Algunas reflexiones sobre la deportación en la prensa asociacionista comunista (1944-1958)



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Algunas reflexiones sobre la deportación en la prensa asociacionista comunista (1944-1958)
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Silvina Campo*

Abstract: This essay examines how the publications of the organizations of the former French Resistance fighters tackled the issue of deportation after World War II. The focus is on one particular association:  Association National des Anciens Combattants de la Résistance Française  (ANACR) and on its weekly publication, “France d’Abord”. Special attention is paid to the years 1944-1958, the years of the provisional government when the existence of the Fourth Republic was highly problematic.

En la presente comunicación nos proponemos aprehender las figuras que adopta la deportación en la prensa asociacionista comunista de pos-guerra. Nos proponemos analizar de qué modo las publicaciones de organizaciones de ex resistentes y ex deportados franceses evaluaron dicha experiencia. El período temporal en el que se centra nuestra indagación es el comprendido entre 1944- 1958, es decir los años en los que se encuadra la existencia de un gobierno provisorio surgido de la Segunda Guerra Mundial y los que integran la existencia problemática de la IV República. Nuestro análisis se circunscribe a la prensa comunista derivada de dos agrupaciones: la Fédération nationale des déportés, internés et patriotas résistants (FNDIRP)1, y la Association nationale des anciens combattants de la Résistance (ANACR)2. Si privilegiamos el estudio de las representaciones difundidas por dichas asociaciones es debido a que, pese a declararse independientes de toda opinión política, estas agrupaciones son de obediencia comunista. Dado que la presente comunicación forma parte de una investigación mayor sobre el Partido Comunista Francés y la Resistencia Francesa, ello explica que hayamos elegido las asociaciones citadas. Por otra parte, si las agrupaciones de ex-combatientes franceses de la Primera Guerra Mundial han sido magistralmente estudiadas en el trabajo pionero de Antoine Prost3, la historia de aquellas derivadas del conflicto de 1939 - 1945 está aún por desarrollarse4. Mas aún, en tal sentido cabe señalar que hay pocas contribuciones circunscriptas al análisis de las asociaciones de ex deportados. En lo que concierne a la ANACR no abundan trabajos al respecto, a excepción de los artículos de Georges Sentis y de Jean-Yves Boursier5. En cuanto a la FNDIRP, la posibilidad de acceder a sus archivos ha permitido la aparición de varias monografías así6 como de algunas obras generales sobre la trayectoria de esta entidad7.

El estudio de la prensa asociacionista, nos permitirá analizar de qué modo estas organizaciones evocan la deportación. Nos detendremos particularmente en el estudio del órgano de prensa del que disponen las agrupaciones citadas a nivel nacional: “Le patriote résistant”8 y “France d’Abord”9. Aún si estos no “reflejan” las posiciones y opiniones de todos los miembros de aquellas entidades, nos permitirá conocer el punto de vista que los dirigentes, investidos de una cierta autoridad, transmitieron a los adherentes10.

A lo largo de esos años, ambas publicaciones registraron cambios en la presentación formal, contenidos y público al que se dirigieron, en cierta manera como reflejo de las transformaciones institucionales de las agrupaciones de las que se constituyeron como voceras. No obstante, el llamado a la vigilancia contra la resurgencia del nazismo y del fascismo, así como el deber de memoria para con los desaparecidos constituyeron sus núcleos argumentativos permanentes. Ambas agrupaciones no cesaron de repetir a lo largo de los años que una de sus preocupaciones fundamentales es transmitir a las jóvenes generaciones el sacrificio de los deportados. Así, la juventud terminó perfilándose progresivamente como el principal público al que se destinarían sus esfuerzos por transmitir una memoria de la deportación11.

Distinguiremos dos tiempos fuertes en la toma de conciencia del horror concentracionario: el ‘descubrimiento de los campos’ y el retorno de los deportados, para finalmente observar que ecos tuvo la conformación de la memoria deportada en la prensa citada. En tal sentido, tenemos en cuenta que estas agrupaciones se posicionaron, no slo como intérpretes de las reivindicaciones materiales de sus adherentes ante el Estado, sino también como “agentes memoriales”, a través de la celebración de ceremonias, viajes, monumentos, exposiciones, debates, conferencias en establecimientos escolares.
El ‘descubrimiento de los campos’

Uno de los tiempos fuertes en la reflexión sobre el fenómeno de la deportación fue el ‘descubrimiento’ de los campos por parte de la prensa francesa, entre ellos, los órganos de prensa seleccionados. Entre la euforia que acompañó la Liberación del territorio nacional y el ingreso de los aliados en los campos, el conocimiento de esa realidad se llevó a cabo de modo fragmentario: se adquirió progresivamente más información, pero no se tomó conciencia del horror hasta tiempo después. En efecto, aún si antes de que ello ocurriese se aludía a los “deportados” en algunos medios de comunicación (la BBC) o en creaciones poéticas (poemas de Aragon, por ejemplo), con ello se hacía referencia fundamentalmente a los requisados para el trabajo obligatorio en Alemania12.

