Andres sanchez bodas



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ANDRES SANCHEZ BODAS
MANIFIESTO

HUMANISTICO

PARA DESPLEGAR EL NOSOTROS




ESCRITOS y SEMINARIOS

Lo que entonces quedó sin escribir se ha visto posteriormente inscrito en lo que hoy conozco como mi yo, y cuanto más vivo más convencido estoy de que cuando digo “yo”, en realidad estoy diciendo ¨nosotros¨ ”- por Siri Hustvevt de su novela : “Todo cuanto amé”.


INTRODUCCION
La Vida es una navegación sobre un océano de incertidumbre, a través de archipiélagos de certezas”, por Edgard Morin del libro:

Diálogos sobre la Naturaleza Humana”.

A nuestro planeta, nuestra casa, la Tierra, según estudios científicos le quedan 4.000 millones de años. Parece ser que para esa época desaparecerá, implotará o explotará, hay varias opiniones al respecto, pero como es no lo será más. Estos estudios no hablan de las especies que la habitan sino de las incidencias planetarias, de la extinción del Sol la expansión del universo que, por ejemplo, llevarán a cambios que no harán posible la vida tal como la conocemos hoy. Estos estudios no hablan de nosotros los humanos, ni de la lechuga, ni de los tigres, los leones, las vacas, los perros, los lobos, los osos polares, las focas, las ballenas, las merluzas o los pulpos. Estos estudios no toman en cuenta que nuestra especie como tal esta haciendo un gran esfuerzo para suicidarse destruyendo las relaciones humanas en si mismas y al ecosistema, siendo ambas cuestiones parte de la misma actitud. Así que si bien es probable que nuestra casa subsista esos millones de años, dudo que sus habitantes acompañemos ese tiempo el proceso de transformación del Universo, salvo que nos transformemos nosotros, y nos conduzcamos desde otra mirada y con otra intencionalidad.

En la actualidad, el poder de lo personal que es el motor de cualquier cambio que se pretenda, esta avasallado por un sistema que se basa en el poder de lo anónimo.

Lo anónimo es irresponsable, nadie es nadie para hacerse cargo y así vamos, boyando hacia la autodestrucción. Alguien dirá siempre ha sido así, y es probable que algunas variantes siempre ha sido así, que casi siempre hubo injusticia y destructividad, incluso hasta podemos decir que hoy las cosas están mejor que hace tiempo atrás, se que es opinable, porque depende que queramos decir con mejor o peor, lo que si no hay duda es que dadas las circunstancias tecnológicas del presente siglo XXI, podría modificarse, si la intención de hacerlo se instalara como disponibilidad de proyecto. También y no lo niego, estas mismas posibilidades hacen más peligroso nuestra subsistencia como especie, en tanto lo que antes, en una contienda se resolvía “mano a mano”, hoy un misil nuclear mata miles y miles de congéneres.

Pensemos un poco, ocupémonos de comprender el fenómeno humano, y hagamos nuevas preguntas, al fin y al cabo, como nos dijo Martín Heidegger “el preguntar es la devoción del pensar”, allí radica la posibilidad de un cambio, de un nuevo proyecto de lo humano. Ante cada preguntar surgen respuestas, que se hacen nuevas preguntas, en ese tránsito, en ese atravesar la reflexión emergen los relatos, las explicaciones que cada uno de nosotros elegimos para transitar con cierto grado de coherencia la vida que existimos. El mío acerca de quienes somos nos ve como una especie más que comparte este territorio que llamamos Tierra (nuestra casa), y a su vez es parte de una galaxia (nuestro país) que integra el Universo conocido (nuestro continente, el que nos contiene), y este se mueve desplegándose, ampliándose, abriéndose en un infinito de universos (nuestro mundo global). Allí estamos y allí somos, una especie que piensa, que habla, que simboliza, que sobrepasa el vivir hacia existir, que comprende, que se sabe finito y por lo tanto parte de un tiempo para estar aquí, que se conmociona, hace de las emociones sentimientos, y desde allí se contacta con en el mundo de cosas y semejantes.

Somos una urdimbre, un tejido, una entrama de múltiples constituciones, con una cualidad, la de darnos cuenta que somos.

Un darnos cuenta de que somos un alguien para nosotros mismos y los demás.

En lo que me implica en este darme cuenta, y en el camino hasta hoy, además de ejercer mi profesión desde 1972, escribí varios de mis libros, casi todos destinados a repensar mi lugar en el mundo como profesional de la ayuda, y ofrecer mi posición a alumnos y colegas. En ese transcurrir creé la Carrera de Counseling y terminé de con-formar una idea acerca del como facilitar cambios y transformaciones positivas para mis consultantes, generando relaciones que posibiliten adecuados desarrollos personales, idea que tomó nombre y que se denomina “Enfoque Holistico Centrado en la Persona”. Este modelo se inspira en Carl Rogers, la Psicología Humanistica, los filósofos existenciales y el nuevo paradigma de las ciencias: el holismo.

