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Obras Completas de Sandor Ferenczi

LXX. DOS SÍMBOLOS TÍPICOS FECALES E INFANTILES


En dos mujeres cuyas angustias obsesivas están ligadas a la falta de hijos1 y que, en su inconsciente, han retornado del erotismo genital y parental al erotismo anal, exactamente como se produjo en el famoso caso de la paciente obsesa de Freud2, el piojo y los huevos desempeñan un papel muy especial. Ambas (es increíble hasta qué punto las neurosis se repiten a menudo hasta en los menores detalles) viven desde su infancia con la angustia de tener piojos en los cabellos. Es un hecho extraordinario, pero llegan efectivamente a encontrar a veces, con gran espanto, especímenes de este piojo sobre su cuero cabelludo; esto no tiene por lo demás nada de extraño, pues, en aparente contradicción con el espanto que les producen estos parásitos, dan muestras de una inexplicable negligencia en su aseo capilar. En realidad, ambas se esfuerzan inconscientemente en atrapar parásitos, pues éstos les proporcionan una excelente ocasión de satisfacer simbólicamente su más secreto deseo: el deseo rechazado de tener muchos hijos (que se desarrollan efectivamente como parásitos de la madre, igual que el piojo3), al mismo tiempo que el sadismo y el erotismo anal del que han tenido que retroceder tras la decepción sufrida en el plano genital (exterminar el piojo, revolcarse en la suciedad). Para que la analogía de los dos casos sea más llamativa aún, ambas pacientes han proporcionado otro símbolo fecal e infantil que no conocía yo como tal, a saber, un interés extraordinario por los huevos de gallina. Una de las pacientes, cuando su estado le permitió ocuparse de nuevo en los asuntos de su casa, me hablaba a menudo del placer inexplicable que experimentaba al manipular con huevos frescos en un cesto, alineándolos y contándolos; si no hubiera sentido vergüenza, hubiera pasado horas haciendo lo mismo. La otra (una mujer campesina) no pudo trabajar prácticamente; el único lugar donde podía ejercer todavía una cierta actividad era el corral. Durante horas observaba las ocas, miraba cómo ponían huevos las gallinas, y ella misma las ayudaba colocando su dedo en la cloaca del animal para retirar el huevo. La analogía simbólica del huevo con las materias fecales y con el niño es aún más transparente que la del piojo. Pero tampoco hay que olvidar el valor monetario de los huevos; sabemos en efecto que es el precio de los huevos el que sirve para valorar el costo de la vida, particularmente en el campo, donde los huevos se utilizan prácticamente como unidad monetaria. Parece que en determinadas condiciones de vida se produce un detenimiento de la transformación ontogenética del erotismo anal en rasgos de carácter anales. Sea de ello lo que fuere, esta predilección por los huevos se halla más próxima a la coprofilia primitiva que el amor -más abstracto- por el dinero4 5.

1 Una de estas damas tenía un niño, pero esto no satisfacía a su inconsciente.

2 Freud: “La predisposición a la neurosis obsesiva”.

3 Ver mi breve artículo: “El piojo: símbolo de embarazo”.

4 Ver mi artículo: “Ontogénesis del interés por el dinero”.

5 La versión alemana de este texto termina con la siguiente frase que no aparece en la versión húngara: “Por último, indiquemos que los dos símbolos coprófilo e infantil (como podría esperarse) revelan accesoriamente su significado fálico”.


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