Alfredo moffatt



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LO ESENCIAL DEL ACTO TERAPÉUTICOO

ALFREDO MOFFATT

16 / 3 / 00

Corregido por Graciela MARINA

La clase de hoy va a ser sobre el acto terapéutico. No podemos hablar de sujeto histórico porque no es sujeto si no es histórico, sólo existe en ese movimiento. Es como en el cine, se mueve porque caminan las máquinas, cuando se para aparece la foto fija, no se mueve a ningún lado, es una ilusión ese movimiento. La existencia es muy parecida al cine, cuando al psicótico se le para la película queda quieto, entonces Humphrey Bogart no se mueve más, en realidad nunca se movió, sino que son fotos fijas que dadas a una velocidad algo superior a la retención de la imagen en la retina, en el cine se funde una foto con otra. La vida son instantes, estamos presos en un presente. Tenemos la conciencia de historicidad porque se nos pega un presente con otro, eso es artificial, lo une el lenguaje, la expectativa con el otro. Cuando uno está absolutamente solo, en un lugar totalmente quieto, tiene la sensación que no se produce el tiempo. Se detiene la temporalidad. En la psicosis se detiene en forma terrorífica el sentimiento de continuidad del yo, esto hace que la persona no sepa quién es. Como humanos esperamos o de tememos. Cuando no hay deseo en su lugar ponemos un miedo, siempre tenemos que tener algo que esperar. ¿Se acuerdan de des-esperado?, esa es la clave para entender la Teoría de Crisis, que es lo que sustenta todo nuestro trabajo terapéutico, que consiste en rescatar a la persona y recuperar su posibilidad de comunicación. Enfermedad es igual a incomunicación, a soledad, es desconexión con el otro humano, ahí desaparece la persona. Sartre dijo: “soy configurado por la mirada del otro”, yo existo porque el otro me mira. No me puedo mirar a mí mismo porque me veo en una conciencia sin tiempo. Al dormir no tenemos al otro, cuando soñamos aparece la conciencia primigenia, sin tiempo, por eso es caótico, confuso, por ejemplo: no pasó por la puerta, sin embargo está afuera. Esa discontinuidad hace que uno tenga esa sensación de extrañamiento en el sueño. La clave de ayudar a alguien es hacer que esa persona que se desconectó vuelva a conectarse, no es que olvidó las palabras sino que escucha los sonidos que corresponden a cada una, pero todo eso no lo puede integrar. Vamos a estudiar cómo hacer para escucharlo, entenderlo y por lo tanto poderle hablar a él, que perciba que le hablamos a él. Cuando se trabaja desde la ingenuidad de los cuadros clínicos, se habla de un esquema, se dice: “esta es un depresión”, sin embargo, esto es una entelequia, algo abstracto.

El paciente es una persona, puede tener una conducta que podría ser clasificada como depresión pero es un sujeto particular, existe justamente porque es singular.

Lo que rescato de Pichón es cómo registraba lo singular de un hecho. Conté en Página 12, en el artículo de la Universidad de las Madres, que cuando entró un militar a verlo, el tipo llegó y vomitó toda la alfombra. ¿qué haría un terapeuta convencional?, lo toma como algo ajeno, llama a una empleada para que limpie. En cambio para Pichón ese acto respecto a comunicarse tenía un significado por ser algo que sucedió en ese momento, no en otro. Él pensó que el vómito era algo que no lo podía decir con palabras, al ver que vomita, Pichón le dice: “¡cuánto hace que venía a traer eso!” El tipo ahí se enganchó, con eso hizo la transferencia, mirá que agilidad casi teatral, eso es lo que quise transmitir en el artículo, eso de mirar a alguien de una manera que el otro se daba cuenta que lo miraba a él. Mi primo Tommy como buen esquizofrénico no confiaba en nadie y menos en un psiquiatra, pero con él, si. Pichón lo miraba de una manera especial, no se qué encontraron en común... algo que les llamó la atención a los dos de la pared, en un momento se metió en el espacio que el otro estaba, cuando salimos dijo Tommy: “me gustaría volver”. Se ve que se reconocieron como dos psicóticos. Hay un proverbio chino que dice: “dos ladrones (o dos locos o dos perversos) no necesitan presentación, se miran y ya saben que están en esa”. Esa mirada es imperceptible, es un gesto, una manera de ponerse frente al otro que logra el contacto.

