Arqueología del cuerpo. Ensayo para una clínica de la multiplicidad. Luis Gonçalvez Boggio



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ARQUEOLOGÍA DEL CUERPO.

Ensayo para una clínica de la multiplicidad.

© Luis Gonçalvez Boggio

Edcs. TEAB.



Montevideo, 1999.

ÍNDICE:
Prólogo
Capítulos:



  1. El Cuerpo en la Clínica Bioenergética.

  2. La Clínica de la Multiplicidad: Pensando Nuevas Formas. Más allá del Acorazamiento.

  3. Arqueología del Cuerpo.

  4. Ética, Clínica y Sociedad: de Reich a Deleuze.

  5. El Cuerpo en la Clínica Grupal.

  6. La Ética en la Formación y en la Asistencia en Psicoterapia Corporal.

  7. La Ética del Toque en el Trabajo Psicoterapéutico: Resonancia e Interferencia.

  8. Ritmo Interno y Soportes en el Proceso Psicoterapéutico.

  9. La Dimensión Temporal en el Trabajo Clínico.

  10. Cuerpo Amoroso, Cuerpo Libidinal: El Trabajo en la Clínica Bioenergética con el Cuerpo Masculino y con el Cuerpo Femenino.

  11. Sanando la Herida de Nuestra Sexualidad. Un Acercamiento al Trabajo Psicoterapéutico con Personas que Fueron Víctimas de Abuso Sexual Infantil.

  12. La Metodología Genealógica y Arqueológica de Michel Foucault en la Investigación en Psicología Social.


Glosario Técnico.
Bibliografía.

L
UIS GONÇALVEZ BOGGIO

Psicólogo, especializado en Psicología Social Operativa, en Análisis Institucional y en Esquizoanálisis, en clínica individual y grupal desde un abordaje Bioenergético y Reichiano, y en PsicoTraumatología: EMDR -Eye Movement Desensitization and Reprocessing-, EFT -Emotional Freedom Techniques-, TFT -Thought Field Therapy-, TIR -Traumatic Incident Reduction-.

Es coordinador de los cursos de formación del Taller de Estudios y Análisis Bioenergético en calidad de Miembro Didacta, junto a la Dra. Psic. Reolina Cardoso (RS/Brasil) y a la Psic. Zeneide Monteiro (SP/Brasil).

Fue docente de la Cátedra Teoría y Práctica de los Equipos Multidisciplinarios II, de los cursos de especialización en Clínica Bioenergética de la Unidad de Formación Permanente para Graduados de la Facultad de Psicología de la UDELAR. Actualmente se desempeña como docente del Area de Psicología Social en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República en el curso de Psicología Grupal e Institucional, siendo encargado del seminario “El cuerpo en la Clínica Social” y docente de la Cátedra “Introducción a las Técnicas Psicoterapeúticas”, siendo encargado del seminario sobre “Análisis Bioenergético Reichiano”.

Co-fundador del Colectivo de Psicología Política (PsiPo), trabajó en ámbitos comunitarios en proyectos subvencionados por la Swedish International Development Agency (Asociación Sueca para el Desarrollo Internacional).

Músico percusionista e investigador en el folklore afro-uruguayo, fue fundador y docente del Taller de percusión y danza Ashanti, participando actualmente del grupo Elumbé. Ha publicado más de veinte artículos en revistas científicas especializadas en psicología, y en ciencias humanas y sociales, siendo invitado a congresos internacionales en Argentina, Chile, México, Cuba y Brasil.

Publicó los libros “Uruguay, Paredón y Después” (1989; Premio Internacional de la Asociación Latina; Edcs. de la Quimera), “Discurso, poder, ideología e instituciones” junto a Gabriel Eira y a Joaquín Rodríguez Nebot (1990; Edcs. CEUP), “Los cuerpos invisibles” (1996; Edcs. Multiplicidades-CEUP), “Análisis Bioenergético. Devenires corporales de la clínica y de la pedagogía” (1997; Edcs. CEUP) y “Arqueología del cuerpo. Ensayo para una clínica de la multiplicidad” (1999; Edcs. TEAB).
Office: (005982) 308.7565

Home: (005982) 613.7134



e-mail: teablg@yahoo.com



EDICIONES

Imagen de tapa: cuadro del senegalés El Hadji Sy. Pintor del color y del movimiento, es un promotor del arte contemporáneo en el Senegal. Trabaja con grandes telas de paracaídas o de yute (las que usan para los sacos de arroz), a las que cubre con grandes olas de colores.


Imagen interior: fotografía del carioca Rogério Reis. Esta imagen (Homen/Árvore) pertenece a su serie Carnaval na Lona.
A Iara y a Maia.
Agradecimientos:

A Juvenal, Martha y Agustina, por su solidaridad y por el apoyo mutuo.

A los formandos y colegas del TEAB por la entrega, el apoyo mutuo y la alegría puestas en la tarea colectiva.

A Xavier Serrano y a Maite Sánchez Pinuaga (de la Escuela Española de Terapia Reichiana) por su “ecología infantil”.

A François Lewin (Ecole de Psychologie Biodynamique Evolutive de París) por su “música del vientre”.

A los docentes y terapeutas que sostuvieron mi formación y mi práctica profesional: la Lic. en Psic. Sandra Fagúndez (de la Universidad de París VIII), la Dra. en Psicología Social Reolina Cardoso (de la Sociedade Wilhelm Reich RS/Brasil), el Dr. Manoel Brandao, la Dra. Liliana Acero (Directora de la Sociedad Argentina de Análisis Bioenergético y de la Fundación Centro de Biosíntesis), los trainers internacionales Psic. Myriam de Campos y Dip. Pad. Heiner Steckel (del International Institute for Bioenergetic Analysis).

A la Prof. Sylvia Castro y a todos los compañeros del Area de Psicología Social de la Facultad de Psicología, por la posibilidad de seguir compartiendo la experiencia de docencia, investigación y aprendizaje en un clima de libertad, creación, compromiso y responsabilidad en la Universidad de la República.

