Aproximación al arte levantino y esquemático



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APROXIMACIÓN AL ARTE LEVANTINO Y ESQUEMÁTICO
Hay muchos datos que nos permiten reconstruir la vida de las comunidades primitivas. Podemos saber las herramientas que fabricaban, la movilidad, el aprovechamiento y la explotación del territorio, su tecnología, la estructuración del espacio habitacional, las actividades económicas. Pero más allá de las acciones diarias, ¿cuáles eran sus costumbres?. ¿Cómo se organizaban el trabajo?.
Hace 30.000 años se registra un evento importantísimo; en algunos lugares empiezan a pintar las paredes de las cuevas. La pintura y las otras manifestaciones artísticas son una evidencia de las reflexiones que los seres humanos hacen sobre el mundo que les rodea y sobre la relación que mantienen con él.
Esto indica una capacidad artística, unas creencias rituales y, además, demuestra una especialización en el trabajo; mientras una parte del grupo estaría dedicado a las tareas de depredación básicas, habría algunos de sus miembros que dedicarían un cierto tiempo a un trabajo nuevo: la pintura.
A partir de este momento se incrementarán las evidencias de actividades no estrictamente relacionadas con la función directa de obtener alimento. La pintura rupestre, de manera específica, irá apareciendo en todo lo que queda de Prehistoria, acompañada de la aparición de figuritas interpretadas a veces como venus, grabados, relieves y otras manifestaciones artísticas.
Las pinturas más antiguas -las de la Grotte Chauvet con 30.000 años; las de Altamira y Lascaux con unos 15.000 años- aparecen siempre situadas en el interior de las cuevas, tanto en el techo como sobre las paredes. La abundancia de figuras de grandes herbívoros y otros mamíferos es abrumadora. Los rojos, ocres y negros, que se repiten, envuelven al espectador y -bajo la luz artificial- se vuelven intensos, desvelando entonces, de una forma casi mágica, formas magníficas.
En Altamira, las figuras, de grandes dimensiones, adquieren volumen porque están pintadas sobre el relieve de la roca. En la Grotte Chauvet parece que se mueven, porque los trazos repetidos sobre las cabezas enfatizan los movimientos de los animales. Son fieles representaciones de animales que ya no pastan por nuestros prados porque hace miles de años que desaparecieron. Por su majestuosidad parecen dioses omnipresentes que flotan por el techo y las paredes de un singular mundo subterráneo. Aunque están juntos, no existe entre ellos más vínculo que la estética y el espacio pequeño y oscuro que comparten. No hay nada en las representaciones que indique que interactúan entre ellos; al contrario, todos estos animales se ignoran. Los recintos que contienen las primeras pinturas rupestres son espacios mágicos que nos trasladan al mundo de las creencias de los artistas anónimos y de la sociedad que las pintó. Pese a todo, esta aproximación tan íntima a su conciencia no nos desvela su fisonomía, porque ni el autor ni ninguno de sus coetáneos aparecen representados.
¿Por qué la figura humana no tiene protagonismo en estas representaciones?. Lo que queda claro es que aquellos primeros artistas, lejos del antropocentrismo, representaban dioses establecidos por la naturaleza y, dentro de ese espacio, la figura humana no tenía lugar. Más adelante, en un período todavía indeterminado -que podría haber sido el final del Paleolítico- aparecen de forma sistemática las primeras representaciones humanas, alejadas del naturalismo de los primeros santuarios; tienen como protagonistas a pequeños hombrecillos dibujados con trazo sencillo pero con gran dinamismo: son los arqueros del llamado arte levantino.
También aparece un arte denominado esquemático, representado por símbolos de significado desconocido: las escenas de arqueros y animales, así como los símbolos esquemáticos, son los dos vestigios de arte parietal rupestre existentes en Catalunya.
Las características de la pintura levantina son hasta ahora homogéneas. Todas las pinturas están en abrigos de poca profundidad, en entornos montañosos abruptos y elevados, siempre en lugar visible y soleado; conocemos pocos casos de representaciones en el interior de las cuevas. Están repartidas principalmente por la fachada mediterránea de la Península Ibérica. La mayor concentración se encuentra en el País Valencia, sobretodo en el Maestrat. En Catalunya, las zonas de Tarragona y Lleida son de las que, por ahora, conocemos más representaciones. También en Murcia, Aragón (especialmente en Teruel) y en lugares como por ejemplo Guadalajara y Castilla-La Mancha, se han encontrado pinturas de este estilo.