Tengo la idea de invitarlos al Taller de Psicodrama que voy a hacer los viernes, durante todo el año, durante dos cuatrimestres. La idea es generar espacios de encuentro más emotivos, donde se incorpora el gesto, el movimiento, la riqueza del contacto de las manos ... Cada Psicodrama es completo en sí mismo, se trabaja todo un tema. Podemos hacer uno entre todos nosotros, ¿tienen miedo? Yo soy muy cuidadoso, voy despacito, hablo de cómo cada uno está sentado, por ejemplo ... ella tiene las manos agarrándose así, con eso me dice cosas... ella está así, “vamos a ver qué pasa” este alumno está como canchero, “yo soy el primero”, cada uno con el cuerpo está diciendo algo, la holandesa está como de princesa, este está despatarrado, son los dueños, los capataces... al final, hacen ejercicios bastante fuertes, en general, quieren hacerlo, yo lo que hago es proponerles algo y dejar que Uds. elijan. A los de Primero les digo: “no es conveniente que decidan hoy si se quedan en la Escuela, traten de ver si es lo que necesitan”, no se fue nadie hasta ahora, todo lo contrario, en el caso que alguien pague y luego perciba que no es lo que le gusta realmente, le devolvemos el dinero, eso es mucho mejor, los que se quedan se quedan convencidos, no bajo presión. La terapia es enseñar la libertad, el síntoma es meterse en cana uno mismo. Lo que enseñás es que la persona la adquiera, para lo cual tenés que enseñársela proponiéndoselo, casi ... pervertirlo para la salud, para el bien, es ir acompañando. Pienso que a un loco hay que correrlo de adelante y te termina siguiendo a vos, eso es lo paradojal. Lo que quiero transmitir este año es lo que me enseñó Pichón, nada que ver con lo del cono invertido, lo inventaron después, debe haber sido que una noche estaba en pedo y dibujó algo sobre una servilleta, tomaron eso y lo sacralizaron.



