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DOS DECADAS PERDIDAS.

SUBDESARROLLO Y DERECHO INTERNACIONAL DEL DESARROLLO.

Jorge Rolon Luna

El presente trabajo fue elaborado en su parte sustancial por el autor, durante su tiempo de permanencia como investigador del Centro Interdisciplinare di Studi Latinoamericani de la II Universitá degli Studi di Roma, bajo la dirección del profesor Sandro Schipani, Ordinario di Diritto Romano de dicha universidad y con la tutoría de los profesores Umberto Leanza y Alessandro Costa, Ordinario di Diritto Internazionale y Assistente del Professore, respectivamente.


Agradecimientos:

Al Prof. Sandro Schipani, por su ayuda y la confianza hacia mi modesta capacidad demostrada a lo largo de mi permanencia como investigador de este centro; al Prof. Alessandro Costa, por sus consejos relativos a la elaboración de este trabajo y por su permanente disposición material y humana; al Prof. Pierangelo Catalano, de cuya amistad y aprecio he recibido sucesivas pruebas en estos meses; a los Dres. Ricardo Cardilli, Antonio Saccoccio y Aldo Petrucci, jóvenes colegas que me han dado su estima y colaboración; al Dr. Marcos Montoro, por su amistad e inacabable paciencia; a María Teresa Benítez Florentín y Roberto Spannò, a la Arq. Gladis Semidei, al Dr. Rolando Oddonne, quienes me han tendido sus manos amigas cuando las he necesitado; a Vincenzo y Maria Teresa Motta, a Francesco Cerminara, a David Fernández, cuya amistad no olvidaré jamás; a Dolly Ruiz de Rojas, quien ha lidiado con denuedo y profesionalismo para que esta investigación se convierta en un libro presentable; a mis demás compañeros y compañeras de BASE-IS, en especial a Rosa Palau y Magdalena Palau por los libros, revistas, artículos y demas papiros y palimpsestos que han puesto a mi disposición cuantas veces los he necesitado: a Alicia Durán del Centro de Documentación de las Naciones Unidas, por las mismas razones; a mi familia, por su apoyo constante; a Vanessa Céspedes Larreinegabe, por todo.


INDICE

INTRODUCCION
CAPITULO PRIMERO: ORIGEN Y EVOLUCION DEL DERECHO INTERNACIONAL



1. Nacimiento del derecho internacional moderno.



2. De los orígenes a la época de la reforma protestante.



3. De Westfalia a la Revolución francesa.



4. Siglo XIX.



5. El derecho internacional del ochocientos al novecientos.



6. Primera mitad del siglo XX.



7. Confrontación en el campo del derecho internacional.

CAPITULO SEGUNDO: PRINCIPALES CUESTIONES RELATIVAS AL DERECHO INTERNACIONAL DEL DESARROLLO

1. Sus antecedentes históricos.
2. Surgimiento de la Noción.
3. Delimitación conceptual.
4. Aspectos jurídicos y características del mismo y de su sistema normativo.
5. Principios.

CAPITULO TERCERO: LAS NACIONES UNIDAS Y EL DERECHO INTERNACIONAL DEL DESARROLLO

1. Consideraciones previas.
2. Primeros antecedentes.
3. Bases para una cooperación económica internacional. Soberanía permanente sobre los recursos naturales.
4. Decenios de la Naciones Unidas para el desarrollo.
5. Aparición de la UNCTAD.
6. Sexta Sesión Extraordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
7. Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados.
8. Las Naciones Unidas y su actividad operacional.

CONCLUSIONES

INTRODUCCION
"I belong to the category of people who believe there has to be a better way of life for the majority of people"-VICTOR UMBRICHT.
El hasta ahora fallido intento de establecer un orden internacional económico y político diverso del vigente -con el propósito de abrir una vía que posibilite superar a la mayoría de los miembros de la Comunidad internacional sus seculares lacras-, a través del expediente jurídico, es el tema que nos interesa en esta sede analizar.