A los artistas y colegas que han dedicado su tiempo para realizar talleres y conferencias en el seminario “El cuerpo y los quehaceres del psicólogo” con una total entrega y profesionalidad: los músicos-compositores Berta Pereira y Pollo Píriz, los mestres de capoeira Favio Moncalvo y Reginaldo Dos Santos (de la Escuela de Capoeira Mucumbé), los directores de teatro Iván Solarich (de Trenes y Lunas) y Enrique Permuy (de Polizón Teatro), los docentes Edgar Rodríguez y Marta Bonora (de Polizón Teatro), la profesora de expresión corporal-tango Lic. Rosemarie Gaudschöal, los recreadores Hernán Espiga, Aníbal Argimón, Ernesto Izquierdo y Patricia Márquez (de Watanave), el Psic. Social Gabriel Galli, los Orgonomistas Gustavo Bello y Dr. Carlos Vignone (del Campo Orgonómico Montevideano), los Psicoterapeutas Gestálticos Fernando De Lucca y Silvia Cedrani (de Encuentro Gestáltico), María del Carmen Núñez, Cecilia Spagenberg y Sergio Nogueira (del Centro Gestáltico de Montevideo), Salomón Lewin (¡grande Salo!), Rosario Montero, Heber Grunvald, Adriana Hosner, Mabel García y Alvaro Alcuri (de la Casa de Somos), Rosana Bianchi, Marcos Moraes, Gustavo Barone y Gonzalo Gravina (del Espacio de Desarrollo Armónico), la Terapeuta Transpersonal Ana Rubio, la facilitadora en Biodanza Pury Vignoli, los percusionistas de Ashanti (amigos del alma) Martín Gonzalez Zapata, Alvaro Arambarry y Víctor Arambarry, las Lics. en Psic. María Dulce Brando, Rosana Blanco, Nancy Pereira, y Ruben Vidal (del Taller de Estudios y Análisis Bioenergético).




Prólogo *
Al recibir la invitación para escribir este prólogo experimenté un sentimiento muy grande de satisfacción. Este gesto revelaba marcas de mi rayectoria como psicóloga reichiana.Me acordé de nuestro reencuentro en 1997, en el Congreso Interamericano de Psicoterapias Corporales, cuando supe que Luis había escogido el abordaje bioenergético para fundamentar su práctica profesional, a partir de la vivencia de un workshop coordinado por mí en el XXII Congreso Interamericano de Psicología en 1989, en Buenos Aires. A partir de este reencuentro se desenvolvió un intercambio de ideas y de afectos, en el cual observé que el tiempo (diez años) había sido cultivado por Luis como oportunidad de desarrollo (personal y profesional) y los resultados podían ser apreciados en sus producciones, que son expresión viva de su filosofía ética: hacer de la propia vida una obra de arte, una estética de la existencia.

En Arqueología del Cuerpo, el autor se zambulle en la ética foucaultiana de disfrutar de la pasión de lo nuevo, que surge al adentrarse en la pesquisa de los territorios inexplorados. Y un viaje por territorios poco explorados es justamente lo que la lectura de Arqueología del Cuerpo nos proporciona. Nos da la posibilidad de ampliar la noción del cuerpo en cuanto pulsación energética, lo que exige un grado de apertura de nuestra multiplicidad, si no queremos correr el riesgo de analizar cadáveres y no cuerpos. Nos transmite además la necesidad de recuperar la dimensión histórico-social de la Psicología Social Reichiana, un aspecto extremadamente importante, pero que en la actualidad ha sido descuidado tanto en la clínica reichiana individual como en la grupal.

Luis Gonçalvez, con sus profundas reflexiones, nos lleva a recorrer el camino histórico-social señalado por Wilhelm Reich, en conexión con las contribuciones de Michel Foucault, de Gilles Deleuze y de Félix Guattari. De esta manera estructura una metodología de Análisis Bioenergético Reichiano, para pensar al cuerpo como un proceso social e histórico.

El conocimiento vivenciado a través de su práctica profesional es comunicado sin esfuerzos, como parte de un proceso creativo inmerso en lo cualitativo de la vida.

En la lectura de Arqueología del Cuerpo aprendemos que el cuerpo es social y tiene movimiento, el cual puede ser bloqueado por la represión, por la institucionalización de los archivos vivos de nuestras experiencias traumáticas-nuestros cuerpos.
Dra. en Psicología Social Reolina Cardoso, Setiembre de 1999.



  1. EL CUERPO EN LA CLÍNICA BIOENERGÉTICA *

La clínica bioenergética desarrolla una línea de investigación científica que posibilita trabajar, en un contexto terapéutico, cómo se inscribe el orden cultural en nuestros cuerpos.


Alexander Lowen (1910) definió al Análisis Bioenergético como el estudio de la personalidad humana en función de los procesos energéticos del cuerpo. El análisis bioenergético reichiano (que desarrollamos en el Taller de Estudios y Análisis Bioenergético) no se limita exclusivamente al tratamiento terapéutico, sino que procura entender la personalidad humana en función de la situación social en que se produce.

Lowen (en la actualidad tiene 89 años) fue profundamente influenciado por las ideas de Wilhelm Reich (1897-1957), quien fue su profesor durante 15 años (1940 a 1954) y su analista durante 4 años (1942 a 1945).

El análisis del carácter fue la gran contribución de Reich a la teoría psicoanalítica. Para Reich el carácter neurótico era el suelo fértil en que se desarrollaba el síntoma neurótico, para lo cual el análisis debía focalizarse en el carácter y no en el síntoma, para efectuar una mejora substancial. El fracaso del psicoanálisis en alterar el carácter, Reich se lo adjudicaba a la desconfianza del cuerpo y a la sobrevaloración técnica de la racionalidad y el verbalismo.
W. Reich entendió lúcidamente los caminos de la represión sexual, desarrollando una serie de técnicas para combatirla en la clínica. Desarrolló una técnica (la vegetoterapia caracteroanalítica) que permitió integrar el cuerpo real en el proceso terapéutico, a través del análisis del proceso de acorazamiento en la historia y el presente de los pacientes.

