Arqueología del cuerpo. Ensayo para una clínica de la multiplicidad. Luis Gonçalvez Boggio



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“Si el amor, el trabajo y el conocimiento son las fuentes


de nuestra vida, también deberían gobernarla” (W. Reich).
En la actualidad las relaciones de disciplinamiento-represión del poder se sustituyeron en los cuerpos por relaciones de control-estimulación.

Igualmente no ocurrió la liberación de la sexualidad esperada por Reich en la primera mitad del siglo. La "verdad" no nos hizo libres y nuestro erotismo sufre de una planificación industrial y medicalizada. El capitalismo mundial integrado y globalizado ha demostrado ser capaz de explotar cualquier nueva libertad recién obtenida. A través de las lógicas del mercado se ha logrado capturar y manipular las nuevas libertades en un nuevo registro de la producción deseante, convirtiendo su satisfacción en una empresa comercial rentable.


Es interesante la hipótesis de Michel Foucault con relación a este tema: ¿cómo es posible que culturas como la India hayan producido un arte, una "ars erótica" y que nosotros, los hijos de la cultura científica, en vez de hacer de la sexualidad un arte hemos hecho una psicopatología?

Tenemos una psicopatología sexual donde otras culturas tienen un arte.

En el "arte erótico" se medicalizan medios para intensificar placeres. En la "ciencia sexual" se medicaliza la sexualidad en sí misma, constituyéndose así intermediarios y dispositivos de salud e higiene sobre el cuerpo.

Quizás alguna vez, las telenovelas quedarán en la historia como el ejemplo monstruoso de la ruina sexual de una cultura. El kama-sutra por un lado y "Nano" y "María de nadie" por el otro.


La clínica de hoy nos plantea nuevas interrogantes y nuevos desafíos: ya no nos confrontamos en el consultorio sólo con los pacientes acorazados que W. Reich estudió a principios del siglo. En la actualidad son comunes los déficits en el acorazamiento y la imposibilidad de ciertos pacientes en generar mínimos y necesarios mecanismos de control, a la par del surgimiento de nuevas defensas narcisísticas y de nuevas depresiones.

Creo que estos cambios hacen necesario replantearse el tema de la corporalidad desde nuevos soportes éticos, para fortalecer la teoría y la práctica bioenergética: ¿Cómo pensar la inserción en los procesos psicoterapéuticos de los cuerpos actuales (con síndrome de pánico, con trastornos en los sistemas inmunológicos, con síndromes de disestrés y fatiga crónica, con trastornos en los ritmos internos básicos -en la alimentación, en el descanso, en la sexualidad-, que dan cuenta de nuevas producciones de sentido y de nuevos regímenes de afección entre los cuerpos y en los procesos de subjetivación? ¿Cómo pensar y ayudar a ese cuerpo asolado, emergente de las nuevas producciones sociales? ¿Cómo trabajar terapéuticamente para que los cuerpos puedan liberarse de las representaciones y los diagramas instituidos del cuerpo social?
ÉTICA DEL DESEO
Sobre la relación ética, estética y política entre clínica y deseo los terapeutas bioenergéticos y reichianos tenemos mucho para aportar. Ya desde los años 20 W. Reich desarrolló una fuerte lucha conceptual con los psicoanalistas de la época, a partir de la cual generó nuevas conceptualizaciones sobre el deseo, el placer y la represión, que derivaron en una ética libertaria y en una clínica social, sostenida a partir de los procesos vitales de pulsación.

Mientras que para S. Freud la represión era moral y, en consecuencia necesaria culturalmente, Wilhelm Reich la combatía y trataba de eliminarla por medio del tratamiento terapéutico. Para W. Reich la represión bloqueaba inútilmente un fenómeno de crecimiento biológico del organismo, que pulsa permanentemente entre la expansión y la contracción. Este impulso de vida vinculado a la capacidad de expansión y de placer está deteriorado, mutilado, alterado y cercenado en la propia dinámica de las relaciones y producciones sociales44.

Desde esta perspectiva reichiana existe, por un lado, un cuerpo social natural fundado por el deseo, y por otro lado, el carácter social fundado en la represión (el cuerpo patológico).

La clínica bioenergética se sostiene entonces en una concepción ética, en donde el deseo y el placer tendrán una función biológica positiva, hacia los que tenderá el organismo en forma natural y espontánea. Sólo cuando esa corriente es perturbada, capturada o restringida, su flujo derivará en deseos o síntomas patológicos. La experiencia de placer es, por lo tanto, una experiencia de contacto e intercambio que pone en relación la energía del organismo con la del entorno humano y no humano. Es una experiencia unificadora que integra energías encerradas en diferentes partes del cuerpo en una totalidad, y pone a su vez al organismo en contacto consigo mismo45. Por eso es importante visualizar la relación inmanente entre creatividad y placer. Sin placer no puede haber creatividad y sin una actitud creativa hacia la vida no habrá placer46. En este agenciamiento entre creatividad y placer, la sexualidad, el trabajo y la cultura no se oponen, sino que forman parte de un mismo proceso deseante de expansión energética y de intercambio con el mundo. Para llegar a esta idea funcional es necesario superar el dualismo existente entre el “adentro psíquico” y el “afuera social”, a través de la inmanencia entre la producción social y la producción deseante.


Al estudiar las condiciones de producción de subjetividad de su época, W. Reich no llegó a dar una respuesta suficiente al problema de la relación entre el deseo y el campo social. Los procesos de subjetivación de su época estuvieron marcados por la escalada del fascismo en Europa y sus efectos: el hecho de que los hombres soportaran la explotación, la servidumbre y la humillación, hasta el punto de quererla no sólo para los demás, sino también desearla para sí mismos.

Para Gilles Deleuze y Félix Guattari a W. Reich le faltaba la categoría de producción deseante, al establecer un dualismo entre la producción social racional y el deseo irracional. Es decir, que si bien W. Reich fue el primer terapeuta que indicó con claridad que la represión “intrapsíquica” dependía de una represión “general”, para generar sujetos dóciles y asegurar así la reproducción de las formaciones sociales, no llegó a determinar “la inserción del deseo en la misma infraestructura económica, la inserción de las pulsiones en la producción social”, agregando estos autores que: “el deseo produce lo real, o la producción deseante no es más que la producción social. No es cuestión de reservar al deseo una forma de existencia particular, una realidad mental o psíquica que se opondría a la realidad material de la producción social” 47.

Para G. Deleuze y para F. Guattari el deseo es el máximo creador social. Desde el deseo, y a partir de la capacidad de expansión y de pulsación rítmica de nuestros cuerpos (energéticos, vibratorios, sociales, etc.) existe la posibilidad de desplegar las corrientes vitales más creativas y placenteras a partir de procesos de conexión intensivos. Esta concepción de deseo contiene una definición abierta de lo corporal más allá del cuerpo producido/consumidor del capitalismo: atribuído y diagramado para el desarrollo en un espacio social productivo, industrializado, medicalizado y consumista. Implica, antropológicamente, la posibilidad de pensar los cuerpos como órganos no individuados, atravesados por los flujos sociales, las vibraciones rítmicas y las resonancias bioenergéticas, que pertenecen al conjunto de los agenciamientos colectivos48. Y expresa, políticamente, la posibilidad de desterritorialización del deseo de los modos de inserción en la subjetividad dominante.

En realidad el deseo nunca sale de los caminos de la vida. En este punto los psicólogos que seguimos una línea de investigación y de intervención reichiana, tenemos una fuerte discrepancia con los psicoanalistas y su concepción de pulsión de muerte como instinto natural49. Sólo cuando es adulterado, desviado y reprimido, el deseo y la pulsación cumplen con los rituales y los caminos de la muerte: el congelamiento, la burocratización, el acorazamiento. Libre es capaz de crear todas las organizaciones posibles de máquinas deseantes y de agenciamientos rizomáticos, es decir subjetivaciones que carecen de un núcleo que las centralice y un límite que las rodee: procesos de singularización sostenidos por una apertura del cuerpo al campo de las sensaciones, de las vibraciones y de los flujos vitales50.

Esta concepción deseante de la ética implica pensar la estructura del cuerpo biológico-psicológico descripta por W. Reich (la coraza somática, la coraza caracterial) desde un abordaje corporal de las intensidades (el cuerpo de intensidades) permitiendo desplegar una nueva coexistencia analítica: entre la dimensión de las afecciones, los pensamientos y las sensaciones, y la dimensión político-social51.
ÉTICA DE LO COTIDIANO
Las relaciones humanas afectivo-sexuales no se constituyen sin ética.

Las posturas éticas en la cotidianeidad, en la vida profesional, se sostienen en la consideración de la singularidad de los procesos y de la realidad presente, tomando así la forma de conceptos. Es decir, las posturas éticas (conceptos) se oponen a las posturas predeterminadas o estructuradas (preconceptos).

Tal como lo plantea Frinea Brandao si la ética no es introyectada como un hábito, su brillo es falso y la promesa que conlleva es la de los dictadores52.

La ética de lo cotidiano exige una articulación micropolítica para la reapropiación de lo cotidiano en procesos de singularización y de subjetividad, que precisan reafirmarse solidariamente en cuatro niveles: el infrapersonal, el modo en que se viven las relaciones sociales, la presencia de las relaciones de fuerza políticas y la reinvención creativa con el medio ambiente53.

Esta concepción implica la necesidad de unir la lucha con el placer. El universo, nuestro ecosistema en particular, está formado por una gran lucha, presente en toda la naturaleza. Lo que nos diferencia de los animales es nuestra capacidad de escoger, de tomar opciones creativas en nuestra cotidianeidad. Esa lucha cotidiana implica una transformación en la percepción, una apertura de la conciencia hacia el pensamiento funcional. Como psicólogos clínicos elegimos luchar del lado pulsante de la vida para ayudar a las personas a encontrar su camino, para salir del sin sentido de las pequeñas muertes: las vidas sin placer que se transforman en una lucha por sobrevivir. Por lo cual ayudamos a nuestros pacientes a tomar conciencia de la realidad (muchas de las veces mecanicista, unicista), asumiendo un compromiso conjunto para cambiarla.
La didacta (gaúcha) Dra. Reolina Cardoso reafirma esta línea de investigación reichiana tomando partido por una práctica dinámica e integrativa en la dimensión clínica: ¿no ha llegado la hora de devenir más activas(os) y menos interpretativas(os)?

Tal como lo plantea el orgonomista Xavier Serrano, esta tarea implica dos momentos importantes, en primer lugar:“la elaboración y el establecimiento de las formas bajo las que se manifiesta la incapacidad de libertad de los hombres”, y en segundo lugar: “la elaboración de las herramientas médicas, pedagógicas y sociales para establecer la capacidad de libertad de modo cada vez más profundo y extensa” 54.


Para la clínica bioenergética un proceso terapéutico implica el desarrollo de un proyecto vital de autonomía humana. Este proyecto, esencialmente ético, se sostiene sobre dos fundamentos: la pretensión a la acción más libre imaginable y la pretensión a vivir placenteramente. No hay un cuerpo que no se pueda liberar en alguna medida de las tensiones que lo encarcelan y oprimen. No hay una persona que no pueda vivir mejor su vida y sentir en ella más placer. Con placer la vida es una aventura creativa. Sin placer la vida es una lucha por sobrevivir.

La ética de la cotidianeidad se sostiene con el cuerpo e implica necesariamente un devenir niño: mundo infinito de la aventura y del juego, experimentación pura que crea sociedades perfectas instantáneamente, forjadas al fuego de la amistad. En su ética del encuentro su prójimo no es aun su enemigo. Vivir gozosamente, eso es lo que íntimamente desea un niño ¿acaso está equivocado?55


ÉTICA DEL ENCUENTRO
Cada encuentro contiene un núcleo de incertidumbre: el entre medio incorporal. Este es nuestro capital más precioso. A partir de ese núcleo de incertidumbre, a la vez lleno de riesgos, de incertezas, de misterio y de azar, se puede constituir una mirada solidaria, una auténtica escucha del otro, donde la producción de inconciente se genere en la singularidad, en la alteridad y en la polaridad inmanentes a cada encuentro56.

Cuando alguien entra a mi consultorio (alguien así llamado paciente), entonces acepto completamente el hecho de que, por lo menos durante la próxima hora, el objetivo principal de mi vida es estar junto a aquella persona.

Desde el punto de vista bioenergético, acepto ser influenciado por ella e influenciarla, y siento esa influencia concreta como contacto de campo y como superposición de campos energéticos. Independientemente de las posibilidades de interpretación de ese vínculo, ese encuentro implica un intercambio biológico elemental. Un encuentro humano que se despliega en todos los niveles: somático, emocional, mental y energético.
En la clínica bioenergética es esencial la importancia del contacto, en cuanto interacción de los campos energéticos del terapeuta y del paciente, al interior de la relación terapéutica. “En este sentido la sensación de órgano descrita por Reich y definida como la capacidad de establecer un contacto inmediato y pleno en la dialéctica del individuo con su entorno, aparece como un nuevo parámetro energético que determina la capacidad de estar con uno y con el otro en las diversas manifestaciones de las relaciones humanas: terapéuticas, familiares, educativas, sociales” 57. “Es la integración unitaria de funciones psicosomáticas la que permite tener la sensación de órgano, contacto con el propio cuerpo que nos indica nuestro ritmo biológico individual y nos habla de nuestro interior. Es la posiblidad de expansión y fusión de nuestro campo energético por medio de la capacidad expansiva vegetativa parasimpática, lo que facilita el proceso de luminación con otro ser, a su vez también con una capacidad de abandono y de expansión, lo que permite el contacto con el otro, la comunicación, la metacomunicación y la sensación orgástica en el abrazo genital” 58.
La clínica bioenergética es, en un sentido profundo, un arte del encuentro. Como dispositivo terapéutico funciona no por causa de sus métodos, técnicas y estrategias, sino “a pesar de ellos”. La eficacia del trabajo terapéutico es el arte de estar con otra persona59. Y estar con otra persona significa entrar en contacto en un profundo nivel bioenergético. Este es el mayor deseo de las personas: la trascendencia de la existencia solitaria en un encuentro verdadero, íntimo, intenso y profundo. Por otro lado, es exactamente a ese deseo que la mayoría de las personas temen. El contacto vegetativo, bioenergético, en donde el pecho se ablanda, el corazón comienza a batir más fuerte y todo el cuerpo comienza a pulsar, a vibrar y a fluir, en la misma medida en que la coraza comienza a flexibilizarse, produce mucho temor. Muchos terapeutas también sienten miedo de este encuentro con sus pacientes y transforman el escenario terapéutico en un instrumento de su coraza, como un medio de evitar el contacto. Debemos tener mucho cuidado en nuestro trabajo (bioenergético-reichiano) porque el peligro de ritualización mecánica es muy grande.

Lo que sucede en un encuentro terapéutico bioenergético es un misterio que se escapa a la mera comprensión racional e intelectual. Las posibilidades de contacto son infinitas y la comunicación terapéutica puede asumir una gran variedad de matices. F. Capra define este tipo de encuentros como danza de energía en donde los dinamismos que se desarrollan a nivel sutil son imprevisibles y dependen de una probabilidad de interconexiones. En este trabajo corporal es necesario que el terapeuta bioenergético se mueva en un nivel muy alto de energía. El encuentro con los pacientes exige de una pulsación vigorosa, de un campo energético denso y fuerte, y es preciso que el terapeuta pueda irradiar estas cualidades. Esencialmente, los pacientes llegan a nuestra consulta porque algo no está fluyendo en sus vidas, porque la carga bioenergética está debajo o encima de lo necesario, porque el flujo energético en sus cuerpos está estancado y su capacidad de pulsación está alterada. Es decir que nos encontramos con patrones de interferencia que debemos transformar en patrones de resonancia60.

Como terapeutas dirigimos nuestra presencia energética para las áreas en que el paciente tiene disminuida su pulsación. Este encuentro/contacto con otro sistema vivo, pulsante es una transferencia de fuerza curativa. Y esta es la esencia del arte terapéutico: un buen contacto que posibilita la transferencia de fuerza curativa.

La capacidad de encuentro/contacto reside precisamente en ese núcleo de incertidumbre entre los cuerpos. Ese entre medio corporal es difícilmente definible en su amplitud y complejidad, pero es esencialmente un fenómeno vital para la existencia, que da cuenta, en el proceso terapeútico, de la dimensión de una solidaridad posible: entrar en verdadero contacto con la realidad del otro.




ÉTICA DEL SENTIR
Haciendo una paráfrasis de Descartes, “somos lo que sentimos”. Nuestros afectos son la ligazón inmediata que tenemos con la vida. Sabemos por S. Freud que los afectos mueven y animan pero además aglutinan y organizan61.

Nuestra cultura narcisista está orientada a nuestra cabeza (nuestra conciencia, nuestro ego, nuestro rostro, etc.) y de esta manera perdemos contacto con el resto del cuerpo (nuestro inconciente, nuestros movimientos involuntarios, nuestra conexión con los universos incorporales, etc.).

La desterritorialización de los procesos naturales del cuerpo deriva, en nuestra sociedad, en una reterritorialización en el rostro (rostridad); la descodificación de los flujos energéticos del cuerpo implica, de esta manera, una sobrecodificación por la hegemonía de la imagen. En nuestras cabezas estamos escindidos y separados de la naturaleza. Pero en nuestros cuerpos seguimos siendo parte de la naturaleza y del universo.
En la clínica bioenergética para desarrollar un sentido de self más fuerte y profundo, para aumentar el sentimiento corporal y promover la identificación con la naturaleza sexual de las personas, comenzamos las sesiones acrecentando el flujo de excitación en el cuerpo. Para ello ayudamos a las personas a sentirse más conectadas con el suelo (Por ejemplo: trabajos de enraizamiento -grounding-), con su respiración (Por ejemplo: trabajos en el taburete bioenergético -stool- ), con sus movimientos involuntarios y con su sexualidad (Por ejemplo: trabajos de tensión-carga-descarga-relajación).

En la mayoría de las personas el ego ofrece una considerable resistencia para esta entrega al self corporal.

Para el Análisis Bioenergético la vida fluye a partir de la interacción de dos fuerzas pendulares. El flujo descendente es básicamente sexual por naturaleza y permite conectarnos con los otros cuerpos y con la tierra. El flujo ascendente, hacia la cabeza, separa a las personas de la naturaleza, y conduce hacia un sentido de la separación y la individualidad. El equilibrio entre estas dos corrientes opuestas (ascendente y descendente) y entre la carga y la descarga de energía es inherente al fenómeno de la pulsación (expansión y contracción), presente en todas las funciones vitales y corporales62.

En la clínica bioenergética trabajamos sobre el impulso expansivo que es el que energetiza cada uno de los seis puntos de contacto con el mundo exterior (cabeza, genitales, brazos y piernas), siendo el impulso opuesto a la retracción (angustia) en donde se retira la energía de estos seis puntos -figura 3-.




figura 3


Esta ética del sentir es inmanente a una ética del movimiento: se puede sentir sólo lo que se mueve. Como psicólogos clínicos podemos ayudar a las personas a volver a sus propios sentimientos. Cuando se para de sentir se detienen las corrientes vitales: sin amor en los cuerpos se pasa a vivir en las cabezas. Recuperar el cuerpo implica disminuir la idea egotista de que somos superiores de la naturaleza y que podemos controlarla: idea que nos lleva a la escisión de nuestros principios femeninos y nos dirige hacia la destrucción irreversible del ecosistema.


La ética del sentir implica, por lo tanto, procesos de subjetivación del entorno63, donde la potencia de los agenciamientos colectivos de enunciación y la reconstrucción de las modalidades de ser en grupo posibilitan el desarrollo de modos de subjetivación singulares. Estos procesos de singularización son una manera de recusar las codificaciones preestablecidas de la subjetividad (efectos de los modos de semiotización dominantes), desde donde re-crear formas de sensibilidad y de relación con los otros productivas y creativas.

La pregunta (guattariniana) sigue siendo: ¿cómo producir nuevos agenciamientos de singularización que trabajen por una sensibilidad estética, por el cambio en nuestras vidas en un nivel más cotidiano, y al mismo tiempo, por las transformaciones sociales a nivel de los grandes conjuntos económicos y sociales?



  1. EL CUERPO EN LA CLÍNICA GRUPAL*

En la experimentación grupal se pone siempre en juego, la posibilidad de desarrollar una ética del encuentro. El cuerpo puede ser entendido como un pliegue (Foucault, Deleuze) en donde se desarrollan determinados acontecimientos. Es decir, el cuerpo no sólo entendido como un cuerpo biológico, orgánico, fabricante de síntomas, sino como un cuerpo sin órganos (Deleuze) que puede afectar y ser afectado por distintas intensidades, oscilando entre superficies que lo estratifian y planos que lo liberan.

Algunas veces los mismos grupos reterritorializan las segmentaridades duras a partir de suaves líneas de transversalización, en donde los propios dualismos (lejos-cerca, adentro-afuera, objetivo-subjetivo, personal-colectivo) son arrastrados por una pulsión mutante que posibilita la apertura y conexión en nuevas dimensiones (de formas moleculares lúdicas, expresivas, dinámicas, procesuales).
Una de las posibles líneas de investigación que surge en el trabajo grupal corporal, es cómo la búsqueda individual que las personas hacen de su propio crecimiento se puede agenciar con movimientos de solidaridad grupal.

Podemos percibir un régimen de afección narcisista en el despertar de la conciencia corporal de los 90, que tiene como efecto una tendencia marcadamente individualista, con una voluntad adaptativa que le es implícita. Quizás en forma acentuada a partir de uno de los regímenes de afección predominantes en la actualidad: el de los cuerposmodernos.


W. Reich al hacer su profundo análisis de los mecanismos ideológicos de su época, ya nos advertía en “Psicología de masas del fascismo” de otro peligro: el de los endogrupos. El trabajo grupal, aunque enfrente a los narcisismos individuales, corre a su vez el riesgo de transformar a los grupos en narcisistas.

¿Es posible pensar desde o para el cuerpo grupal?

Coordinando el seminario “El Cuerpo y los quehaceres del psicólogo” en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República del Uruguay, me resonaba una y otra vez la pregunta: ¿cómo pensar una mirada sobre lo grupal, sobre el ejercicio terapéutico, que produzca nuevos devenires individuales o colectivos cuando socialmente fallan los soportes vitales?

Haciendo una referencia directa a las situaciones de crisis en latinoamérica la terapeuta neo-reichiana Dra. Liliana Acero afirma que “una situación de amenaza social a la subsistencia, que pone en juego la seguridad física mínima de los individuos, suele disminuir la capacidad de enraizamiento, de centramiento y de contacto cara a cara. ¿Qué raíz echar en un suelo movedizo? ¿Cómo permanecer en los ritmos internos profundos cuando la necesidad es de esconderse, huir, desarrollar falsas identidades, refrenar los mínimos impulsos de expresión? ¿Cómo discriminar entre fantasías persecutorias internas y externas, cuando el perseguidor es real y está a la vuelta de la esquina? Estos tiempos parecen haber pasado, pero no sus cicatrices profundas en el cuerpo social que, a su vez, inducen a comportamientos semejantes en situaciones disímiles” 64.


Lo grupal no es un simple decorado para la realización de ejercicios o para el seguimiento de un caso. Cuando los vínculos humanos generan una trama social y política, lo grupal se vuelve también figura para la tarea.

La grupalidad (como dispositivo terapéutico) nos ofrece la posibilidad existencial de vivir-con-otros los traumas y las experiencias dramáticas de la socialización: la gran dificultad de entrar en contacto, el miedo profundo de entregarnos a la mirada y al tacto.

El grupo, en sus dimensiones instituidas, reproduce y representa a la familia y a la sociedad. Nos da la posibilidad de entender cómo una persona se relaciona con las figuras masculinas, con las figuras femeninas y con las figuras de autoridad; y por otra parte, el tipo de emociones y reacciones que se pueden producir, individual o colectivamente, en esas afecciones.

Sin separar el trabajo clínico grupal del individual, X. Serrano define herramientas y objetivos específicos del trabajo terapéutico grupal:

-Reactiva la experiencia histórica reprimida vinculada al grupo social, como entidad (institución familiar, escuela, pandillas ...).

-Siguiendo a Borrelli, facilita el afianzamiento del individuo en el encuentro con el círculo social más amplio, resolviendo los episodios de SOCIOSIS. Facilita la disponibilidad al contacto, a la humanización del sujeto, reinsertándose en el mundo que rechazaba y del cual se sentía rechazado. Sin que esto suponga una adaptación neurótica y sumisa al medio social, sino que al tener una identidad propia y poder estar con el otro, puede contactar y comprender aquello que impide la funcionalidad en el sistema grupal o social.

-Así, facilita un encuentro con el Otro, distinto al terapeuta, pero dentro del espacio terapéutico: éste se amplía al grupo con todas sus consecuencias, evidenciando situaciones clave en un determinado momento con la interiorización de que hay otras formas de vivir la terapia distinta a la mía.

-Dinamiza conflictos internos vinculados sobre todo al super-yo social.

-Permite elaborar con mayor fluidez conflictos de identidad sexual e intersexual.

-Permite una mayor elaboración de la comunicación receptor-emisor, yo-otro en su vertiente existencial, fenomenológica y se abre el posible círculo cerrado del paciente-terapeuta. Sobre todo cuando se trabaja con dos terapeutas.

-Al terapeuta le sirve como otra referencia de diagnóstico y de evolución del paciente.

-Se dinamiza el trabajo neuromuscular, emocional y de motilidad energética con el trabajo ordenado en los siete segmentos, combinados con técnicas de otras terapias de grupo, pero con una dinámica integradora propia” 65.
En este régimen de afección que se produce en lo grupal es muy importante el uso del componente energético. El trabajo en grupos se sostiene en un streaming 66 más fuerte, en una pulsación mayor, en un campo y en un flujo de energía más potentes. Siempre hay una energía suplementaria en los cuerpos que no está siendo usada, porque está acorazada, bloqueada o porque escapa permanentemente hacia afuera67.

Es muy importante que un coordinador de grupos tenga la capacidad de moverse en un registro bioenergético corporal y pueda detectar así la energía grupal e individual, para facilitar su circulación en la tarea. Aprender a descifrar las energías (el tipo de energías, sus formas, los montos, los ciclos, etc.) es una de las habilidades primordiales que puede adquirir y desarrollar un coordinador de grupo.


La formación de corazas se opone antagónicamente a la pulsación de los cuerpos. Pulsación y corazas se manifiestan como una lucha de formas inacabadas, de movimientos y contramovimientos, que no sólo dan cuenta de “historias congeladas” sino de algo que está vivo en el presente. La pregunta clave en el trabajo grupal es “¿cómo está circulando la energía en estos momentos en este grupo?”, “¿qué es lo que se está moviendo?”, “¿qué está pulsando?”. La observación precisa de las dinámicas entre la pulsación y las corazas requiere de un intenso y continuo aprendizaje de percepción e intuición. La creación de nuevas formas más allá de los acorazamientos permite recuperar a los cuerpos como una vía para la afirmación de la vida y el contacto con la energía vital.
La grupalidad es una vía para ayudar a las personas a sentir sus cuerpos y sus emociones en un camino real de autoconocimiento, de autoexpresión y de autoposesión. Es un soporte que posibilita además, la emergencia de corrientes energéticas-emocionales individuales y grupales que pueden organizarse en un movimiento creativo. Por ejemplo: la liberación de energía que se produce en los laboratorios clínicos, en donde se genera un calor contagioso, a partir del cual las vibraciones penetran los tejidos y derriten el pasado congelado, generando una apertura en los corazones de los participantes68.
El trabajo con el cuerpo desarrolla, inevitable e irreversiblemente, nuevas sensibilidades: cambios en las posturas corporales y caracteriales, modificaciones en la sexualidad y en la respiración. En el trabajo en grupo aprendemos a captar y operar sobre las corrientes de energía grupales: cómo mi presencia, mi cuerpo, mis movimientos, mi respiración, se relacionan con el cuerpo grupal. En este sentido creo que la solidaridad grupal es una función inherente a un cuerpo que busca su equilibrio. Es común escuchar en los grupos de trabajo corporal: “hoy me voy y no ví nada de lo que me pasa a mí”, “ya me ocupé demasiado de los demás; ahora es mi turno”, “hoy sí me toca el turno a mí”. ¿Cómo pensar y generar un nuevo modo de ocuparse de sí mismo o del otro?

En el trabajo grupal desde un abordaje bioenergético y reichiano, sabemos que el propio encuadre de la coordinación posibilita que los cuerpos estén expuestos a la mirada y al encuentro con los demás integrantes, por lo cual se potencia su capacidad de significación, aumentando su grado de expresividad y exposición. Este hecho refuerza la posibilidad de conceptualizar un inconciente productivo, en oposición a la noción de inconciente representativo y/o restrictivo (dada la intensidad afectiva que se despliega en el trabajo grupal y corporal).


El cuerpo en situación grupal desarrolla una potencia inventiva, creativa, que posibilita no reducir al inconciente a una sola forma de expresión. Es importante tener claro que el poder del inconciente se manifiesta no sólo en el lenguaje verbal, sino también en el lenguaje corporal (el movimiento), en las expresiones artísticas (la música, el ritmo, la plástica por donde pasan intensos regímenes afectivos), etc. El inconciente no pre-existe estructurado, sino que se manifiesta en los propios agenciamientos en donde se produce un proceso inmanente. Por ejemplo: la gran fuerza que tiene una experiencia estética (un ritual de pajeranza, una roda de capoeira, las llamadas del candombe, etc.) para romper los universos de orden que los distintos estratos de poder nos imponen. En este sentido el cuerpo es un instrumento (estético, erótico, ritual, vibratorio), tal como lo trabaja en sus talleres la música y compositora uruguaya Berta Pereira. Y si la palabra oficia de vehículo que nos relaciona, el cuerpo se trasforma, a su vez, en vehículo de la palabra.

En este sentido el lugar del entre cuerpos, que engendra siempre la potencia del devenir y de la mutación, nos conecta, no sólo con lo tuyo, con lo mío, o con lo de él (el registro transferencial personológico), sino además con lo que está fluyendo y circulando (la transferencia rizomática). De ahí la importancia cuasi-antropológica del coordinador de grupos de captar los climas: la potencia invisible de las corrientes energéticas de la grupalidad y de la propia naturaleza.

El entre cuerpos va a ser entonces una noción de conexión y de diferenciación a desplegar desde la potencia de la multiplicidad. De ahí la conexión posible entre solidaridad y grupalidad, a través del régimen de incertidumbre que se genera en el entre cuerpos: sus regímenes de afección y conexión con otros cuerpos, que son inmanentes a todo proceso grupal.
La inmanencia ético-estética que se despliega en los procesos de aprendizaje nos ubica críticamente en un plano de apertura del pensamiento y del cuerpo en general. Apertura a la eventualidad y al riesgo de inventar nuevas posibilidades de vida, en la que no nos aterroricen las rupturas de sentido (S. Rolnik). La posibilidad de escuchar al extraño en nosotros, de acoger al extraño en la propia subjetividad, funciona (desde una ética deleuziana del aprendizaje) como el soporte de los movimientos de creación existencial. Si la esencia de la vida consiste en diferenciarse, el acoger al extraño, como condición imprescindible para la efectuación de la vida, nos permite desarrollar una alternativa al modo de subjetivación neurótico capitalista, basado en el terror al Otro y en el miedo a la autoridad.

  1. LA ÉTICA EN LA FORMACIÓN Y LA ASISTENCIA
EN PSICOTERAPIA CORPORAL*

ÉTICA Y FORMACIÓN

Cuando uno comienza su proceso de formación en psicoterapia corporal (proceso esencialmente marcado por lo grupal) surgen inevitablemente las primeras preguntas: las propias necesidades son disparadoras del trabajo en la tarea, pero ¿cuáles serán los medios que me facilitarán estar atento, relacionarme e integrarme con mis propias necesidades epistemológicas y conceptuales, pero además vivenciales y terapéuticas? ¿Cómo trabajar con el deseo del otro sin tener que perderme en la indiscriminación? ¿Cuáles serán los medios operativos a ejercer éticamente, para permitirme desplegar y agenciar mis líneas estéticas con la del resto del grupo? ¿Cuáles fortifican y consolidan la solidaridad? ¿Cuáles, por el contrario, refuerzan los narcisismos individuales o grupales?


Creo que la formación es inseparable de una ética de la responsabilidad (ética del acto, ética del compromiso). Por ejemplo, es necesario poder desarrollar una ética de la enunciación: el poder sostener lo que se enuncia y que la palabra venga del corazón. Junto a la necesidad de construir y apropiarse del lugar de trabajo como un sitio confiable, es importante el poder fomentar hábitos de responsabilidad colectivos.

La formación es un ejercicio constante de pedagogía abierta: prepararse para la receptividad, para escucharse, para aprender de sí mismos y de los otros. En este proceso se deben garantizar, por parte de la coordinación, las posibilidades corporales (físicas, psicológicas, etc.) de quien se pone a asistir o a formar.


