Arturo Yarish ¿Todo lo viejo es nuevo otra vez? O por qué leer a Ferdinand Pecora



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Destrucción creativa” o destrucción a secas

Desde la derrota aplastante de Usamérica en Vietnam los neoliberales han recurrido a la astucia y al engaño para llevar las ideas de la destrucción creativa del capitalismo22 que propusiera Joseph Schumpeter al aterrador absurdo de la economía y la cultura. Al hacer de la destrucción creativa un componente integral del crecimiento económico nacional que se sintetiza en la flagrante realidad de los repetidos y costosos bombardeos para beneficiar a la expansión corporativa, expone el punto final del sistema. Desde la destrucción de la base productiva de la economía nacional hasta el intento por destruir la soberanía de cualquier nación que se oponga a su voluntad política y a sus mandatos económicos, los imperialistas usamericanos de ambas alas del capitalismo corporativo demostraron su desdén por los principios y las prácticas de capitalismo de “libre” mercado y los fundamentos de la democracia que tanto decían defender. Al suponer con arrogancia que podría valerse del enorme poder económico y militar de la nación para convencer a sus principales socios comerciales de someterse a su voluntad, la élite corporativa en el poder coaccionó a aquellos que no creyeron o no se dejaron seducir, y en el proceso de socavar las operaciones del capitalismo clásico de mercado, los “globalizadores” corporativos neoliberales, los imperialistas, se paralizaron tras paralizar a la economía nacional con sus prácticas corruptas y autoritarias, creando así muchos enemigos y muchos más escépticos. La observación de Schumpeter acerca de la capacidad de destrucción creativa del capital, hoy bajo mandato de la élite corporativa neoliberal, sugiere un atemorizante significado dual mientras destruye su cultura política y económica a fin de dar forma a un Estado corporativo.




La agresión económica militarizada tiene consecuencias políticas, económicas y culturales de largo plazo

A través de su prolongado apetito de dominio político y económico internacional, los imperialistas corporativistas usamericanos también perdieron de vista el hecho de que estaban creando y ampliando un círculo que integraba a sus rivales económicos más formidables. Cometieron errores en su última aventura por controlar el petróleo en Oriente Medio como el lubricante de la producción moderna y principal fuente de ingresos para la manipulación financiera internacional. Entre 2001 y 2003, cuando se evidenció la sed de dominio militar y económico de la élite neoliberal usamericana, los miembros de la coalición de los obsecuentes se preocuparon cada vez más por cuál de ellos sería el siguiente objetivo de ataques en nombre de alguna transgresión a las reglas diseñadas por Usamérica para el orden corporativo mundial, y muchos empezaron a adoptar posturas defensivas y a trabajar en la formulación de alternativas.


Conforme los antiguos escépticos y partidarios ciegos de las políticas imperialistas usamericanos abrieron los ojos y comprendieron las consecuencias destructivas de las agresiones expansivas neoliberales usamericanas en lo militar y lo económico, a la par que los críticos y las cada vez más numerosas víctimas del imperialismo usamericano, empezaron a buscar relaciones económicas alternativas dentro y fuera del orden capitalista. Mientras la República Popular China se dedicó a buscar recursos y otros socios comerciales alrededor del planeta, los pueblos latinoamericanos llevaron democráticamente al poder a socialistas y populistas, e intentaron crear monedas, bancos y mercados regionales.23 Todos, incluidas Rusia y Europa, buscan activamente relaciones alternativas que reduzca su dependencia de los métodos financieros usamericanos y sus interesadas instituciones al tiempo que tratan de proteger sus economías del impacto del desastre económico desatado por Usamérica. Tal como sucedió en la era napoleónica cuando la expansión francesa a través Europa inspiró la formación de nuevos Estados-Nación y detonó la reacción monárquica de Metternich, la actual agresión del Estado corporativo imperialista y nacionalista podría estar dando pie a la formación de coaliciones alternativas de resistencia política y económica ante la ofensiva económico-militar usamericana en pos del dominio mundial que, a su vez, intensifica la crisis interna del capitalismo usamericano.
Actualmente, las estrategias han adoptado la forma del desarrollo de mercados de recursos alternativos, ajustes de las relaciones comerciales y la búsqueda de métodos financieros opcionales y viables para equilibrar los mercados. La búsqueda de estrategias para sustituir ciertas divisas y realizar operaciones en los mercados definitivamente pondrá a prueba la factibilidad de nuevos paquetes monetarios y procedimientos de trueque confiables que, en general, tenderán a reducir la influencia del dólar usamericano en los años por venir. El efecto combinado de estos experimentos regionales e internacionales alternativos de tipo mercantil y financiero reducirá el valor del dólar usamericano y obligará a las corporaciones de este país a modificar sus estrategias expansionistas basadas en la otrora ilimitada circulación de dólares usamericanos como moneda común en las transacciones comerciales internacionales.