La coraza somática surge en el infante al producirse una contracción de los músculos y los tejidos del cuerpo como forma de bloquear sus deseos y afectos, y de protejerse de las puniciones y frustraciones del mundo exterior. Permanece crónicamente como una necesidad de los niños de aceptar las actitudes y las condiciones de educación antinaturales determinadas por los adultos, aprendiendo así a adaptarse o a conformarse reprimiendo sus deseos y su expresión afectiva. Cuando más rígida es la coraza menos flexible es el comportamiento frente a las situaciones nuevas.

El tipo de coraza específico (holding together, holding on, holding up, holding in, holding back) está determinado por las situaciones traumáticas predominantes en el desarrollo evolutivo del niño y configura así el carácter específico del individuo en el futuro (la estructura de carácter). La reducción de la motilidad y de la funcionalidad orgánica reducen posteriormente en el adulto la entrega total orgástica (el libre fluido y la expresión de la vitalidad psico-corporal), en la medida en que la coraza pasa a tener una doble función de protección contra el exterior y contra el interior: nada puede salir ni entrar sin su control. Se instala así en los cuerpos el temor al contacto real. A través de la armadura caracterial y de la coraza somática se comienza a desarrollar las formas de contactos sustitutos.

A diferencia de estos pseudocontactos el contacto profundo es un estado bioenergético de percepción ampliada, donde hay una conexión profunda del mundo externo y el mundo interno del sujeto. Reich nos habla de contacto con relación al grado de potencia orgástica del individuo: su capacidad de abandonarse, libre de cualquier inhibición al flujo de la energía biológica, su capacidad de descargar completamente la excitación sexual reprimida, por medio de movimientos involuntarios y agradables convulsiones del cuerpo en el “abrazo genital” 1.


Como lo desarrollaré en el capítulo sobre arqueología del cuerpo si se desea cambiar el carácter no basta con hablar acerca de mis relaciones o sensaciones. Ellas precisan ser experimentadas y expresadas. El cuerpo, al mismo tiempo, debe liberarse de sus tensiones musculares y de sus constricciones caracteriales a partir del movimiento expresivo emocional.

El analista bioenergético reichiano busca, por lo tanto, una comprensión sistemática de la estructura y los trazos caracteriales tanto a nivel psíquico como a nivel corporal. Con esa comprensión el terapeuta está en condiciones de imaginar la historia de la persona, ya que sus experiencias de vida están estructuradas en su cuerpo, para lo cual se trabaja a partir de la identidad funcional entre la coraza caracterial y la coraza muscular, entre emoción y energía y entre los procesos fisiológicos y los procesos psicológicos.

Este abordaje busca una unificación total del cuerpo y sus emociones; aunque despertar recuerdos no es cosa importante en el análisis bioenergético reichiano sino se presentan con las correspondientes emociones. En ausencia de los afectos, el movimiento en terapia se vuelve mecánico y las ideas se convierten en abstracciones.
El trabajo corporal pasa a ser un eje fundamental del proceso (ya sea en la prevención, en la psicoterapia breve -caracteroanalítica-, o en el análisis). Es importante aclarar que no todos los trabajos son recomendados para todos los cuerpos, para lo cual es necesario tener una postura ética que introduzca órdenes discriminatorios.

En la prevención (ejercicios bioenergéticos para la salud)2 el objetivo del trabajo es aumentar la sensibilidad y la espontaneidad del cuerpo aprendiendo a vencer el miedo al movimiento y a las experiencias placenteras. No se busca una expresión artística o mecánica sino liberar tensiones, emociones congeladas y energetizar al cuerpo. A través del training bioenergético se posibilita específicamente, un equilibrio entre la tensión y la relajación, entre la carga y la descarga de energía, entre la producción y el uso de la misma, buscando aumentar los niveles de tolerancia al estrés a través de la adquisición de nuevas experiencias en lo que respecta a los movimientos del cuerpo.

Si bien algunos ejercicios pueden parecer al principio duros y tensionantes, el dolor disminuye crecientemente con la relajación y a medida que se abren los canales de la autoexpresión (la voz, la mirada, el movimiento). A medida en que se restaura el camino de los sentimientos en el cuerpo, esencialmente a través del centramiento en la respiración, del enraizamiento en la tierra, de la vitalización y armonización a través de la producción de vibraciones y movimientos involuntarios, las defensas narcisistas comienzan a disminuir, generándose naturalmente una necesidad de un contacto más profundo con la naturaleza. A fin de revertir los procesos de acorazamiento se debe flexibilizar además la estructura de carácter, con el fin de producir la movilidad sexual y social necesaria para poder mantener un nivel de energía económico saludable dentro del organismo.
En el análisis bioenergético reichiano, como señalé anteriormente, el objetivo terapéutico implica un doble trabajo caracterial y corporal. Los bloqueos que aíslan y separan el campo psicológico del somático no se superan sólo por el conocimiento de los procesos energéticos del cuerpo. Para ello es necesario combinar el principio de una actividad en un nivel somático con un procedimiento analítico en un nivel psíquico. La unidad del método está garantizado por la atención al carácter, que expresa tanto los aspectos psicológicos como biofísicos de la personalidad.

En el análisis bioenergético reichiano que desarrollamos en el Taller de Estudios y Análisis Bioenergético seguimos los principios científicos desarrollados por Wilhelm Reich, tomando en cuenta los aportes de los autores post-reichianos (E. Baker, O. Raknes, F. Navarro, P. Boreli, X. Serrano, M. Sánchez Pinuaga, R. Cardoso). Los mismos los complementamos con la originalidad de las investigaciones y pesquisas de los autores neo-reichianos (A. Lowen, J. Pierrakos, D. Boadella, S. Keleman, A. Brennan, G. Boyesen, L. Acero, entre otros).