Desde allí pienso en la ayuda en mi consultorio, desde allí debato con mis colegas y enseño a mis alumnos, y desde allí, hoy, necesito abrir el juego hacia un pensar lo humano más allá de los espacios concretos que he mencionado.

Para ello debemos empezar a preguntarnos como acercarnos a ser nosotros con nosotros, este es el camino, y cuando digo nosotros no solo refiero a los humanos, sino a nuestra casa, al mundo, la Tierra, que nos contiene, lugar que nos hace ser y ser siendo con él. Para ello hay que preguntarse como comprender y conocer desde otros lugares de comprensión y conocimiento, dado que los que hasta ahora han predominado nos han llevado hasta aquí. Una primer pista para abrir el juego en esta Introducción, nos la brindó hace poco más de 100 años, un filósofo llamado Teodoro Lipps (1851-1914). Este brillante pensador creó un concepto que denominó “Einfühlung (ein: uno, fühlung: sentimiento) desde el cual planteaba que la única manera de conocer profundamente era entramarse en lo que decidimos conocer profundamente, y para ello era necesario “trasfundir el yo”, ser uno sintiendo en dentro de y con lo otro. Ese “lo otro”, puede ser un objeto, una cosa, u otro semejante: otra persona. Este concepto es lo que hoy denominamos Empatía, y parte de una capacidad biológica y psicológica que poseemos, la de poder “sumergirnos” y coparticipar en la experiencia subjetiva, cognitivo emocional de un otro que está ante nosotros. Es la posibilidad de acercarse a un poder “ver” el mundo tal como lo “ve” un otro. Dicho de otra manera es la conducta de intentar comprender como el otro comprende, de conocer como el otro conoce, de saber como el otro valora, y así re-conocer su validez como válida para él, aunque no lo sea para nosotros, y es aceptar incondicionalmente la experiencia interna del otro. Desde allí es posible una intención, una disponibilidad de encuentro para co construir una relación que pretenda un síntesis superadora de las antinomias yo-él, nosotros ellos, en donde la negación del yo desde “él”, y del nosotros desde el “ellos”, se modifique y tienda a un nosotros-nosotros. De eso se trata el intentar una transformación basada en un repensar lo humano para relacionarnos de un modo empático que incluya el nosotros, e insisto no solo el nosotros personas sino el nosotros mundo que obviamente incluye al nosotros personas, y a eso lo denomino “Nosotrear”. La neurociencias nos dicen que es una posibilidad de nuestra genética, que hay que entrenar y hacerla aflorar en cada vínculo y relación con el mundo que intentemos. Para ello es imprescindible darnos cuenta de la necesidad del querer vivir y existir, que nos necesitamos, y necesitamos el contexto en que estamos, los otros seres vivos, los ríos y los mares, las sabanas, los desiertos, las montañas, los bosques y las selvas.

Este texto es una toma de posición ante el mundo que vivimos, una propuesta para comprenderlo, repensarlo y replantearlo desde las múltiples maneras que los seres humanos existimos en él. La misma responde a mis actuales archipiélagos de certeza en el mar de incertidumbres en que transito mi vida.

Por ello comienzo con el “Manifiesto”, continua con algunos escritos breves que como relatos abren reflexiones y preguntas hacia a una comprensión acerca de quienes somos y como podemos cambiar, y culmina con dos seminarios que he dictado en estos últimos años, que integro y considero útiles para profundizar lo que en los escritos se plantea.

Solo espero que sirva para generar nuevas preguntas y que a algún lector lo ayude en el navegar de su vida.



Andrés Sánchez Bodas/2009
MANIFIESTO HUMANISTICO

Cuando comencé a desarrollar la idea de este Manifiesto, recordé que tenía guardado entre mis papeles un suplemento literario de Radar Libros del diario “Página 12” del 21-5-2000, y en el mismo un artículo firmado por José Pablo Feinmann, cuyo título era ¨ Filosofía de la Rebelión ¨.

Su título era coherente con lo que me estaba planteando, por ello recurrí a él, y muchas de las ideas que sostendré están vinculadas con esa nota. Desde otra perspectiva la lectura del libro de Thomas Abraham: “La Empresa de Vivir” en donde realiza un interesante análisis desde una Filosofía Aplicada en el mundo actual, tanto en lo que respecta al ámbito empresarial y sus paradigmas, de la economía (a la cual considera con dolor la Filosofía de nuestra época), y del mundo de la Psicología (de la cual es crítico), también me ayudó en la construcción de este escrito.

