Al lector de habla hispana



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AL LECTOR DE HABLA HISPANA

Muchos Hermanos Maristas de mi generación estarán de acuerdo en admitir que Gabriel Rivat (H. François), el 6º postulante acogido por Champagnat en La Valla (6 de mayo de 1818, con tan solo 10 años) y luego su primer secretario y sucesor, ha sido muy poco estudiado entre nosotros y tardíamente invocado. Escribió notables circulares (unas 70), pero su extraordinaria (unas 2000 cartas) y entrañable correspondencia personal no ha sido traducida y carece de difusión en el mundo hispánico. Sin embargo, es figura excelsa en el firmamento marista por su profunda espiritualidad, piedad intensa e ilustrada, amor al silencio y a la vida oculta, eminente devoción mariana, pasión y entrega absolutas por el bienestar de sus hermanos. Su fidelidad en el seguimiento tras las huellas de María y Champagnat, lo convierten en guía y modelo para el religioso Marista.

La obsesión de Gabriel por imitar en todo a su padre y mentor Champagnat hizo de él viva copia del Fundador y contribuyó en grado sumo a conservar intacto durante muchos lustros el original espíritu marista inculcado por Champagnat a las primeras comunidades maristas.

Pues bien, todos estos son los motivos que me han decidido a traducir esta breve pero sustantiva biografía escrita por el H. Gabriel Michel en 1996.

Mi gran deseo e ilusión es que este pequeño y muy gratificante trabajo ayude a muchos lectores de lengua española a ahondar en las riquezas espirituales aportadas por el H. François y a sentirse también muy gratamente sorprendidos, como ha sido mi experiencia, ante este inmenso acervo de espiritualidad y auténtica vida marista.

Que este descubrimiento nos lleve a imitarle e invocarle con amor y confianza para facilitar así su pronta llegada a los altares.


H. Antonio Aragón

Saint-Paul-Trois-Châteaux,

6 de junio de 2014

HERMANO FRANÇOIS

Gabriel Rivat

y


60 años

de historia marista

Hermano Gabriel Michel










ADVERTENCIA

En la presente biografía del H. François, los textos escritos por él van en cursiva. Resulta imposible poder precisar, cada vez, si se trata de su propio pensamiento o de una cita, como acontece en sus cuadernos de retiros. El lector podrá discernir.

He aquí las interpretaciones de las siglas correspondientes a las notas de cada capítulo:

301 Varios. Notas personales y otras

302, 303, 304 Notas de sus retiros desde 1825 a 1869

305 Viaje a Roma. Varios. Retiros desde 1872 a 1880

306 Proyectos de conferencias

307, 308, 309 Conferencias

310, 311 Notas varias

312 Temas varios

313 Urbanidad, relaciones, circulares manuscritas

10, 11, 12 Cuadernos de cartas, de la página 1 hasta la 1086

13 Otro cuaderno de cartas

41 a 49 Cuadernos científicos o de medicina

Circ. Circulares impresas (volúmenes 1 y 2 que le atañen)
Hay también referencias a las 2 primeras biografías:

L. Ponty - Vie du Frère François. Vitte 1899

G. Chastel - Le Frère François. Alsatia 1948
Los testimonios ofrecidos en el proceso de beatificación sólo llevan, como referencia, el nombre del autor cuando son manuscritos y pertenecen a los Archivos del Hermano Postulador, en Roma. Si son testimonios impresos, se indican los 2 volúmenes donde se pueden encontrar:

P.S.I Positio Super Introductione causae

Rome. Typis Guerra et Belli. Via Milano 1934

P.S.V. Positio Super Virtutibus. Id. 1951


Otras referencias son también de libros:

Champagnat:

Vida de J.B.M. Champagnat (H. Jean-Baptiste). Ed. del Bicentenerio. Roma 1989



ALS:


Sentencias, Lecciones y Avisos (de M. Champagnat).

Por uno de sus primeros discípulos (H. Jean-Baptiste).

Ed. Nicole et Guichard. 1868

Biographies: Sin autor indicado (= H. Jean Baptiste). Id. 1868

Avit: Abrégé des Annales de Frère Avit.

