Aconsejando a parejas con problemas



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ACONSEJANDO A PAREJAS CON PROBLEMAS
Dr. Alberto R. Treiyer
Estos mensajes fueron enviados a una red cibernética pastoral en respuesta a una solicitud de un pastor joven español, quien deseaba tener orientación sobre cómo aconsejar parejas con problemas (2006). El pedido fue el siguiente:
“Queridos compañeros:
“Quiero pedirlos ayuda en un asunto delicado. Estoy intentando convencer a una pareja joven de no separarse. Tienen un niño pequeño y parece que es lo único que todavía los mantiene juntos. Según ellos, ya no hay nada entre los dos exceptuando las peleas diarias. Me gustaría conocer algún testimonio de como soléis tratar estos casos (bastante frecuentes hoy en día) o algún consejo sobre una posible terapia. Se que es solamente el Señor el que lo puede solucionar pero creo que nosotros también tendríamos que poner nuestro granito de arena. Algunos de vosotros tenéis bastante experiencia en este campo por lo cual espero vuestros consejos”.
1. Aconsejando a parejas con problemas

 

Tengo como unos sietes casos equivalentes. En algunos no sé si, al tratar de mantenerlos juntos, estoy cortando la cola del perro de a pedacitos. Aún así, ése es nuestro deber, a pesar de que la consejería pastoral en este país (USA), basada en la psicología moderna, el primer paso que suelen recomendar es la separación y, después, por separado, si se puede, que se junten. En un caso la mujer se le fue a la Florida, y por teléfono estuvimos hablando con ella (al principio no quería). Hace dos semanas volvieron a juntarse.



Lo que hago es lo siguiente: Mi esposa conversa por separado con la mujer, y yo converso por separado con el hombre. Luego conversamos juntos en otra sesión. Hasta ahora nos ha estado dando resultados, sin que se eliminen necesariamente todos los problemas. Pero encuentran mayores razones para sobrellevarse.

En un caso el marido me dice que su mujer miente con respecto a él de una manera increíble. Es un buen muchacho. Ella difícilmente va a conseguir otro mejor. Tienen unos hijitos preciosos. Los parientes de ella le dicen que no le haga caso, que está loca. Yo le pregunté a él: ¿ella cree esas mentiras? Me parece que sí. Entonces se trata de alguien que no distingue entre sus imaginaciones y su realidad (a veces, una terapia sicológica efectuada por el pastor, si es experimentado, puede ayudar. Pero da trabajo, es decir, come tiempo). Cuando llegó el momento de hablar con los dos juntos, él la encaró por las mentiras que nos había estado diciendo a mi esposa y a mí, y al quedar ella sin palabras lloró. Pero sigue igual.

Ir a un psicólogo o siquiatra, sin tener cierta orientación adecuada que le permita a la parte afectada conocer la tendencia del profesional de la salud mental, no es fácil, y menos como inmigrante ilegal. Además, ¿si ella no acepta ir a un profesional, como muchas veces sucede?

Tengo otro caso con el marido paranoico. Allí ya la mujer finalmente terminó decidiendo borrarse de él, y la estoy apoyando. No hay posibilidad en el marido de hacerse ver por profesionales. De manera que los días están contados para esa pareja (él mismo dice que se va a ir definitivamente, aunque las veces que lo ha dicho antes ha sido para volver, porque para eso es paranoico).

¿Cómo los encaramos por separado, y luego juntos? Depende de cada caso. A menudo se hieren mutuamente. Les hablamos de lo precioso de la vida y del hogar, y de para qué vivir dándole al diablo la oportunidad de arruinar lo bello que Dios hizo. ¿Para qué vivir amargados cuando podrían vivir felices? Si los caracteres son fuertes y echan chispas por dar hierro con hierro, que acepten la realidad de la vida y después que salieron las chispas (pasó el momento), no se carguen con rencores porque eso destruye todo. Que sigan sabiendo que tienen que encarar la vida juntos, con otros problemas que ya aparecerán mañana. Si les cuesta hacerlo, busquen fortaleza en el Señor quien dijo basta al día con su propio mal.