Es importante que los coordinadores de grupos de formación puedan desarrollar un perfil didáctico que se sostenga, por un lado, en sus propias condiciones para ejercer la tarea y, por el otro, en una vocación de enseñanza que permita ayudar a los formandos para apropiarse y desplegar discriminadamente su propio deseo. Una coordinación discriminada podrá ser así discriminante.
El psicoterapeuta corporal es un hombre que vive, y por consiguiente, un hombre que “no vive” no podría ser nunca un psicoterapeuta corporal. Podrá aprender las técnicas de las diversas escuelas, haber frecuentado distintos espacios terapéuticos, ir a donde haya algo nuevo en el pujante campo de la psicoterapia corporal, pero será un técnico incapaz de resonar con sus pacientes. Creo esencialmente que el modo de trabajar de un psicoterapeuta es la continuación de su modo de vivir.
Muchos coordinadores de formación técnicamente capacitados, igualmente tienen problemas al trabajar en grupos, en función de la interferencia de sus necesidades personales. Por ejemplo, al quedar atrapados en juegos de seducción y competencia con los demás coordinadores o con integrantes de los grupos: deseos de agradar o de resultar sexualmente atractivos, etc. Llaman también poderosamente la atención, por lo inauténtico de sus propuestas, los docentes que convocan al trabajo con el cuerpo, pero donde los mismos no asisten con su propia “novela” sino simplemente desde un lugar de poder, respaldado por una imagen diagramada a priori, que por lo general está escindida de su vida personal (y la cual sostienen sin un trabajo terapéutico permanente).

Por eso es muy importante en todo proceso de formación corporal, darse el lugar y el tiempo necesarios para pensar y trabajar su propio proceso terapéutico, desde su propia corporalidad. Nadie tiene derecho a imponerle a los demás algo que no está preparado para imponerse a sí mismo. En otros términos uno no es capaz de hacer por los demás lo que uno no puede hacer por sí mismo. Por ejemplo: Es muy común ver trabajadores corporales (médicos, legos, etc.) que no tienen una sólida formación académica psicológica que los sostengan, sin embargo movilizan formaciones caracteriales y aspectos dinámicos sin tener un soporte teórico-conceptual para poder analizar lo que emerge en una sesión, aunque sí muchas veces tengan un fuerte backgroud empírico o un potente desarrollo intuitivo.

En este sentido es importante también tener presente desde dónde se da, desde dónde se recibe. Por ejemplo: un coordinador puede pensar que está dando, cuando en realidad se está llenando de energía para inflar su ego en forma omnipotente y narcisista.
El proceso terapéutico y el aprendizaje vivencial de los laboratorios clínicos no puede reemplazarse por ningún otro recurso en la formación. Es importante que el psicoterapeuta corporal conozca y además practique permanentemente la técnica que administra, como condición conveniente y necesaria para el desarrollo de una praxis productiva y eficiente, pero además vital y vibrante.
Desde mi punto de vista es necesario que desarrollemos estéticamente (como modo de existencia) una ética del placer, en oposición a una moral del poder. Por ejemplo: como terapeutas bioenergéticos es importante, en el proceso de formación, el hecho de construir una personalidad integrada, lo que implica enraizar al yo en el cuerpo. Un terapeuta desconectado de la tierra, de su naturaleza animal o de sus sentimientos, puede ser soberbio, egoísta, descuidado e incluso deshonesto, y puede no estar interesado en sanar como su meta principal y perderse así en el laberinto de sus propias abstracciones.

Bioenergéticamente este movimiento de apertura corporal, que implica necesariamente la unión entre el pensamiento, el corazón y la pelvis, entre las corrientes energéticas tiernas y agresivas, es el resultado de la excitación que fluye libremente por el cuerpo y está relacionado al grado de apertura y flexibilidad de nuestro centro CORE (nuestro centro de la pulsación).


En el proceso de formación entrenamos a nuestro cuerpo a confrontar su coraza caracterial y muscular, aumentando su capacidad de pulsación, buscando un equilibrio entre la carga y la descarga, entre la tensión y la relajación, y analizando la relación entre la producción y el uso de la energía.

En este proceso es muy importante el desarrollo de la percepción: los formandos tienen que tornarse cada vez más sensibles a sus propios movimientos plasmáticos (streamings) y a las emociones ligados a ellos. Precisan aprender a percibirse y a entenderse como un campo energético, para poder percibir y entender los mensajes energéticos de los otros. Este aprendizaje de sensibilización, emoción e intuición no es para nada una práctica mecánica, sino, por el contrario, un proceso completamente vivo que garantiza la capacidad decisiva, para el trabajo psicocorporal, de sentir en su propio cuerpo lo que está aconteciendo en el cuerpo de la otra persona.


La formación, entendida de esta manera, es un proceso que se sostiene por su propia existencia artística: cada persona con la que trabajamos es un misterio y no un cuadro psicopatológico, un apriori conceptual, un caso clínico al que debemos disecar a través de lecturas corporales, señalamientos e interpretaciones.

Informar y formar humanamente implica, a la vez, una línea ética y estética.

Ética, porque es necesario tratar al otro como a mí mismo: resolver los bloqueos que como sujetos nos confrontamos, antes de señalarlos y levantar preguntas o dudas en otra persona, que no se puedan sostener. En otras palabras, un psicoterapeuta sólo puede llevar a un paciente al lugar emocional al que previamente ya concurrió.

Estética, porque el coordinador de un grupo de formación, o el terapeuta, tienen que poder desarrollar una coordinación lindante con el arte más expresivo, que les permita prevenir o manejar los conflictos desde vías creativas aportando a la salud de los formandos y de los pacientes.


ÉTICA Y COORDINACIÓN
Como en cualquier otro trabajo académico las relaciones entre poder y saber no serán para nada ingenuas.

En el trabajo en psicoterapia corporal, fundamentalmente en el trabajo con grupos, se delega en el coordinador un cierto poder sobre los cuerpos de los participantes. Poder que implica, por un lado, la posibilidad de ordenar, consignar y direccionar la acción y el trabajo de los integrantes de los grupos; y por otro lado, deposita sobre sí un cierto saber acerca de los cuerpos.

Uno de los problemas de la coordinación, especialmente en el trabajo con grupos supernumerarios donde se produce un efecto-masa, es cómo posibilitar que las consignas no sean percibidas y actuadas como órdenes.

En los grupos de bioenergética nos preocupamos especialmente por generar un clima donde los integrantes del grupo puedan hacer suyas las consignas como una sugerencia, recreándolas a partir del trabajo y del propio movimiento expresivo y emocional. El caldeamiento si bien implica una presentación (presentificarse corporalmente, hacerse presente con el cuerpo) por lo general deriva en una movilización del capital libidinal como disparador de intensidades, lo que permite una conexión más activa y flexible con el espacio y los demás integrantes del grupo. El caldeamiento no es sólo un trabajo preparatorio sino también un disparador para pensar, sentir y conectar relaciones heterogéneas y complejas (Por ejemplo: cuerpos-temporalidades, espacio-lugar, personas-ritmos, etc.).


Una postura ética como coordinación implica el poder favorecer los procesos de singularización, que posibiliten el análisis de la implicación de cada uno de los actores institucionales.

El análisis de la implicación y su puesta en ejercicio, es un acto dinamizador de la emergencia y el despliegue de los analizadores: las situaciones construidas o espontáneas que convocan, a la institución y a sus grupos, a asumir sus conflictos e intervenir en ellos. Por ejemplo: E. Pavlovsky, H. Kesselman y L. Frydlewsky en su ensayo “Las escenas temidas del coordinador de grupos” (y no casualmente, un año antes del golpe de estado de 1976 en la Argentina) marcaron una línea de trabajo en el psicodrama psicoanalítico, planteando que todo coordinador de grupos debería entrenarse para aprender a entrar y salir profesionalmente de aquellas escenas que le provocaran temor en su práctica.


Es importante desarrollar un (auto)conocimiento y un entrenamiento que permita reconocer en nosotros mismos nuestras capacidades y aceptar nuestras limitaciones. Reconocer cuándo se puede y cuándo no se puede; reconocer cuándo no alcanza lo que se sabe, o directamente reconocer el hecho de que no se sabe tanto y que no podemos ayudar a “todo el mundo”; desarrollar la capacidad de admitir que uno se puede haber equivocado; recurrir a la reflexión solidaria de otro pensar con compañeros del colectivo de trabajo, etc. Y, por sobre todas las cosas, intervenir terapéuticamente con mucha prudencia para disminuir al mínimo la posibilidad de que se generen efectos iatrogénicos.
Desterritorializar la clínica psicocorporal de prácticas violentas implica tener claro que trabajamos con los cuerpos, no sin los cuerpos, contra los cuerpos o sobre los cuerpos.

El trabajo en psicoterapia corporal es un trabajo simple. Es mucho más simple de lo que parece al inicio del entrenamiento. Es necesario, sí mucha implicación, compromiso y pasión. Con el aumento de la experimentación corporal, de la investigación sobre sí y de la integración conceptual, el aprendizaje se torna más fácil y directo aun. Cuando esta integración sucede, los procesos se tornan muy bellos y gratificantes.


La simpleza del trabajo de coordinación consiste en dar las posibilidades y el apoyo necesarios a los integrantes del grupo para seguir los impulsos interiores.

Este simple canal muchas veces produce dificultades en los integrantes: al intentar seguir el impulso interior, al tratar de sentir lo que tienen ganas de hacer “no saben” lo que sienten ni lo que quieren (quieren obedecer –la consigna-; quieren que sea dicho, por parte de la coordinación, lo que es necesario hacer). En términos reichianos, nos confrontamos con personas que no tienen conciencia de lo que pasa en las profundidades de su ser (su núcleo biológico/la primer camada).


En esa situación se corre un peligro que toda coordinación libertaria debe visualizar: que el grupo no se transforme en una repetición de los juegos de roles autoritarios y obedientes.

Este no es un problema menor, en la medida en que las problemáticas inconcientes de la subjetividad no paran de afirmarse en el conjunto de los campos políticos y sociales (y viceversa). La violentación sufrida en nuestro país durante 12 años de autoritarismo militar es uno de los atravesamientos más importantes que podemos registrar entre los cuerpos sociales.



Pongamos un ejemplo de una modalidad de subjetivación basada en un régimen de afección autoritario-obediente. Entre los años 1960 y 1963 el Profesor del Departamento de Relaciones Sociales de la Universidad de Harvard, Stanley Milgram, inició en la Universidad de Yale (New Heaven) una investigación que se llamó “Sumisión a la autoridad” 69. La misma se basaba en una experiencia donde las personas acudían a la Universidad por medio de un aviso publicado en el diario, en el cual se solicitaban voluntarios para colaborar en un experimento científico, y en el que le pagarían una tarifa por participar. Al llegar a la universidad les hacían pasar a una sala en donde se encontraban un médico y un psicólogo junto a otra persona desconocida (que supuestamente venía también por el aviso, pero que en realidad era un actor coordinado por la Universidad). El psicólogo les comentaba el objetivo de la investigación: “una teoría establecida por el Departamento de Psicología de esta Universidad dice que el individuo aprende mejor cuando sabe que cada error, significará un castigo. Una aplicación de esta teoría es, por ejemplo, la paliza que los padres dan a los niños cuando estos se equivocan. Se espera que ese castigo incite al niño a recordar. En esta Universidad nos interesan los adultos. Mediremos científicamente cómo el castigo influencia la memoria. Hoy uno de ustedes será el alumno. El otro, el instructor, que infligiéndole castigos progresivos a su compañero, lo llevará a utilizar mejor su memoria”. Luego de comentarles el objetivo de la investigación se pasaba a sortear los roles de instructor y de alumno. Como los papeles que se sorteaban tenían el mismo nombre, el actor siempre quedaba de alumno y el voluntario de instructor (el voluntario obviamente no lo sabía). El alumno (que actuando como cobayo debía “equivocarse” periódicamente) se sentaba a una silla conectada a una consola de electricidad progresiva (en realidad de utilería) que iba de 15 a 450 voltios. El psicólogo completaba la metodología de la experiencia dirigiéndose al instructor: “El principio de esta experiencia es simple. Aquí hay una lista de 30 nombres relacionados con un adjetivo: cielo-azul, animal-feroz, etc. Usted leerá las 30 parejas de palabras, luego dirá sólo el adjetivo y él tendrá que decirle de memoria a qué nombre corresponde. Cada vez que el Señor se equivoque usted le inflingirá un castigo. Moverá uno de esos cursores y él recibirá una descarga eléctrica. Al primer error el alumno recibirá 15 voltios, al segundo 30. Estos cursores están graduados de 15 en 15 voltios, que se van sumando. Por favor, lea las asociaciones de palabras lentamente, articulando, para que el alumno pueda recordarlas. El doctor controlará, a su vez, la experiencia”. El rol del médico es cuidar que se cumpla lo convenido. Por ejemplo, si se suelta la mano del alumno que lo conecta al tablero (acción previamente concertada con el actor) debe ordenarle al instructor que vaya a atársela. O en el caso en que el instructor intente disminuir su conflicto interno, ayudando a su víctima (cuando el alumno comienza a “sentirse mal” por las descargas eléctricas), el médico debe ordenarle continuar, pese a las “súplicas” del actor dirigiéndose al propio instructor: “continúe” afirmará el médico, “yo me hago responsable; es esencial que termine el experimento”.

El verdadero objetivo de la investigación no tenía, en realidad, ninguna relación con la memoria y el aprendizaje. Lo que interesaba era la capacidad de obediencia del instructor: su sumisión a la autoridad. Para él la autoridad son la Universidad y los guardapolvos blancos de sus representantes (el médico y el psicólogo), que le imponían castigar a alguien que no le hizo nada. ¿Hasta qué punto obedecerá esa orden estúpida? Ese era el problema: con cuánta facilidad podía provocar daño a otro individuo desconocido obedeciendo órdenes criminales, pero “justificadas” (en este caso “científicamente”).

A los tres meses se le hacía una devolución al instructor: “Hace tres meses usted participó de una experiencia en la que administró descargas eléctricas de hasta X voltios. ¿En todo momento creyó que eran reales? ¿Se daba cuenta que cometía un acto cruel contra una víctima inocente?”.

Las conclusiones de la investigación fueron las siguientes: el 63% de los sujetos son obedientes, aceptan el principio de la experiencia y llegan a 450 voltios. Cuando desaparece la coherencia de la jerarquía y hay un “desacuerdo institucional” (Por ejemplo: una discusión -también previamente coordinada- entre el médico y el psicólogo, por una “insuficiencia cardíaca” del alumno al llegar el instructor a los 405 voltios), el sujeto aprovecha para dejar de obedecer.



En un país que se dice democrático las 2/3 partes de su población pueden ser capaces de ejecutar cualquier orden procedente de una autoridad superior.
Otro aspecto ético a considerar, al dar la coordinación a los integrantes del grupo los soportes y el sostén necesarios para seguir los impulsos interiores, es que si un psicoterapeuta o un coordinador ayudan a una persona a liberarse de sus defensas, deben saber que, en consecuencia, la persona se torna más vulnerable y debe recibir un apoyo total. Y sobretodo garantizarse que no sufra ninguna agresión exterior. Esto implica que, en el espacio de la sesión o en el espacio del grupo de aprendizaje o formación, el terapeuta o coordinador está entera y empáticamente resonando con la aventura interior de los pacientes o participantes del grupo, guardando además sus propias necesidades para sí mismo para trabajarlas en su propio proces terapéutico). Por lo que se hace necesario como cualidad del coordinador y/o terapeuta un desarrollo sensible y espiritual (fraternidad del alma) que le permita integrar la emergencia de las pulsiones profundas bioenergéticas de sus coordinados/pacientes. En un nivel, como coordinadores/terapeutas somos responsables del propio proceso de los integrantes del grupo. Para ello es necesario que le demos el apoyo al inconciente y a la personalidad primaria que los integrantes “enterraron” hace mucho tiempo y que puede emerger en un proceso grupal.
Pongamos dos ejemplos: el trabajo con la respiración en dinámicas grupales, y el trabajo con la dimensión temporal y el ritmo interno de cada paciente en situación individual y/o grupal:
*Desde la clínica bioenergética sabemos que la sensibilidad está determinada por el movimiento y por la respiración. Así como las emociones fuertes estimulan y profundizan la respiración, la estimulación y la profundización de la respiración pueden causar emociones fuertes. Esto implica necesariamente un profundo conocimiento y una gran cautela por parte de los coordinadores grupales y/o terapeutas psicocorporales, a la hora de trabajar con la respiración y sus funciones emocionales.
Tal como lo plantea D. Boadella el equilibrio entre la contención emocional y la descarga emocional es también el equilibrio entre la inhalación y la exhalación. En este sentido W. Reich “conocía los peligros potenciales de liberar demasiado rápidamente una respiración inhibida, inundando el organismo con más sensaciones que las que pudiera manejar, sin cerrarles de algún modo el paso a las reacciones psicóticas que la práctica respiratoria pudiera precipitar” 70. De lo cual podemos inferir que la práctica terapéutica bioenergética y reichiana exige un trabajo de mucha prudencia, mientras se construye, edifica y/o fortalece el yo de los pacientes.
Si bien en los principios de la terapia reichiana se ayudó a los pacientes a trabajar con su respiración, profundizando en la espiración (en el trabajo con pacientes que desarrollaban básicamente defensas masoquistas o rígidas), los cuerpos de los pacientes actuales no son los mismos cuerpos acorazados que trabajó W. Reich. Actualmente observamos en la consulta, pacientes con déficit en el acorazamiento y que no han desarrollado los mecanismos de control necesarios para su vida. Estos pacientes necesitan aprender a profundizar su respiración en su fase inspiratoria (depresivos, orales, impulsivos, personas con una disposición excesiva a caer en la descarga emocional, hiperventilados, etc.), o profundizar la fase de retención de aire en la pausa entre la inspiración y la espiración respiratoria (borders, esquizoides, etc.).

Muchos terapeutas reichianos (¿mal entrenados?) han generalizado el uso de las técnicas de respiración en situaciones grupales (Por ejemplo: dinámicas de hiperventilación) incitando expresiones emocionales en personas que requerían precisamente el tipo inverso de ayuda.


*Como desarrollaré en un capítulo posterior la dimensión temporal es de central importancia ética en el trabajo clínico tanto individual como grupal, en la medida en que es el tiempo interno que el paciente necesita para asimilar, para reaprender bioenergéticamente a pulsar y a expresarse emocionalmente. En términos técnicos cada movimiento71 sugerido por la coordinación debe ser realizado con la comprensión del momento y la situación emocional (y social) en que el paciente está en la fase de la terapia. Es decir, cuál es el principio que justifica su uso en este momento exacto, tomando en cuenta el movimiento interior y el ritmo interno del paciente. Si los cambios “terapéuticos” se producen fuera del ritmo interno del paciente y sin tomar contacto con el movimiento interior del núcleo biológico (la primera camada), probablemente el trabajo derive en una aplicación técnica (de “liberación emocional”) que tocaría solamente la superficie de la coraza somática-caracterial, o derivaría socialmente en un cambio adaptativo que reforzaría el individualismo anti-natural, o no duraría mucho tiempo en sus efectos, produciéndose una nueva forma resistencial de acorazamiento.

Cuando el trabajo terapeútico individual y/o grupal adquiere la sensibilidad y la potencia del streaming, y acontece en consonancia con el ritmo interno del paciente, se produce la reconciliación de la naturaleza y la cultura a través de la recuperación de los ritmos biológicos.



  1. LA ÉTICA DEL TOQUE EN EL TRABAJO PSICOTERAPÉUTICO: RESONANCIA E INTERFERENCIA

Tocar, más que una modalidad física de sensación, significa emocionar, poner en movimiento. Tocamos con nuestra mirada, tocamos con nuestra voz y tocamos con nuestras manos y nuestro cuerpo. En nuestro proceso de formación en clínica bioenergética la ética del toque adquiere un lugar central en la medida en que se comienzan a tomar en cuenta las sutilezas, las dificultades, los riesgos y los beneficios del arte terapéutico de tocar.


¿Enseñamos más a aumentar la sensibilidad que a ponerle un límite? ¿A tocar los cuerpos que a no tocarlos? ¿A poner el cuerpo más que a sacarlo? ¿Cómo desarrollar el lenguaje expresivo y emocional de nuestras manos considerando, a su vez, toda la delicadeza que necesita el respeto del otro y de uno mismo?

Así como existen distintos grados de sensibilidad existen diferentes formas de poner el cuerpo y diferentes formas de tocar.

Los terapeutas bioenergéticos y reichianos trabajamos con toques, presiones controladas y masajes. Es importante saber que la mano que “intuitivamente colocamos en el lugar adecuado” instala un discurso. La intensidad del toque, la velocidad del ritmo, no es casual. Responde a una sistematización del pensamiento psicocorporal.
Por medio del contacto físico se puede realizar un diagnóstico estructural: discriminación entre bloqueos y tensiones, entre tensiones actuales y crónicas, lectura del tono muscular, de la vitalidad de la piel y de los tejidos, de la presencia o ausencia de generación de calor, del tipo de energía, etc. Pero tocar a un paciente en la psicoterapia no es una panacea. Esto es muy importante tenerlo claro éticamente.

Cuando tocamos a un paciente estamos reactualizando su historia, por lo tanto pueden revivirse sentimientos reprimidos: al igual que puede desinhibirse placer y deseo, puede también desbloquearse rabia, dolor y desesperación. Estos sentimientos pueden venir a la conciencia, con sensaciones e imágenes marcadas por un tipo de contacto anterior deprivador, abusivo, descuidado, manipulativo, y/o seductor.

Cuando se toca a un paciente se está trayendo una carga adicional en el sistema energético de la persona, estimulándose una particular respuesta en su cuerpo, que por otra parte, puede estar altamente defendido y no queriendo reabrirse para no volver a sentir el dolor original de una traición a su amor, por ejemplo. Esas defensas que el paciente creó durante tantos años implican un delicado equilibrio que desarrolló para sobrevivir, por lo cual tanto el paciente como el terapeuta necesitan preguntarse si están prontos para lo que pueda emerger del toque.

El toque adiciona calor a un área contracturada, pero al mismo tiempo que puede ayudar a devolver vitalidad en una zona congelada, puede revivir mucho dolor emocional. Al cambiar el equilibrio energético en el cuerpo se lo devuelve a la rabia, la pena, el amor y el miedo que habían sido acorazados y anudados. La expresión de estos u otros sentimientos reprimidos adquiere una cualidad regresiva. Es que no estamos haciendo otra cosa que pedirle al niño interno del paciente que se ajuste al mundo adulto. Pero en ese movimiento muchas veces se reviven esperanzas que no pueden ser satisfechas. Por lo tanto es muy importante saber cuándo y cómo tocar (y, eventualmente, no tocar).

Por ejemplo, en el trabajo con pacientes que han desarrollado defensas esquizoides el toque se centra en el enraizamiento de la cabeza (como un miembro y centro de expresión), y en el trabajo con la musculatura profunda del cuello y la cintura escapular. El terapeuta usa su propio cuerpo como contenedor auxiliar, sensibilizando al paciente esquizoide para el uso de sus músculos y sus huesos como recurso de arraigo (enraizamiento en la columna), buscando balancear la carga a lo largo del cuerpo, edificando límites y posibilitando el espacio para la expresión del miedo72.

Particularmente tengo necesidad de usar mis manos en el trabajo psicoterapéutico. El tocar implica un tipo de relación y de vínculo. Por un lado, una forma de conocer al otro, escuchar sus tensiones y bloqueos, sus pulsaciones y vibraciones, sensibilizar su cuerpo y estimularlo. Por otro lado, una forma de poner mi cuerpo (pulsional, amorosa, transferencialmente). Una mano puede devenir diversas cualidades: ser testigo, intermediaria (v.g: puede producir dolor, puede descargarlo, puede ser atravesada por el dolor, puede aliviarlo). Al tocar soy tocado.

El toque como herramienta a utilizar en la clínica bioenergética y reichiana siempre tiene que ser pensado y entendido en el contexto de la transferencia. Con el tacto estamos reproduciendo la matriz de la relación transferencial, al reactualizar los contactos pre-verbales con la figura materna (la transferencia orgánica). Para lo cual el terapeuta deberá conocer exhaustivamente la historia del paciente, de manera de poder conectarse responsablemente con los afectos emergentes, desarrollando además una congruencia entre el tipo de toque y el sentimiento que se está transmitiendo a través de él73. En este sentido, tocar a un paciente supone más que una técnica, ya que a veces la técnica invalida el espíritu que se quiere transmitir.
Si bien el toque en el proceso terapéutico tiene que ser pensado y entendido en el contexto transferencial, la efectuación y la realización del toque tiene que poder trascender el sentido de la transferencia personológica y poder generar un nuevo padrón resonante (en oposición a los padrones de disonancia traumáticos que quedaron registrados en las células del organismo).

En la clínica bioenergética nos movemos desde la transferencia, pero buscando salir de ella. El psicoterapeuta bioenergético puede ser ante todo un padre, una madre, un maestro o un amigo sustituto que ayude al paciente a completar satisfactoriamente las etapas importantes de su desarrollo: en el útero, en la infancia, en la adolescencia y en la edad madura. En este restablecimiento de vínculos esperanzadores y amorosos (bonding), el terapeuta no refuerza los traumas del paciente con reacciones parecidas a las mismas de sus padres sino que, por el contrario, trata de darle lo que ellos no le dieron.

Por ejemplo: en el trabajo clínico con personas que han desarrollado defensas masoquistas el objetivo de la psicoterapia se basa en liberar al paciente de la tiranía de su super-yo. Por lo cual se reafirma su derecho de ser independiente; derecho que se establece, en el desarrollo evolutivo natural, a través de la auto-afirmación y de la oposición a los padres74. La actitud resonante del terapeuta con el paciente masoquista debe ser permisiva hacia la auto-expresión del paciente al máximo, permitiendo la expresión de su negativismo, porque ellos no pudieron hacerlo nunca con sus padres. Para poder lidiar con el negativismo y la rabia del paciente masoquista, que es enorme, debemos tener una gran capacidad de enraizamiento (grounding), y no perdernos en la contratransferencia negativa defensiva. En términos analíticos debemos estimularlo a trabajar su enorme ansiedad de castración, su culpa y su vergüenza, aumentando su espontaneidad, pero nunca perdiendo la conexión con el dolor y el sentimiento de humillación que prevalece en el paciente masoquista. El masoquista es un niño grande que no ha aprendido a andar, pensar y sentir por sí mismo, y aunque siente un profundo resentimiento porque ha sido obligado a seguir las disposiciones de otros, por su propia inseguridad, exige que el terapeuta le de pautas concretas o se queja de que no le ayuda lo suficiente. Esta es una de sus trampas transferenciales en que el terapeuta no debe caer. De ser así el paciente nunca podrá confiar en sí mismo, probando sus propias fuerzas. Dar reglas y consejos a los masoquistas refuerza su sentimiento infantil de que no pueden hacer nada por sí mismos. Todo terapeuta debe tener confianza en la tendencia y capacidad de todos los pacientes de buscar y elegir lo que es mejor para ellos mismos. En la terapia con los pacientes masoquistas se fortalece permanentemente la confianza en la expresión de los afectos positivos y negativos75.
Este proceso de cooperación mutua (alianza terapéutica) no se limita a la hora de consulta, sino que implica, necesariamente, que el paciente pueda trasladar las experiencias positivas de las sesiones a su vida cotidiana.

Si el proceso psicosomático de enfermar (neurosis, coberturas caracteriales, psicosis) encierra una pérdida de contacto con nuestras funciones vitales sanas, el objetivo terapéutico de la psicoterapia bioenergética y reichiana será el de restituir a la persona a un estado de pulsación saludable, en el cual las actividades vitales básicas sean rítmicas, den placer y se auto-regulen. Este proceso implica trabajar hacia un creciente contacto con uno mismo y con los otros, ayudando al paciente a restablecer su capacidad natural de amar, la unidad funcional dinámica de su organismo que fue lesionada, y en parte rota por las restricciones, represiones y limitaciones de su desarrollo evolutivo, más o menos traumático.


Es importante que el terapeuta bioenergético y reichiano (tanto en el toque como en cualquier otra actividad terapéutica) no se asuste con la transferencia defensiva, pero tampoco que la fomente. La resolución transferencial creativa se da, poco a poco y paso a paso, no sólo con interpretaciones o señalamientos sino, fundamentalmente, con experiencias de sentimientos apropiados, donde el setting terapéutico bioenergético nos permite dar y afianzar experiencias positivas de amor terapéutico, comprensión y seguridad.

David Boadella describe con mucha precisión este pasaje de padrones de interferencia (transferencia-contratransferencia) a padrones de resonancia: “si las necesidades emocionales del niño se encuentran con una expresión emocional contradictoria por parte de su padre o de su madre tenemos un padrón de interferencia. Un crecimiento saludable, no neurótico, es esencialmente un padrón de resonancia. La transferencia y la contratransferencia, tal como se presentan, son también padrones de interferencia; significando que algo está sucediendo entre el terapeuta y el cliente; entre aquel que ayuda y el que es ayudado; existe un padrón o campo distorsionando el contacto. Si el contacto es distorsionado por el cliente tenemos la llamada transferencia. Si es distorsionado por el terapeuta, tenemos la contratransferencia” 76. La esencia de la transferencia es que esa distorsión refleja la historia de remotos padrones de interferencia, o dicho de otra manera, el mismo padrón interferente del pasado es proyectado en los nuevos relacionamientos, produciendo una distorsión en los mismos. El terapeuta bioenergético y reichiano trabajará la transferencia y la utilizará, como interferencia, para conocer lo que interfiere77. Transponer la transferencia lleva así a otro padrón la resonancia. Y la resonancia implica la recuperación del cuerpo y del presente.


Tal cual los grupos sujetos y los grupos sometidos luchan y se alternan como distintos momentos en una institución, debemos tomar en cuenta que en el vínculo entre terapeuta y paciente los padrones de interferencia están luchando permanentemente con los padrones de resonancia.
Siguiendo la metodología de la arqueología del cuerpo (desarrollada en el capítulo del mismo nombre) podemos analizar la transferencia y la contratransferencia a través de las tres camadas existenciales descriptas por W. Reich. Las dos camadas superiores (la máscara y la camada secundaria -lower self-) están implicadas en la transferencia, siendo la camada primaria (la camada del núcleo -higher self-) la que precisa ser contactada entre el terapeuta y el paciente para que se (re)establezca el padrón de resonancia.

Es necesario considerar además, que la transferencia más importante que manejamos en el trabajo psicocorporal está relacionada a la identificación vegetativa (W. Reich). La misma no es otra cosa que la transferencia orgánica que se da en los primeros meses de vida, que es esencialmente energética, vibratoria, emocional, somática y preverbal. Y que marca primariamente nuestra estructura caracterial, nuestra forma de acorazamiento y nuestra potencia orgástica. Más allá de la intervención verbal entre el terapeuta y el paciente, el contacto biofísico y emocional que se da en el vínculo psicocorporal entre los mismos, nos remueve directamente a la transferencia orgánica78.


¿Cómo utilizar el cuerpo, terapéuticamente, para generar (nuevos) patrones de resonancia?

En el ejercicio psicoterapéutico nuestro cuerpo va a ser una herramienta en dos sentidos. Por un lado, es el lugar primordial para compartir profundas emociones de un modo cálido y humano. Y por otro, su extensión en el entre medio vincular permite desarrollar una dinámica y una interacción cuerpo a cuerpo, que posibilita al paciente aprender nuevos patrones de desarrollo y explorar nuevos senderos de movimiento.

Desde hace tiempo que los psicoterapeutas corporales se han liberado del tabú que sobrecodificaba a los psicoanalistas, de establecer cualquier contacto físico cálido, inclusive la mirada, con las personas que trataban de ayudar. Actualmente en el trabajo bioenergético y reichiano se sigue utilizando el toque como elemento diagnóstico, como forma de manipulación para ablandar rigideces corporales, o para ayudar al paciente en su proceso de construcción de bordes, límites y edificación del yo. Este tipo de toques favorecen por lo general, un mayor contacto con su flujo energético interno.

En psicoterapia bioenergética y reichiana no dejamos a los pacientes con su miedo al cuerpo y al contacto (cuerpo no habitado). A diferencia de los psicoanalistas que sólo trabajan el cuerpo como representación o contenido ideacional (cuerpo imaginario), en psicoterapia corporal trabajamos con el “cuerpo real” de los pacientes como vía de acceso al inconciente, abordando desde el sistema nervioso neurovegetativo los principales bloqueos afectivos-musculares (cuerpo habitado).

No está de más repetir que cuando un terapeuta siente que sus sentimientos personales pueden interferir en la relación transferencial, es preferible no tocar al analizando. Por ejemplo: cualquier insinuación sexual es una traición a la confianza depositada en la relación terapéutica y puede someter al analizando a un trauma similar al que pueda haber experimentado en su niñez. Por lo tanto todo toque debe ser un apoyo terapéutico, estar libre de todo interés personal y no tener ninguna connotación sexual.
En un toque desde un patrón de resonancia la totalidad de nuestros sentidos está en juego. La mirada es de contacto, el terapeuta es sensible a su propio tono muscular y al tono muscular del paciente, la respiración está centrada y cumple con su función emocional natural. El contacto con su ritmo interno (ver próximo capítulo) es fundamental para desarrollar una experiencia de soporte y de sostén, y para respetar el ritmo interno del paciente.

A través de un toque con resonancia (cálido y lleno de afecto), el niño en nosotros aprende a integrar y a confiar en sus sentimientos. Probablemente fue el abuso en el toque (mecánico, frío, sofocante, sobreestimulante) lo que creó nuestro dolor y nos forzó a desarrollar nuestras estructuras defensivas. Es con la esperanza de liberarnos del dolor, descongelar nuestros corazones y recuperar nuestra vitalidad que nos hemos arriesgado (como terapeutas, como pacientes) a tocar y a ser tocados nuevamente. Porque sabemos que vivir sin un contacto es como vivir en el desierto o en el infierno.

