Autos: D, A. M fecha: 26/09/2006



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Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Sala V

Autos: D, A.M

Fecha: 26/09/2006

Sumario: Corresponde el sobreseimiento de una maestra quien habría mantenido relaciones sexuales consentidas con un menor de catorce años, quien habría sido el iniciador de la acción, dado que la figura penal implica necesariamente la falta total de consentimiento de parte del sujeto pasivo.


Vocablos: ABUSO SEXUAL – ABUSO SEXUAL CON ACCESO CARNAL – CONSENTIMIENTO – MENOR DE EDAD – MADUREZ SEXUAL – PRUEBA – TIPICIDAD – ACCION PENAL – SOBRESEIMIENTO

2ª Instancia. — Buenos Aires, septiembre 26 de 2006.

Y Vistos y Considerando: I. Llega a estudio y decisión de la Sala esta causa, en virtud del recurso de apelación introducido por la defensa de A. M. D. contra el auto de fs. 315/322, mediante el cual se la procesa en orden al delito de abuso sexual simple, y se embargan sus bienes hasta cubrir la suma de pesos doce mil sesenta y nueve con sesenta y siente centavos ($12.069,67).

Conforme se puede apreciar del expediente, se imputa a A. M. D. haber mantenido, durante el año 2004, relaciones sexuales con el menor A. A. L. — por ese entonces de catorce años de edad— , quien era alumno de la mujer en la escuela n° 19 de esta ciudad (Escuela de Formosa). Tal como se desprende de la atribución delictiva, D. se habría aprovechado de su condición de maestra de L., y en tal marco lo habría seducido, prestándole una especial atención debido a la particular situación familiar de éste — en dicha época vivía en un hogar de niños, por disposición de un juez civil— .

Una vez iniciada la relación amorosa, se habrían frecuentado asiduamente en el Parque Patricios de esta ciudad y, en el mes de septiembre de 2004, concretaron ciertos encuentros en el domicilio de la imputada donde, en al menos dos oportunidades, habrían mantenido relaciones sexuales. Conforme lo expusiera el juez de instrucción en su decisión, la imputada, para mantener el contacto con el menor, habría abierto dos casillas de correo electrónico, vía por la cual la comunicación, que era diaria, contenía propuestas de encuentros amorosos, planteos de la relación y diversas cuestiones relativas a la sexualidad. Esta situación, finalmente, habría provocado que el menor varíe su conducta y que su rendimiento en el colegio baje, lo cual preocupó a quienes efectuaban su seguimiento judicial y motivó, finalmente, el inicio de esta causa.

II. El juez consideró probada la imputación dirigida a A. M. D. y por ello la procesó en orden al delito de abuso sexual simple. La apelación incoada por defensa originó la intervención de este Tribunal, que, luego del cumplimiento de la audiencia del artículo 454 del C.P.P.N, se encuentra en condiciones de resolver el caso.

III. A criterio de los suscriptos, el procesamiento dispuesto luce desacertado, pues, en el caso concreto, no se advierte delito alguno.

En esa dirección, bien ha delineado el asunto el señor fiscal general (fs. 341/342), y sus argumentos son compartidos por la Sala.

En efecto, en primer término cabe coincidir con la crítica dirigida a la calificación legal escogida (art. 119 del C.P.). Todas las figuras de abuso que tienen su apoyo en la figura básica del mencionado artículo 119 del código de fondo, poseen un denominador común: la ausencia total de consentimiento por parte del sujeto pasivo, sea por la edad, la utilización de métodos violentos, coactivos, intimidatorios, o por cualquier vía que implique la imposibilidad de prestar aquiescencia de manera libre.

Ninguno de estos casos se da en la especie. La instrucción llevada a cabo en la primera instancia ha permitido corroborar que no ha existido ninguno de los extremos mencionados, e incluso debe descartarse — pues no existe el más mínimo dato que lo avale— que la relación maestra-alumno, haya sido utilizada de algún modo por D. para lograr el contacto sexual con el menor.

Si bien no parece haber dudas en punto a la real existencia de las relaciones sexuales entre ambas personas (las copias de los correos electrónicos, y la versión ofrecida por el menor son elocuentes; ver fs. 8/36, 60/85 y 221/230), lo cierto es que L. se hallaba en indudables condiciones de consentirlas. Tan es así que existe prueba que apuntala la idea de que ha sido el menor quien tuvo la iniciativa; lo expuesto por éste al momento de llevarse a cabo su entrevista a tenor del artículo 250 bis del C.P.P.N. (fs. 221/239), y la conclusión del informe que obra a fs. 253/255 — que relativiza, entre otras cosas, una posible inducción de la imputada— así lo demuestran.

En la primera de las piezas — que transcribe el estudio efectuado en Cámara Gessel— , se puede leer que, ante las preguntas de la profesional, el menor sostuvo que fue él quien comenzó la relación, y quien sedujo a la mujer. Hizo alusión, además, que le llevó un tiempo pues D., según sus palabras, "lo quería como a un hijo" y que se negaba a mantener relaciones (le decía que lo que hacían estaba muy mal), mas la situación, obviamente, cambió con posterioridad. Este cambio fue motivado por el menor, quien insistía al efecto hasta el punto de llorar (fs. 223 vta.).

En la segunda, que debe analizarse como complemento de aquella, se ha concluido en que A. L. puede discriminar entre fantasía y realidad y, entre sus fundamentos, se advierte que se ha descartado una posible fabulación de su parte (fs. 254). El informe médico psiquiátrico, además, sustenta esta conclusión, descarta la existencia de signos o síntomas de estrés postraumáticos, e incluso considera al menor con recursos defensivos suficientes para afrontar una situación como la vivida (ver fs. 259/261).

En síntesis, debe aceptarse que lo comunicado por aquél al momento de ser entrevistado se ajusta a la realidad; sobre todo, cuando no existe dato alguno que lo contradiga.

Queda claro, así, que L. podía consentir — y de hecho lo hizo— , las relaciones sexuales entre ambos.

Tampoco se da en el caso la conducta que prevé y reprime el artículo 120 del código de fondo. En efecto, este artículo presupone, de parte de la víctima, una inexperiencia o inmadurez sexual que, en el supuesto concreto de análisis, no existe.

Por un lado, la figura exige una inmadurez sexual que, como se dijo, L. no poseía (se había iniciado en la materia con anterioridad; ver fs. 227/228) y, por el otro, un aprovechamiento de tal circunstancia de parte del sujeto activo. Este aprovechamiento no es presumido con carácter vinculante por la ley, sino que debe se probado en cada caso.

Un análisis de ambos extremos descarta la posibilidad de estupro. A. A. L. no era inmaduro sexualmente y, aun en caso de asumir que lo era,

no existe dato alguno que permita sostener que A. M. D., aprovechándose de ello, lo sedujo.

Por ello, entonces, la Sala estima que no existe delito alguno en esta causa, y por ello, más allá de lo inconveniente que pueda resultar una relación como la que la originara — ello, analizado desde cualquier punto de vista, menos desde el Derecho Penal— , lo cierto es que corresponde poner fin a este expediente.

1) Revocar la resolución de fs. 315/322 en cuanto procesa a A. M. del H. D. y, en consecuencia, disponer su sobreseimiento en esta causa, dejando expresa mención que la formación del sumario en nada ha afectado su buen nombre y honor (art. 336, inc. 3°, del C.P.P.N.).

2) Declarar abstracto el tratamiento de la apelación introducida respecto del embargo.



Devuélvase y sirva la presente de atenta nota. — Rodolfo Pociello Argerich. — Mario Filozof. — María L. Garrigós de Rébori.




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