Bernard Werber



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CUESTIÓN DE ESPACIO-TIEMPO: Alrededor de un átomo se encuentran varias órbitas de electrones, algunas muy cerca del núcleo, otras mucho más alejadas.

Si un suceso exterior fuerza a uno de esos electrones a cambiar de órbita, inmediatamente se produce una emisión de energía en forma de luz, de calor, de irradiación.

Desplazar un electrón de una capa baja para llevarlo a una capa más alta es como poner a un tuerto en el país de los ciegos. Irradia, impresiona, se convierte en el rey. Y a la inversa, un electrón de órbita alta desplazado a una órbita más baja tendrá la apariencia de un perfecto imbécil.

El Universo entero está construido de forma análoga, como una lasaña. Espacios-tiempo diferentes se codean, dispuestos en capas superpuestas. Algunos son rápidos y complejos, otros lentos y primarios.

Encontramos esta organización estratificada en todos los niveles de la existencia. Así, una hormiga muy inteligente y desenvuelta, proyectada en el universo humano, no es más que un animal torpe y temeroso. Un humano ignorante y estúpido, lanzado a un hormiguero, se convierte en un dios omnipotente. Ello no impide que la hormiga que ha entrado en contacto con los humanos haya aprendido mucho de esa experiencia. De regreso entre sus congéneres, su conocimiento del espacio-tiempo superior le dará un poder seguro sobre todas sus semejantes.

Un buen medio de progresar es haber conocido el estadio de paria en la dimensión superior, para volver luego a su dimensión de origen.



Edmond Wells.

Enciclopedia del saber relativo y absoluto, tomo II.

98. Nuestras amigas las moscas.

Cuando llega al claro de los Dedos donde ahora acampan las cruzadas, 24 se empeña en no creer que sus hermanas rojas hayan matado a un dios. Delante de 103 sostiene que habrán confundido a otro animal gigante con un Dedo.

Y si, de cualquier modo, se trataba de un Dedo, es posible que éste haya fingido que moría. Habrá querido atestiguar de esta manera su reacción, medir el grado de su fervor. Con su fama de ingenuidad, 24 asesta el golpe de gracia: si el Dedo ha muerto, ¿dónde está el cadáver?

103 parece sentir cierto apuro, nada más. Afirma haber recorrido uno en todos los sentidos y poseer ahora una idea mucho más precisa de la cuestión.

Mientras le emite todo esto a 24, la idea germina en sus cerebros: ¿por qué no redactar una feromona memoria sobre los Dedos? Toma un poco de saliva e inscribe en ella.


Feromona: Zoología.

Tema: Los Dedos.

Salivadora: 103.683.

Fecha año: 100.000.667.
1) Los Dedos existen.
2) Los Dedos son vulnerables. Se les puede matar con veneno de abeja.
Notas sobre la segunda observación:

a) Tal vez haya otras formas de matar a los Dedos, pero en este día sólo el veneno de abeja se ha mostrado eficaz.

b) Se necesitará una enorme cantidad de veneno de abeja si se quiere matar a todos los Dedos.

c) Los Dedos siguen siendo, sin embargo, muy difíciles de matar.

3) Los Dedos son mucho mayores de lo que nuestros ojos pueden captar de ellos.

4) Los Dedos son calientes.

5) Los Dedos están cubiertos de una capa de fibra vegetal. Como una piel artificial coloreada. Esa piel no sangra cuando se la traspasa con la mandíbula. Sólo sangre la piel inferior.
Alza las antenas para reunir sus recuerdos y luego deglute:

6) Los Dedos tienen un olor muy fuerte, que no se parece a nada conocido.

Divisa un grupo de moscas que forman círculo alrededor de un charco rojo oscuro.

7) Los Dedos tienen la sangre roja, como los pájaros.

La gota de sangre está atrayendo a una multitud de moscas que zumban.



8) Si los Dedos son...

Realmente, es imposible trabajar en tales condiciones. Las moscas están en pleno banquete. Ni siquiera se oye. 103 debe interrumpir su tarea e intentar dispersar a las carroñeras.

Pero, bien pensado, las moscas pueden ser útiles a la cruzada.

