAD CONQUISTA EL ESPACIO.
El racionalismo sitúa sus antecedentes en la ciudad de Buenos Aires a partir de finales de los años veinte, siendo tomado por un conjunto de pioneros que adoptan un lenguaje homogéneo, neutro y puro, que excluye expresiones radicales de los vanguardismos europeos como el constructivismo, el expresionismo, el futurismo, el kistch de cierta estética norteamericana y del funcionalismo, volcándose hacia el racionalismo alemán de la época.
Si consideramos como los primeros edificios modernos, los que a partir de la década de los treinta toma la historiografía tradicional, obras de relevancia urbana como los edificios Comega (193l, Joselevich y Doulliet de 14 pisos); el Safico (1932, Ing. Walter Moil, de 20 pisos); y el Kavanagh (1934, de Sánchez, Lagos y de la Torre, de 27 pisos); debemos concluir que su desarrollo está condicionado por una adaptación moderna del modelo de edificio de rentas ya existente, derivado a la tipología de rascacielos vigente.
El nacimiento de la tipología de edificio o "casa de renta", se debe, en principio, al crecimiento explosivo de la ciudad, principalmente en las áreas centrales, modificando la antigua planta académica originada en el "petit hotel" burgués, para adecuarse a los cambios que se verificaban en la vida moderna.
Con el proceso de crecimiento de la ciudad, se produce en las décadas que nos ocupan, el incremento del valor del suelo urbano en las áreas centrales, disminuyendo paralelamente el número de predios de grandes dimensiones vacantes que, vinculado a la mayor rentabilidad, producto de la subdivisión, hace que las nuevas intervenciones se dirijan ya no a la construcción de grandes unidades de vivienda colectivas que seguían la tipología organizativa de estructuración , en bases a sucesivos patios interiores que demandaban amplios terrenos, sino hacia la explotación del crecimiento vertical en lotes de dimensiones mínimas de 8.66m. de frente (traza de 10 varas originada en la fundación colonial); adaptando el sistema funcional de la vivienda y construyéndose en el antecedente directo del modelo de vivienda de "propiedad horizontal", que comenzará a expandirse sobre la ciudad ya en la década de los cincuenta, como tipología caracterizadora de la segunda modernidad.
Esta coyuntura origina una nueva arquitectura determinada por la emergencia de códigos expresivos y una morfología urbana estructurada por el parcelamiento preexistente que conduce a la verticalización de la imagen urbana. Producto de esta conjunción mercantil y morfológica es el resultado diferencial entre la planta y el alzado, en la primera dominan los requerimientos especulativos de la renta urbana donde el funcionalismo, el confort y la propuestas espacial están casi ausentes (salvo en un conjunto de propuestas que producen como veremos más adelante, efectos innovadores en el hábitat de la ciudad), cambiando únicamente la fachada, en un lenguaje gestual, en la cual se hacen presente algunos de los ejes paradigmáticos del Movimiento Moderno
Volviendo a los primeros "rascacielos" que mencionamos, observamos que "las ideas de comodidad y eficiencia priman sobre cualquier consideración estética" (14) . Estos edificios tienen su antecedente en la estética formal y urbana de la ciudad americana de principios de siglo y la escuela de Chicago que ya había influido, sobre un buen número de construcciones, el corazón propio de la ciudad; edificios como el Woolorth Building del Gilbert; algunas propuestas presentadas al concurso del Chicago Tribune; ó en la presentación de rascacielos de Sullivan, de 189l. En ellos está presente la utilización de la nueva tecnología del hormigón armado, los ascensores, la modulación y estandarización, la ruptura del ángulo recto en planta, la ausencia del revestimiento decorativo. La preocupación por un funcionamiento correcto y la utilización del clima, forman parte de los temas incorporados a la transformación del medio ambiente de la ciudad moderna.