La clínica bioenergética reichiana nos propone una lectura del cuerpo en siete niveles unidos, ligados entre sí y articulados funcionalmente como los anillos de un organismo primitivo segmentado. Estos acorazamientos segmentados en forma de anillos (ocular, oral, cervical, torácico, diafragmático, abdominal y pélvico) son perpendiculares al torso y a la columna vertebral. El exceso o la deficiencia de carga energética y las disfunciones tónicas en estos niveles, comprometen el funcionamiento del organismo en su totalidad, provocando perturbaciones funcionales y síntomas, pudiendo derivar con el pasar del tiempo, en lesiones orgánicas.

El psicoterapeuta bioenergético reconoce la existencia de esos bloqueos, elucidando el porqué de esas disfunciones, su origen histórico y simbólico, buscando establecer un equilibrio en la economía energética en la persona a través de la movilización del cuerpo. El proceso de acorazamiento evoluciona de un modo organizado (céfalo-caudal) teniendo una configuración segmental. En términos reichianos podemos decir que dicho proceso de acorazamiento contiene la historia y la significación de los orígenes traumáticos, guardando además los recuerdos de estas situaciones.


Las tensiones musculares crónicas están directamente relacionadas con la función biológica del placer, ya que al inmovilizar al cuerpo reducen nuestra capacidad de sentir placer.

Sabemos que las personas varían en cuanto a su capacidad de excitarse y de contener la excitación y que estas diferencias pueden ser relacionadas con los patrones de tensiones musculares del cuerpo, que determinan la estructura de carácter de una persona. Todo grupo de músculos con tensiones crónicas representa un conflicto emocional no resuelto y probablemente reprimido. La tensión es consecuencia de un impulso que busca expresarse y encuentra un freno basado en el temor, representando una actitud negativa (“no lo haré”, “no me doblegarán”, “no puedo”, etc.). Expresando concientemente esta actitud negativa se libera al músculo de la tarea de bloquear inconcientemente el impulso3. A través de movimientos específicos para cada segmento, que el psicoterapeuta le sugiere al paciente se busca reducir las tensiones y restaurar el proceso de auto-regulación del organismo.

El principio de la terapia bioenergética reichiana es muy simple: desbloqueando las tensiones musculares crónicas que interfieren en el libre fluido de la energía por el cuerpo, estamos restableciendo en su funcionamiento su capacidad natural de amar. En la práctica, este principio básico no deja de tener dificultades, siendo su aplicación instrumental extremadamente compleja.
En la clínica bioenergética reichiana seguimos esencialmente tres rumbos estratégicos:


  1. acentuar el impulso básico del organismo a través de la movilización de la energía, por medio de la respiración y de posturas de tensión que aumentan la tolerancia al estrés;

  2. trabajar directamente sobre los músculos espásticos para liberar las contracciones;

  3. mantener la cooperación del paciente, trayendo a luz y superando sus resistencias al proceso terapéutico y al cambio4.

El trabajo analítico con las tensiones musculares crónicas (la coraza muscular) es abordado además en tres niveles:



  1. su historia u origen en la infancia;

  2. su significado actual en relación con el carácter de la persona;

  3. su efecto sobre el funcionamiento corporal5.

Esta visión holística de la coraza somática (y su identidad funcional con la coraza caracterial) puede producir cambios profundos en el cuerpo del paciente, y que éstos tengan efectos duraderos.




  1. LA CLÍNICA DE LA MULTIPLICIDAD:

PENSAR EL CUERPO CREANDO NUEVAS FORMAS,

MÁS ALLÁ DEL ACORAZAMIENTO*.
En la clínica el concepto de cuerpo no es parejo, uniforme o unívoco.

El cuerpo del paciente en la clínica psicoanalítica (en una posición más o menos ortopédica) es un productor de síntomas que funciona como caja de resonancia dispuesto a vibrar toda vez que algo significativo fuera disparado en el discurso, en función de una re-memoración. Esto, por lo general, implica una concepción de inconciente (reprimido), de deseo (infantil) y de sexualidad (incestuosa) que deriva a su vez, inevitablemente, en el problema de la culpa y de la castración.

Lo mismo sucede con el cuerpo teórico de la medicina y de la psiquiatría (en particular): en función de un modelo de cuerpo-soma su práctica deriva en el estudio de la anatomía, de la fisiología, de la psicopatología, etc., pero no se estudian los procesos energéticos como fuerzas vitales de la expresión emocional, ni las formas histórico-sociales que adopta la producción de los cuerpos.

Sin embargo, es posible pensar y vivir los cuerpos desde otra potencia: la fuerza en que se manifiestan en los cuerpos las intensidades afectivas. Para lo cual se hace necesario transversalizar los cuerpos a partir de las dimensiones bioenergéticas e histórico-sociales.

Esta afirmación impica una actitud clínica que se sostiene en la movilización del pensamiento a través de la potencia de la experimentación (que es la que va posibilitando, o exigiendo, los procesos de afectación en curso)6.
Desde una clínica de la multiplicidad el cuerpo será siempre una vía para la afirmación de la vida, aunque dicha vía está atravesada, (en términos foucaultianos) por las marcas de los saberes, las prácticas sociales y las estrategias biopolíticas. Las marcas de la historia personal (historia psicosexual e historia social), no son otra cosa que las huellas que los cuerpos institucionales disciplinarios (la familia, la escuela, los hospitales, las cárceles, etc.) y las significaciones sociales (modas, clasificaciones, categorizaciones, etc.) dejan en nuestros cuerpos. De ahí la necesidad de transversalizar la problemática del cuerpo abriendo una reflexión sobre su dimensión (micro) política.

El advenimiento del inconciente, en esta clínica bioenergética y social, se realiza transversalizando en su potencialidad deseante y productiva:



  1. la complejidad de la producción deseante;

  2. la potencia actual de los encuentros y de la experimentación;

  3. la intensidad bioenergética de los contactos y su resonancia.