De la indagación a la crítica abierta

A medida que se evidencian las consecuencias sociales y económicas de la crisis en expansión, las crecientes preocupaciones se expresan con mayor intensidad en las principales reuniones financieras y de comercio internacional de corte neoliberal. Los primeros cuestionamientos, formulados como preguntas diplomáticas y corteses, provenientes de cada vez más dirigentes de los países capitalistas encuentran una manifestación cuyo estruendo crece y enfatiza la crítica abierta acerca de los efectos expansivos de una deuda usamericana que se multiplica de manera vertiginosa24 y su igualmente expansiva oferta de dinero. Entre las muchas declaraciones recientes que manifiestan preocupación por parte de diversos dirigentes prominentes y representantes de los principales socios comerciales de Usamérica ninguna ha sido más penosa o puntual que la expresada por el ex presidente mexicano Ernesto Zedillo, quien habló con franqueza y claridad en Davos en febrero pasado para verbalizar las profundas inquietudes de muchos de los defensores del libre comercio. En su reportaje desde Singapur, Edmund Ng cita las palabras de Zedillo:


Usamérica necesita demostrar de alguna manera que cuenta con un plan para resolver sus problemas fiscales... Nosotros, como países en desarrollo, necesitamos saber que no seremos desplazados de los mercados de capital, algo que ya está sucediendo.” Zedillo afirmó que Washington, a diferencia de la mayoría del resto de los gobiernos, tenía la opción de simplemente imprimir más billetes, porque el dólar es la moneda de reserva del resto del mundo.25
Ante otros comentarios sobre las tensiones esperadas en el capital y los mercados internacionales de deuda debido a los constantes préstamos solicitados por Usamérica para financiar el plan de estímulo económico propuesto por los demócratas, la edición del New York Times del pasado 2 de febrero señala:
Ernesto Zedillo, ex presidente de México y funcionario que ayudó a sacar a su país de la crisis financiera en 1994, señaló que los países en desarrollo ya enfrentan dificultades para encontrar el capital necesario sin competir con las solicitudes de préstamos que cada vez más provienen de Usamérica. Además, afirmó que su país no tiene la opción de imprimir billetes, ya que el peso mexicano no constituye una moneda de reserva, como sí lo es el dólar.26
Después, de manera por demás veloz, se escucharon dos campanadas de alarma respecto a la futura situación y valor internacional de intercambio del dólar. El 14 de marzo el New York Times reportó que Wen Jiabao, Primer Ministro chino, manifestó su temor acerca del valor del billón de dólares que el Tesoro usamericano debe a su país: “Hemos prestado una cantidad enorme de dinero a Usamérica. Claro que nos preguntamos por la seguridad de nuestros activos. Para ser sincero, estoy algo preocupado”.
Cuatro días después de los lacónicos comentarios del Primer Ministro chino, Reuters reportó:
Avinash Persaud, especialista en divisas y miembro del Panel de las Naciones Unidas para la Reforma Financiera,27 comentó que el panel discutiría una propuesta para crear algo parecido al viejo ecu o unidad de moneda europea, cesta de monedas intercambiable. Persaud, presidente de la consultora Intelligence Capital y ex jefe de divisas en JPMorgan, dijo que la recomendación se ubicaría en un grupo de recomendaciones enviadas a las Naciones Unidas el 25 de marzo por parte de la Comisión de Expertos sobre la Reforma Financiera Internacional de la ONU. “Es un buen momento para transitar a una moneda de reserva compartida”, opinó.
En la atmósfera políticamente carga y agravada por los temores del proteccionismo usamericano y los problemas que representan los constantes préstamos, los cuales han sido manifestados de manera más abierta y asertiva por parte de sus socios comerciales neoliberales más cercanos en las reuniones internacionales de mayor envergadura y en medio de las crecientes presiones de la profunda debacle económica, cabe preguntarnos:

¿Todo lo viejo es nuevo otra vez?


¿Nos encontramos en el umbral de una redefinición económica mundial, una renovada rivalidad capitalista internacional o, quizás, una transformación?
Dos puertas: ambas conducen más allá del capital, una más allá de la democracia y la otra a su revitalización popular.


¿Trascender a Keynes?

Volver a visitar el pasado más distante: ¿estamos inmersos en una combinación de lo vivido entre 1907-1908 y 1929-1930 en una escala mundial?


¿Las similitudes de estas tres grandes crisis del capitalismo bastan para ayudarnos a entender el alcance cabal de la experiencia? O, siguiendo las advertencias de George Santayana, ¿estamos obligados a repetir nuestros errores y, añadiría, si no podemos aprender de nuestro pasado la repetición de los errores tendrá consecuencias parecidas aunque terriblemente intensificadas?
Antes de presentar un repaso sintético de las circunstancias que marcaron el llamado “pánico” de 1907, sería útil revisar el alcance de los dramáticos hechos históricos del período que va de la primera década del siglo XX hasta las condiciones que nos condujeron a la Gran Depresión. Me argumento es que en el contexto de las cambiantes relaciones entre las fuerzas internacionales de ayer y de hoy, los entornos históricos usamericanos tanto de los eventos como de las soluciones aplicadas se encuentran íntimamente relacionados y que los conocimientos económicos prácticos adquiridos tras la primera crisis de la era industrial del siglo pasado parecen haber hecho caso omiso de la segunda crisis, algo que sigue nutriendo el estilo y los métodos que actualmente aplican los funcionarios gubernamentales usamericanos en su afán de contener la actual contracción económica.
El pánico de 1907 marcó el inicio de un nuevo tipo de descomposición financiera en el apogeo de la primera revolución industrial usamericana y el inicio de la segunda. Los muchos errores de cálculo económico y financiero, los momentos de avaricia individualista y la miopía política de aquel período condicionaron las circunstancias de lo que yo llamo la larga guerra mundial, periodo que se desarrolló en dos etapas entre 1914 y 1945 abarcando el paréntesis cataclísmico económico de la Gran Depresión y que coincide, no por accidente, con el período de entreguerras. Además, los enfoques nacionales para resolver la crisis económica de la década de 1930 alimentaron las teorías, la lógica y las prácticas de intervención gubernamental que prevalecen hoy en día.


El entorno

En aquel momento el capitalismo estaba en proceso de mutación, tal como se encuentra en la actualidad. Durante aquel período de larga guerra, la transición de una base agrícola a una economía plenamente industrial ya se había consolidado en Usamérica, Alemania y Japón. Las nuevas potencias industriales desafiaban a la tradicional estatura imperialista británica. La rivalidad cada vez más intensa entre los grandes capitalistas se agudizó por los procesos revolucionarios en México, China y Rusia que se vieron acompañados por brotes similares aunque frustrados en Italia y Alemania después de la Primera Guerra Mundial: todos esos procesos se dieron a la par del auge capitalista y condicionaron la segunda etapa de la larga guerra mundial. El centro gravitacional del orden industrial mundial también estaba en proceso de cambio y enfrentaba los retos que le planteaban potencias rivales de tipo imperialista-capitalista y personajes revolucionarios. La base financiera sustentada en la libra esterlina cedía paso a la fuerza industrial del crecimiento usamericano y sus reservas en oro que incrementaron la atracción hacia el dólar usamericano. Hacia mediados de la década de 1920, el comercio mundial y las relaciones de poder habían dado un golpe de timón. Los capitalistas británicos y usamericanos se vieron cada vez más desafiados por el fascismo y el comunismo. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial las relaciones, la gama y la esfera del comercio capitalista se habían alterado por completo.