El objetivo será tener una visión por los menos somera de los aspectos más importantes referidos al derecho internacional del desarrollo, aunque somos concientes de los diversos factores que hacen difícil aproximarse a su noción.



A 20 años de las históricas resoluciones de la O.N.U.13, que aparentemente señalaban el camino de un nuevo derecho de la Comunidad de Estados, proyectado hacia el logro de lo que alguien denominó "an international redistribution of Wealth and Power"14, nada parece haber cambiado; más bien se puede hablar de un empeoramiento de las condiciones objetivas que habían llevado a gobernantes, diplomáticos y políticos del Tercer Mundo y a juristas de todas las latitudes a empujar la idea de un derecho internacional del desarrollo.
La brecha que divide a los países ricos y pobres continúa agigantándose, lo cual es fácil comprobar observando la evolución negativa de cualquiera de los más corrientemente usados indicadores de pobreza, también llamados de desarrollo humano y social.
La dimensión descomunal que va adquiriendo el fenómeno del subdesarrollo y que obedece en gran medida a un sistema, "[q]ue fue establecido en un tiempo en el que la mayor parte de los países en desarrollo ni siquiera existían como Estados independientes, y que perpetúa la desigualdad"15, debe seguir siendo objeto de estudio del derecho.



Estas dos décadas perdidas, nos deben hacer pensar en no perder una tercera, cuyas consecuencias ‑incluso para aquellos países que han permanecido indiferentes a los reclamos de sus congéneres pobres‑ podrían asumir los caracteres de una catástrofe.
Es patente e indiscutible que los modelos de desarrollo de los países industrializados y sus patrones de consumo, ‑que corren paralelos a la reprimarización de los países subdesarrollados y a la pauperización de las 2/3 partes de los habitantes del globo‑ están teniendo devastadores efectos sobre los recursos naturales (ya de por sí actualmente escasos) y sobre el ambiente (contaminación ambiental, destrucción de la capa de ozono y otros), y en general sobre la calidad de vida de los seres humanos. Pero además, algo que no ha perdido vigencia (a pesar de que se quiera minimizarlo) es el hecho de que esos modelos de desarrollo y esos patrones de consumo descansan en gran medida en un orden internacional que actúa en detrimento de la mayoría, penalizándola, en beneficio de unos pocos; los denominados países industrializados o desarrollados.
Por ello, sigue siendo necesaria una reestructuración de las relaciones internacionales sobre bases (jurídicas, políticas y económicas) diferentes a las actuales, mientras al mismo tiempo se deben perseguir cambios en los modelos de desarrollo y consumo a los que se hacía referencia:
"[l]as repercusiones de las políticas clásicas de desarrollo sobre el sistema biológico de la tierra hacen nacer dudas crecientes sobre la capacidad del planeta de suministrar en el futuro los recursos necesarios al mantenimiento de la vida"16.
Esto no debe ser visto como un discurso antimodernista o un llamado a volver a las carretas, sino como una simple aproximación a la realidad de nuestros días ‑sobradamente diagnosticada‑, y que como vemos, a medida que transcurre el tiempo, está más golpeada por el deterioro ambiental y la generalización y profundización de la pobreza.