99. Enciclopedia.



REGALO: Entre las moscas verdes, la hembra devora al macho durante el acoplamiento. Las emociones le abren el apetito y la primera cabeza que ve a su lado le parece un desayuno excelente. Pero, aunque el macho quiere hacer el amor, lo que no quiere es morir masticado por su dama. Por eso, para evitar esa situación corneilliana, para tener el Eros sin el Tánatos, el macho mosca verde ha encontrado una estratagema. Lleva un trozo de alimento como «regalo». De este modo, cuando a la señora mosca verde le entra el hambre, puede degustar un trozo de comida y su compañero copular sin peligro. En una especie más evolucionada todavía, el macho lleva su carne de insecto empaquetada en un capullo transparente, ganando de este modo una cantidad preciosa de tiempo.

Una tercera especie de mosca ha extraído las consecuencias del hecho de que el tiempo de apertura del regalo contaba más, desde el punto de vista del macho, que la calidad del regalo mismo. En esta tercera especie el capullo de envoltura es espeso, voluminoso, y... está vacío. Mientras la hembra descubre la superchería, el macho ha dado por concluido su asunto.

Pero cada uno reajusta su comportamiento. Entre las moscas de tipo EMPSIS, por ejemplo, la hembra agita el capullo para verificar que no está vacío... Pero también en este caso hay engaño. El macho previsor llena el paquete-regalo con sus propios excrementos, lo bastante pesados para poder pasar por trozos de comida.

Edmond Wells.

Enciclopedia del saber relativo y absoluto, tomo II.

100. Laetitia se escapa.

Una vez en la cárcel, el comisario Méliés pidió ver a Laetitia Wells. Le preguntó al director.

—¿Cómo reacciona a su encarcelamiento?

—De ninguna manera. No reacciona.

—¿Qué quiere decir?

—Desde que está aquí, duerme. No ha comido nada, no ha bebido ni un trago de agua. No se ha movido. Duerme y nada puede despertarla.

—¿Cuánto tiempo hace que duerme?

—Setenta y dos horas.

Jacques Méliés no esperaba esa reacción. Por regla general las mujeres que detenía lloraban, lanzaban gritos de rabia, pero en ningún caso dormían.

Sonó el teléfono.

—Es para usted —dijo el director.

Era el inspector Cahuzacq.

—Jefe, estoy con el forense y hay un problema. Resulta que, de las hormigas de la periodista, ya no queda ni una que se mueva. ¿Qué te parece?

—Creo, creo... Creo que están hibernando, eso es todo.

—¿En pleno mes de agosto? —dijo sorprendido el inspector.

—¡Pues claro! —Respondió Méliés con total seguridad—. ¿Émile? Dile al forense que pasaré dentro de un rato.

Jacques Méliés colgó, con la cara pálida.

—Laetitia Wells y sus hormigas están hibernando.

—¿Cómo dice?

—Sí, lo estudié en biología. Cuando hace frío, cuando llueve, cuando su reina ha desaparecido, los insectos cesan toda su actividad y aminoran su ritmo cardíaco, hasta el sueño o hasta la muerte.

Los dos hombres corrieron a través de la cárcel hasta la celda de Laetitia. Pronto se tranquilizaron. De los labios de la joven salía un suave ronquido. Méliés le cogió la muñeca y comprobó que el pulso era... algo lento. La sacudió hasta despertarla.

Laetitia entreabrió sus ojos violeta, pareció sentir alguna dificultad para analizar la situación y por fin reconoció al comisario. Volvió a dormirse con una sonrisa. Méliés prefirió ignorar provisionalmente los sentimientos encontrados que le agitaban.

Se volvió hacia el director de la cárcel.

—Ya verá usted cómo mañana por la mañana, pedirá el desayuno. Si quiere apostar...

Bajo la piel frágil de sus parpados, los ojos violeta giraban de izquierda a derecha y de arriba abajo, como para seguir mejor las peripecias de un sueño. Era extraño. Laetitia estaba como hundida en el mundo onírico.

101. Propaganda.

Veréis lo sencillo que es.

23 empieza así su arenga. Está instalada en una hondonada excavada en una roca de gres, con 24 a su lado. Tiene enfrente una escuadra de treinta y tres hormigas.