Lo que enseñaba era un modo de ponerse frente al otro, un modo de mirar, de escuchar, pescar el timing del otro, qué tiempo necesita. No se trata de esperar mucho, ya que puede ser fatal, si el tipo está en la cornisa y vos estás con la estructura de demora... se tiró, ahí hay que actuar con rapidez, la palabra timing me gusta más, quiere decir: tiempeando, es un gerundio de “time”, en inglés, es respetar el ritmo, captar cómo es la onda del otro, ver si hay que trabajar rápido. Si te ponés muy lento...cuando el otro es rápido, también perdés el contacto. Es muy difícil para los humanos aceptar que el otro es distinto, si yo lo quiero ayudar, lo tengo que hacer en términos del otro, no de los míos. Hay gente que quiere que no lo jodan, preguntarle: “¿estás seguro?” A lo mejor lo podés ayudar ... si dice: “no se si estoy seguro...” ahí ya entró. Hay gente que no es el momento para que le revuelvan el avispero, no está en condiciones, esperás y dice “me respetó”, la otra vez que vine me dijo que no estaba preparado para empezar, después te viene a ver porque lo respetaste. Si lo obligás: “no, hay que ver qué pasa”, abrís, metés la mano y no era el momento. Una vez, fuimos a buscar a Pichón, estaba bastante enfermo ya, para llevarlo a un Congreso, con Dicky Grimson, tenía que presidir uno que habíamos inventado nosotros, cuando llegamos estaba vestido, nos dijo, “no estoy preparado para ir”, no fue. Pero cuando nos íbamos dijo: “vayan conmigo”, mirá que fineza ... nos fuimos con Pichón. Dijo “vayan conmigo”, en lugar de: “voy con ustedes”. Generaba un clima, era algo muy lindo. Hay cosas que digo yo (ahora se los puedo confesar), que son cosas mías pero se las asigno a Pichón para que siga vivo. Les quiero contar cómo hizo Pichón una vez para entrar en el delirio del otro, fue como el colmo de meterse en el otro, es muy ilustrativo, es como esos los cuentos de los maestros zen, que con una anécdota entendés toda una temática, así se manejaba Jesús, con parábolas. La parábola de la adúltera te enseña a no discriminar, cancheramente, con un cuentito que es mucho más pregnante, no te lo olvidás más. Vino una vez a Pichón un hombre que estaba completamente psicótico, con un delirio caliente, estaba tirado en el diván, tenía miedo que lo destrozaran, empezó a alucinar que estaba atado a las vías y que una locomotora venía a matarlo. Cualquier psicoanalista se pone en pose, imposta la voz, se pone de costado, agarra la pipa y baja la sagrada interpretación: “lo que usted teme es que el pene de su padre lo atropelle”. Es clásico, me juego la cabeza que el 90 % te diría eso, tipo APA, con eso el otro se hace bolsa, no era joda, para el otro venía de verdad el tren ... estaba en delirio, el psicoanalista se lo dice desde el mundo real, están en dos espacios distintos, como si uno estuviera despierto y el otro dormido. Si está dormido...se acepta que está en otro nivel de la conciencia. ¿Qué hizo Pichón en esa oportunidad? se tiró encima del loco, lo abrazó, lo tiró al suelo, mientras gritaba “¡rajemos que nos agarra el tren!”, (Risas) Se metió en el delirio, lo aceptó, se tiró arriba y le dio al loco la posibilidad de rajar. Muchas veces en la vida estamos atados a los rieles y sentimos que viene la locomotora. Pichón le dio la esperanza, la energía de huir y salirse de las vías. Hay gente que se queda ahí, viene el marido y la mata, o hace la enfermedad, no se puede salir de ahí, ¿qué le dio Pichón?, es una operación terapéutica, se metió dentro del delirio, como si le hubiera dicho: “¿ves que era fácil? había que rajar de las vías! pero él solo no podía, necesitaba a otro. Cuando alguien está en el pozo, solo no puede, si vos le decís de arriba, “Salí del pozo”, no puede, tenés que meterte en el pozo. Te metés ahí, pero no como el otro porque entonces son dos locos que quedan atrapados, te metés con una soga, una soguita con una roldana, la técnica es la soga, vos te metés para empatizar y disociarte, eso es lo que tienen que aprender que no es fácil. Yo enuncio los 4 pasos, el asunto es empezarlo a poner en práctica. A las docentes les pasa que empatizan demasiado, les cuesta mucho, especialmente cuando hay abuso sexual, sienten mucha empatía, porque tienen experiencias de abusos o porque es muy ancestral el temor a ser violada, no pueden hacer la disociación, entonces entran como caballos, quedan pegadas en su escena temida, resuenan y muchas veces se enojan, “¡Cómo que te hizo eso!” La nena se asusta, hay alguien enojado frente a ella, no puede lidiar con esa escena si alguien trata de ayudarla enojada. Si la maestra se conmueve y se pone a llorar con la nena ... o queda petrificada, “no oí ... ¿qué? “ “¿cómo dijo, doctor? ¿Capricornio?”, “No, cáncer”. Es bravo, pero les quiero mostrar como a veces uno no escucha. La palabra le llegó, pero no la registra. Muchas veces es un cuento feo, muy directo, a veces vos decís algo y el otro no te lo puede escuchar. Me contó una paciente que fue a un servicio de salud en el Alvear: Le contó toda una situación, cuando terminó la otra persona le preguntó, si no había pasado una situación deducida por ella y era exactamente lo que antes había contado la paciente. Quiere decir que no le escuchó nada, era un caso medio angustiante, algo escuchó y dedujo, ¿no le habrá pasado esto? “Escuchame, ¡es lo que le relaté recién!”. Tato Pavlosky tenía una frase muy linda, “yo te comprendo desde mi desesperación y te curo desde mi esperanza”, de modo que si Uds. no son desesperados esperanzados, van a trabajar con un esquema, vas a hacer los cuatro pasos mecánicamente. Los cuatro pasos hay que hacerlos pasar por la intimidad del momento. Para cada uno la contención es distinta. A veces vos estás distinto, de pronto estás depresivo y el contacto lo hacés desde la depresión, en otro momento, estás más contento, trabajás desde la esperanza. En el Bancadero cuando alguien entraba a trabajar el turno, tenía media hora para contar cómo estaba. Ahí podía discriminar y decir: “hoy no estoy bien”, entonces le decíamos, “bueno, hacé recepción, cuidás la puerta, hacés entrar a la gente, cebás mate”, es saber cómo uno está en ese momento. Cuando ya no entraban más pacientes, durante una hora cada uno contaba cómo había trabajado la identificación, la disociación, para poder irse bien, es parecido a lo que se hace en Psicodrama cuando saltamos y nos sacamos el rol de encima. Esto facilita tomar otro rol.