Haber leído al filósofo francés Alain Badiou, me brindó más elementos discursivos, en tanto que desde una mirada muy crítica al sistema en que estamos inmersos nos plantea la necesidad de repensar una política de emancipación. En esto radica la idea de lo que pretendo expresar, y lo interesante del pensamiento de Badiou es que él observa la importancia que debe recobrar la Filosofía como eje del pensar humano, en tanto ya comienza a notar que las personas en distintos lugares del mundo, manifiesta su desagrado y convicción acerca de que como estamos organizados no es aceptable. Nos dice que, quizás después de un tiempo de resignación, y ante el fracaso de la alternativa comunista, el rechazo por la propuesta de este tipo de capitalismo comenzará a sentirse cada vez más, y por lo tanto hay que volver a pensar alternativas nuevas y prácticas que propongan transformaciones más justas para la humanidad toda.

Otro autor que también me impactó es Zigmund Baumann cuando escribe sobre las que denomina vidas desperdiciadas o los desperdicios humanos en las sociedades actuales, reflexiones que impresionan al mostrarnos desde datos concretos la realidad descarnada y brutal que estamos viviendo.

Si retomamos otro concepto de Badiou, en el que expresa que la masa no piensa, la que piensa es la gente, aspira a que advenga la multiplicidad afirmativa de las capacidades de cada uno de nosotros. Desde aquí no puedo más que, acompañando a Feinmann pensar desde Jean Paul Sartre, entramarlo con Carl Rogers y su concepción de Tendencia Actualizante y despliegue de los potenciales, abrir el juego a un posible camino de liberación trasformativa de lo humano que somos.

Si me interesa retomar a Jean P. Sartre, es por considerarlo como el Filósofo y pensador más influyente de la filosofía existencial francesa, que nos brinda valiosas ideas para el cometido que me propongo.

Por otra parte, y por suerte, no soy de los pocos que lo esta tomando en cuenta hoy, dado que esta siendo rescatado por algunos intelectuales, de entre la nada, la liviandad y la intrascendencia del pensamiento que solemos presenciar.

La filosofía actual, producto de la globalización, sometida a los valores económicos, sojuzgada a las corporaciones que nos manejan y nos someten, sumiéndonos en un orden de injusticia social, no puede decir más que todo vale, en tanto convalida el sistema que la alimenta, y por lo tanto la promociona desde ese lugar de nada y vacío existencial. Esto es lo que conviene y esto es lo que se dice, basta leer los medios gráficos más influyentes de la opinión publica, sin negar que algunas excepciones hay pero suelen ser tapadas por la parafernalia de comentadores que inundan los medios.

En este mundo light, “liquido” nos dice Baumann, los pensamientos livianos y carentes de compromiso social, avalan los valores que nos quieren vender, para que no se nos ocurra decir no, y actuar en consecuencia.

Todo debe servir al status quo, desde la economía como disciplina imperante y dominante en el juego de los valores, pasando por todas las ciencias, incluso las humanas (por supuesto que la Psicología suma para ello), hasta por supuesto la principal de todas ellas, fuente y origen de todo pensar, la Filosofía.

Recorriendo el siglo pasado, es decir el XX, la figura de Sartre brilla como el Lucero, por sobre el cielo de estrellas pensantes, desde un lenguajear la libertad y la rebelión como parte de la condición humana en acción. Para nuestro autor, ser libre no es sinónimo de tener éxito (tal como nos venden la idea en la actualidad), sino de poder elegir, es decir de tener que elegir desde la responsabilidad de persona que somos cada día que vamos siendo quienes somos, y en cada inexcusable elección vital nos enfrentamos con el proyecto de ser quienes queremos ser, cada día que vivimos y el proyecto que decidimos ser. Nos dice también, que si bien somos condicionados por un pasado, esa condición no determina fatalmente quienes somos hoy, quizás por el contrario, tal como resignifiquemos cada día que existimos, en función de nuestro compromiso responsable con el otro, seremos la persona libre que podemos ser.

Cuando un ser humano quiere cambiar algo de su presente, porque ya no le satisface, basa su propuesta de cambio en la anticipación de un futuro posible, porque todo cambio solo puede suceder en el futuro. Para ello debe necesariamente instalarse en una intensa y comprometida posición crítica y autocrítica del presente desde lo cual posibilite la liberación de las trabas de su pasado, siendo indispensable una conexión plena con el presente que se vive y se experiencia. Este modo de ser en el mundo posibilita el darse cuenta de lo que hay que cambiar, que obviamente proviene de una historia, y que debe revisarse activamente, para poder evaluar el sentido del cambio que nos proponemos realizar, y que este inevitablemente implica la superación de las limitaciones que se nos han impuesto y hemos aceptado instalándose como construcciones rígidas que nos condicionan a pensar de una sola manera.

En síntesis: el presente me presenta la disconformidad o la molestia, y me impulsa al cambio, cuando lo anticipo hacia el futuro en una nueva meta o camino el pasado se me presenta como condición de existencia preestablecida, que esta inundando mi ser actual, y las acciones que imprimo en la búsqueda de un cambio, deciden sobre el significado de lo que fui y estoy siendo, como J. P. Sartre nos ha dicho “el futuro decide si el pasado esta vivo o no en mi”.