Es nuevamente tiempo ‑a pesar de lo desfavorable de la coyuntura‑ de repensar el derecho internacional del desarrollo y buscar su profundización y actualización. Partimos haciendo una afirmación; este derecho, en su concepción original, amerita numerosos revisiones y el estudio de nuevas cuestiones que no fueron consideradas en su momento, no siendo por lo tanto objeto de estudios doctrinarios ni de la atención de las resoluciones de la Asamblea General de la O.N.U.
Sin embargo, muchos de los aportes de esta disciplina permanecen incólumes y pueden representar el cimiento de ese vuelco tan necesario.
La cuestión no se presenta fácil;
"[l]a parálisis de las negociaciones globales y de la discusión sobre el Nuevo Orden Económico Internacional, caracterizan el deterioro creciente del sistema internacional en la actualidad"17, hecho que se presenta en estos momentos, en apariencia, bastante complicado de rever.
El problema principal radica en que quienes eran los principales propulsores del derecho internacional del desarrollo ‑aquéllos que luchaban porque se les reconozca el derecho a nacionalizar y que hoy día privatizan en forma indiscriminada; aquéllos que reclamaban severos códigos de conducta para las empresas transnacionales y hoy compiten entre sí para atraer las anteriormente demonizadas inversiones extranjeras‑, hoy apuntan a una inserción conveniente de sus economías en el mercado mundial, haciendo suyos el lema de sálvese quien pueda.
Es evidente que pocos serán los que lograrán acomodarse favorablemente en la reestructuración capitalista en curso18. Estos países, que dentro de su heterogeneidad habían logrado de alguna manera conformar un movimiento con ideas y posturas afines en las tres últimas décadas (sobre todo a través del Movimiento de los No Alineados), han perdido hoy la conciencia del poder que pueden ejercer mediante su accionar, ya sea a través de los organismos internacionales o utilizando otros medios19.
Ya no buscan amparo en el derecho, ni en la lucha política, sino en el mercado mundial, hoy por hoy, la llave del éxito: "No reformemos (o botemos) el actual orden económico internacional, sino reformémonos a nosotros mismos", parecen decir.



Otro hecho que dificulta de manera importante un eventual impulso de la discusión que nos interesa es la desaparición del mundo bipolar, como consecuencia del fin de la guerra fría. En efecto, a la sombra de ésta, los países del Tercer Mundo se habían parapetado en una tercera posición desde donde buscaban defender sus intereses (que a veces coincidían con los de los países ex‑socialistas). Hoy este panorama está cambiado.



La tremenda fuerza disuasiva (militar, económica, tecnológica, política) que hoy exhiben las potencias industriales, hace aparecer imposible cualquier renuncia de los mismos a los privilegios detentados o a una probable apertura negociadora.
Sin embargo, es necesario no olvidar que:
"Las crecientes tensiones inherentes a las contradicciones del mundo contemporáneo, como las del crecimiento poblacional y del creciente endeudamiento de los países en desarrollo sólo dramatizan más la necesidad de cambios radicales y de la evolución de nuevos principios en las relaciones económicas internacionales"20.
Estos cambios radicales, ya necesarios desde mucho antes, siguen vigentes en su necesidad.



Existe una sociedad internacional en la cual unos pocos Estados con visiones e intereses comunes, vienen imponiendo sus puntos de vista desde hace varios siglos; a esto se contrapone el interés distinto de más de cien Estados, muchos de ellos de nueva existencia. Para este complejo mundo actual, en donde existen más de 170 Estados con disímiles intereses y necesidades las más de las veces, el orden creado y consolidado por las potencias coloniales (después potencias industriales), está evidentemente desfasado.



El desarrollo ha sido para gran parte de la humanidad la quimera inalcanzada de este siglo, pues no ha habido campo en el cual el hombre no haya logrado avanzar, incluso sobrepasando las perspectivas más optimistas. La paradoja es que al tiempo que ciertos países están explorando el espacio ultraterrestre, el hambre y enfermedades medievales están haciendo estragos en gran parte de la humanidad.
Pero, para avanzar en materia de un desarrollo compartido, son necesarios renunciamientos y limitaciones que muchos no están dispuestos a afrontar. El desarrollo equilibrado de aquéllos que aún no han alcanzado esos estadios y de aquéllos que se debaten entre la pobreza y la miseria absoluta es incompatible con el discurso y la praxis neoliberal que prevalecen actualmente.