A otros les digo que el problema principal es que parten de la base de que el casamiento no es necesariamente para toda la vida. Con tal creencia, cualquier conflicto lleva ya al rompimiento. Si son jóvenes, les aconsejo que se tengan paciencia, y que aprendan a aceptarse los defectos, sin exigirse el uno al otro que los cambie. Con los años, como dos bueyes que aran juntos por un buen tiempo, se conocen más y es más fácil aceptarse. Al ir descubriendo cada uno sus propios defectos, se pierde en gran medida la agresividad inicial. También les traigo muchas anécdotas chistosas para ayudarlos a distenderse. Dichos también como por ejemplo: Si el noviazgo es ciego, el casamiento es un buen oculista (en el mejor sentido, y les exhorto a procurar descubrir sus propios defectos en lugar del defecto de los otros).


2. Aconsejando a parejas con problemas

 

Hace unos días, un pastor de España pidió asesoramiento para ayudar a una linda pareja que pensaba que las cosas no iban más con ellos. Respondí con algunas ideas generales, contando que en mi distrito había siete parejas con problemas. Anoche estuvimos con una de ellas y hoy estaremos con otra.



Por si a alguien pueda servirle, puedo tal vez compartirles algunos pensamientos. Ya habíamos hablado hacía dos semanas por separado, mi esposa con ella y yo con él, porque estaban dejando de ir incluso a la iglesia. Este sábado vino él, según me informaron, pero ella no. Al llegar le pregunté a él cómo iban las cosas, y me dijo de mal en peor.

Fuimos por lo práctico. Tienen dos hijitas y ella se la pasa encerrada en la casa con ellas. Le dijimos que es más fácil que carcoma o rumie malos pensamientos si no sale. A él no le gustaba salir con ella porque viene cansado del trabajo. O la manda sola a ella a comprar y se queda a cuidar las hijitas; o va simplemente a comprar él solo. Estuvimos compartiendo ideas acerca de lo que pueden hacer al salir juntos, a dónde ir, lo lindo que es para los niños ir en el carrito del supermercado, la importancia de salir a un parque. Si es posible, una vez al mes al menos, dejar las dos hijitas con una familia de confianza por unas horas para ir a comer juntos a algún lugar, o a un lugar de entretenimiento. También tocamos aspectos económicos, si él le da dinero para que ella pueda comprar sus cosas. Salió a luz que él se compró una moto y un auto sin consultarla a ella, y ella quiere que ahorre...

A él le dije que a la mujer no se la manda, sino que se la conquista, y cuando se quiere algo de ella no se le exige, sino que se le pide y de buena manera. Le hablamos de la importancia de ser suave y de lo que es la cabeza del hogar. Le referí que en México matan miles de mujeres por año en su mayoría por conflictos conyugales (lo leí en el diario esta semana). Cuando llegan a USA las mujeres se avisan entre ellas y se dicen que acá no es como allá, que si el marido las trata mal pueden ir a refugios, romper con ellos, etc.

Pero hay un camino mejor. Así como tú tienes que aguantar a veces un jefe o patrón que es cabeza donde trabajas, así también puede darse el caso que tu mujer tenga que aguantar la cabeza de tu hogar que eres tú. Pero así como hay patrones o jefes de trabajo que son buena gente y da gusto trabajar con ellos, así también está en tí que tu mujer sienta que da gusto estar bajo tu cabeza en tu hogar.