Por otra parte, en los momentos inmediatos a la Liberación quienes habían sido desplazados a los campos de la muerte, eran frecuentemente confundidos con otras categorías bajo el denominador común de “ausentes”. Así, por ejemplo, France d’Abord, daba cuenta de la organización de la “semana del ausente” comprendida entre el 24 de diciembre de 1944 y el 1° de enero de 1945 que incluía manifestaciones teatrales, deportivas, ventas de insignias, en beneficio de prisioneros y deportados13. Con este término global y ambiguo se hacia referencia por lo tanto, al vasto conjunto de deportados políticos y ‘raciales’, prisioneros de guerra, internados, mano de obra del Servicio de Trabajo Obligatorio. Incluso la propia FNDIRP, que se constituyó con el regreso de los deportados, se perfiló como una organización que acogía en su seno a todos los sobrevivientes de los campos sin distinciones. Por otra parte, el modo en que se produjo la liberación de los kommandos también influyó en la configuración fragmentaria del saber sobre el universo concentracionario, ya que los aliados ‘descubrieron’ aquellos en un periodo dilatado de tiempo, que abarcaba desde julio de 1944 a enero de 1945.

A ello se agregó un tratamiento diferenciado de la información relativa a la liberación de los campos, según hayan sido liberados por el Ejército Rojo o por las tropas anglo-americanas. Así, la escasez de datos sobre los campos del este (siendo los más importantes en cuanto a la deportación judía), contrastaba con el aflujo de noticias sobre los campos liberados en la zona occidental. Precisamente, en el caso de EEUU y concretamente en la liberación de Buchenwald, las autoridades militares convocaron a periodistas y obligaron a la población alemana a recorrerlo. Los soviéticos, por el contrario, prefirieron, guardar mayor silencio, con lo cual las informaciones sobre Auschwitz, por ejemplo, arribaron al resto de los aliados meses después.

En esas circunstancias, y a diferencia de otros países, la prensa francesa se mostró bastante circunspecta, publicando escasos artículos al respecto. Su prudencia la llevaba a rechazar las versiones más críticas y dramáticas sobre la deportación. No obstante, Delporte, señala un cambio de actitud en la prensa de mayor tiraje en las dos últimas semanas de abril de 1945, en las que proliferó un mayor número de notas al respecto14. En las dos publicaciones que nosotros analizamos también es posible constatar una mayor cantidad de noticias y la dedicación de un espacio mayor a esta temática en las fechas citadas.

Por otra parte, no deben olvidarse las circunstancias mismas de la guerra que rodearon la apertura de los campos: los combates no habían cesado aún y existían otros centros de interés (la evolución del teatro de guerra, la muerte de Roosevelt, la caída de Berlín, el retorno de prisioneros, la reorganización del país, la depuración), que podían desplazar este tema a un segundo plano. A ello debe agregarse, la censura por parte de las autoridades, y la escasez de fuentes y de materiales (tales como papel, películas, etc.) que obstaculizaba el conocimiento masivo y a gran escala del sistema nazi.

No obstante, Wieviorka y Delporte indican que una de las razones de peso en esta lentitud en la transmisión de la información obedecía también al propio organismo francés encargado del repatriamiento de los deportados. En efecto, este último, temiendo represalias alemanas sobre aquellos que aún no habían sido liberados y para evitar que el pánico se apoderase de las familias que aún esperaban los suyos, prefirió librar el mínimo de detalles posible. En consecuencia, la información brindada no era precisa ni completa, presentaba un carácter fragmentario y esporádico.

Esta situación impedía un conocimiento acabado del sistema concentracionario en su conjunto. Es por ello que la descripción de los campos se enlazaba con la tradición heredada de la Gran Guerra: es decir, aquellos eran concebidos como fruto de la “brutalidad congénita del pueblo alemán”, antes que como un mundo aparte regido por sus propias leyes. Así, los relatos incorporan fórmulas tales como “barbarie alemana”15, “crímenes del nazismo”16, para calificar lo que se suponía una estructura represiva más, antes que una “sociedad dentro de otra sociedad”. Si bien en Le patriote résistant (1949), se aludía a la diferencia entre deportados “raciales” y “políticos” en artículos de Anne Vincent (al describir el campo de Majdanek), y de Paul Tillard, (quien distinguía diferentes tipos los campos según su función sea la explotación de la mano de obra o su aniquilación inmediata en cámaras de gas), esta diferenciación no se volvió a encontrar hasta 196517.