CAPÍTULO 1


Pueblo y familia


Desde hace más de un siglo, el pueblo de La Valla-en-Gier (Loire) es conocido en todo el mundo, por ser el lugar de nacimiento de los Hermanos Maristas, congregación extendida por más de 70 países. A principios del s. XIX, la aglomeración urbana es importante (2.500 habitantes), pero su nombradía es modesta, pese a que el Sr. Barge, secretario de ayuntamiento, haya escrito algunas páginas (en realidad son 57. N.T.) de su agitada historia durante la Revolución y el Imperio. (1)

¿Existía allí un hábitat humano desde la Alta Edad Media? Es posible, pues la iglesia, del s. XII o tal vez del XI, hoy desaparecida, no habría sido construida sin una necesidad precisa, es decir, la existencia de cierto número de habitantes que habrían encontrado en sus colinas y valles puntos de agua para criar animales y cultivar sus campos. Por otra parte, los Romanos del s. II ya habían podido explotar esta región, puesto que el acueducto que llevaba el agua a Lyon, arrancaba de Izieux, lugar limítrofe con La Valla.

De todas maneras, se trataba de un pueblo con extensión considerable (2), disperso sobre tres valles: el del Gier y los de sus afluentes el Ban y el Jarret. En su límite norte tiene 400 m de altitud para pasar hasta 1434 en el este, le Crest de la Perdrix, punto culminante del monte Pilat. Sus habitantes se distribuían en 60 aldeas donde vivían los 4/5 de la población, cuyo centro urbano se reducía a unas 500 almas.

Maisonettes, una de las aldeas (54 habitantes en el censo de 1815) y a una hora de camino desde el centro, es el lugar de nacimiento de Gabriel Rivat.

Situada a media altura de una colina escarpada, dispone de numerosos (3) puntos de agua que podían dar confianza a los constructores de sus primeras casas. Estas se aferran a una pendiente muy abrupta pero encarada hacia el sol naciente y abrigada contra el viento del norte. Inmediatamente detrás de la aldea, dirección sur, se alza el bosque de Sapey, que culmina a 1100 m de altitud, mientras Maisonettes se encuentra a 713. El circo de colinas desciende un poco más en dirección este, donde se abre el collado de La Barbanche que domina la vecina aldea de Laval. Las pendientes por encima de Maisonettes y Laval están llenas de coníferas y, a medida que se desciende, de hayas que aquí llaman fayards. Siempre más al este, se elevan otras colinas arboladas que forman una barrera negra tras la cual se esconde Le Bessat, hoy pueblo muy turístico pero que entonces era tan solo una aldea conocida por su feria anual y sus reales o legendarias nevadas. Se llegó a decir que los arrieros, sin darse cuenta, ¡llegaron a pasar con sus mulas por encima de los tejados a causa del espesor de la nieve!

Frente a Maisonettes, las colinas son menos abruptas y sembradas de 7 u 8 aldeas rodeadas de prados y pequeños espacios cultivados. Debajo de estos plegamientos verdeantes, pero de escasa tierra vegetal, circula el río Ban que, dos km más abajo, se juntará con el Gier, afluente del Rhône.

Es todo lo que se ve desde la aldea de Maisonettes, pero si avanzamos hacia el Norte, aparece el pueblo de La Valla, situado también en la ladera de una colina. Y más lejos aún, se descubre la masa azul negra de la montaña del Pilat, cuyo nombre a suscitado en la imaginación popular cristiana, relatos sobre el Procurador romano de Judea, Poncio Pilato, desterrado en la región y donde se habría suicidado.

Más adelante, aparece en la lejanía el fondo del valle del Gier, donde, desde hace siglos, varias industrias han hecho nacer un hábitat humano importante. Una tradición bastante aceptada pretende que algunos italianos de Bologne llegaron en el s. XV con técnicas secretas para la torcedura de la seda. Se medio escondieron en los impenetrables bosques del Pilat introduciendo un instrumento de trabajo que favorecería después el desarrollo industrial del Valle del Gier, ya desde la Valla, pero, sobre todo río abajo, en las ciudades de Saint-Chamond, Saint-Julien, L’Horme y Grand Croix.

