Arturo Yarish ¿Todo lo viejo es nuevo otra vez? O por qué leer a Ferdinand Pecora



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Historia económica… ¡indispensable!



En alguna parte Hegel sostiene que todos los hechos y personajes de gran importancia en la historia mundial ocurren dos veces... la primera como tragedia, la segunda como farsa. El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Karl Marx

Pregunto: G.W. Bush por Herbert Hoover?

Las reflexiones de Marriner Eccles en torno a las causas de la Gran Depresión se leen como un repaso de muchos de los mejores y más agudos análisis preparados en los últimos dos o tres años, algunos de los cuales se citan en la sección de lecturas recomendadas del presente ensayo. Si bien los nombres de los instrumentos financieros y las prácticas de inversión han cambiado desde que Eccles presidiera el Banco de la Reserva Federal, las estrategias actuales de especulación financiera mediante la creación de deuda siguen enmarcadas en las mismas nociones ingeniosas del potencial de crecimiento ilimitado de las operaciones comerciales a través de métodos basados en la ampliación de la deuda o el apalancamiento financiero28, en el que los especuladores recurren a un pequeñísimo monto de fondos de inversión para solicitar en calidad de préstamo la parte más jugosa del precio total de bonos u otros títulos o instrumentos financieros para hacer grandes inversiones (Ver Meltdown 101 o Elementos básicos del colapso financiero29). En el mercado bursátil este método de financiación de deuda se ha conocido como comprar a margen.30


A la constante solicitud de préstamos para comprar o hacer inversiones, seguida de la solicitud de préstamos para comprar todavía un poco más, le llegó el día del juicio final. El incentivo para solicitar préstamos en la actual economía capitalista se encuentra integrado al sistema mediante el mantenimiento de la tendencia inflacionaria que se desarrolló de manera consciente como resultado del gasto estimulado por la deuda durante el período del New Deal. Ese sesgo inflacionario, que el Fed pretende controlar y mantener dentro de un rango aceptable, alienta a los trabajadores en las corporaciones a contratar deuda porque todos suponen que ésta se pagará con una moneda más barata en el futuro. De esta manera, los préstamos, sean para comprar acciones a margen (préstamos de banco o de intermediario) o préstamos bancarios para comprar una casa con una baja cuota inicial, implican tácitamente el prestatario asume una apuesta doble: primero, que el precio de la compra, sean acciones o una casa, subirá; segundo, que su fuente de ingresos también subirá. Si estas dos variables no se mueven en la dirección esperada y el prestatario no disponer de fondos para pagar el préstamo, incurrirá en una moratoria. La propiedad, en el caso de una vivienda, será reclamada el propietario de las acciones tendrá que venderlas a un precio más bajo para satisfacer la demanda de pago del prestamista o el “margen”. En cualquiera de los casos, el dueño original perderá la propiedad. Además, si la tendencia general en el mercado de viviendas, autos o títulos es vender, caerán los precios. Si no aparecen otros compradores en el mercado, los precios caerán aún más rápido y más bajo.
Desde mediados de 2007, la masiva moratoria que obedece a toda las razones descritas por Eccles en sus memorias revela las causas subyacentes de esta nueva contracción económica que se intensifica con toda rapidez y que muchos empiezan a llamar recesión o incluso depresión. Una vez más, al igual que en la década de 1930, la crisis de nuestros tiempos se expande por razones similares, que pueden reducirse en el sentido financiero a la frase con la que Hyman Minsky describió el extremo apalancamiento, los préstamos para pedir prestado o el establecimiento de pirámides al estilo del esquema Ponzi.31 Podemos pensar en las pirámides de deuda o el esquema Ponzi como en un plan de prestatarios y prestamistas para acumular deuda, multiplicarla mediante sucesivos préstamos con la esperanza de que los primeros compromisos se verán satisfechos cuando se venda la propiedad hipotecada o el colateral (acciones o una casa), o bien solicitando un préstamo más en el futuro.
Generar deuda para pagar deuda constituye un supuesto fundamental del estilo actual de banca e inversión. Ya que se practica en casi todas las instituciones financieras bajo las denominaciones reducción de riesgo y gestión de riesgo, el prestatario adicto supone que podrá pagar una deuda vieja gracias a una venta de moneda inflada a un precio más alto o mediante un préstamo nuevo. Hoy, las innovaciones financieras internacionalizadas y más elaboradas para el reciclaje de la deuda han resultado en el empaquetamiento de préstamos de toda clase y calidad en valores que se transan en el mercado abierto. Estas estrategias multiplicadoras de deuda también se basan en lo que alguna vez se llamó la teoría del tonto más tonto: los vendedores dan por sentado que siempre habrá alguien más tonto en el mercado interesado en comprar a un precio más alto y, por ende, el vendedor que puede ser igualmente tonto, espera vender a otro tonto aún peor.