El derecho internacional del desarrollo, como una parte importante del movimiento revisionista del derecho internacional puede ofrecer además de los ya existentes, nuevos principios legales que coadyuven al establecimiento y la permanencia de un orden económico, jurídico y político más justo y llamado a combatir la pobreza y las injusticias sociales.
"Es vital comprender que todos los problemas que prevalecen en el mundo moderno de hoy son problemas conjuntos y comunes. Desde una perspectiva de largo plazo, desde al año 2000 hacia el siguiente siglo, los problemas futuros deben ser resueltos colectivamente, en pro del interés común. El derecho internacional tiene y debe tener un rol vital como un auxiliar para la estabilidad política y económica en el mundo"21.



En los tiempos en que se verificó una lucha a nivel doctrinario y en los organismos internacionales por defender los postulados del emergente derecho internacional del desarrollo y por plasmar los mismos en cuerpos legales, se pudo notar que muchos puntos importantes fueron dejados de lado o no considerados suficientemente; por esto, se debe recalcar la importancia de una clara visión de los objetivos a corto, mediano y largo plazo, así como una cabal comprensión de la problemática mundial en los aspectos sociales, económicos, ambientales, y otros. Esto, se podrá obtener únicamente a través de un enfoque interdisciplinario.
Se ha tenido mucha fe sin dudas, en el papel milagroso que pudieran obrar instrumentos jurídicos (en este caso, resoluciones de la Asamblea General de la O.N.U.), pero, hoy se vé que esto no ha bastado.



Será con una verdadera renovación del derecho internacional ‑que aún refleja los intereses de las potencias coloniales y de las nuevas potencias surgidas en este siglo‑ y acompañando este hecho con cambios en otras esferas, que se podrán imponer estos principios y convertirlos en normas vinculantes.
Las normas que apunten a la transformación del viejo orden, deben dejar de ser normas de lege ferenda y convertirse en normas obligatorias, de lege lata:



"Una transformación como esa usualmente sigue el proceso denominado de 'emergencia de valores': nuevas ideas se fortalecen en la sociedad; ellas se solidifican en valores que pasan a ser más y más importantes, más y más imperativos en la conciencia social, al punto que un arrollador sentimiento social se desarrolla con el efecto de que los mismos son formalmente sancionados. Este es el umbral del derecho (threshold of law).

Pero para que los valores que son una emanación social directa, se conviertan en derecho, deben ser capturados y definidos en términos legales. En otras palabras, los mismos deben ser circunscriptos (y tal vez rebajados) mediante su reducción a criterios objetivos factibles de implementación legal y sobre los cuales debe haber la menor controversia posible.

La identificación del umbral en el cual los valores se transforman en derecho, aunque necesaria, no es una tarea fácil, especialmente en el derecho internacional, donde los mecanismos de creación legal están todavía muy descentralizados y donde la mayor parte del derecho (a pesar de que esto es algo que está cambiando ahora de alguna manera) pasó a ser tal a través del proceso de formación de la costumbre.No es sin embargo una tarea difícil, si aceptamos ir más allá de los puros métodos legalistas y adoptamos un enfoque más conductista"22.



La tarea de los juristas internacionalistas interesados en la vigencia del derecho internacional del desarrollo debe ser la de contribuir a la implementación legal de estos principios de manera a que ‑como lo acaba de señalar Abi‑Saab‑ sobre los mismos exista la menor controversia posible, cosa que no ha ocurrido hasta ahora, lastimosamente.
Además de buscar la máxima perfección a la hora de codificar los principios del derecho internacional del desarrollo, está la urgente misión de hacer prender en la Comunidad internacional la idea de la necesidad de urgentes cambios en las relaciones economicas internacionales; cambios, que no pueden ser postergados en esta dramática coyuntura finisecular. Aparentemente, no está muy extendida una clara conciencia (sí una difusa) acerca de los graves problemas que afronta la humanidad; problemas comunes y conjuntos que deben ser solucionados en bien de todos y de las futuras generaciones.