Primero había pensado celebrar sus reuniones de propaganda en el interior mismo del campamento viviente, luego renunció por prudencia: allí dentro las paredes tenían antenas.

23 se levanta sobre cuatro patas.

Los Dedos nos han creado y puesto en la Tierra para que les sirvamos. Nos observan y nosotras debemos velar para no disgustarles porque pueden castigarnos. Nosotras les servimos y ellos a cambio nos dan una parte de su poder.

La mayor parte de la audiencia está formada por hormigas víctimas de los cestodos del pájaro carpintero negro bombardero. Sea porque no tienen mucho que perder, sea porque buscan consuelo en su propia ruina, lo cierto es que las albinas responden a los argumentos deístas. Desconcertadas a menudo, escépticas a veces, a todas les gustaría creer en un mundo superior después de la muerte.

Hay que decir que las pobres albinas lo pasan mal. Vencidas poco a poco por una languidez mórbida que las obliga a arrastrarse a la cola de la procesión, tienen perfecto derecho a hacerse preguntas sobre el sentido de la existencia. A veces, se retrasan mucho y se convierten en presas fáciles de los depredadores más variados.

Sin embargo, cualquier soldado que viese a una enferma atacada no vacilaría en volar en su ayuda. La solidaridad mirmeceana no exceptúa a nadie, y con mayor motivo en el seno de una empresa como la primera cruzada.

Sea como fuere, el mensaje deísta seduce y encuentra antenas complacientes, incluso entre las no heridas. Y no deja de ser extraño que las hormigas reunidas en el hueco de la hondonada de gres olviden que si han dejado su ciudad ha sido para exterminar a aquellos a los que ahora están a punto de adorar.

De cualquier modo se dejan oír algunas objeciones, preguntas que podrían plantear problemas. Pero 23 tiene su respuesta completamente preparada:

Lo importante es acercarse a los Dedos. De lo demás, no os preocupéis de nada. Los Dedos son dioses y son inmortales.

¿Qué responder a esto? Una exploradora roja levanta su antena:



¿Por qué no emiten nada los Dedos para indicarnos lo que debemos hacer, minuto a minuto?

Los Dedos nos hablan, asegura 23. En el Bel-o-kan estamos en contacto permanente con los Dedos.

Una artillera:

¿Qué hay que hacer para hablar con los dioses?

Repuesta:

Hay que pensar en ellos con mucha fuerza. Los dioses llaman a eso «oración». Cualquier oración emitida desde donde sea es oída por los dioses.

Una hormiga blanca lanza una feromona teñida de desesperanza:

¿Pueden curamos los Dedos de los cestodos?

Los Dedos lo pueden todo.

Entonces una soldado pregunta:

Puesto que la Manada nos ordena matar a todos los Dedos, ¿qué debemos hacer?

23 mira de reojo a la soldado y agita tranquilamente sus tallos sensitivos.

Nada. No haremos nada. Permaneceremos al margen y observaremos. No hemos de temer nada por los dioses. Los dioses son omnipotentes. Basta con que difundáis la palabra del doctor Livingstone. Debemos ser cada vez más numerosas en nuestras reuniones. Con prudencia. Y sobre todo, oremos.

Para la mayoría, aquélla es la primera vez que tienen un comportamiento rebelde hacia la Manada. Y les parece muy excitante. Incluso aunque los Dedos no existan.

102. Enciclopedia.

DIOS: Dios, por definición, es omnipresente y omnipotente. Si existe, está en todas partes y puede hacerlo todo. Pero si puede hacerlo todo, ¿es capaz también de generar un mundo del que él esté ausente y donde no pueda hacer nada?

Edmond Wells.

Enciclopedia del saber relativo y absoluto, tomo II.

103. Askolein, la Colmena de oro.

Ocho vertical. Ocho invertido. Ocho en espiral. Ocho.

Se paran.

Doble ocho. Cambio de ángulo en relación al sol.

Ocho horizontal estrecho. Ocho horizontal amplio.

El mensaje no puede ser más claro.

Respuesta: ocho, ocho horizontal amplio, doble ocho, ocho invertido. Luego, transmisión al próximo relevo aéreo.

