Bernard lonergan volumen catorce



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BERNARD LONERGAN

VOLUMEN CATORCE



Método

en Teología

Traducción de Armando J. Bravo

de Method in Theology, © Bernard J. F. Lonergan 1971, reimpresión (Toronto: University of Toronto Press, 1990) de la 2a. edición, London: Darton Longman & Todd y New York: Herder and Herder, 1973.

1. El Método
{3} El pensamiento sobre el método es probable que se deslice por uno de tres canales. En el primero, al método se lo concebirá más como un arte que como una ciencia. No habrá de aprenderse de los libros o conferencias sino en el laboratorio o en un seminario. Ahí lo que cuenta es el ejemplo del maestro, el esfuerzo por hacer lo mismo, los comentarios de aquel a la ejecución que uno haya realizado. Pienso que ese debe ser el origen de cualquier pensamiento sobre el método, porque tal pensamiento tiene que ser una reflexión sobre las realizaciones previas. También ése permanecerá siempre como el único camino para comunicar los refinamientos y sutilezas propias de las áreas especializadas.

Sin embargo, hay unos espíritus más atrevidos. Ellos seleccionan a la ciencia más evidentemente exitosa de su tiempo. Estudian sus procedimientos. Formulan los preceptos. Finalmente, proponen una analogía de esa ciencia. La ciencia en sentido propio es la ciencia exitosa que han analizado. Otros temas serán científicos en la medida en que se conformen a sus procedimientos y, en la medida que no lo hagan, serán algo menos que científicos. Así sir David Ross observó acerca de Aristóteles: “A través de todas sus obras lo encontramos tomando la posición de que todas las demás ciencias aparte de las matemáticas tienen el nombre de ciencia sólo por cortesía, puesto que se ocupan de cosas en las que entra la contingencia.”1 Así, aun hoy, la palabra ciencia significa una ciencia natural. Uno desciende un peldaño o más en la escalera cuando habla de las ciencias de la conducta o de las ciencias del hombre. Finalmente, con frecuencia los teólogos tienen que contentarse con que sus temas sean incluidos no en la lista de las ciencias sino de las disciplinas académicas.



{4} Es bastante claro que estos acercamientos al problema del método hacen poco para el avance de los temas menos exitosos. Porque en el tema menos exitoso, precisamente por ser menos exitoso, hay una carencia de maestros que hayan de seguirse y de modelos que hayan de imitarse. Tampoco tendrá ninguna utilidad recurrir a la analogía de la ciencia, porque esa analogía, lejos de tenderles una mano a los menos exitosos, se contentará con señalarles un rango inferior según la ley del más fuerte. Así pues, deberá encontrarse una tercera manera y, aunque hacerlo sea difícil y trabajoso, ha de pagarse ese precio si el tema menos exitoso no ha de permanecer como mediocre o deslizarse hacia la decadencia y el desuso.

El propósito del presente capítulo es desarrollar la base para esa tercera manera. Primero recurriremos a las ciencias exitosas para formarnos una noción preliminar del método. Segundo, iremos más allá de los procedimientos de las ciencias naturales hasta algo más general y más fundamental, a saber, los procedimientos de la mente humana. Tercero, en los procedimientos de la mente humana discerniremos un método trascendental, esto es, un patrón básico de operaciones empleadas en toda empresa cognoscitiva. Cuarto, señalaremos la pertinencia del método trascendental para la formulación de otros métodos más especiales adecuados a los campos particulares.


1. Una Noción Preliminar

Un método es un patrón normativo de operaciones recurrentes y relacionadas que dan resultados acumulativos y progresivos. Así pues, hay un método cuando hay operaciones distintas, cuando cada operación está relacionada con las demás, cuando el grupo de relaciones forma un patrón, cuando el patrón se describe como la manera correcta de hacer el trabajo, cuando las operaciones conformes con el patrón pueden repetirse indefinidamente, y cuando los frutos de tales repeticiones son, no reiterativas, sino acumulativas y progresivas.

Así, en las ciencias naturales, el método inculca un espíritu inquisitivo, y se repiten las preguntas. Insiste en la observación y descripción precisas: se repiten las observaciones y las descripciones. Sobre todo, alaba el descubrimiento, y se repiten los descubrimientos. Exige que los descubrimientos se formulen en las hipótesis, y se repiten las hipótesis. {5} Requiere que se deduzcan las implicaciones de las hipótesis, y se repiten las deducciones. Continúa exigiendo que se diseñen y realicen los experimentos para comprobar las implicaciones de las hipótesis con los hechos observables, y se repiten esos procesos de experimentación.

Estas operaciones distintas y recurrentes están relacionadas. El inquirir transforma al mero experimentar en un profundo examen de observación. Lo observado es precisado por la descripción. Las descripciones contrastantes originan problemas, y los problemas se resuelven por los descubrimientos. Lo descubierto se expresa en una hipótesis. De la hipótesis se deducen sus implicaciones, y éstas sugieren experimentos por realizarse. Así, las muchas operaciones se relacionan; las relaciones forman un patrón; y el patrón define la manera correcta de emprender una investigación científica.

Finalmente, los resultados de las investigaciones son acumulativos y progresivos. Porque el proceso de experimentación presenta nuevos datos, nuevas observaciones, nuevas descripciones que pueden o no confirmar la hipótesis que se está comprobando. En la medida en que sean confirmatorias, revelarán que la investigación no se halla del todo desencaminada. En la medida en que no sean confirmatorias, conducirán a modificar la hipótesis y, en el límite, conducirán a un nuevo descubrimiento, a una nueva hipótesis, a una nueva deducción, y a nuevos experimentos. El mecanismo del método no sólo gira sino que también rueda. El campo de los datos observados continúa ampliándose. Se añaden nuevos descubrimientos a los antiguos. Nuevas hipótesis y teorías no sólo expresan los nuevos chispazos inteligentes sino también todo lo que era válido en los antiguos, para darle al método su carácter acumulativo y para engendrar la convicción de que, por remota que pueda estar todavía la meta de la completa explicación de todos los fenómenos, al menos ahora estaremos más cerca de ella que lo que estábamos.

Muy en resumen, ese es el método de las ciencias naturales. La explicación se halla en realidad lejos de estar lo suficientemente detallada para guiar en su trabajo al investigador de las ciencias naturales. Al mismo tiempo es demasiado específica para ser trasladada a otras disciplinas. Pero al menos ilumina a la noción preliminar del método como un patrón normativo de operaciones recurrentes y relacionadas que dan resultados acumulativos y progresivos.

Conviene hacer unas cuantas observaciones.

