Apuntes de psicología I, II, III y IV silo



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Sentidos.

El aparato de sentidos encuentra su origen en un tacto primitivo que se ha ido especializando. Los sentidos químicos (gusto y olfato) trabajan con partículas que producen ciertas transformaciones químicas y como resultado entregan el dato. El sentido mecánico (tacto) que funciona por presión y temperatura. Los sentidos internos de cenestesia y kinestesia, funcionan a veces químicamente y a veces mecánicamente. Se tiene el registro de lo que sucede en el intracuerpo también por presión, por temperatura y por transformaciones y reacciones químicas. A los sentidos del oído y la vista los conocemos como sentidos físicos. El oído funciona por percusión, la vista va recibiendo físicamente una acción vibratoria.

En los sentidos internos, el cenestésico proporciona la infor­ma­ción del intracuerpo. Sabemos que hay numerosos or­ga­nús­culos, numerosos órganos pequeños del intracuerpo, que toman muestras químicas, muestras térmicas, muestras de presión. También la detección del dolor juega un papel importante. Casi todos los sentidos, cuando llegan a un cierto punto de tolerancia nos dan un registro de dolor. Podría pensarse que hay un aparatito especializado en la detección del dolor, pero la realidad es que todos los sentidos cuando llegan a cierto límite de tolerancia nos arrojan sensaciones dolorosas. Estas sensaciones son las que inmediatamente ponen en marcha una actividad de la estructura para provocar el rechazo, la eliminación de estas sensaciones intolerables. Así que la sensación que se capta en algún sentido está inmediatamente ligada a la actividad del rechazo de lo doloroso. El trabajo de los centros es detectado cenestésicamente, internamente, como así también los distintos niveles de trabajo de la conciencia. También se puede experimentar la sensación de sueño, la sensación de cansancio. La cenestesia es un sentido sumamente importante y al cual se le ha prestado muy poca atención. El se­ntido interno, luego se especializa y se diferencia entre ki­nes­tesia y cenestesia. Cuando la vigilia baja en su nivel de trabajo, cuando baja el nivel de conciencia, este sentido interno aumenta su emisión de impulsos.

Como los sentidos están trabajando en dinámica y en estructura, todos ellos están en búsqueda, y están haciendo un barrido y produciendo un fon­do de ruido en la información. Pero cuando una persona duerme y cie­rra los párpados, no es que desaparezca absolutamente el contacto con el mundo externo sino que baja considerablemente el fondo de ruido y al bajar la información del mundo externo aumenta relativamente la información de los sentidos internos. No podemos decir con exactitud si es que aumentan los im­pul­sos internos cuando baja el nivel de conciencia, o es que al bajar el nivel de conciencia baja también el trabajo de los sen­ti­dos externos, pero queda en evidencia el trabajo de los sen­tidos internos. Al bajar el nivel de conciencia se manifiestan los impulsos del mundo interno con mayor intensidad.

Estos sentidos internos no están localizados en la cara, como casi todos los otros, ni están localizados puntualmente, ni se los puede dirigir con precisión. Ellos están invadiendo todo y suministrando sus datos sin ninguna voluntariedad de nuestra parte. Uno puede, por ejemplo, cerrar los ojos y hacer desaparecer esa percepción que estaba llegando al ojo. Uno puede dirigir el ojo en una dirección u otra, pero uno no puede hacer lo mismo con los sentidos internos. Se puede atender mejor a determinadas sensaciones internas, pero es­tos aparatos sensoriales internos no tienen esa movilidad y no se la puede tapar. Así es que tienen un carácter de localización no puntual por una parte y no tie­nen movilidad tampoco, no se los puede dirigir como a los otros sentidos. Dentro de los sentidos internos distinguimos al sentido kinestésico, del cual decimos que suministra datos de movimientos, de posturas corporales, de equilibrio y desequilibrio físico.

Así es que acá tenemos esta suma de aparatos en dinámi­ca, que nos van suministrando datos del mundo externo y del mundo interno. Las huellas de esta información interna y ex­ter­na y también las huellas de las ope­raciones mismas de la conciencia en sus distintos niveles de trabajo, van a recibirse en el aparato de memoria.

La estructura psíquica (la conciencia), va a coordinar datos de los sen­tidos y grabaciones de memoria.

Como hemos dicho antes, no simplemente llega el dato a un aparato que lo percibe y que está inactivo, sino que llega el dato a un aparato que está en movimiento. Este dato que lle­ga al aparato que está en movimiento configura la percep­ción. De manera que la sensación es un átomo teórico, pero en rea­lidad lo que se da es este dato que llega a un sentido que está en movimiento y que es configurado y estruc­tu­rado. A esto le llamamos “percepción” que es la sensación más la ac­tividad del sentido. El registro es entonces una es­truc­tu­ra­ción que hace el sentido con el dato y no el dato simplemente.



Características comunes a todos los sentidos

a) Todos efectúan actividades de abstracción y de estruc­tu­ra­ción de estímu­los según sus aptitudes. Estamos diciendo que el sentido elimina muchos datos que llegan a él y configura otros datos que no llegan hasta él. Considerando algu­nos ejemplos sobre la percepción del ojo de la rana, recor­da­­rán que este animalito únicamente tenía la percepción de que había otro ser vivo delante de él cuando aparecía una for­­ma determinada (curva y abombada), y cuando esa forma tenía además movimientos; y que si no aparecía esa forma pero tenía movimiento, o a la inversa, no se producía registro en el aparato de detección de este animalito. Si recuerdan eso, com­pren­de­rán a qué nos estamos refiriendo cuan­do hablamos de abstracción que hace el sentido y, además, estructuración que hace el sentido. Y de esta es­truc­tu­ra­ción de distintos datos surge la percepción.



b) Todos los sentidos están en continuo movimiento. Son como radares que están barriendo distintas franjas, de lo cual también se tiene pruebas experimentales.