Las abejas graban sus informaciones en el cielo dando vueltas.

Para decir que el alimento está a más de cien metros, efectúan en el aire ochos cuyo eje central indica la dirección que debe tomarse y la distancia.

La ciudad del gran abeto junto al río tiene el nombre oloroso de Askolein, que en abeja significa «la Colmena de oro».

Tiene seis mil individuos.

Una abeja exploradora askoleína despega a gran velocidad tras Haber observado esa llamada. Revolotea entre los cardos, remonta los taludes, sobrevuela una columna de hormigas que pululan entre las hierbas (vaya, ¿qué harán esas hormigas en una esquina?). Contornea el gran roble y vuela raso por la zona de los montículos de arena.

Aquí parece haber algo interesante. Aminora su batir de alas. La abeja revolotea encima de los junquillos, se moja las patas en estambres de flores no identificadas, se da cuenta de que, pensándolo bien, se trata de una margarita, lanza su lengua fina y multiplicada en el polvo amarillo; instantes más tarde retrocede, con los músculos cubiertos de polen fresco.

Aterriza en la pista de vuelo de la colmena e inmediatamente empieza a batir sus alas con una frecuencia de 280 hertzios.

Bzzzzz bzzz bzzz. 280 hertzios constituyen la frecuencia que permite a una abeja reunir un máximo de obreras preocupadas por problemas de alimento.

Con 260 hertzios atraería a las obreras encargadas de la intendencia y del cuidado de las crías. Con 300 hertzios desencadenaría la alerta militar.

La exploradora se coloca en un hexágono de cera y comienza su danza. En esta ocasión dibuja ochos pero en dos dimensiones, a lo largo del suelo encerado de la colmena. Cuenta muy de prisa su aventura. Da la dirección, la distancia y la calidad exacta del grupo de flores que ha inspeccionado. Según ella, se trata de margaritas.

Como la fuente está relativamente cercana, danza con rapidez, en caso contrario lo haría más despacio. Algo así como si quisiera representar la fatiga del vuelo lejano.

En su informe «danzado», tiene también en cuenta la posición del sol y su movimiento.

Acuden las colegas. Han comprendido que había numerosas flores para saquear, pero querrían saber la calidad de aquella fuente. A veces las flores están cubiertas de excrementos de pájaros, a veces están marchitas, en ocasiones ya las han saqueado las abejas de otra colmena.

Algunas se golpean nerviosas su abdomen contra los panales de cera.

Queremos cosas concretas, dicen en lenguaje abeja.

La exploradora no se hace de rogar. Regurgita su polen.



¡Probad, amigas mías, y veréis, es de primera calidad!

Esa danza, ese diálogo, ese intercambio se efectúa en la oscuridad más absoluta pero, al final, todo un grupo despega para una misión cuyos elementos conocen en su mayor parte.

La exploradora, extenuada, ingurgita las muestras que había traído como prueba. Luego se dirige a la celda real donde se encuentra la reina de las abejas askoleínas, Zaha-haer-scha, la 67 de su nombre.

Ésta había conseguido acceder al trono de ese reino abeja tras una lucha que la había enfrentado a una veintena de reinas hermanas suyas. Las abejas siempre producen demasiadas reinas, pero, como para una ciudad sólo se precisa una, tienen que luchar salvajemente en la celdilla nupcial hasta que sólo queda la victoriosa.

Es un método de selección algo bárbaro, pero permite poner al frente de la Ciudad a la abeja más tenaz y combativa.

La abeja reina, reconocible por su abdomen amarillo liso, vive cuatro años y, si todo va bien, puede llegar a poner hasta mil huevos diarios.

La colmena de Askolein está situada al este-noroeste del hormiguero Bel-o-kan. Es un lugar perfecto, donde los panales de cera amarilla rebosan de obreras libadoras. Aquí todo es brillante y perfumado. Amarillo, negro, rosa y naranja. Las obreras se pasan de patas a patas la preciosa miel.

Más lejos, se fabrica en un recipiente de cera la jalea real.

Más lejos todavía se encuentra la sala de educación de las abejas jóvenes.