Si pudiéramos ver todas las escenas de la pintura levantina proyectadas en un audiovisual que incorporara sonidos de gritos humanos y de animales, nos parecería asistir a una historia protagonizada por sombras chinescas rojas. Y es que en la pintura levantina la figura es una sombra, una silueta de la que sólo podemos percibir los detalles del perfil, porque el interior está relleno de color.
El protagonista indiscutible es el arquero, un personaje ágil, dinámico, siempre en acción. En general, aparece cazando, actividad de la cual es un experto, con las estrategias bien calculadas, está bien preparado y extremadamente coordinado con sus compañeros. El arquero aparece en todas las fases de la cacería; cuando se prepara, cuando sigue el rastro, cuando ataca y también cuando celebra el éxito. Aunque no tiene fisonomía, es un personaje alegre y positivo, espabilado, valiente y luchador; es, en definitiva, el héroe de la Prehistoria.
Los otros protagonistas son los animales. De todos, el que más aparece es la cabra, seguida de los ciervos, los toros, los caballos, los jabalís, los zorros y los lobos. Según Anna Alonso y Alexandre Grimal, cada uno de estos animales está plasmado siempre de la misma manera; su presencia está ligada a un concepto, su uso está sujeto a un mensaje todavía desconocido. Las mujeres son marginadas, pero las escenas en las que aparecen tienen un sentido profundo y religioso, alejado de la tarea femenina de la maternidad, ya que nunca aparecen criaturas.
El argumento principal de esta singular obra es la caza, aunque hay otras escenas tan diversas como la vida misma: enfrentamientos entre arqueros, escenas de recolección, danzas, arqueros heridos, animales heridos... Por otro lado, si nos fijamos en lo que nos explican las pinturas, la caza es la actividad más importante, acompañada en un caso (en la cueva central de l'Aranya, en Bicorb, en el País Valencià) de la recolección de miel; en general no aparecen escenas agrícolas ni ganaderas.
En cuanto a la técnica, conocemos métodos diferentes de realizar representaciones rupestres. En los períodos antiguos del Paleolítico, como es el caso de las pinturas de Altamira, pintaban con trazos de carbón, manganeso u ocres, que son utilizados a modo de lápices. En el caso de la pintura levantina y también en el de la esquemática, molían el pigmento hasta convertirlo en polvo. Entonces lo mezclaban con agua o con grasas o ámbar. La pasta resultante se aplicaba con pinceles naturales, que se podían fabricar con pelos de animales, fibras vegetales o con plumas, de las que se aprovechaban las barbas. A veces, soplaban el pigmento seco con la ayuda de una caña o de un hueso. También pintaban con los dedos.
Alexandre Grimal explica que la pluma retiene gran cantidad de pintura y permite realizar trazos largos, continuos y sutiles. El hecho de que la figura se represente como una silueta, obliga al artista a reflejar de una manera exagerada lo que le sucede al protagonista, y la pluma favorece este tipo de líneas sugerentes.
La sencillez de los trazos no les resta realismo, que el artista consigue a través de trucos como la inclinación de las figuras respecto al plano o la ubicación posterior sobre el cuerpo de algunos atributos, que demuestran movimiento y dinamismo. El arte levantino es una expresión íntima de una cultura en su vertiente religiosa, ya que las figuras que aparecen están siempre repetidas, representadas de una misma forma; en consecuencia, su mensaje va más allá de lo que nuestros ojos pueden percibir. Sólo un estudio exhaustivo y serio de todo el conjunto levantino, que cada vez es mayor y más numeroso, y una buena política de preservación, conservación y divulgación otorgará a esta expresión artística, extraordinaria y única en el mundo, el lugar que se merece en la historia del arte primitivo.
La otra forma artística parietal prehistórica es el arte esquemático. En este caso las representaciones se encuentran bien presentes en el área peninsular y también en el litoral mediterráneo.
En Catalunya, es en las tierras de Lleida donde hay más muestras. Aparece en los mismos contextos que el arte levantino; es decir en abrigos y paredes soleadas. Los colores más utilizados son el rojo, el negro y, a veces, el blanco. Como se trata de representaciones esquemáticas, las figuras humanas, que simplifican los arqueros antes mencionados, son las que se identifican mejor. También aparecen ciervos, identificables a través de la cornamenta, figuras geométricas y otras formas de las que no conocemos el significado. Está claro que la conjunción de estas representaciones esquemáticas no tiene por objetivo crear escenas, como sí que lo es para la pintura levantina. Pese a todo, el significado de la composición no tiene porqué estar alejado del de la pintura levantina. En cualquier caso, es evidente que esta forma artística responde a una forma de pensamiento abstracto, que presenta una percepción diferente de la realidad y que nos acerca a un mundo también antropocéntrico, más cercano a las ideas que a la realidad palpable.