La ausencia de una distinción clara entre los campos de muerte lenta y los de exterminio, es otra prueba de la concepción global e imprecisa imperante al respecto. No se insistía demasiado en las diferencias entre aquellos ya que se apuntaba a unificar a los deportados, concebidos como una única categoría. Por otra parte, tampoco había distinciones muy marcadas entre resistentes y deportados, siendo ambos grupos a menudo reunidos bajo la influencia de los primeros. Más aún: se ponía el acento en aquellos que fueron deportados como consecuencia de su accionar político y / o resistente, dejándose de lado otras situaciones (los llamados deportados “asociales”, “raciales”, o incluso rehenes tomados al azar en represalia a atentados resistentes).

Sin embargo, uno de los problemas más relevantes con los que se enfrentaba un periodista que asistía a la revelación de la existencia de los campos era cómo ofrecer un relato verosímil de aquello que superaba toda posibilidad de entendimiento. En efecto, si describir la vida de los prisioneros de guerra permitía evocar experiencias ya conocidas, por ejemplo durante la Primera Guerra Mundial, en el caso de los deportados, las palabras parecían insuficientes ante el horror de algo nunca visto ni imaginado. Además, dado que algunos campos ya habían sido desalojados por los alemanes y transformados antes del arribo de las tropas aliadas, se dificultaba aún más su comprensión. Así, la magnitud del horror enfrentaba al periodismo con el desafío de poder dar cuenta del universo concentracionario. Por ello fue frecuente encontrar en las paginas de ambos periódicos expresiones tales como “esta más allá de toda comprensión”, “es imposible de describir” , “las palabras faltan para expresar el disgusto profundo, el horror inmenso”18.

Por otra parte, ante el carácter limitado del lenguaje y una opinión pública incrédula, los periódicos adjuntaron a los reportajes y crónicas, fotografías que contribuyeran a asentar la fiabilidad y credibilidad de lo relatado. En tal sentido, la foto aparecía como una prueba visual de aquello que se apuntaba a transmitir a los lectores. No obstante las imágenes eran frecuentemente publicadas sin indicaciones precisas sobre lo que éstas mostraban al lector. Así por ejemplo, eran editadas fotografías de los campos, sin señalar a cual de ellos correspondía, en que fecha se enmarcaba o acompañadas de leyendas confusas. Como urgía convencer al publico sobre la realidad de los campos, interesaba más aportar una prueba visual que acreditara lo descrito, antes que determinar si la imagen correspondía a Auschwitz o Buchenwald, por ejemplo. De ese modo, las fotografías operaron como marcadores universales antes que como soportes referenciales19.

Cuando tanto el relato como la imagen se desplazaron del registro individual y particular al universal y general, más se contribuyó a modelar una visión global y general de los campos. Por otra parte, el reconocimiento del poder de la imagen dio lugar a iniciativas variadas. Así, en 1956, en las páginas de Le patriote résistant, se presentaba la exposición de dibujos que niños judíos habían realizado en el campo de Theresienstadt. Esta iniciativa apuntaba a sensibilizar a la opinión pública para luchar contra la militarización alemana. En otros casos, vehiculó la protesta contra la censura imperante en la zona de Alemania ocupada por Francia20. Así pudo constatarse una campaña contra la prohibición de enviar fotografías por parte de la FNDIRP a dicho territorio21.


El retorno de los deportados

El segundo momento fuerte en la toma de conciencia del sistema concentracionario coincide con el “retorno de los deportados.” Esta fórmula encierra un simplicidad engañosa pues, no se produjo en un solo y único momento, sino progresivamente, entre marzo y agosto de 1945. Tampoco debe dar la idea, tal como Annette Wieviorka22 lo advierte, de un arribo masivo de deportados a Francia. Es preciso además tener en cuenta que la población de los campos de deportación era muy heterogénea: resistentes, deportados políticos, judíos, homosexuales, ‘asociales’, derecho común, rehenes constituían la población dispar de ese universo A ello se agregaba el hecho que los campos eran numerosos, y estaban abocados a finalidades diferentes y hasta contradictorias entre si. La debacle nazi y las evacuaciones, por otra parte, provocaron que prisioneros de diferentes campos se mezclaran entre sí y se complejizara aún más la grilla de lectura y de comprensión del fenómeno.