Nosotros partimos del supuesto de que la enfermedad es volver a la conciencia arcaica, que tenemos cuando somos bebitos y a la que regresamos cuando estamos muy enfermos, tenemos la vivencia de estar muy solos y que el tiempo se paralizó. Toda crisis, incluyendo la psicótica, está definida por dos síntomas o sensaciones que son las ansiedades básicas, el sentimiento de soledad, que puede ser a veces una soledad existencial insoportable, donde vos sentís que no hay nadie más en el mundo y en realidad es así, porque cada conciencia está separada, tanto que en filosofía se habla de la separatidad humana, donde cada uno está desde siempre y para siempre encerrado en su conciencia. Gracias al lenguaje podemos transmitir nuestra angustia o alegría, así podemos salir de nosotros mismos, así el otro me salva de mi conciencia caótica. A la noche cuando nos dormimos caemos otra vez en la conciencia arcaica.



El humano si no es sociable, no existe, lo de Robinson Crusoe es una ficción, estuvo 20 años en una isla desierta, a los seis meses cualquiera se vuelve loco. Como era inglés podía durar un poco más, si hubiera sido italiano dura una semana. Hubiera echo un delirio, como era religioso, un delirio místico. Los presos cuando los meten en el “buzón” sienten que desaparecen, no es la paliza lo que temen, el “buzón” es un lugar de castigo que toda cárcel tiene, está muy abajo, no hay ningún ruido, está oscuro, es un lugar chiquito, está él solo, no ve, no oye, nada, al tiempo empieza a delirar. En el Centro de Salud Mental de Brooklyn se hacían experiencias de deprivación sensorial masiva, usaban a estudiantes voluntarios que le pagaban muchísimo, por eso se arriesgaban, además se fijaban que no estuvieran piantados por el peligro de brote. Lo ponían en una cámara absolutamente oscura, insonorizada, con unas gomas donde no sentía el peso, le ataban las manos, para que no tocara, le habían quitado todos los sentidos, vista, oído, tacto, y cenestesia, lo dejaban 4,5,6 días. La persona contaba -sin saber que en otras experiencias había pasado lo mismo- que empezaba a sentir que todos los demás se habían ido y se habían olvidado de él, se sentía solo en el Universo. Después tenía la sensación que en ese lugar había otra persona. Cosa que era imposible porque era un espacio sumamente reducido, alucinaba a otro, veía que se le venían encima figuras como geométricas, eso puede ser por la estructura de la retina. Lo tenían un tiempo ahí metido, estaba vigilado, creo que tenían un sistema para que si le resultaba insoportable la experiencia se abortaba, pero como le pagaban bien, resistía. ¿Sabés para qué hacían la experiencia? Era en el tiempo en que la NASA mandaba una sola persona al espacio, gastaban como cuatrocientos millones, tenían mucho miedo -si mandaban a uno solo- de que enloqueciera y empezara a tocar todos los botones, hacía un desastre. Después empezaron a viajar de dos o tres. no por nada se hace así, es insoportable el sentimiento de soledad existencial, es la psicosis, sin llegar a eso, con una crisis ya se experimenta ese sentimiento de soledad. Uds. seguro que a esta edad, han pasado alguna experiencia donde se sintieron angustiadamente solos y que no pasaba el tiempo. El síntoma de la crisis, (yo pasé una muy fulera, por ahí tomé el insight de esto) es mirar el reloj y no entender la hora. No la comprendés porque vos decís: “son las 8 tengo que hacer esto o lo otro”. Si no tenés nada que hacer y estás solo, no hay más 8 de la mañana. Al desocupado le pasa eso también, no tiene domingo porque todos los días son domingo. Domingo es en referencia a que trabajás y descansás, pero si descansás siempre, no descansás nunca. Entonces el tema del síntoma es la paralización de la temporalidad. La temporalidad es un echo artificial, construido a través del lenguaje por la cultura, ocurre porque la gente se comunica y se contradice, ¿se acuerdan lo que comentaba? Mi hijo es biólogo, está haciendo el doctorado, me dijo que en Biología hay un principio que dice: “organismo que no está en conflicto con su medio, está muerto”, la vida es conflicto, hay parejas que se separan y para no separarse del todo, se odian. El odio hace que no queden solos, con eso quedan enganchados porque no pueden hacer el duelo de la separación.