"El deber del jurista no es el de ser el guardián de un orden legal inalterable..."23; el deber se constituye en verdad, en adaptar el derecho a las necesidades humanas de justicia y equidad; el rol del jurista pasa a ser así, el de cuidar porque los principios, las normas y las leyes sean siempre buenos y justos.

En otras palabras, adaptar constantemente24 el ordenamiento jurídico para que éste por sobre todas las cosas defienda la dignidad humana.



Una razón más para estudiar el derecho internacional del desarrollo, la señala F.V. García Amador, cuando afirma que el estudio de los aspectos legales e institucionales del proceso de desarrollo sería incompleto si no fuera visto a la luz de los actuales intentos de revisar el derecho internacional; intento del cual, el "emergente" derecho internacional del desarrollo es una importante expresión, tanto en la teoría como en la práctica25.
Por último, se remarca que en el presente trabajo, se buscará un objetivo bien modesto como lo es el de dar un panorama de la repercusión en el ámbito jurídico ‑específicamente en el del derecho internacional‑ de la búsqueda del desarrollo.
No se buscará quintaesenciar el contenido del derecho internacional del desarrollo ‑tarea asaz difícil y que requeriría de una investigación mas profunda y prolongada‑, sino dar una idea acerca de la evolución del concepto, de sus instituciones, de sus principios y normas en el marco de la evolución del derecho internacional, así como de sus posibilidades de enriquecimiento y profundización.



Se pretenderá además que el manoseado concepto del desarrollo se considere a la luz de la visión que de él tiene el derecho internacional del desarrollo, como el de:
"[u]n proceso global económico, social, cultural y político, que tiende al mejoramiento constante del bienestar de toda la población y de todos los individuos sobre la base de su participación activa, libre y significativa en el desarrollo y en la distribución justa de los beneficios que de él se derivan (...)"; y en donde, "La persona humana es el sujeto central del desarrollo y debe ser el participante activo y el beneficiario..."26.



El estudio del derecho internacional del desarrollo es más que un mero ejercicio intelectual; es la posibilidad de oponer, al abatimiento ante la eternización de un estado de cosas injusto e inhumano, un deseo fuerte de hacer valer un derecho internacional que de a cada uno lo suyo, como tantos vienen reclamando desde hace tanto tiempo.
Queremos remarcar, antes de adentrarnos en el desarrollo del trabajo que, cualquier error u omisión, ya sea de interpretación o de exposición de ideas y acontecimientos históricos, es única responsabilidad del autor y de sus limitaciones.

CAPITULO PRIMERO
ORIGEN Y EVOLUCION DEL DERECHO INTERNACIONAL

"Civitates Superiorem Non Recognoscentes"
1. De los orígenes a la época de la reforma protestante.
Una cuestión importante a la hora de conocer con mayor precisión el derecho internacional del desarrollo, es la de tener una visión en perspectiva del origen y la evolución del derecho internacional.



Es especialmente notorio el hecho de cómo las instituciones del derecho internacional fueron evolucionando hasta la finalización de la segunda guerra mundial, momento en el que una serie de hechos; políticos, económicos e históricos, crean las condiciones para el surgimiento de la materia que nos interesa.



Si se busca investigar los orígenes de las normas que componen el derecho internacional moderno, será menester remontarnos a épocas anteriores a la de la Paz de Westfalia (momento en el que nace el derecho internacional moderno).



