Arqueología del cuerpo. Ensayo para una clínica de la multiplicidad. Luis Gonçalvez Boggio



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ARQUEOLOGÍA DEL CUERPO*




RESUMEN:

La Arqueología del Cuerpo es un concepto y una metodología funcional que permite trabajar arqueológicamente con el cuerpo. Toda la situación emocional y afectiva del sujeto está inscripta en los tejidos del cuerpo (coraza somática o tisular), manifiestándose en cada cuerpo en la capacidad expresiva más o menos bloqueada de la pulsación bioenergética. Integrando las técnicas de Análisis del Carácter, Eneagrama, Cartografía Corporal y Cartografía Deseante (para el trabajo analítico y diagnóstico), Vegetoterapia y Bioenergética (para el trabajo biofísico), esta metodología-conceptual permite recuperar al cuerpo a través de la memoria emocional inscripta en los sistemas y en las estructuras ectodérmicas, endodérmicas y mesodérmicas. Originariamente pensado por Manoel Brandao, y posteriormente desarrollado por Luis Gonçalvez, es un dispositivo terapéutico individual y/o grupal que posibilita la abolición progresiva del dualismo “cultura”-“natura” inscripto en los cuerpos.


PALABRAS CLAVE:

arqueología del cuerpo, cartografía corporal, cartografía deseante, análisis caracterial, vegetoterapia, análisis bioenergético, esquizoanálisis, coraza, carácter, clínica de la multiplicidad.


SUMMARY:

Concept and funcional methodology that allows to do an archeologic work with the body. Every emotional and affective situation is inscibed in the tissues of the body (somatic or tissular armoring), revealing itself in each body with the expresive capacity more or less blocked of the bioenergetics pulsation. Integrating the techniques of character analysis, corporal cartography, desire cartography, vegetotherapy and bioenergetic analysis, this conceptual methodology allows recuperating the body through the emotional memory, inscribed in the system and in the ectodermic, endodermic and mesodermic structures. Originally from Dr. Manoel Brandao and later on developed by Psic. Luis Gonçalvez is an individual and/or group therapeutic dispositive, which makes possible the progressive abolition of the dualism “culture”-”nature”, inscribed in the bodies.


KEY WORDS:

Body archeology, corporal cartography, desire cartography, character analytical, vegetotherapy, bioenergetics analysis, schizoanalysis, armoring, character, clinical of the multiplicity.

Toda rigidez muscular incluye la historia y la significación

de su origen. Su disolución no sólo libera la energía ...

sino también trae a la memoria la situación infantil

en que se ha producido la inhibición” (W. Reich).
El concepto de arqueología del cuerpo funciona en forma inmanente a las técnicas reichianas de análisis del carácter y vegetoterapia caracteroanalítica, siendo uno de sus dispositivos fundamentales de diagnóstico la cartografía corporal y la cartografía deseante.

En la cartografía corporal nos apoyamos en los soportes conceptuales:

*de la disposición segmentada de la coraza muscular (Wilhelm Reich),

*de la dinámica estructural bioenergética (Alexander Lowen) y

*de la anatomía emocional (Stanley Keleman).

En la cartografía deseante utilizamos los conceptos esquizoanalíticos desarrollados por Gilles Deleuze y Félix Guattari de:

*líneas de segmentaridad dura,

*líneas moleculares y

*líneas de fuga.
LA CARTOGRAFÍA DESEANTE
La conjunción que realizamos en la clínica bioenergética entre la cartografía corporal (análisis bioenergético reichiano) y la cartografía deseante (esquizoanálisis) permite desarrollar un agenciamiento para pensar e intentar resolver la tensión entre pulsación y coraza, entre movimiento y bloqueo, entre deseo y represión, tanto en los cuerpos individuales, como en los cuerpos grupales y sociales.
En un cuento de Borges, el emperador de un país imaginario

ordena realizar una cartografía tan exacta y mimética,

una reproducción en tamaño natural del territorio,

que, lanzada la población a esa tarea, la vida se paraliza” 23.
No es esta la función de una cartografía deseante. En primer lugar, al decir de Perlonguer, no se trata de reproducir a partir de un punto fijo (el ojo central del déspota) sino de derivar. En esa deriva se captan los flujos de vida que animan un territorio (una ciudad, un cuerpo, un barrio, un grupo, una institución, etc.): las tentativas de fuga que recorren y agitan el cuerpo (social). Al mismo tiempo, la tarea del cartógrafo no consiste en captar para fijar, cristalizar o congelar aquello que pesquisa, investiga o explora, sino intensificar los flujos vitales, las líneas de vida (los caminos con corazón diría Don Juan), creando territorios (y aliados) a medida que se los recorre. Esta deriva deseante es la esencia de la multiplicidad, y es la que posibilita la emergencia de las líneas de afección grupales y las tentativas de fuga que recorren, agitan y calientan el cuerpo social.

En este sentido la mirada deseante del cartógrafo en una situación clínica (no importa si se trata de clínica individual, grupal, institucional o comunitaria) nunca será estática, ni neutral en su concepción de relación y de encuentro con el otro. La cartografía analítica es necesariamente activa y genera siempre distintos grados de implicación. Usando las palabras de Sandra Fagúndez: “el inconciente salpica”, no se puede pasar por su lado sin mojarse.