c) Todos trabajan en una franja de acuerdo a un tono particular que debe ser alterado por el estímulo. Es decir, todo sentido está en movimiento en un determinado tono. Cuando surge la percepción es porque se ha hecho variar el tono de ese sentido. Ustedes recuerdan los experimentos con el nervio óptico de la rana que siempre estaba ciclando a un pulso por segundo y cuando llegaba el estímulo nervioso empezaba a ciclar a mayor velocidad. El sentido estaba en mo­vimiento. Para que se produzca la percepción, es necesario que el estímulo aparezca entre umbrales sensoriales. El sentido está pulsando, pero si el estímulo que llega no tiene suficiente energía no es percibido. Si sobrepasa la potencia de tolerancia, no es percibido como sensación o percepción de ese propio sentido, sino como dolor. Estos umbrales tienen movilidad. Los umbrales también se expanden o se contraen. Así es que, normalmente, cuando ciertas actividades internas tales como la de la atención se refieren a un sentido, su umbral tiende a dilatarse y los umbrales de los otros sentidos tienden a contraerse. Cuando los sentidos internos trabajan plenamente ampliando sus franjas de percepción, los sentidos externos tienden a reducir sus franjas. Cuando la atención está puesta en los sentidos externos las franjas, los umbrales de percepción interna, tienden a contraerse. Así que, para que haya percepción, es necesario que el estímulo aparezca entre umbrales sensoriales. Un umbral mínimo por debajo del cual no se percibe y un umbral de máxima tolerancia que cuando es sobrepasado produce irritación sensorial o saturación, o lo que genéricamente designa­mos como “dolor”. En caso que exista fondo de ruido pro­ve­nien­te del mismo sentido o de otros sentidos; o que exista un fondo de ruido proveniente de memoria, que está suminis­tran­do datos mientras se está percibiendo; o que exista fondo de ruido porque conciencia en general está suministrando datos, el estímulo debe aumentar su intensidad para que sea registrado y sin sobrepasar el umbral máximo para que no haya saturación y bloqueo sensorial. Cuando un señor está divagando, soñando despierto y sus imá­genes están ocu­pando su campo de conciencia, el estímu­lo que aparece debe incrementar su actividad para que sea detectado. De todas maneras, cuando se está divagando o soñando despierto, la actividad cenestésica interna está aumentando. Por lo tanto están bajando las franjas de percepción externa. Es necesario entonces que aumentemos la actividad del mundo externo y, por ejemplo, decir: “¡despier­te, amigo!”. Cuando se sobre­pasa el umbral máximo, o hay blo­queo sensorial, es imprescindible hacer desaparecer el ruido de fondo para que la señal llegue al sentido. Otro caso es el establecido en la ley de disminución del estímulo constante por adaptación de um­­bral. Es decir, esta ropa que llevamos puesta encima, de co­mienzo nos da un registro de sensación táctil, pero pasa el tiempo y ya no sentimos esta ropa. No sólo porque nos hemos distraído del problema de la ropa y estamos en otra cosa, no sólo por eso, sino porque ese estímulo constante baja en intensidad. A medida que pasa el tiempo el estímulo constante baja para la percepción. Así que cuando un estímulo está dentro del umbral pero se hace constante, el umbral se acomoda a él para dejarlo en su límite y no seguir teniendo registro que perturbaría otras actividades del aparato. De manera que tenemos numerosos es­tí­mu­los, pero cuando los estímulos se hacen constantes los um­brales de los sentidos se acomodan para que desaparezca el fondo de ruido. Si no, nuestro bombardeo de percepcio­nes sería constante y contaríamos con un fondo de ruido tal que podría haber muy poca distinción entre las nuevas per­cep­ciones que apareciesen. Así es que la percepción se ve­rifica entre franjas, umbrales mínimos y máximos de to­le­ran­cia. Estos umbrales están en continua movilidad. Cuando exis­ten estímulos constantes que aparecen dentro de esas fran­jas, és­tas se acomodan para que disminuya la percepción de ese es­tímulo. A eso le llamamos ley de disminución del estímulo constante por adaptación de umbral.

d) Todos los sentidos trabajan entre umbrales y límites de tolerancia que admiten variaciones según educación y según necesidades me­ta­bó­li­cas (en realidad es allí donde se en­cuentra la raíz de la existencia sensorial). Las características de variabilidad son importantes para distinguir los errores sensoriales.

e) Todos los sentidos traducen las percepciones a un mismo sistema de im­pulsos. Estos impulsos son los que van a ser distribuidos de distintas maneras. No queremos meternos en la cuestión fisiológica pero anotemos que todos los sen­tidos traducen las percepciones a un mismo sistema de impulsos. A esto le llamamos homogeneidad de los impulsos de los distintos sentidos. Así es que por un lado veo, por otro lado oigo, por otro lado gusto, pero todo esto de oír, gustar, ver, etcéte­ra, todo esto es tra­du­cido a un mismo siste­ma de impulso homogéneo. Se trabaja con el mis­mo tipo de impulso. No van sonidos por el interior de la cabeza, ni van imá­genes visuales, ni tampoco van sensaciones gus­ta­ti­vas y olfatorias.

f) Todos tienen localizaciones físicas, localizaciones terminales físi­cas, precisas o difundidas conectadas con un sistema que los coordina. Todos los sentidos tienen localizaciones terminales nerviosas, precisas o difundidas, siempre co­nec­tadas al sistema nervioso central y al sistema periférico o autónomo, desde donde opera el aparato de coordinación.

g) Todos los sentidos se encuentran vinculados con el aparato de memoria general del organismo.

h) Todos los sentidos presentan registros propios, dados por la variación del tono al presentarse el estímulo.

Todos los sentidos pueden cometer errores en la percepción del dato. Estos errores pueden provenir del bloqueo del sen­tido, por ejemplo, por irritación sensorial. Irritamos a un sen­­tido, nos vamos al umbral de tolerancia y la percepción que tenemos sobre el dato que irrita al sentido es una percepción fuertemente modificada, que nada tiene que ver con el objeto. Así que estos errores pueden provenir del bloqueo del sentido por irritación sensorial, pero también por falla o deficiencia del sentido. Ustedes reconocen las miopías, las sorderas, etcétera. También por falta de intervención de otro u otros sentidos que ayudan a dar parámetros, que ayudan a dar refe­ren­cias a la percepción. Por ejemplo, se oye algo aparentemente lejano y al ver al objeto en cuestión, se lo empieza a escuchar de otro modo diferente. Este es un caso muy frecuente de ilusión auditiva. Se cree que el objeto está lejos, pero únicamente cuando se lo ve y se lo lo­caliza vi­sual­mente, se reacomoda la percepción. Como sabemos que to­­dos los sen­tidos están trabajando en estructura, entonces nor­malmente se están recibiendo datos, recibiendo in­for­ma­ción de los distintos sentidos. Y con ellos se van confi­gurando per­cepciones sobre el mundo que nos rodea. De ma­nera que en cuanto fallan los parámetros y tenemos sólo un dato sen­sorial, se produce en esos casos la ilusión en la per­cepción. Tam­bién existen errores de la sensación o de la per­cepción mo­tivados por agentes mecánicos. Tal es el caso de ver luz por presión de los globos oculares. En casi todos los sentidos hallamos ejemplos de ilusiones producidas por acción me­­cánica.

Imaginación.

Es muy difícil diferenciar entre el estímulo que proviniendo de un sentido llega a un aparato de registro, y la imagen que suscita, la imagen que despierta este estímulo. Es bastante difícil dis­tinguir entre el impulso del sentido y la imagen que corresponde a ese impulso. No podemos decir que la imagen y el impulso del sentido sean lo mismo. Tampoco podemos distinguir, psicológicamente, las velocidades que tiene el impulso interno y la velocidad que tiene la imagen. Es como si la imagen y el impulso fueran una misma cosa, cuando en realidad no lo son.

Al considerar a la imagen es necesario tomar algunas pre­cau­­ciones. En primer lugar, debemos reconocer que las imá­ge­nes no sólo se corresponden con los estímulos sensoriales, sino que también se suscitan desde memoria y, en segundo lugar, debemos estar siempre alerta ante la interpretación ingenua que hace aparecer a la imagen como correspondiente únicamente al sentido visual.

