Apuntes del prólogo a la primera edición de la crítica a la razón pura kant, tras una pequeña explicación de la metafísica



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APUNTES DEL PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN DE LA CRÍTICA A LA RAZÓN PURA
Kant, tras una pequeña explicación de la metafísica como disciplina históricamente encargada de resolver las disputas filosóficas que más concernían a la razón, menciona el poco protagonismo filosófico que en la actualidad tiene.

Menciona el proceso de progresiva degeneración de la metafísica, a causa de "guerras intestinas" provocadas por los escépticos. Se menciona un posterior intento de reconstrucción por parte de los dogmáticos, pero sin acuerdos entre las partes. La situación actual, dice Kant, es de hastío, caos e indiferentismo, tras haberse ensayado todos los métodos y no haber hallado las explicaciones buscadas.

Kant plantea esta indiferencia hacia la verdad como inconsistente e indeseada en un momento histórico de "florecimiento de todas las ciencias". Ante ella, plantea unos objetivos claros: "un llamamiento a la razón para que de nuevo emprenda la más difícil de todas sus tareas, es decir, la del autoconocimiento, y por otra, para que instituya un tribunal que garantice sus pretensiones legítimas y que sea capaz de terminar con todas las arrogancias infundadas" y hacer todo esto "no con afirmaciones de autoridad, sino con las leyes eternas e invariables que la razón posee".

La razón debe examinar los conocimientos a los que puede aspirar prescindiendo de toda experiencia. "Se trata, pues, de decidir la posibilidad o imposibilidad de una metafísica en general y de señalar tanto las fuentes como la extensión y límites de la misma, todo ello a partir de principios".

Como requisitos al emprender esta investigación, Kant plantea la certeza y la claridad.

Sobre la certeza dice que en su investigación toda opinión o hipótesis "es mercancía prohibida", y que "todo conocimiento que quiera sostenerse a priori proclama por sí mismo su voluntad de ser tenido por absolutamente necesario". Explica que su intención es responder a la pregunta "¿Qué y cuánto pueden conocer el entendimiento y la razón con independencia de toda experiencia?", y no la pregunta "¿Cómo es posible la facultad de pensar misma?".

Sobre la claridad, menciona los tipos: claridad discursiva (lógica) mediante conceptos y claridad intuitiva (estética) mediante intuiciones, es decir, mediante ejemplos o ilustraciones concretas. Dice haber respetado el primero, pero haberse olvidado del segundo, por la inmensa dificultad de adoptar un punto de vista divulgativo o "popular" en esta obra.

Llegando al final del prólogo, Kant plantea la metafísica que presenta en este libro como una metafísica cerrada y completa, que no permite la posibilidad de añadir esta ciencia con ningún contenido más. Explica esto por la condición especial de la metafísica así planteada (desde la epistemología), pues dice "no puede ocultarse a la razón algo que esta extrae enteramente de sí misma". Por tanto, lo que él llama la "incondicionada completud" de una metafísica así planteada, no es sólo factible, sino necesaria.

Menciona también cómo en el presente libro su intención era (y aquí hace referencia indirecta al argumento trascendental) "exponer las fuentes y condiciones de su posibilidad", refiriéndose a las condiciones de posibilidad del conocimiento verdadero (conocimiento verdadero que ya había previamente postulado en base a la ciencia de Newton).
APUNTES DEL PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN DE LA CRÍTICA A LA RAZÓN PURA
La razón debe encontrar el camino seguro de la ciencia, y para ello debe deshacerse de aquellos métodos de conocimiento que había adoptado anteriormente sin reflexión. Hay una disciplina, sin embargo, que desde el principio ha caminado rectamente: la lógica. Dice Kant que desde Aristóteles nada ha podido añadirse al conocimiento lógico, es una ciencia, pues, concluida. La lógica es la ciencia que expone detalladamente y demuestra con rigor las reglas formales de todo pensamiento independientemente de su contenido; en esta limitación, que es la abstracción máxima de todos los objetos de conocimiento, radica su éxito. En la lógica el entendimiento solamente se ocupa de sí mismo y de su forma. La lógica, pues, es garantía de certeza pero en una razón que se trata como cáscara vacía, y constituye simplemente el vestíbulo de las ciencias.

El conocimiento puede poseer dos tipos de relación con su objeto: o bien para determinar el objeto (conocimiento teórico) o para convertirlo en realidad (conocimiento práctico). De ambos conocimientos han de exponerse separadas, para evitar confusión, primero la parte pura, es decir, la parte en la que la razón determina su objeto enteramente a priori, y posteriormente lo que procede de otras fuentes.

La matemática y la física son los dos conocimientos teóricos de la razón que deben determinar sus objetos a priori. La primera, de forma enteramente pura; la segunda, de forma al menos parcialmente pura, pero sujeta a otras fuentes de conocimiento distintas de la razón. Desde el principio la matemática ha tomado el camino seguro de la ciencia, empezando con Tales. Explica Kant que en matemática, para saber algo a priori no se debía añadir a la cosa sino lo que necesariamente se seguía de lo que el científico, con arreglo a su concepto, había puesto en ella.