Primero, con frecuencia se concibe al método como un grupo de reglas que, {6} cuando las sigue cualquiera ciegamente, no obstante dan resultados satisfactorios. Concedería que un método así concebido sea posible cuando se produce una y otra vez el mismo resultado, como en la producción en cadena o en el “Nuevo Método de Lavar.” Pero no resultará si se esperan resultados progresivos y acumulativos. Los resultados son progresivos sólo si hay una sostenida sucesión de descubrimientos; son acumulativos sólo si se realiza una síntesis de cada nuevo chispazo inteligente con todos los anteriores chispazos inteligentes válidos. Pero ni el descubrimiento ni la síntesis están al alcance de cualquier grupo de reglas. El que ocurran sigue leyes estadísticas; pueden hacerse más probables; no pueden asegurarse por un grupo de recetas.

Segundo, nuestra noción preliminar no concibe al método como un grupo de reglas sino como un patrón anterior, normativo, de operaciones del que se pueden derivar las reglas. Además, las operaciones vislumbradas no están limitadas a operaciones estrictamente lógicas, esto es, a operaciones con proposiciones, términos y relaciones. Él incluye tales operaciones, por supuesto, ya que habla de describir, de formular problemas e hipótesis, de deducir implicaciones. Pero él no duda en salirse de este grupo para hablar del inquirir, de la observación, del descubrimiento, del experimento, de la síntesis y de la verificación.

Tercero, en la siguiente sección nos interesaremos en lo que sean precisamente estas operaciones no-lógicas. Pero desde ahora puede notarse que la ciencia moderna deriva su carácter distintivo de este agrupar a unas operaciones lógicas con otras no-lógicas. Las lógicas tienden a consolidar lo que se ha realizado. Las no-lógicas mantienen a todas las realizaciones abiertas a avances ulteriores. La conjunción de las dos da como resultado un proceso abierto, actual, progresivo y acumulativo. Este proceso contrasta agudamente no sólo con el fixismo estático que resultó de que Aristóteles se haya concentrado en lo necesario y lo inmutable, sino también con la dialéctica de Hegel que es un movimiento encerrado dentro de un sistema completo.


2. El Patrón Básico de Operaciones

Las operaciones del patrón son ver, oír, tocar, oler, gustar, inquirir, imaginar, entender, concebir, formular, reflexionar, ordenar y sopesar la evidencia, juzgar, deliberar, evaluar, decidir, hablar, escribir.



{7} Se supondrá que todos estén familiarizados con algunas al menos de estas operaciones y que se tenga alguna noción de lo que signifiquen los otros términos. Nuestro propósito es sacar a la luz el patrón dentro del que ocurren estas operaciones y sucede que no podremos tener éxito sin una excepcional cantidad de esfuerzo y actividad de parte del lector. Éste tendrá también que familiarizarse con nuestra terminología. Tendrá que evocar las operaciones pertinentes de su propia conciencia. Él tendrá que descubrir en su propia experiencia las relaciones dinámicas que conducen de una operación a la siguiente. De lo contrario encontrará no sólo este capítulo sino todo el libro tan iluminador como un ciego considera una conferencia sobre los colores. 2

Primero, pues, las operaciones de la lista son transitivas. Tienen sus objetos. Ellas son transitivas no sólo en el sentido gramatical de que estén expresadas por verbos transitivos sino también en el sentido psicológico de que por la operación uno se da cuenta del objeto. Este sentido psicológico es lo que significa el verbo ‘tender-a,’ el adjetivo ‘intencional,’ y el sustantivo ‘intencionalidad.’ Decir que las operaciones tienden a sus objetos es referirnos a los hechos de que al ver se hace presente lo que es visto, al oír se hace presente lo que es oído, al imaginar se hace presente lo que es imaginado, etc., donde en cada caso la presencia en cuestión es un evento psicológico.

Segundo, las operaciones de la lista son operaciones de un operador, y al operador se le llama el sujeto. El operador es sujeto no sólo en el sentido gramatical de que esté expresado por un sustantivo que sea sujeto de los verbos que en la voz activa se refieran a las operaciones. Él también es sujeto en el sentido psicológico de que opera conscientemente. De hecho, ninguna de las operaciones de la lista {8} ha de realizarse durmiendo sin soñar ni en estado de coma. Igualmente, siempre que se realiza cualquiera de las operaciones, el sujeto se da cuenta de sí mismo operando, está presente para sí mismo operando, está experimentándose a sí mismo operando. Más aún, como se verá ahora, la calidad de la conciencia cambia conforme el sujeto realiza diferentes operaciones.

Así pues, las operaciones no sólo tienden-a objetos. Ellas tienen una ulterior dimensión psicológica. Ocurren conscientemente y por ellas el sujeto operador está consciente. Así como las operaciones por su intencionalidad hacen a los objetos presentes ante el sujeto, así también por la conciencia hacen al sujeto operador presente para sí mismo.

He aplicado el adjetivo ‘presente’ tanto al objeto como al sujeto. Pero los he utilizado ambiguamente, porque la presencia del objeto es bastante diferente a la presencia del sujeto. El objeto está presente como aquello que se mira, al que se atiende, al que se tiende. En cambio, la presencia del sujeto reside en el mirar, en el atender, en el tender. Por esta razón el sujeto puede estar consciente, como quien atiende y, con todo, dedicarle toda su atención al objeto como lo que es atendido.

Igualmente, hablé del sujeto que se experimenta a sí mismo operando. Pero no supongo que este experimentar sea otra operación que se le agregue a la lista, porque este experimentar no es tender-a sino estar consciente. No es otra operación además de la operación que es experimentada. Es esa misma operación que, además de ser intrínsecamente intencional, también es intrínsecamente consciente.

Tercero, está la palabra ‘introspección,’ que es engañosa en la medida que sugiere una inspección interior. La inspección interior es sólo un mito. Su origen radica en la errada analogía de que todos los eventos cognoscitivos se hayan de concebir según la analogía de la visión ocular; la conciencia es un tipo de evento cognoscitivo; por tanto la conciencia se habría de concebir según la analogía de la visión ocular; y puesto que no inspecciona hacia el exterior, debería ser una inspección interior.

Sin embargo, ‘introspección’ puede entenderse como significando no la conciencia misma sino el proceso de objetivar los contenidos de la conciencia. Así como nosotros pasamos desde los datos de los sentidos a través del {9} inquirir, del chispazo inteligente, de la reflexión, del juicio hasta unas afirmaciones sobre las cosas sensibles, así también nosotros pasamos desde los datos de la conciencia a través del inquirir, de la intelección, de la reflexión, del juicio, hasta unas afirmaciones acerca de los sujetos conscientes y de sus operaciones. Eso, por supuesto, es lo que hemos estado haciendo e invitando a que el lector lo haga ahora. Pero el lector lo hará no viendo interiormente, sino reconociendo en nuestras expresiones la objetivación de su experiencia subjetiva.