Así como un analista institucional desarrolla su dispositivo para el análisis y la emergencia de los analizadores, el cartógrafo deseante hace lo propio con los inconcientes que protestan: los devenires. En la clínica, este movimiento de conexión entre el deseo y lo social implica, por un lado, una mutación de la subjetividad serializada (las identidades mayoritarias) hacia devenires (minoritarios) y, por otro, una desterritorialización del inconciente de las coordenadas del familiarismo autoritario y de sus dispositivos de subjetivación capitalista, hacia nuevas tentativas de expresión colectivas y creativas (agenciamientos colectivos de enunciación).

La cartografía deseante será una de las formas micropolíticas (junto a la arqueología y la genealogía) de apropiarse del presente, más allá de los condicionamientos repetitivos del pasado24. La concepción de deseo que utilizamos en las cartografías es la de G. Deleuze y F. Guattari: “Los deseos edípicos no están en modo alguno reprimidos, ni tienen que estarlo. Mantienen, sin embargo, una relación íntima con la represión, pero de otra manera. Son el cebo, o la imagen desfigurada, mediante la cual la represión caza al deseo en la trampa. Si el deseo está reprimido no es porque sea deseo de la madre y de la muerte del padre; al contrario, si se convierte en este tipo de deseo es debido a que está reprimido, y sólo adopta esta máscara bajo la represión que se la modela y se la aplica”… “Si el deseo es reprimido se debe a que toda posición de deseo, por pequeña que sea, tiene motivos para poner en cuestión el orden establecido de una sociedad: no es que el deseo sea asocial, sino al contrario. Es perturbador: no hay máquina deseante que pueda establecerse sin hacer saltar sectores sociales enteros” … “y ninguna sociedad puede soportar una posición de deseo verdadero sin que sus estructuras de explotación, avasallamiento y jerarquía no se vean comprometidas. Si una sociedad se confunde con sus estructuras (hipótesis divertida), entonces sí, el deseo la amenaza de forma esencial. Para una sociedad tiene, pues, una importancia vital la represión del deseo, y aun algo mejor que la represión, lograr que la represión, la jerarquía, la explotación, el avasallamiento mismo sean deseados” 25.


LA CARTOGRAFÍA CORPORAL
El carácter es para la clínica bioenergética “historia congelada”. Es, por lo tanto, la forma particular (generalmente estereotipada) que tenemos de movernos en el mundo. Para la clínica bioenergética el cuerpo es carácter. Desde el mismo se pone en movimiento al cuerpo. Es decir, mis piernas se apoyan y caminan de determinada manera, mi pecho está adaptado a determinada forma de sentir y abrazar, mi pelvis a determinada modo de gozar y de moverse.

Resultante del conflicto entre los impulsos naturales del organismo del niño (natura-placer) y las restricciones que la sociedad le impone (cultura-poder), el carácter es una construcción estructural e histórica, producto de un proceso singular de acorazamiento. Estructura en tanto sistema organizado de endurecimiento del Yo corporal y de acorazamiento del cuerpo. Historia en cuanto inclusión y suma de las experiencias pasadas del individuo que quedan grabadas en el cuerpo. Y como sabemos para W. Reich la historia individual va a ser inmanentemente historia social.


El filósofo e historiador Roger Dadoun señala cómo la coraza caráctero-muscular no sólo cumple una función defensiva contra las fuerzas antagónicas, sino que también cumple funciones de coordinación, de organización y de control entre dichas fuerzas: “Puesto que el carácter es la suma de las experiencias pasadas del sujeto, esas experiencias subsisten, se acumulan, se depositan en capas estratificadas de la coraza. Esta estratificación del acorazamiento (Panzerschichtung) es comparable a las estratificaciones geológicas o arqueológicas, que son ... historia solidificada. Historia sólida que Reich toma sólidamente al pie de la letra: las experiencias infantiles, los conflictos, las represiones, las frustraciones y las cargas energéticas a ellos vinculados forman depósitos, dejan huellas precisas, se fijan, en una palabra, al organismo, y el sistema muscular es el lugar privilegiado para tales fijaciones. El músculo es al mismo tiempo soporte material y código binario (tonicidad creciente o decreciente) con los que se inscribe la historia del individuo” 26.
La arqueología del cuerpo permite descongelar ese patrón típico de comportamiento que establecido, estructurado y “congelado”, subsiste, se repite, se acumula y se deposita en capas estratificadas de la coraza. Dichas capas funcionan como patrones inconcientes de contención energética en la respiración, en la motilidad, en la expresividad y en la sexualidad. Estas actitudes corporales de retención funcionan idénticamente a la actitud psicológica del sujeto.
Sigmund Freud se preguntaba en sus escritos dónde está situado el inconciente, sin llegar a ninguna precisión topológica, quedando su teoría sobre el inconciente en un registro metafórico. W. Reich, a través de sus investigaciones (en el período que abarca 1933 a 1938), demuestra que el inconciente está en los músculos del organismo27. Para W. Reich existe una inteligencia orgánica donde la memoria intelectual estaría fijada en las células nerviosas y la memoria emocional estaría inscripta en el sistema y en la estructura muscular. Partiendo de las pesquisas de W. Reich sobre la coraza muscular, la creadora del masaje biodinámico Gerda Boyesen focalizó sus investigaciones con el estetoscopio sobre el psicoperistaltismo intestinal. En ellas demuestra la existencia de una coraza visceral, por lo que concluye que el inconciente emocional se aloja en el sistema endodérmico28.
A diferencia del dispositivo psicoanalítico, para la arqueología del cuerpo no basta hablar acerca de los sentimientos o de las sensaciones, sino que las mismas precisan ser experimentadas y expresadas. El trabajo bioenergético reichiano opera centrándose en el sistema nervioso vegetativo buscando integrar funcionalmente lo somato y lo psíquico, a través del desbloqueo y la armonización bioenergética.