En la época de Gabriel, La Valla era, sobre todo, un centro agrícola con algunas artesanías como la fabricación de zuecos, el calzado más común y que dura mucho, o la de clavos para la metalurgia de Saint-Chamond. Con el martinete, predecesor del martillo-pilón, se cortan varillas de las placas de hierro y los payeses están equipados para fabricar clavos en sus casas.

El pueblo, al tener como patrono a San Andéol, se llamó primero Saint Andéol; en el s. XII, se estableció, entre Maisonettes y Le Bessat, una casa fortificada en el lugar llamado del Thoil y el nombre pasó a ser Le Thoil-Saint Andéol de la Vallée (en patois Valla). Con la Revolución, sólo quedará el nombre de La Valla y, como en el departamento de la Loire hay dos La Valla, se le añadirá a éste: en Gier.

Conozcamos ahora un poco a la familia Rivat y precisemos que el apellido Rivat es el más frecuente en Maisonettes.

Jean-Baptiste, el padre, nació el 12 de junio de 1762 y falleció el 18 de septiembre de 1827, a la edad de 65 años. Su esposa, Françoise Boiron, nació el 5 de septiembre de 1765 y murió el 15 de diciembre de 1844, a la edad de 79 años. Contrajeron matrimonio en 1789. En las actas de bautismo o de matrimonio, vemos que nadie sabe firmar, excepto un Boiron, pariente de la madre.

Siete hijos llegaron para llenar el espacio algo estrecho de la pequeña granja: Jeanne-Marie, nacida en 1790; Jean-Claude, en 1791; Jean-Antoine, en 1793; Antoinette, en 1796; Jeanne, en 1798; Jean-Marie, en 1805 y Gabriel, en 1808.

A juzgar por las edades, la situación sanitaria y económica de la familia se sitúa entre la clase media. Jean-Claude y Jean-Antoine, llamados a filas, “hicieron la guerra”. Jean-Antoine, que muere a los 37 años, pudo contraer en ella bronquitis y pleuresía, causas probables de muerte prematura. Jean-Claude, del que se sabe estuvo enfermo toda su vida, llegó, sin embargo, a los 78 años. Antoinette se agotó al cuidar durante años a su madre paralítica. No se recuperó y falleció a los 52 años. Jeanne murió a los 19 a causa de una hemorragia. Jean-Marie el hombre de la casa tras la muerte del padre, murió joven también a los 33 años.

De todas maneras, incluso si en esta familia, como en otras muchas de la época, no hubo muertes en hijos de corta edad, la brevedad de la vida de varios explica que no llegaran a casarse. Jeanne-Marie, la mayor, es la única excepción, y aún asi esperó hasta los 38 para fundar una familia.

En este hogar no son ricos, pero tampoco pobres. La contribución que les correspondía pagar, 84 libras en 1791, corresponde a la clase media, y los abuelos Rivat, del Pinay, otra aldea de La Valla, están mejor situados con un 20% más y pagan 150 libras.

La granja de Maisonettes es una explotación modesta que permite tener, como en tantas otras aldeas de la montaña, “un año bueno y otro malo”. El establo puede contener media docena de vacas, tal vez un asno, un ternero y hasta una ternera de cría.

Debajo del piso vivienda, tres pequeñas grutas abrigan cabras, ovejas y cerdos. Una de ellas está reservada para la piedra de hacer clavos.

Encima del establo, la granja está a nivel del camino. Delante del establo, hay un hangar para los aperos agrícolas y encima de éste un pajar y un palomar. Hay también un pequeño huerto y, a pocos metros del conjunto, otra casa (4) con un buen pozo. Puede acoger a muchachos o muchachas mayorcitos a medida que la familia va creciendo.

La propia casa es pequeña, con las dos piezas habituales: una habitación y la cocina con su horno para hacer el pan con saliente al exterior. El piso superior parece haber sido sólo granero con un pequeño reducto para conservar el cerdo ya salado.

No se creyó necesario, como ocurre en otras regiones, cercar el conjunto para prevenir los robos. Puede ser signo de la confianza reinante entre los miembros de esta población profundamente cristiana. La familia Rivat es un buen modelo a este respecto. Se acoge siempre, ya sea en el establo o en la granja, según la estación, a los vagabundos que buscan refugio para la noche y algo de comer.

