Artículos literarios símbolos, arquetipos e iconografia



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Marta Povo

ARTÍCULOS LITERARIOS

SÍMBOLOS, ARQUETIPOS e ICONOGRAFIA

Cualquier imagen que nos rodea contiene un ‘arquetipo’ inherente, una pauta, un código y una simbología. Toda la iconografía que empleamos para decorar nuestro espacio vital, cada cuadro, escultura, cartel, dibujo, figura, color y forma, contiene la fuerza inmanente (y radiante) de un arquetipo simbólico. La conjunción de forma-color-simbología es un Todo que, desde el punto de vista energético, representa un importante 'principio activo' en nuestro hogar. Dicho de otro modo: la estética no es estática. El arte es más energético de lo que se supone.

Si penetramos en el terreno más práctico y ejemplificado, observaremos que no es lo mismo tener un cuadro que otro. Hay arquetipos e imágenes en nuestras casas que evocan tristeza y soledad, o que evocan romanticismo y amorosidad. Pero también pueden evocar escenas de agresividad, ira y violencia (como muchos de los carteles que emplean nuestros hijos adolescentes para decorar su dormitorio). También podemos tener imágenes que simbolizan la naturaleza, en todas sus vertientes, o bien figuras humanas, conocidas o desconocidas, de buen carácter o todo lo contrario; pero también es cierto que a veces hay imágenes y figuras deformadas que evocan burla o caricatura (hay cientos de ellas!) que son en definitiva una deformación grotesca de la realidad.

Cada imagen desprende una información. Y esta información, este código, lo respiramos, entra en nuestro campo de energía y se suma a él. De hecho, vista como energía, una imagen provoca lo mismo que la música. No somos indiferentes al sonido, ni a la geometría, ni a la luz, no somos insensibles a las formas y a los colores. Somos reactivos a ellos. Cada elemento formal y cromático una nos trae un mensaje que se va grabando en nuestra psicología y crea pautas conductuales.

En toda la iconografía existente a nuestro alrededor existen colores invasivos y otros dispersivos. En nuestros cuadros hay contrastes cacofónicos de color o combinaciones estridentes, pero también existen degradados cromáticos suaves y armonizadores. En el aspecto formal, hay imágenes minimalistas y sobrias, con un solo discurso (pero que puede ser muy rico en contenido, o todo lo contrario) y hay imágenes exuberantes y repletas de información (pero que pueden ser muy pobres en contenido, o todo lo contrario).

Hay formas angulosas y formas curvas; incisivas o envolventes; claras y directas; veladas e indirectas; hay líneas y ángulos que inciden más en el plano mental, y otras formas inciden más en el campo emocional del individuo. Existen formas provocativas, e impulsoras para nuestro ser y hay otras formas dispersivas y alienantes. Hay iluminaciones envolventes e intimistas, y hay  iluminaciones estridentes o agresivas; hay luces planas y luces profundas, que incomodan o que acogen. Hay cuadros que nos impulsan a evolucionar y otros que nos frenan el proceso perfectivo. Toda imagen y cromatismo desprende un sinfín de fuerzas simbólicas que no dejan a nuestro ser indiferente. Incluso aunque no las estemos mirando, ellas están ahí… desprendiendo energía.


En el arte abstracto, también existen muchas simbologías y contenidos inconscientes que irradian igualmente un tipo de fuerza sobre alguien cercano a él. Hay pinturas abstractas (y sus reproducciones… pues su simbología la irradian igualmente, aunque no tengan valor de cotización en el mercado del arte). La mayor parte del arte abstracto desprende un tipo de energía que incide directamente sobre los planos superiores del ser humano. Su contenido 'conceptual' no es evidente, pero generalmente es muy intenso.

Precisamente la abstracción pertenece a un plano cognitivo de síntesis e integración de los dos hemisferios cerebrales. Se desprende de una búsqueda espiritual del artista, de una necesidad de comprender más allá de lo evidente, de ver más allá de la materia, de lo visible… lo abstracto, si tiene calidad conceptual y plástica, es una búsqueda íntima de la realidad detrás de la realidad. A lo largo de la Historia del Arte podemos ver la intensa búsqueda de esa 'realidad' no descriptiva, a través de la visión de Vangoch, de Picasso, de Mondrian, de Kandinsky, de P.Klee, de P.Palazuelo… y cientos de personas que percibían (y perciben, o percibimos…) que existía algo más que lo descriptible y archiconocido. No solo lo perciben sino que intentan 'mostrarlo'.