La educación de las abejas siempre obedece a las mismas reglas. Desde el momento en que sale de su celdilla, la abeja es alimentada por sus hermanas; luego empieza a trabajar. Durante los tres primeros días de su vida, se dedica a las tareas domésticas. Al tercer día, sufre transformaciones físicas con la aparición, junto a la boca, de glándulas que producen la jalea real. Entonces se convierte en nodriza. Esas glándulas van disminuyendo luego de importancia y, poco a poco, otras nueve glándulas, situadas ahora bajo el abdomen, se ponen en marcha. Son las glándulas cereras que producen la cera necesaria para construir y reparar los paneles de la Ciudad.

De este modo, a partir del decimosegundo día, la abeja se convierte en albañil.

Construye los alvéolos que constituyen los panales de cera. A partir del decimoctavo día, esas glándulas cereras dejan a su vez de funcionar. La obrera se convierte entonces en guardiana, pero sólo el tiempo necesario para familiarizarse con el mundo exterior, luego se convierte en libadora. Morirá libadora.

La exploradora llega a la celdilla real. Quiere hablar con su Reina Madre de aquella extraña colonia de hormigas, pero ésta parece hallarse enfrascada en una conversación con..., ¡le cuesta dar crédito a sus antenas!, ...con una hormiga precisamente. Y, más precisamente, ¡con una hormiga de la federación belokaniana! Desde lejos percibe el diálogo de los dos insectos.

¿Qué se puede hacer?, pregunta la reina de las abejas.

Cuando esa hormiga llegó a la colonia, nadie comprendió qué iba a hacer allí. La dejaron entrar en la Ciudad de oro más por sorpresa que por simpatía.

¿Qué hacía una hormiga en una colmena?

23 contó entonces las circunstancias excepcionales que justificaban su venida.

Las belokanianas, sus propias hermanas, se han vuelto locas, han lanzado una cruzada contra los Dedos y han matado a uno. 23 explica que la cruzada atacará forzosamente a las abejas que encuentren en su camino. Aconseja al ejército abeja, al que sabe temible, que se adelante a las hormigas y ataque la columna de cruzadas cuando éstas se hallen encajonadas en el cañón de los ranúnculos.



¿Una emboscada? ¿Me estás proponiendo que tienda una emboscada a los de tu especie?

La reina abeja está sorprendida. Es cierto que le han contado que las hormigas tenían comportamientos cada vez más perversos; le han hablado en especial de unas mercenarias que luchaban contra su nido a cambio de alimento, pero sólo se lo creía a medias. Tener enfrente a una hormiga que le indica el mejor sitio para matar a las suyas la impresiona de verdad.

Decididamente, las hormigas son mucho más perversas de lo que pensaba. A menos que sea una trampa. Esa presunta traidora podría haberse presentado, por ejemplo, para atraer al ejército abeja al cañón de los ranúnculos y, mientras tanto, el grueso de la cruzada atacaría la colmena. Eso ya sería más comprensible.

La reina Zaha-haer-scha hace vibrar sus alas dorsales.

En un lenguaje oloroso básico, comprensible incluso para las hormigas, le pregunta.

¿Por qué traicionas a las tuyas?

La hormiga se explica: las belokanianas quieren matar a todos los Dedos de la Tierra. Y los Dedos forman parte de la diversidad del mundo y, a fuerza de eliminar especies enteras, las hormigas están empobreciendo el planeta. Cada especie tiene su utilidad y el genio de la Naturaleza se expresa por la multiplicidad de sus formas de vida.

Destruirlas es un crimen.

Las hormigas ya han matado muchos animales. Lo han hecho conscientemente, sin tratar de comprenderlos ni de comunicarse con ellos. Por simple oscurantismo, una parte entera de la Naturaleza ha sido eliminada.

La soldado 23 se guarda mucho de explicar que los Dedos son dioses y que ella misma es deísta. No dice que «los Dioses son omnipotentes», aunque lo piensa con mucha fuerza. ¿Qué podría comprender una reina abeja de esas nociones ultra-abstractas?

23 repite los argumentos de las rebeldes no deístas.

En un lenguaje más sencillo de ingurgitar por alguien que nunca ha pensado que podían existir dioses.