Cuarto, tienen que distinguirse los diferentes niveles de conciencia e intencionalidad. En las etapas del sueño, la conciencia y la intencionalidad de ordinario son fragmentarias e incoherentes. Cuando despertamos, adquieren un matiz diferente para extenderse a cuatro niveles sucesivos, relacionados, pero cualitativamente diferentes. Está el nivel empírico en el que tenemos sensaciones, percibimos, imaginamos, tenemos sentimientos, hablamos, nos movemos. Está un nivel intelectual en el que inquirimos, llegamos a entender, expresamos lo que hemos entendido, desarrollamos los presupuestos e implicaciones de nuestra expresión. Está el nivel racional en el que reflexionamos, ordenamos la evidencia, pronunciamos un juicio sobre la verdad o falsedad, certeza o probabilidad de una afirmación. Está el nivel responsable en el que nos interesamos por nosotros mismos, nuestras propias operaciones, nuestras metas, y así deliberamos acerca de los posibles caminos de acción, los evaluamos, decidimos y llevamos a cabo nuestras decisiones.

Todas las operaciones en estos cuatro niveles son intencionales y conscientes. Con todo, la intencionalidad y la conciencia difieren de nivel a nivel, y dentro de cada nivel las muchas operaciones implican ulteriores diferencias. Nuestra conciencia se extiende en una nueva dimensión cuando del mero experimentar nos volcamos al esfuerzo por entender lo que hemos experimentado. Emerge una tercera dimensión, la de la racionalidad, cuando al contenido de nuestros actos de entender se lo mira, de por sí, como una mera idea brillante y nos esforzamos por determinar lo que realmente es así. Una cuarta dimensión aparece en escena cuando al juicio sobre los hechos lo sigue la deliberación sobre lo que hemos de hacer con ellos. En los cuatro niveles, nos damos cuenta de nosotros mismos pero, conforme subimos de un nivel a otro, nos damos cuenta de un yo más pleno y el mismo darnos cuenta es diferente.

En cuanto empíricamente conscientes, no parece que seamos diferentes a {10} los animales superiores. Pero en nosotros la conciencia y la intencionalidad empíricas son sólo un substrato para actividades ulteriores. Los datos de los sentidos provocan el inquirir; el inquirir conduce al entender; el entender se expresa a sí mismo en el lenguaje. Sin los datos no tendríamos nada en lo que inquiriéramos y nada por entender. Con todo, lo que se busca por el inquirir nunca es sólo otro dato, sino la idea o forma, la unidad inteligible o relación que organiza los datos en totalidades inteligibles. Igualmente, sin el esfuerzo por entender y sus conflictivos resultados, no tendríamos ninguna ocasión de juzgar. Ahora bien, tales ocasiones son recurrentes, y entonces el centro inteligente del experimentar revela su racionalidad reflexiva y crítica. Una vez más hay un yo más pleno del que llegamos a darnos cuenta, y una vez más el mismo darnos cuenta es diferente. En cuanto inteligente, el sujeto busca el chispazo inteligente y, conforme se acumulan los chispazos inteligentes, él los revela en su conducta, su hablar, su captación de las situaciones, su dominio de los terrenos teóricos. Pero en cuanto reflexiva y críticamente consciente, él encarna el desapego y el desinterés, se entrega él mismo a los criterios de la verdad y la certidumbre, asume como único interés determinar lo que es así o no es así; y ahora, como el yo, también el darse cuenta del yo reside en esa encarnación, esa autorrendición, ese resuelto interés por la verdad. Hay todavía una ulterior dimensión para el ser humano, y ahí surgen como personas, se encuentran la una a la otra en un interés común por los valores, buscan abolir aquella organización de la vida humana basada en los egoísmos en competencia, y buscan remplazarla por una organización basada en la perceptividad e inteligencia del hombre, en su racionabilidad y el ejercicio responsable de su libertad.

Quinto, conforme las diferentes operaciones proporcionan unos modos cualitativamente diferentes de ser sujetos conscientes, así también proporcionan unos modos cualitativamente diferentes de tender-a. El tender de nuestros sentidos es un atender; normalmente es selectivo pero no creativo. El tender de nuestra imaginación puede ser representativo o creativo. Lo captado en el chispazo inteligente no es ni un dato de los sentidos dado actualmente ni una creación de la imaginación, sino una organización inteligible que puede ser o no pertinente para los datos. El tender que es la concepción reúne el contenido del chispazo inteligente y aquella porción de la imagen que sea esencial para que ocurra el chispazo inteligente; {11} el resultado es el tender de cualquier ser concreto seleccionado por un contenido incompletamente determinado (y en ese sentido, abstracto).

Sin embargo, la diferencia más fundamental en los modos de tender se da entre lo categorial y lo trascendental. Las categorías son unas determinaciones. Ellas tienen una extensión limitada. Ellas varían con las variaciones culturales. Ellas pueden iluminarse por el tipo de clasificación asociada con el totemismo y que recientemente se argumentó que es esencialmente una clasificación por homología. 3 Pueden ser conocidas reflexivamente como categorías, como lo fueron las aristotélicas substancia, cantidad, calidad, relación, acción, pasión, lugar, tiempo, postura, hábito. No es necesario que se las llame categorías, como sucedió con las cuatro causas: fin, agente, materia, y forma, o las distinciones lógicas del género, la diferencia, la especie, la propiedad y el accidente. Pueden ser los magníficos productos de la realización científica como los conceptos de la física moderna, la tabla periódica de los elementos del químico, el árbol de la evolución del biólogo.

En cambio, los trascendentales son amplios en su comprensión, irrestrictos en su extensión, invariantes con el cambio cultural. Aunque se necesitan las categorías para plantear determinadas preguntas y dar determinadas respuestas, los trascendentales están contenidos en las preguntas antes que las respuestas. Ellos son el radical tender que nos mueve de la ignorancia al conocimiento. Ellos son a priori porque van más allá de lo que conocemos, para buscar lo que todavía no conocemos. Ellos son irrestrictos porque las respuestas nunca están completas y así sólo dan origen a preguntas todavía ulteriores. Ellos son amplios porque tienden a todo lo desconocido o a una totalidad cuyas respuestas nos revelan sólo una parte. Así, la inteligencia nos lleva más allá de experimentar hasta preguntar qué, por qué, cómo y para qué. La racionabilidad nos lleva más allá de las respuestas de la inteligencia hasta preguntar si las respuestas son verdaderas y si lo que ellas significan es realmente así. La responsabilidad va más allá del hecho, del deseo y de la posibilidad para discernir entre lo que verdaderamente es bueno y lo que sólo aparentemente es bueno. Así, si objetivamos el contenido del tender inteligente, nosotros formamos el concepto trascendental de lo inteligible. Si objetivamos el contenido del tender razonable, {12} formamos los conceptos trascendentales de lo verdadero y lo real. Si objetivamos el contenido del tender responsable, alcanzamos el concepto trascendental del valor, de lo verdaderamente bueno. Ahora bien, muy distintas de estos conceptos trascendentales, que pueden estar concebidos equivocadamente y con frecuencia lo están, se dan las anteriores nociones trascendentales que constituyen el dinamismo mismo de nuestro tender consciente, que nos elevan desde el mero experimentar hasta el entender, desde el mero entender hasta la verdad y la realidad, desde el conocimiento factual hasta la acción responsable. Ese dinamismo, lejos de ser un producto de un avance cultural, es la condición de su posibilidad; y cualquier ignorancia o error, cualquier negligencia o malicia, que represente equivocadamente o bloquee ese dinamismo es un oscurantismo en su forma más radical.