Los desplazamientos de las poblaciones concentracionarias alteraron las propias imágenes de los campos. Así, si Bergen Belsen aparecía como un “campo de reposo o convalecencia” de deportados de otros campos, a medida que los sobrevivientes de otros campos fueron confinados en él, Bergen Belsen se transformó, a la Liberación, en un inmenso campo de muertes masivas, como fruto de condiciones de existencia infrahumanas.23 Por otra parte debe tenerse en cuenta que las liberaciones de los campos fueron llevados a cabo por distintas fuerzas aliadas, de acuerdo al avance de las mismas y a la ubicación geográfica de los kommandos.

El organismo que tenía a su cargo la repatriación de los ‘ausentes’ era el Ministerio de Prisioneros de Guerra, Refugiados y Deportados, bajo la responsabilidad de Henry Frenay (resistente creador del movimiento Combat). Sin embargo, este ministerio no gozaba de la misma autonomía que otras reparticiones oficiales. Así, los aliados impusieron sus puntos de vista en este ministerio, exigiendo priorizar el retorno de los soldados antes que el de los sobrevivientes de los campos.

Cabe agregar que las repatriaciones se realizaron en diferentes condiciones y con mayor o menor eficacia según los casos. Así por ejemplo el de Buchenwald fue relativamente rápido, en tanto que los de Bergen Belsen, Flossenburg y Dachau fueron más difíciles de realizar24. Estas dificultades y la gestión del ministro en general, desbordado por una realidad cuya magnitud excedía ampliamente todas las previsiones al respecto, fueron duramente criticadas por las filas comunistas en las páginas de ambas publicaciones25.
Ecos de la memoria de la deportación en la prensa asociacionista comunista

De acuerdo con Barcellini podemos distinguir tres tiempos fuertes en la estructuración de la memoria de la deportación: el que corresponde a la absorción de esta ultima en una memoria globalizante (1945-1947); el de la consolidación de una memoria de la deportación en torno a la memoria de deportados-resistentes (1948-1984) y el anclaje de una memoria de la deportación judía que aparece como una componente de la defensa de los derechos humanos (1984 hasta la actualidad)26.

Cada una de estas etapas esta presente en las prensa aquí analizadas. En la primera fase, la memoria de la deportación parece ser absorbida por memorias concurrentes: la memoria gaullista, la memoria comunista y la memoria combatiente (encarnada por la FNDIR o Federación nacional de deportados e internados de la Resistencia, que agrupa fundamentalmente resistentes no comunistas). Esas tres vertientes se cristalizaron en tres lugares de memoria: el Mont Valérien, el Muro de los Federados y la tumba del Soldado desconocido bajo el Arco de Triunfo, respectivamente27. En el marco de la Guerra Fría, el enfrentamiento entre diferentes memorias se intensificó.

En ese contexto, el PCF y las asociaciones estudiadas por nosotros participaron en la construcción de esta memoria interviniendo en las ceremonias del 1° de mayo, 27 de mayo (ceremonia aniversario de la Comuna de Paris), 14 de julio y 25 de agosto (liberación de Paris), a las que sus miembros asistieron con sus atuendos a rayas. De ese modo, el PCF intentaba fundir esta memoria de la deportación en una memoria obrera y nacional.

La fusión del panteón del movimiento trabajador y de la Segunda Guerra Mundial se cristalizó en la repatriación de las cenizas de Auschwitz, que fueron acogidas en el Père Lachaise el 30 de junio de 194628. A diferencia de Wieviorka, Barcellini y Wolikov29, afirman que si se analizan los discursos pronunciados en esta ocasión, se constata que ninguna categoría fue dejada de lado, y que los deportados judíos no eran olvidados (especialmente en el discurso de Furmanski representante de la Asociación de ex deportados judíos). Cabe aclarar, sin embargo, que en términos generales y a la excepción del discurso arriba señalado, Auschwitz era evocado especialmente como ‘campo de los patriotas’ (en alusión a Danielle Casanova, Marie-Claude Vaillant Couturier y a las mujeres comunistas deportadas a ese campo), antes que como lugar clave del genocidio.

Si hasta 1946 la FNDIRP alternaba en sus homenajes a los deportados de Auschwitz con los de Buchenwald, su rival, la FNDIR, por el contrario, eligió como campo emblemático el de Buchenwald. Dado que muchos de los dirigentes de esta agrupación lograron ocupar importantes cargos públicos, (entre ellos Forcinal, Mutter y Michelet llegaron a ser responsables del Ministerio de ex combatientes), e imponer por lo tanto sus propias “elecciones del pasado”. Por otra parte, Buchenwald, como indicamos anteriormente, no era completamente rechazado en la prensa asociacionista comunista ya que en él habían sido internados Marcel Paul y Frédéric Manhès, ambas figuras de primer plano de la FNDIRP. Además, se insistía en el papel desempeñado por los grupos de resistentes organizados dentro del propio campo en la liberación de aquel, auxiliados luego con la llegada de los americanos. Así este Buchenwald devino el campo paradigmático del complejo concentracionario durante la inmediata posguerra.