En este sentido la terapia bioenergética y reichiana poseen una capacidad terapéutica para recuperar el cuerpo, su capacidad natural de amar, y su deseo de tocar y de ser tocado.

La resonancia, aquella identificación vegetativa, que permite sentir en el propio cuerpo del terapeuta la sensación de lucha del paciente, sus tensiones sutiles, sus estados emocionales, su ritmo y su calidad de pulsación, es la principal herramienta que debemos aprender a desarrollar como psicoterapeutas. Para ello es necesario estar en contacto con nuestro ritmo interno.



  1. RITMO INTERNO Y SOPORTES

EN EL PROCESO PSICOTERAPÉUTICO*

W. Reich preocupado por el hecho de advertir en sus pacientes un bloqueo funcional en sus procesos corporales (problemas sexuales, problemas en la respiración, problemas digestivos, problemas circulatorios, etc.) desarrolló su línea de investigación a partir del principio de auto-regulación que se produce naturalmente en el orgasmo. Al observar que los trastornos funcionales de sus pacientes estaban relacionados a que sus procesos corporales carecían de ritmo, dirige su investigación a los fenómenos bioenergéticos de la pulsación (la expansión y la contracción).


En la neurosis y en la psicosis los procesos rítmicos expresivos y funcionales están desequilibrados; en un estado de salud dichos procesos se producen rítmicamente. El objetivo terapéutico de las terapias (neo y post) reichianas pasa a ser el de restituir a la persona que se pone a asistir, a un estado de pulsación saludable, en el cual las actividades vitales básicas sean rítmicas (es decir, que den placer y estén auto-reguladas).
En el ritmo interno encontramos la verdad de lo vital.

Desde ese ritmo interno uno puede vivir en armonía. Cuando tiene hambre come, cuando ama a una persona se entrega sin culpa al sentimiento.

Hay veces que uno no registra ese ritmo interno, que es equivalente a poder tomar contacto con los movimientos interiores del cuerpo, con sensaciones de órgano, con el movimiento emocional.

Cuando uno está en contacto con el ritmo interno se tiene menos miedo, o mejor dicho, el miedo se hace más tolerable, compartible y expresable. Podríamos incluso decir que la emoción del miedo, se produce en forma equivalente con una enajenación de la representación del ritmo interno. Es decir, cuando un paciente tiene el síntoma de ansiedad, en un nivel podríamos interpretarlo bioenergéticamente como un ritmo acelerado que se produce como defensa frente a un ritmo interno profundo (una sensación de placer, por ejemplo).


En el movimiento respiratorio sano hay un ritmo interno de la verdad de lo que uno es vitalmente.

Una de las formas desarrolladas en las terapias bioenergéticas es el trabajo con la respiración y con el reflejo de orgasmo. Cuando en el trabajo clínico, en la búsqueda del ritmo interno, respiramos en posición supina, la pelvis se levanta y se proyecta hacia delante en la exhalación. Al mismo tiempo el cuerpo alza la garganta como para confluir con la pelvis, la cabeza y los hombros caen y el pecho se afloja vulnerablemente en un gesto de entrega. Más que un efecto mecánico se realiza un movimiento en un tono sensible.

En la clínica bioenergética nos va a importar más aumentar la longitud que la amplitud de la respiración. Si aumentamos la longitud de la respiración, probablemente aumentemos la amplitud de la misma, pero en el ritmo interno del paciente.

El trabajo respiratorio con ritmo interno lo utilizamos, entre otros objetivos, como el soporte para los laboratorios clínicos grupales de sexualidad, ya que estamos buscando la apertura corporal, la espontaneidad expresiva, la relajación y la armonización bioenergética. La respiración libre y plena (que se da en el reflejo de orgasmo descrito por Wilhelm Reich) no es un estado sino un proceso. Como reflejo está más allá del control conciente. La exploración del ritmo interno, nos lleva directamente al corazón del proceso terapéutico; en la medida en que vamos haciendo concientes nuestras distorsiones temporales, también posibilitamos dejar de retener y de distorsionar nuestro ritmo interno.


En este trabajo es posible que se produzcan algunas reacciones: parestesias, sensaciones de frío y/o de calor, hormigueos, principio de hiperventilación, ausencia de contacto, sensaciones de autopercepción del acorazamiento en zonas o en todas las partes del cuerpo, aparición de movimientos involuntarios parciales, movimientos involuntarios unitarios que, partiendo de la zona diafragmática y del centro energético plexo solar, dan una sensación de placer al abandono, vibraciones que dan una suave excitación sexual, sensaciones agradables y extrañas del manar y del flujo de la energía vital en nuestros cuerpos.
El contacto con el ritmo interno será además una forma de grounding (arraigo, enraizamiento): el de las funciones vitales del self, del yo corporal. A partir de la entrega a la respiración se posibilita la entrega a uno mismo. Esta entrega será además a la realidad de nuestro cuerpo: la realidad de nuestros sentimientos y los procesos de afección que la ponen en marcha, la realidad del pasado y del presente, la realidad de la necesidad que tiene nuestro cuerpo de respiración, de placer, de descanso, de actividad, de alimento, de gozo, etc.
Cuando en los procesos terapéuticos individuales y/o grupales trabajamos con la respiración, puede que se movilice las conexiones entre miedo y contacto, y entre entrega y contención.

Manejamos una serie de hipótesis para trabajar la relación entre soportes y ritmo interno:

a) Un niño no puede expandirse sin un soporte.

b) El no-acompañamiento de las necesidades básicas por la madre, el padre o los substitutos paternos, genera una alteración de las funciones vitales. Por ejemplo: en la acción de chupar (que es equivalente a nutrirse del afuera, a besar, etc.).

c) Si las funciones vitales quedaron interrumpidas hubo un déficit en la resonancia vegetativa que queda grabada en la memoria celular, por lo que puede aparecer como síntoma el miedo al contacto.

d) En ese mismo lugar que aparece el miedo al contacto está la necesidad de contacto, pero marcada por el miedo de retomar funciones desde donde se podría sentir angustia, pérdida, frustración o privación. Incluso el miedo puede impedir directamente registrar esa necesidad de contacto, impulsando al organismo a evitarla, transformándose luego en miedo a la función.


A modo de ejemplo y siguiendo estas hipótesis, podríamos entender porqué una persona fuma, en lugar de respirar más profundamente. O porqué un hombre que fue abandonado por su pareja no va a poder hacer el amor por un tiempo. O porqué una mujer abusada sexualmente no va a querer abrir su vagina a otro hombre.
Por eso es muy importante cuando se trabaja con un paciente ser conciente que en el trabajo bioenergético se está trabajando con su historia de vida. No es sólo XX que está delante nuestro, sino la función vital que no fue satisfecha y se reactualiza en el trabajo transferencial y bioenergético.

Lo primero es entender, entender y luego actuar. Tenemos que entender qué tipo de trauma le afectó en su infancia, cuál fue su patrón defensivo a nivel caracterial y cuál fue el modo de contención energética (donde está bloqueada estratégicamente su energía, cuáles son sus patrones de fijación libidinales, etc.), para poder entender además el grado de funcionalidad/disfuncionalidad en los segmentos de la coraza muscular o en las zonas bioenergéticas, y luego realizar una diagnosis y comenzar a aplicar herramientas clínicas de intervención.


Evolutivamente cuando el bebé está en la panza escucha ritmos internos en su fusión con la madre: el corazón, las vísceras, los pulmones, el líquido amniótico, etc. Puede pasar que antes o después del nacimiento la madre no esté en sintonía con el ritmo del bebé. De esta manera se van generando dos ritmos: el propio de las personas y otro para ser querido o adaptarse al del otro.

Cuando trabajamos en grupos los laboratorios clínicos sobre soportes, buscamos el contacto con el ritmo interno a través del trabajo respiratorio en parejas. El mismo es lento, profundo, visceral (siendo equivalente al de la función parasimpática descrita por Wilhelm Reich en “La función del orgasmo”). No es por lo tanto, el ritmo que generalmente desarrollamos en las actividades cotidianas diurnas (equivalente a la función simpática), para lo cual debemos tomar en cuenta otra dimensión que se pone en juego en el trabajo psicocorporal: la dimensión temporal.

Esta dimensión es cada vez más tomada en cuenta por los terapeutas psicocorporales, en función de la variedad de los problemas técnicos (y éticos) que surgen en la práctica clínica profesional. Muchos de estos problemas derivan de la incapacidad de los propios terapeutas de saber esperar el ritmo bioenergético, emocional, de los pacientes.

Tanto F. Navarro como X. Serrano definen con mucha claridad y precisión la necesidad de respetar el ritmo de desestructuración (flexibilización) de la coraza de los pacientes. Este proceso funciona idénticamente al ritmo de emergencia del inconciente, que se produce en forma ordenada, a partir de una lógica funcional y estructural. En su trabajo con los actings se le ofrece a los pacientes un tiempo para “encontrarse con su ritmo biológico, para redescubrirlo sobre la base de tener su propio espacio-tiempo en un lugar concreto. No hay una indicación modélica de cómo se debe hacer ese movimiento. Por tanto estamos en el marco de la espontaneidad, pues la respuesta, el cómo lo hacen entra dentro de la propia identidad de la persona, de su estructura de carácter, ya que a medida que se va analizando el acting analizamos la resistencia muscular. El ritmo del acting y el ritmo biológico son lo mismo, al estar trabajando con lo vegetativo” 79.

F. Navarro y X. Serrano abogan por el respeto en todo momento del ritmo biológico del paciente, asumiendo el profesional una postura ética consecuente para adecuar los medios terapéuticos para cada caso en particular. “El paciente tiene un tiempo suyo, siempre el mismo, que le facilitamos al cuerpo para tomar conciencia de cual es la dimensión en la cual puede permitirse ese encuentro con su dinámica interna” 80.
El ritmo interno nos da una conexión posible entre la dimensión artística y la terapéutica. El ritmo procede necesariamente de las funciones corporales (respiración, peristalsis, latidos del corazón, expansiones y contracciones musculares, etc.). Nuestra vida, al igual que el arte, es polirrítmica. Cada una de las funciones de nuestro cuerpo guarda un orden acompasado que se puede acelerar, lentificar, estimular o inhibir, siendo los ritmos vitales (en su conjunto) más o menos armónicos. Es decir, que desde el ritmo no sólo podemos alterar un cuerpo (cambiarlo), sino también contenerlo (organizarlo). Por ejemplo: en algunos casos es necesario desorganizar una estructura defensiva rígida para construir un nuevo orden (una nueva forma), por lo que procedemos a trabajar con estos pacientes para que se abandonen al movimiento espontáneo, alentándolos a que pierdan momentáneamente el control (Por ejemplo: trabajo de “grounding aereo” en posición supina, seguido por trabajos de kicking -pataleo- y de movimientos de lateralización de cuello). En otros casos, el trabajo de movimiento con los ritmos pulsatorios apunta a que las funciones orgánicas se desarrollen organizadamente como sustento del ritmo emocional de los pacientes (Por ejemplo: personas en crisis, o con una organización fronteriza de la personalidad).
De no tomar en cuenta la dimensión rítmica y temporal en el trabajo clínico se corre permanentemente el riesgo de forzar la descarga, como he podido observar en muchos grupos de trabajo psicocorporal. Si en el trabajo clínico nos adelantamos y forzamos el ritmo interno del paciente, no permitiendo que la emoción logre estructurarse y surgir desde el núcleo o desde camadas profundas del organismo, entonces “aparece la respuesta catártica forzada y de esta forma estamos evitando, impidiendo, ese proceso energético, en cuanto que esa energía se gasta en gritar, en moverse, en patalear sin funcionalidad. Después como el cuerpo del paciente ya está agotado, pues ya no hay recursos ni respuestas neurovegetativas” 81.

Es decir, que en el trabajo bioenergético, no sólo debemos dar al paciente las posibilidades y el apoyo necesario para que siga sus impulsos interiores, sino que además, tenemos que ser capaces de que dicho objetivo se desarrolle en convergencia con los soportes y el ritmo interno del paciente. Es importante que en el trabajo bioenergético no se desarrolle un como si emocional, una mimetización disfuncional donde el paciente sea entrenado para desarrollar la capacidad de manifestar sus emociones (que es lo que se espera que ocurra), pero sin un contacto vegetativo profundo con su núcleo emocional y su ritmo biológico interno.

Terapéuticamente buscamos restablecer funciones vitales (seguridad, alimentación, desintoxicación, descanso, satisfacción sexual, capacidad de amar, etc.) que están alteradas, disfuncionales o generando síntomas.

En los laboratorios clínicos sobre ritmo interno, trabajamos además la relación entre contacto y autocontacto a través de ejercicios en parejas.

Podemos agregar como hipótesis de trabajo que:

e) Donde hay miedo al contacto hay fallas en los soportes.

Indagamos acompañando el ritmo interno del paciente ¿cómo quedó en la memoria psicocorporal la experiencia de soporte y de sostén?.

Como objetivo terapéutico proporcionamos un contacto, donde a través de una nueva experiencia (de empatía emocional, de resonancia bioenergética, de confianza existencial, de “amor terapéutico”) el paciente pueda recuperar la capacidad de autosostén. Y pueda volver, desde la memoria celular, al lugar del autosoporte.


El miedo al contacto puede aparecer de distintas maneras.

Ejemplo 1: en un paciente con estructura de carácter oral la ilusión del patrón de contención es: “no necesito; puedo hacer las cosas solito”, cuando en realidad su sentimiento y necesidad básica es: “me siento abandonado y triste; no soporto estar solo”.

Ejemplo 2: un paciente con trazos contrafóbicos da rodeos en la terapia, llega tarde, actúa agresivamente y se bloquea en la sesión, pero no puede tomar contacto con la emoción del miedo, porque en su historia no tuvo soportes para poder expresarlo.

Ejemplo 3: el terapeuta pide permiso y pone una parte de su cuerpo (la mano) en el del paciente (la espalda). Pero puede que la ponga en una zona donde históricamente “no hubo” para el paciente. La espalda es lo que nos sostiene y nos mantiene unidos. Como dice Frank Hladky, nos da una sensación de self. Es donde generalmente sentimos el apoyo. Es decir, que si nos sentimos apoyados desde niños, emocional y físicamente, nos sentimos “respaldados”. Pero no todos los pacientes llegan con esta sensación en su historia corporal. Mucha gente no ha experimentado jamás la experiencia de sentir que tiene una espalda para sí y que es muy lindo sentirse apoyado y “respaldado”.


En la clínica bioenergética aprendemos a trabajar el miedo al contacto construyendo soportes alternativos. Pero es importante saber que el soporte es momentáneo, sino se transforma en una dependencia.

Es decir, el rol del terapeuta como sostén no implica “dar todo lo que ela paciente pide” sino generar los soportes necesarios para, por un lado, poder entender y señalar una disfunción, y por otro lado, para recuperar una función vital.

Ejemplo: Luego de que un terapeuta propone una serie de trabajos bioenergéticos y/o reichianos, se percibe en el paciente, como emoción emergente, miedo a la entrega. Ela terapeuta hace este señalamiento pero el paciente siente otra cosa. ¿Qué está pasando? ¿Qué sintió el paciente? ¿Qué percibió el terapeuta? ¿Cuánto es del aquí y del ahora? ¿Cuánto es transferencia defensiva? Es importante no perder de vista qué necesita y qué le falta al paciente (Por ejemplo: falta de límites, falta de apoyos, falta de soportes, etc.). Uno difícilmente se entrega en una relación de amor sino está garantizada la experiencia de placer. Uno no se puede entregar terapéuticamente a sus sentimientos cuando aun no tiene seguridad interna. Entregarse sin seguridad interna, sin sensación de grounding, puede ser, en realidad, un síntoma border o de locura.
En la clínica bioenergética nunca se corrige ni se juzga a los pacientes en los ejercicios, en la medida en que partimos de la base que lo que se está reactualizando es la historia que intentamos entender.

En el Análisis Bioenergético este proceso se da a través de tres etapas, donde al paciente se lo enfrenta a los controles inconcientes que provienen del temor a ser él mismo. Trabajando sobre la culpa y la vergüenza sobre lo que es o siente, se abordan los trazos caracteriales y las tensiones musculares del cuerpo que bloquean la expresión de sentimientos (miedo, bronca, tristeza, placer, etc.), limitan su conciencia, su autoaceptación y su libertad para ser.

Las etapas son las siguientes82:


  1. El auto-conocimiento o conciencia de sí: percibir las zonas corporales (sus bloqueos, sus tensiones, sus centros de energía), los afectos y sentimientos que en ellas puedan surgir. En el Análisis Bioenergético es importante tomar contacto con la transferencia: cuándo estamos reaccionando ante los recuerdos y afecciones del pasado más que ante los hechos del presente. Este reconocimiento transferencial sirve de contexto para expresar y soltar los sentimientos, conociéndolos tal como son (Ejemplo: clínicamente en una relación transferencial siempre se percibe que el odio es un efecto de la culpa y no viceversa, como lo demuestra Wilhelm Reich en su trabajo “El carácter impulsivo” Der Triebhafte Charakter).

  2. La auto-expresión o expresión de sí: expresar los sentimientos sin suprimirlos, ni perder contacto. Entregarse a la expresión de los sentimientos implica liberar las energías para enfrentar la realidad de un modo apropiado y flexible. Pero para afrontar la realidad debemos primero afrontarnos a nosotros mismos tal como somos y no como quisiéramos ser.

  3. La auto-posesión a adueñamiento de sí: implica la posibilidad de contener los sentimientos, tolerarlos y llevarlos al mundo, conociendo lo que uno siente y siendo capaz de expresarse apropiadamente para promover sus deseos e intereses.

Tratamos de ayudar a las personas a leer el lenguaje del cuerpo, lo que requiere un muy buen entrenamiento y formación por parte del terapeuta. Hace falta una gran parte de trabajo personal, por lo que el trabajo del terapeuta sobre sí es muy importante: si se junta con el conocimiento y la comprensión es muy hermoso y operativo. Pero para ello tiene que estar abierto (como soporte, guía o sostén del proceso terapéutico) a percibir cantidades de energía y tolerar la entrega de sentimientos.

En ese proceso tratamos de buscar un equilibrio entre la carga y la descarga de energía, entre la tensión bioenergética y la relajación, entendiendo cómo se da la relación entre la producción y el uso de la energía en el paciente. Ejemplo: en un paciente con el cuerpo deprimido tratamos de aumentar la energía en su cuerpo. Por un lado, ayudándolo a tolerar más energía, edificando (reconstruyendo) el cuerpo, convenciendo lentamente al organismo a tolerar una mayor vitalidad. Por otro lado, aprendiendo a pensar caracterialmente cómo esa persona se condujo en la vida y cómo ese movimiento condicionó su expresión emocional. Aquí también puede aparecer miedo al contacto y a la entrega. Por ejemplo: en un trabajo con ritmo interno, cuando en la historia del paciente no aparecen soportes, al expandirse una camada en la coraza muscular pueden aparecer sensaciones caóticas (ansiedad, hiperventilación, taquicardia). En este caso puede ser conveniente “parar” al paciente para que tenga tiempo para metabolizar ese “caos”.
Los procesos terapéuticos reichianos y bioenergéticos son lentos, pero profundos y sostenidos. Si bien la terapia reichiana y bioenergética es una terapia activa, no podemos tener la ilusión de que el terapeuta es la fuerza curadora. La fuerza curadora es la naturaleza, y la misma está en el organismo. El cuerpo tiene la capacidad de curarse solo y la enfermedad emocional no es una excepción.
Desde el punto de vista del soporte terapéutico, si bien el método es activo, el psicoterapeuta está dispuesto a acoger, acompañar, señalar e interpretar (sin inducir) toda reacción y todo proceso corporal y emocional, verbal o infraverbal, analizando permanentemente la relación transferencial y contratransferencial, y las manifestaciones del inconciente. El lenguaje terapéutico debe ser (a la vez) científico, vital, vibrante, intuitivo y emotivo.

Quizás el psicoanálisis (cuando surge a principios de siglo en medio de la burguesía vienesa), para evitar confrontarse directamente con la sexualidad y la locura (por ser sus mayores miedos) necesitó limitar sus contactos con los pacientes instalándose detrás de ellos. La actitud neutra, la distancia física aseguraban así la emergencia de emociones filtradas, neutralizadas y aminoradas.

El aporte del psicoanálisis, sin embargo, fue fundamental en el desarrollo de la psicología: Sigmund Freud descubre la existencia permanente del niño en el interior del adulto; Melanie Klein descubre la existencia del bebé dentro del niño y del adulto. La Psicología Social, por su parte, reintroduce el papel del objeto, del vínculo y de la familia (Pichón Rivière), de la sociedad y de las experiencias reales y no solamente imaginarias, como influencia determinante en el desarrollo psicocorporal del niño (Wilhelm Reich).

Siguiendo las hipótesis desarrolladas anteriormente veremos que una de las tareas en las que se sostiene el proceso terapéutico será la de recrear soportes donde no los hubo: permitir a la vida renacer donde se encontró ahogada, ayudando a reconciliar al paciente con su ambiente (no a adaptarlo), para poder redescubrir las bellezas de la vida.

El contacto de la terapia debe poder proporcionar lo que no aportaron las primeras relaciones. En este proceso muchas veces se trabaja conteniendo y haciendo tolerables angustias primitivas de aniquilamiento, “terrores sin nombre” (al decir de W. R. Bion) y sufrimientos de depresiones primarias. Estos núcleos primales, ocultos en mayor o menor medida por las capas superficiales de la personalidad y por los mecanismos de defensa, corresponden a estados traumáticos infantiles que fueron escindidos para proteger el resto de la personalidad de su impacto destructor y son inelaborables sin la ayuda externa de un substituto parental. Lo que implica una conjunción entre lo interno y lo externo.

En el campo bioenergético de esta conexión, los afectos implican algo más que descargas de energía: al desatar los nudos sociales, caracteriales y musculares las emociones pueden ser compartidas e integradas, deviniendo así comunicaciones.

El paciente siente las partes de sí mismo que no se pudieron desarrollar como dotadas de un poder destructor considerable. Siguiendo la línea de investigación reichiana, estas partes de sí no son expresiones de pulsiones destructoras que se desprenden de un hipotético instinto de muerte, sino el resultado de la interiorización del fracaso de una interacción desarrolladora, en función de una educación sexual-afectiva represiva. Por ejemplo: el bebé para sobrevivir tuvo que identificarse con una madre sentida como no receptiva a sus estados emocionales, lo que fue equivalente para el bebé a negarlos o condenarlos (forma primitiva de identificación al agresor).

Creo que contrariamente a lo que creyó Melanie Klein (y siguiendo las hipótesis de Jean Sarkissoff83) la depresión es primaria y precede a la persecución. El sufrimiento psicocorporal es fundamentalmente depresivo, en el sentido de que es el sufrimiento de no poder desarrollarse. En este mismo sentido la paranoia es resultado del exceso intolerable de depresión que es proyectado bajo forma de persecusión, cuando los afectos depresivos no encuentran el objeto capaz de contenerlos y de hacerlos soportables. Esto es muy importante para el trabajo transferencial en el análisis reichiano y bioenergético.

Por ejemplo, cuando la madre no da al bebé lo que él necesita, la criatura siente que es él quien debería dar a su madre lo que ella no sabe darle. Se siente culpable y no puede evolucionar. De esta manera se encuentra frente a una posición depresiva de la que es incapaz de atravesar sin madre y sin ayuda, volviéndose para él una amenaza persecutoria que disminuye su potencialidad vital.

Desde la línea de investigación reichiana sabemos que cuando parte de la energía de maduración sigue atrapada en una fase de nuestro desarrollo, sin haber resuelto satisfactoriamente los problemas allí generados, se produce una alteración de las funciones bioenergéticas. A cada función de intercambio con el mundo le corresponde una necesidad básica, que si no resulta satisfecha “quedará atrás” en el desarrollo libidinal en forma de coraza caracterial y somática, disminuyendo la fuerza vital. Y las situaciones futuras se abordarán primordialmente en función de esa necesidad insatisfecha. Por ejemplo: en la zona ocular, la necesidad de convalidación y contacto con nuestra existencia; en la zona oral, la alimentación y el sostén; en la zona anal, el enraizamiento y el autogobierno; en la zona genital, la autoafirmación y la entrega84.

En este sentido es importante entender evolutivamente el tema de los soportes y la falta de los mismos.

La madre es la primera encargada en mantener el estado vibratorio de la energía del bebé, en un estado de armonía que conduce al equilibrio bioenergético y a la salud. El mismo se da a través de la resonancia vibratoria, de la empatía intuitiva y de la sintonización afectiva. Ejemplo: si el niño ríe con su madre, aprenderá y conocerá la alegría y la felicidad de vivir; si el niño juega con su madre sabrá hacer de su vida un juego; si el niño llora con su madre no tendrá miedo a las lágrimas, ni a lo que brota de su corazón. El padre más tarde contribuye a sellar la confianza del niño en sí mismo.

La madre es la primera realidad del niño. Si se siente bioenergéticamente “aniquilado”, es a la madre a quien rechaza, pero a la vez, a la realidad. Por ejemplo, madres con falso contacto que “ahogan” al niño al no poder encontrar una distancia conveniente entre el niño y ellas. El niño siente que el “amor” con el que ella lo inunda, no vibra de una manera adecuada. Este “amor” basado en el falso contacto, tiene efectos sobre el yo del niño, que invierte el flujo de energía para sobrevivir, se aparta de su madre (que simbióticamente lo persigue, le ahoga y, por lo tanto, lo rechaza), y de esta manera se corta energéticamente de la realidad. Esa energía que se drena no va a estar ya disponible para la vida.

En este tipo de vínculos se genera en los niños un falso self (al decir de D. Winnicott), en la medida en que la madre es incapaz de ofrecer al bebé ni el continente emocional ni la línea evolutiva necesarias85.

El niño tiene que poder descubrir y disfrutar la distancia que lo separa de la madre. Poder ir aceptando la realidad de la existencia del objeto, las distancias con él, la pérdida de la posesión omnipotente del objeto, etc.
En los laboratorios clínicos, a través del trabajo del ritmo interno en parejas, buscamos trabajar la resonancia vibratoria, surgiendo directamente entre dos inconcientes, y la presencia empática con el otro, disminuyendo la posibilidad de inducción o interferencia. Es importante que puedan analizar en “su paciente” toda ruptura de contacto, especialmente con su profundidad, con sus propias sensaciones vegetativas, incluso las más imperceptibles, a través de la lectura de los micromovimientos.

El acompañamiento en este trabajo tiene que ser incondicional. Si el paciente entra en un estado regresivo emocional debe sentirse acompañado en todas las vicisitudes de la regresión o del desbloqueo emocional. No debe sentirse solo. La presencia y la resonancia del terapeuta le va a permitir avanzar en cada sesión un poco más profundo, hasta el momento en que su yo disponga de la fuerza necesaria para afrontar la angustia “máxima” (según cada estructura caracterial habrá un miedo básico: a la desintegración, al abandono, a la traición, etc.). Cada sesión terapéutica debe ser, por lo tanto, un nuevo escalón.


El alimento primordial del alma del bebé es el placer experimentado con su madre por su contacto. Por lo tanto hace falta que la madre se autorice este placer y ningún super-yo debe prohibírselo. Si no sabe darle esa prueba al bebé y hacer que la sienta, todo transcurre como si no lo amase, y algo en el bebé muere.

En este mismo sentido, ela terapeuta al sentir placer al estar en contacto con su paciente, contribuye con el inconciente del paciente a percibir el placer y así disfrutarlo.

En este proceso es esencial que el inconciente del paciente (a través de la auto-posesión) pueda decir “tengo derecho a gozar y a ser amado”, “tengo derecho a mis sentimientos, a mi corazón, a mi pelvis”.

El vínculo entre el terapeuta y el paciente es el escenario donde se ensaya un modelo de vínculo humano, esperanzador y amoroso, por lo que el análisis debe estar marcado por la vitalidad y la espontaneidad. Este tipo de encuentro le permitirá al paciente reencontrarse, respetarse, entenderse, reanudar su crecimiento y gozar de la vida, pero es un proceso donde no están ajenas las crisis de transformación y maduración del carácter. Cada crisis será un camino para la superación de una condición medrosa (el miedo a morir, el miedo a no poder sobrevivir a una depresión profunda, el miedo a perder las defensas contra la angustia de castración, el miedo al orgasmo, el miedo a la pérdida de la auto-imagen, etc.).

Desde nuestra perspectiva bioenergética, reichiana y libertaria este proceso involucra además el ayudar a vivir al extremo la rebelión contra el miedo a la autoridad (contra los objetos internos, las instituciones burocráticas, la cultura represiva y el poder), teniendo especial cuidado con los peligros de las líneas de fuga (Gilles Deleuze y Félix Guattari).
Este proyecto terapéutico implica por un lado, facilitar al paciente los soportes necesarios para que alcance la libertad que le permita reivindicar su liberación social, y por otro lado, ser sostén de un nivel de gratificación a través de la recuperación funcional bioenergética y el desarrollo psicoafectivo. Como decía anteriormente, esa búsqueda de libertad, de desarrollo y de recuperación funcional tendrá que ver con el (re)descubrimiento del propio bioritmo. En la clínica bioenergética es necesario seguir el ritmo de su propio proceso. Y para ello es imprescindible contactar la necesidad biológica que está en el núcleo del organismo, atravesando la camada superficial (la máscara) en donde está depositada la voz de la cultura (el superyo). En este proceso descubrimos que existe una enorme variación entre los cuerpos de las personas que se ponen a asistir. Por lo que parte de nuestra tarea esencial como terapeutas es ayudar a los pacientes a seguir su propio ritmo biológico, más allá de las imágenes normativas, o los estereotipos culturales del mismo.
El psicoterapeuta bioenergético reichiano debe trabajar con mucha suavidad, esperando ser aceptado realmente, para poder contribuir a rearmonizar la energía perturbada en su flujo natural. En este sentido es fundamental un trabajo discriminatorio, en donde se deje una distancia operativa entre el paciente y él. Dentro de esa distancia (el entre medio conectivo que sostiene la posibilidad de la efectuación de los devenires) es donde se produce lo esencial del trabajo.

Bioenergéticamente hace falta asegurarse que se ha establecido bien el contacto con el yo corporal y conciente del paciente, para (de esta manera) incitarle a asumir la responsabilidad de sí mismo y de su proceso terapéutico, sin proyectarla simplemente sobre el analista.

Reencontrando una nueva y placentera realidad en el vínculo psicoterapéutico, el paciente comienza a transformarse. Como lo desarrolla Alexander Lowen en “El miedo a la vida”, el miedo al amor es la fuente de nuestras neurosis. Un yo fuerte no teme amar y cuando uno siente que ama y que es amado, el amor nace por sintonía de vibraciones. “Curar” es volverse a amar y volverse capaz de amar nuevamente.
La transformación en el proceso terapéutico (“la cura”) es un fenómeno bioenergético que desbloquea y rearmoniza la energía que se ha congelado o vuelto caótica por los traumatismos pasados. La transformación se produce en un campo bioenergético que se percibe transferencialmente como presencia, como conciencia, como comunicación, pero que en realidad es una energía que (misteriosamente) se libera del acorazamiento. El psicoterapeuta bioenergético reichiano apuntala con su presencia ese campo, polarizando este campo y dinamizando sus efectos. Para lo cual el terapeuta debe haber resuelto sus propios conflictos energéticos y caracteriales para que no interfieran en las sesiones; debe conocer al detalle las situaciones que lo descentran y lo desalinean; y su sistema bioenergético no puede estar congelado ni ser caótico.
La clínica bioenergética y reichiana es una terapia emocional. Es decir, que el proceso psicoterapéutico se sostiene en un sentir que radica en los cuerpos. La emotividad de los terapeutas debe ser estable y no puede estar congelada, para poder sentir y resonar junto a los pacientes.

  1. LA DIMENSIÓN TEMPORAL EN EL TRABAJO CLÍNICO

El trabajo con la dimensión temporal en la clínica nos va a permitir desarrollar una dimensión ético-estética: la de las temporalidades y los procesos.

Para Stanley Keleman hay tres clases básicas de tiempo que podemos aprender a reconocer “mi” tiempo interno, “su” tiempo externo y el tiempo “compartido”.
En un proceso terapéutico el tiempo interno es el que necesita el paciente para asimilar, para (re)aprender a pulsar y expresarse emocionalmente, para resensibilizarse corporalmente, para volver a obtener satisfacción y placer en la cotidianeidad.

El tomar contacto con el ritmo interno implica trabajar terapéuticamente hacia un creciente contacto con uno mismo, con los otros y con la naturaleza en general.

En la medida en que la finalidad de la psicoterapia bioenergética reichiana es contribuir a restituir a la persona a un estado de auto-regulación y pulsación saludable, la dimensión temporal adquirirá importancia porque trabajamos con actividades vitales básicas, y las mismas tienen una esencia rítmica.
En la clínica bioenergética siempre será más importante el proceso de crecimiento terapéutico que el producto.