En relación al período romano se puede decir que:
"[e]l problema del derecho internacional no encontró modo de ser propuesto por falta, dentro y fuera del Imperio Romano, de entidades estatales de alguna manera comparables a esta última. En efecto, el Imperio Romano, ocupando toda el área geográfica en la cual habría podido emerger una dialéctica de tipo internacionalístico, realizó más que nada el modelo de una estructura universal, respecto de la cual, para razonar con terminología moderna, el problema del derecho internacional finaliza por resolverse en aquél del derecho constitucional. Se trató de una estructura vertical (y no horizontal como la de la Comunidad internacional) cuyo sucesivo y lento proceso de erosión ocupó todo el medioevo hasta terminar, como ya se ha dicho, con el nacimiento de la Comunidad internacional de hoy día. Ahora, es solamente del momento en que se inicia la erosión del sistema romano que puede proponerse el discurso sobre las normas particulares que irán a componer el derecho de la Comunidad internacional moderna"27.



Aunque en la época ya existían estructuras estatales, susceptibles de una relación equilibrada con el Imperio Romano (la China, por ej.), el número y la importancia de las mismas era casi irrelevante; sin embargo, la razón principal a señalar como causa de la inexistencia de un derecho internacional, es la no conformación desde un punto de vista cuantitativo, de relaciones económico‑sociales "susceptibles de dar vida al fenómeno jurídico"28.



La excepción a todo esto es el tratado firmado en la primera mitad del siglo VI entre el emperador romano Justiniano y el rey persa Cosroe, el cual, según el historiador del derecho internacional Paradisi, es el primer y más lejano ejemplo de acuerdo internacional fundado sobre la par conditio de las partes 29.
Lo que sigue a este período, el medioevo, nos revela un desarrollo lento y sin continuidad de las reglas internacionales.



Esto obedeció a la histórica cerrazón que caracterizó a este período, consecuencia de la fragmentación que derivó de la caída del Imperio Romano. La escasez de relaciones entre las diversas entidades resultantes de esta fragmentación, tuvo como consecuencia una casi nula circulación de personas y cosas, factor fundamental en el desarrollo de las normas legales internacionales:
"Mientras, por otro lado, costumbres no necesariamente jurídicas, ligadas a creencias y prácticas religiosas, satisfacían al nivel mínimo, la demanda de alguna reglamentación del uso de la fuerza entre uno y otro grupo (recordar, por ejemplo, a la llamada 'tregua de Dios')"30.



Otra cuestión que se debe destacar a la hora de explicar esto, es la ausencia por un largo período de la Edad Media, del componente primordial y esencial de la Comunidad internacional, cual es el Estado. En efecto;
"Es en verdad, asaz difícil calificar como Estados, los centros de poder que, luego de la caída del Imperio Romano de occidente, se instalaron sobre todo en la Europa occidental y que fueron conocidos como reinos romanos bárbaros. La misma Renovatio Imperii de la época carolingia, aunque extremadamente importante a otro título, no permite vislumbrar, en el reino de Carlos o en aquéllos de sus sucesores, alguna cosa que sea similar al Estado moderno"31.
Fue solamente con la consolidación de los reinos de Francia e Inglaterra en el tardío medioevo, que comienza a nacer el mismo32. En coincidencia con esto;
"[e]l cuadro político de la época coloca, de un lado al Imperio Bizantino en progresiva disolución, del otro, el mundo islámico en el cual en cambio, alguna cosa comparable al Estado se puede considerar con suficiente certeza reconocible. Inmediatamente después, el cuadro se completa con alguna zona de la pesínsula italiana donde el tejido del gobierno de una colectividad de individuos es mejor reconocible y donde por lo tanto se puede colocar, en las relaciones entre entidades diversas, el problema de una dialéctica de tipo internacionalístico. Intento referirme esencialmente a las repúblicas marineras y a Florencia"33.



En este contexto comienzan a aparecer los primeros signos de las instituciones que caracterizan el derecho internacional clásico, así, se establece la práctica de las embajadas permanentes entre las repúblicas marineras (Génova y Venecia) y el mundo islámico; la primera articulación entre éste y la Europa cristiana del derecho de los tratados (aquí se desarrollan los primeros tratados de comercio, a través de los cuales nace por ejemplo, la cláusula de nación más favorecida); y asoman los primeros perfiles (aunque con rasgos todavía imprecisos) de la figura del cónsul34.