Para algunos estudiosos primitivos de estos asuntos, la imagen ha cumplido con una función de segundo grado en la eco­no­mía del psiquismo. Para ellos, una imagen es una es­pecie de percepción degradada, una percepción de segunda clase. En otras palabras, que si un señor mira un objeto y lue­go cierra los ojos y evoca este objeto, observa que esta evo­cación que hace del objeto es de inferior calidad a la percepción. Con el ojo percibe mejor y más claramente un objeto que evocándolo. Ese recuerdo, por lo demás, está teñido por una cantidad de elementos extraños que influyen en la confusión que se hace del objeto. Entonces, esta representación que se tiene de la presentación del objeto, aparece como una degrada­ción, como una caída de la percepción. Com­pren­di­das así las co­sas, aquellos estudiosos dejaron a la imagen archivada en el inventario de las secundariedades de los fenómenos del psi­­quis­mo. Tampoco tuvieron mucha claridad en cuanto a que las imágenes no sólo correspondían al sentido visual sino que cada sentido era productor de imágenes co­rres­pondientes. Y se creyó, por último, que la imagen tenía que ver sólo con la memoria y no que estaba estrechamente li­gada al sentido.

En realidad la imagen cumple con numerosas funciones. Vamos a necesitar comprender la función de la imagen para luego entender que esta imagen movilizándose, va a actuar sobre los centros y va a llevar energía de un punto a otro, pro­­duciendo transformaciones de suma importancia para la eco­­nomía del psiquismo. Por lo pronto, si los sentidos aparecen para dar información sobre los fenómenos del mundo externo o interno, las imágenes que acompañan a las percepciones de los sentidos no están simplemente para repetir los datos de la información recibida sino para movilizar actividades con respecto al estímulo que llega. Pero observemos esto en un ejemplo cotidiano. Estoy en mi casa y suena el timbre. El timbre es un estímulo para mí que lo percibo. En­ton­ces, rápidamente salto de la silla en que estoy y voy a abrir la puerta. Al día siguiente suena el timbre y se trata del mismo estímulo, pero en lugar de saltar de la silla e ir a abrir la puerta me que­­do en la silla. En el primer caso, estaba yo contando con la espera de una carta que debía traer el cartero esa mañana. En el segundo caso estaba esperando que el vecino llamara a mi puerta para pedirme una cacerola. Si en mi presencia o en mi co­pre­­sen­cia estaba un dato o estaba otro, este estímulo en un caso o en otro, se ha limitado a mo­vilizar una determinada ima­gen. En el primer caso, el estí­mulo movilizó la imagen del cartero que estaba esperando. Claro, yo estaba en otra cosa y en ese momento no estaba esperando al cartero. Desde luego estaba en otra cosa, pero al llegar ese estímulo se movilizó el conjunto de imágenes con que yo de algún modo contaba. Al movilizarse estas imágenes, yo salté de esa silla y fui a la puerta. Pero en el se­gundo caso contaba con otro sistema de ideación y al surgir el estímulo no movilizó la imagen del cartero, movili­zó la imagen del vecino, entre otras cosas porque ya recibí la car­ta que esperaba el día anterior. De manera que al surgir esta segunda imagen, mi cuerpo se movilizó de otro modo, o no se movilizó.

Así que esta cosa antigua, de que todo funciona tan simplemente por cuestiones de estímulos y respuestas que correspon­den a esos estímulos, no es así. Aún cuando en un circuito ele­mental como el del reflejo, en un arco reactivo corto llega el estímulo y sin ninguna voluntariedad sale la respuesta, aparte de ponerse en marcha una respuesta, inmediatamente se ha ge­nerado una imagen que está produciendo también su efecto. Así es que siempre va acompañando a la sensación, el surgimiento de una imagen. Y lo que moviliza en realidad las actividades no es la percepción, sino la imagen.

Vamos a ver cómo esta imagen tiene propiedades que hemos estudiado cuando hemos hablado de la “tonicidad muscular” en que los músculos se ponen en un determinado tono de actividad siguiendo a las imágenes visuales. Las imágenes visuales van en una determinada dirección y los músculos se acomodan en esa dirección. ¿Es acaso el estímulo el que está moviendo los músculos? De ninguna manera. Es la imagen la que está moviendo los músculos. Debemos reconocer que determinadas imágenes no sólo activan nuestra musculatura externa, sino también la musculatura interna y que nu­me­­ro­sos fenómenos fisiológicos se ponen en marcha. La imagen moviliza fenómenos internos, lo que produce activi­dad hacia el mundo externo, como si la función de la imagen fuera devolver energía al mundo externo del cual llegaron las sensaciones.

Los sentidos internos tienen que recibir también información de lo que va pasando en las actividades de mi conciencia, porque si no tuviera esa información, yo no po­dría dar continuidad a esos procesos. Así es que los sentidos internos es­tán captando no sólo datos viscerales, datos del intracuerpo, sino que es­­­tán cap­tando también lo que pasa con mis actividades y con las operaciones de mi conciencia.

El “aparato” formador de imágenes funciona en distintos niveles de trabajo contribuyendo a modificar la actividad no sólo de esta conciencia, de este coordinador, sino de los apa­ra­tos mismos de información de la memoria y de la actividad de los centros.

Desde luego que llegan datos del funcionamiento de la con­cien­cia, a los sentidos internos. A su vez, la conciencia también puede actuar para orientar a los sentidos en una dirección o en otra y hacer que se atienda a una franja sensorial y se desatienda a otra. Esas, en realidad, son funciones de la con­ciencia más que funciones de los sentidos. Debemos estudiar eso cuando toquemos el tema de la estructuración que efec­túa la conciencia. Pero, de todos modos, es bueno advertir que los sentidos están movidos por la actividad de los fe­nó­me­nos que llegan hasta ellos y también están movidos por la dirección que imprime el aparato coordinador. Cuando los sentidos no se limitan sólo a recibir impresiones del mundo ex­terno o interno, sino que son intencionalmente direc­cio­na­dos, entonces estamos en pre­sencia del fenómeno de re­ver­si­bi­li­dad. Es muy distinto sentir ruido, porque ese ruido se produce sin la participación de mi intención, a ir a buscar un de­ter­minado ruido. Cuando estoy buscando con mis sentidos una determinada cosa, estoy dirigiendo la actividad del sentido a partir de los mecanismos del coordinador. Y también, apar­te de dirigir los sentidos, es muy distinto cuando sim­ple­men­te percibo un dato a cuando tengo conciencia de la percepción de ese dato. Yo escucho el timbre y eso no me sig­nifica gran cosa. Pero cuando escucho el timbre y este escuchar el timbre es para mí concientizado, en el sentido que lo aíslo de una masa indiferenciada de estímulos y le pres­to atención, entonces estoy trabajando no con la percepción de un estí­mu­lo indiferenciado, sino con la apercepción sobre ese estímulo. Hay un trabajo entonces que no es de simple detección y luego percepción, sino que hay un trabajo en donde le pongo atención a la percepción. A eso le llamo “aper­­cep­ción”. Es más, puedo disponer a todos mis sentidos en la di­rección de la apercepción. Observan que es muy diferente el li­mi­tarse a estar montado en una masa de percepciones, a estar en una actitud aperceptiva. En esta actitud todos los estímulos que van llegando son registrados con atención. Puedo estar en una actitud aburrida y de todos modos llegar los estímulos, o puedo estar en una actitud atenta a que salten los estímulos, co­mo el cazador espera que salte la liebre. Puedo estar muy atento esperando el surgimiento de de­terminados estímulos y aún cuando los estímulos no surjan, es­toy en actitud aperceptiva. Tener en cuenta el mecanismo de reversibilidad va a ser importante para comprender el pro­ble­ma de los niveles de trabajo de la conciencia y para precisar algunos fenómenos ilusorios.