En el proceso terapéutico (tomando como base analítica los aportes del esquizoanálisis de G. Deleuze y F. Guattari) nos centramos en:

*la dirección en que la persona que está siendo ayudada desea moverse,

*cómo produce el deseo,

*qué problemas confronta en ese movimiento,

*cuáles son los peligros en los nuevos pasos que está aspirando a tomar al disponerse a hacerse cargo de su propia vida.

Esto no implica dar consejos ni directivas (siempre que un terapeuta “aconseja” corre el peligro de equivocarse), sino posibilitar que el paciente descubra y analice su dirección interna deseante y sus pautas de repetición. El rol del psicoterapeuta es el de soporte, sostén y ayuda para que el propio paciente pueda dar los pasos de crecimiento. En este sentido cada sesión (para ser una buena sesión) debe ayudar al paciente a subir un escalón en su proceso de crecimiento.
El movimiento que se produce en la terapia no tiene que ver necesariamente con las metas del terapeuta, la finalidad puede cambiar a medida que el proceso emerge; por eso es de importancia primordial entender al paciente como persona, siendo siempre las técnicas de una importancia secundaria.

El trabajo bioenergético con el cuerpo es el trabajo con la vida (y en este sentido no es un trabajo “técnico”). Uno cambia con las técnicas, pero también las técnicas cambian con uno, así como cambian las formas de vivirlas

Las técnicas no pueden ser abstraídas del contexto, y el contexto está relacionado con los procesos. Las técnicas adquieren o no sentido en función de:

*el proceso terapéutico en general: la auto-regulación, el restablecimiento de la pulsación saludable, etc;

*los procesos particulares: enraizamiento, facing, centramiento, etc. y

*las temporalidades que se despliegan en el mismo: de la propia interacción terapéutica, de la profundidad, de la duración y de la intensidad de la transferencia, de cómo los cambios en la sesión -abreacciones, insights, etc.- pueden ser traducidos posteriormente en acontecimientos vitales.


En este sentido de temporalidad, la duración del tratamiento no garantiza el proceso. Por sí solo el tiempo no logra nada. Tal como lo plantea W. Reich en el capítulo de “Técnica” de“Análisis del carácter”, depositar la confianza en la duración del tratamiento adquiere sentido si el análisis progresa: es decir, si podemos cotejar transformaciones saludables en la cotidianeidad del paciente, en la flexibilización de su coraza y en la auto-regulación de su sistema bioenergético.
Es importante tomar en cuenta que las técnicas que se despliegan fuera del contexto de los procesos y las temporalidades, pueden producir efectos:

*anticipatorios: al diagramar a priori el campo en que van a ser utilizadas, pautando la experiencia de manera en que sólo se persiguen los objetivos previamente buscados;

*manipulativos: funcionando desde un ejercicio de poder del terapeuta contra, sobre o sin el cuerpo emocional del paciente, produciendo un régimen de conocimientos y de saber cerrado;

*resistenciales: al ser utilizadas mecánicamente como ejercicios gimnásticos, o produciendo catarsis miméticas que anulan la energía necesaria para que la emoción logre estructurarse y surgir espontáneamente, impidiendo al organismo recobrar la funcionalidad perdida (F. Navarro, X. Serrano).
La dimensión temporal desarrollada en la clínica bioenergética propone una centración psicocorporal en la experiencia presente individual y/o colectiva, en sus articulaciones con la memoria y con la perspectiva imaginaria del futuro. Esta dimensión es atravesada por el ritmo propio de los flujos y los reflujos bioenergéticos (streamings), por lo que desterritorializa la temporalidad de su dimensión más mecánica y concreta. Por ejemplo: los grupos son, en este sentido, siempre fugaces. La manera con que manejamos esa fugacidad (sus límites, su mortalidad) y cómo lidiamos con las configuraciones de las formas que se desarrollan en la grupalidad, son uno de los componentes fundamentales del trabajo grupal.

Manejamos distintos tiempos en el trabajo individual y/o grupal.

El tiempo externo va a estar marcado por lo social y lo ambiental. Es el tiempo en el que se espera que respondamos. El tiempo en el que somos medidos, “cronometrados”, sobre los que pesan los medios del buen encauzamiento descriptos por Michel Foucault: el examen, la vigilancia jerárquica y la sanción normalizadora. Esta temporalidad disciplinaria opera social y políticamente como tecnología política de los cuerpos, buscando convertir los cuerpos humanos en fuerza útil: cuerpos productivos y sometidos.

En este tiempo externo operan los cuerpos sociales y políticos como el conjunto de elementos materiales y técnicos que sirven de vías de comunicación y subjetivación, de herramientas y puntos de apoyo, a las relaciones de poder para diagramar los cuerpos humanos (y eventualmente dominarlos), haciendo de los mismos objetos de saber. Este tiempo externo característico de las sociedades disciplinarias (que paulatinamente vamos dejando de ser) se acopla con la temporalidad externa de las sociedades de control descritas por Gilles Deleuze: la velocidad y la sobre-estimulación de la cultura fast.




El concepto de temporalidades nos va a permitir pensar, en el ejercicio clínico, la forma en que se inscriben corporalmente los procesos de subjetivación.

Para Friedrich Nietzsche el tiempo es el del eterno retorno: hagas lo que hagas, el tiempo borra todo y te ubica en el mismo lugar cada mañana. Efecto exasperante de la coraza caracterial: nos vemos obligados, inconcientemente, a repetir momentos distintos de lo mismo. La repetición de la concepción circular y cíclica del tiempo, nos muestra al desnudo la negatividad de nuestro comportamiento. Zaratustra encuentra una clave ética para liberarse del cautiverio al que el tiempo lo tiene sometido: el comportamiento activo y positivo. Si voy a verme condenado cada día a repetir los mismos hechos, voy a realizarlos en forma afirmativa, procurando que doten de felicidad y alegría a mi vida. Hacerse cargo de la propia vida implica, necesariamente, pensar una nueva temporalidad: la contra memoria. ¿Qué significaría en nuestra vida una oportunidad tal? Añadir o cambiar lo que por vagueza, desconocimiento o miedo dejamos de hacer; borrar todo lo que hicimos en un mal momento; hacer o deshacer según nuestra propia vitalidad, desde la perspectiva que en el momento actual nos ofrece la vida.

Ejemplo de cartografía en un paciente: ¿qué borraría y qué añadiría en su vida? Comprobar las modificaciones que introduciría en su vida es un buen test para sopesar su grado actual de felicidad.

En oposición al concepto de tiempo cronológico (cronos: el tiempo reversible del presente que nos condena a pensarnos en función de la identidad del ser) y en oposición al concepto de memoria (mnemosyne: el tiempo absoluto de los mitos, de la burocracia, de los archivistas, del poder y de la tradición), podemos pensar la historia de un paciente en función de sus tiempos de duración, cualitativos e intensivos. Pensar a un paciente en función de un proceso, pone en juego las distintas temporalidades que componen su actualidad: sus devenires, su potencia de afectar y de ser afectado, su poder de conjugación y de conexión en la pragmática de los encuentros. El devenir será entonces lo que convierte el trayecto más mímino, o incluso una inmovilidad sin desplazamiento, en un viaje. Y el trayecto es lo que convierte lo imaginario en un devenir. Los dos mapas, el de los trayectos y el de los afectos, remiten el uno al otro (G. Deleuze).

Clínicamente nos interesa poder revelar donde está el conflicto temporal y de qué forma se ha constituido el tiempo psicocorporalmente. El conflicto se produce cuando otro cuerpo (humano, social, político, institucional) quiere que nos movamos más rápido o más despacio de lo que nosotros queremos o podemos.

Ejemplo 1: pedagógicamente, el conflicto en el aprendizaje surge de la imposición de la velocidad de otro (generalmente el tiempo público) sobre la propia velocidad de asimilación (el tiempo propio).

Ejemplo 2: en la dictadura, se intentó inmovilizar el pensamiento crítico aboliendo, censurando y reprimiendo el movimiento entre los cuerpos.

Ejemplo 3: en la actualidad, la cultura de comunicaciones totales e inmediatas (fax módem, correo electrónico, internet, televisión interactiva, teléfonos celulares, satélites telegeoestacionarios, etc.) ha desplazado la lógica y la noción de comunidad del territorio físico, en función de la instantaneidad, la vertiginosidad y la velocidad de la técnica.

Estas distintas temporalidades generan diversos procesos de subjetivación (de sentir, de pensar, de actuar) y diversos regímenes de afección entre los cuerpos.

Ejemplo 4: la temporalidad rural ligada a los ciclos de la naturaleza va a ser completamente diferente a la temporalidad en las ciudades. El hiperdesarrollo urbano (inmanente al desarrollo del capitalismo) ha generado una lógica temporal de prepotencia urbana que produce nuevas formas de desencuentro, de evitación y de ejercicio de la violencia entre los cuerpos.

En toda estructura caracterial encontramos un problema o una alteración con el tiempo. Esta dimensión temporal en los cuerpos está relacionada (bioenergéticamente) a las funciones musculares emocionales.

Así como la inteligencia orgánica se refleja en la memoria intelectual, fijada en la célula nerviosa, clínicamente poseemos una memoria emocional inscripta en la estructura muscular. Desde la perspectiva de investigación reichiana cada segmento de la coraza muscular, cada zona bioenergética tiene una correlación con un tiempo histórico y con una situación psicodinámica básica (F. Navarro, X. Serrano).

Cuando comenzamos a sentir la manera en que configuramos las temporalidades vemos que existen distintas clases de tiempo, las cuales experimentamos cotidianamente y las cuales están organizadas en nuestro cuerpo. Existe un tiempo religioso (el tiempo previo de la confesión, el tiempo extático de la meditación y del rezo), existe un tiempo institucional público (el tiempo de la inscripción a los cursos, de los grupos prácticos, de los parciales y exámenes, de la entrega de la monografía y la tesis final), existe un tiempo emocional (el tiempo intensivo del acto amoroso, de los distintos momentos de excitación que llevan al movimiento y a la respiración armónica del orgasmo compartido; el tiempo resignado y depresivo de la pena sin resolver en el enfermo de cáncer, donde prevalece la pérdida de un sentido de futuro), etc.

Cada uno vive en muchos tiempos distintos y el tiempo de cada uno es diferente: por eso la dimensión temporal en el trabajo clínico es una dimensión ética.
El tiempo compartido (por ejemplo: en una pareja, en una sesión terapéutica, en una amistad, en una familia, etc.) es un tiempo cualitativamente intensivo, en donde los ritmos desplegados no son ni plenamente ideales, ni plenamente míos.

En el trabajo con grupos el tiempo de la vivencia no es el tiempo del reloj marcado por los criterios y las exigencias del productivismo. En la medida en que se produce una “inmovilización” del tiempo externo, una mayor influencia del tiempo interno de la experiencia psicocorporal de las personas, de la vivencia de sus encuentros y de la vivencia del colectivo grupal, podemos hablar también de un tiempo compartido. En ese tiempo (interno y compartido) existe fundamentalmente un ritmo y un orden orgánico. El grupo bioenergético es, por lo tanto, el espacio posible de la vivencia compartida, del contacto con el tiempo orgánico y con el ritmo interno.


La distorsión de nuestro ritmo interno produce un desequilibrio psicocorporal que puede derivar en enfermedades orgánicas. Se come demasiado rápido y mal. Se vive sobre-estimulado sexualmente, pero no se le dedica tiempo a la intimidad y al contacto amoroso más allá de las coordenadas mecánicas y burguesas del tiempo capitalista, lo que produce ansiedad e insatisfacción sexual. Se tarda demasiado en expresar la bronca y eso da lugar a contracciones y tensiones que se retuercen en el interior de los cuerpos. Hasta la vida celular basal está alterada por los estimulantes y las drogas químicas que aceleran o frenan los ritmos vitales.

Se ha perdido el ritmo natural.

La vida bioenergética es el tiempo de mi proceso conmigo mismo, con los demás y con el universo. El tiempo determina mi relación conmigo, con la comunidad y con la naturaleza en general. La intimidad y el contacto tienen una variedad de formas y tiempos, desde los cuales se puede reducir los patrones de estrés y de conflicto emocional. Creo firmemente que parte del entrenamiento terapéutico (tanto para el paciente como para el psicoterapeuta) consiste en aprender a esperar. Tener fe en la naturaleza, en el cuerpo.

Cuando aprendemos algo acerca de nuestros propios ritmos y pulsaciones (las leyes de nuestro tiempo), y sólo entonces, captamos la esencia de la libertad real.

Pese a los cambios en las temporalidades de nuestra cultura, el orgasmo sigue siendo el momento sin tiempo en el que un exceso de vitalidad del cuerpo (de intensidad y de salud) genera un abandono de la hegemonía mental.

  1. CUERPO AMOROSO, CUERPO LIBIDINAL:

EL TRABAJO EN LA CLÍNICA BIOENERGÉTICA

CON EL CUERPO MASCULINO Y CON EL CUERPO FEMENINO

Cuando trabajamos el “cuerpo amoroso” en la clínica bioenergética, realizamos un diagnóstico y una estrategia de intervención a partir de la organización corporal particular del paciente, lo que implica una relación entre el proceso de acorazamiento y la potencia orgástica (el grado y la posibilidad de descarga de la excitación sexual por medio de contracciones involuntarias y placenteras del cuerpo). Esta descarga tiene un potencial terapéutico curativo, y cuando está alterada se manifiesta sintomáticamente a través de la ansiedad sexual, disminuyendo las capacidades de trabajo, de estudio, de creación, de encuentro con el otro, de respuestas operativas con el medio, etc.

La neurosis, desde la perspectiva reichiana es consecuencia de la estasis sexual no descargada, que produce un aumento de la ansiedad. Por lo cual el proceso terapéutico reichiano, se basa en un proceso de flexibilización de la coraza para el restablecimiento de los procesos rítmicos (metabólicos, perceptivos, cardíacos, nerviosos), para que el paciente se reencuentre con el libre fluir de las sensaciones vegetativas.

En la medida en que inmovilizan al cuerpo, las tensiones musculares crónicas reducen la capacidad de sentir placer. Según Al. Lowen el aspecto biológico de la coraza (flexible y móvil, o por el contrario rígida y crónica) está directamente relacionado con la capacidad de sentir intensamente o de disminuir, por el contrario, las sensaciones de placer. Para lo cual se hace necesario distinguir entre lo que representa una coraza móvil y una coraza crónica. La primera es flexible, integradora, expresiva, y se manifiesta, por un lado, en la capacidad de contacto de la persona (su estado energético de percepción ampliado, su buena conexión entre el mundo interno y el mundo externo, su reconocimiento de las capacidades personales, etc.), y por otro lado, en la potencia orgástica (la capacidad de entrega profunda, desinhibida, al flujo de la energía biológica). La segunda es una expresión de la defensa narcisista, y como sabemos, cuanto más narcisista es una persona menos capacidad de entrega amorosa tiene.

Al. Lowen (en su ensayo sobre el narcisismo como negación del verdadero self) nos muestra el papel de la defensa narcisística en los procesos de acorazamiento. Tomando como ejemplo la novela “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde, vemos que cuando se pierde la sensibilidad afectiva, la vida cotidiana se puede transformar en una pequeña muerte cotidiana, donde uno pasa a través de la vida como si pasara por las vitrinas de un shopping center.
Los patrones de conducta neurótica de cada época reflejan siempre la interacción de distintas fuerzas culturales: el cuerpo masculino vs. el cuerpo femenino, los cuerpos instituidos vs. los cuerpos instituyentes, etc.

El siglo pasado, en el que nació W. Reich, fue el siglo de la represión sexual; en la actualidad podríamos decir que vivimos el siglo del culto al narcisismo. Las “histéricas de Freud” fueron un emergente, entre otras cosas, de la condenación de la excitación sexual, de la histerización desde la ciencia sexual del cuerpo de la mujer, de la pedagogización de la sexualidad de los niños, de la psiquiatrización de las sexualidades periféricas (M. Foucault). Estos dispositivos se transformaron históricamente en una barrera de contención y de bloqueo de los sentimientos y las expresiones sexuales, produciendo la emergencia de la histeria como síntoma con una raíz sexual (desmayos, parálisis, condensaciones, etc.). La sexualidad victoriana aun vigente a fines del siglo pasado y a principios del corriente, se sostenía en una sólida y en una rígida estructura de clases, basada en el respeto a la autoridad y el orden establecido. Según lo desarrolla la línea de investigación freudiana esto generó un superyo estricto y severo, que limitó e inhibió la expresión de la sexualidad, provocando fuertes sentimientos de culpa y de ansiedad. En la actualidad mucha menos gente sufre inconcientemente de culpa o ansiedad en su sexualidad, pero (por el contrario) se queja de su incapacidad de funcionar sexualmente o de su miedo a fallar en el desempeño sexual. La hipersensibilidad y la ansiedad del amor sin sexo, han derivado en la insensibilidad y en la depresión del sexo sin amor.



En nuestra cultura (en nuestro país fundamentalmente a partir de fines de los 80) se produjo un resquebrajamiento de la autoridad, tanto dentro como fuera del hogar. La mojigatería y la represión sexual de las generaciones pasadas, se transformaron socialmente en nuevos emergentes: proliferación discursiva sexual, exhibicionismo corporal, seducción a través de la imagen, mayor oferta y demanda de actividad sexual (con un mayor o menor grado de institucionalización).
Se produce una relación curiosa entre estímulos e imágenes sexuales: se da un incremento de las imágenes y de la actividad sexual, pero no se corresponde con una mayor entrega a los sentimientos y a las sensaciones sexuales. La actual hipererotización de nuestra sociedad no sólo deviene en una paradoja idéntica: el deseo de decir la verdad del deseo, el deseo de neutralizar al sexo por el sexo. Parecería que los cuerposmodernos son el emergente de un régimen de afección donde se siente y se entrega menos, pero a su vez, paradójicamente, se necesitan cada vez mayor cantidad de estímulos sexuales. Clínicamente, podríamos decir que cuanto menos vivo está un cuerpo más estímulos necesita; por otro lado, la sobrecarga reduce la capacidad del individuo para hacer frente a nuevas situaciones si no es de manera superficial.
G. Lapassade en su libro “La Bio-Energía. Ensayo sobre la obra de W. Reich” muestra que, desde el punto de vista téorico-práctico, existe una diferencia significativa entre la concepción freudiana y la concepción reichiana de la sexualidad.
Para el pensamiento freudiano lo más importante es la relación entre recuerdo y síntoma. Preguntándose sobre la causalidad de los síntomas neuróticos, S. Freud formuló la hipótesis de que los síntomas podían ser el sustituto de los recuerdos olvidados y vueltos inconcientes, asimilando esos recuerdos a los recuerdos de impulsos sexuales. El impulso sexual conciente al tropezar con la represión del deseo (sus prohibiciones), en lugar de ser olvidado y desaparecer, es rechazado (subsistiendo en el inconciente) y transformándose en fantasma (que asegura una satisfacción imaginaria de la pulsión). El fantasma, por lo tanto, es inconciente, y el síntoma (la conducta del neurótico) es el sustituto del fantasma en la vida cotidiana conciente (que guarda las huellas del fantasma, y a través de él, de la pulsión original, de una manera compatible con las prohibiciones sociales).
Para el pensamiento reichiano la represión no es más que una prohibición moral, la prohibición de una representación. Es un acto biológico y social que impide las manifestaciones físicas del amor buscadas por el organismo. La terapéutica reichiana se basa en el restablecimiento de la capacidad natural de amar del organismo, para lo cual los síntomas (derivados de los trastornos de la potencia orgástica) son abordados directamente, tanto en la dimensión física como en la psíquica (identidad funcional), por lo que se hace necesario, desde esta línea de investigación, poder visualizar y enunciar cómo se inscribe el poder y la cultura en los cuerpos. En este sentido, los fantasmas no son la imagen de un deseo reprimido, sino manifestaciones secundarias del síntoma, formas sustitutivas de satisfacción de un deseo biológico, físicamente bloqueado. La terapeútica reichiana, cambia la lógica freudiana dándole la palabra al cuerpo, buscando restaurar las condiciones biológicas y psíquicas del deseo original bloqueado, por medio de una acción tanto somática como psíquica, que busca descomponer la obra de la represión. -ver figura 4-
Desde el punto de vista reichiano la coraza física será la contrapartida de los conflictos emocionales, siendo las tensiones musculares crónicas la organización corporal particular en donde se encierran las reacciones emocionales. La constitución muscular de un paciente será, por lo tanto, la cristalización de su historia y el lugar donde la memoria de lo vivido estará grabada en el organismo86.

figura 4
Esquema freudiano

Recuerdo


(representación

conciente del

deseo)


Represión

Fantasmas


(inconcientes)


Síntomas

somáticos


Esquema reichiano




Deseo bio-psicológico

(búsqueda de

experiencias

físicas de placer)




Represión


(moral y material)

Síntomas

(Trastornos orgásmicos,


coraza somática,

coraza caracterológica)



Fantasmas


(representaciones

inconcientes)


En sus ensayos sobre el cuerpo amoroso (en un enfoque neo-reichiano desde la Biosíntesis y desde el Análisis Bioenergético) la Dra. Liliana Acero desarrolla cuales son las alteraciones energético-emotivas más frecuentes en la sexualidad del adulto latino87.

En términos generales, la problemática más frecuente que se encuentra en los procesos terapéuticos es el corte entre corazón y pelvis88. La coraza torácica (corazón, hombros, brazos, manos, etc.) se manifiesta en contradicción de la coraza pélvica (genitales, ano, pies, piernas, etc.). Esta escisión la percibimos clínicamente, por ejemplo:

-en una respiración fragmentada torácica o abdominal, en donde el flujo respiratorio rara vez llega a la pelvis, para producir sensaciones placenteras en los órganos genitales;

-en un pecho demasiado rígido o muy cóncavo;

-en una pelvis congelada en retracción o desafiante en protracción, congelada hacia arriba o colapsada;

-en los tejidos fláccidos y visiblemente blandos en los glúteos;

-en la pérdida de flexibilidad, de agilidad y de apertura en las piernas, etc.


Desde S. Freud en adelante la sexualidad tiene que ver con el crecimiento de la vida psíquica del ser humano, designando una vida pulsional que implica el desarrollo evolutivo de una serie de excitaciones y de actitudes, desde la más temprana infancia. La sexualidad, desde la perspectiva psicoanalítica, no refiere sólo a las características fácticas de los actos amorosos de la vida adulta, sino que pertenece históricamente a la vida del sujeto.
Bioenergéticamente, vamos a trabajar la sexualidad como una expresión total del ser. En este sentido podemos hacer una equivalencia funcional entre libertad de expresión y libertad sexual: la sexualidad de una persona será más libre cuanto mayor grado de expresión de sus sentimientos tenga. Terapéuticamente, cuanto más se ayuda a un paciente a sentir y a expresar sus emociones más completa va a ser su vida sexual. Por ejempo: en un paciente depresivo, en forma paralela al trabajo sobre las ilusiones, el restablecimiento de la fe corporal y de su poder de sustitución, es fundamental desarrollar una estrategia terapéutica que le permita expresar las dos emociones negativas presentes en toda depresión (la tristeza y la bronca).
En la dimensión clínica sabemos que todo lo que no se haya resuelto en el cuerpo de uno, se puede reactivar con el de nuestra pareja. Sabemos también que las elecciones de pareja no van a ser para nada ingenuas. Por ejemplo: un hombre parcialmente impotente va a elegir una mujer frígida y viceversa. Es decir que todo bloqueo sexual y toda armonización incompleta, dificultan el encuentro y la armonización entre dos, perturbando el placer y la sensación de fusión y de unidad con el cuerpo amoroso y pulsional de otros.

En la dimensión clínica el trabajo bioenergético con las parejas implica el poder revivir y descargar, dentro de la situación y del vínculo psicoterapéutico, el profundo miedo entre las dos personas. Este proceso nos lleva a evaluar la relación entre la necesidad y la capacidad de entrega, y entre el deseo y la dificultad de entrega en la pareja, e implica además:

-la aceptación de sus negatividades (sus miedos, su tristeza, su rabia: el contacto con sus corazones heridos);

-el (lento) descongelamiento de los sentimientos, que lleva a revivir historias congeladas conjuntamente;

-la autoafirmación de los pacientes en su corazón;

-el enraizamiento de las sensaciones sexuales y tiernas en las zonas torácica y pelviana, y en los pies y piernas;

-el centramiento en la onda respiratoria para completar y afianzar la integración afectivo-emocional, el equilibrio en la relación vegetativa entre inspiración y espiración (que lleva a profundizar y armonizar al pecho y al abdomen hasta que se retomen las sensaciones pelvianas de un modo más sutil e intenso); etc.
Bioenergéticamente sabemos que la satisfacción sexual no resulta de los movimientos voluntarios sino de los involuntarios. Para lo cual, para dejar que los movimientos fluyan libremente, es necesario un abandono momentáneo del control.

Al. Lowen plantea que este movimiento se produce en la integración de dos vías:



1. Agresión: es la corriente de sensación a lo largo de la parte posterior del cuerpo. Expresa el impulso de alcanzar, de golpear, de avanzar hacia algo o apartarse de algo.

2. Anhelo: es la corriente de sensación a lo largo de la parte anterior del cuerpo. Expresa el deseo de contacto.

En la relación entre el hombre y la mujer estas corrientes se agencian en una relación muy interdependiente. Por ejemplo, es frecuente que el orgasmo en el hombre provoque el clímax en la mujer y viceversa; pero también es importante que así como un hombre sea firme y fuerte en ocasiones, se permita ser suave y tierno en otras.


Sabemos además desde la Psicología Social que la sexualidad está constituida y producida social e históricamente. Esta producción se expresa en significaciones imaginarias sociales (cotidianas, científicas, artísticas, económicas, legislativas, etc.), que simbolizan cómo la sociedad piensa, siente y vive su sexualidad, es decir, cómo produce su subjetividad sexual.
M. Foucault en sus brillantes ensayos genealógicos sobre la historia de la sexualidad muestra cómo los discursos sobre el sexo son una práctica del poder que le permite construir identidades. En “La voluntad de saber” el filósofo francés analiza la manera en que, en los siglos XVIII y XIX, la figura del médico comienza a sustituir a la del sacerdote. Al psiquiatrizarse el control de las sexualidades periféricas, se generan dispositivos de examen y prescripción de los comportamientos sexuales en la vida privada de las personas, sosteniéndose los mismos en un discurso clasificatorio.

Este movimiento implica un desplazamiento de los dispositivos pre-científicos de confesión a nuevas modalidades de producción de sexualidad (la producción sexual de identidad), monopolizadas desde el poder discursivo de la medicina. Es decir que el sexo comenzará a aparecer como un lugar de la verdad: siendo aquello de lo cual hay que producir una verdad, y siendo el lugar donde está la verdad del sujeto. La identidad sexual del sujeto se constituirá desde el discurso médico verdadero, que tratará de descubrir lo sexual que está oculto, ocupando lo sexual la clave de lo que realmente somos. Este nuevo dispositivo de sexualidad, que se sostiene en la ciencia sexual (la voluntad de generar un saber sobre el sexo), produce como efecto un sujeto preocupado por decir qué es él a través de su sexo, convirtiéndose la sexualidad en el foco de una voluntad de saber.


G. Deleuze y F. Guattari en sus obras sobre capitalismo y esquizofrenia prácticamente no hablan de sexualidad pero sí de deseo, en la medida en que su discurso busca desterritorializar los problemas vitales de creación de las funciones fisiológicas y reproductivas. En este sentido, estudian la forma en que la sexualidad es normalizada, utilizada e incorporada en la constitución de la fuerza colectiva de trabajo y en la producción de consumidores, que producen como efecto la reducción del sentimiento amoroso a la apropiación del cuerpo del otro (su sentir, sus devenires, su imagen, etc.) y a la constitución de territorios y subjetividades cerradas y opacas.
Las marcas de la socialización y de los discursos verdaderos sobre el sexo, quedarán alojados en los cuerpos, en la medida en que los regímenes afectivos autoritarios, represivos y consumistas producen regímenes de afección basados en sistemas de culpabilización y de vergüenza, en donde se nos exigen comportamientos estereotipados.

Así es que, pensando en términos de una micropolítica del deseo, podemos hablar de un cuerpo masculino en oposición a un cuerpo femenino. El primero ejerciendo social e históricamente un poder que intenta someter al cuerpo femenino:

-anexionándolo a su propia fantasmática (por ejemplo, por medio de la exigencia de la encarnación en imágenes deseadas: en la publicidad, en la pornografía, etc.);

-reterritorializando la complejidad del deseo en las normas universales de la sexualidad fálico-centrista a través de discursos científicos que niegan la diversidad deseante (por ejemplo, a través de la centralización del goce en los órganos genitales);

-generando un conjunto de conductas programadas (a través de la sexología, las terapias comportamentales, etc.) que intentan fijar la producción deseante en espacios controlables (por ejemplo, el desplazamiento del derecho del orgasmo por el deber al orgasmo)89, etc.
Bioenergéticamente encontramos patrones típicos de acorazamiento en los cuerpos masculinos. En su estructura corporal se puede percibir, en términos generales, un triángulo con la base invertida que se expresa en:
-la mirada fría,

-el cuello corto y la cabeza excesivamente sobrecargada,

-la espalda ancha cargada hacia atrás,

-el pecho inflado y los brazos fuertes (pero actuando sólo como péndulos a los lados del cuerpo),

-la cintura constreñida,

-la caja pelviana más pequeña, las piernas fuertes pero poco sensibles,



-la musculatura tensa y desarrollada, debido al esfuerzo para sujetar y dominar sus sentimientos.
Esta estructura corporal es la emergencia de un cuerpo que protegió al corazón de heridas graves (por ejemplo, un niño seducido y abandonado por su madre, luego no apoyado por su padre y que, en experiencias evolutivas posteriores, ve repetidas estas amenazas de traición). Luego como adulto, este niño decide no rendirse, llevándose al mundo por delante desde el pecho, pero tampoco entregándose al amor, en la medida en que calculará con desconfianza el contacto amoroso, porque siente mucho riesgo de mostrarse vulnerable, adoptando la máscara social del cazador que sale a cazar su presa (reproduciendo así su historia de seducción)90. Guiado por el poder en lugar de la potencia, por la conquista amorosa cuyo fin es la eyaculación, busca evitar su fragilidad adquiriendo sensaciones de dominio sobre la mujer. La imagen narcisista de macho latino (del “hombre macho”) con su manifestación exagerada de virilidad, expresa una estrategia conciente o inconciente de seducción. Esta imagen surge como compensación por una percepción inadecuada de su masculinidad que tiene como objeto atraer a las mujeres91. Al. Lowen dice al respecto: “al poner énfasis en la fuerza “viril”, esa imagen da idea de potencia sexual, con lo que ofrece la promesa de satisfacción sexual para una mujer. Pero esa promesa es falsa, como ya hemos visto, porque la imagen contradice a la realidad. Cualquier hombre que depende de una imagen para atraer a la mujer, no es sexualmente potente” 92. Ser “hombre”, desde esta posición, implica afirmarse para dominar, sutil o abiertamente.
Esta estructura somática y caracterial del cuerpo masculino como régimen afectivo, puede desarrollar disfunciones tales como eyaculación precoz o retardada, semipotencia, impotencia parcial o impotencia, pero independientemente de la gravedad de la sintomatología sexual, la falta de corrientes vegetativas en la pelvis y en el corazón, el bloqueo cervical y diafragmático predominantes, y la carga de rabia y de miedo condensadas en la espalda y en la pelvis, le impedirán expresar y/o experimentar sensaciones profundas de fusión con el otro.
Caracterialmente su existencia está marcada por los dualismos éxito vs. fracaso, reconocimiento vs. esterilidad, oscilando su vida entre la hiperacción y la depresión. La expresión caractereológica de vivir el sexo sin amor le da una sensación de poder que le permite negar el miedo a las mujeres, pero en un nivel profundo no le da ningún grado de satisfacción, ni de placer orgástico. La dificultad de los hombres a entregarse afectivamente en el acto amoroso, implica una resistencia a tomar contacto con la vulnerabilidad, el desamparo, la sumisión, etc. Al negar estos sentimientos, se intenta negar correlativamente el miedo al abandono. Pero es muy difícil protegerse indefinidamente desde estos juegos de poder, ya que estos mismos juegos terminan socavando las relaciones, pudiendo derivar en la pérdida del objeto de deseo. Esta pérdida haría que nuevamente las heridas salieran a la superficie, revelándose (de esta manera) el poder que creían tener, como una ilusión.
En sus trabajos sobre sexualidad Al. Lowen muestra que el hecho de negar la propia vulnerabilidad no la elimina, sino que simplemente la transfiere de la superficie al centro del organismo, del yo al corazón (que se vuelve susceptible de sufrir un ataque)93.

Bioenergéticamente el auto-control masculino representa un miedo a los sentimientos del corazón, y en un nivel profundo el miedo al corazón es idéntico al miedo al sexo opuesto.

Terapéuticamente, el contacto con las sensaciones placenteras se logra luego de deshacer muchas camadas de hostilidad y desconfianza. Entregarse al corazón implica poder entregarse al propio yo, al deseo de amar y de ser amado que pulsa desde nuestra primera camada (el higher self, el CORE). No significa entregarse compulsivamente a la otra persona, sino que implica aumentar el grado de auto-posesión.
Analíticamente se debe trabajar históricamente la formación del carácter, las situaciones donde se generó un sentimiento de traición, a partir de las cuales aun se protege defensivamente. Es importante ver, por un lado, cuales son las experiencias actuales en su sexualidad, y por otro, cuales han sido las primeras experiencias con relación a la pérdida de amor (la extensión y la intensidad de la frustración, el sexo de la persona que a nivel infantil ejerció el principal papel de frustrador, etc).