Si ampliamos un fragmento de sus lienzos, su pincelada geométrica y puntillista nos lleva al mundo de la 'estructura' debajo de la apariencia. La visión abstracta no es nada más que una visión profunda que percibe nuestra esencia espiritual; esa fue también la razón por la que fueron tan incomprendidos en su época, un tiempo en el que comenzaba a apreciarse por encima de todo, la racionalidad y la lógica. A pesar de no ser un arte figurativo ni imitar a la realidad (algo que ya se hizo a lo largo de 'toda' la Historia…) una pintura abstracta tiene un alto potencial de exploración e investigación de otras realidades existentes, que son muy dignas de respetar y valorar.
Cuando entro en cualquier casa y observo sus cuadros, carteles, dibujos o diseños, inmediatamente leo qué tipo de psicología irradian la familia en general (o la psicología de el/la principal catalizador de aquella familia). No es una cuestión de gustos. Yo jamás me planteo si me gustan o no los cuadros de las casas ajenas; tan solo leo a qué franja vibratoria pertenecen. Y eso me hace comprender muchísimas cosas, que con el tiempo constato; y pocas veces ocurre lo contrario. La lectura iconográfica (al principio general y luego pormenorizada, imagen por imagen, aunque sea un simple peluche) me hace comprender las 'preferencias' o el motivo central de su vivencia como seres humanos.

Para comprenderlo mejor, realizaré una síntesis de lo que en general se puede leer energéticamente en las viviendas (¡y en las oficinas!), pero además lo haré con algunas observaciones de Feng Shui en relación a la simbología del cuadro y a la zona donde debería estar para sintonizar o amplificar la energía armónica.



Un espacio en donde predomine la simbología del romanticismo, habrá imágenes de mujeres u hombres ideales, de parejas, de corazones, de feminidad, de lazos y cenefas, de colores pastel, de familias, de sensualidad, actores famosos, modelos idealizados, etc. Habrá figuritas por todas partes, cuadros, carteles, caricaturas y peluches que siempre nos evocarán la necesidad de unión, de calor, la predominancia de las relaciones de amor, la compañía, los apegos… Esta predominancia del romanticismo, el amor y los sentimientos, a menudo va acompañada de excesos, de multitud de símbolos, de aglomeración de información. Pocas veces en estos lugares se observa una simbiosis equilibrada de imágenes románticas y cuadros abstractos, por ejemplo. Parece como si esos dos temas fueran incompatibles dentro de la psicología general y habitual, como si intelectualidad y emocionalidad no pudieran ir de la mano. En todo caso, los lugares adecuados para emplear los símbolos emparejados o amorosos o femeninos, son la z-2 del Feng Shui, como mucho en la z-3, aunque no es su verdadera energía, incluso estando asociada a la familia. Esos iconos no son nada adecuados para la z-6, la z-1, la z-9 o la z-4, por ejemplo.
Un lugar en el que, mires donde mires, siempre ves imágenes de retratos de personas solitarias, es decir, la gran abuela con su mejor vestido, el pescador solitario, el hombre barbudo pensante, la figura de un niño pobre en el campo, la chica joven posando a la espera de 'algo', la barca solitaria en un lago apacible al atardecer, el árbol justo en medio de un paisaje desértico, un bodegón con 1 jarro, 1 fruta y 1 flor, etc., simbolizan siempre una predominancia de la energía de la soledad, al menos de una memoria muy grabada sobre ese tema, la fuerza de la sobriedad, la ausencia de fraternidad, el código de 'realizar el camino de la vida en solitario', y a veces evoca a la melancolía y a la pérdida de vínculos. Las zonas de Feng Shui donde pueden ponerse esos símbolos es la z-9 y tal vez la z-1 y la z-8, puesto que el camino espiritual de cada uno es personal e intransferible, es un recorrido que, aunque estés en pareja, siempre se realiza en solitario.
La iconografía que tiene relación con la suntuosidad y la riqueza de las materias primas, es decir, múltiples cosas doradas o metálicas brillantes, perlas, sedas, lámparas y cristales tallados relucientes, o marcos de cuadros suntuosos, labrados y dorados, grandes tamaños de piezas, muchas alfombras y muy felpudas, miles de cojines con incrustaciones, dobles cortinas, colores calientes, etc. etc. habitualmente procede de una obsesión por el dinero, por la acumulación de riqueza, por el miedo a la escasez y la falta de confianza en la abundancia de la Vida; o bien por la ostentación, la distinción respecto a los demás o el clasismo; o bien por un excesivo enfoque en el trabajo y en su rendimiento. Esta clase de objetos en todo caso estarían bien en la z-4 de un lugar, pues potenciarían la prosperidad de los habitantes; o tal vez en la z-9 puesto que su símbolo es el sol, la plenitud y el reconocimiento.
Los símbolos de poder y de lucha, como son los cuadros de guerras, batallas, las armas, los metales y las herramientas de corte, o las trampas para animales, guadañas y herramientas de campo y de caza, son generalmente visiones de la vida basadas en el esfuerzo y la lucha, en el sufrimiento y la muerte. Si estos iconos se encuentran en z-2, por ejemplo, siempre activará una lucha en el matrimonio; si están en la z-6, lo que fomenta es la dificultad de relación con el mundo, las luchas de poder; si se encuentran en la z-3 puede fomentar las luchas familiares, dificultades en la herencia y verdaderos problemas de salud y de dolor. Si es la iconografía básica de la z-4, energéticamente supondrá trabajar, ganar el dinero, u obtener beneficios, mediante el esfuerzo, la lucha y la pelea. Con estos arquetipos en las paredes de una z-8, por ejemplo, resultará casi imposible meditar, reflexionar y estar en paz, etc. etc.
Si la iconografía de una casa contiene muchas imágenes religiosas, cristos, budas, santos… de todos los colores y tamaños, así como inciensos, velas, estampas, altares y cuadros alegóricos de la espiritualidad en cualquiera de sus vertientes, es evidente que los habitantes del lugar muestran abiertamente su búsqueda interior de otras realidades que no sea la material; pero también a veces son maneras de mostrar que ‘son buenos’ o quieren serlo, que están protegidos por estas divinidades y que una parte importante de su vida está basada en el camino interior. Esta clase de iconografía sería adecuada para la z-8, la z-9 y la z-3.