Es decir, es una clínica que se produce:

*más allá de la reiteración de las escenas familiares, de la interferencia de la transferencia, y de la solemnidad y el encierro de una interpretación que, por lo general, “encuentra lo que busca”;

*más allá del inconciente individual o grupal aislado de su contexto social e histórico.


Si bien las experiencias primarias (arcaicas) son fundamentales en el desarrollo evolutivo y en el proceso de acorazamiento, para la clínica bioenergética y social, el inconciente se va estructurando, desestructurando y reestructurando a lo largo de toda la vida, en función de los distintos flujos sociales que constantemente lo atraviesan y transforman. Es necesario para ello tener en cuenta que en cualquier lugar y en cualquier encuentro hay una dimensión clínica: dimensión ética de la convivencia (del día a día), donde las relaciones o son terapéuticas o son violentas, aunque algunas veces operen en algún lugar y produzcan efectos en otro. La clínica grupal de la multiplicidad es, en este sentido, una clínica ampliada y extensiva que funciona de una manera diferente en la singularidad de cada grupo, ampliándose permanentemente a todas las dimensiones que sean necesarias.
Esta dimensión clínica de la multiplicidad no puede pensarse escindida de la crisis que viven los cuerpos en la actualidad. Transversalizar los cuerpos en la clínica nos va a permitir pensar la crisis y no necesariamente administrar sus efectos: los cuerpos cansados, estresados, humillados, abusados, violentados, descompensados, enfermos, sin ganas de vivir y sin proyectos colectivos.

El acontecimiento clínico no se limita, por lo tanto, al setting terapéutico, sino que ocurre entre el terapeuta y el paciente (sus capacidades de afectar y de ser afectados) y en relación directa con lo histórico-social. Su puesta en movimiento posibilita un contacto con la energía vital, creando nuevas formas más allá de los procesos de acorazamientos sociales.


Sin querer caer en maniqueísmos creo que la clínica puede ejercerse desde dos lugares:

  1. desde la Potencia: nuestro núcleo biológico, nuestra fuerza transformadora instituyente, nuestros movimientos de pulsación auto-reguladores, que se manifiestan en los encuentros terapéuticos cuando son removidos los bloqueos de la coraza; y

  2. desde el Poder: la profesionalidad de los saberes hegemónicos instituidos, la Potencia capturada y desgastada por los engranajes de la maquinaria estatal y comercial en instituciones burocráticas y sedentarias.

Es oportuno precisar que la clínica bioenergética y social no prescinde de la técnica ni de la teoría, pero las mismas se resignifican permanentemente en cada encuentro. Produciéndose como escenas de la multiplicidad, la clínica bioenergética y social será, por lo tanto, un fenómeno a desplegar entre subjetivaciones en constante transformación creativa. Un inconciente por-venir, único y singular que se sostiene en los procesos de singularización y en la producción de subjetividad en el encuentro.


¿DE QUÉ CUERPO HABLAMOS EN LA

CLÍNICA BIOENERGÉTICA Y SOCIAL?
EL CUERPO COMO PULSACIÓN
W. Reich fue quien definió una línea de investigación que abrió el camino para la dilucidación de todo fenómeno individual, natural y social como proceso energético y social.

En 1934 W. Reich demostró en la Universidad de Oslo, a través de registros oscilográficos del potencial dérmico en las zonas erógenas según condiciones de estimulación productoras de placer o displacer, que el potencial eléctrico de la superficie de la piel se alteraba con las emociones. Sus investigaciones de laboratorio mostraban la existencia de una correlación profunda entre las sensaciones psíquicas y los movimientos energéticos.

Cuando la zona erógena (labios, pezones, palmas de las manos) recibía una estimulación placentera, aumentaba el potencial dérmico de estas áreas conforme lo registraba un oscilógrafo colocado en otra sala. La carga en la superficie de la piel aumentaba, recibiendo un mayor flujo de sangre en la zona excitada, disminuyendo la presión interna, dilatándose los vasos sanguíneos, acalorándose la piel, y facilitándose la descarga en el mundo exterior. Es decir, que cuando el organismo recibía una excitación agradable, se producía un movimiento centrífugo que iba del centro del organismo a la periferia (expansión bioenergética, equivalente a la sensación psicosomática del orgasmo).

Cuando la zona erógena recibía un estímulo displacentero (presión o miedo) se producía una marcada disminución en el potencial de la piel. Disminuía la carga en la superficie (reflujo en la sangre, contracción en los vasos sanguíneos, empalidecimiento de la piel). Es decir, que cuando el organismo recibía una excitación desagradable, se producía un movimiento de retorno al cuerpo propio, una remoción centrípeta que iba de la periferia al centro del organismo (contracción bioenergética, equivalente a la sensación psicosomática de angustia)7.

A partir de estas investigaciones, se puede afirmar que el movimiento de energía del centro del organismo hacia la periferia es funcionalmente idéntico a la expansión biológica y a la percepción psicológica del placer (sexualidad-orgasmo) e inversamente, el movimiento energético de la periferia para el centro del organismo es funcionalmente idéntico a la contracción biológica y a la percepción de displacer (ansiedad-angustia)8 -ver figura 1-.

Figura 1: Movimiento expresivo-emocional de la pulsación



Movimiento fisiológico

Emoción

Corriente bioenergética


Movimiento centrífugo del núcleo a la periferia



Placer

Expansión



Movimiento centrípeto de la

periferia al núcleo

Angustia

Contracción

Actualmente en la Universidad de Boulder (Colorado, EEUU) se confirmó esta línea de investigación reichiana al poder observarse células vivientes con un microscopio eléctrico de alta definición: cuando el medio en el que vive una célula es negativo (estamos hablando de células de todo el organismo vivo), ésta se contrae, cambiando de forma para guardar el máximo de energía para poder vivir (estrategia de sobrevivencia). Si las condiciones mejoran, la célula retorna a su forma original, pero si el medio permanece hostil, la contracción queda instalada.