Dos semanas antes, cuando hablé separado con él, le dí algunos consejos prácticos sobre materia sexual que le repetimos ahora de otra manera. [Al que tenga un recato especial, le pediré que salte esta parte]. Le referí dichos populares. No te apures con la flauta que el concierto es largo. Comienza en la mañana cuando te levantas. Mira con una sonrisa a tu mujer. Mírala a la cara, no necesariamente con una sonrisa de beato (sino tal vez breve y humilde, sencilla), al despedirte para ir a tu trabajo y darle un beso. La dejarás con una canción en su corazón el resto del día, y cuando vuelvas sigue el concierto de la misma manera. A la mujer se le entra por los oídos también, con expresiones cariñosas sinceras. Si no estás acostumbrado a expresar tus afectos y no te sale en forma natural, inténtalo que ya te va a salir mejor. Así no te va a costar demasiado al llegar la noche, distenderla para que duerma feliz. Recuerda que la mujer es como una plancha. Para usarla hay que calentarla, y para ello tienes que ganar su corazón. Volví a insistirle ahora que la vida matrimonial es una vida de conquista que dura toda la vida.

Les conté también la vieja anécdota del toro al que le ataron un burro. El primero lo revolcó y arrastró al monte, desapareció con él. Al cabo de tres días volvía el burro adelante, y el toro caminando amansado detrás. Les hablé de la virtud del burro, que consiste en no atacar o devolver, sino en no cejar jamás. Cada arrastre de varias cuadras era seguido por tres pasos de regreso del burro, hasta que logró su objetivo. De manera que hasta para ser burro en algunos casos hay virtud. Les insté entonces a no romper, que con el tiempo se puede amansar hasta a un toro, y les pedí que no discutieran para saber cuál de los dos era el burro o el toro.

Les conté que cuando tenía 12 años y nos peleábamos con mi hermano menor de 10, en el calor pesado de Entre Ríos adonde habíamos ido de vacaciones, mi padre nos hizo abrazar por quince minutos. Me acuerdo cuando mi hermano menor lloraba y los dos traspirábamos abrazados por el calor, mientras nuestro hermano mayor nos miraba de a momentos y se reía. Había que aguantarse ese castigo porque de lo contrario nos podía salir peor. En broma les dije: ¿hay que pedirles ahora que se abracen por quince minutos?

Se reían los dos, y él nos agradeció diciéndonos que hacía muchos días que no la veía sonreír a ella. Le pregunté a ella si lo había visto reírse a él durante todo ese tiempo. Me dijo que tampoco, y los dos se rieron otra vez al cruzarse la mirada. Oramos, y dejamos con el Señor la fatiga del día de mañana... [En la actualidad, segunda mitad del 2007, andan muy bien, apoyando a la iglesia, y luchando juntos para salir adelante en sus proyectos familiares].

 

3. Aconsejando a parejas con problemas

 

En el mensaje anterior hablé bastante acerca de una falencia que suele darse en los hombres. Para equilibrar, tocaré ahora otro problema más común entre las mujeres. Comencemos con una ilustración.



Entre las tantas conferencias que he dado en Nueva York, una mujer quiso hablar conmigo cierta vez, al terminar una de las reuniones. Me contó que tenía un hogar estable, bueno y feliz. Una hija alegraba su hogar. Hasta que vino a la iglesia una joven señora que se interesó en el mensaje adventista y comenzó a estudiar la Biblia. Esa mujer tenía serios problemas con su marido que le era infiel. La que tenía un buen hogar se hizo amiga de la mujer visitante tratando de ayudarla. Pero no sabía que no era suficientemente fuerte para ese tipo de tarea.

A medida que la mujer que tenía problemas con su marido se descargaba con ella, la iba afectando. No tardó mucho para comenzar a ver en su propio marido, el marido conflictivo de su amiga. Las reacciones de furia de su amiga pasaron a darse en ella contra su propio marido fiel y buena gente que tenía. El aguantó lo indecible por salvar su hogar, pero era ser humano. Llegó el momento en que no pudo más, y se separó de ella. Cuando eso ocurrió, su esposa reaccionó, y me dijo que se daba cuenta que había cometido un error muy grande, que había sido muy mala con él, y ¡cuánto lo lamentaba! Averigüé en el resto de esa semana, y todos los miembros de la iglesia hablaban muy bien de ese marido. Confirmaban lo que su esposa decía ahora. Hablé con él, y le dije lo que ella sentía. Pero su corazón se había ya endurecido. Pasó un año más y él se casó con otra.