En Europa occidental se puede ver el inicial desarrollo de algunos de los institutos en los cuales más tarde se disciplinará la autotutela:
"Así, la evolución de la represalia desde sus lejanos orígenes romanísticos, evolución que representa la transferencia al poder público del derecho a decidir si es posible recurrir a ella y el momento de hacerlo, en las relaciones con ciudadanos extranjeros o en general con entidades externas al propio conjunto estatal"35.



Una página importante del derecho internacional como lo es la que se ocupa de las relaciones entre los Estados y los ciudadanos extranjeros, tiene su nacimiento en reglas especiales que se fueron creando en los países islámicos para regular la condición de aquéllos que se establecían, principalmente por razones comerciales. Esta referencia se hace sobre todo en relación a los almacenes que instalaban las repúblicas marineras en los muelles del Levante mediterráneo36.
Aquí se configura el nacimiento del instituto consular, pero paralelo a él y más allá de él, se ve el nacimiento;
"[e]n las relaciones relativas a estos individuos y en general a las relaciones entre los Estados de origen de estos últimos y los Estados musulmanes, de un verdadero y cierto derecho internacional especial resultante de una mescolanza de costumbres y de acuerdos, derecho que en época más vecina a nosotros será mejor conocido como sistema de las 'Capitulaciones'"37.
Este sistema fue el medio a través del cual se fue construyendo la progresiva y creciente influencia europea en los países del mediterráneo africano y del cercano oriente, así como el acrecentamiento de los beneficios y privilegios que gozaban los ciudadanos europeos y las personas con ellos relacionadas en estos lugares; en pocas palabras, el progresivo vaciamiento de la independencia económica de estos países, hasta su reducción a meras colonias38.



En este momento se nota como progresivamente Europa comienza a delinear los institutos del derecho internacional de acuerdo a sus intereses, marcando así los rasgos y la característica principal de éste, que será desde ese momento en adelante la de erigirse en instrumento al servicio de las potencias coloniales y de ejercer su rol de "preserver of relations of dominations"39.



Volviendo un poco la atención sobre el frente occidental del mundo de aquel tiempo ‑lo que los antiguos historiadores llamaban la Res Publica Christiana y que se identificaba con la Comunidad internacional‑, vemos que comienzan a formarse algunas uniones estatales, en las cuales se revela sin embargo que debido a su estado embrionario,
"[y]a sea su recíproca independencia o su independencia respecto a autoridades superiores, son extremadamente problemáticas y por lo tanto extremadamente problemática será la utilización de uno de los conceptos básicos del derecho internacional moderno: la soberanía del Estado"40.
En cuanto al papel que le había correspondido al Papado durante toda la Edad Media y aún después de la misma, este fué de primerísima importancia.



Un ejemplo de esto es la Bula Inter Coetera del Papa Alejandro VI que decidió en el litigio que existía entre España y Portugal por las tierras recientemente descubiertas. Luego, el contenido de esta Bula fue incorporado al Tratado de Tordesillas de 1494.
Este ejemplo es el más notorio y no el único. También en tiempos más recientes han habido ejemplos en donde el Papa ha desempeñado la misma función: el arbitraje de León XIII en 1855 en el conflicto entre España y Alemania por las islas Carolinas y una mediación más reciente en el tiempo; la de Juan Pablo II sobre el conflicto del Canal de Beagle entre Argentina y Chile.



La diferencia entre estos ejemplos históricos reside en que en el primer caso, la validez de la decisión papal no tiene su fundamento en la voluntad de los Estados de someterse a ésta, sino en la supremacía naturaliter, que correspondía al jefe de la Iglesia Católica, por su condición de tal, hasta la Reforma protestante que marcó el comienzo de la decadencia de la autoridad papal sobre las cuestiones terrenales41; entre ellas, el tema que nos ocupa.


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