La idea de hacer fortuna o de mejorar la situación no forma parte de las perspectivas de estos campesinos. La austeridad es su ley. Ciertamente, es difícil discernir entre lo que es sentido de economía o de penitencia cristiana. La señora Rivat, para economizar la mantequilla, prepara la sopa con aceite de nuez. Más tarde, el H. François contará la historia de un niño, vecino suyo, 2 o 3 años más joven que él, a quien le ofrecen nueces y las rechaza diciendo que “las nueces son para el aceite”. El H. François añade que era de familia muy cristiana y que le emocionó “este acto de reserva y de mortificación en un niño de 6 o 7 años. Así pues, en estas familias humildes se enseñaba a los pequeños golosos que las nueces son muy agradables de comer, pero que se han de reservar para fabricar aceite (5).

Un sacerdote, Jean-Marie David, sobrino de Gabriel, hijo de su hermana mayor, nos revela la intensa vida cristiana y penitente que se vivía en este hogar.

“Mi madre, dice, había llevado cilicio hasta su matrimonio”. Hacerse sufrir de forma voluntaria parece hoy tan aberrante para nuestras sensibilidades hedonistas que enseguida hablamos de masoquismo. De hecho, se trata tan solo de imitar a Jesús sufriente y esta espiritualidad ha marcado tanto más cuanto los años de persecución religiosa han obligado a los cristianos fervorosos a vivir con más intensidad la pasión de Cristo (6).

La hermana mayor de Gabriel debió trabajar como sirvienta en alguna casa de Rochetaillé, pueblo muy próximo, pues allí se casó con Jacques David. En el momento del matrimonio éste era fabricante de clavos, pero luego será campanero cuando nació su primer hijo y armero al final de su vida.

Teniendo en cuenta que el oficio de los clavos ya no daba para mucho a partir de 1820, podemos suponer que Jacques andaba buscando el sustento para su familia y que su esposa debió seguir trabajando. Esto puede explicar que al nacer su segundo retoño, Marie-Françoise, ésta fuera criada en casa de la abuela, en Maisonettes, y que allí seguirá toda su vida, aún después de casarse (7).

Si en Maisonettes no nadaban en la abundancia, tampoco se pasaba hambre, pero, según expresión de la época, a veces se levantaban de la mesa “con algo de apetito”. El párroco David contaba que el pequeño Gabriel, ante lo escaso de la porción preparada por su madre, decía a veces con tono travieso: “Pero mama, esto no se merece un “benedicite”.

En el hogar Rivat, sigue diciendo el párroco David, se rezaba cada día el rosario en familia (8). Durante la Cuaresma se relevaban unos a otros para poder asistir a los rezos y predicaciones, incluso con nieve. Jamás palabras groseras o inconvenientes. Ayunos y abstinencias se observaban escrupulosamente. Jeanne-Marie, siendo niña, había recogido nueces en el camino; le preguntaron bajo qué nogal y como no pertenecía a la familia, tuvo que devolverlas. El sufrimiento se aceptaba con verdadero amor. Más tarde, Françoise ya paralítica, soportaba heroicamente su mal y decía, señalando el cielo: “Hay que llegar allí, cueste lo que cueste”. En este ambiente, la vocación religiosa brota de forma espontánea. Jean-Antoine, hermano de Gabriel, se hará sacerdote. Sin ningún atisbo de promoción social, incluso si estamos en la época donde Julien Sorel duda entre “Le Rouge et le Noir”. Y si el sacerdocio puede parecer entonces como una promoción, no lo es en absoluto la vocación de Hermanito. Al menos durante los primeros diez años de la congregación, el Hermanito recibía un formación intelectual tan limitada que se queda muy por debajo del nivel requerido para un sacerdote. En cuanto sabe leer, escribir y contar y conoce bien el catecismo, ya es apto para enseñar. Por el contrario, el ideal de la santidad se le propone con insistencia y, a este respecto, Gabriel sentirá muy pronto la llamada a la mayor exigencia.