De los Dedos no se conoce prácticamente nada. Probablemente tienen muchas cosas que enseñarnos. Por su nivel, por su tamaño, se han enfrentado a problemas que nosotras no somos siquiera capaces de imaginar...

Según ella hay que proteger a los Dedos. O, al menos, salvar una pareja para estudiarlos.

La abeja comprende ese lenguaje, pero se declara absolutamente al margen de esa guerra fórmico-dedalera. En la actualidad, ellas tienen un conflicto fronterizo con un nido de avispas negras que moviliza todas sus pulsiones militares. La reina Zaha-haer-scha se lanza entonces, no sin cierta delectación, a describir una batalla ápico-avispera.

¡Escuadras volantes de miles de himenópteros que mezclan sus alas, duelos en suspensión en el aire, choques de aguijones envenenados, añagazas, asaltos imprevistos, ataques cruzados! Confiesa ser una apasionada del arte de la esgrima de aguijones. Y sólo las avispas y las abejas conocen ese deporte. No resulta fácil mantenerse en vuelo propinando al mismo tiempo aguijonazos certeros. Mima alegremente un duelo contra un adversario imaginario y enumera los golpes. Esto es un molinete, esto una estocada, esto una cuarta, esto una quinta, esto una prima, esto una parada a la derecha.

La punta de su abdomen está a un espesor de ala de la cabeza de la hormiga, que no parece muy impresionada, mientras la abeja sigue describiéndole un combate ápico-avispero. Revés, finta, ataque, pausa, respuesta...

23 la interrumpe, insiste, dice que todo lo contrario, que a las abejas también les concierne esa guerra fórmico-dedalera. 103, una de sus soldados más experimentadas, ha descubierto que se podía matar a todos los Dedos con veneno de abeja. Por ahora sólo se les puede matar con ese veneno.

Por lo tanto, la cruzada atacará forzosamente Askolein para procurarse el veneno.

¿Las hormigas? ¿Atacarnos tan lejos de su federación? ¡Tú deliras!

Es en este momento cuando en todos los panales de la Colmena de oro se desencadena la alerta militar.

104. Los insectos no nos quieren.

Le tocaba ya al profesor Miguel Cygneriaz presentar su contribución al seminario sobre la lucha contra los insectos. Se levantó y presentó a la audiencia un planisferio sembrado de machas negras.

—Estos puntos representan zonas de guerra, no entre seres humanos, sino contra el insecto. Nos batimos en todas partes contra los insectos. En Marruecos, en Argelia y en Senegal se combaten las invasiones de grillos. En el Perú, el mosquito transmite el paludismo, en África austral la mosca tsé-tsé produce la enfermedad del sueño, en Malí una proliferación de piojos ha provocado una epidemia de tifus. En la Amazonia, en África ecuatorial, en Indonesia, los hombres luchan contra las invasiones de hormigas africanas. En Libia, las vacas están siendo diezmadas por la mosca carnicera. En Venezuela, avispas agresivas atacan a los niños. En Francia, muy cerca de aquí, una familia ha sido atacada en plena comida campestre por una columna de hormigas rojas en el bosque de Fontainebleau. Y no les hablaré de los doríforas que destruyen las plantaciones de patatas, de las termitas, de las polillas que se alimentan de nuestras ropas, de las pulgas que la emprenden con nuestros perros... Ésa es la realidad. Desde hace un millón de años, los nombres están en guerra contra los insectos y la lucha no ha hecho más que empezar. Como el adversario es pequeño, se le subestima. Se figuran que un papirotazo basta para aplastarlo. ¡Error! El insecto es muy difícil de aniquilar. Se adapta a los venenos, muta para resistir mejor a los insecticidas, se multiplica para escapar a las tentativas de exterminio. El insecto es nuestro enemigo. Y nueve animales de cada diez son insectos. Nosotros sólo somos un puñado de humanos e incluso de mamíferos en comparación con los millares de millares de millares de hormigas, termitas, moscas y mosquitos. Los llamaban las fuerzas ctónicas. Los insectos representan las fuerzas ctónicas, es decir, ¡todo lo que es bajo, rastrero, subterráneo, oculto, imprevisible!

