Análisis filosófico político de la sociedad capitalista Cuadernos de reflexión



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Ricardo Vicente López
El

pensamiento de

Carlos Marx

Análisis filosófico – político de la sociedad capitalista

Cuadernos de reflexión:
La crítica de la ideología burguesa

Parte Segunda




El Pensamiento Económico-social de Marx
Vamos a seguir el mismo itinerario que el pensador alemán hace en el tomo primero de El Capital. Nos dice en el prólogo de esta obra cuál es su propósito al estudiar la economía del sistema capitalista:

Lo que aquí nos interesa no es precisamente el grado más o menos alto de desarrollo de las contradicciones sociales que brotan de las leyes naturales de la producción capitalista. Nos interesa más bien estas leyes de por sí, estas tendencias, que actúan y se imponen con férrea necesidad.1

A diferencia de los economistas clásicos Marx habla siempre de sistemas de producción ubicados en una determinada época histórica, no habla de la producción en general, salvo cuando una exigencia metodológica así se lo exige, en ese caso deja aclarado el punto. Por ello dice:

Cuando hablamos de producción nos referimos siempre a la producción en un estadio determinado del desarrollo social, a la producción de los individuos viviendo en sociedad.2

Es a los sistemas de producción y a las leyes que los gobiernan a lo que apunta su fino bisturí, para lo cual va a comenzar metodológicamente por las manifestaciones más simples del proceso económico: las mercancías. Esta simple manifestación es la primera que estudia por ser la más general, por ello la más abstracta, es decir, la que tiene menos determinaciones concretas, menos especificaciones que la restrinjan a una época y a un sistema económico determinado. La mercancía es la manifestación más simple de la producción en general, corresponde a todo sistema social en el que se haya producido el cambio, desde el primitivo trueque hasta las formas más complejas del sistema capitalista3. Por ello parte de allí en su primer aspecto, esencial, el ser un bien de uso. En esta característica reside el primer acto de la producción de mercancías, que sean de utilidad social para ser demandadas, de allí surgirá la primera manifestación del valor como “valor de uso”:

La utilidad de un objeto lo convierte en valor de uso. Pero esta utilidad de los objetos no flota en el aire. Es algo que está condicionado por las cualidades materiales de la mercancía y que no puede existir sin ellas. Lo que constituye un valor de uso o un bien es, por tanto, la materialidad de la mercancía misma... Los valores de uso forman el contenido material de la riqueza, cualquiera sea la forma social de ésta... los valores de uso son, además el soporte material del valor de cambio. (subrayados de Marx)4

Por ser, entonces, un bien útil, necesario, adquiere la segunda forma que va a presentar la mercancía, ser un valor de cambio, cualidad que la convertirá específicamente en mercancía. Engels, en nota al pie de página, aclara ante erróneas interpretaciones aparecidas en las primeras lecturas de la época que para que un bien sea estrictamente considerado mercancía debe haber sido producido para ser cambiado: “Para ser mercancía, el producto ha de pasar a manos de otro, del que lo consume, por medio de un acto de cambio”. No basta que sea consumido por otro, distinto al que lo produjo, es necesario que haya llegado a sus manos por un acto de cambio, es decir, un acto comercial, cualquiera sea la forma que éste tenga en cada sociedad. El convertirse en mercancía le otorga un valor de cambio que subordina la cualidad de ser un producto útil para otro, por lo tanto demandado, a la cualidad de tener un valor que le permite ser permutado por otro que contenga ese mismo valor o por una mercancía muy particular, que va a oficiar de intermediaria en el acto de cambio, el dinero. Comenta Marx:

A primera vista, el valor de cambio aparece como la relación cuantitativa, la proporción en que se cambian valores de uso de una clase por valores de uso de otra, relación que varía constantemente con los lugares y los tiempos. Parece, pues, como si el valor de cambio fuese algo puramente casual y relativo... (sin embargo) tienen que ser necesariamente valores de cambio substituibles los unos por los otros o iguales entre sí. De donde se sigue: primero, que los diversos valores de cambio de la misma mercancía expresan todos ellos algo igual; segundo, que el valor de cambio no es ni puede ser más que la expresión de un contenido diferenciable de él... hay que reducirlos necesariamente a un algo común respecto al cual representen un más o un menos.5

Está apareciendo el hilo conductor de la investigación de Marx, algo hay en la mercancía, en tanto valor de cambio, que le permite la permuta de valores iguales o proporcionales. En su calidad de valores de uso las mercancías representan todas cualidades distintas, que están manifestadas en las diferentes prestaciones que brindan, por lo contrario, en cuanto se presentan como valores de cambio todas ellas encierran algo en común, sólo se distinguen por la cantidad de valor que contienen, dice en la misma página:

Ahora bien, si prescindimos del valor de uso de las mercancías éstas sólo conservan una cualidad: la de ser productos del trabajo... Con el carácter útil de los productos del trabajo, desaparecerá el carácter útil de los trabajos que representan y desaparecerá también, por tanto, las diversas formas concretas de estos trabajos, que dejarán de distinguirse unos de otros para reducirse todos ellos al mismo trabajo humano abstracto, trabajo humano puro y simple.