Por medio de movimientos específicos (con una significación funcional e histórica), de una metodología ordenada (rigurosa pero no rígida) y siguiendo el desarrollo evolutivo del embrión en la dirección céfalo-caudal, se busca despertar en la memoria orgánica tisular, acontecimientos arcaicos, emociones pretéritas, ancladas en la profundidad del cuerpo energético.

Mediante la ejecución de los movimientos (emocionales-neuromusculares) el paciente entra en contacto con informaciones tanto a nivel somático (sensaciones, movimientos involuntarios, cambios en la respiración), como a nivel emocional (descargas emocionales) y mental (imágenes, ideas, asociaciones). El análisis de estas informaciones permite, con la ayuda del psicoterapeuta, el auto-conocimiento, la auto-expresión y la auto-posesión de los sentimientos, por parte del paciente.

Este proceso arqueológico implica la reactivación de la memoria muscular, a partir de la cual pueden manifestarse afectos reprimidos (angustia ligada, tristeza negada, bronca bloqueada, placer inhibido ... y miedo), así como también pueden emerger recuerdos olvidados. Por lo cual se favorece no sólo la posibilidad de abreacción emocional sino también de insights.


Podemos decir entonces que en la clínica bioenergética intervenimos en distintas dimensiones de la corporalidad: la del inconciente, la de las expresiones y gestos perceptibles, la de las actitudes corporales y comportamentales. La superficie de intervención es, por lo tanto, multidimensional, con tantas discontinuidades y pliegues como niveles y bloqueos existan. Al decir de G. Deleuze estos pliegues forman una “absoluta memoria” de fuerzas, en la medida en que la subjetivación (individual o colectiva) operaría siempre por plegamientos29.
De esta manera es que con un trabajo psicoterapéutico organizado, paulatino y sostenido, la arqueología del cuerpo permite examinar atentamente cada una de las capas de la coraza somática y de la coraza caracterial. El aporte de la cartografía deseante permite además, construir una intervención terapéutica en cada uno de los niveles implicados y entre las distintas dimensiones plegadas, a partir de la visualización y de la enunciación de los complejos movimientos deseantes de la persona.

Del trabajo clínico presentado por W. Reich en “Análisis del Carácter” se pueden deducir tres capas de los impulsos emocionales, que emergen idénticamente en las actitudes caracteriales y en la musculatura del organismo humano.



La capa más superficial (terciaria) es el nivel de las defensas caractereológicas, de los contactos sustitutivos, de la adaptación social y cultural. La máscara que el sujeto presenta al mundo. Por debajo de esta capa estarían los impulsos y fantasías irracionales, los impulsos prohibidos, el mundo del inconciente reprimido (la capa secundaria), conteniendo todas las negatividades que la persona sintió en los primeros años de su desarrollo evolutivo. Luego de atravesar este pliegue nos encontraríamos con la capa primaria (el ser creativo), constituida por los impulsos espontáneos y naturales a extenderse y a hacer contacto, compuesta por la capacidad orgánica innata para el amor, para el conocimiento y para el trabajo creativo30 -ver figura 2-.



Quizás a partir de la impetuosidad de todo precursor e investigador radical, W. Reich creyó que los impulsos destructivos de la capa secundaria se podían liberar de la represión y ser eliminados definitivamente a partir del trabajo terapéutico individual. Del mismo emergería, como consecuencia del debilitamiento de la coraza narcisística, la expresión sana de los impulsos primarios, que se pondrían en marcha espontáneamente, constituyendo (en oposición al carácter neurótico defensivo) un carácter genital31.


Al. Lowen, por su parte, ubica cuatro capas en el proceso del desarrollo defensivo. La capa más exterior o superficial (capa del ego), contiene las defensas psíquicas, entre las que se encuentran la negación, la proyección, la culpabilización, la racionalización, la intelectualización, etc. La segunda capa estaría comprendida por las tensiones musculares crónicas que sostienen y fundamentan las defensas del ego, al mismo tiempo que protegen a la persona contra la capa interior de emociones reprimidas que no pueden ser expresadas. Las otras dos capas serían la capa emocional, donde se encuentran los afectos reprimidos (bronca, miedo, tristeza, dolor, etc.), y el núcleo (centro o corazón) del cual emana el sentimiento de amar y de ser amado.