Sexto, hemos empezado hablando de operaciones que tienden a unos objetos. Ahora debemos distinguir entre los objetos elementales y los compuestos, entre el conocer elemental y el compuesto. Le llamamos conocer elemental a cualquier operación cognoscitiva, como ver, oír, entender, etc. Le llamamos objeto elemental a aquello a lo que tiende el conocer elemental. Le llamamos conocer compuesto a la conjunción de varias instancias del conocer elemental en un solo conocer. Le llamamos objeto compuesto al objeto construido al unir varios objetos elementales.

Ahora bien, el proceso de composición es obra de las nociones trascendentales que, desde el inicio, tienden a aquello desconocido que gradualmente se convierte en mejor conocido. En virtud de este tender, lo experimentado puede ser lo mismo que lo que es entendido; lo experimentado y entendido puede ser lo mismo que lo que es concebido; lo que es experimentado, entendido y concebido puede ser lo mismo que lo que es afirmado como siendo real; lo experimentado, entendido, concebido, afirmado puede ser lo mismo que es aprobado como verdaderamente bueno. Así, los muchos objetos elementales son construidos como un solo objeto compuesto, y a su vez los muchos objetos compuestos serán ordenados en un solo universo.

Séptimo, hemos distinguido muchas operaciones conscientes e intencionales y las hemos acomodado en una sucesión de diferentes {13} niveles de conciencia. Ahora bien, así como los muchos objetos elementales son construidos en totalidades más amplias, y así como las muchas operaciones se ven reunidas en un solo conocer compuesto, así también los muchos niveles de conciencia son sólo unas etapas sucesivas en el desplegarse de un sólo impulso, el eros del espíritu humano. Para conocer lo bueno, él debe conocer lo real; para conocer lo real, debe conocer lo verdadero; para conocer lo verdadero, debe conocer lo inteligible; para conocer lo inteligible, debe atender a los datos. Así del sueño ligero nosotros nos despertamos para atender. El observar permite que la inteligencia se vea intrigada, e inquirimos. El inquirir conduce al deleite del chispazo inteligente, aunque los chispazos inteligentes vienen a montones y por eso la racionabilidad crítica duda, comprueba, se asegura. Los caminos alternativos de acción se presentan a sí mismos y nosotros nos preguntamos si el más atractivo es verdaderamente bueno. En realidad, es tan íntima la relación entre las sucesivas nociones trascendentales que sólo por una diferenciación especializada de conciencia es como nos retiramos de las maneras más ordinarias de vivir para dedicarnos nosotros mismos a una búsqueda moral de la bondad, una búsqueda filosófica de la verdad, una búsqueda científica del entender, una búsqueda artística de la belleza.

Finalmente, para concluir esta sección, señalamos que el patrón básico de operaciones conscientes e intencionales es dinámico. Es materialmente dinámico en cuanto que es un patrón de operaciones, así como una danza es un patrón de movimientos corporales, o una melodía es un patrón de sonidos. Con todo, también es formalmente dinámico en cuanto que suscita y junta las operaciones apropiadas en cada etapa del proceso, así como un organismo en crecimiento emplea sus propios órganos y vive por su funcionamiento. Finalmente, este patrón doblemente dinámico no es ciego sino que tiene los ojos abiertos; es atento, inteligente, razonable, responsable; es un tender consciente, que siempre va más allá de lo que sucede que es dado o conocido, que siempre se esfuerza por tener una captación más plena y más rica de la totalidad, del todo, del universo todavía desconocido o incompletamente conocido.


3. El Método Trascendental 4

Lo que hemos estado describiendo como el patrón básico de operaciones es un método trascendental. Es un método, porque es un patrón {14} normativo de operaciones recurrentes y relacionadas que dan unos resultados acumulativos y progresivos. Es un método trascendental porque los resultados previstos no están restringidos categorialmente a algún campo o tema particular, sino que se refieren a cualquier resultado al que pueda tenderse mediante las nociones trascendentales completamente abiertas. Mientras que otros métodos buscan satisfacer las exigencias y aprovechar las oportunidades propias de los campos particulares, al método trascendental le interesa satisfacer las exigencias y aprovechar las oportunidades presentadas por la misma mente humana. Es un interés a la vez fundante, universalmente significativo y pertinente.

Ahora bien, en cierto sentido todos conocen y observan el método trascendental. Todos lo hacen precisamente en la medida en que estén atentos, sean inteligentes, razonables, responsables. En cambio, en otro sentido es bastante difícil sentirse en su elemento con el método trascendental, porque no ha de alcanzarse leyendo libros ni escuchando conferencias ni analizando el lenguaje. Es cuestión de elevar la propia conciencia al objetivarla, y eso es algo que a fin de cuentas cada uno tiene que hacer en sí mismo y por sí mismo.

¿En qué consiste esta objetivación? Es cuestión de aplicar las operaciones en cuanto intencionales a las operaciones en cuanto conscientes. Así, si para abreviar designamos las variadas operaciones de los cuatro niveles según la principal ocurrencia de ese nivel, podemos hablar de las operaciones como experimentar, entender, juzgar y decidir. Estas operaciones son a la vez conscientes e intencionales. Ahora bien, se puede tender a lo que es consciente. Aplicar las operaciones en cuanto intencionales a las operaciones en cuanto conscientes es un cuádruple asunto de 1) experimentar el propio experimentar, {15} entender, juzgar y decidir; 2) entender la unidad y relaciones del experimentar, entender juzgar y decidir experimentados por uno; 3) afirmar la realidad del experimentar, entender, juzgar y decidir experimentados y entendidos por uno; y 4) decidir operar de acuerdo con las normas inmanentes en la relación espontánea del experimentar, entender, juzgar y decidir experimentados, entendidos y afirmados.