Estamos tratando de destacar, entre otras cosas, que los sen­­tidos no están llevando sólo información del mundo externo, sino que los sentidos trabajan muy complejamente, que son dirigidos en algunas de sus partes por la actividad de la conciencia. No están influyendo sobre los sentidos simple­mente los fenómenos del mundo externo o los fenóme­nos internos viscerales, sino que la actividad de la conciencia va influyendo sobre el trabajo de los sentidos. De no ser esto así, no se explicaría que ciertas perturbaciones de la conciencia modificaran el registro que se tiene del mundo externo. Ejemplificando: diez personas distintas pueden, sobre un mismo objeto, tener una percepción distinta (aunque estén colocadas a la misma distancia, en las mismas condiciones luminosas, etcétera), porque hay determinados objetos que se prestan para que la conciencia proyecte so­bre ellos su trabajo. En realidad la conciencia no proyecta sobre los ob­jetos su tra­bajo; la conciencia proyecta sobre los sentidos su trabajo y en­­tonces modifica el sistema de percepción. La conciencia puede proyec­tar sus imágenes sobre el aparato de recepción, el aparato de recepción pue­de devolver esta estimulación interna y entonces se puede tener el re­gistro de que el fenómeno ha llegado desde el exterior. Si esto es así, en­ton­ces determinados funcionamientos de la conciencia pueden modificar la es­tructuración que hacen los sentidos de los datos del mundo externo.

Memoria.

La memoria tampoco está trabajando aisladamente, como no están trabajando los sentidos, ni ninguno de los otros componentes del psiquismo. La me­moria está trabajando también en estructura. La memoria, hemos dicho en su momento, tiene por función grabar y retener datos provenientes de los sentidos, datos provenientes de la conciencia; y tam­bién la memoria tiene por fun­­ción suministrar datos a la con­ciencia cuando la conciencia tie­ne necesidad de esos datos. El trabajo de la memoria da re­fe­rencia a la conciencia para su ubicación temporal entre los fe­nó­menos. Sin este apa­rato de memoria, la conciencia se en­con­tra­ría con serios problemas para ubicar a los fenómenos en el tiempo. No sabría si este fenómeno se pro­dujo antes o des­pués y no po­dría articular al mundo en una sucesión tem­poral.

Es gracias a que existen distintas franjas de memoria y es gracias a que existen también umbrales de memoria que la conciencia puede ubicarse en el tiempo. Seguramente también es gracias a memoria que la conciencia puede ubicarse en el espacio, ya que de ninguna manera el espacio mental está desvinculado de los tiempos de conciencia, tiempos que son suministrados por fenómenos que provienen de memoria. Así es que esas dos categorías de tiempo espacio funcionan en conciencia gracias al suministro de datos que da memoria. Y a esto se lo puede ver más despacio.

Así como se habla de un átomo teórico de sensación, también se menciona un átomo teórico de reminiscencia. Pero esto es teórico porque no existen en los fenómenos que se experimentan. Lo registrable es que en memoria se reciben, se procesan y se ordenan datos provenientes de los sentidos y de la conciencia, en forma de grabaciones estructuradas. La me­moria va recibiendo datos de los sentidos, va recibiendo datos de las operaciones de la conciencia, pero además va ordenando estos datos y los va estructurando; va haciendo un trabajo muy complejo de compilación y de ordenamiento de los datos. Cuando baja el nivel de conciencia, la memoria se pone a ordenar todos los datos que en otro nivel de conciencia fueron archivados. En un nivel la memoria está trabajando, registrando, archivando, todos los datos cotidianos, los datos del día que van llegando. Y en otro nivel de trabajo la memoria empieza a catalogar y a ordenar esos datos que se recibieron en vigilia.

En el sueño, que es otro nivel de conciencia, nos vamos a encontrar con que la memoria está procesando datos. Y el orde­namiento que se hace en memoria de los datos que se han recibido, no es el mismo ordenamiento que se hace cuando los datos se van recibiendo.

Así, en este momento estoy recibiendo información por los sentidos y esta información que recibo va archivándose en memoria. Pero resulta que cuando baja mi nivel de conciencia y voy al sueño me encuentro también con esos datos del mundo cotidiano, del mundo de la vigilia. Aparece toda esa materia prima que he recibido durante el día y he grabado, pero esta materia prima no se articula del mismo modo en mi sistema de representación interna. Lo que tuvo una secuencia du­ran­te el día, al bajar el nivel de conciencia va siguiendo otro orden. Y entonces lo que pasó al final, ahora sucede al principio; elementos recientes se ligan con elementos muy antiguos de mi memoria y ahí se va haciendo toda una estructuración in­terna con la materia prima que se recibe del día y con los da­tos anteriores de distintas franjas de memoria que corresponden a una memoria antigua, a una memoria más o menos me­­diata. La memoria es un “aparato” que cumple con distintas funciones según el nivel de trabajo en que se encuentre la estructura de conciencia.

Los datos son grabados por memoria, de distintas maneras:

1) Un fuerte estímulo graba en memoria con fuerza;

2) también se graba con fuerza por entrada simultánea a través de distintos sentidos;

3) se graba también cuando un mismo dato sobre un fe­nó­­­me­no es presentado de distintas maneras. Si presento el ob­jeto, lo grabo de un modo, si lo presento de otra manera lo grabo de otro modo. Mi conciencia lo está estructurando, lo es­tá articulando; pero aparte de eso he tenido una impresión A y una impresión B. Se lo graba porque hay una repeti­ción y además porque se están grabando los datos que está estructurando conciencia sobre el objeto en cuestión;

4) también se graba por repetición propiamente dicha;

5) los datos son mejor grabados en contexto que individualmente;

6) también son grabados mejor cuando sobresalen o resaltan por falta de contexto. Eso que resalta, eso que no puede ser, predispone a una mayor atención y por consiguiente se graba también con mayor fuerza;

7) la calidad de la grabación aumenta cuando los estímulos son distinguibles y esto se produce en ausencia de fondo de ruido por nitidez de las señales.

Cuando hay saturación por reiteración se produce bloqueo. Los publicistas han exagerado un poco la ley de repetición. Por repetición se incorpora un dato pero también por repetición se produce fatiga de sentidos. Además, vale para memoria lo que vale para los sentidos en general. Es decir, aquella ley del estímulo decreciente a medida que el estímulo permanece. Si mantenemos un continuo goteo de agua, esta repetición del goteo de agua no logra que se grabe el goteo de agua. Lo que se logra es que se cierre el umbral de grabación, así como se cie­rra el umbral de percepción también y entonces el dato de­ja de influir. Cuando una campaña publicitaria se hace exce­si­vamente reiterativa e insiste desconside­ra­da­men­te, apoyán­do­se en esa ley de la grabación por repetición, produce satura­ción en memoria y el dato ya no entra, produce irritación sen­so­rial y saturación en me­mo­ria. En algunos animalitos se traba­ja con esto de la reiteración del estímulo y en lugar de grabarse fuertemente el estímulo y corresponder una respuesta adecuada a ese estímulo, resulta que el animalito se nos duerme.