CAPÍTULO 1



  1. Jean-Louis Barge (1762-1855) tiene 27 años en 1789. Posee cierta cultura y ha sido militar. Dejó unas memorias cuyo manuscrito pasó a la familia Thibaud. Es la historia de La Valla, desde 1789 a los primeros años de la Restauración. La copia, realizada por J.B. Galley, se encuentra en la Biblioteca de Saint-Étienne, signatura: manuscritos 389.

  2. 3400 ha, de las que 987 son del Bessat, municipio independiente desde 1830 y hasta esa fecha perteneciente a la Valla.

  3. 2 sólo para la casa Rivat.

  4. Lo que quedaba en los años 1980 estaba en ruinas. Los muros fueron derruidos para conservar un recinto alrededor del pozo que suministra agua a la casa.

  5. 310 p. 507.

  6. En estos mismos años de inicios del s. XIX, se encuentra en Saint-Étienne un grupo de muchachas constituidas en comunidad y que llegarán a ser, bajo la dirección de la Madre Marie Fontbonne, el inicio de la rama lyonesa de las Hermanas de Saint-Joseph. Cuando la Madre Fontbonne se encarga de ellas, les hace entregar los cilicios o disciplinas que tuvieran, diciéndoles que el apoyo mutuo, las fatigas del empleo, las exigencias de los enfermos, la ingratitud, a veces, de éstos, tendrían también un verdadero valor expiatorio. Entre estas “muchachas negras” tan mortificadas, dos eran originarias de La Valla y una de ellas era la superiora del grupo.

  7. Contraerá matrimonio con François Roussilloux. Tendrán 8 hijos. Tres de las chicas serán religiosas, uno de los chicos, sacerdote. Marie-Françoise murió en Maisonntettes, el 4 de junio de 1893. François la precedió el 22 de mayo del mismo año.

  8. Señala también que esa costumbre se mantuvo durante tres generaciones.

CAPÍTULO 2

La infancia de Gabriel

Sigamos ahora a Gabriel desde su nacimiento, un sábado 12 de marzo de 1808. El día 13, segundo domingo de cuaresma, verá la celebración del bautismo del niño en la iglesia, pequeña y muy deteriorada, que habrá que destruir 30 años después. Se trata, en efecto, de un edificio muy exiguo para una población de 2500 habitantes, todos o casi todos practicantes habituales. Tiene 350 m2. Muy restaurada en el s. XVI, no había sido ampliada. Se había elevado el campanario, lo que provocó problemas más tarde. Los expertos que la revisaron en 1835, vieron en el campanario un grave peligro y se decidieron por una nueva construcción.

En la época del nacimiento de Gabriel, se hicieron los arreglos indispensables y, de momento, ya no se temió que el campanario provocara el derrumbe de la iglesia. La privación del sonido de las campanas durante los años revolucionarios provocó que ahora se aprecie mucho más su sonido argentino multiplicado durante varios largos segundos por el valle.

Este modesto edificio es descrito como un “cuadrado largo” con seis capillas interiores, dedicadas a Santa Catalina, Santa Ágata, San Juan, San José, San Cristóbal y a Nª Sª del Rosario. No existen verdaderas vidrieras, sino tres pequeñas ventanas encima de las capillas, otras tres encima del coro y cuatro encima del presbiterio. Una cúpula se alza por encima del coro. La entrada se realiza por un gran portal lateral en el lado oeste y otro pequeño en el este.

Rodeando la iglesia se extiende el cementerio cerrado por muros. Hasta 1832 no se decidió desplazarlo, pero todo el tiempo que el joven Gabriel vivió en La Valla, el cementerio estaba en el lugar que ocupa ahora el ayuntamiento y, a la entrada o salida de la misa, se acostumbraba visitar las tumbas y rezar por los difuntos. Sin embargo, este 13 de marzo de 1808, la vecindad con los difuntos no evocaba recuerdos penosos a la familia Rivat ni, por consiguiente, ensombrecía el gozo del grupo humano al completo que aún no había conocido la prueba de la movilización militar. Las campanas podían anunciar el nacimiento espiritual recién acaecido de un hijo de Dios. Era preferible este motivo de sencilla alegría que los demasiado frecuentes repiques de campanas, gloriosos, sin duda, que celebraban victorias militares a costa de la muerte de tantos jóvenes.