Se alzó una mano.

—-Profesor Cygneriaz, ¿cómo puede lucharse contra esas fuerzas ctó..., contra los insectos, quiero decir?

El científico sonrió a su público.

—Ante todo, dejando de subestimarlos. Así, en mi laboratorio de Santiago de Chile hemos descubierto que las hormigas han desarrollado una clase especial de «probadoras». Cada vez que un hormiguero se enfrenta a un alimento nuevo, ellas son las encargadas de probarlo. Si al cabo de dos días no presentan ningún síntoma sospechoso, las hermanas consumirán también ese alimento. Lo cual explica el efecto limitado de la mayoría de los insecticidas órganofosforados. Por lo tanto, hemos puesto a punto un nuevo insecticida de efecto retardado, que actúa a las setenta y dos horas de la ingestión. Esperamos que este nuevo veneno pueda difundirse por la Ciudad pese a sus medidas de seguridad.

—Profesor Cygneriaz, ¿qué piensa usted de Laetitia Wells, esa mujer que ha conseguido domesticar hormigas para que maten a investigadores de insecticidas?

El experto alzó los ojos al cielo.

—Ha habido desde siempre hombres fascinados por los insectos. Lo asombroso es que semejante comportamiento no haya aparecido antes. He sufrido mucho por esos asesinatos. La mayoría de las víctimas eran colaboradores y amigos míos. Pero ¿qué importa ahora? La señorita Wells ya no puede perjudicarnos, y, dentro de unos días, yo les presentaré ese producto milagroso, eficaz a escala planetaria, que tan caro nos ha costado. Nombre de código «Babel». Para más información, vuelvan aquí mañana a la misma hora.

El profesor Cygneriaz regresó a pie a su hotel, silbando. Estaba satisfecho por el efecto producido por sus palabras en los oyentes.

En su cuarto, al quitarse el reloj, observó un pequeño agujero cuadrado en el puño de la camisa, pero apenas le prestó atención.

Descansaba en la cama de las fatigas del día cuando oyó un ruido procedente del cuarto de baño. ¡Las tuberías fallaban, incluso en los mejores hoteles!

Se levantó, cerró tranquilamente la puerta del cuarto de baño y decidió que era hora de cenar. Para bajar al restaurante podía elegir entre la escalera y el ascensor. Cansado como estaba, prefirió el ascensor.

Fue una equivocación.

El aparato quedó parado entre dos pisos.

Unos clientes que esperaban en el rellano siguiente oyeron a Miguel Cygneriaz lanzar gritos de espanto al tiempo que golpeaba con todas sus fuerzas contra las paredes de acero.

—Otro que sufre de claustrofobia —dijo una mujer.

Pero, cuando un empleado llegó para desbloquear la cabina, no encontraron más que un cadáver. Por la expresión de terror inscrita en su rostro, aquel hombre debía haber luchado contra el Diablo.

105. Sueños.

Jonathan no dormía. Desde que se habían vuelto tan intensas las ceremonias de comunión, cada vez tenía más dificultad para conciliar el sueño.

Ayer, en particular, había sufrido una experiencia terrible.

Mientras todos lanzaban el sonido común, la onda total OM, sintió algo extraordinario. Su cuerpo entero quedó aspirado por esa onda. Como una mano que se libera de su guante, algo en él trató de extirparle su envoltura humana.

Jonathan sintió miedo pero, al mismo tiempo, la presencia de los demás le tranquilizó. Entonces, en forma de su OM, o de ectoplasma o de alma, como se quiera, abandonó su cuerpo y, junto a los otros, atravesó la roca de granito para subir al hormiguero.

El fenómeno no duró mucho tiempo. Regresó rápidamente a su carne como si un cordón elástico le hubiera devuelto a ella.

Había sido un sueño colectivo. No podía ser más que un sueño colectivo.

A fuerza de vivir junto a hormigas, todos soñaban con hormigas. Se acordó de un pasaje de la Enciclopedia que trataba con mucha precisión de los sueños. Provisto de una lámpara de bolsillo, fue a buscar al atril las páginas del precioso libro.

106. Enciclopedia.

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