Desde una relectura más actual, basada en los descubrimientos de la Psicología Humanística, podríamos elaborar conceptos que hagan eje en la resignificación. La misma nos lleva a considerar que todo que venimos siendo se vuelve a significar en cada acción que realizamos en el presente que permanentemente vivimos y experienciamos. Por lo tanto el tiempo que nos constituye en lo que somos es un fluir entre el advenir (futuro), el haber sido (pasado) y el presentar (presente), siendo en este donde existimos cada día y en donde se realiza el recorte de significados y experiencias que somos viviendo. Lo que somos y proyectamos resignifica lo que fuimos, que nos constituye en tanto la integración de esos tres momentos que atravesamos.

Esta es la base conceptual del cambio permanente, por y desde el cual, somos la persona que somos.

Ser persona es compromiso en la acción de cambio, aún en la contradicción de nuestras elecciones vitales, ser persona es actuar como tal, sino nos queda el ser rígidos personajes, marionetas o peleles, al designio de un otro que imprime nuestra conciencia, con-venciéndonos de su verdad.

No es casual la predominancia de Psicologías deterministas y causalistas, a las cuales se le ha brindado mucha prensa, mucha tinta editorial, mucho espacio académico, y sospechosas adhesiones de medios de poder.

Para decirlo aún más directamente, toda postura que roce la reflexión y la interpretación de que la persona que somos esta “indefectiblemente determinada” por nuestra historia, es además de falsa, conservadora, adaptadora y cómplice del sistema imperante, cualquiera sea él.

Así como el Comunismo Stalinista impuso la Psicología Reflexológica, el capitalismo neo liberal ha hecho buenas migas con el Neo Conductismo, y no sin ciertas contradicciones con el Psicoanálisis en alguna de sus vertientes.

Los argentinos debemos observar, no sin sospechas que, en la última dictadura militar, si bien por un lado se persiguió en forma manifiesta a la Psicología progresista, expulsándola de ámbitos académicos universitarios, por otro se alentó el surgimiento de modalidades individualistas, intelectualmente sectarias, con manejo de terminologías muy complejas, crípticas, dirigidas y manipuladas por y para una elite.

Es curioso, y no casual que la potente aparición de las líneas humanísticas coincida con el retorno de la democracia.

No es tampoco casual, observar en este análisis, que en el período neo liberal globalizador reapareció con mucha fuerza el complejo planteo de un subjetivismo individualista, propenso a una narcisistica inacción. Al que le quepa el sayo que se lo ponga.

Como dependemos del cristal con que miramos, los que nos incluimos intelectualmente en el mundo Psi, y pretendemos hacer una Psicología al servicio de las personas que desean liberarse de las trabas que no los dejan ser ellas mismas, tenemos el deber de revisar nuestros paradigmas y nuestros compromisos existenciales.

Y si de acción como camino de liberación de la persona queremos hablar, debemos tomar el camino de reflexión acerca de la constitución de la conciencia, y que implica releer a E. Husserl (quien se basa en Brentano) en sus ideas acerca que lo que define la conciencia es la intencionalidad, retomar algunas ideas de Heidegger, volver a los presocraticos y recorrer el espinel filosófico de la historia desde otro lugar de lectura.

Es importante recordar que toda conciencia es conciencia de algo, y que por lo tanto no posee contenidos en si misma, sino que aquellos son los que emergen a través de la ligazón comprometida en la acción de conocer el mundo, en tanto somos seres en el mundo, influidos e influyentes del mismo. Verlo desde aquí, desde esta posición nos vuelve a reencontrar con el compromiso ante quienes somos quienes somos siendo, sobre todo si consideramos que las personas individuales coexistimos entramadas con el sistema mundo en mutua influencia, y lo que es más aún, no es posible imaginar otra forma de ser humanos que aquella que muestra que los individuos hacen la historia, generan los medios de producción y distribución, y esto los hace a ellos, es decir a nosotros.

Lo que nos enseñó Sartre es que lo humano es historicidad proyectada y proyecto significante de lo histórico, como unión indisoluble de lo que somos.

El autor de tantos libros maravillosos, como “La trascendencia del Ego”, “El Ser y la Nada”, “Crítica de la Razón Dialéctica”, entre sus obras filosóficas,”La Nausea” y “Las Moscas” entre las literarias, no impidieron un activo compromiso con las luchas sociales por la liberación y en contra de la injusticia. De allí su activa participación en política (desde múltiples contradicciones y cambios en coherencia con su transformación personal), su compromiso en el Mayo francés saliendo a la calle, su viaje a Israel para dialogar y facilitar la paz, su posición frente al tema de Argelia y otras colonias francesas.

Valoro positivamente su crítica a valores e ideas establecidas como correctas por la burguesía dominante, desde una postura fenomenológica analítica existencial.