Primero, pues, ha de experimentarse el propio experimentar, entender, juzgar, decidir. Ahora bien, esta cuádruple experiencia es sólo conciencia. Nosotros la tenemos cada que experimentamos, o entendemos, o juzgamos, o decidimos. Sin embargo, nuestra atención está inclinada a centrarse en el objeto, mientras que nuestro operar consciente permanece en la periferia. Por tanto, nosotros debemos ampliar nuestro interés, recordar que una misma operación no sólo tiende a un objeto sino que también revela a un sujeto que tiende, descubrir en nuestra propia experiencia la verdad concreta de esa afirmación general. Ese descubrimiento, por supuesto, no es cuestión de mirar, inspeccionar, contemplar. Es un darse cuenta no de aquello a lo que se tiende sino del tender. Es hallar en uno mismo el ocurrir consciente ‘ver’ siempre que es visto un objeto, el ocurrir consciente ‘oír’ siempre que un objeto es oído, etc.

Puesto que las sensaciones pueden ser producidas o removidas a voluntad, es un asunto bastante sencillo advertirlas y familiarizarse con ellas. Por otra parte, se necesita no poca previsión e ingenio cuando uno está decidido a elevar la propia conciencia del inquirir, del chispazo inteligente, de la formulación, de la reflexión crítica, de sopesar la evidencia, de juzgar, de deliberar, de decidir. Uno tiene que conocer la significación precisa de cada una de estas palabras. Uno tiene que producir en sí mismo la operación correspondiente. Uno tiene que continuar produciéndola hasta que uno llegue, más allá del objeto al que se tiende, hasta el sujeto que opera conscientemente. Uno tiene que hacer todo esto dentro del contexto adecuado, que no consiste en una inspección del interior sino en un inquirir, en un interés ampliado, en un discernimiento, en una comparación, distinción, identificación y en darle nombre.

Las operaciones no sólo han de experimentarse solas sino en sus relaciones, porque no sólo se dan unas operaciones conscientes sino {16} también unos procesos conscientes. Aunque la percepción sensitiva no revele unas relaciones inteligibles de suerte que, como pretendió Hume, percibimos no la causalidad sino la sucesión, nuestra propia conciencia es un asunto diferente. Es verdadero que en el nivel empírico el proceso es una sensitividad espontánea; él es inteligible sólo en el sentido de que es entendido. Pero con el inquirir emerge el sujeto inteligente, y el proceso se hace inteligente; no es sólo un inteligible que puede ser entendido, sino el correlativo activo de la inteligibilidad, la inteligencia que inteligentemente busca entender, que llega a entender, y que opera a la luz de haber entendido. Cuando el inquirir llega a un término o a un punto muerto, la inteligencia le cede el lugar inteligentemente a la reflexión crítica; en cuanto críticamente reflexivo, el sujeto se halla en relación consciente con un absoluto—el absoluto que nos hace considerar el contenido positivo de las ciencias no como verdadero sino sólo como probable. Finalmente, el sujeto racional, habiendo logrado el conocimiento de lo que es y de lo que pudiera ser, racionalmente le cede el paso a la libertad consciente y a la responsabilidad concienzuda.

Así pues, las operaciones se hallan dentro de un proceso que es formalmente dinámico, que suscita y reúne sus propios componentes, que lo hace inteligente, racional y responsablemente. Tal es, pues, la unidad y relación de las diversas operaciones. Es una unidad y relación que existe y funciona antes de que podamos advertirla explícitamente, entenderla, objetivarla. Es una unidad y relación muy diferente a las unidades inteligibles y relaciones por las que organizamos los datos de los sentidos, porque ellos son meramente inteligibles, mientras que la unidad y relación del proceso consciente es inteligente, razonable y responsable.

Hemos considerado, primero, experimentar las operaciones y, segundo, entender su unidad y relación. Aquí surge la pregunta para la reflexión. ¿Ocurren estas operaciones? ¿Ocurren conforme al patrón descrito? ¿Ese patrón no es sólo hipotético, que haya de revisarse más tarde o más temprano y, habiendo sido revisado, que haya de revisarse de nuevo ulteriormente más tarde o más temprano?

Primero, las operaciones existen y ocurren. A pesar de las dudas y negaciones de los positivistas y conductistas, nadie, a no ser que le fallen algunos de sus órganos, va a decir que nunca en su vida haya {17} tenido la experiencia de ver u oír, de tocar, oler o gustar, de imaginar o percibir, de sentir o moverse; ni que si bien le hubiera parecido tener esa experiencia, con todo, fuera una mera apariencia, puesto que durante toda su vida él la hubiera pasado como sonámbulo sin darse cuenta de sus actividades. Además, cuán raro es el hombre que prologue sus conferencias repitiendo su convicción de nunca haber tenido ni siquiera una fugaz experiencia de curiosidad intelectual, de inquirir, de esforzarse y llegar a entender, de expresar lo que haya captado al entender. También es raro el hombre que empiece sus aportaciones a la literatura periódica recordándoles a sus lectores potenciales que nunca en su vida haya él experimentado nada que pudiera llamarse reflexión crítica, que nunca se haya detenido en la verdad o falsedad de alguna afirmación, de que si alguna vez hubiera parecido ejercer su racionalidad al pronunciar un juicio estrictamente de acuerdo con la evidencia disponible, entonces eso debiera contarse como mera apariencia ya que él no se había dado cuenta para nada de tal evento ni aun de tal tendencia. Finalmente, pocos colocan al principio de sus libros la advertencia de no tener noción de lo que pudiera significar la responsabilidad, que nunca en sus vidas hayan tenido la experiencia de actuar responsablemente, y eso menos que nada al redactar los libros que estén ofreciéndole al público. En suma, existen las operaciones conscientes e intencionales y cualquiera que quiera negar su existencia meramente se está descalificando a sí mismo como sonámbulo irresponsable, no razonable, no inteligente.