Federico Navarro lo plantea de esta manera: “el disturbio de la función biológica de la pulsación plasmática (ritmo biológico) que tiene el cometido de enviar energía del centro a la periferia y que se encuentra en las biopatías, está determinado por la deficiencia, estasis o por el exceso de descarga energética celular consecuente con la contracción crónica del aparato autónomo. Refiriéndonos a la experiencia de Boulder podemos deducir que la contracción es debida a modificaciones del ambiente celular negativos para la vitalidad celular. ¿Cuál es, entonces, la causa de todo esto? Es la emoción miedo” ... “La emoción primaria de tipo negativo es el miedo. El miedo (que en el fondo es siempre miedo de morir o de no vivir agradablemente) está en la base de toda patología como elemento determinante y/o desencadenante de la condición de contracción, como mecanismo de defensa ... El fenómeno emocional está ya presente en el campo preverbal y cuando no hay manifestación somática, la emoción queda impresa o reprimida en la conciencia; pero siempre presente en el organismo” 9.
Tal como sucede con la célula y el medio que la rodea, si el hombre se encuentra en un medio social difícil o amenazador, se contrae (se cierra) aumentando sus defensas habituales según su carácter. En la interacción social esto se manifiesta con un endurecimiento físico y emocional.

Los disturbios de la pulsación provocados por la cultura a través de sus instituciones, terminan siendo vividos luego como propios. Los disturbios del ritmo natural de pulsación energética del organismo (contracción-expansión; carga-descarga; tensión-relajación) son, en la línea de investigación reichiana, la base de la estructura caractereológica del hombre.

Como decía anteriormente, a partir de las investigaciones del fenómeno psicogalvánico estudiado por W. Reich y colaboradores, podemos entender que la pulsación bioenergética y la expresión emocional están indisolublemente ligadas.

En los cuerpos contraídos la energía no pulsa lo suficiente para conseguir nuevas tonalidades con los otros cuerpos.

En las crisis sociales aumentan sucesivamente las defensas. Pero este proceso lleva, a su vez, a un endurecimiento físico y emocional, que se instituye como violencia contra la propia corporalidad, y que es correlativo al aumento de la indiferencia y al aislamiento social hacia los otros. El mismo puede derivar, en función de los altos grados de presión y de estrés de la vida cotidiana actual, en actos de violencia hacia sí mismo o hacia los otros10.

Las dictaduras de América Latina se caracterizaron por el hecho de buscar abolir lo inabolible: el movimiento. El eje de su acción concertada en todo el continente consistió en suprimir los derechos de los que intentaban generar una ética política del movimiento (para pensar críticamente, para resistir lo inhumano: el hambre, la tortura, etc.).

Los cuerpos que no se inmovilizaban, desaparecían. Lo vivimos en la dictaduras militares en las que la mayor parte de la población del continente tuvo que desarrollar estrategias de sobrevivencia, en donde se miraba sin ver y se oía sin oír. Pero lo vivimos también en la actualidad en función de una situación económica recesiva y desestructurante. La misma genera desequilibrios crecientes entre los sectores sociales, a partir del pasaje permanente de los flujos de energía desde las regiones dominadas a las dominantes, en donde los propios gobiernos nacionales van perdiendo paulatinamente la propia infraestructura de su poder.

Las dictaduras militares se sostuvieron a partir de un régimen de complicidad civil de cuerpos inmóviles y aterrados. Y en eso sigue habiendo una continuidad: las democracias actuales han demostrado ser más eficaces aun a la hora de domesticar los cuerpos, aunque la propia domesticación se siga desarrollando en medio de una lógica para la sobrevivencia.

La dictadura tuvo claro cual era el límite: el pensamiento crítico, el discurso solidario. Limitando esas potencias en acto se fomentó e intentó propagar una cultura de la domesticación y del pacto con la sociedad civil (¿recuerdan el “por algo será”, tan argentino, tan uruguayo?): callar, pactar, delatar o desaparecer. Sobrevivir en la clandestinidad fue uno de los devenires imperceptibles de la marginalidad social y de los márgenes políticos durante más de una década.
Sin embargo cuanto mayor sea la pulsación de energía y más amplia sea la red de encuentros instituyentes, mayor va a ser la probabilidad de que entre los cuerpos se generen campos energéticos vitales, que puedan producir condiciones para recrear y transformar las crisis sociales, posibilitando, de esta manera, la efectuación de nuevos modos de subjetivación que posibiliten contraefectuar lo instituido. Los más de 500 años de resistencia de una cultura que aun lucha en el continente contra su destribalización anticomunitaria, es uno de los antecendentes ideológicos de una ética y de una estética de lo corporal. Su potencia cultural (basada en una ética democrática, autogestionaria y libertaria, y en una estética de las pasiones alegres) es un analizador natural de la posibilidad de recuperación del cuerpo deseante.
EL CUERPO COMO ANALIZADOR y COMO REGIMEN DE AFECCIÓN
Los cuerpos son los analizadores naturales11 por excelencia, constituyendo un verdadero campo de intervención y análisis. Campo de análisis y de intervención que, como territorio en donde se anudan variables fantasmáticas e institucionales, sus síntomas serán reveladores de una dinámica y una fantasmática al mismo tiempo grupal e institucional12.
Sabemos que los cuerpos tienen, en sí mismos, un valor instituyente: resisten o se ponen en juego a través de los síntomas; convocan a nuevas experiencias y generan espacios enunciativos y expresivos o invitan a la repetición de los instituidos dominantes.

Como ya sabemos, las instituciones producen y reproducen relaciones sociales a partir del encuentro de distintas fuerzas, instituidas e instituyentes.