La FNDIRP solicitó en 1947 la consagración de una semana al recuerdo de la Deportación, entre el período que se extendía entre abril y mayo, tomando como referencias las liberaciones del primer y último campo, siendo excluida, sin embargo, la de Auschwitz. De esta manera la agrupación contribuía a unir la experiencia de la deportación con la de la resistencia.30

La FNDIRP en un principio rehusaba elegir el 11 de abril como fecha conmemorativa de la deportación, tal como lo proponía la FNDIR. No obstante no fue esta última sino otras dos asociaciones nacidas como consecuencia del impacto de la Guerra Fría, la Union nationale des associations des déportés, internés et familles (UNADIF) y el Réseau du souvenir (RS), las que encabezaron este combate31. En efecto, fue la UNADIF y el RS quienes propusieron consagrar el último domingo del mes de abril como jornada de la deportación, transformando así “su jornada” en “jornada nacional”32.

Finalmente, en 1955 la FNDIRP se asoció al establecimiento del último domingo de abril como día conmemorativo de la deportación, si bien antes se había opuesto. Aquella justificaba su cambio de posición argumentando que la FIAPP había declarado ese día como jornada internacional para la paz de los pueblos, y luego, como jornada internacional de los presos políticos. La agrupación, además de preparar esa jornada, organizó un peregrinaje a Buchenwald y diferentes actividades, en común acuerdo con la FNDIP y la UNADIF33. La adopción de esta jornada de recuerdo tuvo lugar en plena guerra Fría, y en el contexto del décimo aniversario de la Liberación, de la lucha en torno de la CED y de una ley de amnistía.

Como podemos observar, luego de la emergencia de una memoria de la deportación, en el contexto de la memoria global de la Segunda Guerra Mundial, y en la intersección de una memoria gaullista, comunista y combatiente, se perfiló la figura del deportado-resistente. Esta preeminencia se encuentra también en casi todas los obras de ficción publicadas por entregas en ambos periódicos. En efecto, dichos relatos giran en torno a personajes que arribaron a los campos por formar parte de grupos resistentes. Nos retournerons cueillir les jonquilleLes roses du retour, Formalités d’usage, Les triomphants  son algunos de los ejemplos que ilustran esta tendencia.

Paralelamente, la FNDIRP organizó peregrinaciones junto con entidades que nucleaban específicamente a sobrevivientes de un determinado campo. Las primeras tuvieron lugar en 1946 en Alemania, y se continuaron luego con Auschwitz y Flossenburg en 1947, Mauthausen en 1948, Neuengamme en 1949, Buchenwald en 195034. Estos viajes realizados al modo de los antiguos peregrinajes religiosos, coexistían con viajes ‘de protesta’, en los que el respeto por los camaradas muertos se mezclaba con preocupaciones del acontecer político. Así, puede citarse como ejemplo, la congregación de ex deportados y resistentes reunidos en Buchenwald en 1954. El viaje, efectuado en ocasión del aniversario de su liberación, fue a la vez un catalizador para la expresión de descontento del mundo ex combatiente. En efecto, resistentes y deportados se congregaron para exigir la paz y protestar ante el desarrollo armamentístico de Alemania Federal, en el tenso contexto de la Guerra Fría.35

Otro vector de recuerdo que tuvo eco en la prensa resistente y deportada fue el cine, a través de films tales como La dernière étape36 (rodada en el propio campo de Birkenau en 1947 – 1948) y Nuit et Brouillard (1955). El primero, rodado en el propio campo de Birkenau por Wanda Jakubowska37, fue presentado en una fiesta de gala por la FNDIRP en septiembre de 1948. La obra tuvo un gran éxito en Francia y fue objeto de una reseña cinematográfica positiva por parte de J. Friedland38. Este último destacaba que la realizadora había sabido abordar con tacto un tema muy sensible, dando cuenta de la realidad cotidiana de los campos. En la obra, se ponía de relieve la solidaridad entre mujeres de nacionalidades distintas en un kommando abocado a la investigación. Destaquemos que si bien podía constatase en el film la presencia discreta de victimas judías, éstas desaparecen de los debates e interpretaciones que las deportadas realizan a propósito de La dernière étape.39

Por otro lado, si se visualiza Nuit et brouillard, puede apreciarse el lugar central que ocupa el deportado político en el film de Resnais y Cayrol.40 Más aún: se borra toda diferencia y evolución de los campos en el tiempo: de este modo se propone una visión general e indiferenciada tanto del universo concentracionario como de su población. Por otra parte, este film provocó una polémica en los medios ex combatientes ya que fue suprimido de la selección oficial del Festival de Cannes. En este debate, la FNDIRP41 y la ANACR42 condenaron esta medida adoptada bajo la presión de Alemania. Finalmente el film fue proyectado fuera de concurso.