Este autor no solo pensó desde sus cátedras, o escribió sus obras filosóficas o literarias, sino colocó su humanidad en acción, sus manos y sus testículos, su cabeza y su cuerpo, su razón, sus emociones y sentimientos, comprometiéndose en las barricadas y en sitiales de poder. Todo lo que somos y hacemos siendo es responsabilidad en acción, por ello no dudamos acerca que el existencialismo es un humanismo, revitalizar el pensamiento y la posición existencial Sartreana es un deber que tenemos si nos consideramos humanistas, sea que estemos transitando la posmodernidad, y parezca que no hay valores a seguir, en nuestro caso valores de liberación.

De esto nos habla José Pablo Feinmann, en el cierre de la nota citada, cuando nos convoca a volver a pensamientos y acciones que impliquen las nociones de libertad, de autonomía del sujeto. Nos dice “hoy necesitamos fundar una filosofía de la rebelión”, yo diría, “una filosofía de la revolución”, porque rebelarse es solo romper lo que a uno lo rebela, en cambio revolucionar es además proponer un cambio y llevarlo a cabo.

Somos víctimas de la facticidad omnipresente del Mercado, que nos constituye en exterioridad. Una filosofía de la revolución requiere una filosofía de la libertad, que busque fundar las condiciones de la negación. Porque hoy lo fundamental es decir no, decir no al en-si sofocante de las corporaciones y los mass-media.

J. P. Sartre, al igual que Carl Rogers (aún en otro contexto de pensamiento y acción), no brindan la posibilidad de re-fundar esta posibilidad, tanto sea en nuestros consultorios, en las cátedras, en la vida familiar y por supuesto en una acción social de compromiso activo con el otro y entre nosotros.

Entramar los pensamientos de estos autores es una tarea que me impongo y que propongo, y que espero se irá viendo en el texto que escribo.

Ambos estaban convencidos que todo cambio solo es posible en la facticidad de la experiencia concreta, desde la cual se impone la evidencia, por sobre el prejuicio determinista de que no era posible.

Así como Sartre me convence que lo que hago hoy re-significa lo que vengo pensando y siendo, tanto sea para confirmarlo como para cambiarlo, Rogers nos dice (en el “Poder de la Persona”) que toda revolución social es precedida o trae consigo un cambio en la percepción, y que ella deviene casi siempre desde una evidencia fáctica, que en un principio es ridiculizada o impedida de hacerse realidad, por aquellos que no quiere que se cambie.

En el texto citado, en su conclusión “En una Cápsula”, nos refiere (entre otros) al ejemplo de la concepción de la tierra como plana, hecho obvio para la percepción del sentido común, avalado por las autoridades eclesiásticas de la época, remitiendo al aval de las sagradas escrituras, al poder político y científico de entonces, y cuando Cristóbal Colón navegó y no se cayó por el borde de la tierra, la evidencia de una experiencia modificó el mundo y a las personas en todos sus aspectos.

Mi propuesta en este escrito implica un com-promiso (una promesa ante y con el nosotros), de caminar hacia un Despliegue.

Debemos recordar que somos pro-creados, generados hacia delante, hacia el existir.

Se plantea ante nosotros un crecimiento, un desarrollo y un despliegue de nuestro SER.

Un despliegue del Ser como ente concreto/material/cuerpo que somos, y del Ser como Ser que Es.
Como Ser un ente libre en su esencia existencial, y como el Ser de la conciencia que nos constituye como especie.

Ante ello hay un transcurrir, un tránsito atravesado por momentos y circunstancias vitales propias de quienes somos en este mundo, un mundo que nos impone improntas, límites epocales, y variadas aunque limitadas posibilidades de proyección.

Todos pasamos por una vida fetal, nacemos, somos recibidos y alojados en una estructura vincular social preestablecida, una normatividad pre-regulada y fuera de nuestra voluntad de elección.

En y desde ella estableceremos nuestra base experiencial, para transitar lo que seremos siendo cada día que nos preguntemos quienes somos.

Seremos Mi, Yo, Nosotros.

Pasaremos por etapas bastantes similares en su estructura humana al margen e independientemente de la cultura o época histórica:

De gameta que une e integra óvulo con esperma a ser siendo feto y luego bebé, la niñez, la preadolescencia, la adolescencia, la primera juventud, la juventud propiamente dicha, la madurez joven, la madurez o adultez, la tercera edad, la cuarta edad, la vejez.

Cuanto dure cada uno de estos momentos, sus características y cualidades de expresión estarán en estrecha relación con lo socio histórico cultural que nos impregne.

Ritos, iniciaciones, lecturas de las etapas, significaciones, socialización, y modalidades

concordantes con el lugar en donde nos desarrollaremos darán su impronta.

Sea donde sea y cuando sea estamos potenciados para crecer, desarrollarnos y desplegarnos, y en todos los casos estará la muerte sabida para si mismos como condición básica de nuestra naturaleza viva.