Cuando el otro viene mal le decís dos o tres cositas justas y baja el nivel de angustia. Es la sensación de ¿para qué me voy a levantar? ¿Para qué el tiempo? La homogeneidad del tiempo es insoportable, la conciencia es un pez que vive en el tiempo. A un pez lo sacás del agua y dejó de existir. Un afuera del tiempo no es concebible. Afuera del tiempo sólo existe la muerte y la psicosis, hay una tercera opción que es el satori zen. Estudiando esas cosas me di cuenta que los maestros zen, llegan al satori o sensación de plenitud que Freud llama: sensación oceánica, el Nirvana, donde destruyen la temporalidad y por lo tanto desaparece la muerte. Es un momento tan pleno que no hay más tiempo pero que lo lograron de a poco, como conquistándolo, en cambio, al loco o al que está en crisis, le cayó el zapallazo y se le desarmó. Es completamente distinto al que lo va desarmando despacito.

Esta es una cultura muy pendiente de la temporalidad como obligación o diversión, los norteamericanos no pueden tomar vacaciones porque para vacacionar hacen lo mismo que para trabajar, tienen unos equipos de pesca tan complejos que laburan como bestias, tienen un hobby pero resulta que el hobby es serruchar no se qué, hacer un aparato. Tienen que trabajar porque no pueden estar a solas con ellos mismos porque no hay nadie adentro, es una cultura del vacío existencial. Cuando yo me vine, quise hacer algo que si lo hacía seguro me llevaban preso, quería abrir un norteamericano con una gillette a ver si había alguien adentro. Son extrovertidos, existen en el afuera. Yo trabajé un año con psicóticos en el Hospital de allá, ahí ves la verdad de una cultura, porque los locos son la caricatura de la cultura, el norteamericano es un robot. Me hacían acordar a la película “Atrapado sin Salida”, el tipo de terapia represiva es la lobotomía que lo convierte en cosa.

Soledad y atemporalidad es la enfermedad, por lo tanto la salud es devolverle un vínculo y un proyecto, ¿cómo hace el terapeuta? ¿Qué vínculo le devuelve? Primero le devuelve el vínculo con él mismo. El que ayuda tiene que ser como el príncipe de “La Bella Durmiente”, pasar por las cercas llenas de espinas y llegar, el que está mal está lleno de espinas porque tiene mucho miedo a que le lleguen adentro, a un loco por entregarse lo chuparon, no le permitieron ser otra cosa, tuvo una madre que lo engulló que no le permitió ser otra cosa, por eso no quiere comunicarse, entonces despacito, vos vas tentándolo con la vinculación, con el contacto simbólico, puedo tomarle la mano. ¿Sabés qué importante para un tipo operado, que alguien le de una mano cálida?, para que sienta que no está solo en este mundo. La vivencia de muerte es soledad, nacer y morir son dos operaciones absolutamente solitarias, aunque tengas a toda tu familia de 30 personas, en el momento de la muerte estás solo.

Volvés a la conciencia arcaica en el principio y en el final. Durante todo el viaje tenés que estar en este juego, algunos lo pierden porque no se lo enseñaron, quedan solos, si no son rescatados hacen síntomas. El loco hace el delirio que siempre es que alguien lo persigue, le roba el pensamiento, siempre es otro. Mi primo Tommy, que es esquizofrénico, me hablaba de “ellos”. “Mirá lo que están haciendo” “¿Viste que la puerta estaba cerrada y esta chica la abrió? Ahora está anotando.”, encima todo coincide. Yo me dejaba inducir y a las tres de la mañana yo ponía la radio y decía: “Escuchá esos ruidos raros”, es como que te captan, yo entraba en el juego y después salía pero es como una película de terror. Siempre cuento que mi hija, cuando tenía ocho años, estaba viendo una de terror y me dice: “Papito, tengo miedo”, “¿te apago el televisor?”, “No, no, papito ... no!” Necesitamos el contacto con el terror porque está dentro nuestro y debemos conocerlo.