La Dra. Liliana Acero propone fortalecer en el proceso terapéutico la autoestima, antes de abordar la conexión entre el corazón y la pelvis. Recuperar la autoestima posibilitaría abrir el corazón hacia lo humano, tomar contacto con el dolor de sí y de los otros. A través de un trabajo sobre la zona ocular y cervical poder transformar los lugares persecutorios y de control en espacios de mirada, de comunicación, de contacto y de apertura. De no realizarse este trabajo se corre el riesgo de la repetición caracterial a través de acting-out sádicos, que se expresarían en una búsqueda de dominio (en los actos de tocar, de penetrar, etc.) y que impedirían la experiencia de placer y la entrega compartida.


Siguiendo los lineamientos de la investigación reichiana se ayuda al cuerpo masculino a integrar la vulnerabilidad con la potencia.

Luego de producir un proceso de apertura torácica donde se permite sentir en el alma la resonancia con el sentir ajeno (Por ejemplo: poder expresar compasión y tristeza frente al dolor) se pasa a trabajar con el miedo y con la liberación de bronca y de ansiedad sexual, alojada esencialmente en la zona diafragmática y en la pelvis.


Lowen aconseja estudiar la historia de la infancia para averiguar porqué y cómo, un cuerpo masculino sufrió una pérdida de su virilidad, para ayudarlo a liberar las fijaciones que lo atan a su pasado. Pone como ejemplo el hecho de que muchos hombres entablan luchas de poder con su pareja porque las consideran exigentes y controladoras, creyendo (de esta manera) que comprometerse en una relación de amor implicaría una pérdida de libertad personal. Por lo general, este es el sentimiento de un niño que veía a su madre como una persona controladora y que, habiendo reprimido la bronca contra su madre, la proyecta actualmente en las mujeres (su compañera, su amante, su esposa, etc.).

Lowen describe dos tipos caracteriales de cuerpos masculinos94:

1. El hombre pasivo, con tendencia a la eyaculación precoz. La tensión en su cuerpo, consecuencia de reprimir sus sentimientos negativos, reduce su capacidad de mantener y permanecer con la excitación mientras esta crece. La eyaculación precoz es un equivalente funcional del miedo a enfrentarse a una mujer cuando aumenta la excitación. Es tan incapaz de ceder a su excitación sexual como a la cólera que conserva hacia su madre y todas las mujeres. Excita y frustra, aparenta dar amor pero no lo hace, realizando así con las mujeres una venganza por las primeras decepciones con la madre (a quien ha estado sometido). Decepcionándolas se venga en toda mujer por el sometimiento al que fue ejercido durante niño, que ve repetirse en sus demandas de amor, donde vuelve una vez más a fracasar.

2. El hombre hostil, con tendencia a la eyaculación retardada. Retrasa la eyaculación para obtener una sensación de poder. El falo erecto es para él una metáfora de un arma con la cual dominar y castigar a la mujer. El retraso del clímax es un equivalente a no ceder, lo que tiene como efecto la reducción del placer y de la satisfacción de sí mismo y de su pareja (ya que la excitación de ésta se adapta, y en parte depende de la de él). Retener la eyaculación representa, bioenergéticamente, un equivalente a la represión de los sentimientos. Se retiene la eyaculación porque no se quiere entregar (a) los sentimientos.


Amar a una mujer es gozar de ella y gozar de una mujer es amarla. Pero ningún hombre puede amar a una mujer si le tiene miedo o si siente la necesidad de controlarla o dominarla. Si un hombre tiene un carácter pasivo y tiene miedo de las mujeres terminará sirviéndolas, si desarrolla un carácter hostil o sádico exigirá que lo sirva, pero el amor no es algo que uno da, sino lo que uno es.

En términos generales las mujeres tienen menos miedo al amor que los hombres.

Aunque en la clínica vemos con claridad que de niñas están sujetas a la misma angustia, quedando atrapadas igualmente en las luchas de poder de sus padres, que las arrastran a un bando o al otro, en función de sus necesidades95.

Por ejemplo: la niña es seducida por su padre para establecer una alianza contra la madre. Al verse colocada en una posición competitiva contra su madre (y al ser ésta más fuerte que ella), en consecuencia, busca protección en su padre. Si se la da, quedará atrapada en una relación de dependencia y terminará como la niñita de papá. Si éste no la protege, porque tiene miedo de su mujer y se siente culpable por su comportamiento seductor, la niña se sentirá traicionada, y (en este caso) se volverá hacia su madre y se convertirá en una nena de mamá.

De adultas las nenas de papá son seductoras con los hombres y sensibles a sus necesidades, al igual que lo fueron con su padre. Su rol es estar ahí para los hombres. Las nenas de mamá desarrollan el papel opuesto. Al haber sido traicionadas por su padre, sienten cólera y hostilidad contra los hombres. Estos papeles también cambian y la mujer dura y agresiva puede actuar como una niñita cuando necesita afecto, puede prestar apoyo a un hombre cuando la necesita, pero sólo sintiéndose superior. O puede desempeñar el papel de hermana sensible y cariñosa con el hombre, que parece fuerte y paternal, pero volviéndose crítica y denigrante cuando el hombre revela sus aspectos infantiles.

Estos roles se manifiestan posteriormente como hija amante, hermana protectora, madre autoritaria o ideal romántica teniendo un efecto permanente sobre la sexualidad de la mujer96. Por ejemplo, una mujer nena de papá no puede entregarse plenamente a otro hombre, puede aceptar sexualmente a su compañero, pero no puede sentir pasión por él. O bien es la niña seductora y encantadora o bien es la madre. Y al actuar como la hija o la madre de su compañero hace imposible que éste la vea como una mujer sexual.


Bioenergéticamente encontramos un patrón de acorazamiento típico en los cuerpos femeninos (y en la mujer uruguaya en particular). En su estructura corporal se puede percibir el característico triángulo latino:
Esta estructura corporal, analíticamente expresa la respuesta emocional de un cuerpo femenino que cortó los sentimientos sexuales edípicos, mediante un alto grado de inmovilización. Este acorazamiento se expresa somáticamente en:

-un anillo de tensión situado alrededor de la cintura que rompe la conexión entre las dos mitades del cuerpo,

-una garganta generalmente apretada,

-espaldas con protuberancias y jorobas consecuencia de la ira reprimida,

-desvíos en la columna vertebral, a la altura dorsal o del sacro,

-caderas agrandadas y cargadas de negatividad,

-pelvis rígidas e inmóviles.
Las características que definen culturalmente a una mujer como femenina (su complacencia, su sofisticación, su dulzura, su fragilidad, etc.) son generalmente trampas del carácter social patológico, constituyendo una cárcel potencial de sus potencialidades expresivas, y disminuyendo su capacidad de goce y de placer.

En algunos cuerpos femeninos las emociones principales que vemos en la terapia son de vergüenza, culpa, angustia y ansiedad, apareciendo posteriormente una camada más profunda de miedo, tristeza y placer. En otros, al igual que en los cuerpos masculinos, aparece ausencia de deseo y poca emocionalidad. Cuando se producen los primeros desbloqueos afectivos les cuesta contener las emociones y transformarlas en procesos rítmicos, placenteros para sí.


En términos generales el proceso terapéutico se orienta a integrar las corrientes afectivas con la sexualidad genital (como dice la Dra. Liliana Acero: reintegrar el corazón de niñas en la pelvis de adultas). Para ello se hace necesario desligar y “limpiar” el miedo, la bronca y la tristeza de los contactos amorosos tempranos. Este proceso de desbloqueo permite la canalización de la gran potencia pélvica del cuerpo femenino hacia el momento actual, e implica un camino analítico donde la mujer debe confrontar el miedo a la autoridad (como uno de sus miedos básicos). El proceso terapéutico debe proporcionar un setting apropiado y seguro, y garantizar una situación controlada, por parte del terapeuta, para el descongelamiento y la expresión del miedo y la ira acorazados y reprimidos, por parte del paciente.
El trabajo clínico con la sexualidad, tanto en los cuerpos masculinos como en los cuerpos femeninos, se orienta bioenergéticamente hacia un equilibrio en la pulsación, a través de la auto-regulación. Esto implica socialmente, la mutación y la transformación en nuevos comportamientos amorosos: más igualitarios y desjerarquizados, más democráticos y libertarios. En el plano afectivo, la posibilidad de efectuación de nuevos goces y nuevas conexiones espirituales y placenteras.

Como ya sabemos desde la Psicología Social, la liberación de los cuerpos y de su potencial humano, deriva necesariamente en el problema de las organizaciones, lo que implica necesariamente desplazar la patología individual al rango de la patología institucional (familia autoritaria, pareja machista, etc.).

Como lo planteaba en un trabajo anterior97 quizás el ejemplo más bello de mutación sea el que sufrió el dualismo mujer fiel-esposa irreprochable/hombre infiel-marido adúltero. La misma se produjo socialmente en función de la desterritorialización de la sexualidad de las coordenadas de la reproducción y del goce masculino, perteneciendo dicho binarismo a un pasado añorado por más de uno. Esta segmentaridad dura, que se sostenía popularmente en función de una trilogía estructural (la “vieja”- la “mina” - la novia), le proporcionaba a la mujer una identidad débil, pasiva, resignada, devota, subjetiva, sumisa, incompleta, dependiente y ... por sobre todas las cosas, fiel en el plano sexual, exigiéndosele al hombre, como contrapartida, un carácter activo, duro, fuerte, valiente, enérgico, agresivo, racional, objetivo, y ... promiscuo en su sexualidad. Ayer, la mujer que disfrutaba sexualmente sin amar, era considerada en el imaginario colectivo una ninfómana, mientras que para el novio o el hombre casado, frecuentar los prostíbulos (ahora “casas de masajes” ) era considerado como algo saludable y normal.

El devenir-mujer (F. Guattari) de parte de la sociedad, signo de la mutación que arrastró y provocó el desmontaje de aquel dualismo, nos está abriendo la posibilidad de recrear nuevos espacios vitales dignos, expresivos, desjerarquizados, lúdicos y creativos, en nuestra propia vida cotidiana. La construcción de estos nuevos niveles de expresión está siendo descodificada y transmutada en los cuerpos masculino y femenino, transformándose en el campo social y haciendo estallar viejos discursos institucionales.

Podemos percibir, por un lado, que se están dando los primeros pasos para nuevas formas de ordenamiento entre los cuerpos (entre los hombres y las mujeres, entre la mujer y la mujer, entre el hombre y el hombre): nuevos lenguajes, nuevas imágenes y nuevas singularidades entre los sexos. Pero el ejercicio clínico nos muestra, sin embargo, que lo resistencial adquiere diferentes formas y contenidos, en función de las nuevas afectaciones que se despliegan en los procesos sociales y en las tramas actuales que los sostienen.

En la medida en que sigamos contribuyendo a desbloquear a los cuerpos de los viejos dualismos y de las corazas rígidas y narcisistas, seguiremos con la esperanza de irradiar colectiva y naturalmente una nueva energía, una nueva pureza y una nueva suavidad entre los cuerpos.



  1. SANANDO LA HERIDA DE NUESTRA SEXUALIDAD.

UN ACERCAMIENTO AL TRABAJO PSICOTERAPÉUTICO

CON PERSONAS QUE FUERON VÍCTIMAS

DE ABUSO SEXUAL INFANTIL



INTRODUCCIÓN

Durante los años 1992-1993 y en el primer semestre de 1994 trabajé como encargado del proyecto multidisciplinario “Desarrollo y cambio en la adolescencia” que se realizó a través de un convenio entre el Colectivo de Psicología Política y los Círculos de Formación y Difusión Popular en los barrios de Manga, Lezica y Maroñas.

El proyecto estuvo subvencionado por la Asociación Sueca para el Desarrollo Internacional (Swedish International Development Agency) y por la Asociación por la Amistad Suecia-Uruguay (Forslag Fran Vanskops Foreningen Sverige-Uruguay) y se desarrolló en la Cooperativa Los Palos (Manga), en el Colectivo El Orejano (Lezica) y en la Policlínica Washington Pérez (Maroñas).

El objetivo del proyecto estuvo centrado en la construcción de dispositivos clínicos grupales de soporte, apoyo y colaboración, en la elaboración y desarrollo de proyectos personales y colectivos de los adolescentes; brindando además orientación, informaciones y continentación en problemáticas de su interés (inserción laboral, drogadicción, situaciones legales, etc.), así como orientación individual cuando se presentaron situaciones personales importantes (violencia familiar, desocupación, embarazos, detenciones, etc.).

El dispositivo de trabajo se realizó por medio de reuniones semanales en donde se desarrollaron talleres vivenciales de experimentación de 4 hrs. (“El cuerpo adolescente”) y sesiones clínicas individuales de 90 minutos en forma quincenal.

El dispositivo fue derivando en los tres grupos a laboratorios clínicos (“Deseo, seducción y sexualidad”) donde la problemática central desarrollada fue el tema de la sexualidad y el abuso sexual.

En los tres grupos en que trabajamos el 80% de los integrantes sufrieron en su niñez algún tipo de abuso físico o psíquico.

En los diez años que llevo trabajando como psicólogo clínico la 1/3 parte de los pacientes sufrieron algún grado de abuso sexual en su infancia. Esta proporción se mantiene tanto en hombres como en mujeres.



GENEALOGÍA DEL ABUSO

La incidencia del abuso sexual no es mayor ahora de lo que fue en otras épocas.

Cultural y socialmente la definición y la interpretación del abuso sexual ha cambiado. El efecto de los movimientos sexuales de las mujeres que cuestionaron radicalmente la sociedad patriarcal, fue uno de los motivos que generaron una mutación en la conciencia social entre los géneros. Las mujeres comenzaron a tomar conciencia que el ser usadas o maltratadas no es su única opción de vida.

Los hombres y mujeres estamos despertando a una mayor igualdad entre nuestros cuerpos y afecciones, produciéndose muchos cambios en relación a los regímenes afectivos de nuestro pasado más cercano (los regímenes afectivos de nuestros padres y abuelos).

En muchas culturas rurales antiguas era aceptado que el gobernador, el terrateniente, o el miembro masculino de la familia de alta posición económica tuviera el derecho de “usar” o iniciar sexualmente las vírgenes bajo su “jurisdicción”, o que el hijo varón de la familia burguesa “debutara” sexualmente con la empleada de la casa.

Desde el Análisis Genealógico podemos ver que, en la sociedad burguesa de fines del siglo XVII y hasta principios del siglo XX, las mujeres no tenían el permiso social para vivir su sexualidad tal cual las mujeres de hoy día. Aquellas debían negar su impulso sexual, para lo cual no sentían su cuerpo, se debilitaban, se desmayaban, se paralizaban (tornándose caracterialmente en frígidas e histéricas). Luego esa opción tomó la forma donde la mujer le permitía usar al hombre de su cuerpo, llevando a una nueva escisión (“podés tener mi cuerpo pero no mi alma”). En los años sesenta, en el “primer mundo”, se cuestionó con gran radicalidad la forma de “prostitución” de la mujer casada (con su poder implícito) que pagaba con sexo la seguridad y el confort de la familia y el hogar.

Como enunciaba al final del capítulo anterior, en la actualidad se está produciendo una desterritorialización del cuerpo social de las formas heredadas de la sociedad patriarcal, en donde el poder masculino sobrecodifica los principios femeninos vitales (orden natural, cuerpo, sentimiento, intuición, espontaneidad). Pero, en un nivel micropolítico, el split entre naturaleza y cultura, entre cuerpo y mente, entre razón y sentimiento, entre lógica e intuición, entre control y espontaneidad, ha crecido (des)considerablemente como consecuencia de la evolución tecnológica de los últimos doscientos años, generando una cultura narcisista98.
La persistencia permanente del problema del abuso sexual infantil que observamos en la historia-acontecimiento de los cuerpos de los pacientes que acuden a nuestra consulta clínica, es un índice real de que aun no hemos sanado la sexualidad en nuestro cuerpo social.

Una de las razones por las que nos encontramos en nuestra clínica con tantos pacientes que han sufrido abuso sexual, es que nuestra sociedad aun tolera y soporta el abuso físico y psicológico hacia los niños99.




DEFINICIÓN DE ABUSO SEXUAL

Definimos por abuso sexual infantil “toda violación de la privacidad del del niño con respecto a su cuerpo y sexualidad” 100. El abuso sexual infantil es un acto de violencia que se inflige en lo más íntimo y profundo de la realidad existencial de un niño, siendo sus efectos nefastos y devastadores para el desarrollo de la personalidad, en la medida en que afectarán la mayor parte de su vida adulta.

El abuso sexual infantil implica la exposición de un niño a una estimulación sexual inapropiada a su edad, su desarrollo sexual y su rol social. Los desórdenes traumáticos de abuso sexual van desde situaciones de vergüenza y humillación (como consecuencia de la exposición corporal de los menores a situaciones sexualizadas por los adultos), a violaciones donde adolescentes, niños mayores o adultos utilizan la violencia sexual sobre los menores.
Tal como lo plantea la terapeuta bioenergética Lyn Mayo, las exploraciones y los escarceos sexuales entre niños para satisfacer su curiosidad infantil, no significan abuso sexual. A pesar de que estos juegos y exploraciones pueden generar muchos sentimientos, los mismos son aislados y de mutuo acuerdo. El abuso sexual implica necesariamente una actitud de explotación101.
Es muy importante definir con precisión el problema del abuso sexual infantil. Coincido con Al. Lowen que en todos los casos en que un adulto le pega a un niño hay un elemento sexual implícito. Por ejemplo, el hecho de que un padre le pegue en las nalgas desnudas a su pequeña hija, es un acto de abuso sexual además de un maltrato físico.

Al. Lowen describe el abuso sexual como una forma muy infame de traicionar el amor:


la persona que abusa de otra se acerca a su víctima como si le estuviera ofreciendo amor pero luego se aprovecha de su inocencia y/o desamparo para satisfacer su necesidad personal. El aspecto más dañino de este delito es la traición a la confianza, pero la violación física agrega a esta acción destructiva una dimensión importante de miedo y dolor. Los individuos que sufrieron abusos o maltratos sexuales de cualquier tipo llevan las cicatrices de esa experiencia durante toda su vida. Lo más grave es la supresión de la experiencia por parte de la víctima debido a la vergüenza y repugnancia por lo sucedido. Sin embargo, cuando se suprimen estos sentimientos, el individuo se queda con una profunda sensación de vacío interior y confusión. Las víctimas de abuso sexual no pueden entregarse a su cuerpo ni al amor, lo cual implica que no tienen posibilidades de encontrar satisfacción en su vida. El viaje de auto-descubrimiento les resulta una aventura aterradora. Cuando tratamos a estas personas debemos ser especialmente concientes de este problema” 102.
La energía sexual es la corriente energética de la creación, pero también puede ser sumamente destructiva.

El abuso sexual infantil genera un rango completo de implicaciones. Una de ellas es el quebrantamiento que tiene el espíritu del niño, causando una profunda escisión entre su alma y su cuerpo.

Dependiendo de cuán traumática haya sido la situación, podremos ver en la clínica el grado de congelamiento, de escisión y de retirada de su cuerpo. La defensa habitual como sobreviviente de una situación de abuso infantil es vivir fuera de su cuerpo o, por el contrario, congelar su energía en el núcleo, imponiendo una barricada sobre el mundo.

Cuanto más pequeño es el niño más grave será el daño infligido en su personalidad. Por lo general, cuando un niño es víctima de abuso sexual a muy temprana edad, reprime todo recuerdo de los hechos. Para ello suprime los sentimientos asociados a esos recuerdos negativos. Esto produce inevitablemente un fenómeno de “retirada” del cuerpo, generándose un proceso disociativo (splitting) donde la mente conciente no se identifica con los hechos corporales. Esta supresión implica, en un nivel profundo, “matar” una parte de su cuerpo.


¿Qué es lo que sucede bioenergéticamente en el cuerpo en una situación de abuso sexual infantil?

El abuso sexual sobreexcita el aparato sexual de las víctimas infantiles en forma prematura, quedando los mismos sobre-estimulados.

La descarga sexual adulta se produce cuando la excitación recorre el cuerpo hacia abajo, entrando en el aparato genital para luego salir de él. El niño no tiene la posibilidad de descargar la excitación genitalmente. Es decir, antes de que se desarrolle la capacidad para descargar la excitación por medio del orgasmo, los niños abusados sexualmente cargan sus órganos genitales con una fuerza sobre la que no tienen control. En otras palabras, la energía que puede ser sostenida en el organismo en el desarrollo adulto normal (especialmente la energía del despertar sexual) es mucho mayor que la que puede ser sostenida por el organismo de un niño.

El abuso sexual de un infante sobreexcita prematuramente un aparato sexual aun no desarrollado. Y al mismo tiempo que lo excita, lo asusta. El miedo que siente el niño por la excitación sexual del contacto, queda grabado en su cuerpo y en su carácter, pues permanece en el aparato sexual sin que se lo descargue. Luego de las situaciones de abuso sexual, la sensación de sobre-estimulación quedará registrada en un nivel celular en el cuerpo del niño abusado. Las células del cuerpo recordarán y sabrán del abuso, no el cerebro. En algunos casos el cuerpo de esos niños buscará ese placer nuevamente, como una forma de demandar el replay de esa sobre-estimulación. El niño entra de esta manera, momentánea y paulatinamente al mundo adulto, quebrantando así su inocencia.



REGIMEN AFECTIVO

A nivel afectivo las emociones predominantes en los niños abusados sexualmente son:


*Miedo: el miedo principal que sienten los niños es a perder el amor que necesitan para sobrevivir. Junto a ese miedo a perder el amor generalmente aparece un miedo profundo de las consecuencias de la actividad sexual. El niño abusado sexualmente tiene un fantasma que está relacionado al miedo de la revelación del abuso, y de lo que podría suceder si los eventos fueran descubiertos. Pueden además generarse miedos, fobias o terrores más o menos inconcientes: pesadillas, miedo a estar solos, miedo a la oscuridad, miedo al contacto. Y un profundo miedo a la expresión de la ira asesina hacia aquellos de los que sufrieron la traición.
*Bronca: aunque puedan parecer dóciles y pasivas en la máscara social, las víctimas de abuso sexual infantil están llenas de ira. Dicha hostilidad es, en primer lugar, hacia los perpetradores del abuso. Pero también sienten mucha bronca hacia sus padres y/o parientes que no los protegieron del abuso sexual y que, en algunos casos, hasta lo facilitaron. La ira se puede extender a otras personas dependiendo de la reacción de las mismas ante una eventual revelación del abuso. A veces la bronca si es reprimida da lugar a la depresión, en otros casos se somatiza (dolores de cabeza, trastornos estomacales, flujo vaginal, dispareunia, vaginitis), y otras veces aparece en forma de fantasía o comportamientos agresivos.
*Culpa: cuando el abuso sexual se descubre en la infancia muchos menores no experimentan sentimientos de culpa antes del descubrimiento del abuso sexual. Después de la revelación se hacen muy intensas y en varios niveles: por responder físicamente y haber estado accesible a los estímulos que la actividad sexual provocó; por romper una promesa de secreto al denunciar el abuso; por no haberlo denunciado antes; por la eventual alteración de la dinámica familiar (consecuencias legales, económicas, afectivas, sociales); por el placer vivido en las relaciones.
*Vergüenza: generalmente vergüenza de su propio cuerpo (a sus “partes sexuales impuras”), acompañada por una sensación y un sentimiento de asco y repugnancia por lo sucedido. La vergüenza se une en forma devastadora al miedo, a la humillación y al dolor psico-corporal. Al no tener maneras de liberar por medio de palabras el agravio del trauma del abuso, la vergüenza queda inscripta en el cuerpo, no permitiendo el desarrollo funcional integrativo como expresión del amor.
Estas emociones quedan registradas en la memoria celular.

Aun pasados muchos años desde la situación del abuso sexual infantil, los sentimientos permanecen intactos, algunas veces fuertemente ligados a los recuerdos traumáticos, otras veces escindidos de los mismos.

En otros casos, muchos de los pacientes abusados sexualmente vienen a terapia sin memoria de la situación, muchas veces acompañados de una amnesia general de los episodios de su niñez. El precio que tuvieron que pagar para sobrevivir a la situación de abuso fue reprimir todo recuerdo, disminuyendo la fuerza vital en sus cuerpos.

En ambos casos, cuando en el proceso terapéutico comienza a salir a superficie la situación existencial del abuso, se activa toda su estructura defensiva



CORAZA CARACTERIAL

La experiencia de abuso sexual infantil deja una marca profunda en los cuerpos de los infantes y en sus personalidades, jugando además un grave papel en el establecimiento de sus estructuras defensivas.

El impacto del abuso en sus vidas adultas depende de la gravedad de muchos factores: la edad en que fueron abusados por primera vez, su relación con el abusador, el período de tiempo en que se extendió el abuso, el miedo que generó, etc. De todas maneras, tal como lo plantea Lyn Mayo en sus dos trabajos sobre abuso sexual, aquellos que comparten la experiencia del abuso sexual infantil, sufren consecuencias similares y un proceso común en sus terapias.
Fue S. Freud el primero en señalar nuestra necesidad compulsiva de repetición. Tendemos a repetir los escenarios de nuestras vidas que han sido traumáticos porque tenemos la necesidad de reconocer las diferentes piezas del trauma-puzzle, hasta tener una gestalt completa, en donde nuestras piezas se junten nuevamente y puedan formar una totalidad103.
A nivel caracterial el abuso sexual infantil produce una profunda situación disociativa que puede generar varios efectos, a saber:
*El sentido de self del niño abusado sexualmente queda seriamente deteriorado pudiendo generar, de adultos, una compulsión a la repetición. Por ejemplo, involucrándose con personas que abusen sexualmente de ellos, que no los traten como personas sexuales, sino como objetos sexuales, en la medida en que para ellos mismos es difícil vivir en sus cuerpos -ser sus cuerpos- y defender sus derechos; en este sentido, pueden sentirse atraídos por personas de personalidad similar a la del abusador, adoptando un rol de sumisión sexual como un intento inconciente de liberarse de su “obsesión”, reviviendo la situación e intentando completar la descarga (que en realidad no se puede producir debido a la disociación corporal en que viven).

Este sentimiento de self frágil, vulnerable y dañado disminuye la confianza en sí mismo, pudiéndose observar como trazos caracteriales predominantes la timidez y el retraimiento (Por ejemplo: no se sienten dignos de participar en actividades o en ámbitos sociales, pierden interés en su apariencia personal, etc.) o, por el contrario, trazos impulsivos donde permanentemente están pulsando hacia el exterior como forma de no tomar contacto con su núcleo dañado y herido.

La característica de sus relaciones puede oscilar, por lo tanto, en vínculos simbióticos (al haber tenido una seria dificultad para vivirse como persona separada y discriminada en su cuerpo y en sus deseos), o por el contrario, en relaciones pasajeras (para no tener que abandonar tanto de sí mismas y por su terror a la pérdida de amor y su miedo a la “simbiosis”).
*Tienen dificultades de relacionarse sexualmente y de obtener placer en su sexualidad, envolviéndose inconcientemente en actividades que están predestinadas a fallar como forma de auto-castigo por sentirse “malas” y culpables. Por ejemplo, tienen la idea de que ningún hombre lastimará a una mujer si ella “cede” ante él (razonamiento falso y paradójico de mujeres que sufrieron abuso sexual en la infancia).

Les resulta muy difícil imaginarse en relaciones de pareja donde no desarrollen un rol de víctima. En sus relaciones sexuales adultas tienen una tendencia a dejarse usar y encuentran muy difícil parar esa práctica. Por ejemplo, permiten repetidamente que otros saquen ventaja de sí, asumiendo frecuentemente la culpa de que algo está mal en sus relaciones.

Les cuesta tomar contacto con sus propias necesidades, viviendo una vida descentrada de su deseo. Por ejemplo, poniendo asiduamente su centro fuera de sí mismos.

*Su auto-posesión queda dañada en la medida en que fue privado del sentido de control sobre lo que ocurre en su cuerpo, desarrollando de esta manera una conciencia disminuida de que pueden controlar sus propios cuerpos (Por ejemplo: sentimientos de impotencia, angustia y pasividad como consecuencia de la violación de su privacidad corporal y del dominio de su vida).

En un nivel profundo las víctimas de abuso sexual sienten que sus cuerpos no les pertenecen. Al haber sido invadidos y violados en su privacidad corporal contra sus deseos, les cuesta experimentar los límites de sus propios cuerpos. (Por ejemplo: en su infancia experimentaron vivencias abusivas con una persona más fuerte físicamente, fuera de control, al que sabían que no podían detener, generándose así una experiencia terrorífica sin saber cuándo ésta terminaría).

*Viven sentimientos ambivalentes y conflictivos sobre la sexualidad. Por un lado viven la sexualidad como expresión de amor, de deseo de proximidad y de unión a otra persona, pero, por otro lado sienten hostilidad, miedo, culpa, vergüenza y dolor, a raíz de sus experiencias infantiles (Por ejemplo: la sexualidad se integra difícilmente a su personalidad porque coexisten corporalmente, en forma simultánea, la excitación sexual y el miedo, la sensación de ser deseables y la vergüenza, el deseo y la culpa, etc.). Esta situación de ambivalencia se ve marcadamente en la compleja relación que sienten y tienen con sus abusadores.


*En algunos casos el niño abusado sexualmente crece y puede comenzar a vivir la sexualidad como una fuerza irresistible y abrumadora, pero escindida de su personalidad (Por ejemplo: se siente poseído por una carga sexual como si fuera una fuerza ajena a su personalidad, sobre la que no tiene ningún control, ni le produce, por otra parte, ninguna satisfacción amorosa y genital).

En otros casos les resulta difícil experimentar y/o expresar cualquier sentimiento sexual interior, sin atemorizarse y cercenarse, (Por ejemplo: su estado general es de falta de contacto con un cuerpo incapaz de tolerar la carga energética y de una cabeza incapaz de integrar la emoción).



CORAZA SOMÁTICA

Si alguno de nuestros pacientes han sido abusados sexualmente, es decir si han sufrido por otra persona algún tipo de falta de respeto por sus límites, de una manera sexualmente intrusiva, podemos leerlo en su cuerpo.

Si realizamos una profunda y correcta lectura corporal hay signos inequívocos que sugieren un abuso anterior. Tal como lo señala la analista bioenergética Angela Klopstech: “the body remembers even if the mind does not”.
La lectura corporal funciona idénticamente a una gramática expresiva. Es decir, a través de una lectura corporal podemos comprender el lenguaje del cuerpo de una persona que está expresando emociones con sus gestos (funcionales o neuróticos), con su voz, con su mirada, con su forma de moverse, con su forma de respirar, de sostenerse, etc. A través de la lectura corporal podemos relacionar las tensiones crónicas de diferentes partes del cuerpo con las actitudes caracteriales de quienes las presentan: hacia su sexualidad, hacia sus sentimientos, hacia las otras personas, etc.
Algunas señales corporales distintivas de que una persona ha sido abusada sexualmente en forma prematura son:

*ojos asustados y mirada aterrorizada,

*mandíbula tensionada,

*cuello rígido,

*pelvis bloqueada,

*poco enraizamiento,

*capacidad de expresarse emocionalmente con la voz severamente disminuida.
Los principales bloqueos físicos y bioenergéticos los encontramos en los segmentos cervical (occipital y supra-torácico), y torácico (en el chakra cardíaco), en la zona de la cintura y en la pelvis (en el chakra de la raíz). Si la parte inferior del cuerpo queda sensiblemente bloqueada, especialmente la zona del perineo en la base de la pelvis (en el lugar entre la vagina/el pene y el ano), el corazón sufre aun una herida quizás mayor, tal cual hubiese sido roto a martillazos, arrancado o asesinado a puñaladas. Poder cicatrizar estas heridas lleva mucho tiempo y exige del terapeuta mucha suavidad, paciencia y humildad.
En el trabajo con adultos sobrevivientes al abuso sexual infantil, uno de los primeros pasos para hacer conciente esta zona crónica de tensión es el de aprender a respirar en ella nuevamente. Esto resulta muy difícil porque requiere atravesar la pelvis, la cual usualmente es la parte del cuerpo que ha sido dañada y herida emocional y/o físicamente en los momentos de abuso sexual. En la medida en que el paciente comienza a recuperar su cuerpo, se hace necesario liberar las emociones asociadas con el abuso, las cuales aun roban mucha energía en el proceso de acorazamiento, y disminuyen considerablemente la capacidad de sentir placer en la vida. La memoria celular, cargada en la pelvis, necesita ser abierta para que las corrientes energéticas puedan empezar a moverse en forma más libre, a través del segmento pélvico nuevamente.


TRANSFERENCIA, CONTRATRANSFERENCIA Y RESONANCIA

En mi caso particular la parte esencial del trabajo como terapeuta con pacientes abusados, es honrar a la persona que siendo pequeña fue lastimada en un nivel profundo y vulnerable de su existencia, y que ahora como adulto tiene la valentía y la fe de emprender el camino hacia su sanación.