Todo esto nos es común y aún algo más y que definen la acción humana como esencia que diferencia de otras especies vivas, a través de las cuales nos vamos siendo en la persona que somos siendo.

Cuando los primeros primates des-cubrieron y crearon los instrumentos, aprovechando su bipeicidad (ser seres bípedos) y el uso de sus manos comandadas por su cerebro superior o neocortex, cuando aprendieron a hablar, y cuando se miraron a los ojos haciéndose el amor por primera vez, empezaron a ser personas, animales diferentes en tanto productores (homo faber), amantes (homo amans), ligados desde el lenguaje que transformó las emociones en sentimientos al posibilitar desde la razón y el pensamiento la significación y simbolización de las experiencias que se viven haciéndonos seres existentes.
Lenguaje, Amor y Trabajo, productos y producción de lo personal.

Lenguaje como condición existencial de lo que somos.

Amor como mundo de la afectividad, de las emociones transformadas en sentimientos.

Trabajo como acción concreta de modificación creativa de la materia pre-dada.


No podemos saber aún si hubo un primer hombre, un primer humano, si podemos inferir que habrá habido alguna agrupación de congéneres que desde el hablar des-cubrieron el amor y la producción, que realizaron los primeros instrumentos compartidos por el grupo, que produjeron unas primeras lanzas o flechas para cazar o pescar, que establecieron los primeros lazos afectivos de ligazón personal, que hicieron una vasija para contener agua o sangre, que le dieron alguna forma decorativa para que sea además de útil más agradable para si mismos y los demás, que quizás también pudieron pintar una pared con imágenes de sueños o realidades que vivían.
Ser persona es hablar, trabajar, amar y crear, en el orden que cada uno quiera ponerlo.
Desplegarse como tal es hacerlo en las esas áreas en la medida que cada uno puede y desea, y hoy digo en este texto, mejor dicho agrego como valor de propiedad de lo que escribo hoy, una quinta instancia, que deriva de las cuatro mencionadas pero se hace propia en tanto humana en si, la de trascender transsubjetivamente y ser nosotros con el otro.
En todos los tiempos estas han sido los espacios de una cancha en donde jugamos este juego.

En cada tiempo, en cada época, en cada tribu, en cada clan, en cada grupo social, en cada región, en cada lugar geográfico, en cada país, en cada provincia o estado, en cada familia, podrá haber habido o haber modos que imperan, condiciones que reglan, límites, posibilidades, en cada rincón en donde hubo, hay o habrá personas, el lenguaje, el amor, la producción y la creación son y serán los ejes de lo humano, lo que hace el hacer ser siendo personas.


Como el árbol busca arraigarse en la tierra, desarrollar su tronco, y hacer emerger sus frutos, la pulsión vital humana se arraiga, desarrolla y emerge, desplegada en esas acciones básicas que definen lo humano.
Todo lo que somos siendo deriva de allí.

Todo lo que hacemos deriva de allí.

Cuando nos hicimos, muchos tuvimos que organizar nuestras agrupaciones, reglamentarnos, hacer contratos sociales, acuerdos de convivencia, buscar modos de alimentarnos, protegernos y religarnos en conjunto.
El como cada cual atendió su juego estuvo en cada uno, en cada grupo social, el como lo desplegaron y el que hablaron pensando juntos que era bueno o malo para ellos.

Así tuvo que ser, porque no es lo mismo haber transitado selvas que desiertos, lugares fértiles que infértiles, lugares con animales para comer al alcance de la lanza, grandes llanuras donde había que seguir las manadas, lugares cálidos o fríos congelantes, espacios con grutas donde guarecerse que pampas abiertas donde tener que construirse una vivienda, o vivir desnudos que tener que inventarse la ropa.


Han transcurrido milenios y el fondo de la cuestión sigue siendo el mismo:

  • hablar

  • amar

  • trabajar

  • crear

  • trascender

(El orden que cada uno de los lectores quiera poner hay que pensarlo entramado, ligado, en un entretejido que solo a modo de estudio podemos separar)
Es claro que todo esto que parece tan simple de decir, nos hemos encargado de complicarlo con nuestro poder simbólico que nos hace co-construir la realidad y transformar lo dado, con el objetivo primario de la subsistencia y secundario de la trascendencia.
En pos de lo primero (la subsistencia) se estructuraron de a poco los distintos medios de producción, de la caza y la pesca a la agricultura, de allí a la acumulación, el trueque, el comercio, la sal que devino en dinero, los medios de transporte, la rueda que posibilitó el carro, el caballo y el buey que lo tirará para adelante, el bote y el barco, la máquina de vapor, el tren, el automóvil, el camión, el avión, el cohete.

Por supuesto en todo ello se ubicó el instrumento imprescindible de lo humano, el lenguaje y desde él la comunicación (¿o viceversa?) Y aquí también la producción y la labor de mejorarla desde los idiomas convocados por signos y significantes producidos en contextos y épocas distintas, la escritura, la piedra donde se grababa, el papiro, el papel, la tinta, la imprenta, las linotipias, los libros, los diarios, las revistas, la máquina de escribir, la radio, el cine, la televisión, la computadora, internet.