La soledad existencial está ahí, pero por suerte están los demás, está la invención del lenguaje. La relación amorosa, sexual, es el lenguaje más concreto del mundo, que es un subproducto de la relación materno infantil, en esa primera comunicación, el cambio de los pañales, la acunada, está la matriz de todo lo que aprendés de contacto cenestésico. Alguien puede pensar que la mamá no lo acarició mucho siendo bebé, pero siempre está la posibilidad de trabajarlo con Psicodrama. Acá se trabajó recuperar todas las posibilidades desde lo corporal. Con los brasileños no necesitaba enfatizar lo cenestésico porque ellos se tocan mucho, para los afrobrasileños el cuerpo es algo apropiado, algo propio, no están tan disociados.

En Estados Unidos había una sala que tenía el criterio de no tocar a los bebés recién nacidos y desinfectarlos todo el tiempo, -similar al criterio de los manicomios que mueren catatónicos, pero desinfectados- esa sala tenía un alto grado de mortalidad. En otra, había dos o tres enfermeras más abrazadoras, acariciadoras y allí el nivel de muertes era bajísimo. Con esto se comprobó que el bebé si no tiene esa escucha cenestésica desaparece para sí mismo y entra en pánico.

Ahora hay una forma nueva de tratamiento de bebés prematuros “mamá canguro” se llama, los bolivianos tienen el bebé siempre ahí. Es muy interesante ese primer contacto de caricias de la mamá, la palabra es el último eslabón de una cadena que empieza con un toque, una caricia, algo olfativo o gustativo. ¿Se acuerdan del sandwich de chorizo, asado y sobre un elástico de Hospital? ¿viste esas bombas neutrónicas que producen un vacío? Los sandwich de chorizo producían “un lleno”. Todos los “locos” que había ahí eran captados por el olor. Era gracioso, veías a un paciente que llevaba tres años ahí como plantado y cuando venía el aroma, hacía así, olía en el aire ... y el tipo lo seguía... ¿porqué? Porque es ancestral, atravesaba todas las psicosis, todas las organizaciones delirantes porque el olor del chorizo es único. Cuando fui a Brasil se hicieron experiencias de “Bancadeiros”, pero como no hay chorizo criollo, no se conseguía este efecto, tipo la salchicha criolla pero no es el chorizo nuestro... Yo creo que el choripán habría que venderlo dentro de una caja que diga: “Producto Médico”, es más curativo que el Halopidol, un psicofármaco que te congela, te enyesa el alma, lo dan en dosis masivas de impregnación. Con esa medicación el loco no jode más, queda con movimientos parkinsonianos, el psiquiatra le dice a la madre: “¿vio que su hijo no la putea más? está mejor”, (es el chaleco químico.)