Así como el setting tiene que ser seguro, confiable y tener los límites bien definidos, en donde el paciente pueda ser entendido, cuidado y no juzgado, lo mismo sucede con la presencia, con el estar del terapeuta. Su actitud de resonancia con el problema del paciente tiene que poder garantizar un contexto de aceptación, compasión, confianza, empatía y seguridad. Si no se dan estas condiciones el mismo terapeuta puede fácilmente repetir la situación de abuso en su paciente, traicionando nuevamente a la persona que depositó su confianza.
La resonancia tiene que ser la herramienta que posibilite ir construyendo un presente y sanando el pasado. Si bien como terapeutas bioenergéticos jugamos nuestras mejores cartas a nuestra capacidad de resonancia, no debemos desconocer la naturaleza y el poder de la transferencia y la contratransferencia, como patrones de distorsión e interferencia, y como herramienta terapéutica.

Los pacientes abusados pueden evocar emociones muy fuertes en el vínculo transferencial. En la transferencia el terapeuta puede inevitablemente ser identificado con el abusador. El cuerpo del paciente nos da muchas señales al respecto. Por ejemplo, saltando defensivamente cuando tocamos su cuerpo, aun luego de pedirle permiso y avisarle previamente en qué zona se iba a hacer el toque e incluso de qué manera.


No nos tiene que asombrar que estos pacientes, en un nivel profundo, desconfíen de cualquier fuente de ayuda. Ellos cargan en sus cuerpos con mucha bronca hacia los adultos de su mundo, que no fueron en su ayuda cuando las experiencias de abuso se produjeron. Así aprendieron solos a “lamer su propia herida”.

Es importante entender que las personas que sufrieron abuso sexual infantil fueron literalmente empujados a roles y sentimientos con los cuales no se podían entender ni manejar a su edad. Sus propios límites corporales fueron atacados, no respetados, no teniendo seguridad en su propio cuerpo ni en sus límites.


Es decir que a nivel transferencial nos vamos a encontrar con:

*Confusión en los roles. En su historia los roles de hijo/a-esposo/a-amante, quedaron alterados radicalmente.

*Dificultad y/o incapacidad de establecer una relación de confianza. Luego de haber sido victimizados por una persona en la que confiaban y a quien querían, van a tener dificultad en establecer relaciones de confianza, posteriormente.

*Profundos sentimientos de ambivalencia (amor-odio, confianza-desconfianza, deseo-miedo, etc.) derivados de la compleja relación que tuvieron con el abusador, y que va a estar presente dinámicamente en la forma y en el contenido de la transferencia.

Estos sentimientos transferenciales pueden despertar, a su vez, fuertes sentimientos contratransferenciales. Por ejemplo, emociones negativas que pueden ir desde un simple enfado hasta impulsos sádicos en el terapeuta. En esos momentos los terapeutas tenemos que prestar mucha atención a lo que está pasando en nuestro cuerpo y elaborar las emociones en nuestro propio proceso terapéutico, analizarlas en la inter-visión desde nuestra estructura caracterial y/o establecer un plan de trabajo corporal para poder expresarlas.
Cada situación transferencial puede provocar una situación contratransferencial. Esta dinámica vivencial surge por la identificación del terapeuta con los objetos del paciente (contratransferencia complementaria).

En la medida en que las reacciones contratransferenciales son regidas por las leyes del inconciente, no podemos descuidarla, ni negarla sino queremos caer en un círculo vicioso con el paciente. Por ejemplo, actuando la ley de talión en el consultorio: cada situación transferencial positiva es contestada, en un nivel, por una contratransferencia positiva, y a cada transferencia negativa del paciente, el terapeuta responde vivencialmente con una contratransferencia negativa104.

A nivel contratransferencial, tenemos que estar permanente en contacto con nuestro cuerpo, explorando desde la auto-observación las señales que éste nos da (tono muscular, ritmo respiratorio, afectos y sensaciones, etc.). Tenemos que tener claro que la transferencia es necesaria para la proyección afectiva. Actuar la contratransferencia no lo es. En otras palabras, todo lo que un paciente trae es pertinente y apropiado. Nunca puede ser culpado por activar los “temas” del terapeuta o “movilizarlo” emocionalmente.

Mantener al terapeuta “a salvo” de sus problemas existenciales y emocionales no es la tarea del paciente. Cuando se produce un acting-out en este nivel, se corre el peligro de que el paciente asuma inequívocamente la culpa por tal error en el proceso. Esto sucede muy a menudo con pacientes que fueron abusados por sus propios familiares. Así como de niños hallaron la manera de proteger al padre abusador, de adultos protegen al terapeuta y terminan asumiendo que el terapeuta “lo debe estar haciendo por mi propio bien”.


En resumen, el paciente abusado nunca tiene que ser culpado por lo que sucede en el proceso terapéutico, de la misma manera que el niño no tiene ninguna culpa en relación al abuso. Debemos recordar que la sexualidad y los sentimientos del paciente están en un nivel etario de 3 a 13 años, aunque estén expresándose desde un cuerpo adulto105.
TERAPÉUTICA106

La clínica bioenergética (especialmente desde el Análisis Bioenergético) permite trabajar activamente la problemática del abuso sexual, focalizándose en dicho problema, sin descuidar el análisis de base de los pacientes, ni la situación social en que se produce.


La experiencia común de todos los terapeutas que trabajamos desde la clínica bioenergética la problemática del abuso sexual, es que el proceso de sanación (healing) se desarrolla muy lentamente y puede pasar por momentos muy dolorosos y dramáticos (Por ejemplo: pensamientos suicidas, ansiedad de volverse loco, etc.)

Desde la clínica bioenergética sabemos que nuestros cuerpos no olvidan las experiencias traumáticas. En eso se basa el proceso de curación bioenergético: restablecer a través de la memoria celular la capacidad natural de pulsación, mediante la rememoración corporal de experiencias y de vínculos placenteros y saludables. Este proceso no se produce sin tocar y atravesar momentos muy dolorosos.

En la mayoría de los casos el niño que sufre una situación de abuso sexual no puede parar los hechos, por lo que desarrolla una estrategia defensiva de sobrevivencia deshabitando su cuerpo y cortando la conexión con sus sentimientos. Dado que el paciente abandonó su cuerpo a causa del dolor, dicho dolor regresa cuando la persona toma contacto nuevamente con su cuerpo.
Dörte Laschinsky discrimina tres grupos diferentes de personas abusadas, en función de la manera en que tienen de organizar sus recuerdos107.
Al trabajar con pacientes adultos que saben exactamente lo que les sucedió pero que, en función de su estrategia defensiva de sobrevivencia, se escindieron de sus sentimientos dolorosos (dolor profundo, tristeza, miedo, bronca), el objetivo terapéutico consiste en recuperar la emoción y desbloquear los sentimientos.
Otro grupo de pacientes sabe corporalmente que han sido abusados en su infancia pero su memoria es muy poco precisa. Con ellos la estrategia terapéutica implica el descubrimiento de los hechos, conectando con sus sentimientos y trabajando desde ellos. Los señalamientos verbales apuntan a reafirmar la confianza en sí mismo, en el saber corporal y en la capacidad natural de auto-sanación; “tu cuerpo sabe” ... “confía en tu cuerpo” ... “permitíte sentir” ... “creé en lo que sentís”.
El último grupo de pacientes abusado es el que consulta por otra variedad de temas y de conflictos, pero que, en determinado momento del proceso terapéutico, la problemática del abuso sexual irrumpe desde la profundidad de su historia y pasa a ocupar un lugar central en las sesiones.
Por más que en las primeras sesiones el terapeuta haya tenido una fuerte impresión contratransferencial de que la persona puede haber sido abusada sexualmente (a través de la lectura corporal, a partir de la entrevista y la elaboración de los datos anamnésicos), recomiendo no llevar a los pacientes hacia ese problema, hasta que no puedan confrontar por sí mismos su propia historia.
Para sanar la herida del abuso sexual y el split entre el cuerpo y el alma de los pacientes se necesita darles un espacio confiable, un marco seguro y un encuadre con los límites muy claros, que le permitan apropiarse y exponer las experiencias del abuso, en un ambiente protector y de una forma integrativa108. Esta comprensión y expresión no tiene que ser impulsada o incentivada por el terapeuta. Aunque éste debe estar conciente que hasta que no se produzca una elaboración, por parte del paciente, de sus diferentes patrones caracteriales y transferenciales en relación a la temática del abuso, los mismos tenderán a ser adoptados repetitivamente como formas de confrontar su propia energía sexual.

En la medida en que el abuso sexual infantil es un trauma que interrumpe el proceso normal del desarrollo psicosexual, gran parte del trabajo requerido en las sesiones es el de edificación del yo (building up the structure). Completar el trabajo de edificación del yo corporal permite contener cantidades de energía sin quedar abrumado por las mismas.

En un nivel corporal, las personas abusadas necesitan encontrar los modos de rearmar sus cuerpos contra la invasión física del exterior dirigida a herirlas. Para ello desde el principio realizamos conjuntamente muchos trabajos sobre el espacio personal (trabajo con las distancias) y la construcción de límites. Particularmente comienzo trabajando mucho con la mirada (facing), las manos (pushing back) y espaldas (backing) en posición de toma de tierra de pie.
En esta primera etapa del proceso terapéutico los señalamientos se dirigen a que el paciente crea y confíe en su cuerpo. Para ello realizamos trabajos de enraizamiento, trabajos suaves de respiración en el taburete bioenergético (stool) 109, combinándolos con trabajos de respiración en posición supina (ejercicio de ritmo interno pero sin realizar movimientos voluntarios en el segmento pélvico).
Si el terapeuta establece algún tipo de contacto corporal a través del tacto se debe necesariamente pedir permiso al paciente para tocar su cuerpo. Esta regla es aun más importante cuando trabajamos con personas que sufrieron abuso sexual y que fueron víctimas de una relación incestuosa. Un toque sin aviso puede ser una experiencia invasiva que congela aun más la zona bloqueada por el miedo y el terror de la contracción traumática.

En estos casos es también conveniente permitir al paciente decidir sobre qué ropa usar en el trabajo biofísico110. No obstante, trabajamos con lo que podemos observar y si el paciente necesita permanecer vestido, le pedimos permiso para poner una mano en su pecho o en su vientre para apreciar la profundidad y calidad de su respiración, y sentir los anillos de tensión que dividen su cuerpo. El paciente nos puede ayudar en este proceso dándonos informaciones verbales de sus sensaciones y emociones.


El tipo de contacto que utilizamos en gran parte del proceso (y fundamentalmente en esta primera etapa) consiste en toques de soporte y protección (holding). Por ejemplo: cuando una experiencia se vuelve demasiado atemorizante e irrumpe desde la segunda camada con una rememoración violenta, silenciosamente y con mucha firmeza y seguridad afirmamos los pies del paciente sobre el diván o colchón, o agarramos firme y tiernamente su mano, o sostenemos su cuello con una mano y su frente con otra, o sujetamos su cabeza con ambas manos, ayudando al paciente en la auto-expresión. Verbalmente reafirmamos la experiencia de holding y de grounding en contacto con la realidad (sobre todo con la zona ósea y muscular de su propio cuerpo): “sentí tus pies”, “estás aquí conmigo, podés expresar lo que sentís”, “sentí tu columna”.

Este tipo de contacto (si bien es un toque simple) provee una presencia humana importante con resonancia vibratoria y empatía emocional, y reasegura por lo general, la confianza existencial del paciente con su cuerpo y sus sentimientos.


En situaciones de rememoración afectiva acompañada de momentos de abreacción intensa, en donde el paciente se puede ver invadido por corrientes caóticas de sentimientos y recuerdos intensos que le dan temor a la desorganización psicocorporal, es necesaria una contención terapéutica desde el exterior, por parte del terapeuta.

Una manera de utilizar el propio cuerpo del terapeuta como contención es sugiriéndole al paciente que adopte una posición fetal (si ya no la ha adoptado naturalmente en la abreacción emocional), envolviéndose alrededor de la espalda del terapeuta, mientras éste le coloca una mano en el cuello y con la otra lo abraza en los pies. Esta es una forma potente de enraizamiento horizontal a través del cuerpo del terapeuta.


Otra forma de contención que utilizamos cuando el paciente adopta naturalmente una posición fetal es colocar suavemente una de nuestras manos sobre su vientre y la otra en forma de “concha de mar” sobre su oreja. Este toque puede producir una sensación similar al sonido filtrado por el líquido amniótico en el momento de la vida intrauterina111.

Es conveniente comenzar a trabajar con la voz desde el principio, como forma de conectar los órganos internos dañados, sugiriendo al paciente que sonorice o verbalice la intensidad y la carga emocional que está sintiendo adentro de su cuerpo. La voz es uno de los puentes entre lo conciente y lo inconciente en nuestro cuerpo.

Absolutamente en la totalidad de las personas con las que trabajé que sufrieron abuso sexual en su infancia, existía un bloqueo profundo para realizar sonidos y pronunciar palabras en el trabajo corporal (no así para hablar). Este bloqueo funcionaba idénticamente a la situación de silencio de sus cuerpos que tempranamente fueron asaltados y ultrajados, pero que debieron mantenerse en secreto112.
Cuando los pacientes comienzan a creer en sí mismos, en sus sentimientos, en su vitalidad (aumentada progresivamente por medio de la respiración, del enraizamiento y de la vibración), usualmente comienzan a desarrollarse procesos profundos. En esos momentos el apoyo terapéutico tiene que ser total y el terapeuta debe estar en permanente contacto con su núcleo para poder ayudar a sus pacientes.
Los trabajos de enraizamiento (grounding) combinados con toma de tierra (stamping, rubbing), movimientos lentos de arraigo (lentidao, treading) y pataleo (kicking, pushing, hitting) fortalecen el yo corporal de los pacientes e incrementan la capacidad del organismo de lidiar con los recuerdos traumáticos, que van emergiendo a la superficie durante el proceso terapéutico. Trabajamos con ellos permanentemente, para aumentar el repertorio corporal de defensa del paciente. Es conveniente realizar estas acciones y movimientos sugiriéndole al paciente que se exprese emocionalmente con una voz en registro agudo (para permitir el desbloqueo del miedo), y estirando las últimas letras (“¡porqueeeee!”, “¡fuera de mi cuerpooooo!”), para facilitar la expresión emocional.

Aumentando la corriente de energía en las piernas incrementamos la conexión con el suelo, y cuando esto sucede, estamos ayudando al paciente a desarrollar una base segura, que los va a sostener (y cuidar de la infancia traumática) una vez que la terapia finalice.

Estos trabajos se pueden combinar con los actings desarrollados por F. Navarro para el segmento torácico de la coraza muscular, es decir, golpear con los puños en el diván o colchón diciendo “yo” (movimiento que reafirma la identidad biológica y social) y diciendo “no” (movimiento que permite expresar su no defensivo). “Estos actings de golpear movilizan la energía torácica, y en el tórax está el timo, la glándula que facilita la capacidad inmunitaria, expresión biológica de la capacidad de ser” 113.

A medida en que el trabajo de respiración aumenta y se incrementa el potencial bioenergético de sentir placer y alegría en el cuerpo, las tensiones musculares crónicas de la espalda y de la quijada necesitan ser trabajadas con el fin de liberar la agresividad necesaria para los impulsos de extensión, succión, etc. (reaching out con los labios, con los brazos y las manos, etc.).


Tal como lo señala Al. Lowen para el trabajo con sobrevivientes de abuso sexual, es recomendable establecer un programa terapéutico que proporcione una situación controlada para la expresión de la ira.

Para protegerse de situaciones de abuso los pacientes necesitan ser más agresivos (lo que implica necesariamente un trabajo con la voz, con sus piernas y sus brazos, junto a sus ojos, mandíbulas y genitales). El experimentar la situación de enojo permite restablecer la integridad psico-corporal.

Para ello es importante no cometer el error técnico que le he visto realizar a algunos terapéutas gestálticos y orgonomistas, que le sugieren al paciente descargar el impulso agresivo golpeando sentados sobre un almohadón que tienen enfrente. Esta posición corta la corriente energética agresiva en la zona sacro lumbar, al carecer el paciente de arraigo (grounding) en las piernas para realizar la descarga. Por lo tanto recomiendo realizar todos los trabajos de descarga y desbloqueo de ira en posición de pie (toma de tierra), luego de haber realizado la posición del arco bioenergético con los brazos en alto. Con las pacientes mujeres es muy conveniente utilizar la raqueta para la descarga sobre los colchones. Es importante señalar que el arco funciona bien sólo cuando ambos de sus extremos están bien asegurados: los pies en contacto con el suelo y la mirada en un punto fijo perpendicular al torso.

Los trabajos con posiciones pasivas que realizábamos en la primer parte del proceso terapéutico se comienzan a combinar con movimientos activos. Los primeros producen un efecto bioenergético acumulativo, permitiendo lograr un mayor contacto con el cuerpo, aumentando las sensaciones corporales y liberando tensiones crónicas mediante la vibración y los movimientos involuntarios. Los segundos permiten liberar la tensión, desarrollando la coordinación y el control (auto-posesión)114.


En caso de que el paciente sienta confusión al venir a la superficie dos emociones al mismo tiempo, es necesario que el terapeuta lo ayude a discriminar y a expresar una por una. Por ejemplo, si el paciente siente bronca y tristeza, junto a un profundo dolor en el pecho, el terapeuta le sugiere liberar el llanto en el stool o en posición de decúbito supino antes que seguir con movimientos para la descarga de la bronca (retorcer una toalla de mano, morderla, patalear, golpear con la raqueta, etc.). Liberar el llanto posibilita aliviar el dolor interno. No cambia la situación externa ni el pasado, pero es un movimiento emocional de descarga y armonización que permite recobrar la fluidez corporal. Hay pacientes hombres que sufrieron abuso sexual temprano y que no pueden llorar profundamente, porque el quiebre del control les aterroriza y los congela. En estos casos el trabajo debe ser lento, suave y con mucha paciencia.

Particularmente descarto de mi caja de herramientas toda técnica intrusiva de contacto que pueda causar dolor físico al paciente abusado (por ejemplo, presiones controladas sobre los maseteros, en la zona occipital o púbica). Estas técnicas pueden llevar al paciente a un congelamiento brusco en la zona afectada, produciendo un movimiento regresivo de contracción que puede tirar por la borda meses de trabajo previo y dañar la confianza depositada en el proceso terapéutico. En otros casos puede derivar en un corte abrupto del proceso terapéutico por parte del paciente al sentirse invadido, usado y aterrado.


La última fase del trabajo biofísico en el proceso terapéutico con personas abusadas no se basa tanto en la auto-expresión de emociones dramáticas, sino que envuelve al segmento pélvico y su conexión estratégica con los segmentos diafragmático y abdominal, en un movimiento de reapropiación de la sexualidad.

Para esta fase son recomendados ejercicios de caída (falling), puente bioenergético (bridging), trabajos directos sobre el segmento pélvico (empujando la pelvis contra el colchón, lateralización y golpeteo de pelvis, apertura y cierre de piernas en posición supina)115, junto a los actings del “gato”, del “remador” y de la “medusa”116.


Luego de esta fase se tiene que prestar especial atención al trabajo de armonización y de integración entre el corazón y la pelvis. En esta parte del proceso terapéutico (al igual que al principio) es recomendable trabajar con técnicas “suaves” y en posición de decúbito supina, favoreciendo así la integración y la entrega a las corrientes energéticas tiernas.

Por ejemplo, respirando suavemente dejando salir un sonido grave sin ningún esfuerzo (low float). Este tipo de respiración produce un relajamiento amplio y global en todo el organismo, ayudando el feedback acústico a profundizar la respiración.

Otra posibilidad es sugerirle al paciente que imagine en la inspiración que el oxígeno (la vida) corre por detrás, subiendo por la espina dorsal y pasando por la cabeza, y que en la espiración el flujo desciende por la frente hasta llegar a la pelvis. Esta es una técnica muy vitalizante.

Podemos sugerirle al paciente que respire en determinada región del cuerpo más o menos tensionada. Por ejemplo, dejando entrar el aire por el pecho y saliendo por el mismo lugar, imaginando que en la fase inspiratoria está llevando un color hacia la zona del corazón, al tiempo que en la fase espiratoria deja caer suavemente la cabeza hacia atrás en un gesto de entrega.

También podemos combinar los trabajos bioenergéticos y reichianos con técnicas dinámico-expresivas: cantar una canción en el stool, dibujar y pintar el corazón evolutivamente tal cual lo sintieron en la infancia y en la adolescencia, tal cual lo sienten en la actualidad y tal cual les gustaría que estuviera, etc.
A diferencia con otros clientes, a los pacientes abusados no les sugiero ningún trabajo para hacer en el hogar entre sesión y sesión. Incluso me resisto a nombrar los trabajos terapéuticos con el nombre de “ejercicios” bioenergéticos, pues puede colarse, irreversiblemente en la expresión, un espíritu gimnástico. Creo que proponer la realización de un trabajo corporal en la casa para tomar conciencia de las tensiones, para aumentar la vitalidad y para recuperar más cuerpo para sí, puede adquirir fácilmente una cualidad mecánica en los pacientes abusados. Lejos de producir el encuentro deseado en la relación transferencial, que es el que permite entrar en contacto con el propio cuerpo para perder el miedo a sí mismo y al otro, los “deberes domiciliarios” ofician de resistencia en el proceso de sanación. Algunos pacientes pueden incluso hasta querer repetir la sesión terapéutica en sus casas, pero el resultado, obviamente, no se repite. El patrón de sanación terapéutico con personas abusadas requiere de un dispositivo esencialmente social (Por ejemplo: arqueología del cuerpo) y se necesitan por lo menos de dos personas (un terapeuta y un paciente)117. Particularmente doy sí mucha importancia al hecho de que las personas puedan transferir las experiencias de las sesiones para sus vidas cotidianas.
La compleja psicodinámica del abuso sexual se ve reflejada por el hecho de que usualmente los niños abusados no tienen la posibilidad real de llegar a nuestros consultorios. La mayoría de ellos no tienen a nadie que los lleve a consulta. Ellos tienen que crecer con las marcas del abuso en sus cuerpos, para luego poder llegar a nuestros consultorios, habiendo cargado (conciente o inconcientemente) con el trauma y el dolor de la experiencia durante años118.
Analíticamente el trabajo se centra en la situación de impotencia vivida en el pasado que generó la experiencia traumática del desamparo (Por ejemplo: haber estado totalmente incapacitados en detener la violencia que les causó el abuso generando un daño mental, corporal, emocional y espiritual).

Estas sensaciones de impotencia y de desamparo tienen que ser confrontadas con los sentimientos de vergüenza y de culpa inscriptos en el cuerpo y en el carácter, que generan un círculo vicioso. Por un lado, al traer a luz la experiencia enterrada se reduce la vergüenza (levantando el secreto: nombrando lo innombrable, pensando lo impensable, expresando lo inexpresable, sintiendo lo insensible). Por otro lado, es de fundamental importancia reafirmar enfáticamente y en forma permanente que el paciente no tiene ninguna culpa por lo que le sucedió en su pasado. Un niño en su deseo de contacto con un adulto busca amor y no sexualidad genital. Por lo tanto no tiene que sentirse en absoluto culpable, porque no lo es en ningún sentido.


En un primer momento la estrategia analítica se sostiene en desarrollar el sentimiento de auto-afirmación. Es decir, que los pacientes pueden estar a cargo de sus vidas y, que por lo tanto, pueden tener el control de sus propios cuerpos. Esta declaración que suena muy obvia no lo es tal para los pacientes abusados. En su historia-acontecimiento los pacientes abusados no desarrollaron la habilidad de decir “No”. Ellos tienen que hacer conciente y poder apropiarse del derecho de decir “¡No!”119. Esto implica un doble proceso a través del auto-conocimiento psicológico y del (re)aprendizaje corporal.
Tal como lo exponía anteriormente, en la clínica bioenergética tenemos muchas maneras de trabajar con el cuerpo para facilitar esta conexión. Ayudar al paciente a enraizarse, a adquirir un sentido de sus propios límites físicos, a facilitar el uso de su voz, de sus brazos y de sus piernas para recuperar el sentido de auto-posesión de su propio cuerpo, son vías privilegiadas para desarrollar la capacidad de decir “¡No!”. La cual está severamente dañada en los pacientes abusados. Al. Lowen expresa con mucha claridad este problema:
la incapacidad de decir NO se manifiesta en el comportamiento del paciente bajo el estrés de situaciones de la vida. No puede decirles NO a las figuras con autoridad, no puede rechazar amablemente exigencias que considera excesivas y no puede resistirse a las presiones de su medio social ... El NO de un niño puede suprimirse, pero no eliminarse. Se mantiene operativo en el inconciente y se estructura en tensiones musculares crónicas, principalmente en la región del cuello y la cabeza. Los músculos que hacen rotar la cabeza de un lado a otro en el gesto de negación se vuelven rígidos y espásticos para inhibir este gesto. Se endurece el gesto de la persona y su NO silencioso se transforma en obstinación inconciente. Los músculos de la mandíbula se contraen de manera tal que ésta adquiere una expresión rígida y desafiante o una actitud de encerrarse en el sí-mismo. Se desarrollan tensiones musculares en la garganta para reprimir el grito desafiante. Estas tensiones musculares crónicas representan una negación inconciente. Dado que estas tensiones musculares reducen la motilidad del individuo, éste está efectivamente diciendo no me moveré. Su rigidez corporal constituye una resistencia inconciente que toma el lugar de la oposición que él no podría expresar” 120.

Como analistas tenemos que estar preparados para trabajar con la resistencia de estos pacientes, ya que el primer “¡No!” le será dicho al terapeuta, aunque no nos guste el momento o el tiempo en que el paciente eligió para decirlo. Un temprano “No” puede aparecer relacionado al trabajo corporal, y en especial a determinadas técnicas donde el paciente pudiera revivir una situación invasiva y atemorizante, a partir de la cual moviliza toda su estructura defensiva. El terapeuta puede reaccionar entonces de distintas maneras:

*honrando el “No” del paciente, señalándole que en el consultorio ellos están a cargo de sus propios cuerpos y no tienen que realizar nada que realmente no quieran hacer;

*respondiendo a la resistencia, introduciendo una explicación pedagógica tranquilizadora del porqué de la sugerencia de ese trabajo y no otro, en ese momento determinado;

*elegiendo otra técnica que sea menos amenazadora para el paciente, pero que sea igualmente beneficiosa para su situación clínica121.
Este trabajo auto-afirmativo posibilita, en una segunda etapa, movilizar la agresividad del paciente para poder dirigirse expansivamente hacia lo que desean (reaching out).

La experiencia auto-afirmativa de expresión del “No” deriva en esos momentos en la búsqueda de las formas de expansión funcional que permitan la reapertura hacia el “Sí” bioenergético y psico-corporal.

En ese momento el análisis se centra en la (re)identificación con los sentimientos sexuales y amorosos e implica un trabajo muy sutil de armonización e integración: entre las corrientes energéticas agresivas y tiernas, entre la pelvis y el corazón, etc..

En resumen, la complejidad del trabajo clínico con pacientes abusados sexualmente es múltiple, los desafíos son muy grandes, aunque la gratificación lo es aun mayor.

En mi opinión la clínica bioenergética es quizás la mejor forma de terapia para ayudar a estas personas a recuperar sus cuerpos, sus sentimientos, su vitalidad afectiva, y poner en orden su sexualidad, tomando contacto con el derecho a expresar lo que habían negado y ocultado durante tanto tiempo.

La Bioenergética Social nos da la posibilidad y el coraje de conectarnos con nuestra energía sexual en un camino no abusivo, al tiempo que nos vamos apropiando de nuestra historia, personal y colectiva, y nos damos la oportunidad de crear nuevas relaciones: saludables, creativas, esperanzadoras y amorosas.

El trabajo de prevención desde una perspectiva reichiana es una de las salidas que tenemos para contribuir a ponerle un freno a la violencia sexual hacia los niños y hacia las “programaciones” familiares y sociales autoritarias.


  1. LA METODOLOGÍA GENEALÓGICA Y ARQUEOLÓGICA

DE MICHEL FOUCAULT EN LA INVESTIGACIÓN

EN PSICOLOGÍA SOCIAL
Nada de lo que ha dado color a la existencia tiene todavía

su historia. ¿Existe la historia del amor, de la lujuria,

de la envidia, de la piedad, de la crueldad?” (F. Nietzsche).
Los estudios realizados por Michel Foucault sobre la clínica, la locura, la prisión, la sexualidad, la confesión, etc. se desarrollaron no sólo a partir de una propuesta metodológica que configuró una nueva modalidad de análisis contemporáneo, sino que además, se sostuvieron en una línea de investigación que se afirmó a partir de la reconceptualización de las nociones de arqueología y de genealogía.

Ética, poder y saber fueron los problemas “acuciantes”, “urgentes” que movilizaron a Foucault en sus intensos años de vida. La ética como tecnología (el sí mismo), el poder como estrategia, el saber como práctica, fueron las bases de su reflexión crítica sobre la historia política de la verdad y la triple raíz de su problematización del presente. Pero quizás el aporte más original de su obra estuvo desplegado, en forma inmanente, en sus soportes conceptuales y en su propuesta metodológica de investigación arqueológica y genealógica.


En una de sus últimas entrevistas122 M. Foucault desarrolla con máxima precisión la línea de investigación genealógica. Para la genealogía el punto central de su investigación es averiguar qué es el presente, rescatar la cuestión de la actualidad. Para lo cual se hace un recorte de la realidad como problemática: ¿Cómo ella es posible? ¿Cómo se fundamenta? ¿Qué es lo que la legitima?.

Es decir, no nos estamos preguntando necesariamente sobre la búsqueda de un origen o de un universal sino que estamos tomando como ejes, preguntas tales como: ¿Cómo funciona esto? ¿Cómo y qué es lo que lo hace posible? ¿Cómo se fundamenta? ¿Qué es todo esto que hoy se nos presenta como un problema?


En la línea de investigación foucaultiana la genealogía es inseparable de la arqueología, porque para hacer el análisis de una cuestión presente necesitamos de una arqueología. El arqueólogo no es otra cosa que el archivista, el cartógrafo que constituye nuestra memoria mostrando a viejos testimonios como síntomas del presente. Y para eso construye un archivo audio-visual de una época determinada. La materialidad documental es múltiple: libros, publicaciones, crónicas, registros, instituciones, edificios, ordenanzas, pero además técnicas, costumbres, necesidades, objetos. Historia de los márgenes: prácticas mudas, conductas de los costados, discursos heterogéneos.

A la concepción del discurso-documento M. Foucault le opone el discurso-monumento123. La arqueología introduce en su metodología de investigación el volumen. Polarizando las peripecias verbales del análisis del discurso, la arqueología incluye una nueva sensibilidad táctil y visual.

El arqueólogo excava y rastrea en las profundidades, saca a luz lo que está oculto, desentierra restos tapados por la epidermis de la corteza. Pero además trabaja sobre la superficie, es cuidadoso en sus observaciones epidérmicas. Si encuentra algún resto antiguo lo adjunta a otros del mismo tipo para combinarlo en un trabajo histórico.

Ubicándose frente a los discursos como ante un campo de ruinas visibles a las que se dispone a ordenar e interrogar, M. Foucault desarrolla la arqueología acercando a su metodología de investigación la dimensión espacial. En convergencia con el problema espacial, M. Foucault desarrolla una nueva modalidad de apropiarse de la dimensión temporal en la investigación.

La historia es por tradición la disciplina que se ocupa de describir, ordenar, registrar e interpretar los hechos y acontecimientos humanos desarrollados en el tiempo. De esta manera la historia (con mayúsculas) permite fechar una continuidad lineal, una dialéctica evolutiva, que nos remite permanentemente a ancestros y a hazañas, correspondientes a un progreso social. Este no es el tipo de historia que inspira a Foucault. Su metodología de investigación arqueológica y genealógica se apoya en la diversidad y en la discontinuidad: el señalamiento de las singularidades, la multiplicidad de registros y de formaciones, la búsqueda de fisuras y los fenómenos de ruptura de la continuidad, el recorrido transversal de los conceptos, etc.

En esta tarea, la arqueología y la genealógica deben deshacerse de las evidencias epistemológicas, así como desligarse de los lugares comunes en la investigación. Para ello M. Foucault crea nuevos soportes conceptuales y materiales, Por ejemplo: episteme, archivo.

La noción de episteme permite pensar un orden diferente que aparece en el social-histórico, diagramando una nueva disposición de los saberes. La noción de archivo permite ordenar los conjuntos de reglas que en una época y sociedad definen los límites y las formas de la decibilidad, la conservación y la reactivación de los enunciados.

La episteme (como constelación de enunciados organizados por el arqueólogo), no se presentará en la investigación solamente como una sumatoria de conocimientos disciplinarios, que organizados según modelos científicos y tendiendo a la coherencia y a la demostrabilidad, tiene recepción en la sociedad y se institucionaliza en un período de tiempo histórico determinado. Funcionará además como configuración de problemas.

El archivo (el archivar) no será un “cofre” sino una etapa transitoria, de una operación técnica de ordenamiento, que modifica espacialmente un orden recibido y la visión social que lo acompaña.

Me voy a permitir realizar una cita extensa donde Foucault define su trabajo arqueológico como la descripción de un archivo:



Este término no significa la masa de textos que han podido ser recogidos en una época dada o conservados desde esta época a través de los avatares del desdibujamiento progresivo, sino el conjunto de reglas que, en una época dada, y para una sociedad determinada definen:

1) Los límites y las formas de la decibilidad: ¿de qué se puede hablar?, ¿cuál es el ámbito constituido del discurso?, ¿qué tipo de discursividad ha sido asignada a tal o cuál área?, ¿de qué se ha querido hacer una ciencia descriptiva?, ¿a qué se ha conferido una formulación literaria?, etc.