En cuanto al genocidio, hay referencias a la muerte de judíos en France d’Abord desde 1945, pero no se mencionan las cámaras de gas43. El asesinato de israelitas es relatado como una muestra más del salvajismo y crueldad nazi, no como objetivo primordial de una política racista de aniquilación. Cuando las cámaras de gas son mencionadas, por ejemplo en la descripción que realiza el enviado especial Clément Woerly del campo de Stutthof44, se compara a los “patriotas” que mueren allí con las victimas de Oradour-sur-Glane. Con ello se incurre en simplificaciones: se borran las diferencias entre la aniquilación del pueblo judío con la de otras víctimas y se eliminan las distinciones entre los muertos del sistema concentracionario y las de la represión ejercida por las tropas nazis en su repliegue y derrota. Sólo un artículo de febrero de 1945 menciona explícitamente el proceso de selección que se opera al arribo de un tren que transporta judíos y su envío a las cámaras de gas o a campos de trabajo, según los casos45. Por otra parte, cuando se incluyen relatos de testigos (sean estos reales o ficticios) siempre son deportados políticos varones los que se expresan o a los que se les permite expresarse en las páginas de France d’Abord.

En lo que concierne al Le patriote résistant, tal como lo asevera Trabacca, el genocidio es mencionado por primera vez en 1947 pero de modo casi excepcional y esporádico. Cabe aclarar que también se aludió a él en ocasión del aniversario de la “razzia del Velódromo de Invierno” en 1953, y con la inauguración del Memorial al mártir judío desconocido en 1956. Ya a partir de 1955 el interés acordado al campo de Buchenwald había comenzado a equilibrarse con el interés por el de Auschwitz. Pero fue sólo hacia 1957 y 1958 que el tema comenzó a tener un espacio en la publicación. Aún así, durante el período estudiado por nosotros, la imagen que prevalecía de Auschwitz era la de un campo al cual las víctimas eran confinadas en su calidad de patriotas y no a consecuencia de la implementación de una política racial. En efecto, cuando estos periódicos citaban a Marie-Claude Vaillant Couturier y Danielle Casanova como deportadas de Auschwitz, en realidad ninguna de las dos condensaba la significación de ese lugar, ya que habían sido deportadas en tanto activistas resistentes y no como israelitas. Tal como lo asevera A. Wieviorka, en el período analizado, no se pone de relieve aún la especificidad de las persecuciones contra judíos ni la responsabilidad del régimen de Vichy46. Ello comenzará a emerger en el período subsiguiente al analizado aquí por nosotros, a partir de las décadas de 1960 y 1970.
Reflexiones provisorias47

A lo largo del período analizado, puede verse en las publicaciones consultadas el pasaje de una memoria de la deportación que pugna por conquistar un espacio en el seno de la memoria de la Segunda Guerra Mundial. La memoria de la deportación no aparecía como el núcleo memorial central de dicho conflicto. Por el contrario, era la memoria de resistentes y resistentes – deportados la que alcanzó mayor vigor. No obstante, a diferencia de lo que podía observarse inmediatamente liberado el territorio francés, podía constatarse la progresiva conformación de una memoria deportada, como memoria distintiva y distinta en el espacio publico. Así a la preocupación de la asociación por compartir el duelo de las familias y lanzarse a la búsqueda de noticias de aquellos que aún no habían regresado, se agregaron las primeras ceremonias, la elección de los primeros lugares de recuerdo, los primeros peregrinajes48. Sin embargo, aun no se reconocía la especificidad del genocidio en cuanto tal, y por lo tanto la memoria de los ‘deportados raciales’ no logró tener visibilidad ni consolidarse hasta los años 1960-1970. Sólo en esas últimas décadas se constatara el progresivo pasaje de la heroicización de los deportados - resistentes a la valoración de los deportados-víctimas de guerra.



Fuentes consultadas

“France d’Abord”, 1944 – 1958, BNF, 4 FOL- JO-2301.

“Le patriote résistant”, 1944 – 1958, BNF, FOL- JO-3839.
Referencias Bibliográficas

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* Silvina Campo si è dottorata alla Sorbonne con una tesi slla Reistenza francese. Ha insegnato Storia contemporanea alla Università di Córdoba e all’Università di Buenos Aires. Le sue ricerche vertono su varie tematiche legate alla Seconda guerra mondiale e in particolare sulla stampa e sulla letteratura resistente dei giovani comunisti.