Fijate qué diferente concepción comparada con la nuestra, con la de Pichón, que es rescatar la relación con ese ser singular, que la tenés que develar, que él la rescate. Tenés que salir de la tentación de inventarla vos, una vez uno de la APA me dijo: “qué lindo es trabajar con un paciente muchos años y poderlo cincelar”, yo en un momento, era más ingenuo, pensaba “qué bien, qué trabajo de orfebre que hace”. Después pensé que no lo tenés que cincelar, lo tenés que descongelar, tenés que hacer que salga para donde él quiera y para lo que él quiere hacer, ¿qué es la salud?, es la realización. Lo tenés que ayudar a que se haga nacer a sí mismo, Fritz Perls tenía una frase muy linda que decía: “el cambio terapéutico es paradojal, tiene el paciente que dejar de ser el que no es, para ser el que es”, no es que cambia, estaba cambiado cuando vino. Tiene que llegar a ser él, ¿porqué enfermó? Porque no es el que él siente profundamente que es. Cuando se encuentra con el que es, la persona tiene una gran alegría porque puede hacer lo que quiere, que en general es reparar algo doloroso del pasado. Puede ser una humillación, puede ser que quiere ser rico, para una persona que fue muy pobre ser rico es muy importante, es como salir de la humillación. Mi ex-mujer me decía que yo tenía que hacer un taller de autoestima, “porque la tenés muy alta”.(Risas) Mi vieja me dio mucha manija, era paralítica yo era el Mesías, yo tenía que ser algo así, sino ¿cómo justificaba su vida en su silla de ruedas?, me dio manija. Gracias a ese entusiasmo, hago que durante 23 años en el Hospicio me siga gente a trabajar con locos un día sábado, porque hay algo también de eso. Ahí dice en el artículo de Página 12, cuando los psiquiatras acusaban a la Peña de ser “un grupo de prostitutas y delincuentes que entraban vino al Hospicio, liderados por un psicópata mesiánico”. Yo le conté eso a Pichón, él me dijo: “tienen razón, porque el enemigo es el que mejor te define, porque para ellos dar amor es prostitución, aprenden que con el paciente hay que tener distancia, hay algo en eso de promiscuidad, además dar alegría es lo mismo que dar vino (le servían naranjada), le dan chamamé, ¿qué es lo que pone alegre? El vino. Y si vos no fueras un poco psicópata mesiánico, vos creés que te seguirían?”. Pichón tenía eso de dar explicaciones paradojales, veía lo absurdo, era sistémico, psicodramatista, son recursos. Una vez, vino un paciente del Hospicio que estaba paranoico, según los sistémicos, la técnica es alentarle la desconfianza, “¿porqué me contó su vida privada?... recién me conoce, tiene que ser más cauto”, el otro que era cauto para que no lo controlaran, se encuentra en una situación muy jodida, si sigue siendo cauto está controlado por el que le dijo que lo sea. Si deja de ser cauto, deja de ser paranoico, lo pone en un encierro. Me acuerdo la historia del grabador, vino un paciente a un terapeuta sistémico, le dijo: “yo a usted doctor, le tengo confianza pero acá puede haber un micrófono oculto, pueden estar registrando para hacer alguna experiencia científica. usted me está grabando”. ¿Qué le diría el psicoanalista? “Lo que pasa es que usted teme que sus contenidos de conciencia sean absorbidos por su madre”, el otro con eso se refuerza, piensa: “éste me está diciendo que no”. Un sistémico, está en el libro de Waslawick, le dijo: “mire, la verdad es que yo no puse ningún micrófono pero este consultorio lo usan otros terapeutas, además viene gente a limpiar, así que no le puedo asegurar si hay o no, lo invito a que lo verifiquemos”, el loco contento, van buscando por todos lados, después de un buen rato, el paciente dice: “Parece que no hay nada”, el terapeuta dice: “No, no, sigamos buscando, quiero que usted quede convencido”. Siguen buscando y al final el paciente dice: “doctor, por favor...acá no hay ningún micrófono...¿podemos seguir?”. Lo que hizo fue llevar al límite el delirio del otro, al llevarlo al límite, se invierte, se da vuelta. Parecido a lo del chiste del gordo de la barra, que era muy gordo uno de los muchachos le dice: “Vos...porque sos tan gordo?”. “Soy gordo porque no discuto nunca”, “¡pero ... cómo puede ser que seas gordo por no discutir!” “Bueno”, dice el gordo, “está bien”. (Risas). El sistémico se metió en el delirio del paciente, lo llevó al extremo y le hizo ver que no había ningún grabador. Con eso le bajó la ansiedad, posiblemente en su infancia, le negaban, había un grabador y le decían que no había nada. De alguna manera le reparó esa escena, le permitió buscar, eso también es una parte muy importante de la terapia, además de la reconexión, es permitirle los caminos de reparación de lo que tiene lastimado porque alguien se enferma porque no puede reparar una situación vivida, traumática, todos tenemos algún lugar lastimado, es muy fácil eso, tus padres te pueden querer mucho, pero un día se fueron a no se adónde, tuviste vivencias de soledad, te agobiaron mucho porque te querían demasiado o padeciste alguna enfermedad donde te asustaste mucho, siempre hay un lugar de inseguridad existencial, especialmente en la infancia donde hay muchas vivencias que no se explican. Muchas veces la escena 0, tiene que ver con que muchas de esas escenas temidas quedan como agujeros en el alma a reparar, uno a veces pasa la vida tratando de reparar eso, uno puede haber tenido una gran humillación y llegó a ser muy valorado, reparó eso. O alguien formó una gran familia porque nació en soledad, o al contrario, alguien quiere la independencia porque tuvo una familia agobiante. Cada uno de nosotros ante la pregunta que es lo que más querés en la vida contestaría algo referido a lo que le faltó. La falta inaugura el deseo.