Segundo, ¿las operaciones ocurren conforme al patrón que se ha esbozado aquí y que se ha presentado más plenamente en el libro Insight? La respuesta a esto es, por supuesto, que nosotros no experimentamos las operaciones aisladamente y que después, por un proceso de inquisición y descubrimiento, lleguemos al patrón de relaciones que las conecten entre sí. Al contrario, la unidad de la conciencia es dada ella misma; el patrón de las operaciones es parte de la experiencia de las operaciones; y la inquisición y el descubrimiento se necesitan no para efectuar la síntesis de una variedad que, como dada, sea inconexa, sino para analizar una unidad funcional y funcionando. Es verdadero que sin el análisis no podemos discernir ni distinguir las varias operaciones; y que hasta que se hayan distinguido las operaciones no podremos formular {18} las relaciones que las conectan. Pero la razón de afirmar que el patrón mismo sea consciente es que, una vez formuladas las relaciones, no se descubre que expresen novedades sorprendentes sino simplemente que prueben ser objetivaciones de las rutinas de nuestro vivir y actuar consciente. Antes de que el inquirir saque a luz al patrón, antes del que el metodólogo formule sus preceptos, el patrón ya está consciente y operante. Espontáneamente nosotros pasamos desde el experimentar hasta el esfuerzo por entender; y la espontaneidad no es inconsciente ni ciega; al contrario, es constitutiva de nuestra inteligencia consciente, así como la ausencia del esfuerzo por entender es constitutiva de la tontería. Espontáneamente nosotros pasamos desde el entender con sus variadas y conflictivas expresiones hasta la reflexión crítica; igualmente, la espontaneidad no es inconsciente ni ciega; es constitutiva de nuestra racionalidad crítica, de la exigencia interior de una razón suficiente, una exigencia que opera antes de cualquier formulación del principio de razón suficiente; y el menosprecio o ausencia de esta exigencia es lo que constituye la necedad. Espontáneamente nosotros pasamos desde los juicios de hecho o posibilidad hasta los juicios de valor y a lo deliberado de la decisión y compromiso; y esa espontaneidad no es inconsciente ni ciega; nos constituye como personas concienzudas, responsables, y su ausencia nos dejaría como psicópatas. De diversas maneras detalladas, el método nos mandará estar atentos, ser inteligentes, razonables y responsables. Los detalles de sus prescripciones se derivarán de la obra en cuestión y variarán conforme a ella. Pero la fuerza normativa de sus imperativos residirá, no sólo en sus pretensiones de autoridad, ni sólo en la probabilidad de que lo que haya sucedido en el pasado vaya a suceder en el futuro, sino radicalmente en las espontaneidades innatas e inevitabilidades de nuestra conciencia que reúne sus propias partes constitutivas y las une en un todo redondeado de manera que no podemos separarlas sin amputar, por así decirlo, nuestra propia personalidad moral, nuestra propia racionabilidad, nuestra propia inteligencia, nuestra propia sensitividad.

Ahora bien, este patrón ¿no es sólo una hipótesis que pueda esperarse que sufra una revisión tras otra conforme se mantenga desarrollándose el autoconocimiento del hombre?

Debe trazarse una distinción entre el patrón normativo {19} inmanente en nuestras operaciones conscientes e intencionales y, por otra parte, las objetivaciones de ese patrón en conceptos, proposiciones, palabras. Obviamente la revisión no puede afectar sino a las objetivaciones. No puede cambiar a la estructura dinámica de la conciencia humana. Todo lo que puede hacer es ocasionar una explicación más adecuada de esa estructura.

Más aún, para que sea posible que una revisión tenga lugar deberán cumplirse ciertas condiciones. Porque, en primer lugar, cualquier posible revisión recurrirá a unos datos que la opinión en cuestión haya pasado por alto o captado erróneamente, y así cualquier posible revisión deberá presuponer al menos un nivel empírico de operaciones. Segundo, cualquier posible revisión ofrecerá una explicación mejor de los datos y así, cualquier posible revisión deberá presuponer un nivel intelectual de operaciones. Tercero, cualquier posible revisión pretenderá que la explicación mejor sea más probable, y así cualquier posible revisión deberá presuponer un nivel racional de operaciones. Cuarto, una revisión no es una mera posibilidad sino un hecho consumado sólo como resultado de un juicio de valor y de una decisión. Uno emprende el trabajo con todos sus riesgos de fracaso y frustración sólo porque uno sostiene, no sólo en teoría sino también en la práctica, que vale la pena enderezar las cosas, conocer con exactitud, y contribuir al avance de las ciencias. Así, en la raíz de todo método tiene que presuponerse un nivel de operaciones en el que evaluemos y elijamos responsablemente al menos el método de nuestras operaciones.

Se sigue que hay un sentido en el que la objetivación del patrón normativo de nuestras operaciones conscientes e intencionales no admite revisión. El sentido en cuestión es que la actividad de revisar consiste en unas operaciones concretas de acuerdo con un patrón concreto, de suerte que una revisión que rechace ese patrón equivaldría a rechazarse a sí misma.

Así pues, hay una roca en la que podemos construir. Pero permítanme repetir las características precisas de esa roca. 5 Cualquier teoría, descripción, o explicación de nuestras operaciones conscientes e intencionales se ve obligada a ser incompleta y a admitir ulteriores clarificaciones y extensiones. {20} Ahora bien, todas esas clarificaciones y extensiones han de derivarse de las mismas operaciones conscientes e intencionales. Ellas, en cuanto dadas en la conciencia, son la roca; ellas confirman toda explicación exacta; ellas refutan toda explicación inexacta o incompleta. La roca, pues, es el sujeto en su atención, inteligencia, racionabilidad y responsabilidad conscientes y no objetivadas. Lo importante del trabajo de objetivar al sujeto y a sus operaciones conscientes es que de ahí uno empieza a aprender lo que son éstas y lo que son aquellos.


4. Las Funciones del Método Trascendental

Hemos estado invitando al lector a descubrir en sí mismo el patrón normativo original de operaciones recurrentes y relacionadas que dan resultados acumulativos y progresivos. Ahora tenemos que considerar a qué utilización o funciones les sirve ese método básico.

Primero, pues, está la función normativa. Todos los métodos especiales consisten en especificar los preceptos trascendentales: Está atento, Sé inteligente, Sé razonable, Sé responsable. Pero aun antes de que sean formulados en conceptos y expresados en palabras, esos preceptos tienen una existencia y realidad anteriores en el espontáneo dinamismo estructurado de la conciencia humana. Más aún, así como los preceptos trascendentales se apoyan simplemente en un estudio de las operaciones mismas, así los preceptos específicos categoriales se apoyan en un estudio de la mente operante en un campo dado. La base última tanto de los preceptos trascendentales cuanto de los categoriales será el advertir la diferencia entre la atención y el descuido, la inteligencia y la tontería, la racionabilidad y la irracionalidad, la responsabilidad y la irresponsabilidad.

Segundo, está la función crítica. Todavía continúa el escándalo de que los hombres, aunque tiendan a concordar en las cuestiones científicas, tienden a discordar de la manera más escandalosa en puntos filosóficos básicos. Así, discuerdan respecto a las actividades llamadas conocer, respecto a la relación de esas actividades con la realidad, y respecto a la realidad misma. Sin embargo, las diferencias respecto a la tercera, la realidad, pueden reducirse a diferencias acerca de la primera y la segunda, el conocimiento y la objetividad. Las diferencias respecto a la segunda, la objetividad, pueden reducirse a diferencias respecto a la primera, teoría del conocimiento. Finalmente, las diferencias respecto a {21} la teoría del conocimiento pueden resolverse sacando a luz la contradicción entre una equivocada teoría del conocimiento y la realización actual del teórico equivocado. 6 Para poner el ejemplo más sencillo, Hume pensó que la mente humana era cuestión de impresiones reunidas por la costumbre. Ahora bien, la propia mente de Hume era bastante original. Por tanto, la propia mente de Hume no era lo que Hume consideraba que era la mente humana.