Cuando hay ausencia de estímulos externos, el primer estímulo que aparece es grabado fuertemente. También cuando la memoria no está entregando información a la conciencia, hay mayor disponibilidad para grabar. Y la memoria suelta in­­formación, compensatoriamente, cuando no están llegando datos a la conciencia. Imaginemos un caso. Un señor se encie­rra en una cueva adonde no llegan estímulos del mundo ex­ter­no. No llega luz, no llega sonido, no hay ráfagas de viento que im­­presionen su sensibilidad táctil... hay una sensación de tem­pe­ratura más o menos constante. Los datos externos se reducen. Entonces memoria comienza a soltar sus datos al­ma­ce­nados. Este es un curioso funcionamiento de la me­moria. Se encierra una persona en una cárcel, o se mete una per­­­sona en una cueva y entonces, como no hay sentidos ex­ter­nos tra­ba­jando y como no hay datos externos, de todos modos me­mo­ria va suministrando datos al coordinador. Si eliminamos los datos sensoriales externos, inmediatamente memoria co­mien­­za a compensar suministrando información. Memoria lo ha­ce así porque de todos modos conciencia necesita de todo esos datos para ubi­carse en el tiempo, en el espacio, y cuan­­do conciencia no tie­ne referencias de datos que la estimulen, pier­de su es­truc­tu­ralidad. Y el yo, aquel que había surgido por su­ma de es­tímulos y suma de trabajos de aparatos, se en­­cuentra con que ahora no tiene estímulos y no tiene da­tos que provengan de los aparatos. El yo pier­de su estruc­tu­ra­li­dad y experimenta la sensación de que se desin­tegra, de que pier­de cohesión in­terna. Entonces apela a referen­cias de da­tos, aun­que estos provengan solamente de memoria y esto mantiene la precaria unidad del yo.

El recuerdo, o más precisamente la evocación, surge cuando la memoria entrega a la conciencia datos ya grabados. Esta evocación es producida intencionalmente por la conciencia, lo que la distingue de otro tipo de rememoración que se impo­ne a la conciencia.

Haciendo un símil, para que todos estos mecanismos resulten más o menos simétricos con esto que sucedía con los sentidos y la conciencia: acá llegan los estímulos de memoria a conciencia y decimos “rememoración”; cuando conciencia iba hacia los estímulos hablábamos de “apercepción”; y cuando conciencia va hacia los datos de memoria es decir, va ubicando el dato que le interesa, entonces hablamos de “evocación”. Se evoca cuando la atención se dirige a una determinada franja de recuerdos almacenados.

Sabemos que llegan a conciencia datos de los sentidos exter­nos y también de los sentidos internos. Va llegando esta in­for­ma­ción simultánea a la conciencia. Quiere decir que cuando evoco, cuando voy a memoria a buscar el dato externo, muy frecuentemente este dato que traigo de me­moria, viene mezclado con los otros datos con que fue acompañada la per­cepción. En otras palabras, que si estoy ahora re­cibiendo información ex­terna y eso va a memoria, también estoy recibiendo información interna que va a memoria. Cuando yo evoque aquello que sucedió, no se me va a pre­sentar en conciencia solamente el dato externo sino también el dato interno que acompañó aquel momento. Esto, es de suma importancia.

Consideren lo que pasa cuando recuerdo. Observo el obje­to, cierro los pár­pados, recuerdo el objeto. Según mi educa­ción visual sea buena, regular o mala, la reproducción de aquella impresión será más o menos fiel. ¿Re­cuerdo solamen­te el objeto o hay unas cuantas otras cosas que recuerdo? Fíjense bien. No estamos hablando de las cadenas de ideas, de las aso­­ciaciones que suscita el recuerdo de ese objeto, que también las hay, recuerdo el objeto y también surgen otras cuantas cosas. Vamos al recuerdo del objeto mismo. Observo el objeto, cierro los párpados; se reproduce desde memoria el ob­jeto: aparece una imagen del objeto. Pero esta imagen que aparece del objeto, además de tener otros componentes visuales ya que estoy trabajando con el ojo, tiene componentes para mí, en mi registro interno, de tonos musculares y un cierto sabor, un cierto clima que nada tiene que ver con la percepción. De manera que estoy recordando de ese objeto no sólo la grabación que el objeto me propone, sino la grabación de mi estado en el momento en que se produjo. Desde luego que esto tiene grandes consecuencias. Porque si esto fuera simplemente un archivador de datos sensoriales la cosa estaría fácil; pero resulta que la información que voy recibiendo del mundo externo va siendo aso­ciada al estado en que se encontraba esa estructura en el momento de la grabación. Y decimos más. Decimos que puede haber evocación y los da­tos que están almacenados en memoria pueden llegar a conciencia, gracias a que los datos de los fenómenos son grabados acompañando a los datos de la estructura. Porque la evocación, si se fijan bien, va a trabajar no buscando imágenes, va a trabajar buscando estados. Y se identifican las imágenes que corresponden a una situación u otra, no por la imagen en sí, sino por el estado que le corresponde. Observen qué hacen cuando recuerdan: ahora quieren recordar la casa de ustedes. ¿Cómo hacen para recordar tal casa? Fíjense qué hacen. ¿No experimentan una suerte de sensación interna? Y esa sensación, antes de que surja la imagen de la casa de ustedes, esa sensación interna, ¿es una sensación de imágenes? No, es una sensación cenestésica. Esa sensación cenestésica está buscando entre distintos estados internos, el clima general que corresponde a las grabaciones de imágenes visuales de la casa de ustedes.

Y cuando ustedes van a evocar una imagen horrorosa, ¿la van a buscar entre las distintas máscaras de monstruos para encontrar la precisa, o la van a buscar en el clima que corresponde en ese nivel particular de la me­­moria que impresiona como horroroso? No van buscando entre imágenes, van buscando entre masas de estímulos internos que acompañan a las grabaciones dadas. Cuando la imagen es evocada finalmente por la conciencia, se está en disposición de que la imagen efectúe ope­raciones, provoque descargas, movilice mus­cu­lar­mente o mo­vilice un aparato para que éste se ponga a trabajar con esa imagen, y entonces aparezcan operaciones intelectuales, o movilice emociones, etcétera. Cuando la imagen ha saltado entonces en la pantalla de representación, ya se está en dis­posición para actuar. Pero el sistema de evocación no trabaja entre imá­genes sino que trabaja buscando entre estados. Acercándonos con todo esto a la fisiología, es como si dijéramos que no se graban imágenes visuales en las neuronas, no quedan las imágenes pequeñas, microscópicas, adentro de las neu­ro­nas. Sino que más bien hay correntadas electroquímicas que no son imágenes y cuando se produce el fe­nómeno de evocación, no se van buscando esas imágenes mi­croscópicas hasta dar con ellas, sino que se van buscando ni­veles electroquímicos que me dan el registro que corres­pon­de a ese nivel dentro del cual se articula posteriormente la ima­­gen. No se evoca pues por imágenes, sino por los estados que acompañaron a la percepción sensorial de aquel momento.