Los ojos son las ventanas del cuerpo. Las instituciones tienen ojos y, como en los humanos, son las puertas que conducen al alma. Los ojos institucionales son los grupos y a partir de ellos, es posible ver cuáles son objeto y cuáles son sujeto de la misma13.
Los cuerpos instituidos son aquellos que han digerido, hasta en los gestos, las reglas formales e informales de la institución. Son los cuerpos de la regla institucional y están sometidos al lugar que la ley dominante les impone. Su discurso se transforma, por lo general, en un disco rayado (vacío, abstracto, burocrático, poco arriesgado, etc.) que no sólo soporta sino que también sostiene la verticalidad institucional. Su reconocimiento de la diferencia, cuando la hay, está puesto en juego solamente como un preludio para la reproducción institucional, o en el contexto de alianzas para posicionarse en las estructuras de poder-saber (la mayoría de las veces buscando un provecho personal). Sus patrones energéticos están relacionados a matrices neuróticas de resignación y obsecuencia, en donde nunca faltan ni el oportunismo ni los dobles discursos, en la medida en que participan (como cuerpo) de la manutención del “mundo” político-jurídico-administrativo. Sus movimientos se dirigen a la búsqueda de reconocimiento jerárquico y hacia la acumulación y lucha por el poder, por lo que no llama a sorpresa que sus agenciamientos deriven en conexiones (y usos) con otros cuerpos tristes.
Los cuerpos instituyentes, por su parte, buscan un desprendimiento de lo establecido, de lo social dado. Pueden denunciar a lo interno las determinantes que los mueven, convirtiéndose en elementos polifónicos de enunciación deseante y de creación institucional. Desarrollan estrategias que pueden involucrar, inclusive, su propia desaparición. Al mismo tiempo que pueden desarrollar una amplia generosidad (basada en una ética de los encuentros) intentan, una y otra vez, la efectuación de lo deseado. En su movimiento nómade e intempestivo, por lo general escapan a los lugares preparados y preformados para la grupalidad: las estructuras jerárquicas, los vínculos preestablecidos, los embanderamientos reductivos, etc. Sus patrones energéticos posibilitan el desarrollo de líneas de creación institucional a partir del azar, del contagio, del accidente, de la simpatía, posibilitando nuevas formas de agenciamiento y de afección, gastando poca o ninguna energía en el mantenimiento de sus “pertenencias”, en el doble sentido del término.
Estos cuerpos están en permanente relación, a través de procesos heterogéneos y de conexiones complejas. Las mismas pueden ser entendidas como un campo de fuerzas, disputado a su vez, por una pluralidad de fuerzas en relación de tensión unas con otras. De esta manera, cualquier relación de fuerzas constituye un cuerpo al entrar en relación, ya sea éste biológico, social, político, etc.
¿Cómo democratizar un cuerpo institucional?

La democratización de los cuerpos no puede basarse ni en la reproducción de la centralidad opresiva del Estado en los intersticios de la periferia, ni en la reproducción de nuevos centros con viejas líneas jerárquicas.

El grado de democratización de los cuerpos se puede deducir en función de los procesos de apertura y conexión con un afuera (en el sentido foucaultiano del término), en donde la propia institución no se aterrorice por los movimientos de los agenciamientos horizontales. Este quizás sea uno de sus capitales más importantes, y no necesariamente las estrategias sistemáticas de eliminación de la verticalidad (característico de algunos movimientos instituyentes que terminan “endureciéndose” y “fijándose” en su propia retórica discursiva).

El propio ejercicio del poder no es un problema menor en los regímenes de afectación de los cuerpos. ¿Dónde está el poder real de una institución (no sólo su poder manifiesto)? ¿Cuál es mi relación con el poder? ¿Qué poder ejerzo y cómo lo ejerzo? ¿De qué poder he sido despojado? ¿Quién toma por mí las decisiones?

Investigaciones realizadas por el Prof. Dr. Karasek de la Universidad de Columbia de los E.E.U.U., demostraron que el grado de estrés laboral no dependía directamente del número de horas que se trabajaba, sino de la manera como se trabaja. Por ejemplo: los empleados que pueden ejercer poco control sobre la forma de realizar sus trabajos, aquellos que tengan pocas oportunidades de tomar decisiones, se hallan mayormente expuestos a factores de riesgo para contraer enfermedades cardíacas y/o gastrointestinales. Con qué grado de libertad se mueve una persona en su trabajo, y cuánto de su quehacer responde a la posibilidad de concebir nuevas ideas y llevarlas a la concreción, a través de una realización colectiva compartida, influye notablemente sobre la salud de un trabajador. En este sentido es importante poder generar líneas de creatividad a partir de métodos simples, como la posibilidad de que las personas generen y terminen los productos que conciben, “reconciliándose” así, libidinal y genitalmente, con el producto creado.
El cuerpo es social y como todo cuerpo social, tiene movimiento. La naturaleza de este cuerpo social es esencialmente energética (la incorporalidad del entre medio)14 e implica siempre:

*distintas velocidades: temporalidades cronológicas, temporalidades intensivas, cambios de ritmos imprevistos, etc.;

*distintas relaciones de fuerzas: entre grupos nómades y grupos sedentarios, entre cuerpos instituyentes y cuerpos instituidos, entre grupos sujetos y grupos sometidos, etc.;

*distintas estrategias: el calco, el modelo, la repetición, la burocratización, por un lado, la deriva, el contagio, las conexiones complejas y heterogéneas, por el otro.

*distintas mezclas: para G. Deleuze los cuerpos son causas, unos en relación con los otros, unos para otros, pero ¿de qué? Son causas de efectos incorporales: acontecimientos15.
Desde esta concepción, la grupalidad emerge así no sólo como una de las formas posibles de subjetivación, sino como una máquina en donde se despliega una potencia: la de afectar y ser afectado. El régimen de afección es lo que determina entonces los planos de corporeidad. Siendo el cuerpo no algo dado, evidente, sino algo que hay que descubrir (cuerpos invisibles, invisibles sociales, violencia invisible entre los cuerpos, etc.)16.

Los grupos pueden ser pensados desde este régimen (el de las afectaciones corporales) como la dimensión en donde se componen y descomponen las singularidades. Por ejemplo: ¿Qué devenires minoritarios habilita esta grupalidad? ¿Cómo se mezclan los cuerpos? ¿Cuáles son los nuevos lenguajes que se despliegan? ¿Qué denuncias permite que se sostengan sin caer en la marginalidad institucional ni en lógicas burocráticas-administrativas? ¿Qué movimientos se desarrollan más allá de las trayectorias habituales de los recorridos organizativos?