Es evidente que los cuadros e imágenes que aluden a la naturaleza siempre son más deseables que según qué iconos. Sin embargo debo decir que no todas las imágenes naturalistas desprenden la misma energía. He visto cuadros de bodegones que desprendían una energía de escasez y muerte considerables, por estar todo representado como reseco, roto o pobre, con tonos grises y tristes. También hay paisajes y naturalezas que incitan a una solitud y una tristeza extrema: un árbol seco en un entorno de invierno pelado, una manzana carcomida perdida en un lienzo, un perro muerto en la acera de una gran urbe, etc. Respecto a poner pinturas alusivas de la naturaleza en la z-4 de prosperidad, hay que decir que no es lo mismo, simbólicamente hablando, un árbol, que un bosque entero, o un par de frutas, que un frutero a rebosar como el cuerno de la abundancia; ni es lo mismo un prado recién segado que un prado lleno de espigas y flores, etc.


Si la vivienda está repleta de aparatos de música, de cd, de colecciones de vinilo, de instrumentos musicales, de manualidades y objetos que hagan referencia a la creatividad, a la alegría o a lo lúdico, es evidente que la iconografía corresponde a una preferencia por estos temas; y estaría bien ubicarlos en z-7, e incluso en la z-6 del compartir y la fraternidad. No obstante, la saturación de estos iconos puede también sugerir un cierto escapismo respecto a otras facetas de la vida, además de la creativa.

Respecto a las imágenes caricaturescas y grotescas, que se encuentran en todos los hogares y en el 99 % de las habitaciones infantiles, personalmente debo confesar que siempre me han producido mucha angustia e incluso temor. Las percibo como arquetipos que deforman la magnífica realidad y la desprecian. Una caricatura (más allá del humor al que supuestamente aluden) es como una burla de la belleza, es un insulto a la armonía que desprende la propia realidad. Creo que no son iconos nada aconsejables para la salud y el equilibrio, puesto que cualquier deformación grotesca emite una radiación que altera las proporciones y los ciclos naturales de crecimiento armónico.


Lo cierto es que éste es un tema inacabable. Hay miles de imágenes en el mundo para observar, analizar, sentir y percibir la energía que irradian… y lo que ellas producen en nuestros cuerpos, en nuestras memorias, en nuestros sentimientos, sensaciones y pensamientos. Lo que está claro es que las formas, los colores y los símbolos que toda imagen transmite, inciden siempre sobre nuestro campo de energía y resuenan con los propios arquetipos almacenados en el subconsciente individual o colectivo, y sobre nuestra alma. Según sea lo que cada día recibimos de nuestro entorno iconográfico, así será nuestra vida y nuestro proceso.

© Marta Povo



artículo divulgativo, 2007









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