Pongamos un ejemplo que siempre utilizamos: salgo de un lugar y me doy cuenta en un momento que he olvidado algo. ¿Qué registran ustedes, una imagen, o registran una curiosa sen­sación? Una imagen no, por cierto, porque si no sabrían qué se han olvidado. Tienen el registro de una curiosa sensación de algo que han olvidado. ¿Y qué hacen inmediatamente? Empiezan a buscar imágenes, aparece una y dicen: “ésta no”; aparece otra y dicen: “ésta no”. Van trabajando por des­car­te de imágenes. ¿Qué los guía en esta búsqueda?, ¿los guía la imagen? No los guía la imagen, los guía el estado que hace surgir a las distintas imágenes y cuando la imagen incorrecta surge, ustedes dicen “no, esto no me olvidé porque lo llevo puesto”. Y así van ustedes guiándose por los estados internos hasta que, finalmente, se produce el encuentro del objeto y us­tedes experimentan la sensación de encuentro. Y dicen: “¡eso es lo que olvidé!”. En todo ese trabajo ustedes han estado bus­cando entre estados y esos estados han ido haciendo saltar las imágenes y ustedes han ido produciendo ese reconocimiento. Es muy distinto el estado del acto en busca de un ob­jeto al estado del acto del encuentro (de la implesión) del ob­jeto. Son muy distintos los registros que se tienen. Pero en todos los casos estamos hablando de estados, que son acompañados a gran velocidad por las imágenes.

En un ejemplo que pusimos anteriormente, de aquella “ciudad desa­gra­dable” que recuerdo, puedo decir que la reconozco no sólo porque apa­recen sus imágenes, sino porque aparece el estado en que yo me en­contraba en el momento en que grabé los datos de la ciudad. Y esa ciudad será desagradable o será una ciudad amable, o será una ciudad de tales y cuales características, no por la evocación de imágenes simples que tenga, sino por los estados que se suscitaron en el momento en que los grabé. Observen ustedes una fotografía de otra época. Una especie de cristalización de los tiempos pasados. Ustedes ven esa fotografía e inmediatamente esa fotografía que suscita el hecho feliz de aquel momento, despierta en ustedes la sensación nostálgica de algo que está presente, claro, pero que está perdido. Y hay un cotejo, una confrontación entre esto que está presente y aquello que se perdió; este estado que ha tenido que ver con las grabaciones de aquel momento y el estado actual en que estoy grabando tal dato.

Habíamos dicho que el recuerdo, más precisamente la evocación, surge cuando la memoria entrega a la conciencia datos ya grabados. Esta evocación es producida intencionadamente por la conciencia, lo que la distingue de otro tipo de rememoración que se impone a la conciencia, como cuando ciertos recuerdos invaden a la conciencia, coincidiendo en ocasiones con búsquedas o con contradicciones psicológicas que aparecen sin participación de la propia conciencia. Hay di­ferencia entre esto de buscar un dato en memoria, a esto otro de que surjan espontáneamente da­tos de memoria e invadan a la conciencia con mayor o menor fuerza según la carga que tengan. Hay estados de memoria que llegan a la con­cien­cia, sueltan imágenes y estas imágenes se imponen obsesivamente. Esa imagen que llega de memoria o que suelta memoria, que invade a la conciencia y se impone obsesivamente, ¿es por la imagen en sí, es por el re­cuerdo en sí, o es por el es­tado que acompaña a esa imagen? Sin duda que es por el es­tado que acompaña a esa ima­­gen. Y esa imagen obsesiva que corresponde a una situa­ción que tuve hace mucho tiempo, esta imagen que se me im­pone tiene fuerte carga (vamos a decir después) “cli­má­ti­ca”. De manera que viene asociada a un estado, al estado en que se grabó aquel fenómeno.



Hay grados de evocación, distintos grados de evocación, se­gún que el dato se haya registrado con mayor o menor inten­sidad. Cuando los datos rozan levemente el umbral de registro, la evocación será también leve. Incluso hay casos en que no se recuerda pero al volver a percibir el dato se lo re-conoce. Y hay datos que están trabajando en el umbral de percepción, que para nosotros en este caso es también umbral de me­moria. Esto que se puso de moda en su momento, esto de la acción “subliminal” o la propaganda subliminal, esto que parecía que era un fenómeno interesante y que después resultó un fiasco, era un mecanismo simple, bastante elemental, en don­de se lanzaba un estímulo en el um­bral de percepción. El sujeto no terminaba de registrar el da­to, pero el dato de todos modos en­traba. Y sa­bemos que el dato entraba porque luego ese dato apa­recía, por ejemplo, en los sueños del sujeto. Y además, por­que el sujeto en cierto estado po­día rememorar aquello que en su momento parecía que no había percibido, que no había visto. Así que hay una cantidad de datos que de todos mo­dos pegan en el umbral de percepción, no son registrados en ese momen­to por conciencia, pero van a memoria. Y esos datos, si van a memoria, van también relacionados con el esta­do par­ticular que les acompañaba. Es más, para que esos datos pudieran influir publicitariamente era necesario asociar al disparo del objeto subliminal, una determinada emoción. Si se quería publicitar una bebida, no era cuestión solamente de colocar la bebida en un fotograma de cada 16 cuadros del film publicitario (sabemos que si colocamos en cada 16 cuadros del film ese objeto, vamos a ver la película pero no vamos a ver pasar el disparo subliminal, que está trabajando justo en la franja de percepción). Si elegíamos determinadas partes del film (las partes que tenían mayor calidez emotiva) y en esas partes colocábamos el producto en cuestión, entonces al evocar el sujeto aquella película actuaba sobre él con mayor intensidad el fenómeno grabado subliminalmente. Esa era la idea, funcionaba muy elementalmente. Y no parece que haya incrementado la venta de productos tratados con ese sistema publicitario. Pero aún hay gente que sigue creyen­do en el “poder de aquella arma secreta terrible”. En lo que estamos no es en el problema de la propaganda subliminal. Estamos en el problema de la imagen o del fenómeno que apenas toca el umbral y se graba, pero está gra­bándose simultáneamente un estado. A partir de los umbrales mínimos de evocación, apare­cen gradaciones más intensas hasta llegar al recuerdo automá­ti­co, que es de veloz reconocimiento. Tomemos el caso del len­guaje. Uno cuando está hablando y tiene muy incorporado un determinado lenguaje, no está recordando las palabras que tiene que articular para que salga la voz. Eso pasa en los momentos de aprendizaje, cuando se está aprendiendo otro idioma, pero no en el momento en que se ha incorporado automá­ti­camente el sistema de lenguaje. Ahí se está trabajan­do con ideas, ahí se está trabajando con emociones y entonces memoria va suministrando datos de acuerdo a los estados que se van suscitando en quien quiere desarrollar sus ideas. ¡Qué curioso sería que la memoria fuera simplemente grabación de datos sensoriales! Para poder hablar, ten­dríamos que reproducir todo aquello que se produjo en el momento en que aprendimos a hablar, por lo menos tendríamos que reproducir todo el sis­­tema sígnico. Pero cuando estoy hablando no estoy buscando el sistema síg­nico, lo que estoy buscando es mis ideas, mis emociones y se van soltando las articulaciones sígnicas, esas imágenes sígnicas que voy lanzando luego en el lenguaje. Está actuando el recuer­do au­tomático, un recuerdo de veloz reconocimiento. Y el re­co­nocimiento de un objeto se produce cuan­do es cotejada esa percepción con datos percibidos anteriormente.