Otro modelo tipológico que se desarrolla en el período, como manifestación de la modernidad ascendente, es la transformación del modelo de casa de renta, adaptándose a los cambios de la vida y la cultura de la emergente metrópoli. Este surge del impulso de la revolución tecnológica, con la incorporación de las nuevas técnicas del acero y el hormigón; de los cambios en la vida familiar con la reducción de su núcleo y la necesidad del momento histórico de adecuarse a los condicionamientos mercantiles del suelo urbano, con el mayor aprovechamiento del terreno y la posibilidad del crecimiento en altura sin límites. El modelo oligárquico del "petit hotel" o la casa de patios pompeyana, se transformará paulatinamente en edificio de rentas de cuatro a nueve pisos, conservando aún los rasgos de la arquitectura ornamental decimonónica. En la década de los treinta se reestructura el tipo, adquiriendo la fisonomía modernista y la caracterización de un lenguaje morfológicamente neutro, adaptando y perfeccionando el modelo dentro de los márgenes de confort y tecnología que producen el mejor aprovechamiento del terreno y su altura edificable.
La imagen de la ciudad que crece y que va demarcando el horizonte de la pampa, como una selva de cemento, implicará el lento pero inexorable cambio del tejido urbano, en el cual la memoria de la no tan lejana colonia desaparece, dejando paso a la huella de los tiempos modernos. Este cambio se materializa en la estructura de la ciudad, en el perfil de las calles como consecuencia de la mayor altura de la edificación, el ensanchamiento de calles, la presencia de los medios de transporte colectivo, el automóvil, el surgimiento de nuevas tipologías residenciales, cines, cafés, restaurantes, edificios de oficinas, clubes y la publicidad urbana, produciendo una dinámica caótica, como símbolo de la modernidad.
Cobra así significado la metáfora de la fachada en la ciudad, como sinónimo de identidad de una clase social emergente, los sectores medios, que se incorporan a la vida política en el diecinueve, y que luego verá usurpado su espacio de poder por la oligarquía conservadora, a partir del año 1930.
Buenos Aires se presenta, en consecuencia, como flashes sucesivos, como montaje escenográfico o ilusión de la realidad; como fachada moderna o académica; pero que en su interior vive las contradicciones del apresurado cambio que propone la época. Esta es la arquitectura de la modernidad incipiente, que emerge silenciosa y aislada en las áreas centrales de la ciudad.
Es exacto decir también, que la planta de estos edificios que van poblando el mapa urbano, adquieren una nueva dimensión espacial para permitir el desarrollo de las nuevas transformaciones en las formas de vida y relación social Estos cambios se manifiestan en la sistematización y modulación de los espacios y las fachadas, el ordenamiento de funciones bien definidas, y la apertura al exterior, en oposición a las tipologías organizadas, en base a patios internos.
Esta valorización del exterior, los intentos de estandarización, la aplicación de nuevas tecnologías constructivas y de servicios (electrificación de las cocinas, la ventilación mecánica, la iluminación, etc.) , convocan a la transformación del modelo residencial, para el cual los códigos de la modernidad ofrecen una utilización sobria del lenguaje formal, donde no se reconocen actitudes radicales pocas veces asumidas por la ideología de los sectores medios emergentes. Las más arriesgadas aparecen en el momento de diferenciación morfológica donde el tejido urbano y la secuencia que conforma la cuadrícula entre la "cuadra" y la "esquina u ochava", permiten el juego de tensiones entre los volúmenes que representan a estos escenarios..
Esta modernidad arquitectónica queda definida por una edilicia cúbica, austera, abstracta, normalizada, de desnudez muraria, de estuco blanco, que se acomoda al entorno que la rodea, sin producir desequilibrios. Esta cualidad mimética que a diferencia de un movimiento europeo que tiende a desvincularse críticamente del contexto, objetivando la obra, donde se trata de negar el pasado, donde la transparencia mantiene la continuidad interior-exterior, poniendo en tensión la geometría de formas arriesgadas; presenta en nuestro ámbito una actitud conservadora, que no copia fórmulas, sino que adapta las nuevas posturas a una ideología ciudadana, plena de contradicciones que no rechaza el pasado para conformar su nueva identidad, generando el basamento morfológico, sin rupturas aparentes, que será el embrión de la ciudad actual.
En diversas obras de Jorge Kalnay, de Sánchez Lagos y de la Torre, ó de Antonio .U. Vilar, emergen estos juegos de orden, seriación y articulación, llevados al límite por las coordenadas restrictivas de las normativas de edificación de la época, que regulan y avalan las tendencias de crecimiento de la ciudad.
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