En su propuesta de Análisis Bioenergético, Al. Lowen plantea en forma contundente, que el enfoque terapéutico no puede restringirse exclusivamente a la capa más superficial o exterior (la primera capa) por importante que sea. En la medida en que, por más que ayudemos a nuestros pacientes a adquirir conciencia sobre sus mecanismos defensivos, ese conocimiento rara vez influye sobre las tensiones musculares o permite la liberación de los sentimientos reprimidos. Este sería el punto débil de las psicoterapias exclusivamente verbales. Trabajar directamente sobre la tercera capa (las emociones bloqueadas) pasando por alto la primera y la segunda capa es inoperante, en la medida en que producen solamente efectos momentáneos (en formas catárticas y/o regresivas), difíciles de sostener fuera de la situación terapéutica. De la misma manera trabajar únicamente la segunda capa (la coraza muscular) sin analizar las defensas psicológicas y/o evocar la expresión de las emociones reprimidas (yoga, masaje, etc.), no constituye un proceso psicoterapéutico. Lowen propone una actuación terapéutica desde las tensiones musculares crónicas (la segunda capa), porque desde ese lugar puede pasarse:

*a la primera cuando se cree necesario (Por ejemplo: a través del análisis de las resistencias),

*y a la tercera con mayor facilidad (Por ejemplo: movilizando los músculos contraídos que bloquean la expresión emocional)32.

Al igual que W. Reich, E. Baker, O. Raknes, F. Navarro, D. Boadella, S. Keleman (y todos los autores post y neo reichianos), para Al. Lowen las experiencias de vida de una persona estructuran su cuerpo. De esta manera, el pasado de la persona vive en su presente.

La proposición terapéutica del Análisis Bioenergético implica una doble vía integrativa: “para liberarse de las restricciones del pasado, un individuo debe hacer concientes las experiencias que dieron lugar originalmente a esas restricciones. Esta es la tarea del análisis, que suministra un marco de referencia dentro del cual se puede efectuar una reestructuración. La reestructuración requiere un trabajo directo con el cuerpo para reducir las tensiones musculares. El análisis y la reestructuración deben avanzar en forma conjunta” 33. Análisis de las resistencias caracteriales, análisis de la transferencia, análisis de los sueños y reestructuración del flujo energético interrumpido. En este camino la Bioenergética compone modos de devolver el movimiento espontáneo al cuerpo, de recuperar su gracia, de profundizar su respiración, de enfrentar la tensión y de entender el conflicto34.


Para la arqueología el cuerpo siempre es un lugar por donde pasa la vida. Por lo tanto, pensamos a los cuerpos como una sucesión de formas en la dimensión espacio-temporal.

Cada movimiento crea una nueva forma. Desde el movimiento, desde la pulsación, es que podemos recuperar un espacio interno, recrear y sostener un espacio externo. Es en la historia corporal de una persona que comprendemos, por ejemplo, cómo en el transcurso de su vida ha ido empequeñeciendo su cuerpo. Cómo las tensiones de su vida cotidiana se transformaron en tensiones musculares crónicas, en acortamientos y recogimientos de su espacio interior, en desconexión con sus sensaciones y necesidades nutricias, donde los movimientos (los sentimientos, las ideas, las conductas) se empiezan a repetir y enfermarse comienza a ser la solución.


La arqueología del cuerpo permite entender que las formas que adoptan nuestros cuerpos dan cuenta de nuestra existencia profunda, de nuestra subjetivación. Nuestras emociones, nuestros sentimientos, nuestras acciones y pasiones tienen un ritmo, un tiempo y un espacio corporal. Hay un tiempo y un espacio para la elaboración de una crisis. Hay un tiempo y un espacio para el desarrollo de los cambios. Hay un ritmo de desestructuración y un ritmo de reestructuración. Stanley Keleman lo define de esta manera: “la vida es un proceso continuo de experiencias diversas, desde el nivel celular al social, vinculadas a un patrón de continuidad que tiene forma y que busca formar” 35.

Desde su proyecto de Anatomía Emocional, S. Keleman, ordena un principio de organización de la forma humana en tres capas: “la capa externa, constituida por la piel y los nervios, es el ectodermo y sirve para la comunicación. El estrato medio formado por los músculos y vasos sanguíneos es el mesodermo y proporciona el soporte y la posibilidad de locomoción. La capa interna la componen los órganos y vísceras, se llama endodermo y procura la nutrición y la energía básica. Lo interno establece contacto con lo externo a través del nivel mesodérmico intermedio. Lo externo es la frontera, el yo social. Lo interno es lo secreto, lo profundo, el pasado antiguo y lo presente. La capa del medio es el ser volitivo que modula entre lo interno y lo externo. El conducto interno transporta materias de un lugar a otro, llegando a largas distancias y atravesando las capas desde la superficie a la profundiad. La función generalizada de las tres capas, ectodermo, mesodermo y endodermo, se asocia a las tres bolsas especializadas: la cabeza, el tórax y el abdomen” 36.