¿Cómo pudo pasar? Y no es la primera vez…

Revisemos y actualicemos las reflexiones de Eccles acerca de las causas de la Gran Depresión: seis argumentos que vale la pena recordar a la luz de la realidad de nuestro tiempo.




  • La producción masiva debe verse acompañada del consumo masivo; el consumo masivo, a su vez, implica la distribución de la riqueza, no de la riqueza existente sino de aquella que se está produciendo, para dar al ser humano (...) poder adquisitivo. Jack Rasmus y otros autores señalan que en los últimos 30 años, desde alrededor de mediados de la década de 1970 hasta la fecha, los salarios de los trabajadores se han congelado o han decaído. En el mismo período, se ha transferido sistemáticamente alrededor de 1 billón de dólares cada año de las familias trabajadoras usamericana es de ingresos bajos y medios al 1% más acaudalado de la población.




  • Para 1929 una gigantesca ventosa había succionado una creciente proporción de la riqueza producida y la había limitado a unas cuantas manos. Un parecido drenaje de ingresos y riqueza de los salarios y los ahorros de los trabajadores durante los últimos 25 años está teniendo el mismo efecto. (Ver Rasmus y otros autores citados en la sección de lecturas recomendadas).




  • La acumulación de capital concentra la creciente riqueza en las manos de unos cuantos. Desde el aminoramiento de la carga fiscal de los ricachones durante el gobierno de Reagan y las crecientes tasas de productividad y salarios miserables de los trabajadores, las familias trabajadoras se han quedado con un poder adquisitivo significativamente menor como única vía para cubrir el altísimo costo de la vida.




  • La excepcional expansión de la deuda fuera del sistema bancario (las negritas son mías)... que en gran medida adoptó la forma de hipotecas para viviendas, oficinas y hoteles, deuda en cuotas por consumo, préstamos para agentes y corredores, y deuda externa. En un entorno en el que los salarios de los trabajadores han estado congelados durante los últimos 30 años, la tasa de ahorro ha caído a cero y a veces incluso a números negativos, las familias trabajadoras han tratado de mantener su nivel de vida solicitando préstamos en los que ponen de garantía su vivienda y mediante el contrato de hipotecas reversibles, además de pagar todo con tarjeta de crédito. Al mismo tiempo, los gobiernos federal y locales de Usamérica incrementaron la deuda pública al solicitar préstamos nacionales e internacionales al tiempo que el gobierno federal ampliaba el déficit presupuestal, mantenía un creciente déficit comercial, incrementaba el gasto militar y la tasa general de impresión de billetes (Ver Joseph Stiglitz).32 Además, los paraísos fiscales creados fuera del control de los reguladores de la banca usamericana han llevado cuantiosas transacciones financieras más allá del control del Fed.




  • Llegó el momento en el que se acabaron las fichas de póker para jugar a crédito. Así, los deudores se vieron obligados a reducir su consumo. Hoy podríamos escribir exactamente las mismas palabras mientras los bancos rehúsan prestar y los consumidores ya no pueden solicitar préstamos. El desempleo afectó aún más el consumo de bienes que, a su vez incrementó el desempleo. El índice actual de desempleo es el más alto registrado desde 1983 y actualmente crece a un ritmo de aproximadamente medio millón de personas al mes, por lo que se espera que supere el 10% en el transcurso de este año.

Con unas cuantas diferencias de terminología y sintaxis, los principales argumentos de Eccles sintetizan en líneas generales la secuencia de eventos que marcan los pasos hacia la crisis económica que hoy se expande y profundiza en Usamérica, y viaja rápidamente por todo el mundo gracias a las redes financieras y de comercio neoliberal.