Equivale a decir que los trabajos específicos para la elaboración de cada uno de los productos, determinados por las particularidades técnicas y los materiales con que son hechos, contienen por debajo de ellos una característica común a todos ellos: ser trabajo humano, es decir desgaste de nervios, músculos, esfuerzo mental, que Marx denomina trabajo abstracto en contraposición a los trabajos concretos que cada trabajador realiza particularmente; esta distinción le permite avanzar teóricamente sobre la conceptualización del valor de cambio, en tanto representa cantidades iguales de trabajo materializado en el producto final. La objetivación, o materialización, de trabajo humano cristalizado en la mercancía le otorga esa medida de valor que va a ser entendida como la cantidad de horas necesarias para producir una mercancía, cantidad que variará social e históricamente de acuerdo a los sistemas de producción de cada sociedad. Leámoslo en sus palabras:

Cada una de estas fuerzas individuales de trabajo es una fuerza humana de trabajo equivalente a las demás, siempre y cuando que presente el carácter de una fuerza media de trabajo social y dé, además, el rendimiento que a esa fuerza media de trabajo social corresponde; o lo que es lo mismo, siempre y cuando que para producir una mercancía no consuma más que el tiempo de trabajo que representa la media necesaria, o sea el tiempo de trabajo socialmente necesario. Tiempo de trabajo socialmente necesario es aquel que se requiere para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción y con el grado medio de destreza e intensidad de trabajo imperante en la sociedad. (subrayados de Marx)6

Por consiguiente, lo que define la cantidad de valor que encierra una mercancía es, entonces, la cantidad de trabajo invertido en su confección de acuerdo a lo que hemos leído de las condiciones que debe reunir ese trabajo. Por lo tanto, la variación de valor de las mercancías está en relación directa a la cantidad de trabajo humano objetivado, materializado, en ellas, cuanto mayor sea la capacidad productiva de ese trabajo menor será la cantidad de tiempo necesario para su producción y, por tanto, menor será su valor. La incorporación paulatina de tecnología ha ido acortando el tiempo necesario de trabajo, lo que se ha verificado en una disminución de valor de las mercancías en general (no debe engañarnos la variación del valor de la moneda en la comparación de precios históricos, pero a moneda constante esa disminución de valor se ha expresado en una rebaja de precios). Este análisis teórico supone el funcionamiento de un mercado de libre concurrencia, en el cual la competencia impide el uso político de precios que se ha dado en los mercados monopólicos, en aquel mercado el precio expresa el valor en los términos expuestos.

Siguiendo la lógica de su exposición en El Capital corresponde dar un paso más en la manifestación de este valor, que queda encubierto en la verdad de su origen, y que se presenta ante los ojos como una cualidad de la mercancía en tanto tal, como si el valor brotara de su carácter de mercancía y fuera ella en su actitud ante el cambio la que fijara caprichosamente su valor. Marx va a denominar a esta apariencia “el fetichismo de la mercancía”, haciendo referencia al comportamiento de los hombres ante un fetiche al que se le otorgan poderes objetivos que, en realidad, sólo están en la cabeza de los hombres. El valor de las mercancías “aparece” ante los hombres como una determinación de su esencia, no como la cantidad de trabajo social que lleva incorporada, pero este valor, que es la suma de los trabajos individuales que los productores han ido incorporando a lo largo de las etapas que el proceso productivo y, por tanto, la suma de fracciones de valor de los distintos trabajos, aparece ahora manifestándose en su concreción final en un valor síntesis o sumatoria de valores no reconocidos como tales y que, por su carácter de unidad final esconde el proceso de los trabajos particulares. Ese valor final de la mercancía, que se manifiesta en el momento del cambio, oculta ese proceso y al hacerlo impide el reconocimiento del trabajo realizado y cristalizado por los distintos productores. El grado de división del trabajo social, que en la sociedad industrial adquiere su máxima expresión de complejidad, se asocia en este encubrimiento y complica el descubrimiento de la verdad que encierra el proceso de creación de valor. En palabras de Marx:

El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de los productores... lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres.7

El modo de plantear las ideas económicas, al que nos han acostumbrado, nos ha obligado a dirigir nuestra mirada hacia el mercado, y toda la economía neoclásica así lo ha hecho. En ese planteo el valor aparece como un fenómeno que se da en el mercado, en el momento del cambio, es allí, entonces, donde se produce la valorización de la mercancía y, por ende, el misterio de su origen, su fetichismo:

La determinación de la magnitud de valor por el tiempo de trabajo es, por tanto, el secreto que se esconde detrás de las oscilaciones aparentes de los valores relativos de las mercancías... esta forma acabada -la forma dinero- del mundo de las mercancías, lejos de revelar el carácter social de los trabajos privados y, por tanto, las relaciones sociales entre los productores privados, lo que hace es encubrirlas.8
a) Las mercancías se cambian por dinero

La circulación de las mercancías es lo que caracteriza a la sociedad moderna industrial, esa circulación, que comparte con otras formas históricas sociales, adquiere sobre finales del siglo XV y principios del XVI en Europa, sobre todo a partir de la mundialización del comercio por la conquista de nuevos territorios, las condiciones necesarias para la conversión del dinero en capital, acto por el cual va a aparecer un nuevo modo de producción que responderá a las exigencias que Marx atribuye al capitalismo9. El dinero, de larga existencia, adquiere a través de este proceso algunas peculiaridades que van a teñir de un color especial las relaciones comerciales, que se convertirán en la terminología de Marx relaciones sociales de producción capitalistas:

Históricamente, el capital empieza enfrentándose en todas partes con la propiedad inmueble en forma de dinero, bajo la forma de patrimonio-dinero, de capital comercial y de capital usurario... Todo capital nuevo comienza pisando la escena, es decir el mercado, sea el mercado de mercancías, el de trabajo o el de dinero, bajo la forma de dinero que, a través de determinados procesos, habrá de convertirse en capital.10

La forma más directa y simple de la circulación comercial es la que comienza presentándose como mercancía en el mercado para ser cambiada por dinero el que a su vez volverá a cambiarse por mercancías. Este tipo de circulación caracteriza todo el modo de producción artesanal, en el que el productor lleva sus manufacturas a vender a las ferias para luego, con el dinero obtenido, comprar insumos que le permita seguir produciendo. Esa circulación o cambio comercial tiene la particularidad de salir del mercado con una cantidad de valor mayor del que llevó. La diferencia o plus de valor, expresado en mercancías o dinero, es lo que le permite al artesano cubrir sus gastos de subsistencia para él y su familia. Esta circulación pone de manifiesto la necesidad de vender para comprar y tiene su primer acto formal en la actividad productiva del artesano produciendo en su taller, luego lleva su mercadería al mercado para cambiarla por dinero, en el acto de la venta, con ese dinero compra lo necesario para seguir produciendo, más las necesidades de manutención. Marx lo sintetiza en la fórmula: M - D - M’. La M’ señala el plus obtenido como diferencia, sin el cual no tendría objeto todo el movimiento comenzado. En este proceso, el punto final está dado por el consumo de las mercancías por parte del comprador, ya sea este un consumidor final o un productor que consume esos insumos en un nuevo acto de producción. El dinero cumple sólo un papel de intermediario y desaparece su importancia terminado el proceso.


b) El dinero se cambia por mercancías
Pero en el transcurso de los siglos mencionados anteriormente, por distintas razones que Marx no profundiza, se va acumulando una enorme cantidad de dinero circulante, que podemos señalar como fruto del ingreso masivo de metales preciosos llegados de las colonias más una transformación histórico-política de acumulación de la propiedad territorial en pocas manos11. Haciendo referencia a este proceso el profesor Dobb afirma: “...debemos considerarlo, no en un sentido estrechamente económico, sino como un proceso social de concentración de la propiedad de los activos existentes; una concentración que supuso, por otro lado, la desposesión de los pequeños productores. Visto así, representa la progresiva polarización de la sociedad en las dos clases modernas, burguesía y proletariado”. Esta cantidad de dinero modificó el cuadro imperante al aparecer grandes compradores de mercancías que invirtieron el orden de la circulación. Ya no se compraba básicamente para consumir, ahora la compra estaba destinada a ser vendida nuevamente para la obtención de utilidades. Esto debía ser expresado con una nueva fórmula. D - M - D’:

El ciclo M - D - M arranca del polo de una mercadería y se cierra con el polo de otra mercadería, que sale de la circulación y entra en la órbita del consumo. Su fin último es, por tanto, el consumo, la satisfacción de necesidades, o, dicho en otros términos, el valor de uso. Por el contrario, el ciclo D - M - D arranca del polo del dinero para retornar por último al mismo polo. Su motivo propulsor y su finalidad determinante es, por tanto, el propio valor de cambio.12

En el primer caso al comenzar por el polo de la mercancía tenemos que en el primer acto tenemos mercancía igual que en el último, pero las mercancía final es otra distinta a la primera; en el segundo caso se daría, a primera vista, el absurdo de encontrarnos que al comienzo y al final tenemos la misma mercancía: el dinero, sólo justificado por la obtención de más dinero, convertido ahora en un fin en sí mismo, que va a dar color a toda la producción capitalista:

La circulación simple de mercancías -el proceso de vender para comprar- sirve de medio para la consecución de un fin último situado fuera de la circulación: la asimilación de valores de uso, la satisfacción de necesidades. En cambio, la circulación del dinero como capital lleva en sí misma su fin, pues la valorización del valor sólo se da dentro de este proceso constantemente renovado. El movimiento de capital es, por tanto, incesante.13

Como agente activo de este proceso el poseedor del dinero se convierte en capitalista, dice Marx que más que en su persona está en su bolsillo el punto de arranque y de retorno de todo el proceso. Por lo que el sistema de circulación tiene un fin objetivo que es el lucro que es, al mismo tiempo, su fin subjetivo, la codicia del capitalista, el valor del dinero se convierte, de este modo, en valor progresivo, siempre ávido de su incremento, equivale a decir en capital. De allí que esta fórmula del movimiento del dinero que se expresa como D - M - D’ “es la fórmula genérica del capital, tal y como se nos presenta directamente en la órbita de la circulación”. Pero aparece aquí una incógnita que Marx va a investigar y que es uno de los más geniales aportes que ofreció a la ciencia de la producción y el cambio.
c) El dinero se convierte en capital
El proceso por el que se cambia dinero por mercancías para obtener nuevamente dinero no aclara de dónde se obtiene ese plus de valor que se observa en la valorización del dinero, el comprar mercancías a un valor para ser vendidas a otro superior supone un incremento del valor de las mercancías que no queda explicado. Podría suponerse que la habilidad del capitalista hace que en alguno de los dos momentos, en el de la compra paga menos de lo que vale obteniendo así un plus que se va a realizar en el momento de la venta, o en el de la venta cobra por encima de su valor y allí extraería su ganancia. Teniendo en cuenta de que en el mercado capitalista desarrollado las operaciones son llevadas a cabo por empresarios capitalistas profesionales resulta dificultoso el suponer que unos ganen y otros pierdan, cuando la simple mirada nos informa que el sistema funciona sobre la obtención de ganancias de todos (los que no ganan quedan excluidos del mercado por quiebra). Si todos ganan y la totalidad de la circulación de mercaderías dan por resultado más utilidades, y, por otra parte, el sistema demuestra siempre que en la totalidad de su resultado siempre aparecen mayores cantidades de valor, queda planteada la cuestión del origen de ese plus de valor que el supuesto de la mutua estafa no alcanza a sostener.

Marx cita a Benjamín Franklin (1706-1790), padre de la nación capitalista más grande del sistema, los Estados Unidos, “la guerra es un robo; el comercio una estafa”, esto es comprensible para una etapa del sistema capitalista en la que el saqueo era todavía una fuente importante de riquezas. Pero el desarrollo y la estabilización del sistema fue marginando estos métodos, al menos en las relaciones entre capitalistas, aunque se siguiera utilizando en el comercio internacional con los pueblos y naciones del Tercer Mundo. Por esta razón no es aceptable que la valorización del dinero por parte del capitalista, la obtención de más dinero, provenga de la “estafa” a la que hace mención Franklin. Debemos suponer que en un análisis abstracto, es decir teórico, el cambio se realiza en el mercado a los valores justos. Había quedado dicho con anterioridad que el supuesto que sostiene todo este razonamiento es la existencia de un mercado de libre concurrencia, en el que la libre competencia obliga a que los precios se pacten en torno a su verdadero valor. Cualquier distorsión que alterara este supuesto sería equilibrada por el mismo funcionamiento del mercado. Por ello sostiene en el Capital:

Puesto que los capitalistas individuales se encuentran uno con otro únicamente como propietarios de mercancías, y cada uno procura vender su mercancía tan cara como sea posible... la ley interna se cumple meramente por medio de la competencia entre ellos, por la presión mutua, de uno sobre el otro, mediante la cual equilibran las diferentes desviaciones.14

Si una mercancía se estuviera vendiendo por encima de su valor, por una oferta escasa o una demanda excesiva, brindando de este modo una ganancia extra, sería suficiente para que atrajera a otros productores a ofrecer ese tipo de mercancía en procura de esa utilidad superior. Estos generarían una oferta mayor que llevaría el precio a su punto de equilibrio. Si la oferta superara la demanda el precio caería tanto que algunos productores se retirarían ante el riesgo de tener pérdidas; el precio se equilibraría nuevamente. La existencia de un mercado de competencia permite trabajar sobre el supuesto de que en el mercado las operaciones se transan alrededor de su verdadero valor, es decir de un justo precio. Dice Marx: “En el momento en que oferta y demanda se equilibran mutuamente, y, por lo mismo, cesan de actuar, el precio de mercado de una mercancía coincide con su valor”. Y agrega Sweezy: “No sólo la teoría del precio no contradice la teoría del valor, sino que se basa directamente en ella y no tendría ningún sentido a no ser como parte del desarrollo de la teoría del valor”. Luego la utilidad no proviene del mercado, en él sólo se hace evidente:

Hemos visto que la plusvalía no puede brotar de la circulación, que, por tanto, al crearse, tiene necesariamente que operarse a sus espaldas algo invisible en ella misma. Pero ¿es que la plusvalía puede brotar de otra fuente que no sea la circulación? La circulación es la suma de todas las relaciones de cambio que se establecen entre los poseedores de mercancías. Fuera de la circulación, el poseedor de mercancías no se relaciona más que con las mercancías de su propiedad... El poseedor de mercancías puede, con su trabajo, crear valores, pero no valores que engendren nuevo valor.15(subrayados de Marx)

Es decir un poseedor de mercancías , por ejemplo cuero (es el ejemplo que da Marx), puede agregarle valor transformándolo en botas, con lo cual se encuentra al final de su proceso con más valor del que tenía al comenzar, pero éste es el resultado del trabajo agregado a la mercancía originaria.


d) Proceso creador de valor
La pregunta que deja abierta Marx sobre la posibilidad de existencia de “otra fuente” de creación de valor que no esté en el circuito de cambio debe, ahora, guiar nuestros pasos en el seguimiento de su modo de razonar. El poseedor del dinero va al mercado para comprar, bien mercancía terminada para volver a vender en el estado en que la compró, capital comercial, o bien para comprar mercancías-insumos que consumirá en la producción de nuevas mercancías, capital industrial. Cada mercancía contiene una medida determinada de valor que no se altera salvo que se le agregue mayor cantidad de trabajo (o se deteriore por rotura), pero que, por regla general, permanece con la misma cantidad de valor. Este valor, que ya hemos visto más arriba es el equivalente a la cantidad de horas de trabajo necesaria para ser producida, se incorpora a la mercancía en la cual se transforma, puede incorporar menos cantidad por los desperdicios que su utilización provoca, pero nunca mayor valor que el que contiene; cualquier suposición en contrario nos llevaría a un callejón sin salida en el razonamiento; si incorpora mayor cantidad se vuelve a plantear el problema de dónde salió, que no sea el trabajo.

En el caso, que queda planteado, del poseedor del dinero que va a comprar insumos para su producción compra todas las mercancías a su justo precio, su valor, como también quedó dicho. Esto presenta el interrogante de si entre todas las mercancías que compra alguna de ellas reviste alguna forma particular, que la diferencie del resto y que permita avanzar en la investigación de este problema. Marx señala una que no era una mercancía pero que el proceso histórico redujo a condición de tal: el trabajador, más específicamente su capacidad de trabajar. Para que este hecho se produjera fue necesario que se presentara en el mercado un hombre libre, dueño de su capacidad de trabajar, dispuesto a vender una cantidad determinada de horas de trabajo, al no poseer instrumentos de producción que le permitan realizar un trabajo libre, como el del artesano. Esto supone un largo período histórico que se desarrolló entre los siglos XIII y XV, en Europa, de pauperización del campesinado y del artesanado que arrojó una gran cantidad de mano de obra libre, proceso que se incrementó en los siglos posteriores:

... hay algo indiscutible, y es que la naturaleza no produce, de una parte, poseedores de dinero o de mercancías, y de otra parte simples poseedores de sus fuerzas de trabajo. Este estado de cosas no es, evidentemente, obra de la

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