Nuestra historia emocional va a estar relacionada, de esta manera, a la organización somática. No existen emociones sin una anatomía. Pero una configuración genética dada puede modificarse por la historia emocional de una persona: las huellas dejadas por el amor y el desamor, por las gratificaciones y las frustraciones, por las caricias y los ataques, por los desafíos y los avatares de la propia historia personal, a la vez grupal e institucional, social e histórica. La forma que nos fue dada por la naturaleza, se va desestructurando y reorganizando, por ejemplo, en el autoritarismo de una familia en particular, en el consumismo de una sociedad. Los regímenes de afección cotidianos van modificando nuestra forma genética, a partir de la interacción y el agenciamiento con las fuerzas sociales, generando así una nueva realidad somática emocional.
El punto más intenso de las vidas, aquel en el que se concentra su energía,

se sitúa allí donde éstas se enfrentan al poder, forcejean con él,

intentan utilizar sus fuerzas o escapar a sus trampas” (Michel Foucault).
Desarrollemos con mayor precisión la metodología general de la arqueología del cuerpo. Al comenzar el análisis caracterial de un paciente lo primero que afrontamos es su fachada o máscara social. La misma incluye la imagen que da, o quiere inconcientemente ofrecer de sí mismo. El análisis sigue su curso tratando de identificar el rasgo caracterial más relevante, que es aquel que impregna la conducta diaria de la persona37.

Los rasgos de carácter los comenzamos a visualizar y a pensar, junto al paciente, como algo construido, por lo tanto, no heredados genéticamente, ni adquiridos naturalmente. Esta construcción a la vez estructural e histórica, comprende la suma de las situaciones frustrantes y traumáticas que obligan a la musculatura y a la conciencia a contraerse para eludir, disminuir o tolerar la angustia.


La arqueología del cuerpo permite acceder terapéuticamente a lo reprimido (lo escondido, lo estancado), a partir de la expresión afectiva. Dicha expresión posibilita, en gran medida, la restauración de la libre pulsación del organismo y la recuperación de su unidad somato-psíquica, junto con el restablecimiento del equilibrio biofísico y de la auto-regulación bioenergética. Para ello partimos bioenergéticamente de un axioma clínico: la disminución de una tensión muscular crónica posibilita la expresión de un afecto bloqueado, e inversamente, la expresión de un sentimiento reprimido permite flexibilizar la coraza muscular. Este axioma clínico se complementa con la necesidad técnica de no actuar los sentimientos sino de conocerlos 38.

Los afectos se expresan a través del movimiento emocional, del lenguaje corporal expresivo, y se integran en lo cortical por los procesos cognitivos. La palabra va a dar sentido a la experiencia vivencial, a los pensamientos, a las imágenes, a las asociaciones, a los sentimientos y a las sensaciones que surgen luego de la realización de los movimientos emocionales, neuro-musculares, sugeridos y propuestos por el psicoterapeuta. El análisis verbal es fundamental para la comprensión de lo vivenciado y para la integración de lo sentido en los minutos anteriores. Los rasgos de carácter, los gestos expresados (verbales y preverbales), al ser sentidos y percibidos, son elaborados en su significado por medio de los insights del paciente, de los señalamientos y de las interpretaciones del psicoterapeuta (analógicas, paradójicas, históricas), en el contexto de un diagnóstico estructural bioenergético previo39.


Partimos del axioma clínico de que el movimiento genera el sentimiento. En la clínica bioenergética el movimiento es lo primero, viniendo la sensación a continuación. De esta manera la coraza muscular va a estar incidiendo directamente en los modos y en las formas de la percepción, existiendo una interacción funcional entre músculo y percepción. De esta manera la capacidad perceptiva estará relacionada al grado y al tipo de coraza caráctero-muscular (tanto en el terapeuta como en el paciente).

La Psic. Maite Sanchez Pinuaga describe con mucho acierto y precisión los momentos clínicos del proceso terapéutico reichiano: “en la clínica de la vegetoterapia, la conciencia se hace más completa y clara cuando al trabajar sobre la coraza del sujeto, aparecen recuerdos, emociones, asociadas a su formación inicial. Cuando la persona empieza a percibirse, asombrada, temerosa, triste, rabiosa ... mientras empieza a ser conciente de que necesita gritar, llorar, o decir no, basta ... todo ello inseparablemente unido a sensaciones de frío o calor, vibraciones involuntarias, corrientes, un nudo en la garganta, las manos rígidas, etc. Empieza a comprender que todo puede ser muy distinto. Que primero siente su boca apretada y luego percibe su rabia, su soledad, y va acercándose a los porqués. Que primero siente que no puede respirar y luego percibe que le asusta llenarse de aire (de vida), porque aumentan sus sensaciones y ya no las puede frenar, y ... comprende que odia y ... porqué, y ... otro día comprende que puede amar. Que primero siente que algo le recorre, como corrientes, y se autopercibe, cada vez más, como un ser energético, como alguien lleno de vida, que hasta entonces ha luchado por enterrar debajo de su corazón” 40.


La arqueología del cuerpo es una metodología reichiana-bioenergética, que permite pensar al cuerpo de las personas desde un registro dinámico y profundo, pero además es un concepto social-histórico, en la medida en que el cuerpo pasa a ser mucho más que un simple portavoz, o un portador de signos o síntomas. Para la arqueología del cuerpo, el cuerpo es el archivo vivo de la biografía de la persona. Y en este sentido es una metodología-conceptual foucaultiana41.
La arqueología del cuerpo facilita visualizar en los caracteres neuróticos (no así en las estructuras psicóticas o fronterizas) una coraza muscular estratificada, con una “buena” organización. Dicha organización se sostiene en un “equilibrio en el desequilibrio”, donde la armadura, la coraza, que se utilizó eficazmente en situaciones anteriores “de guerra” (las situaciones traumáticas predominantes en el desarrollo evolutivo infantil), ya no sirve en el momento actual “de paz” (la vida adulta).