El trauma económico y social que resultó de la Gran Depresión ya había clamado por diversas formas de intervención estatal en las economías nacionales. En Italia y Alemania el clamor recibió los nombres de fascismo y nazismo. Si bien tanto el fascismo como el nazismo encontraron prominentes admiradores y partidarios entre la clase gobernante en Usamérica, el New Deal de los demócratas fue la expresión de un estilo de intervención más democrática y popular en muchos de los programas de legislación federal, como el WPA y el CCC. Si bien los programas italiano y alemán dependían considerablemente de la producción militar como principal motor del estímulo económico, los gobiernos federal y locales lanzaron programas de estímulo económico que se concentraban más en las necesidades sociales como la electrificación de las zonas rurales, los proyectos de desarrollo de infraestructura urbana y los programas de apoyo al ingreso por parte de la nueva administración de la seguridad social. Se aprobaron leyes para regular la banca y las finanzas, se declararon cierres o suspensiones de bancos tras lo cual los bancos con mayor reconocimiento volvieron a operar conforme a nuevas reglas prudenciales según lo estipulado en la Ley Glass Steagall de 1933. Se aseguraron los depósitos y se promulgaron nuevas reglas para los intercambios bursátiles y la especulación en los mercados de materias primas. El gobierno de Franklin D. Roosevelt rápidamente procedió a legislar muchas de las ideas económicas y sociales de John Maynard Keynes y otros pensadores creativos y progresistas de la época, como John Kenneth Galbraith, y así rescatar a los capitalistas usamericanos de sus propios excesos. Al final de aquel prolongado proceso de contracción económica, recuperación y guerra, Marriner S. Eccles, al frente del Banco de la Reserva Federal reflexionó sobre los años que condujeron a la Depresión y la Segunda Guerra Mundial, y escribió en sus memorias:
La producción masiva debe verse acompañada del consumo masivo; el consumo masivo, a su vez, implica la distribución de la riqueza, no de la riqueza existente sino de aquella que se está produciendo, para dar al ser humano el poder adquisitivo equivalente a la cantidad de bienes y servicios que ofrece la maquinaria económica del país.
Lejos de alcanzar este tipo de distribución, para 1929 y 1930 una gigantesca ventosa había succionado una creciente proporción de la riqueza producida y la había limitado a unas cuantas manos. Esto se convirtió en la acumulación del capital, pero al arrebatar el poder adquisitivo de las manos de los consumidores masivos, quienes se beneficiaron se negaron, a la vez, la demanda efectiva de sus productos, una demanda que justificaría la reinversión de los capitales acumulados en nuevas fábricas. En consecuencia, como si se tratara de un juego de póker en el que las fichas están concentradas en cada vez menos manos, los demás jugadores sólo pueden participar mediante préstamos. Cuando se acabó el crédito, se acabó el juego.
Eso es lo que nos pasó en la década de 1920. Mantuvimos altos niveles de empleo durante aquel período gracias al apoyo de la excepcional expansión de la deuda fuera del sistema bancario (las negritas son mías). Esta deuda obedeció al importante crecimiento de los ahorros empresariales y de los ahorros de las personas, particularmente los grupos de mayor ingreso que enfrentaban obligaciones fiscales relativamente inferiores. La deuda privada fuera del sistema bancario creció en aproximadamente 50%. Esta deuda, cuyas tasas de interés eran altas, en gran medida adoptó la forma de hipotecas para viviendas, oficinas y hoteles, deuda en cuotas por consumo, préstamos para agentes y corredores, y deuda externa. El estímulo de gastar mediante la creación de este tipo de deuda duró poco y no bastó para mantener los altos niveles de empleo en el largo plazo (...) Llegó el momento en el que se acabaron las fichas de póker para jugar a crédito.

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