La ciencia natural, sin embargo, tardó más en encontrar la vía grande de la ciencia. Dice Kant, sobre la relación entre razón y naturaleza, cuyo entendimiento es clave para conseguir que las ciencias naturales sean capaces de ciencia: "La razón solo reconoce lo que ella misma produce según su bosquejo, y tiene que anticiparse con los principios de sus juicios de acuerdo con leyes constantes, y tiene que obligar a la naturaleza a responder a sus preguntas". Así pues, la tarea fundamental de la física es buscar en la naturaleza lo que la misma razón pone en ella, y es importante saber que esto que la razón pone en la naturaleza no lo podría conocer la razón sino es a través del contacto con la naturaleza.

Se critica la metafísica que se había hecho hasta el momento por andar a tientas a base de simples conceptos, incapaz de hacer ciencia. Se menciona que la metafísica debería aprender de la revolución en el método producida en la matemática y en la ciencia natural, y que los conocimientos de razón deberían imitar asimismo los conocimientos de estas ciencias.

Kant plantea, ante la tradición de declarar nuestro conocimiento regido por los objetos, la posibilidad de que en verdad sean los objetos los regidos por el conocimiento. Alude a Copérnico y deja entrever el argumento trascendental: Copérnico postuló al espectador moviéndose y a las estrellas en reposo para explicar mejor los movimientos celestes; Kant compara con esto la necesidad de un conocimiento a priori de los objetos, y se pregunta si no se podrá hacer lo mismo, es decir, poner al sujeto "en el centro" del proceso de conocimiento.

Kant dice que en caso de que los conceptos que determinan al objeto se encuentren en el propio objeto, sería imposible saber de él algo a priori (y para Kant esto es impensable, porque supondría que la física no es capaz de hacer ciencia); la otra opción es que el entendimiento posea unas reglas "que yo debo suponer en mí" ya antes de que los objetos me sean dados, es decir, reglas a priori, a las que se conforman todos los objetos de la experiencia. La conclusión, pues, es que solo conocemos a priori de las cosas aquello que nosotros mismos ponemos en ellas.

El inconveniente, admite Kant, podría residir en que bajo tales postulados, se hace imposible el conocimiento de las cosas en sí; inmediatamente después explica Kant que dicho inconveniente es precisamente la razón de ser de la nueva metafísica: solo se refiere a fenómenos, solo trata con aquello conocido por nosotros, pues este es el único ámbito en que la verdad y la ciencia pueden tener lugar.

El propósito de la crítica a la razón pura, explicita Kant, es el de insertarse en el camino seguro de la ciencia. La crítica tiene un primer paso negativo, el de prevenir contra el uso de la razón especulativa, que es un paso en sí mismo positivo, puesto que renegar de la razón especulativa y de los errores que produce en la investigación científica y en el uso práctico (moral) de la razón es de vital importancia. Así, la labor negativa y positiva de la crítica es prevenir contra el mal uso de la razón.

Enumera, a modo prospectivo, las demostraciones de la parte analítica de la crítica: que el espacio y el tiempo son formas de la intuición sensible, es decir, simples condiciones de la existencia de las cosas en cuanto fenómenos; que no podemos conocer las cosas en sí, sino en cuanto que fenómenos. Eso sí, aunque no podemos conocer las cosas en sí, sí que podemos pensarlas. Para Kant es absurdo el pensamiento de que no haya cosas en sí, puesto que los fenómenos deben ir precedidos por una manifestación, un acontecimiento en la realidad en sí que altere nuestros receptores sensoriales de manera tal que se genere un fenómeno a través de nuestras formas a priori, y este acontecimiento es el que podemos pensar que lógicamente existe, pero no podemos conocer.

Esta doble dimensión fenómeno-noúmeno, explica que haya principios existentes en una de ellas y no en la otra (por ejemplo, el de causalidad, que se da en las cosas que experimentamos, pero no en las cosas en sí), y también explica por qué en el terreno de los fenómenos, la voluntad es no libre, mientras que considerada como algo en sí mismo, no es perteneciente a leyes, y por lo tanto es libre. La libertad no puede ser conocida como propiedad de un ente sensible, pero sí puede ser concebida (su representación no encierra en sí contradicción alguna). Este poder ser concebida, unido a que la moral, como factum, posee principios que presuponen necesariamente la libertad, hace de la libertad un hecho.

Es importante el matiz presente cuando Kant dice: "El dogmatismo de la metafísica, es decir, el prejuicio de que se puede avanzar en ella sin una crítica de la razón pura, constituye la verdadera fuente de toda incredulidad, siempre muy dogmática, que se opone a la moralidad"; esta mención de Kant a la moralidad es importante, puesto que deja entrever que uno de los posibles objetivos del autoconocimiento y de la prevención contra la razón especulativa es precisamente no incurrir en errores de tipo práctico.



"La crítica no se opone al procedimiento dogmático de la razón en el conocimiento puro de ésta en cuanto ciencia, (pues la ciencia debe ser siempre dogmática, es decir, debe demostrar con rigor a partir de principios a priori seguros), sino al dogmatismo, es decir, a la pretensión de avanzar con puros conocimientos conceptuales (los filosóficos) conformes a unos principios […] sin haber examinado el modo ni el derecho con que llega a ellos". La razón debe, antes de hacer ciencia, hacer una crítica de sus capacidades y sus límites. La crítica es la preparación previa para hacer una metafísica rigurosa y capaz de ciencia. A través de esta crítica se debe funcionar de manera dogmática, y alude Kant a Wolf y a su ejemplo: establecimiento de principios, clara determinación de los conceptos, búsqueda del rigor en las demostraciones y evitación de saltos atrevidos en las deducciones.


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