Questo saggio si divide in due parti. La seconda parte sarà dedicata alla memoria della deportazione dei giovani comunisti e comparirà nel prossimo numero miscellaneo di questa rivista.



1 En octubre de 1945 se constituyó oficialmente la Federación nacional de deportados e internados políticos (FNDIP), que al año siguiente adoptó el nombre de la Federación nacional de deportados, internados, resistentes y patriotas (FNDIRP). Entre las figuras más relevantes de la FNDIRP podemos citar Frédéric Manhès y Marcel Paul. El primero, antiguo deportado de Buchenwald y simpatizante del PCF, presidió la asociación hasta 1958. Marcel Paul, por su parte, deportado a Buchenwald y luego a Auschwitz, fue una figura clave del PCF (miembro del comité central del PCF, diputado y ministro de producción industrial en 1945). Para más detalles sobre la creación de la agrupación véase A. Wieviorka, Déportation et Génocide. Entre la mémoire et l’oubli, Plon, Paris 1992.

2 Si bien, la ANACR fue fundada en 1952, en realidad era heredera de agrupaciones que le precedieron. En efecto, en 1944 se constituyó la asociación Amigos de franco-tiradores y partisanos franceses (FTPF) que se proponía brindar su ayuda a familiares de los FTPF caídos en el combate. Esta dio paso a la constitución de la Asociación nacional de franco tiradores y partisanos franceses (FTP), luego transformada en 1947 en la Asociación de franco tiradores y partisanos franceses (FTP) - Fuerzas francesas del interior (FFI), de la cual surgió la Asociación nacional de FTP - FFI y sus amigos, en 1948. Su principal figura fue Charles Tillon, luego reemplazado por Pierre Villon.

3 A. Prost, Les anciens combattants et la société française, 1914-1939, Presses de la Fondation Nationale des Sciences Politiques, Paris 1977.

4 Las escasa excepciones que pueden citarse son: A. Wahl (coord.), Mémoire de la Seconde Guerre Mondiale Actes du Colloque de Metz 6-8 octobre 1983, Centre de Recherche Histoire et Civilisation de l’Université de Metz, Metz, 1984, y B. Benoit – M. Frangi (dirs.), Guerres et associations. Actes du colloque de Lyon du 29 septembre 2001, Presses Universitaires de Lyon, Lyon 2003.

5 Cfr. SENTIS, G., Des amis des F.T.P.F. à lA.N.A.C.R in A. Wahl (coord.), Mémoire de la Seconde Guerre Mondiale, op. cit.; G. Boursier, L'association, la construction du passé et l'écriture de l'événement in B. Benoit – M. Frangi (dirs.), Guerres et associations, op. cit.

6 I. Gourdon, Les pratiques commémoratives de la FNDIRP du Rhône, Mémoire de DEA, IEP Lyon 1994; F. Trabacca, La Résistance, la déportation et l’Allemagne dans Le Patriote Résistant 1946- 1965, Memoria de D.E.A, IEP de Paris, 1994; C.Leger, La mémoire de la déportation : une mémoire plurielle transmise par les rescapés des camps, les associations de déportés et les historiens, Memoria de Maestria, Universidad Lille III, Lille 2005.

7 S. Wolikov, Les combats de la mémoire. La FNDIRP de 1945 à nos jours, Le Cherche Midi, Paris 2006.

8 El primer número es de 1946, y su frecuencia de aparición es primero mensual, luego semanal y finalmente bimensual.

9 Semanario, luego publicación mensual, creada en 1941, que continúa editándose en la actualidad bajo el título “Le Journal de la Resístanse France d’Abord”.

10 F. Trabacca, op. cit.

11 En el período posterior al aquí analizado es en el que cobraron forma muchas iniciativas destinadas a perpetuar la memoria de los muertos y evitar una catástrofe similar. Pueden citarse a título de ejemplo la publicación de obras destinadas a jóvenes estudiantes, la organización de conferencias y exposiciones, la participación como jurado en el Concurso nacional de la Resistencia y Deportación, la realización de viajes de estudio a los campos de exterminio, etc.

12 A. Wieviorka, La construction de la mémoire de la déportation et du génocide en France, 1943-1995 in Storia e memoria della deportazione. Modelli di ricerca e di communicazione in Italia ed in Francia, Comitato nazionale per le celebrazioni del cinquantennale della Resistenza e della guerra di Liberazione, Istituto Storico della Resistenza in Valle d’Aosta – Giuntina, Firenze 1996.

13 “France d’Abord”, n. 77, 14 de diciembre de 1944 y n. 78, 21 de diciembre de 1944.