En función de las observaciones clínicas, W. Reich pudo demostrar que las experiencias iniciales no satisfactorias, frustrantes y traumáticas (algunas veces abiertamente agresivas y violentas), permanecen organizadas y estratificadas en el cuerpo, a partir de una dinámica estructural evolutiva céfalo-caudal. El cuerpo aprende a defenderse retrayéndose, a través de la contracción bioenergética. Cualquiera sea el grado de evolución, estas “huellas” permanecen en capas estratificadas del cuerpo y pueden aparecer en el adulto, en su proceso terapéutico, en lugares correspondientes del cuerpo.


El proceso terapéutico a través de la arqueología del cuerpo se realiza ordenadamente, sobre la base del material histórico reactivado y a las pulsiones sexuales emergentes. En términos didácticos dicho proceso puede organizarse en tres etapas o momentos:

a)fase oral: se trabaja con los dos primeros segmentos, el segmento ocular y el segmento oral;

b)etapa anal: se trabaja con el segmento cervical y con el torácico (3er. y 4º segmento);

c)etapa fálico-edípica / fase genital: se trabaja con el segmento diafragmático, abdominal y pélvico (5º, 6º y 7º segmento).

El objetivo de la arqueología del cuerpo (como dispositivo terapéutico) es el de flexibilizar la coraza, buscando el pasaje de su función neurótica, condicionada por el pasado, a una nueva función actual, adulta y genital. Es decir, posibilitar la transformación de su vieja función defensiva a una nueva función coordinadora y expresiva, funcional y operativa.

La flexibilización de la coraza se sostiene metodológicamente en el auto-conocimiento, la auto-expresión y la auto-posesión. El objetivo terapéutico es la auto-regulación, el contacto y el auto-contacto, la empatía emocional y la resonancia vibratoria consigo mismo, con los otros y con la naturaleza en general.


En resumen, el dispositivo arqueología del cuerpo facilita la reactivación de la historia personal, familiar y social de los pacientes, en la medida en que permite visualizar cómo el poder y la cultura (las fuerzas sociales) se inscriben en los cuerpos. Posibilita aprender a leer las formas de los cuerpos, vivenciando el contacto desde lo más superficial a lo más profundo (desde la superficie al interior), y expresándose emocionalmente desde lo más profundo a la superficie. La cartografía corporal será el mapa que nos permitirá entender dinámicamente la relación entre lo somático y lo psíquico, a la vez que nos facilitará la realización de la lectura corporal (expresivo-emocional).

Dicha metodología-conceptual debe complementarse con una adecuada elaboración del material emergente en las sesiones y de una apropiada dinámica relacional creada en el espacio terapéutico (transferencia-contratransferencia, resonancia e identificación vegetativa).

El objetivo general de la arqueología del cuerpo es posibilitar la abolición progresiva del dualismo “cultura”-“natura”, oposición que se manifiesta de diversas formas en los cuerpos de los pacientes (y de los terapeutas) y que está condicionada, en primera instancia, por las condiciones sociales e históricas de existencia. En el proceso terapéutico el paciente, con el apoyo y el respaldo del terapeuta, básicamente se enfrenta a sí mismo y a su historia, a sus fantasmas e inhibiciones, a su incapacidad de sentir y de moverse hacia el placer, destilando lenta y progresivamente, pero en forma sostenida, el conflicto entre natura y cultura en lo más íntimo de su funcionamiento bioenergético-social.

Este conflicto se va a manifestar en la forma del cuerpo, que es, por un lado, la resultante de determinadas circunstancias (experiencias infantiles, relaciones paternofiliales, edades y momentos en que el paciente vivió sus experiencias vitales traumáticas que lo llevaron a bloquearse emocionalmente y a desarrollar determinado tipo de sistema de defensa, obstruyendo así su flujo energético natural), y por otro lado, representa un modo de estar en el mundo (procesos de subjetivación y de singularización)42.




  1. ÉTICA, CLÍNICA y SOCIEDAD: de REICH a DELEUZE*

O tributo de Deleuze e Guattari é também à clínica. Eles ajudam a cortar as amarras do academicismo. A prisão religiosa que acabaram se transformando a maioria dos aglomerados de psicoterapeutas em torno de um mestre qualquer, contribui para o amordaçamento da criatividade. Essa pode ser considerada uma forma de edipianização.



Reich, criador de um novo território, pode servir de exemplo para a construção de um saber próprio. Reich não teve gurus. Ele teve mestres. Ele que não se aglutinou edipianamente em torno do pai. Ele que foi além. Por isso conseguiu ficar independente e manter a sua potência orgástica. Não teve que sacrificá-la a um determinado pai, a uma determinada organização patriarcal cumprindo a profecia - desejar uma mãe que não deseja para manter a vaidade paterna, para manter o narcisismo na roda giratória do seu próprio consumo. Comendo seu próprio rabo. Alimentando-se do vazio. Tornando-se impotente.