2) Los límites y las formas de la conservación: ¿cuáles son los enunciados destinados a pasar sin dejar huella? ¿Cuáles son, por el contrario, los destinados a formar parte de la memoria de los hombres (por medio de la recitación ritual, la pedagogía y la enseñanza, la distracción o la fiesta, la publicidad)? ¿Cuáles son registrados para poder ser reutilizados y con qué fines? ¿Cuáles son puestos en circulación y en qué grupos? ¿Cuáles reprimidos y censurados?

3) Los límites y las formas de la memoria tal como aparece en las diferentes formaciones discursivas: ¿Cuáles son los enunciados que cada formación discursiva reconoce como válidos, discutibles, o definitivamente inservibles? ¿Cuáles los que han sido abandonados por inconsistentes o excluidos como extraños? ¿Qué tipo de relaciones se han establecido entre el sistema de enunciados presentes y el corpus de enunciados pasados?

4) Los límites y las formas de reactivación: entre los discursos de épocas anteriores o de culturas extrañas ¿cuáles son los que se retienen, se valorizan, importan, se intentan reconstruir? ¿Qué se hace con ellos, a qué transformaciones se los somete (comentarios, exégesis, análisis), qué sistema de apreciación se les aplica, qué papel se les otorga?

5) Los límites y las formas de la apropiación: ¿Qué individuos, grupos, clases tienen acceso a un tipo determinado de discursos? ¿Cómo está institucionalizada la relación del discurso con quien lo pronuncia, con quien lo recibe? ¿Cómo se señala y se define la relación del discurso con su autor? ¿Cómo se desenvuelve entre clases, naciones, colectividades lingüísticas, culturales o étnicas, la lucha por la apropiación de los discursos?

Tal es el trasfondo en el que se inscriben los análisis que he comenzado y hacia el que se dirigen. No escribo pues una historia del pensamiento siguiendo la sucesión de sus formas o el espesor de sus significaciones sedimentadas. No cuestiono los discursos sobre aquello que, silenciosamente, manifiestan, sino sobre el hecho y las condiciones de su manifiesta aparición. No los cuestiono acerca de los contenidos que pueden encerrar, sino sobre las transformaciones que han realizado. No los interrogo sobre el sentido que permanece en ellos a modo de origen perpetuo, sino sobre el terreno en el que coexisten, permanecen y desaparecen. Se trata de un análisis de los discursos en la dimensión de su exterioridad. De aquí se derivan tres consecuencias:

1) Tratar el discurso pasado no como un tema para un comentario que lo reanimaría, sino como un monumento que es preciso describir en su disposición propia.

2) Buscar en los discursos no tanto, como pretenden los métodos estructurales, sus leyes de construcción, cuanto sus condiciones de existencia.

3) Referir el discurso no tanto al pensamiento, al espíritu o al sujeto que lo ha prohijado, cuanto al campo práctico en el cual se despliega” 124.
El arqueólogo intentará entonces, captar sensiblemente los modos propios de transformación, que emergiendo en el campo enunciativo, adquiriendo espacialidad visible y consiguiendo organizarse socialmente, producen enunciados de composición inédita, varían los modos de enunciación y la forma de tratamiento de los objetos.

Es decir que (epistemológicamente) buscará la producción y la aparición de nuevos problemas. En este sentido su propuesta metodológica opondrá a la historia-relato la constitución de una historia-problema.

Los diagramas de poder, los mapas de deseo, las cartografías corporales son algunas de las herramientas arqueológicas y genealógicas que nos permitirán trabajar en Psicología Social sobre una multiplicidad de registros: multiplicidades espacio-temporales, exposición de relaciones de fuerzas, puntos de inscripción del poder, puntos de inversión de poder, lugares de mutación, etc.
Es necesario tomar en cuenta que la descripción arqueológica no establece jerarquías de valor sino que intenta agrupar los enunciados como multiplicidades. Es decir, tal enunciado remite a un emplazamiento (y no a un trascendental: un modelo, una causa, etc.). El enunciado se conserva en sí mismo, en su espacio y vive en la medida en que ese espacio subsiste o es reconstituido.

Lo interesante de la investigación genealógica, de la búsqueda arqueológica está allí donde cabe la pregunta: ¿cuáles han sido los sucesos o las transformaciones necesarias para que se pase de un tipo de saber a otro tipo de saber?

Este análisis de las transformaciones en su especificidad es distinto del hilo conductor del principio originario a partir del cual todo se desarrolla; es diferente de la linealidad causa-efecto, de la totalidad explicable y de la unidad legitimante.

Para ello Foucault busca la revelación del “inconciente” del conocimiento: echando luz sobre lo no pensado del pensamiento de una época, iluminando los procesos de construcción de las verdades históricas. Verdades que ocultan su propio movimiento de gestación.

En su concepción de la historia Foucault no intenta tanto hacer aparecer la verdad de nuestro pasado sino el pasado de nuestras verdades.
Ejemplo 1: En “Vigilar y Castigar”, M. Foucault enfoca su investigación para generar visibilidad sobre la historia política de los cuerpos partiendo de un análisis microfísico del poder y de una economía política de los cuerpos en las sociedades disciplinarias (desde la Edad Media hasta llegar a la modernidad), a partir del estudio del nacimiento de la prisión. Su investigación genealógica se dirigió a la relación entre los medios de castigar y su racionalidad, planteando el problema de la vigilancia y el castigo en función de la búsqueda de las formas de racionalidad que subyacen, desde finales del siglo XVIII, a la idea de que la prisión es el medio más racional y eficaz de castigar las infracciones que se producen en una sociedad.
Ejemplo 2: Tomemos como ejemplo el problema de los derechos humanos. Los DDHH como construcción discursiva se encuentran en el continuo riesgo de olvidar las prácticas de las que surgieron: luchas de poder, miserias, humillaciones, abusos de autoridad. En este sentido, la genealogía se discrimina del Estado de Derecho. Para la genealogía nunca una violación es universal, tampoco su reparación, ni su prevención. Los DDHH no son atemporales. En su materialidad (que siempre es singular) son los derechos de personas concretas en situaciones particulares, por lo que su análisis genealógico implica siempre un trabajo diversificado, multiplicidad de conceptos y creatividad continua. Así como las distintas formas de dominación se producen en lugares concretos, situados, históricos, los DDHH se enuncian y defienden en lugares concretos, situados e históricos. Es decir, para la genealogía foucaultiana los DDHH hay que inventarlos, pero no de una vez y para siempre, sino cada vez y siempre.
La investigación genealógica la podemos definir entonces como una forma de historia que da cuenta, por un lado, de la constitución de los saberes y de los discursos, y por otro, de la constitución de un cuerpo, de un sujeto en la trama socio-histórica. En este sentido la investigación genealógica en Psicología Social nos va a remitir permanentemente a la producción de subjetividad y a los procesos de subjetivación.

Al hacer genealogía estamos construyendo una arqueología del saber. Es decir, nos estamos preguntando cómo se constituye un saber. Esto implica, por un lado, mostrar el funcionamiento de los razonamientos en el interior de una cultura y por otro una interrogación a los saberes de una época.


Ejemplo 1: Al aproximarnos epistemológicamente e intentar estudiar las nuevas estrategias terapéuticas psicocorporales para el abordaje de los síntomas contemporáneos más recurrentes en la clínica social (pánico, agorafobia, estrés postraumático, depresión, etc.)125 hemos constatado que la experiencia actual del cuerpo es producto de una génesis histórica, en la que se cruzan dimensiones científicas, políticas y sociales, entre otras. Estas estrategias proporcionan intervenciones que producen marcas, registros y espesores singulares en la dimensión psico-corporal de la clínica126. La medicina, la psicología, también el derecho y la economía, no nos hablan del mismo cuerpo. La no coincidencia entre los distintos modos de concebir el cuerpo es una evidencia cada vez mayor en la clínica contemporánea. Por ejemplo, existe una considerable distancia entre el cuerpo erógeno del psicoanálisis y el cuerpo sin órganos del esquizoanálisis, por tomar dos enfoques que interrogan la corporalidad desde distintos enfoques.

Podríamos afirmar que después de Reich, fue Foucault quien quizás mejor haya resaltado la dimensión política de nuestra experiencia corporal. No limitando la dimensión corporal a una óptica médica, ni a una óptica psicológica, sino construyendo -genealógica y arqueológicamente- una mirada sobre el cuerpo como objeto privilegiado de diversas prácticas sociales.


Ejemplo 2: En la investigación “La ética en las psicoterapias corporales” en el seminario “El cuerpo y los quehaceres del psicólogo”127 nos preguntamos ¿qué es lo que ha ocurrido en los últimos años en nuestro país que se han desarrollado nuevas formas de psicoterapia? ¿Se ha incrementado la posibilidad de experiencias terapéuticas? ¿Se ha ampliado el desarrollo de nuevos sentidos epistemológicos y existenciales?

Estas nuevas solicitudes, ofertas y demandas, ¿están relacionadas a frustraciones impuestas por las limitaciones del trabajo terapéutico tradicional, por la inspiración en la búsqueda de nuevas formas de pensar, de sentir, y de actuar con los pacientes/clientes y consigo mismo?.

¿Desde dónde surge un discurso de lo corporal en las psicoterapias? ¿Desde qué lugar se produce un pensamiento de lo corporal? ¿Qué posibilidades tiene este discurso de insertarse culturalmente en el campo social?

Y en otro orden: ¿Quiénes son en nuestro país los psico-corporalistas? ¿Existe un desarrollo conceptual y teórico que acompañe su variada oferta y lo vasto de sus contenidos? ¿Emergen con una voluntad de ser reconocidos institucionalmente o como trabajadores de los márgenes, de los bordes y de las fronteras?

¿Qué condiciones generaron y posibilitaron este amplio desarrollo de técnicas psico-corporales grupales? ¿La necesidad individual de buscar respuestas dentro de sí mismo en función de un cuerpo históricamente relegado u olvidado, el miedo a la soledad y al mundo hostil externo del neo-capitalismo salvaje, o probablemente la ruptura del cuerpo social durante años de represión política y de disciplinamiento militar? 128
La investigación genealógica tal como la entendemos en Psicología Social no puede prescindir, en la actualidad, de las dimensiones de la subjetividad y de la ética, que fueron los problemas a los que Foucault dedicó sus últimos años de vida.

Investigar genealógicamente implicará, como se decía, una problematización del presente, pero además una búsqueda ética: la búsqueda de las condiciones de posibilidad histórica de los acontecimientos. Esta búsqueda ética se sostiene, en el plano del pensamiento crítico, en el análisis de los procesos de subjetivación. Para M. Foucault este movimiento genealógico implicó hacer filosofía desde la historia, dibujando conceptualmente el perfil de nuestro presente. Por lo tanto, para la genealogía, la subjetividad tendrá siempre un carácter social e histórico, nunca apriorístico, transhistórico o universal.


Por ejemplo: M. Foucault se pregunta qué es lo que ha ocurrido en occidente para que la cuestión de la verdad sea planteada a propósito del placer sexual129. Este movimiento produce una nueva tecnología del sexo, donde la sexualidad pasa a ser asunto social por medio de la medicina y del psicoanálisis (histerización del cuerpo de la mujer), de la pedagogía (pedagogización del sexo de los niños) y de la economía (socialización de las conductas procreadoras). El otro conjunto estratégico que desarrolla a propósito del sexo dispositivos específicos de saber y de poder es la psiquiatrización de las sexualidades periféricas. Junto a sus dos textos posteriores M. Foucault demuestra cómo el discurso sobre la homosexualidad es reciente: es una creación humana, epocal, situado, acotado, surgido de prácticas concretas. No obstante es bastante común que una vez emitido (o inventado) se lo pretenda a priori (universal, necesario, absoluto, intemporal).
Hacer una investigación genealógica implica, por lo tanto, preguntarse por la actualidad y la pregunta inicial es ¿cómo funcionan las cosas? Es decir: el entramado de relaciones que, en la vida cotidiana, se van construyendo en virtud de los discursos, que las prácticas sociales van generando, y a partir de los cuales se constituyen ciertos tipos de cuerpos, ciertos tipos de sujetos.

Esta exploración incisiva y crítica en la cotidianeidad implica el análisis de las condiciones de producción de los discursos y las prácticas en la vida social. En la obra de M. Foucault podremos discriminar una arqueología del saber, una genealogía del poder y finalmente un proyecto ético que analiza la correspondencia entre conocimientos y comportamientos, por lo cual la investigación genealógica se desarrolla en tres niveles ontológicos:

1) la ontología histórica de nosotros mismos en relación con la verdad, a través de la cual nos constituimos en sujetos de conocimiento (“La historia de la locura” -1961-, “El nacimiento de la clínica”-1963-, “Las palabras y las cosas” -1966-, “La arqueología del saber” -1969-, “El orden del discurso” -1971-),

2) la ontología histórica de nosotros mismos con relación al campo de poder, a través del cual nos constituimos en cuerpos (sujetos) que actúan sobre los demás (“Vigilar y castigar” -1975-, “Microfísica del poder” -1971/1977-),

3) la ontología histórica de nosotros mismos con relación a la ética, a través de la cual nos constituimos en agentes morales (“Historia de la sexualidad” -1976/1984-)130.
En resumen, la investigación genealógica se sostiene en la búsqueda arqueológica. La misma es puntual, concreta y específica. Su recorrido analítico toma como punto de partida el presente del entramado de las relaciones de saber-poder, que generan determinados discursos, determinadas prácticas y, a su vez, ciertos tipos de cuerpos (sujetos). El punto es averiguar qué es el presente, rescatando la potencia de actualidad de un problema. Ya sea en el análisis de una época, de un dispositivo, de un problema o de un acontecimiento, para la investigación genealógica es necesario precisar metodológicamente:


  1. qué enunciados han funcionado con efectos de verdad (SABER),

  2. qué es lo que los ha hecho posibles (PODER),

  3. cuáles son las formas de subjetivación producidas (PRÁCTICAS SOCIALES).

Lo interesante para la genealogía será siempre interrogar a la historia en sus puntos de inflexión, en sus márgenes, en sus puntos marginales. Para ello existe una ética foucaultiana: disfrutar de la pasión de lo nuevo que surge al adentrarse en la pesquisa de los territorios inexplorados, apostar al riesgo de las formas alternativas de existencia, a las nuevas formas de vivir (la diferenciación, la creación, la innovación). Hacer de la propia vida una obra de arte: una estética de la existencia.



GLOSARIO:
Análisis Reichiano: corriente desarrollada a partir de Wilhelm Reich. Integra las técnicas de Análisis del Carácter y de Vegetoterapia, junto a los principios básicos de la Orgonomía. Busca restablecer la pulsación en el organismo en la dirección del desarrollo céfalo-caudal, mediante una metodología rigurosa (no rígida, ni mecánica). Su abordaje psicocorporal se realiza por medio de un proceso ordenado y progresivo sobre los siete segmentos de la coraza muscular descriptos por W. Reich, buscando su desbloqueo energético, su recuperación funcional y su reconstrucción psicoafectiva. Tiene como objetivo terapéutico alcanzar una saludable capacidad de entrega y de contacto a través del desarrollo del reflejo de orgasmo y del establecimiento de un carácter genital.
Análisis Bioenergético: corriente desarrollada por Alexander Lowen. Centra su enfoque en la liberación de los bloqueos energéticos trabajando con la respiración y el movimiento. Este abordaje psicocorporal posibilita la libre expresión emocional, para entonces integrarlo dinámicamente con la vida y la historia personal del consultante, a través del trabajo analítico que acompaña todo el proceso terapéutico. Tiene como objetivo terapéutico el restablecimiento de la capacidad de pulsación a través de un proceso combinado de auto-conocimiento, de auto-expresión y de auto-posesión.
Análisis Bioenergético Reichiano: corriente desarrollada en el Taller de Estudios y Análisis Bioenergético de Uruguay que integra la Clínica Bioenergética (las técnicas reichianas, las neo-reichianas y las pos-reichianas contemporáneas) con la Psicología Social. Tiene como antecedente a la Bioenergética Social desarrollada por Georges Lapassade en Francia y por Sandra Fagúndez en Brasil. Busca recuperar el sentido político de la crítica social profunda, a través del pensamiento y la línea de investigación reichiana, junto a la integración con una ética y una estética libertarias en una Clínica de la Multiplicidad.
Análisis Genealógico: línea de investigación desarrollada por Michel Foucault que permite analizar históricamente la constitución de los saberes y de los discursos, y la constitución de los cuerpos y de los sujetos en la trama social e histórica, en una época determinada. Utiliza como técnicas, por un lado, a la Arqueología para analizar los estratos disciplinarios del poder y las posibilidades de resistencia. Y por otro lado, a la Genealogía, la multiplicidad de series analíticas de proliferación ilimitada que carecen de un núcleo que las centralice y de un límite que las rodee. El Análisis Genealógico permite precisar metodológicamente: qué enunciados han funcionado con efectos de verdad en un momento histórico preciso (saber), qué es lo que los ha hecho posibles (poder), y cuáles son las formas de subjetivación producidas (prácticas sociales).
Esquizoanálisis: rechazando la posición teórica del Psicoanálisis que centra la cuestión deseante en los aspectos represivos (la falta y la carencia, la culpa y la castración), y negando la intervención técnica en sus aspectos familiaristas e interpretativos, los autores franceses Gilles Deleuze y Félix Guattari desarrollan entre los años 60-90 la corriente esquizoanalítica, basándose en una línea de pensamiento libertaria y una acción micropolítica. En sus dos obras colectivas más importantes (El antiedipo y Las mil mesetas) desarrollan, entre otros, los conceptos de devenir, agenciamiento, subjetivación, cuerpo sin órganos, enunciación colectiva, producción deseante y producción social, flujos nómades y flujos sedentarios, principio de representación territorial (territorialización-reterritorialización-desterritorialización), máquinas de guerra y aparatos de Estado, espacios lisos y espacios estriados, catexis pre-concientes de interés y catexis libidinales de deseo, inconcientes molares e inconcientes moleculares, grupos sujetos y grupos sometidos, rizomas, etc.
Ética (en la Clínica de la Multiplicidad): a diferencia de la moral y del poder de la clínica tradicional y hegemónica, la ética libertaria, bioenergética y social, desarrollada en la Clínica de la Multiplicidad, se sostiene en los conceptos y no en los preconceptos (a-prioris científicos, prejuicios), en reglas facultativas y no en reglas coercitivas. Se constituye en conexión con los modos de existencia estéticos y los procesos de subjetivación y de singularización locales. Pensando al cuerpo como pulsación, como analizador, como régimen de afección y como política, la ética del cuerpo de la Clínica de la Multiplicidad, desarrolla una ética del compromiso cotidiano, de la palabra, del sentir y del acto, que se sostiene en la intensidad de la producción deseante y en la potencia de los encuentros instituyentes. Esta concepción ética de la Clínica de la Multiplicidad ha sido desarrollada en el Río de la Plata por Gabriel Galli (Psicología Social), Hernán Kesselman y Eduardo Pavlovsky (Multiplicación Dramática), y por Susana Kesselman (Corpodrama), entre otros.
Arqueología del Cuerpo: concepto y metodología funcional que permite trabajar arqueológicamente con el cuerpo. Toda la situación emocional y afectiva del sujeto está inscripta en los tejidos del cuerpo (coraza somática o tisular), manifiestándose en cada cuerpo en la capacidad expresiva más o menos bloqueada de la pulsación bioenergética. Integrando las técnicas de Análisis del Carácter, Eneagrama, Cartografía Corporal y Cartografía Deseante (para el trabajo analítico y diagnóstico), Vegetoterapia y Bioenergética (para el trabajo biofísico), esta metodología-conceptual permite recuperar al cuerpo a través de la memoria emocional inscripta en los sistemas y en las estructuras ectodérmicas, endodérmicas y mesodérmicas. Originariamente pensado por Manoel Brandao, y posteriormente desarrollado por Luis Gonçalvez, es un dispositivo terapéutico individual y/o grupal que posibilita la abolición progresiva del dualismo “cultura”-“natura” inscripto en los cuerpos. Su modalidad integrativa permite sostenerse en una Clínica de la Multiplicidad con una fuerte raíz libertaria, con un pie en la Clínica Bioenergética y con otro en la Psicología Social.
Proceso Terapéutico Bioenergético: el objetivo es ayudar a la persona a liberarse de las limitaciones del pasado y de las inhibiciones del presente, aumentando su pulsación bioenergética, ayudándola a identificarse con sus sentimientos y a recuperar la potencia de su cuerpo. La terapia es un proceso de curación natural en el que el psicoterapeuta da su apoyo a la propia función sanadora del cuerpo del paciente. La progresiva entrega al cuerpo se corresponde con un análisis que permite renunciar a las ilusiones, superar las contracciones básicas (miedo a morir, a sobrevivir, al placer, etc.) y descender progresivamente a la tierra y a la realidad.
Streaming: flujo o corriente libre de las energías naturales del cuerpo que se desarrollan desde la camada interna (núcleo, primera camada, CORE). Equivalente al flujo libre de energía ascendente y descendente a lo largo del cuerpo, al movimiento de pulsación del núcleo a la periferia, y a la capacidad de percepción y de contacto de nuestra propia existencia viva como un campo de energía que puede comunicarse energéticamente con los otros, por medio de la resonancia y por la superposición de campos.
Bioenergética (principios básicos): la línea de investigación bioenergética se sostiene en varios principios básicos a partir de un abordaje clínico dinámico e integrativo entre lo energético, lo biofísico y lo emocional. A saber: existe una identidad funcional entre soma y psique (entre coraza caracterial y coraza muscular, entre emoción y energía, entre pulsación y expresión) que se sostiene en los procesos bioenergéticos del cuerpo. Tanto las actividades mentales como físicas son básicamente procesos energéticos de pulsación. La respiración es para la salud del individuo una función fundamental, en la medida en que regula su economía energético-emocional y su grado de centramiento. La vibración y el movimiento son la clave de la vivacidad en el cuerpo, en la medida en que el placer de estar plenamente vivos se asienta en el estado vibratorio del cuerpo, su grado de contacto y su capacidad de entrega a los movimientos involuntarios. La sexualidad desempeña un eje fundamental en el camino de descubrimiento y en el desarrollo de sí mismo, siendo la función del orgasmo el principal principio autorregulador del organismo.
Orgasmo: en gran parte de su intensa investigación Wilhelm Reich invirtió toda su energía en explorar, describir y definir a la función del orgasmo como aquella función clave para el desarrollo de la sexualidad natural y de la vida viva. En oposición al pesimismo cultural de Sigmund Freud y su pulsión de muerte (libido - deseo de castigo) que opone la civilización a la sexualidad, Wilhelm Reich mantiene el conflicto entre libido y miedo al castigo. Para ello combate la represión de la sexualidad, buscando el sentido de la realidad en el amor, en el trabajo y en el conocimiento a través de la entrega orgástica. La fórmula del orgasmo (tensión - carga - descarga - relajación) proporcionó el hilo rojo sobre el que se sostiene la Clínica Bioenergética individual y grupal, siendo la fórmula misma de todo lo viviente. Las enfermedades y biopatías son el resultado del bloqueo de una de las etapas de este proceso. La salud emocional depende de la potencia orgástica, o sea, de la capacidad de entrega en el akmé de excitación sexual durante el acto sexual natural.
Reflejo del orgasmo: contracción y expansión unitarias que se producen involuntariamente en el organismo en el abrazo genital.
Potencia/impotencia orgástica: capacidad/incapacidad de entrega total a los movimientos involuntarios del organismo, en la descarga de la excitación sexual en la culminación del acto sexual. Inmanentemente relacionados a la capacidad/incapacidad natural de amar. En el caso de la impotencia orgástica (que se discrimina de la impotencia anatómica-fisiológica y de la impotencia psicosomática) la energía biológica está bloqueada y puede convertirse en fuente de las manifestaciones más diversas de conducta irracional (peste emocional, sadismo, pornografía, racismo, sexismo, etc.), siendo una de las causas de la formación de la coraza caracterial.
Plaga emocional: efecto de la represión sexual de las sociedades patriarcales y de la lucha por el poder, es una característica esencial de todo carácter neurótico actuando destructivamente sobre la escena social. Esta forma de conducta humana está basada en una estructura biopática de carácter y se hace sentir en las relaciones interpersonales, en los grupos y en las instituciones. Se va organizando en correspondencia con las instituciones sociales. Una de las características básicas de la peste emocional es que la acción y el motivo de la acción nunca coinciden, quedando el motivo real escondido y el motivo falso es presentado como la razón de la acción.
Carácter: “historia congelada” de la persona que se manifiesta en su forma estereotipada de reaccionar frente a situaciones cotidianas o frente a situaciones de estrés. Representa la dirección de comportamiento habitual, el patrón típico de comportamiento que está establecido, congelado y estructurado en trazos caracteriales y en resistencias caracteriales. Típico de la estructura neurótica, el carácter funciona como una defensa narcisista contra las emociones, siendo su resultado la falta de contacto, la insensibilidad y la rigidez, al disminuir la espontaneidad, la sensibilidad y la gracia del cuerpo. La coraza caracterial es funcionalmente idéntica a la coraza muscular.
Coraza: estructura de la personalidad descripta por Wilhelm Reich como una armadura complicada y entrelazada de rigidización de músculos y tejidos que generan una cronificación del carácter y del cuerpo. La coraza impide la libre expresión de la vitalidad que hay en nosotros e impide la posibilidad de desarrollar un encuentro profundo, intenso, totalmente conectado a partir del núcleo. Reich describe el proceso de la formación de la coraza muscular por medio de siete segmentos (ocular, oral, cervical, torácico, diafragmático, abdominal y pélvico).
Segmentos de la coraza: bandas de tensión que envuelven al cuerpo en forma horizontal limitando el movimiento energético en el eje céfalo-caudal. Anillos de retención de energía descriptos pedagógicamente por Wilhelm Reich, situados perpendicularmente al eje longitudinal del cuerpo. Están funcionalmente determinados y comprenden todos los músculos y órganos que mantiene una relación funcional entre sí y son capaces de participar en los movimientos expresivos. Están unidos uno a otro, formando parte de un sistema vivo unitario. El acorazamiento de los segmentos se da en función de las defensas psicocorporales que la persona desarrolla para defenderse de las situaciones traumáticas en un momento determinado. Por lo tanto, cada segmento tiene una correlación con un tiempo histórico y con una situación psicodinámica básica. Cuanto mayor es el grado de acorazamiento en el segmento, menor es la libertad de expresión emocional. El desbloqueo de un segmento conlleva la movilización de los segmentos colindantes. Al movilizar la energía de un segmento superior la misma tiende a precipitarse hacia los segmentos inferiores, a no ser que exista un bloqueo mal trabajado en algún segmento anterior, en donde se puede producir el efecto gancho descripto por Elsworth Baker (persistencia de un bloqueo en un segmento poco elaborado, que se fortalece al movilizar energía de un segmento posterior). El trabajo de desbloqueo y de armonización debe realizarse siempre progresivamente, posibilitando que la apertura se realice del interior hacia el exterior del organismo, siguiendo la dirección de la expansión y de la emoción (ex movere).
Déficit de acorazamiento: estructuras energéticas psicocorporales deficitarias o mal distribuidas, típicas de las estructuras psicóticas o fronterizas. Las mismas tienen ausencia o debilidad en la identidad biológica del yo, que puede estar escondiendo núcleos psicóticos, presentando una cobertura caracterial (falsa coraza muscular). Se caracterizan por una funcionalidad del timo muy frágil o inexistente y por un estado bioenergético anorgonótico (condición de disminución o ausencia de carga de energía en el organismo).
Biopatía: proceso de enfermedad que tiene su raíz en un disturbio en la pulsación bioenergética.
Actings: movimientos neuro-musculares, energético-emocionales sugeridos por el terapeuta al paciente. Se utilizan para la recuperación funcional de los siete segmentos, para posibilitar la libre circulación energética, según las particularidades históricas de cada persona. Se introducen diferencialmente en función de cada estructura de carácter. Dichos movimientos generan una respuesta neuro-muscular que posibilita la emergencia de sensaciones, abreacciones emocionales e insights, sirviendo además como herramientas diagnósticas. Los mismos fueron sistematizados en un trabajo post-reichiano por Ola Raknes y Federico Navarro, entre otros.
Enraizamiento (grounding): Técnica y concepto desarrollado por Alexander Lowen. El enraizamiento es el proceso energético que posibilita la conexión energética entre los pies y las piernas con la tierra y el suelo. Refleja el monto de energía y la sensación que una persona permite fluir para la parte inferior de su cuerpo y denota la conexión de la misma con la base sobre la que se afirma. Correlato corporal de la responsabilidad (“pararse sobre los pies”, “sustentarse sobre sí mismo”), una persona poco dispuesta a asumir responsabilidades renegará de sus piernas, no tendrá en ellas muchas sensaciones, ni las sentirá conectadas con el resto de su cuerpo (estará, por lo tanto, sub-enraizada). Las sensaciones de seguridad e independencia están íntimamente ligadas al funcionamiento de las piernas y de los pies. Estas sensaciones tienen una poderosa influencia sobre la sexualidad. Las tensiones musculares crónicas o la deficiencia tonal en las piernas provocan una perturbación en el contacto con el suelo, impiden la flexibilidad y disminuyen las sensaciones del cuerpo. La falta de plasticidad y elasticidad en las piernas se relaciona con la pérdida de la alegría de vivir. Los ejercicios de enraizamiento desarrollados por Alexander Lowen tienen varios efectos terapéuticos. Aumentan el sentido de seguridad, dándole una dirección a las corrientes vegetativas hacia el placer de la descarga y de la satisfacción sexual. Disminuyen el miedo a caer y sus equivalentes (fallar, abandonarnos, entregarnos, etc.) posibilitando una identificación más plena con nuestra naturaleza animal. El excesivo desplazamiento social “hacia arriba” de nuestra cultura puede comenzar a invertirse en el trabajo clínico individual o colectivo, y como punto de partida de un trabajo terapéutico más profundo, a través de ejercicios bioenergéticos de enraizamiento. El descansar sobre nuestros pies, sustentando un diálogo y una corriente de vida con la madre tierra, permite además movilizar otras zonas o segmentos de la coraza. A diferencia de lo que piensan los reichianos ortodoxos (de la línea de Federico Navarro), Alexander Lowen y John Pierrakos comienzan usualmente su trabajo terapéutico por las piernas y los pies. Esto ayuda a abrir un reservorio energético en la pelvis para los impulsos que más tarde fluirán hacia abajo desde la cabeza. Tanto Alexander Lowen (Análisis Bioenergético) como John Pierrakos (Core Energetics) aconsejan que, al estar bloqueadas las partes inferiores del cuerpo, el trabajo corporal en terapia se empiece de los pies hacia la cabeza para evitar que se acumule tanta energía en la cabeza, al no tener salida por los pies. El contacto de los pies con el suelo representa, desde el punto de vista bioenergético, un contacto con la realidad, por lo tanto nunca produce efectos iatrogénicos. El trabajo terapéutico del enraizamiento, según David Boadella, posibilita la construcción y el establecimiento de una buena conexión entre los movimientos voluntarios, semivoluntarios e involuntarios de nuestro cuerpo, a través de la recreación y la búsqueda del tono muscular más apropiado. Concordando con lo desarrollado por Alexander Lowen dicho trabajo enriquece nuestras posibilidades de sostenernos en nuestra propia base, al tiempo que aporta mayores flujos de energía vivificantes para la parte inferior de nuestro cuerpo. Pero el concepto de enraizamiento en toda su potencia implica mucho más que “estar de pie”. Desde el punto de vista social implica, por un lado, estar de pie para defender lo que es importante para nosotros. Por otro lado implica “dejar al otro ser el Otro”. Esto es algo que parece muy simple, pero significa que reconocemos y aceptamos nuestra singularidad, y renunciamos a la ilusión de que podemos normatizar a otros a nuestras categorías mentales. Esta actitud libertaria de alteridad requiere una capacidad importante de enraizamiento. Desde el punto de vista bioenergético implica un movimiento que se produce cuando la energía fluye hacia la superficie del cuerpo y establece contacto con el mundo exterior. Enraizamiento y contacto estarán entonces indisolublemente ligados.
Contacto: Toda la Clínica Bioenergética se basa en la capacidad de la persona de estar en contacto consigo mismo y con el otro (padrón de resonancia o contacto de núcleo a núcleo). Desde una ética sostenida en el sentir, la Clínica Bioenergética hace especial hincapié en la interacción de los campos energéticos terapeuta-paciente, al interior de la relación terapéutica. La capacidad de contacto con uno mismo y con el entorno, está relacionada a la posibilidad de libre pulsación y de un intercambio a nivel vegetativo y bioenergético (sensación de órgano). Al estar disminuida o impedida la posibilidad de contacto real y profundo con la naturaleza, el animal humano desarrolla contactos sustitutivos. La coraza actúa sobre los sentidos como un filtro crónico disminuyendo la capacidad de contacto cuantitativa y cualitativamente, en la medida en que nos mantiene alejados de nuestras emociones, reduciendo nuestra movilidad plasmática y nuestra resonancia con la naturaleza.
Resonancia: el concepto de resonancia es uno de los conceptos más sutiles de la Clínica Bioenergética. Desarrollado por David Boadella tiene como antecedente el concepto de identificación vegetativa de Wilhelm Reich. Boadella va a buscar en el mundo de los sonidos la metáfora para designar el fenómeno de resonancia. El mismo representa el fenómeno físico determinado por la vibración que provoca un sistema, cuando es alcanzado por una onda de frecuencia igual a una de sus frecuencias propias. Es decir, la resonancia es el refuerzo de la intensidad de una onda por la vibración de un sistema que tiene una frecuencia igual y se superpone a la anterior. En la relación terapeuta-paciente la resonancia se desarrolla como una transferencia de fuerza curativa al coincidir dos personas en una misma pulsación de núcleo a núcleo (de CORE a CORE). En la clínica bioenergética el padrón de resonancia se opone al padrón de interferencia. Cuando las necesidades de emocionales de un bebé o de un niño se encuentran con una expresión emocional contradictoria, restrictiva o violenta por parte de sus padres tenemos un padrón de interferencia. El padrón de resonancia, por el contrario, representa un crecimiento saludable no neurótico. La transferencia y la contratransferencia son también patrones de interferencia. Existe un padrón o campo distorsionando el contacto. Si el contacto es distorsionado por el paciente tenemos la llamada transferencia y si el contacto es distorsionado por el terapeuta tenemos la llamada contratransferencia. La esencia de la transferencia es que esa distorsión refleja la historia de remotos patrones de interferencia. En el proceso terapéutico el padrón de interferencia se torna en foco de la conciencia, y si el terapeuta trabaja la transferencia/contratransferencia, utilizará la interferencia para conocer lo que está interfiriendo. Traspasar la transferencia/contratransferencia lleva a otro padrón: el padrón de resonancia. Para desarrollar un padrón resonante es necesario que el terapeuta y el paciente estén en contacto con su ritmo interno.
Ritmo interno: principio bioenergético reichiano desarrollado técnicamente en la clínica por Luis Gonçalvez. El trabajo desde el ritmo interno es lo que permite diferenciar un trabajo con el cuerpo, de un trabajo sin el cuerpo, contra el cuerpo, o sobre el cuerpo. Se relaciona terapéuticamente a la dimensión temporal y al ritmo de emergencia del inconciente en forma ordenada, que permite la flexibilización de la coraza según la lógica estructural y funcional del desarrollo evolutivo. El ritmo interno está basado en los ritmos pulsatorios de todas las funciones orgánicas vegetativas, que son el sustento de toda la actividad rítmica emocional. La vida del organismo es polirrítmica y las pautas rítmicas son las que le dan sentido y sensibilidad a la vida. En el ritmo interno encontramos la verdad de lo vital e implica la posibilidad de restituir a la persona a un estado de auto-regulación bioenergética y de pulsación saludable.
Pensamiento funcional: pensamiento desarrollado por Wilhelm Reich que se desarrolla en congruencia con el funcionamiento de la naturaleza. Forma de pensar que se opone al pensamiento mecánico y al pensamiento místico.