¿Qué es lo que puede tu cuerpo más allá de las funciones disciplinarias? ¿De qué afectos es capaz? Son las preguntas spinozianas que incentivan el desarrollo de los cuerpos (su poder de afectación) y su implicación en las redes fuerzas actuales.
EL CUERPO COMO POLÍTICA
Los cuerpos son actualmente imagen y escenario de una multiplicidad cada vez más vertiginosa. Por eso cada cuerpo puede ser pensado como una historia-acontecimiento. Estamos hablando entonces del cuerpo como política, en donde se pone en juego el campo social en forma inmanente: ¿Cómo se inscribe el orden social en el cuerpo libidinal? ¿Cómo es investido el campo social por los flujos de energía que en él se desplazan? Es imprescindible para la clínica bioenergética y social desarrollar una línea de análisis e intervención que posibilite mostrar e investigar cómo se inscribe el orden, la disciplina y el control en nuestros cuerpos17.
Para analizar la escalada del fascismo en su época y su manera de canalizar la energía de las masas, W. Reich (después de Freud y de otra manera)18 abordó la cuestión de los procesos energéticos sociales. El fascismo trabajó sobre muchos mecanismos de la psicología de masas, en donde funcionan más activamente los componentes autoritarios, que se alimentan (según Reich) de la sexualidad reprimida.

¿Cómo el orden instituido se corresponde con la energía social estabilizada? ¿De qué manera llegan a ser las instituciones el lugar de la energía ligada?19

En términos spinozianos: ¿cómo los hombres pueden luchar por su servidumbre y esclavitud como si se tratara de su libertad e independencia?
Deleuze y Guattari lo afirman a su manera: no podemos disociar la economía sexual de la economía social, para lo cual será necesario analizar la relación entre cuerpos, organizaciones y energías sociales.

El estudio bioenergético de las organizaciones, pone en juego que las organizaciones cerradas en sí mismas están condenadas a la muerte, a excepción de que capten energía externa, teniendo necesidad de flujos de energía gratuita que agotan sin ser capaces de regenerar. En las primeras organizaciones en las que vivimos, nuestro deseo se inviste de orden y disciplina. En este nuevo orden mundial, la organización capitalista no conoce más que una ley: la expansión o el debilitamiento (y la expansión se realiza por una extracción previa y generalizada de energía). Así como hablamos de cuerpos instituidos y cuerpos instituyentes también podremos hablar de energía ligada (sociedad instituida) o energía libre (sociedad instituyente)20.

Socialmente todo sigue hecho para que el cuerpo libidinal, habitado por energía libre, se transforme finalmente en un cuerpo productivo cada vez más sobrecodificado por el consumo21 (cuerpo cronometrado del atleta, cuerpo anoréxico de la adolescente, cuerpo robotizado del trabajador, etc.) y los técnicos no escapamos de este requerimiento adaptativo.
Los procesos sociales autoritarios se apoyan y alimentan de instituciones represivas y burocráticas. En nuestra sociedad la disciplina también está dando lugar al control.

Las disciplinas, aquel conjunto de técnicas de control corporal que apuntan a una cuadriculación del espacio, del tiempo y de los movimientos del cuerpo humano, van dejando lugar a nuevas técnicas que amplían la vigilancia.

Las técnicas de control ya no se realizan necesariamente en panópticos ni en espacios cerrados, sino que tienden a insertarse en la vida cotidiana, eliminando distinciones entre lo público y lo privado.

¿Cómo y dónde usaste tu tarjeta de crédito? ¿Qué libros sacaste de la biblioteca? ¿Hacia donde viajaste? ¿Qué préstamo sacaste? Conversaciones y cuentas telefónicas, huellas dactiloscópicas, actividad de la tarjeta de crédito, ficheros de bibiotecas (como en la película Seven «Pecados capitales» de David Fincher), rutas de viaje, trámites de rentas y pedidos de préstamos son las huellas de conducta que necesitan las tecnologías de poder computarizadas para procesar electrónicamente la información. Las limitaciones espaciales y las jerarquías controlantes van dejando lugar a sistemas de búsqueda y recolección de huellas de conducta, donde lo fundamental es la información sobre individuos y grupos (servicios de "inteligencia", marketing, estadística mediante)22.
Poner en juego a nuestros cuerpos en un abordaje político y social implica un trabajo sobre sí para la liberación de los cuerpos y las energías. Y la liberación del potencial humano desemboca en forma ineludible en el problema de las estructuras y los dispositivos sociales.

La micropolítica (ética, estética, pragmática y local) se ha desarrollado como un paradigma de nuevas formas de subjetivación. Quince años atrás quizás no hubiéramos llegado a comprender, que cuando los indígenas zapatistas rechazan la toma de poder no están haciendo un discurso pour la galerie, sino que están hablando con el corazón. El desmoronamiento de certezas largamente asentadas en la cultura política de nuestro país posibilitó visualizar además, la necesidad de abandonar viejos paradigmas en los que nos educamos y la urgencia de gestar nuevas éticas del cuerpo social en movimiento. Ejemplo “micropolítica” de los 80: la coordinadora antirazzias de nuestro país, la radicalidad de los sem terra del Brasil, los estallidos sociales hormiga de la Argentina, etc.


El tema de la corporalidad (como pulsación, como régimen de afección, como política, como analizador) irrumpe como nueva potencia, con un valor singular que posibilita repensar el problema de la liberación de los cuerpos, en función de una posición ética: sea en el plano de la clínica, de la pedagogía, de la estética o en cualquier campo de intervención, es pertinente y es necesario formularse una pregunta estratégica: ¿Cuánto reproducimos corporeidades disciplinarias, normativizadas, institucionalizadas? ¿Cuánto posibilitamos la autogestión de cuerpos creativos e instituyentes?

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