Sin reconocimiento el psiquismo experimentaría un estar siempre por primera vez ante los fenómenos, a pesar de que estos se repitieran. Sería siempre el mismo fenómeno y no podría haber reconocimiento y así no podría avanzar el psi­quis­mo, pese a lo que opinan algunas corrientes a la moda. Opinan que es un “interesante progreso psicológico” el hecho de que la conciencia trabaje sin memoria. Trabajando sin memoria, estos predicadores no podrían ni siquiera explicar ese sistema a otros.

El olvido en cambio, es la imposibilidad para traer a la con­­­ciencia los datos ya grabados. Es muy curioso cómo a ve­­ces se olvidan franjas completas de situaciones, o de con­cep­tos, o de fenómenos. En algunos casos aquello que pudiera suscitar un determinado clima es borrado y por lo tanto son borrados todos los fenómenos grabados en memoria que tiene algo que ver con aquél estado. Se borran franjas enteras porque podrían suscitar esa imagen asociada a climas dolorosos.

En general, el olvido es la imposibilidad para traer a la conciencia datos ya grabados. Esto ocurre por un bloqueo en la reminiscencia que im­pide la reaparición de la información. Pero hay también suertes de ol­vidos funcionales que impiden la apa­rición continua de recuerdos gracias a mecanismos de interregulación que operan inhibiendo un aparato mien­tras funciona otro. Esto quiere decir que afortunadamente no se está re­­­cor­dan­do de continuo todo; que afortunadamente se puede re­cordar si­tuando los objetos y los fenómenos en distintos momentos, en distintos tiem­pos. Afortunadamente, no se recuerda de continuo porque entonces se vería muy perturbada la recepción de los datos del mundo externo. Con tal fondo de ruido de recuerdo continuo, es claro que tendríamos problemas al observar los fenómenos nuevos. Y es claro que nuestras operaciones intelectuales se verían fuertemente perturbadas también si estuviéramos sometidos al bombardeo continuo de memoria. Incluso veremos cómo el olvido, o la amnesia, o el blo­queo, también operan no por defecto, sino cumpliendo con una función importante para la economía del psiquismo. No será que esta estructura esté mal armada, sino que esté cumpliendo con alguna función aún en los errores que comete.

Podemos observar distintos niveles de memoria. En la ad­qui­sición de la memoria individual, en los primeros momentos en que se empieza a per­cibir y ya se empieza a grabar, se forma una suerte de “substrato”, para darle un nombre; una especie de substrato antiguo de memoria, un subs­trato profun­do de memoria. Sobre esta base de memoria, que es la base de datos con que va a trabajar la conciencia, se va estructurando el sistema de relaciones que luego efectúa la conciencia. Es la memoria más antigua desde el punto de vista del fundamento de las operaciones que se realizan. Sobre esta memoria más antigua se van “depositando” todas las grabaciones que se siguen registrando a lo largo de la vida, este es un segundo nivel de memoria. Y hay un tercer nivel de memoria que es la memoria inmediata, de los datos inmediatos con los que vamos trabajando. Normalmente, la memoria profunda queda archivada fuertemente sin producirse en su substrato operaciones de importancia. Mientras que en la memoria reciente, es necesario todo un trabajo de ordenamiento, clasificación y archivo de datos. También se establecen entre esos niveles (el nivel más reciente, el nivel inmediato, y el nivel mediato), suertes de “diferencias de potencial”, diríamos, en donde los nuevos datos van ingresando y también van modificando a la memoria me­dia­ta. Si es­co­lar­men­te quisiéramos hacer una clasificación hablaríamos de una memoria an­tigua, una memoria mediata y una memoria inmediata. Y es a la memo­ria inmediata a la que le daríamos el mayor trabajo de clasificación que a los otros tipos de memoria. Aunque no se trabaje fuertemente con los da­tos más antiguos, estos están muy arraigados. Es co­mo si crearan un camp­o dentro del cual caen los nuevos. Por esto tenemos serias dificultades para realizar trabajos con la memoria antigua. Podemos hacer trabajos con la memoria inmediata, actuar indirectamente sobre la memoria mediata pero nos cuesta enormemente modificar huellas profundas del substrato. Ese es el trasfondo que quedó y ese trasfondo, fuer­te­mente grabado, es el que está influyendo sobre los nuevos potenciales que van llegando al archivador. Así que en realidad están influyendo esas tensiones internas de la memoria, esas suertes de climas internos de la memoria, sobre los nuevos datos.

En toda grabación y también en la memorización de lo grabado, el trabajo de las emociones tiene un papel muy importante. Así es que emociones dolorosas o estados dolorosos que acompañan a una grabación, luego nos dan un registro di­ferente al de las grabaciones que se efectuaron en estados emotivos de agrado. Así pues, cuando se evoca una determi­na­da grabación sensorial externa, también van a surgir los esta­dos internos que le acompañaron. Si a ese dato externo le acom­­paña un sistema de emociones de defensa, un sistema de emociones dolorosas, la evocación de aquello que se grabó va a venir teñida con todo ese sistema de ideación do­loroso que acompañó a la grabación del dato externo. Y esto tiene im­portantes consecuencias.

Hay una suerte de memoria de tipo situacional también. Uno graba a una persona en una determinada situación. Al poco tiempo ve a esa misma persona pero en una situación que no tiene nada que ver. Entonces uno en­cuentra a esa persona, la registra como conocida, pero no la reconoce ple­namente; no coinciden las imágenes porque no coincide aquella ima­gen­ de la persona con la situación en la que fue grabada. En realidad, todo tipo de grabación es situacional y podemos hablar de una suerte de memoria situacional en donde el objeto va siendo grabado por los contextos. Mo­dificando luego el contexto en que está ese objeto, encontramos una suerte de sabor conocido en ese objeto pero no podemos reconocerlo por­que los parámetros de referencia han variado. Entonces tenemos dificultades en el reconocimiento por la variación del contexto al confrontar aquella imagen con la nueva. En los mecanismos de evocación, en la re­me­moración en general, hay problemas porque a veces no se sabe co­mo localizar al objeto si no se encuentra todo aquello que le acompañó. Lo que hemos dicho de la evocación, con respecto a que no se buscan imágenes sino que se buscan ciertos tonos, también vale en este caso.

Las vías de entrada de los impulsos mnémicos (de los impulsos de memoria), son los sentidos internos, los sentidos externos y las actividades del aparato de coordinación. Por su parte, los estímulos que llegan siguen una doble vía: una vía que va directamente al aparato de registro y una vía que va al aparato de memoria. Es suficiente con que los estímulos sobre­pa­sen levemente los umbrales sensoriales para que sean re­gis­trables. Y es suficiente una mínima actividad en los distintos niveles de conciencia para que haya grabación. Por otra parte, al actualizarse memoria por la traducción de impulso a imagen y de imagen a centro, como del funcionamiento del centro a su vez hay registro, se refuerza memoria. Estamos diciendo esto: si un impulso de memoria llega a conciencia y en conciencia este impulso se convierte en imagen, esta imagen actúa sobre los centros y estos dan la señal hacia afuera. Al efec­tuarse esta señal hacia afuera, de to­dos modos se registra la actividad del centro en sentidos inter­nos. Por consiguiente, ¿cómo se aprende realmente? ¿Se apren­de realmente por el dato que llega a los sentidos y se archiva en memoria o se apren­de cuando se efectúa? Un poco por las dos cosas.