En mi distrito tengo una pareja cuyo marido estaba angustiado. He tratado de cambiar, buscando entender en qué estoy mal. Pero los mismos familiares de ella han terminado diciéndome que no le haga caso, que está loca. Pastor, ¡cómo miente mi mujer! ¡No sé de dónde saca las cosas que dice! Pasó un año de eso, y ahora están separados porque ella dijo que no lo puede ni mirar. Al irse y ni aparecerse en la iglesia, la mujer a comenzado a captar su situación. Lo llamé el sábado pasado y nos pusimos a conversar fuera de la iglesia. De repente apareció su esposa con sus hijitos. El de cinco años vino corriendo y le preguntó: Papi, ¿conseguiste ya una casita? Le respondió que no. La esposa dijo entonces: No va a buscar otra casita, porque tiene una sola casa, y una sola mujer. Entonces le pregunté: Si eso es así, ¿puede darle un beso ahora? ¡Claro que sí!, respondió. Y se lo dio. El interpretó eso como hipocresía de parte de ella, y no fue a la casa. En la semana fui a verla y le dije lo siguiente. Si su esposo tiene una sola casa, y una sola mujer, ¿será que va a tener también una sola cama para dormir junto a su mujer en esa sola casa que tiene? Me respondió que para eso tenían que comenzar en cero. ¿Qué significa para Ud. comenzar en cero?, le pregunté. Humillarnos delante de Dios y pedirle perdón, porque yo lo he herido a él, y él me ha herido a mí. La felicité por esa respuesta, y le dije que esa declaración me mostraba que Dios estaba obrando en ella.

Felizmente parece aún no haber llegado la situación del marido a un endurecimiento sin retorno. Para ayudarle a entender el problema de su mujer le hice recordar al marido las dudas que le puso el anciano de la iglesia, cuando le llevó su problema la primera vez. Tal vez tu esposa tiene relaciones con otro hombre, le dijo ese anciano, y le sugirió el nombre de alguien que tiempo atrás había vivido con ellos. Pero el sexo nunca fue una debilidad de esa esposa. ¿Qué hiciste tú cuando te sugirieron eso de tu mujer?, le pregunte, y le respondí yo mismo. Lo escuchaste, lo consideraste después, pero no te dejaste afectar por esa insinuación desatinada, agregué. Eso puedes hacerlo porque eres hombre, pero no te afectó demasiado porque al hombre le resulta más fácil hacer abstracción de los hechos, considerarlos más objetivamente, sin dejarse arrastrar por los sentimientos. Sin embargo, ese no suele ser el caso con muchas mujeres. Tu esposa tiene dos amigas con problemas matrimoniales, que le hacen un daño inconsciente al contarle sus problemas. Luego te mira a ti y traspasa el problema de sus amigas a tu hogar. Te mira como las otras miran a su marido infiel.

Los hombres suelen ser más racionales. Las mujeres más intuitivas. Demasiado a menudo ellas no pueden despegarse emocionalmente de lo que contemplan. Mientras que los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus, según el famoso libro que caracteriza a ambos. El hombre, por naturaleza, suele hacer más fácilmente abstracción de los hechos y desprenderse de sus propios sentimientos. La mujer, también por naturaleza, suele proyectar más fácilmente sus sentimientos y termina viendo y juzgando las cosas desde sus sentimientos, lo que la priva de objetividad. Cuando eso sucede, en lugar de ayuda termina tomando parte en el conflicto y agrandando el problema. Y si para colmo interviene un psicólogo o siquiatra con todas las patologías que leyó en sus libros, ¡se imaginan!