Tercero, está la función dialéctica. Porque la utilización crítica del método trascendental puede aplicársele a cualquier equivocada teoría del conocimiento, ya esté expresada filosóficamente de manera general, ya esté presupuesta por un método de hermenéutica, de investigación histórica, de teología o de desmitologización. Más aún, estas aplicaciones pueden extenderse a las visiones concomitantes sobre la epistemología y la metafísica. De esta manera uno puede determinar la serie dialéctica de posiciones básicas, que confirma la crítica, y de las contraposiciones básicas, a las que la crítica frustra.

Cuarto, está la función sistemática. Porque en la medida en que el método trascendental se objetiva, hay un grupo determinado de términos y relaciones básicas, a saber, los términos que se refieren a las operaciones del proceso cognoscitivo, y las relaciones que conectan estas operaciones entre sí. Tales términos y relaciones son la substancia de la teoría del conocimiento. Ellas revelan la base de la epistemología. Se halla que ellas son isomórficas 7 a los términos y relaciones que denotan la estructura ontológica de cualquier realidad proporcionada al proceso cognoscitivo humano.

Quinto, la anterior función sistemática asegura la continuidad sin imponer la rigidez. Se asegura la continuidad por la fuente de los términos y relaciones básicos, porque esa fuente es el proceso cognoscitivo humano en su realidad concreta. No se impone la rigidez, porque un conocimiento más pleno y más exacto del proceso cognoscitivo humano no se excluye de ninguna manera y, en la medida en que se alcance, se seguirá una determinación más plena y más exacta de los términos y relaciones básicos. Finalmente, la exclusión de la rigidez no es una {22} amenaza para la continuidad porque, como hemos visto, las condiciones de posibilidad de la revisión le pone límites a la posibilidad de revisar la teoría del conocimiento, y cuanto más elaborada la revisión, tanto más estrictos y detallados serán estos límites.

Sexto, está la función heurística. Todo inquirir se encamina a convertir en conocido algo desconocido. Así pues, el inquirir mismo es algo intermedio entre la ignorancia y el conocimiento. Es menos que el conocimiento; de lo contrario no se necesitaría inquirir. Es más que la pura ignorancia, porque hace evidente a la ignorancia y se esfuerza por remplazarla con el conocimiento. Este intermediario entre la ignorancia y del conocer es un tender, y aquello a lo que se tiende es un desconocido que ha de ser conocido.

Ahora bien, fundamentalmente todo método es la explotación de tal tender, porque esboza los pasos por darse si uno ha de proceder desde el tender inicial de la pregunta hasta el conocer final de aquello a lo que se ha estado tendiendo. Más aún, dentro del método es fundamental la utilización de los mecanismos heurísticos. Ellos consisten en designar y nombrar al desconocido al que se tiende, en poner por escrito de golpe todo lo que puede afirmarse acerca de él, y en utilizar este conocimiento explícito como una guía, un criterio, y/ o una premisa en el esfuerzo por llegar a un conocimiento más pleno. Tal es la función en el álgebra de la x desconocida, en la solución de los problemas. Tal es la función en la física de las funciones indeterminadas o genéricas y de las clases de funciones especificadas por las ecuaciones diferenciales.

Ahora bien, el método trascendental cumple una función heurística. Él revela la naturaleza misma de esa función al sacar a luz la actividad de tender y su correlativo, aquello a lo que se tiende, que aun siendo desconocido al menos es algo a lo que se tiende. Más aún, en la medida en que la función sistemática ha proporcionado grupos de términos y relaciones básicos, hay a la mano unas determinaciones básicas que pueden ponerse por escrito de una vez siempre que lo desconocido sea un sujeto humano o un objeto proporcionado al proceso cognoscitivo humano, esto es, un objeto por ser conocido mediante el experimentar, entender y juzgar.

Séptimo, está la función fundante. Los métodos especiales derivan sus normas propias de la experiencia acumulada de los investigadores en sus varios campos. Pero además de las normas propias hay también normas comunes. Además de las tareas en cada campo {23} se dan unos problemas interdisciplinarios. Bajo el consenso de los hombres en cuanto científicos, está su disentimiento en cuestiones de significatividad e interés últimos. En la medida en que los métodos especiales reconozcan su núcleo común en el método trascendental, se reconocerán las normas comunes a todas las ciencias, se alcanzará una base segura para atacar los problemas interdisciplinarios, y se movilizarán las ciencias dentro de una unidad superior de vocabulario, pensamiento y orientación, en la que serán capaces de aportar su contribución significativa a la solución de problemas fundamentales.

Octavo, el método trascendental es pertinente para la teología. Esta pertinencia, por supuesto, está mediada por el método especial propio de la teología y desarrollada a través de la reflexión de los teólogos sobre los éxitos y fracasos de sus esfuerzos pasados y presentes. Ahora bien, este método especial, aunque tiene sus propias clases especiales y combinaciones de operaciones, no obstante es obra de la mente humana que realiza las mismas operaciones básicas con las mismas relaciones básicas que se encuentran en otros métodos especiales. En otras palabras, el método trascendental es una parte constitutiva del método especial propio de la teología, así como es una parte constitutiva de los métodos especiales propios de las ciencias naturales y de las ciencias del hombre. Por verdadero que sea que uno atienda, entienda, juzgue y decida diferentemente en las ciencias sociales, en las ciencias del hombre, y en la teología, con todo, estas diferencias de ninguna manera implican ni sugieren pasar de la atención a la desatención, de la inteligencia a la tontería, de la racionabilidad a la necedad, de la responsabilidad a la irresponsabilidad.

Noveno, los objetos de la teología no se hallan fuera del campo trascendental. Porque ese campo es irrestricto, y así fuera de él no hay absolutamente nada. Más aún, no es irrestricto en el sentido de que las nociones trascendentales sean abstractas, mínimas en comprensión y máximas en extensión; porque las nociones trascendentales no son abstractas sino comprensivas; tienden a todo acerca de todo. Así, lejos de ser abstractas, por ellas es como tendemos a lo concreto, esto es, a todo lo que ha de conocerse acerca de una cosa. Finalmente, aunque por supuesto es verdadero que el conocer humano es limitado, con todo, las nociones trascendentales no son cuestión de conocer sino de {24} tender; ellas han tendido a todo lo que cada uno de nosotros ha logrado aprender, y ellas tienden ahora a todo lo que todavía permanece desconocido. En otras palabras, el campo trascendental es definido no por lo que el hombre conoce, ni por lo que él puede conocer, sino por aquello por lo que él puede preguntar; y sólo porque podemos hacer más preguntas de lo que podemos responder, sucede que conocemos las limitaciones de nuestro conocimiento.