Pero, más allá de su significado y de su interés artístico, hay planteada una discusión de difícil resolución. ¿Cuál es la antigüedad real de las pinturas?. ¿Quiénes fueron los hombres y las mujeres que las hicieron?. ¿Se produjeron los dos estilos al mismo tiempo o unas son más antiguas que las otras?.
Hoy por hoy, no hay publicados datos cronológicos absolutos de estas pinturas. Por otro lado, la posibilidad de un análisis para determinar la cronología es muy compleja, ya que para poder hacer dataciones de Carbono 14, que proporcionarían su antigüedad, se habrían de conservar restos de materia orgánica (grasas animales o carbón).
Otra cuestión son las dataciones relativas; es decir, aquellas que se pueden realizar a partir de la cronología aproximada determinada por criterios arqueológicos: tipos de materiales asociados a las pinturas, temática, superposición de pinturas, pinturas relacionadas con niveles arqueológicos, etc...
Prehistoriadores como Salvador Vilaseca y Lluís Pericot situaron las pinturas rupestres levantinas dentro del contexto del Epipaleolítico. En 1975, F.J. Fortea estableció la antigüedad de las pinturas en el quinto milenio a.C., a partir de unas tablillas grabadas aparecidas en la Cueva de la Cocina, en el País Valencià: por tanto, las atribuía a los grupos neolíticos. En cuanto a la relación entre ambas formas artísticas, siempre se ha defendido que el arte esquemático es posterior, porque representa un estadio más avanzado en el mundo de las ideas. Anna Alonso, que ha estudiado la mayoría de las pinturas rupestres de Catalunya, revisó un panel poco claro que presentaba algunas figuras de difícil interpretación, hallado en la misma Cueva de la Cocina, y que fue cubierto por niveles arqueológicos neolíticos. Pese a que reconoce que es difícil identificar las figuras, afirma que pertenecen al arte levantino; para poder pintarlas, sus autores habrían pisado los niveles que se encuentran por debajo de aquellos que cubrían las pinturas -es decir, los epipaleolíticos-; este dato puede ser el más importante para datar las pinturas. Por otro lado, hay que añadir que los tipos de animales que aparecen, así como las escenas propias de las comunidades cazadoras, abonan esta teoría. También propone que, en algunos lugares concretos, el arte levantino y el esquemático podrían ser coetáneos, aunque piensa que este último es posterior y que pertenece a las comunidades neolíticas que llegan a la Península desde las tierras de Oriente con una nueva manera de representar su cultura religiosa.
LAS PINTURAS RUPESTRES DE ULLDECONA
Las pinturas rupestres de la Serra de la Pietat de Ulldecona, uno de los lugares con más concentración de pinturas rupestres de Catalunya, fueron descubiertas en la Cueva V por un miembro del equipo de espeleología del Centre Cultural Recreatiu d'Ulldecona en 1975. Posteriormente, miembros y estudiantes agrupados en la Escola Catalana d'Espeleologia detectaron pinturas en gran número de lugares en la misma Serra de la Pietat y en el Barranc de la Fou, cerca del Pantà d'Ulldecona.
La primera tarea fue calcar las pinturas y topografiar las cuevas donde aparecieron, que en total constituyen un total de ocho concavidades. Este grupo de pinturas está situado en la Serra de la Pietat, a unos cinco kilómetros del pueblo de Ulldecona y en el Barranc de la Fou, cerca del Pantà d'Ulldecona, justo en el límite provincial de Tarragona con Castelló. La cadena montañosa en la que se hallan está formada por estratos de material calcáreo, que por la acción erosiva del clima y de las aguas han ido formando estos abrigos. La misma actividad erosiva pone en peligro el conjunto pictórico. Las pinturas se localizan en lugares visibles, en el techo o en las zonas en las que la pared se inclina hacia el exterior del abrigo.
Tal y como se ha comentado estas pinturas pertenecen al grupo naturalista; las escenas están protagonizadas, en su mayoría, por representaciones de actividades humanas. Ahora bien, se pueden observar figuras levantinas y esquemáticas. Dentro del primer grupo, se puede distinguir un conjunto de figuras muy pequeñas y otro grupo de figuras con gran dinamismo. Muchas de las figuras humanas llevan arco y flechas y se presentan desnudas con ornamentos, tales como plumas y colgantes. Los animales más frecuentes son los ciervos, las cabras, los caballos, los perros, los lobos y los zorros. Hay que tener en cuenta que las pinturas se han deteriorado (en algunos casos casi han desaparecido), porque antes era frecuente mojarlas para verlas mejor y, al estar compuestas actualmente por hongos (que crecen sobre el pigmento original), los cambios bruscos de temperatura y humedad las deterioran sumamente. En este sentido las pinturas rupestres son pinturas vivas en el sentido más literal de la palabra.