Reich aprendeu com Freud. Aprendeu com a psicanálise, e sempre respeitou todas as regras da aprendizagem e de aplicação do método psicanalítico na clínica. Tratou clientes desesperados. Entendeu a ótica do desespero. Captou a importância do ponto de vista econômico. A energia. O afeto. O que anima a alma. Na clínica Reich rompe com o tabu do tocar simplesmente porque sabia o que fazer.

Em se tratando de Reich tudo é animado. Tudo é energia. O afeto é o construtor do psiquismo. O gesto é pleno de afeto, senão ele se mecaniza, se encouraça. Como se ele pertencesse a um outro, a um grande Outro. Se esse gesto se encouraça, fica edipianamente cercado, preso. Reprimido. Esse pai edípico usa a força da repressão para prender e a do recalque para manter preso. Querendo que se deseje uma mãe que não deseja para satisfazer a um pai vaidoso. Mulheres, moeda de troca no capitalismo.

Com os desesperados Reich entendeu que o desejo podia sair de casa. Como Freud fez. Os desesperados lhe diziam que existia alguma coisa além do Édipo. Existia uma multiplicidade de quereres, uma multiplicidade de coisas, uma multiplicidade de idéias...

Reich na sua clínica constrói passo a passo o sentido, recorta o espaço, inscreve o tempo no afeto. Não desperdiça nem uma migalha de afeto. Tudo é importante. Em função da couraça que pode ser tornada móvel ou em função da organização.

A comunicação é intensa. Nada se perde nesse contexto. As sombras são olhadas. O desejo é o veículo. A ética é profunda, é a ética do amor. O amor em função do conhecimento, em função do trabalho. O contrato cumprido. Comprido no sentido do compromisso que ajudar a entender o sofrimento, a transformar a dor e a prisão da couraça em potência. Potência para o trabalho, para o amor, para o conhecimento.

Isso como nos mostra Deleuze e Guattari, sai do âmbito do recalque, sai do âmbito da repressão. Sai da circunscrição do conformismo, do idealismo. O potente é um desejante, um criador, um contestador das inutilidades, do consumismo, do narcisismo. O potente é generoso, é amoroso. Reich nos ajudou a entender que o desejo é inscrito e criador do social...De corpos com órgãos que são tentáculos do amor.

Nesse corpo, os olhos, o primeiro segmento, o primeiro órgão que expressa, que vive. Na psicanálise ele falava era cego, edipiano, na bioenergética ele vive. Ele é energeticamente carregado, ele como expressão do todo, de uma unidade funcional ele expressa o que o desejo quer. O desejo como unidade funcional desse cosmos, dessa vida. Os olhos, é que nos mostra a alma. A janela para o invisível visível para o interior emocional. Nele como um caleidoscópio passa a dor, a ternura, a raiva... Coisas que vem do peito, do meio do corpo, que a boca e a garganta forçam para baixo, para sua descida ao inferno, para sua prisão no peito e muitas vezes diafragmática, ou que a boca e a garganta permitem escapar como coisa ainda... um grito, um suspiro, um arroto. E que no momento da dor ou do alívio são representadas pela palavra, pela idéia. Formam um conhecimento que se torna generosamente repartido, como Jesus com os peixes, em sua unidade funcional.

O órgon que liga, que produz vida. Representado como afeto, como coisa, como palavra. Viajando e animando todo esse corpo dotado de órgãos. Cada célula pulsando, expandindo e contraindo num movimento universal.

Depois vem o segundo segmento representado aqui pela boca. Boca que na psicanálise espera os beijos do papai ou da mamãe. Boca que pode se distorcer num devoramento desvairado, que se perde de rumo, que fica sem energia, que não gosta, só engole. A boca que não está reprimida, que está energeticamente ativa, é aquela que beija, que saboreia, que acalenta e que apaixona, que morde e mordisca.

Do pescoço para baixo, o corpo para a psicanálise das construções edipianas só existe enquanto fabricante de sintomas. É o nó da garganta de Elizabeth, os braços e pernas de Ana, muitos corpos casos clínicos, até Klein dotá-lo de seio bom e seio mau. O pescoço para nós existe, pode ser o que sofreu repressão. Vai do duro narcisista com sua língua que fala sem afeto, sem energia, à descoordenação do esquizofrênico. O pescoço órgão da decodificação, da ponte, do caminho, da sustentação da cabeça, dos olhos, da boca, pode empreender uma busca de sentido.

O quarto segmento, o peito, vulcão do amor, do ódio. Caixa que guarda e resguarda. Que implode quando sob a égide da repressão, que explode fazendo a boca cuspir o fogo de ódio descabido ou a dor da contenção, a angústia. O desalento. É onde ressoa a prisão. Onde o afeto é feito prisioneiro. Quando vive, quando se torna um órgão é o fabricante de danças, de proteção com seus apêndices braços, de colo, de acalento, de paixão, de compromisso num aperto firme de mãos. O peito segmento sabe o que é compromisso.

Depois o diafragma nó de vida. Na virulência dos sucos gástricos há a distorção perversa e o envenenamento do amor. Na prisão da agressividade a divisão, a desorganização. Diafragma sem nó, na potência: sujeito capaz de anelar, de produzir impacto com sua agressividade, produzir enfrentamento, preparar-se para o risco, para o perigo.