En pos del segundo (la trascendencia) empiezan las preguntas existenciales: de donde vengo, adonde voy, porque estoy aquí, alguien nos creó, somos producto del azar, hay algún sentido, de aquí para allá, ante el asombro, la duda y el miedo a la muerte, la Filosofía comienza su tarea, y luego las disciplinas que derivan en las ciencias, y aquí estamos, en la Luna, y quizás mañana en Marte y porque no el Universo.

En el medio, entramadas las religiones o grupos de creencias en un Dios, o Dioses creador y/o creadores, y con sus variantes, en un más acá y más allá, en un antes de donde venimos y en un después adonde vamos cuando muramos.


Pero algo debe haber pasado, llámese sincronicidad o momento evolutivo de lo personal, y tomando el calendario gregoriano, en aquellos siglos sextos o quintos antes de Cristo, allí, en esa época, en un lugar u otro, aparecieron casi todos los sistemas de ideas que aún hoy nos influyen para dar respuesta al misterio de nuestra vida, aquello que nos enfrentamos cuando queremos pensar su sentido.

En la India el Vedanta, en Israel o Palestina los profetas como Elías y Jeremías, en el Oriente Confucio, Laotzé, Buda, en Grecia los presocráticos como Parménides, Heráclito, Pitágoras y Tales, en Persia Zoroastro, más muchos otros que sentaron bases de las preguntas y respuestas que derivan en los grandes pensamientos de Oriente y Occidente. Luego tuvimos a Sócrates, Platón y Aristóteles, y devino un Santo Tomas de Aquino, y luego un Descartes, Spinoza, Leibniz, Hume, Kant, Hegel y Marx, y ya en el siglo XX a Husserl, Heidegger y Sartre, entre otros que hoy condicionan directa o indirectamente nuestro pensar.

No olvidamos a las culturas de América que sostuvieron un estar ante la incógnita.

Ni tampoco al pueblo Judío con sus más de cinco mil años de búsqueda y sabiduría, el nacimiento y transitar de Jesus de Nazareth que generó el Cristianismo en sus diferentes derivaciones, ni a Mahoma y el Islam, que tanto influyen en los pueblos árabes y regiones de Oriente y Medio Oriente, así como el Hinduismo lo hace en la India y países cercanos.

Lo complejo de organizarnos e Inter.-depender nos hizo crear sistemas políticos, modos de defendernos de las agresiones naturales, y de otros congéneres, que suponían poder apropiarse de lo nuestro.

Todo deviene y se va transformando, todo se despliega en lo sintrópico (crecimiento y ampliación) y desde un modo de cuidarse de lo entrópico (repliegue y deterioro), ambos propios de todo lo que es universo conocido.

El todo deviene circulante, y en espiral pero sigue activo en el camino de amar o defender el amor, en el producir y cuidar lo que uno hace, en el crear, trascender y trasmitirlo a los otros.

Desde el deseo estamos aquí, en una materia biológica que nos brinda su impronta de proceso de crecimiento, desde gametas a feto, a bebé, a niño y de allí para adelante y arriba.

Desde vínculos que nos generan, vínculos que nos contienen, y hacia vínculos que nos creamos, así transitamos la vida.

Complejas interacciones que cada uno resuelve jugando su juego, de eso se trata el desplegarse, de que cada uno sienta que desea y pruebe y disfrute o se frustre porque no puede, todo bien menos el misterio del ser siendo en este aquí que nos produce lo que por ahora no podemos resolver y que se constituye en nuestro principal existenciario: la angustia existencial.

Aquellos que nos dedicamos a las profesiones de la ayuda sabemos que las problemáticas humanas de consulta provienen de alguna de las áreas mencionadas, por una de ellas, por dos, tres y a veces por todas, casi siempre siendo la última (el trascender como sentido) la que hace de fondo sobre la figura de consulta.

Sabemos, por otra parte, que así como la realización de una persona puede tender a ejercerse en todas, o en una de ellas, su base o impronta esta en una resolución imposible: la de completarnos, o totalizarnos, de esto se trata el eje del deseo humano

Si se trata de entender que significa el desplegarnos debemos partir del comprender y aceptar que nuestro camino de persona es realizarnos en quehaceres concretos sabiendo que ellos nunca cerraran la grieta de nuestra constitución, la que nos hace ser humanos. Aquella que algunos denominan “falla básica”, la que otros mencionan como “quiasma” o encrucijada. Un cruce de caminos, un salto aún no producido, un tiempo intermedio, un hueco de vacío, un espacio de sentido, un proyecto en pro-yecto, un tránsito a modo de cinta de moebius entre materia y espíritu.