Curiosamente, los aclamados maestros de las finanzas parecen haber sido tomados por sorpresa, desde el confeso arrepentido Alan Greenspan,33 presidente del Fed durante largo tiempo, hasta Ben Bernanke, actual presidente del Fed y alabado estudioso de la Gran Depresión, y Henry Paulson, último jefe del Departamento del Tesoro usamericano y ex presidente de Goldman Sachs, e incluso Robert Rubin. Aparte de Ben Bernanke, tal vez todos estaban influidos por la proclamación de Henry Ford según la cual la historia es una bobada, pero quizás simplemente se les pasó leer las memorias de Eccles, publicadas en 1951.
Aparentemente, muchos de los que pertenecen a los círculos de liderazgo en el ámbito de las finanzas han hecho caso omiso, malinterpretado o diferido de las lecciones de largo aliento de la historia económica. Sin duda, si nos concentramos en la historia de las crisis del mercado financiero, veremos que estas personas confiaron en haber escapado a las limitaciones de la vieja teoría capitalista clásica y sus inevitables realidades inherentes. Su conocimiento colectivo y acumulado de los mecanismos del mercado, su confianza ciega en los modelos económicos por computadora y las estadísticas con las que los alimentan, su refinamiento en cuanto a la predicción de riesgos, la gestión de riesgos y las estrategias para aminorarlos, todo ello se basó erróneamente en los falsos supuestos de su convicción cerrada y casi religiosa en la fallida noción de que eliminar los obstáculos del mercado puede, por sí mismo, bastar para superar los problemas inherentes al modo de producción y distribución económica y reproducción social capitalista, algo que Eccles hace patente en sus memorias.
Si bien Eccles sintetiza metódicamente los principales problemas económicos y financieros que han producido la contracción económica internacional de mayores proporciones del siglo pasado, parecería que los neoliberales de hoy, republicanos y demócratas, estaban seguros de que las nuevas relaciones financieras y comerciales de alcance mundial que promovían y forzaban dentro de la economía del planeta garantizaban una renovada confianza en la posibilidad de superar a la historia y a la teoría. El lema triunfante de los neoliberales, “No hay alternativa” al capitalismo (TINA, por sus siglas en inglés), mezclado con la promulgación del fin de la historia actualmente se levanta como el testimonio condenatorio de su propio engaño que acompaña a las igualmente absurdas nociones de una economía postindustrial e ingrávida. No obstante, en el mundo real, más allá de las ilusiones de los elitistas, cada vez más personas trabajadoras alrededor del mundo buscan alivio y formas de escapar de la miseria que representan las largas horas de esfuerzo físico que sólo sirve para enriquecer a unos cuantos. Una vez más, pero en escala internacional, la capacidad del sistema capitalista y su necesidad de incrementar las ganancias a costa de una pobreza aplastante ha paralizado y congelado el proceso de reinversión financiera.
Al ignorar o minimizar las advertencias keynesianas para mantener cierta relación razonable entre las crecientes tasas de productividad del trabajo y la actual distribución del ingreso, los monetaristas neoliberales, particularmente aquellos que se agrupan en la escuela de Chicago, parecen haber perdido de vista o simplemente haber hecho caso omiso de la relación vital entre la capacidad productiva y la capacidad de los trabajadores de comprar aquello que fabrican. Suponiendo además que los capitalistas corporativos pudieran vender productos y servicios con éxito en mercados mundiales cada vez más amplios, deliberadamente empujaron a la baja los salarios internos, lo que redujo todavía más el poder adquisitivo de los trabajadores usamericanos. En efecto, los imperialistas de la globalización neoliberal abandonaron a la población nacional en nombre de la mano de obra barata y la esperanza de abrir mercados en el exterior. Ya desde el principio de este perverso juego muchos sindicalistas astutos se refirieron al plan neoliberal como “la carrera hacia el fondo” del barril económico mundial. Es posible que aún no hayamos tocado fondo.
Pareciera que si para la década de 1980 los capitalistas corporativos usamericanos, sus asesores y sus imitadores elitistas en otros países se habían convencido por completo de haber alcanzado la cumbre indómita de la influencia política y económica, la amplia adherencia y cooperación, la hegemonía34 tal como la concebía Antonio Gramsci, entonces sintieron que podían operar con toda seguridad en un sistema cada vez más autogestionado de acumulación de capital trasnacional que podía orientarse desde las finanzas y manipularse astutamente dentro de las fronteras tipo burbuja de la teoría monetarista del neoclasicismo que goza de protección militar.


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