O abdômen, sexto segmento, na potência responde como veículo. O intestino com suas voltas pode refletir ou ruminar, dependendo de que polo se encontra, dependendo de que voz vai portar. Pode estagnar ou produzir. Supre ou paralisa.

A pélvis, último segmento, como o olho olha, cria. Movimento ou destruição. Competição pela vida ou pelo poder. Poder que pode ser do eu posso como pode ser do eu quero tudo para mim. Nesse cromatismo a inserção dos movimentos geradores de amor e ódio, produzindo ambição egoísta e ambição generosa. Órgãos genitais: masculino e feminino. O porte das diferenças, o rumo, ou a perda dele. A escolha do prazer adulto ou a não escolha de ficar ancorado numa outra vida, num prazer infantil, na falta de rumo. Na perda de sentido, na violência do abuso sexual, do estupro fálico e do estupro moral. A pélvis e os órgãos genitais fazem um mundo adulto, cheio de compromisso, responsabilidade e alegrias. Através da entrada nesse mundo pode-se dar segurança e vida ao mundo infantil, às nossas crianças. A alegria de viver está interligada ao rumo, à direção, a intenção. A força da direção que na psicose se perde, na perversão se fixa e na neurose se inibe.

Todos esses são órgãos falantes, pulsantes constituintes de uma unidade funcional, representantes de uma unidade funcional. Animados pela energia orgônica, com sua bio lógica universal. Nas máquinas desejantes, potentes, tudo funciona ao mesmo tempo, um mundo de vibrações, de explosões, de rotações. Um mundo de Reich. Um mundo também de Deleuze e Guattari” (Frinea Brandao)43.
La clínica reichiana estuvo marcada desde sus inicios por una práctica responsable hacia la naturaleza y por un discurso comprometido con la sociedad.

W. Reich desarrolló en su intensa vida una fuerte línea de investigación centrada en el amor. Más que un sistema prescriptivo, normativo o meramente ideológico, nos dejó una ciencia (de los cuerpos, de las emociones, de los afectos) que se sostiene en una ética libertaria.



Si las experiencias terapéuticas en la línea reichiana y loweniana me proporcionaron el placer de unir la pelvis con el corazón. Junto con los clásicos anarquistas, Gilles Deleuze, Félix Guattari y Michel Foucault descubrí el placer de desatar los nudos mentales más fuertes de mi formación profesional. Aprendizaje desde la emoción que lleva inevitablemente a correr riesgos en la vida (y esta creo fue mi mayor disolución de coraza posible). Aprender que cada segundo está lleno de posibilidades, y que en cada segundo se puede vivir toda la intensidad posible. Es preciso estar conciente del riesgo y experimentarlo con cada fibra para que un pedazo de coraza se pueda disolver. De Reich a Deleuze pasando por Foucault: vivir orgásticamente, es el arte de vivir que nos asegura evitar todas las formas posibles de fascismo (nuestro principal enemigo).

LA FÓRMULA DEL ORGASMO
Al descubrir W. Reich en 1927, la naturaleza bio-eléctrica de la sexualidad y de la angustia como direcciones opuestas de la excitación en el organismo biológico (expansión placentera y contracción angustiosa), se produce un nuevo cisma en el psicoanálisis. La fórmula del orgasmo, que dirigía la investigación económico-sexual de W. Reich (tensión-carga-descarga-relajación), demostraba ser la fórmula del funcionamiento vital en general.

El psicoanálisis freudiano había dejado de lado la formulación original de que la neurosis resultaba del conflicto entre instinto y mundo exterior (libido-miedo al castigo) y sostenía que resultaba del conflicto entre instinto y necesidad de castigo (libido-deseo de castigo). Este concepto se basaba en la hipótesis de la antítesis entre Eros e instinto de muerte, haciendo pasar a un segundo plano la significación de la represión social. De ahí en más, para el psicoanálisis, existiría una voluntad biológica de autodestrucción. Se dejaba de lado entonces la crítica del orden social, en función de una compulsión biológica del hombre a repetir situaciones de displacer. En términos freudianos, la represión sexual sería luego inevitable y necesaria, para la construcción de cultura ("El malestar en la cultura").

W. Reich, por el contrario, llegaba a la conclusión de la relación existente entre represión sexual, propiedad privada y autoritarismo, a partir de sus estudios de la familia patriarcal, planteando al poder y al placer como dos valores opuestos donde el primero excluye al segundo (“Psicología de masas del fascismo”).
Muchas de las ideas desarrolladas por W. Reich en su intensa vida profesional tienen una vigencia no sólo clínica, sino también social y política. Entre ellas, clínicamente, la de trabajar profesionalmente por la auto-regulación de los cuerpos. El orgasmo es el principal principio natural de auto-regulación. Este concepto se aplica a todas las dimensiones de la vida, ya que el ser humano tiene la capacidad autónoma para realizar equilibrios dinámicos y flexibles en sus modos de existencia: en el trabajo, en el amor, en sus relaciones con la comunidad, en su propio organismo. En la dimensión socio-política las ideas reichianas apuntan a seguir trabajando por la construcción de una democracia real, directa, que Reich definió como la democracia del trabajo y que implica la responsabilidad real de cada persona por su propia existencia y función social.


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