Este es un proceso que nos lleva a confrontar con la inevitable circunstancia de definirnos como quienes somos y del como la pulsión nos convoca en forma constante a realizar nuestro despliegue, aquel que va más allá del crecer y desarrollarnos, que pretende la trascendencia en la ubicación cósmica totalizadora.

Seamos de donde seamos, del tiempo o cultura que devengamos estamos siempre compelido por esta esencia existencial (valga la contradicción), y aquellos que no podemos vivimos a medias, a más medias que aquellos que se acercan a ese poder.

Un poder de la voluntad o una voluntad de poder al cual o los cuales estamos condenados, así como también lo estamos a la libertad de elegir decidir y hacernos en acciones personales.

Cuando este se frustra o se lo vive frustrado, la angustia nos invade y ante ella tenemos dos posibilidades: paralizarnos y quedarnos detenidos, o lanzarnos a la aventura del existir.

Los primeros padecen de cobardía existencial los segundos asumen la valentía del existir como personas.

Los primero se suman al mundo de “lo uno”, de la inautenticidad, los segundos a la posibilidad de autenticarse desde si mismos.

La salud mental, la realización personal, que en síntesis significan transcurrir en habituales espacios de bienestar, implica asumir el segundo modo de vivir.

Pareciera ser que estamos hechos para dilucidar la disyuntiva de quedarnos en el uno, en el se, en el yo, o en la de arriesgarnos a descentrarnos en nuestra mismidad.

Si elegimos la primera nuestra vida será coyuntural, anónima para si misma, satisfaciendo necesidades materiales, pobre de sentido, primaria, más violenta, más del aquí y ahora, más llena de síntomas y enfermedades, menos apasionada, más chata y ocupada en la subsistencia, y por lo tanto más ligada al placer de la misma.

Si elegimos la segunda existiremos en el riesgo, en el encuentro, en la crisis del despliegue, en la búsqueda de sentido, satisfaciendo necesidades con la mirada puesta en lo infinito que venimos siendo, y en caminos creativos artísticos y espirituales, en un hoy más ligado al placer de la satisfacción de los deseos, con la tranquilidad de sentirse camino a la mismidad, aún a sabiendas (por ser descentrados) de su imposibilidad.

En el suceder de la naturaleza humana transitamos lo inevitable del quiebre, que el lenguaje nos constituye, y que desde allí emerge el YO. Un yo que dificulta la mismidad, que hay que diluirlo si queremos vivir y existir en mejor armonía, tanto con nosotros mismos como la humanidad toda.

Para entender ello he inventado un verbo: el nosotrear, y se que si bien se no suena bien, no tiene armonía en su música, espero sirva como metáfora para representar la intención de encontrarnos en el uno-mi-nosotros. Cuando lo lean, más adelante le dedico un espacio, hagan el juego y verán que bueno es imaginarlo y que mejor que actuarlo en nuestra relaciones. También podríamos pensar la empatía como verbo: empatizar, y eso haga que se pueda actualizar en conductas concretas.

Para ello es necesario encarar una re-evolución, un proceso transformador que implique caminar hacia otro modo de relacionarnos, y que como consecuencia de ello, podamos re-definirnos como personas y nuestra especie co construya un mundo habitable y justo, para esto necesitamos ejercitar la empatía, esa posibilidad bio psíquica que poseemos y que muchas veces no tomamos en cuenta, la de poder ponernos en el lugar del otro, y escuchar su experiencia sin juzgarla antes de intervenir en la interacción con ese otro, y que de hacerlo podremos transitar hacia un mundo más de nosotros, por ello creo imprescindible generar una re-evolución humanística.

Como dije en la introducción, según estudios científicos a la Tierra, nuestro planeta, nuestra casa le quedan 4.000 millones de años, parece mucho tiempo, depende como

se lo mire, y de lo que hagamos de aquí en adelante, porque esos estudios no contemplan la acción humana, solo toman en cuenta el proceso planetario, el sol y su incidencia. De todas maneras, aunque esos cálculos tengan cierto nivel de certeza, se verá con el tiempo, habla del planeta no de los seres que lo habitan, y creo que si seguimos así, como hasta ahora, sin tomar en cuenta lo ecológico como parte del nosotros que somos entramados en ese todo, y encima con mucho poder, considero que nos queda menos tiempo, depende de nosotros, de aquí en adelante.

Lo escrito que abre este Manifiesto y prosigue con los Relatos, pretende dar cuenta del como intentar una nueva forma de evolucionar, de caminar hacia el futuro, del como poder pensar desde otro lugar, del como cambiar lo que nos imponen percibir, del como aprender nuevas actitudes para relacionarnos mejor entre nosotros mismos y con el contexto.

Espero poder acercar una serie de ideas que ayuden hacia una práctica reflexiva, una reflexión práctica, o mejor dicho una praxis, desde la cual, cada uno de nosotros verá como la implementa en su entorno, en su contexto, en el mundo vivido que se nos da cada día.


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