14 C. Delporte, Les médias et la découverte des camps (presse, radio, actualités filmées), in F. Bedarida - L. Gervereau (dirs.), La déportation et le système concentrationnaire nazi, Editions de la BDIC, Nanterre 1995, pp.205-213.

15 “France d’Abord”, n. 81, 11 de enero de 1945; n. 241, 12 de marzo de 1948; n. 451, 23 de marzo de 1952.

16 “France d’Abord”, n. 147, 24 abril de 1946; n. 447, 21 al 28 de febrero de 1952; n. 635, noviembre de 1958.

17 F. Trabacca., op. cit.

“France d’Abord”, n. 81, 11 de enero de 1945.

18 Ibidem.

19 B. Zeliger, op. cit., p.71.

20 “France d’Abord”, n. 385, 14 al 24 diciembre de 1950 y “Le patriote résistant”, 1 de septiembre de 1946.

21 “France d’Abord”, n. 147, 24 de abril de 1946. Luego de esta denuncia, en cada uno de los ejemplares sucesivos fue publicada una foto con la leyenda: “El envío de esta fotografía a Alemania esta prohibido por la censura francesa”.

22 A. Wieviorka,  Le ‘retour des déportés’, in F. Bedarida-L. Gervereau (dirs.), La déportation et le système concentrationnaire nazi cit., p. 215.

23 Ibidem.

24 A. Wieviorka, Déportation et génocide. Entre la mémoire et l’oubli, Plon, Paris 1992, pp.77-120.

25 “France d’Abord”, n. 86, 1 de marzo de 1945 y n. 91, 22 de marzo de 1945.

26 En este caso, nuestro trabajo coincide con los dos primeros tiempos fuertes destacados por el autor. S. Barcellini, Sur deux journées nationales commémorant la déportation et les persécutions des “années noires”, in « Vingtième siècle Revue d’Histoire », LXV, 45, 1995, p. 76.

27 S. Barcellini, op. cit, pp. 77 -78.

28 En ese sitio en el cual se depositaron las cenizas de Auschwitz, tiempo más tarde, (1949), fue inaugurado un memorial. Además, en un periodo posterior al aquí analizado por nosotros, se sumaron los memoriales erigidos a cada campo del sistema concentracionario nazi, así como las tumbas de los dirigentes de la FNDIRP.

29 S. Wolikov, op. cit., p. 248.

30 Cfr. A. Wieviorka, Déportation et génocide. Entre la mémoire et l’oubli cit., pp. 134-135.

31 Luego de la denuncia que efectuó Rousset sobre la existencia de campos en la URSS y su llamado a que los deportados constituyesen una comisión de investigación, se produjo una división entre las filas de la FNDIRP y fue creada otra asociación: UNADIF. Cfr. A. Wieviorka, op. cit., pp. 134 – 135.

32 S. Barcellini, op. cit., pp. 80- 82.

33 S. Wolikov, op. cit., p. 252.

34 “Le patriote résistant”, n. 2, 1946.

35 “France d’Abord”, n. 553, 11 de marzo de 1954; n. 554, 18 de marzo de 1954; n. 559, 22 de abril de 1954.

36 Para un análisis minucioso del film, véase A. Wieviorka, op. cit. pp. 293-312.

37 La realizadora era una fotógrafa polaca que fue internada en ese campo por actos de resistencia; ella adhirió al partido comunista durante la guerra.

38 “France d’Abord”, n. 279, 30 de septiembre de 1948.

39 A. Wieviorka, Déportation et génocide. Entre la mémoire et l’oubli cit., pp. 310-311.

40 Este último era un sobreviviente de los campos y también colaboraba en la publicación de la FNDIRP.

41 “Le patriote résistant”, n. 199, mayo de 1956 y n. 200, junio de 1956.

42 “France d’Abord”, n. 609, mayo de 1956.

43 “France d’Abord”, n. 80, 4 de enero de 1945.

44 “France d’Abord”, n. 81, 11 de enero de 1945.

45 “France d’Abord”, n. 87, 22 de febrero de 1945.

46 Wolikov objeta a la autora citada adjudicar esa actitud a la FNDIRP cuando aquella no era una reacción exclusivamente suya, sino general y presente en toda la sociedad en el momento de la Liberación. S. Wolikov, op. cit., p.240. Trabacca, por su parte, disiente con Wieviorka, cuando ésta considera que hubo una confiscación de la memoria de Auschwitz por parte de las filas comunistas. F. Trabacca, op. cit.

47 Esbozamos aqui reflexiones necesariamente provisorias, ya que nuestro trabajo está aún en curso.

48 S. Wolikov, S., op. cit. p. 241.

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