Luego de establecer la comunicación hay que ayudarle al otro a ver cómo repara, porque el que se enferma tiene un agujero un poquito más grande que nosotros, de agresión, abuso, de desconocimiento, de no haber sido percibido, hay pibes de familias muy numerosas que quedan siempre en el medio, después quieren ser famosos porque se sintieron que no existían, otro quiere pasar inadvertido porque le exigieron que se exponga. Lo que deseamos es lo contrario, lo que repara y el que se enferma tiene una agujero más grande, el psicótico es puro agujero, algunos tienen unos jirones. Detrás del psicótico hay una madre muy particular, muy impresionante, que no lo dejó existir como otra identidad, le redefinió siempre las cosas, la madre esa que le regala dos corbatas para el día del cumpleaños, se pone una, ¿así que la otra no te gustó? Es la que siempre reprocha, eso tiene que ver con alguien que está siempre tratando de agradar al otro o siempre se siente culpable. A veces, en nosotros, los pobres neuróticos es suave, pero el que se enferma más, el daño se quiere resolver con una adicción, con el alcohol, los pibes ese vacío existencial que tienen -porque no entran en el sistema, no entran en el circuito laboral, lo llenan con cocaína, es una cañita voladora, los manda para arriba....pero después tienen que volver a consumir, porque los encierra más abajo de donde estaban. Después la violencia, la propia, la que se ejerció sobre ellos, que no han podido elaborar, hacen el cambio de rol, “el lastimado va a ser el otro, me cansé de ser yo. Ahora el lastimado va a ser el otro... vamos a cambiar el juego” es lo que aprendió.



En general, hay que buscar en la historia donde está el traumatismo que ahora quiere resolver de esa forma tan absurda, con un síntoma, no saliendo afuera, no pudiendo dormir, porque el síntoma es una manera ineficiente de resolver el traumatismo, la terapia es una manera más eficiente que el síntoma para reparar el traumatismo. El delirio es funcional, si se lo sacás y no le das otra cosa es una crueldad muy grande. Porque el delirio lo defiende, lo que pasa es que lo defiende mal porque lo deja aislado. Nunca hay que atacar el delirio, lo podés sustituir, es el caparazón. Hay pacientes que son como tortugas, los neuróticos obsesivos graves tienen un caparazón, cuando se lo sacás con técnicas de regresión, queda colgando, un cuerpo informe con patitas, les he dicho con humor a enfermos así, “mire, la verdad que usted tiene un caparazón tremendo, los rituales obsesivos, las estructuras de control,” vamos a tener que sacárselo, vamos a ir lijando despacito, pero usted nunca va a llegar a ser un gatito, pero llegará a ser un lindo lagarto”, con eso yo le reaseguraba que no iba a cambiar del todo porque un obsesivo tiene mucho miedo que lo cambien en otra cosa, acepta de tortuga a lagarto, pero dice: “Bueno, hasta ahí llego”, ojo, no hablo de un psicótico. Vamos a ver en la clase que viene, que el trabajo con psicóticos es tan distinto que casi son opuestos. Uno hace el contacto para ir a buscar la historia de la persona porque la historia es la persona, no somos otra cosa que nuestra historia y qué queremos hacer con ella, esa es la parte de la libertad. Según Sartre somos un sujeto, un ser es una historia, no sólo eso, es una historia que desea seguir, en ese deseo de seguir, se elige a sí mismo como algo distinto a esa historia, por eso existe la terapia. Si alguien no pudiera elegirse como algo distinto de su historia, sería la concepción islámica donde está todo determinado. Esa historia te condiciona, pero la podés cambiar con la ayuda de otro, el terapeuta. Ese cambio se llama la terapia. Pero siempre es “cambiar pero ser el mismo”.
FIN


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