Actualmente para acceder al Abrigo I hay que solicitar visita en el Ayuntamiento de Ulldecona, ya que estas pinturas son ya Patrimonio de la Humanidad.


ABRIGO I.

Hay más de un centenar de representaciones, que están concentradas formando conjuntos temáticos. El mayor y más importante es una gran escena en la que encontramos dos secuencias. La de la derecha representa a los arqueros persiguiendo ciervos. Más allá, a la izquierda, otros arqueros esperan a los ciervos para matarlos. En el centro, ciervos y cazadores se encuentran en un escenario lleno de flechas y sangre. A la derecha, y como figura humana más importante destaca la que se denomina "la Hechicera", con una gran cabeza, con trenza y un arco entre las piernas. (Ver imágenes).



ABRIGO V.

Tiene las pinturas en el techo, que está ahumado por los numerosos fuegos que se han realizado. Además, arrancaron una de las pinturas existentes. Aunque los restos pictóricos son difíciles de ver y también escasos, es recomendable visitar este abrigo para concienciarnos de la importancia de preservar estos bienes patrimoniales. Está a unos 70 metros del Abrigo I.



ABRIGO VIII.

Las figuras mejor conservadas de este abrigo se encuentran en la zona más elevada. De todas, la que más destaca es la imagen de un arquero que lleva arco y flechas, y que está parado, observando y esperando. El arquero va adornado con plumas en las piernas, una bolsa con colgantes a la espalda y una especie de moño en la cabeza.


Acceso al Abrigo I, con las guías del Ayuntamiento de Ulldecona. La inaccesibilidad actual no se corresponde con las facilidades que tenían los habitantes originales del abrigo. El paso del tiempo ha erosionado los sedimentos de la colina y ha convertido la pared en un escarpado considerable. El entorno estaba compuesto por pastizales y lagunas, de las cuales aún se conservan pequeños lagos en dos de ellas. (R. Balaguer).



Detalle de la parte derecha del conjunto del Abrigo I. La Hechicera se aprecia claramente. (R. Balaguer).



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