En la parroquia, Jean-Marie Bussod había sucedido, como párroco, en 1806, a Pierre Abrial que, durante la Revolución, ya estaba allí, a título de “misionero” viviendo en la clandestinidad, como antes de él el párroco Gaumont, guillotinado en 1794.

Gabriel no había conocido nada de esto, pero durante las veladas se evocaban todavía sucesos anteriores a 1800. Se hablaba también del tío Jean que había salvado las campanas de la iglesia.

Había hecho beber a los emisarios de Javogues (1) y, una vez borrachos, no se atrevieron a subir al campanario que les pintaba como muy peligroso, hasta el punto, les decía, que el sonido de las campanas podía cuartear los muros. Se habían contentado con la promesa de entregarles las campanas a la mayor brevedad posible. Todavía están presentes en el nuevo campanario.

El domingo del bautismo de Gabriel el introito de la misa llevaba el nombre de: “Reminiscere”, Acuérdate, Señor, de tus misericordias. Desde luego eran raras las personas que tenían las “Horas de Lyon” (2) para poder seguir lo que los cantores trataban de interpretar. El texto continuaba: “que nuestros enemigos no dominen sobre nosotros”. Para cualquier seminarista o hijo de notario que entendiera el latín, se podía interpretar como texto en honor de la gloria de Napoléon quien, tras el tratado de Tilsit (1807), había llegado al cénit. Por desgracia, muy pronto se sabría que el considerado como amigo del papa se había vuelto su enemigo y había hecho ocupar Roma por uno de sus generales. Llegó hasta el apremio personal del pontífice e incurrir en la excomunión.

¿En qué fecha llegó la bula de excomunión a La Valla? Primero debía llegar a Lyon, y la congregación de la Sma. Virgen sería la más activa para poner al corriente al mundo católico. No sabemos cuál pudo ser al respecto la idea de la familia Rivat. Sin duda la misma de muchos católicos y de buena parte del clero: una nueva prueba que la Iglesia debía soportar. En cualquier caso, si Napoléon no era perseguidor tan horrible como los de 1793 o 1798, es seguro que no era buen cristiano.

Gabriel creció, pues, en un ambiente donde había que cantar el Te Deum por las victorias del Emperador, pero donde la irritación iba aumentando a medida que se recibían las malas nuevas de los muertos “en el campo del honor”. Tras los años de la Revolución, el reclutamiento militar no movilizaba en el campo más de un joven sobre 15 llamados a filas, pero a partir de 1810, los alistamientos complementarios se precipitan. En 1811, Jean-Claude es movilizado y cuando, el 18 de diciembre de 1812, el boletín nº 29 del Gran Ejército anuncia el desastre de Rusia, sólo queda resignarse ante la marcha de Jean-Antoine, pues el Emperador quiere resistir cueste lo que cueste.

En las familias cristianas se intensifica la plegaria de intercesión de padres, esposas y novias, ansiosos todos por la suerte de estos soldados que marchan no hacia la gloria, sino hacia la masacre. En Leipzig se enfrentan casi medio millón de hombres. Entre los franceses apenas 60.000 quedarán vivos el 4 de noviembre de 1813. Apenas parecen humanos y una epidemia de tifus acabará con un tercio de ellos.

Tales son las circunstancias que rodean la peregrinación del pequeño Gabriel a Valfleury. A los 3 añitos había visto marchar a Jean-Claude entre las lágrimas de toda la familia: “¿Por qué se marcha mi hermano mayor?” Ahora, a sus 5 años, la escena se repite: “¿Adónde se va mi hermano Jean-Antoine?” Y sin duda le responden: “Reza mucho por tus hermanos. Tu oración será la más escuchada por la Sma. Virgen”.

Valfleury es la peregrinación marial de la región. Su muy antigua imagen ha podido ser salvada de los iconoclastas revolucionarios. Desde luego, La Valla tiene la capilla de Nuestra Señora de la Piedad (3) que atrae a muchos fieles, pero la peregrinación a Valfleury tiene otra notoriedad, y además supone una verdadera penitencia para recorrer los 20 km que la separan de Maisonnettes.

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