Décimo, el señalarle al método trascendental un papel en la teología no le agrega ningún nuevo recurso a la teología sino que simplemente llama la atención sobre un recurso que siempre ha sido utilizado. Porque el método trascendental es el despliegue concreto y dinámico de la atención, inteligencia, racionabilidad y responsabilidad humanas. Ese despliegue ocurre siempre que alguien utiliza su mente de manera apropiada. De aquí que introducir el método trascendental no introduzca ningún nuevo recurso a la teología, porque los teólogos siempre han tenido mente y siempre la han utilizado. Sin embargo, aunque el método trascendental no vaya a introducir ningún nuevo recurso, le agrega considerable luz y precisión a la realización de las tareas teológicas, y yo confío en que esto se hará evidente a su tiempo.

En undécimo lugar, el método trascendental ofrece una clave para la ciencia unificada. La inmovilidad del ideal aristotélico está en conflicto con el desarrollo de las ciencias naturales, con el desarrollo de las ciencias del hombre, con el desarrollo del dogma, y con el desarrollo de la teología. La mente humana misma se encuentra en armonía con todo desarrollo, pues ella efectúa los desarrollos. Igualmente, la mente humana, que opera en todos los campos y radicalmente de la misma manera en cada uno, se encuentra en unidad en todos los campos, por dispares que sean. A través del autoconocimiento, de la autoapropiación, de la autoposesión que son resultado de explicitar el básico patrón normativo de las operaciones recurrentes y relacionadas del proceso humano cognoscitivo, se hace posible vislumbrar un futuro en que todos los que trabajan en todos los campos puedan hallar en el método trascendental unas normas, fundamentos y sistematización común, así como procedimientos críticos, dialécticos y heurísticos comunes.

En duodécimo lugar, la introducción del método trascendental abroga la vieja metáfora que describe la filosofía como la sirvienta de la teología y la remplaza por un hecho muy preciso. El método trascendental no es la intrusión en la teología de una materia ajena proveniente de una fuente ajena. Su función es advertir el {25} hecho de que las teologías son producidas por teólogos, que los teólogos tienen una mente y la utilizan, que no debería ignorarse ni pasarse por algo que lo hagan así sino que se debería reconocerse en sí mismo y en sus implicaciones. Igualmente, el método trascendental coincide con una notable parte de lo que se ha considerado como filosofía, pero que no es ninguna filosofía ni lo es toda filosofía. Muy precisamente, es una elevación de la conciencia que saca a luz nuestras operaciones conscientes e intencionales y por ello conduce a las respuestas de tres preguntas básicas: ¿Qué estoy haciendo cuando estoy conociendo? ¿Por qué hacer eso es conocer? ¿Qué conozco cuando conozco? La primera respuesta es una teoría del conocimiento. La segunda es una epistemología. La tercera es una metafísica donde, sin embargo, la metafísica es trascendental, una integración de las estructuras heurísticas, y no alguna especulación categorial que revele que todo sea agua, o materia, o espíritu, o proceso, o lo que a uno le plazca.



Queda, sin embargo, el que el método trascendental sea sólo una parte del método teológico. Él proporciona el básico componente antropológico. No proporciona el componente específicamente religioso. Conforme a esto, para avanzar desde el método trascendental hasta el método teológico es necesario agregar una consideración de la religión. Y antes de que podamos hablar de religión, primero debemos decir algo acerca del bien humano y de la significación humana.

1 W. D. Ross, Aristotle’s Prior and Posterior Analytics, Oxford, 1949, p. 14. Ver pp. 51 ss.

2 He presentado más ampliamente este patrón de operaciones en el libro Insight: A Study on Human Understanding (Insight: Un Estudio del Entender Humano), London: Darton, Longman and Todd, y New York: Philosophical Library [11957; 21958, y Colección de Obras de Bernard Lonergan, vol. 3, 51992 (editado por Frederick E. Crowe y Robert M. Doran) Toronto-Buffalo-London: University of Toronto Press], y más abreviadamente en un artículo “Cognitional Structure,” (“Estructura Cognoscitiva”) Continuum 2 (1964), 530-542, reimpreso en Collection: Papers by Bernard Lonergan (Primera Colección), editada por F. E. Crowe, London: Darton, Longman and Todd, y New York: Herder and Herder [11967; y Colección de Obras de Bernard Lonergan, vol. 4, 21988, Toronto: University of Toronto Press. También se relaciona con esto “Philosophical Positions with Regard to Knowing” (1964) (“Posiciones Filosóficas respecto al Conocer”) en Philosophical and Theological Papers (Escritos de Filosofía y Teología) Colección de Obras de Bernard Lonergan, vol. 6, 1996, Toronto-Buffalo-London: University of Toronto Press]. Pero el asunto es tan crucial para nuestra iniciativa actual que debe incluirse aquí algún resumen. Obsérvese por favor que estoy presentando sólo un resumen; que el resumen no puede dar más que una idea general; que el proceso de autoapropiación ocurre sólo lentamente y, de ordinario, sólo batallando con un libro como el Insight.

3 Claude Lévi-Strauss, La pensée sauvage, Paris: Plon, 1962. E. T., The Savage Mind, London: Weidenfeld and Nicholson, 1966.

4 En su libro The Transcendental Method, New York: Herder and Herder, 1968, Otto Muck desarrolla una noción generalizada del método trascendental al determinar los rasgos comunes en las obras de quienes emplean el método. Aunque no tengo objeciones a este procedimiento, no lo considero muy apropiado para entender mis propias intenciones. Yo concibo el método de manera concreta. No lo concibo en términos de principios y reglas, sino como un patrón normativo de operaciones con resultados acumulativos y progresivos. Distingo los métodos apropiados para los campos particulares y, por otra parte, su núcleo y base común, al que le llamo método trascendental. Aquí la palabra ‘trascendental’ se emplea en un sentido análogo a su uso escolástico, porque se opone a lo categorial (o predicamental). Ahora bien, mi modo actual de proceder también es trascendental en el sentido kantiano, en cuanto que saca a luz las condiciones de posibilidad para conocer un objeto en la medida en que ese conocimiento sea a priori.

5 Aparecerá evidente en el capítulo cuarto que todavía no quedado al descubierto la parte más importante de la roca.

6 En mayor detalle, Insight, pp. 387 ss. [COL 3, pp. 412 ss.]; Primera Colección, pp. 203 ss.

7 Este isomorfismo se apoya en el hecho de que un mismo proceso construye a la vez los elementales actos de conocer en un conocer compuesto, y los objetos elementales del conocer en el objeto compuesto.


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