Aviso, algunos que lean esto pensarán que no tiene ningún sentido y subrayarán en sus mentes una sentencia tan tajante como "estás loco", pero es que entonces no conocen el verdadero poder de la locura



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¿LOCO? ¿YO?

Aviso, algunos que lean esto pensarán que no tiene ningún sentido y subrayarán en sus mentes una sentencia tan tajante como "estás loco", pero es que entonces no conocen el verdadero poder de la locura. Para ellos, encadenar metáforas indefinidamente en un mundo abstracto, es una locura. Permanecer encadenado en un mundo donde eres dueño y señor de tus propias ideas, es una locura. Surcar remando en una barca construida con la savia bruta del corazón sobre los mares de tus venas, es una locura. Ser la mayor autoridad, el dictador y el esclavo de palabras, argumentos y razonamientos lógicos o ilógicos, es una locura. Sumergirse en un mar de dudas y bucear agarrado a la aleta de un delfín para resolver dichas dudas, es una locura. Robarle los ojos al mundo para averiguar qué se esconde detrás de la puerta de todas las mentiras, es una locura. Para ellos, la falta de comprensión ante un mundo de huellas, relámpagos, tambores y niebla, es una locura. Dormir acurrucado en una cama de nubes de algodón mientras la luna menguante modifica su rostro cada noche acariciando el tuyo para abolir tus pesadillas diarias, es una locura. Mantener una conversación con el eco sordomudo del silencio, en las cuerdas rotas de la mente, es una locura. Cabalgar los cielos a lomos del unicornio alado que apresaste con un cazamoscas, es una locura.

Emborracharse con copas de nostalgia sin hielo, ver cómo se convierten en lluvia de ceniza las flechas desquebrajadas de cupido, ahogarse en un reloj de arena en el desierto de una determinada parte del alma, enfrentarte a lamentos púrpuras, vientos azules y colores azotados en tus ojos sin vida, psicoanalizar el ruiseñor que cada mañana picotea los ventanales de agua brava de tu cuarto y sentir que Alonso Quijano anidó en tus entrañas, es estar loco.

En definitiva, si leyendo esto afirmas que estoy loco, no me sorprenderé, es más, lo esperaba, el que avisa no es traidor y yo lo avisé, pero decidme: ¿Quien está más loco?¿El loco propiamente dicho que comprende tu mundo, o tú que no comprendes el mundo del loco?¿Este chaval trémulo intoxicado con el lúpulo de la imaginación, al sentir su alma florecer ante una hoja de papel, o los que se pasan las horas muertas ante una pantalla de televisión?.

Yo también veo la televisión, pero mi televisor es de otro tipo, estaré loco pero tengo un televisor en el techo de mi habitación. No sé qué hora es, pero creo que es tiempo de descansar el cuerpo, apago toda la iluminación existente y me tumbo en la cama, miro ese infinito y profundo techo de mi habitación y enciendo su tele. Aquí no hay concursos de preguntas absurdas y otras imposibles que sus presentadores desconocen, ni debates inservibles en donde tan solo eres capaz de captar la elevación del volumen de sus voces, tampoco hay entrometimientos en vidas ajenas que no interesan en absoluto, al ser como cualquier otra, los mismos problemas que los de tu vecina de enfrente, que del de las dos calles más arriba, ¿O acaso lo queréis ver para justificar vuestra propia vida?¿Acaso os da morbo la intimidad personal? Seguro. No hay anuncios para que gastes todo tu dinero en objetos innecesarios e interminables como los anuncios, haciéndote cambiar de cadena, ver todas las que puedes captar y al final no poder decir nada de lo que has visto. Triste. Jamás habrá horas que te parecerán que se han repetido porque has estado mirando durante horas las mismas imágenes, no hay cuchillos que pueden cortar zapatos y después un tomate, ni aparatos de obsesiones tan vivas como las palabras que hacen que te sientas peor con tu cuerpo.

La televisión de mi techo es muy diferente a la del resto de las televisiones que se encuentran en cada salón y también diferente a la del resto de televisores de cada techo, en cada techo el canal es distinto a los del resto, según las preocupaciones del día.

Hoy en Teletecho echan los remordimientos de un asesino, un amanecer imposible, el estrechamiento de dos manos hoy separadas por la distancia, la cabeza de un toro, la discusión de dos amigos, la escena de un perro ahorcado junto a los malos pensamientos de su ejecutor, la "auto" culpabilidad de un joven conductor de dieciocho años tras morir uno de sus amigos en un accidente en el que él conducía, la imposibilidad de llegar a fin de mes, un teléfono que nunca sonó y que nunca sonará, la desertización de los bosques de una localidad determinada del alma, la mirada de alguien que no desea vivir como lo hace, unas manos temblorosas que sujetan una katana ensangrentada, los arañazos de un político encerrado en un zulo, el rincón de un árbol que ha nacido solo, sin compañía, el mechero alocado de un pirómano, las lágrimas de la mujer de un torero, los ojos de alguien que busca la luna y no la encuentra, las esponjosas olas de los mares celestes que aniquilan todas las estrellas del manto, el sufrimiento del príncipe de la bella durmiente que nunca despertó, todo fue un cuento, el humo errante de un cigarro que se consume incansablemente.

Así que aquellos que os entretenéis en la televisión que está en vuestro salón, a esos a los que no les importa que las conversaciones se acaben, miraos a vosotros, mirad en el infinito y oscuro techo de vuestra habitación, encended su televisor y ya me contáis quien está más loco.



Agustín Rubio García


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