Algunas ideas sobre el tema de la maternidad adolescente- lic. Ana Jusid



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Algunas ideas sobre el tema de la maternidad adolescente- Lic. Ana Jusid


Cada vez que se trata el tema de la maternidad adolescente se termina hablando del embarazo no deseado, de los servicios existentes o ausentes de planificación familiar, de los cursos presentes o ausentes de educación sexual, de la dificultad que tienen las adolescentes para conocer su cuerpo y hacer uso de los métodos anticonceptivos, de la relación existente entre la mayor educación y el menor índice relativo de madres adolescentes.

Se insiste hasta el cansancio en el hecho de que la maternidad adolescente termina siendo una trampa para la joven, quien paradójicamente buscaría a veces, a través de la maternidad, independizarse de la familia o comprobar su fertilidad.

Se habla de la pobreza, la marginación y la ignorancia en la que terminan sumidas, se insiste en que una vez embarazadas las adolescentes podrían dejar la escuela profundizando así la distancia de las posibilidades laborales, situación que terminaría perjudicando a su hijo.

Como puede ver el lector todo es dramático, casi trágico.

¿Qué pasaría si miramos el tema desde otro ángulo? ¿Qué sucedería si incorporáramos otros datos a los que habitualmente se utilizan?

Es posible que el embarazo y la maternidad hayan sido inoportunos, pero siempre han sido deseados, señala el libro chileno "Adolescencia y maternidades", producto de una investigación realizada con mamás adolescentes en una de las comunas ubicada en los alrededores de Santiago de Chile.

Como ya se sabe, también producto de investigaciones, hay mamás adolescentes en todas las clases sociales, en todas las culturas y en todas las razas. Antes, en los EE.UU, se pensaba que era un problema de los negros y de los hispanos, hasta que los estudios realizados mostraron que el fenómeno había llegado también a la población anglosajona.

Hay una realidad biológica que posibilita la maternidad: el adelanto de la capacidad para la procreación. Pero encontrar la causa de la maternidad en ello parece inapropiado y, en todo caso, no alcanza para entenderla, como así tampoco alcanza relacionar la maternidad con la pobreza, la promiscuidad, el hacinamiento o la falta de educación sexual.

Los hijos son consecuencia de algo más que todo ello, tanto para las jóvenes mamás como para los jóvenes padres.

Por supuesto que dentro del vasto universo de las madres adolescentes hay situaciones más complejas que otras y algunas sin duda altamente dramáticas, como es el caso de las niñas violadas o abusadas por adultos. Pero suponer que esto sucede con todas las jóvenes mamás, es falso.

Si nos despojamos de los prejuicios y nos instalamos en el ángulo que estoy proponiendo, es posible que veamos la situación de otro modo y que nos preguntemos por qué los jóvenes, en un momento tan complicado de la humanidad, del continente americano y de la Argentina, tienen hijos a edades tan tempranas, ¿hay, acaso, alguna racionalidad en ello o todo es irracional?

En el libro "El país de las últimas cosas", del autor norteamericano Paul Auster, la protagonista queda embarazada en la peor de las situaciones, sobrevivir en ese país horrendo es casi imposible, quizá por ello el deseo de dar a luz vida es muy fuerte.
En la investigación realizada por mí entre mamás institucionalizadas y sus hijos arribé a lo siguiente:
tal vez la maternidad es, frente a los abandonos y orfandades producidos en su historia social y singular, el único camino que encontraron para ser, al fin, un poco hijas.

Si esto es así, tengo la sensación de que a la temática "ser hijos", "estar hijos", le falta algún capítulo y, en ese sentido, habría que imaginar una palabra que fuera un sustantivo abstracto que contuviera esa situación, por ejemplo "hijez" o "hijitud". Así como existe juventud para las y los jóvenes, niñez para las y los niños, maternidad para las madres, paternidad para los padres.

Por supuesto que tiene que haber cursos, conferencias, charlas sobre nuestra sexualidad ya que es un derecho humano mínimo conocernos y cuidarnos, pero ello no necesariamente redundará en una disminución del número de madres adolescentes.

Por supuesto que hay que crear para los jóvenes perspectivas diversas y ricas para sus vidas, pero ello, aunque sucediera, quizá tampoco contribuya a disminuir el número de mamás y papás adolescentes.

Si el planteo de la "hijez" o la "hijitud" es cierto, nuestros pensamientos podrían acercarse a la idea de ir creando en nuestra sociedad una "placenta", esa casa contenedora de la vida intrauterina.

Uno de los momentos de esa placenta, aunque parezca simple, es ir difundiendo una idea más humanitaria, más cuidadosa.



Una de las cuestiones a difundir es el nuevo conocimiento creado a partir de investigaciones que van demoliendo la concepción hegemónica.

Si las personas buenas pudiesen tener a su alcance esos nuevos conocimientos -de forma que pudiesen actuar de otra manera-, se podría entonces contribuir mínimamente, a que la situación sea menos injusta.


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