En la educación escolar se ha supuesto que una fuente emisora dé señal, una fuente receptora tome la señal y en eso con­sista el aprendizaje. Parece que las cosas no funcionan tan así. Parece que se aprende cuando el dato que sale de me­moria llega a conciencia, se traduce en imagen, moviliza cen­tro y va como respuesta (se trate de respuesta intelectual o emotiva o motriz). Cuando este impulso convertido en imagen moviliza centro y centro efectúa, de esa acción del centro se tiene a la vez registro interno. Cuando se establece todo esta realimentación, este feed-back, es cuando la grabación se acentúa. En otras palabras: se aprende haciendo y no simplemente registrando. Si ustedes trabajan con un niño dándole explicaciones y el niño simplemente está en actitud receptiva, su situación de aprendizaje será muy diferente a que al niño le suministran datos y le pidan que con esos datos estructure relaciones y explique él lo que aprendió. Como a la vez hay un circuito entre el que enseña y el que aprende, las mismas operaciones del que aprende, el pre­guntar del que aprende sobre el que enseña, hace que el que enseña tenga que efectuar trabajos y relaciones incluso no pensadas por él. De tal manera que en este sistema de relación todos aprenden. Es un sistema de relaciones entre ambos interlocutores en donde, claro, el esquema de causa y efecto no funciona. Funciona una continua reacomodación en estructura, donde al dato se lo va viendo desde distintos puntos y donde no está solamente la actitud activa del que suministra dato y pasiva del que recibe el dato.

En el circuito entre sentidos y coordinador la memoria actúa como una suerte de conectiva, como un puente, compensando en ocasiones la falta de datos sensoriales, ya sea por evocación, ya por recuerdo involuntario. Y en el caso del sueño profundo, en donde no hay entrada de datos externos, están llegando a conciencia datos cenestésicos combinados con datos de memoria. En este caso los datos mnémicos no aparecen evocados intencionalmente, pero de cualquier modo el coordinador está realizando un trabajo, está ordenando datos, está analizando, está haciendo operaciones con participación de memoria; aún en el estado de sueño profundo, se están realizando todas estas operaciones. Conciencia está haciendo esto. Como ustedes saben, nosotros no identificamos conciencia con vigilia. Conciencia para nosotros es algo mucho más vasto, por eso hablamos de niveles de conciencia. Bien, la conciencia, en su nivel de sueño está abocada a ese trabajo mecánico de clasificación y de ordenamiento de los datos. En el nivel de sueño profundo hay reordenamiento de la materia prima vigílica, es decir, de la memoria reciente. Por eso es que los sueños de ese día tienen que ver preferentemente con la materia prima que se ha recibido durante el día. Desde luego que ahí se establecen largas cadenas asociativas y el dato de ese día, la materia prima de ese día a su vez, engancha y conecta con datos anteriores, pero es básicamente la materia prima del día (la memoria reciente), la que está trabajando en la formación del ensueño del sueño.

El coordinador puede dirigirse a la memoria mediante la evocación. A esta evocación le llamamos nosotros “mecanismo de reversibilidad”. Exige una actividad del coordinador en la búsqueda de las fuentes. Existe también una cantidad numerosa de errores de memoria. El error más general de la memoria es el del falso reconocimiento, que surge cuando un dato nuevo es relacionado incorrectamente con uno anterior. Esta situación en que ahora estoy, es sumamente similar a otra situación en que estuve antes, sólo que el objeto que tengo ahora no lo he visto antes. Como existen grabaciones de tipo situacional, yo ahora experimento la sensación de ya haber visto ese objeto, y no es que haya visto ese objeto nunca, sino que reconozco situaciones similares a la que estoy ahora y que ya han sucedido en otro momento. Entonces emplazo a ese nuevo objeto dentro de esa memoria situacional y me aparece como reconocido. A veces sucede lo inverso. Es que un objeto que reconozco suscita una situación que no he vivido jamás pero que me parece haber vivido. Una variante de esto, la variante llamada de “recuerdo equívoco”, es la de suplantar por otro a un dato que no aparece en memoria, como si se llenara el vacío de información.

Genéricamente se le llama amnesia a un registro de imposibilidad total para evocar datos o secuencias completas de datos. Hay distintas clasificaciones de estas amnesias, de estos olvidos. Puede haber amnesias no sólo referidas a un deter­minado objeto, o a objetos que se encadenan con él con­ti­gua­mente, contradictoriamente o similarmente. También pueden ope­rar amnesias donde lo que se borra no es determinado objeto sino una de­ter­minada situación y que está actuando en los distintos niveles de memoria. Ejemplificando esto: no me olvido lo que sucedió solamente hace cinco días, sino que olvido en distintas etapas de mi vida algunas situaciones que están relacionadas entre sí. Entonces, el olvido no solamente es lineal en una franja temporal, sino que a veces es selectivo de una determinada si­tua­ción que se repite en distintas etapas vitales. Toda aquella franja queda borrada, aparentemente, porque en realidad es muy difícil que algo se borre de memoria. Lo que sucede normalmente es que el dato no puede ser evocado porque no se tiene registro de tal sensación, porque esa sensa­ción del registro que corresponde a esa franja fue influida por otros tipos de sensaciones, entre otras, las sensaciones dolorosas. Las sensaciones dolorosas que acompañan a las grabaciones de determinados fenómenos son las que tienden a desaparecer en la evocación. Como estas sen­saciones dolorosas son rechazadas por toda la estructura, entonces es rechazado todo lo que le acompaña. Es básicamente el mecanismo de dolor en la gra­bación de un dato, el que a la corta o a la larga va a hacer evanescer el dato, va a hacer desaparecer el dato, por lo menos en su aspecto evo­­ca­tivo. De todas maneras, aquello que fue grabado con dolor, o es olvidado, o es evo­ca­do nuevamente en conciencia; pero transformados los contenidos laterales que le acompañaron. Hay grabaciones “a fuego”, dirían algunos, que son grabaciones dolorosas. Pero en estas grabaciones dolorosas, si se las examina bien, se verá que numerosos fenómenos que le acompañan han sido transformados fuertemente. Toda grabación está asociada a otras contiguas. No hay pues recuerdo aislado sino que el coordinador selecciona entre los recuerdos, aquellos que le son necesarios.

Refiriéndose al problema de la grabación de lo doloroso y lo placentero, se pregunta esto: ¿qué pasa cuando un estí­mulo sensorial es grabado placenteramente pero, por otras circunstancias, esto provoca dolor moral o dolor intelectual? Supongan a una persona que por su forma­ción moral tie­ne problemas con determinados datos sensoriales de tipo pla­centero. Ahí hay dolor y placer mezclado. Resulta que es­ta persona re­gistra placer físico y ese registro de placer fí­sico a la vez le crea pro­blema de valoración moral. ¿Cómo va a evocar entonces ese registro? Lo más probable es que en el futuro no quiera ni acordarse de lo que pasó. Pero tam­bién es probable que surja una especie de estado ob­se­sivo con respecto a aquella situación. Y entonces nos va­­­mos a en­contrar con esa buena persona que por un lado re­prime la evocación de los registros placenteros y por otro lado surgen los registros placenteros y se imponen a su conciencia.

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