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“Arqueología del cuerpo.

Ensayo para una clínica de la multiplicidad”

Colección Clínica Bioenergética y Psicología Social

Edición TEAB (200 páginas; Montevideo, 1999).

Luis Gonçalvez
“En este nuevo libro vemos con mucha intensidad el desarrollo (personal y profesional) del autor y los resultados pueden ser apreciados en sus producciones, que son expresión viva de su filosofía ética: hacer de la propia vida una obra de arte, una estética de la existencia. En Arqueología del Cuerpo, el autor se zambulle en la ética foucaultiana de disfrutar de la pasión de lo nuevo, que surge al adentrarse en la pesquisa de los territorios inexplorados. Y un viaje por territorios poco explorados es justamente lo que la lectura de Arqueología del Cuerpo nos proporciona. Nos da la posibilidad de ampliar la noción del cuerpo en cuanto pulsación energética, lo que exige un grado de apertura de nuestra multiplicidad. Nos transmite además la necesidad de recuperar la dimensión histórico-social de la Psicología Social Reichiana, un aspecto extremadamente importante, pero que en la actualidad ha sido descuidado tanto en la clínica reichiana individual como en la grupal.

Luis Gonçalvez, con sus profundas reflexiones, nos lleva a recorrer el camino histórico-social señalado por Wilhelm Reich, en conexión con las contribuciones de Michel Foucault, de Gilles Deleuze y de Félix Guattari. De esta manera estructura una metodología de Análisis Bioenergético Reichiano, para pensar al cuerpo como un proceso social e histórico. El conocimiento vivenciado a través de su práctica profesional es comunicado sin esfuerzos, como parte de un proceso creativo inmerso en lo cualitativo de la vida”.


Dra. en Psicología Social Psic. Reolina Cardoso, Presidenta de la Sociedade Wilhelm Reich (Brasil) -Extractado del prólogo-.
“Este nuevo libro de Luis Gonçalvez, psicólogo y psicoterapeuta uruguayo, constituye un buen ejemplo de síntesis teórica entre la Bioenergética y la Psicología Social, recuperando la dimensión política de la práctica psicoterapeutica desarrollada por Wilhelm Reich y Alexander Lowen quienes exploraron desde ángulos complementarios el carácter social de los padecimientos humanos.

En un interesante movimiento de síntesis Luis Gonçalvez amalgama en este texto, una adecuada, precisa y creativa puntualización de las bases teórico-técnicas de la bioenergética, numerosas reflexiones sobre la producción de corporalidad en el Uruguay contemporáneo, y una honesta descripción de su práctica clínica y de las implicaciones éticas de los abordajes corporales.



Se trata de un libro múltiple muy recomendable que puede ser leído tanto por legos en busca de una aproximación al pensamiento bioenergético como por psicoterapeutas interesados en el estatus de las corporalidades en la práctica clínica”.
Psic. Juan Fernández Romar, Docente Universitario (Prof. Gdo. 4 de Psicología Social), Autor, Periodista -Relaciones n° 197, Octubre 2000-.
“En este texto el autor condensa y despliega con una excelente intensidad conceptual, una recopilación de artículos de clínica y de crítica social donde nombres como Deleuze, Guattari y Foucault son incorporados al discurso reichiano y de la bioenergética, actualizándolo y nutriéndolo de aspectos muy interesantes dentro de una línea de análisis biopsicosocial e histórico”.
Psic. Xavier Serrano, Director de la Escuela Española de Terapia Reichiana (ESTER), Presidente de la International Federation Orgonomic College’s (IFOC) -Energía, Carácter y Sociedad n° 22, 2000-.


* Reolina Cardoso es Psicóloga, Doctorada en Psicología Social (UNAM-México), Psicoterapeuta Reichiana formada con la Psic. Blanca R. Arnove del Instituto Wilhelm Reich de México y con el Dr. Gerard Guasch del Instituto Wilhelm Reich de México y de la Escuela Reichiana de París. Ex-presidenta de la Sociedade Wilhelm Reich (RS/Brasil. 1996-1997). Miembro del Comité Editorial de la Revista Científica de la Sociedade Wilhelm Reich. Miembro Didacta del Taller de Estudios y Análisis Bioenergético. Ex-profesora del curso de Posgrado de Psicología Clínica en la PUC/RS (1986-1995). Autora del libro “É uma mulher” (Vozes, 1995).


* Versión corregida y ampliada del artículo “El cuerpo en el Análisis Bioenergético”; publicado en la Revista “Somos. Aquí y ahora”, 2da época, nº 1, 1997.

1 W. Reich, “La función del orgasmo”; Paidós, México, 1988.

2 El otro tipo de trabajo preventito se realiza en el embarazo y en el parto.

3 A. Lowen, “La espiritualidad del cuerpo”; Paidós, Buenos Aires,1993.

4 E. Baker, “O labirinto humano. Causas do bloqueo da energia sexual”; Summus, San Pablo, 1980.

5 A. Lowen, “La experiencia del placer”; Paidós, Buenos Aires,1994.

* Versión corregida y ampliada del capítulo “La Bioenergética Social” del libro “Análisis Bioenergético. Devenires de la clínica y de la pedagogía”; CEUP, Montevideo, 1997. Publicado en forma resumida en las IV Jornadas de Psicología Universitaria “A diez años del plan de estudios” (Facultad de Psicología –Universidad de la República, agosto 1998).

6 O. Saidón, “La clínica y la vida” en “SaúdeLoucura. A clínica como ela é”; nº 5, Hucitec, San Pablo, 1997.

7 R. Dadoun, “Cien flores para Wilhelm Reich”; Anagrama, Barcelona, 1978.

8 W. Reich, “La función del orgasmo”; Paidós, México, 1988.

9 F. Navarro, “Somatopsicodinámica de las biopatías”; Orgón, Valencia, 1997.

10 B. Dubin, “El pulsar energético y la crisis social”; Revista Topia nº 16, 1996.

11 R. Lourau, “El análisis institucional”; Amorrortu, Buenos Aires, 1975.

12 B. Kononovich y O. Saidón, “La escena institucional” y “El cuerpo en la clínica institucional. Escena y afectación”; Lugar Editorial, Buenos Aires, 1991 y 1994 .

13 F. Guattari, “Psicoanálisis y transversalidad”; Siglo XXI, Buenos Aires, 1984.

14 J.C. De Brassi desarrolla la noción de entre como la modalidad conectiva y diferencial que hay a través de dos entidades diferentes. Esta noción no es intersubjetiva sino que se apoya en los conceptos de devenir y de afección deleuzianos. El cuerpo como régimen de afección, juega siempre en esta idea. La idea de entre medio no se corresponde con el medio aristotélico.

15 Mezclas donde, por ejemplo, un cuerpo penetra a otro y donde otro sufre una acción: “Cuando el escalpelo corta la carne, el primer cuerpo produce sobre el segundo no una propiedad nueva, sino un nuevo atributo, el de ser cortado. El atributo no designa ninguna cualidad real..., es, al contrario, expresado siempre por un verbo, lo que quiere decir que no es un ser, sino una manera de ser”, Emile Bréhier, “La Théorie des incorporels dans l’ancien stoicisme”, Vrin, 1928, citado por G. Deleuze en “Lógica del sentido”, Planeta-Agostini, España, 1994.

16 L. Gonçalvez, “Los cuerpos invisibles”; Multiplicidades-CEUP, Montevideo, 1996.

17 Ver el capítulo “Arqueología del cuerpo”.

18 W. Reich, “Psicología de masas del fascismo”; ECO, Montevideo, 1992.

19 En su libro “La Bio-Energía” (Ed. Gedisa) el socioanalista Georges Lapassade desarrolla cómo las instituciones establecidas son el lugar donde se almacena la energía social, siendo el Estado el lugar privilegiado de captura y drenaje de la misma en beneficio propio.

20 G. Lapassade, “La Bio-energía. Ensayo sobre la obra de W. Reich”; Gedisa, México, 1983.

21 G. Deleuze, “Posdata de las sociedades de control” en “El lenguaje libertario 2”; Nordan, Montevideo, 1991.

22 L. Gonçalvez, “Los cuerpos invisibles”; Multiplicidades-CEUP, Montevideo, 1996.

* Publicado en la Revista “Somos. Aquí y Ahora”, nro. 11 (Montevideo, 1999).

La expresión arqueología del cuerpo la vi utilizar por primera vez al Dr. Manoel Brandao. Brandao usaba este término descriptivamente para su propuesta terapéutica de experimentación grupal, pero no profundizando en él como un soporte conceptual de su práctica. Arqueología del cuerpo era un proceso de terapia psicocorporal, coordinado por M. Brandao, donde se integraban eclécticamente, distintas herramientas terapéuticas (sus preferidas: meditaciones de Osho, análisis del carácter a partir del Eneagrama sufi, psicodramatizaciones, ejercicios bioenergéticos, actings reichianos en posición supina y masajes “neo-reichianos”). Realicé este proceso en el primer grupo anual realizado en Lotus en 1992. El mismo integraba 7 worksops intensivos de 3 días de duración, y sesiones individuales como complemento de la actividad grupal. Para mí, en particular, fue muy importante participar en ese proceso de aprendizaje terapéutico principalmente por dos motivos. Por un lado estaba dando mis primeros pasos profesionales, luego de haber egresado de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, y por otro, en esos momentos en nuestro país, no había ningún colectivo organizado que difundiera y permitiera experimentar la psicoterapia de orientación neo-reichiana. Desde aquí vaya mi reconocimiento al trabajo innovador del Dr. Manoel Brandao en nuestro país.



23 Néstor Perlongher, “Los devenires minoritarios” en “El lenguaje libertario 2”; Edcs. Nordan, Montevideo, 1991.

24 Para poder pensar un agenciamiento entre las nociones de cartografía, genealogía y arqueología introduje el último capítulo.

25 G. Deleuze y F. Guattari, “El anti-edipo. Capitalismo y esquizofrenia”; Paidós, Barcelona, 1985.

26 R. Dadoun, “Cien flores para Wilhelm Reich”; Ed. Anagrama, Barcelona, 1978.

27 W. Reich, “La función del orgasmo”; Paidós, México, 1988.

28 Gerda Boyesen, “Entre Psiquê e Soma. Introduçao a la Psicologia Biodinâmica”; Summus, San Pablo, 1992.

29 G. Deleuze, “Foucault”; Paidós, Barcelona, 1987.

30 D. Boadella, “Corrientes de vida. Una introducción a la Biosíntesis”; Paidós, Bs. Aires, 1993.

31 Para una visión crítica de este planteo reichiano ver la entrevista realizada por la Psic. Myrian de Campos al Dr. Alexander Lowen, “The International Institute for Bioenergetic Analysis apresenta Dr. Alexander Lowen em Análise Bioenergética e 100 años de Wilhelm Reich”, vídeo de la SOBAB. Traducido y editado en ficha interna del curso de formación en Clínica Bioenergética del TEAB.

32 A. Lowen, “Bioenergética”; Diana, México, 1977.

33 A. Lowen, “La espiritualidad del cuerpo”; Paidós, Barcelona, 1993.

34 Ej: la rigidez y la tensión de la espalda de un paciente no se puede disminuir significativamente hasta que la bronca bloqueada no se haga conciente y se descargue. Para ello se hace necesario además del desbloqueo y la descarga emocional, estructurar previamente el afecto relacionándolo con la causa original, es decir, con los traumas y las frustraciones que lo causaron.

35 S. Keleman, “Anatomía Emocional”; Desclée, Bilbao, 1997.

36 Idem anterior.

37 Particularmente le doy mucha importancia en las tres primeras sesiones a deteminar el principal trazo de carácter del paciente porque es un indicador de sus principales medios de defensa caractereológica.

38 Ver el excelente ensayo del Psic. Xavier Serrano “Abreacción neuromuscular versus catarsis histeriforme”; revista “Energía, Carácter y Sociedad”, vol. 2. Nro. 1. Valencia, 1984.

39 El diagnóstico estructural es un punto de referencia técnica permanente del psicoterapeuta, pero no es comunicado al paciente.

40 Maite S. Pinuaga, “Estudio clínico de la percepción a partir del modelo del funcionalismo orgonómico”; revista “Energía, Carácter y Sociedad”, vol. 4. Nros. 1 y 2. Valencia, 1986.

41 Ver el último capítulo.

42 Luis Gonçalvez, “Fragmentos para una historia de la ética, la estética y la subjetivación”, publicado en “Los Cuerpos Invisibles” (Eds. Multiplicidades-CEUP, Montevideo, 1996) y en la revista Somos. Aquí y Ahora. (Nro. 8, Montevideo, 1999).

* Ensayo presentado en el 5º Congreso Internacional de Psicoterapias Corporales “Amor, Trabajo y Conocimiento al alba del Siglo XXI” (Oaxtepec, México; Marzo 1999); publicado en la Revista da Sociedade Wilhelm Reich RS, Nº 2 (Porto Alegre, Brasil; Diciembre 1998) y en la Revista “Energía, Carácter y Sociedad. La actualidad del paradigma reichiano” de la Escuela Española de Terapia Reichiana (Es.Te.R.) nro. 22, vol. 16 (1 y 2), Valencia 2000.

43 F. Brandao, “A proposta reichiana do Anti-Édipo”;

(Internet: http://www.ax.apc.org/jgco/orgoniza/artigos/anti-ed.htm).



44 V.g: en el seno del sistema institucional familiar patriarcal, por medio de la reproducción de los moldes autoritarios, dictatoriales y jerárquicos que el niño interioriza, desarrollando un acorazamiento contra su esencia primaria (amar y ser amado, su espíritu libertario, creativo y expresivo).

45 G. Lapassade, “La Bio-energía. Ensayo sobre la obra de W. Reich”; Gedisa, México, 1983.

46 Alexander Lowen, “La Experiencia del Placer”, Paidós, Barcelona, 1994.

47 G. Deleuze y F. Guattari, El antiedipo. Capitalismo y Esquizofrenia”; Paidós, Barcelona, 1985.

48 F. Guattari, “Revoluçao Molecular: Pulsaçoes Políticas do Desejo”; Brasiliense, Sao Pablo, 1981.

49 Ver “Análisis del Carácter” de W. Reich (cap. sobre el carácter masoquista; Paidós, Barcelona, 1986).

50 G. Deleuze y F. Guattari, “Las Mil Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia”; Pre-Textos, Valencia, 1988.

51 Ver el ensayo del Psic. (carioca) Luiz Gibier de Souza: “O desafio dos sentidos: o corpo na clínica” (Ficha del Centro de Estudios Gerais, Instituto de Ciencias Sociais e Filosofía, Departamento de Psicología, Niterói; 1995).

52 F. Brandao, “Ética e terapia reichiana”;

(Internet: http://www.ax.apc.org/jgco/orgoniza/artigos/etica.htm).



53 F. Guattari y S. Rolnik, “Micropolítica. Cartografías do desejo”, Vozes, Petrópolis, 1993.

54 X. Serrano, “El pensamiento libertario en la obra de W. Reich y su proyección social actual”; Orgon – ES.TE.R., Valencia, 1996.

55 Ch. Ferrer, “Terapeutas, ciudadanos, criminales y creyentes”; Relaciones, nro. 176-7, 1999.

56 L. Gonçalvez, “Los cuerpos invisibles”; Edcs. Multiplicidades-CEUP, Montevideo, 1996.

57 M. Montero-Ríos, M. Redón, “Contacto vegetativo y sensación de órgano”; Revista Energía, Carácter y Sociedad, nº 15, vol 9 (1), Valencia, 1991.

58 J. Castillo, X. Serrano, “La capacidad de contacto en las estructuras de carácter”; Revista Energía, Carácter y Sociedad, nº 15, vol 9 (1), Valencia, 1991.

59 L. Gonçalvez, A. Lans, “Clínica y grupalidad” en “Comunidad: clínica y complejidad”; Edcs. Multiplicidades, Montevideo, 1999.

60 D. Boadella, “Transferencia, ressonância e interferência”; revista Cadernos de Psicologia Biodinâmica nº 3, Summus, San Pablo, 1982.

61 S. Freud, “Psicología de las masas y análisis del yo”; CEUP, Montevideo, 1986.

62 Para una descripción más detallada de estos principios bioenergéticos ver: “La depresión y el cuerpo” (cap. “La fe en la vida”) y “El lenguaje del cuerpo” (caps. “Aspecto somático de la psicología del yo”, “El principio de placer”, “El principio de realidad” y “La concepción bioenergética de los instintos”) de Alexander Lowen.

63 L. Gonçalvez, “Los Cuerpos Invisibles”, Multiplicidades-CEUP, Montevideo, 1996.

* Ensayo presentado en el 5º Congreso Internacional de Psicoterapias Corporales “Amor, Trabajo y Conocimiento al alba del Siglo XXI” (Oaxtepec, México; Marzo 1999); publicado en la Revista da Sociedade Wilhelm Reich RS, Nº 2 (Porto Alegre, Brasil; Diciembre 1998); cedidos los derechos, para su publicación en la Revista “Energía, Carácter y Sociedad. La actualidad del paradigma reichiano” de la Escuela Española de Terapia Reichiana (Es.Te.R.).


64 L. Acero, “Prevención para la salud a través de la psicoterapia en Biosíntesis”; Publicaciones Fundación Centro de Biosíntesis, Buenos Aires, 1996.

65 X. Serrano, “La psicoterapia corporal y la clínica post-reichiana” en “Wilhelm Reich 100 años”; Orgon, Valencia, 1997

66 Streaming - Flujo o corriente libre de las energías naturales del cuerpo que acontecen en la camada interna (Loil Neidhoefer, “Trabajo corporal intuitivo. Uma abordagem reichiana”; Summus, San Pablo, 1994).


67 S. Black, “Practical aspects of a Core Energetic group”; Revista Energy & Consciousness, International Journal of Core Energetics, vol. 4, 1996.

68 J. Pierrakos, “The significance of the group process in relationship to individual therapy”; Revista Energy & Consciousness, International Journal of Core Energetics, vol. 4, 1996.


* Ensayo presentado en el 5º Congreso Internacional de Psicoterapias Corporales “Amor, Trabajo y Conocimiento al alba del Siglo XXI” (Oaxtepec, México; Marzo 1999); publicado en la Revista da Sociedade Wilhelm Reich RS, Nº 2 (Porto Alegre, Brasil; Diciembre 1998); cedidos los derechos, para su publicación en la Revista “Energía, Carácter y Sociedad. La actualidad del paradigma reichiano” de la Escuela Española de Terapia Reichiana (Es.Te.R.).


69 Editada por Eds. Colman-Levy. Véase además “I como Icaro” (I comme Icare) del director francés Henri Verneuil.

70 D. Boadella, “Corrientes de vida. Una introducción a la Biosíntesis”; Paidós, Buenos Aires, 1993.

71 Prefiero no usar la palabra ejercicio, en la medida en que puede inferir una idea de mecanización gimnástica escindida del movimiento emocional.

72 Es necesario igualmente cotejar en forma permanente el permiso del paciente a ser tocado por el terapeuta y la resonancia energética que el toque produce en su cuerpo. En algunos casos, el ser tocado en una zona históricamente bloqueada y congelada puede inducir al paciente a instalarse en una situación arcaica, regresiva y fusional no deseada en ese momento del proceso terapéutico, o puede invadirlo y provocar actitudes defensivas (contracción), o puede impedir al paciente elaborar sus propios límites.

73 R. Hilton, Ph.D., CBT, “Touching in Psychotherapy”, Costa Mesa, California, U.S.A, 1997, Internet.

74 Este derecho comienza generalmente a los ocho meses cuando el niño comienza a decir “no”, continuando y volviéndose más fuerte entre el año y medio y los tres años (“El carácter masoquista”; apostilla elaborada por la Psic. Myrian de Campos, Trainer Internacional del IIBA).

75 Alexander Lowen, “El lenguaje del cuerpo. Dinámica física de la estructura del carácter”; Eds. Herder, Barcelona, 1995.

76 D. Boadella, “Transferência, ressonância e interferência”; Cadernos de Psicologia Biodinâmica nº3, Summus, San Pablo, 1983.

77 Si está conociendo lo que interfiere en sí mismo, está trabajando y buscando transponer la contratransferencia.

78 En nuestro trabajo clínico discriminamos además las corrientes libidinales transferenciales en: transferencia positiva defensiva, transferencia positiva creativa, contratransferencia positiva defensiva, contratransferencia positiva creativa, transferencia negativa defensiva, transferencia negativa creativa, transferencia negativa latente, transferencia positiva genital, contratransferencia negativa defensiva, contratransferencia negativa creativa, transferencia erótica defensiva, transferencia erótica creativa, contratransferencia neurótica, contratransferencia sintónica, transferencia y contratransferencia transversal, transferencia personológica, transferencia rizomática, amor terapéutico, etc. (Ver ficha interna del Curso de Formación en Clínica Bioenergética del Taller de Estudios y Análisis Bioenergético -TEAB-; laboratorio clínico sobre “Transferencia, Contratransferencia y Resonancia”, abril 1999).


* Publicado en “Energía, Carácter y Sociedad. La actualidad del paradigma reichiano” nro. 16 (vol. 1 y 2), Valencia/España, 2000.

79 X. Serrano, “La psicoterapia corporal y la clínica post-reichiana”; “Wilhelm Reich 100 años”, Autores varios, Publicaciones Orgón de la Escuela de Terapia Reichiana, Valencia, 1997.

80 Ob. cit.

81 Ob. cit.

82 A. Lowen, “El gozo”; Era Naciente, Argentina, 1994.

83 J. Sarkissoff, “Cuerpo y psicoanálisis”; Eds. Deesclée De Brouwer, Bilbao, 1996.

84 D. Boadella, “Corrientes de vida. Una introducción a la Biosíntesis”; Paidós, Buenos Aires, 1993.

85 R. Lewis, “The trauma of cephalic shock”; The Clinical Journal of the International Institute for Bioenergetic Analysis; vol 9 nº 1.



86 En términos neo-reichianos hablamos de negatividad al referirnos a los bloqueos y tensiones musculares crónicas que impiden, tanto el libre fluir de las corrientes energéticas, como el pleno registro de las sensaciones emotivas y el desarrollo de las funciones biológicas. Hablamos de emociones negativas cuando hacemos referencia a los afectos que, al quedar reprimidos y ligados en la coraza muscular, se encuentran en una camada profunda de la personalidad (la segunda camada). Esta zona (llamada por Pierrakos lower self) es muy poderosa, al estar cargada por una gran cantidad de energía.

87 Liliana Acero, “El cuerpo amoroso: un enfoque desde la Biosíntesis y el Análisis Bioenergético”; Ficha de la Fundación Centro de Biosíntesis.

88 Desde el punto de vista reichiano la zona pélvica es desde donde nace la vida, y la zona torácica es desde donde se posibilita el crecimiento vital.

89 Ver el ensayo de quien suscribe “Control y sexualidad. El devenir mujer” en “Los Cuerpos Invisibles” (Eds. Multiplicidades-CEUP) o en la revista Relaciones nro. 154.

90 Ver el cap. “Amor, territórios de desejo e uma nova suavidade” en “Micropolítica. Cartografías do desejo” de Félix Guattari y Suely Rolnik (Eds. Vozes).

91 Ver la viñeta clínica de quien suscribe: “¿Qué pasa cuando yo ya no soy yo?. El problema de la identidad masculina” en “Análisis Bioenergético. Devenires corporales de la clínica y de la pedagogía” (Eds. CEUP).

92 Cap. “Seducción y manipulación” del libro “Narcisismo o la negación de nuestro verdadero ser” (Alexander Lowen; Editorial Paz Mexico).

93 Ver “Amor e Orgasmo” de Alexander Lowen (Summus Ed.) y “El caso del corazón roto” de John Pierrakos (Publcs. Fundación Centro de Biosíntesis).

94 Ver “El amor, el sexo y la salud del corazón” (Eds. Herder).

95 Ver cap. “El conflicto edípico. Una realidad de la vida moderna” en “El Miedo a la Vida” de Alexander Lowen (Eds. Errepar).

96 Ver el cap. “Os papeis sexuais da mulher”, en el libro de Alexander Lowen “Amor e Orgasmo”; Summus Ed.

97 Cap. “Cuerpo & Imagen: tudo é TV?” del libro “Análisis Bioenergético. Devenires corporales de la clínica y de la pedagogía” (Eds. CEUP).

98 V. Hilton, “On uniting the masculine and feminine principales”; The Clinical Journal of the International Institute for Bioenergetic Analysis; vol 3 nº 1.

99 A. Miller, “Thou shalt not be aware: society’s betrayal of the child”; Farrar, Strauss, Giroux, New York, 1984.

100 A. Lowen, “El gozo. La entrega al cuerpo y a los sentimientos”; Errepar, Buenos Aires, 1996.

101 L. Mayo, “Sexually abused woman”; The Clinical Journal of the International Institute for Bioenergetic Analysis; vol 3 nº 1.

102 A. Lowen, “El gozo. La entrega al cuerpo y a los sentimientos”; Errepar, Buenos Aires, 1996.


103 Ulla Sebastian, “Healing sexual abuse”, entrevista, Internet.

104 H. Racker, “Estudios sobre técnica psicoanalítica”; Paidós, México, 1966.

105 V. Hilton, “Working with sexual transference”; The Clinical Journal of the International Institute for Bioenergetic Analysis; vol 3 nº 1.

106 A partir de este momento voy a hacer referencia al trabajo terapéutico con adultos, que sufrieron situaciones de abuso sexual en la infancia.

Las notas que desarrollaré a continuación no tienen una finalidad prescriptiva en relación con lo que debe ser hecho, en la clínica bioenergética, con pacientes que sufrieron abusos. Creo que cada terapeuta debe desarrollar un estilo personal de trabajo, a partir de su propia esencia y en función de las limitaciones de su estructura de carácter. Espero sí que estas reflexiones técnicas sean útiles para aquellos que trabajan con personas abusadas.



107 D. Lachinsky, “Working with sexually abused people: how to deal with the clients”; The Clinical Journal of the International Institute for Bioenergetic Analysis; vol 9 nº 1.

108 L. Fréchette, “Complex post-traumatic stress disorder”; The Clinical Journal of the International Institute for Bioenergetic Analysis; vol 9 nº 1.

109 Tal como lo señala la terapeuta bioenergética Dörte Laschinsky, el trabajo con el stool es especialmente efectivo en desbloquear emociones de tristeza y de dolor, y en recuperar recuerdos inconcientes. Pero en personas que sufrieron abusos, se debe realizar con mucha prudencia porque para algunos de ellos puede ser tan atemorizador como una violación misma. Especialmente aquellos que fueron abusados oralmente. Generalmente al ir sobre el stool entran en estado de pánico.

110 Más allá de que estemos en un encuadre psico-corporal analítico profundo que ameritaría que el paciente trabajara en ropa interior o malla para favorecer la lectura corporal y el estado regresivo de la posición supina.

111 F. Navarro, “Terapia Reichiana I. Fundamentos médicos somatopsicodinâmica”; Summus, San Pablo, 1987.

112 Este bloqueo (el de no tener voz) es mayor aun en las víctimas de incesto.

113 F. Navarro, “Metodología de la vegetoterapia caracteroanalítica. A partir de Wilhelm Reich”; Orgón; Valencia, 1993.


114 A. Lowen, “La traición al cuerpo”; Era Naciente, Buenos Aires, 1995.

115 A. Lowen y L. Lowen, “Ejercicios de bioenergética”; Sirio, Barcelona, 1989.

116 F. Navarro, “Metodología de la vegetoterapia caracteroanalítica. A partir de Wilhelm Reich”; Orgón; Valencia, 1993.

117 El trabajo en grupos chicos (no mayores de 8 personas) y con una pareja de terapeutas mixta es además altamente recomendable para acompañar el trabajo de las sesiones individuales. A diferencia del dispositivo de la Es.Te.R. (Escuela Española de Terapia Reichiana) y del T.E.A.B. (Taller de Estudios y Análisis Bioenergético del Uruguay) donde los pacientes son invitados a trabajar en grupo luego de haber abordado en sus respectivas terapias individuales los dos primeros segmentos de la coraza muscular, el tema del abuso sexual hace recomendable trabajar en grupo desde el inicio del proceso terapéutico.

118 L. Mayo, “The abused child grows up and walks into our office”; The Clinical Journal of the International Institute for Bioenergetic Analysis; vol 3 nº 2.

119 En términos del desarrollo evolutivo, este derecho comienza aproximadamente a los ocho meses de vida y se extiende hasta los dos años y medio, siendo de fundamental importancia para ir adquiriendo el sentido de singularidad, de discriminación y de autonomía yoica.

120 A. Lowen, “La experiencia del placer”; Paidós, España, 1994.

121 En un momento más avanzado del proceso terapéutico se puede “energizar” la resistencia (energizing the devil) tal como lo desarrolla Bennet Shapiro en su trabajo, “Healing the sexual split between tenderness and agression” (presentado en las 11as. jornadas del International Institute for Bioenergetic Analysis, Miami Beach, Florida).



122 Entrevista con F. Ewald, Le Souci de la Verité, Magazine Literaire, 207, mayo 1984, 21.

123 M. Foucault retoma este término de M. Canguilmen.

124 M. Foucault, “Saber y verdad”; Las Ediciones de la Piqueta, Madrid, 1991.

125 Seminario “La dimensión psicocorporal en la Clínica Social”, curso de profundización de Psicología Grupal e Institucional (4to. ciclo, Area de Psicología Social, Facultad de Psicología de la Universidad de la República).

126 Ver las fichas “Panic attack: el extraño invisible que nos habita” (2002), “Cartografías de la clínica social contemporánea”: “Pánico: mutaciones de la subjetividad, convulsiones del cuerpo”, “Estrés postraumático: las marcas del cuerpo”, “Trauma: Escrito en el cuerpo”. “Estrés: De los límites del cuerpo a los cuerpos sin límites” (Edcs. TEAB, 2004).

127 Curso de profundización de Psicología Grupal e Institucional (4º ciclo, Area de Psicología Social, Facultad de Psicología de la Universidad de la República).

128 Ver el pre-proyecto de investigación “El cuerpo y los quehaceres del psicólogo”; Luis Gonçalvez, “Análisis Bioenergético. Devenires corporales de la clínica y de la pedagogía”, Edcs. Departamento de Publicaciones del CEUP, Montevideo, 1997, pp. 175-184.

129 M. Foucault, “Historia de la sexualidad 1. La voluntad del saber”; Siglo XXI, México, 1977.

130 Fernando Alvarez-Uría y Julia Varela. Prólogo de “Saber y verdad”, op. cit.


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