Otro ejemplo. Vimos con mi hijo una película histórica en la que la GESTAPO descubrió, durante la 2da. Guerra Mundial, a dos hermanos jóvenes que repartían propaganda contra la guerra. Todo el interrogatorio, largo e insidioso, termina en una discusión sobre los principios de la democracia y la libertad contra los principios nazis. Siendo que la película estaba en alemán, mi esposa se interesó por unos momentos en ver parte de ella. Cuando terminó, mi hijo Roy dijo: Me gustó el artista que representaba a la GESTAPO. Lo hizo muy bien. Mi esposa escuchó y dijo: Ese fue el más asqueroso, en referencia a lo malo y despiadado que era. Intervine haciéndole ver que lo que Roy dijo no tenía nada que ver con el papel que efectuó ese represor nazi en la película, sino con lo bien que lo interpretó el actor. Volvió a reaccionar: Digan todo lo que quieran, para mi fue asqueroso. Era claro que ella no se alejaba del contenido de la película, ni le interesaba juzgar cuán bien o cuán mal actuó como actor el que representó ese papel.

Bueno, espero no desatar una discusión sobre el tema en ningún hogar, ya que hay siempre excepciones. Pero esta diferenciación entre el hombre y la mujer es aceptada universalmente. En el lado positivo, cuando los sentimientos de una mujer son santificados, puede ayudar a su marido a ser noble y sensible ante los problemas de la vida. Pero cuando una mujer da rienda suelta a sus malos pensamientos, corrompe todo, incluso a su marido. Como ejemplo pongo el testimonio de un joven Ernst, de Ecilda Paulier, Uruguay, hace años atrás. Me contó que cierta vez se puso a pensar dónde comenzaban las peleas que se daban entre esos viejos, a menudo por cosas tan burdas. Descubrió que el lío comenzaba en las reuniones de Dorcas en las que las mujeres se juntaban para preparar ropa y comida para gente pobre. Se ponían a hablar y por allí se dejaban llevar por sus sentimientos envenenados que, al regresar a sus casas, volcaban sobre sus maridos (gente sencilla de campo no tan racional tal vez), llevándolos a confrontarse entre ellos.

¡Cómo explota el diablo esas diferencias para romper hogares con cosas tan irracionales! Algunas se casan, y asumen el trauma de su marido que proviene de un hogar dividido, y lo proyectan a su propia familia y a diferentes personas de la iglesia. Mi esposa asistió a una reunión en un Camp-Meeting en Michigan, hace poco más de un año atrás, en donde hablaron sicólogos y dieron testimonio los hermanos que habían asistido a esa reunión. Un buen número buscaba desahogarse por cómo hijas o hermanas proyectaban en ellos traumas que asumieron de otros. Se producen así, peleas familiares que duran años, especialmente en familias numerosas como las que existían antes. En Salto, Uruguay, varias veces traté de mediar años atrás entre las tantas hermanas de origen ucraniano Oborsky, la mayoría adventista y casada. Felizmente allí, los maridos solían mantenerse dentro de cierta racionalidad, que permitía el equilibrio y la convivencia. Pero entre ellas..., si no se quejaba una de que su cuñada le había sacado la lengua cuando se vieron en un banco, otra alegaba que le había dado vuelta la cara. Cuando iba a ver la tal cuñada me decía que le dijera a la que habló que no sea pavota... (¡cosa de chicos!)

¿Por qué? ¿Por qué? ¡Cuando podrían vivir felices y en armonía, en algo tan bello que Dios hizo y que es el hogar! En el caso que mencioné más arriba y que estamos tratando actualmente, se requiere hablar con paciencia y buscar hacer entrar en razón a la mujer afectada por sus imaginaciones, encauzar sus pensamientos por caminos más positivos, ayudándola a evitar las suspicacias. Eso es lo que se conoce como psicología cognitiva. Hay que hacerle entender esta tendencia entre las mujeres y los hombres, para que pueda captar lo que le pasa, y en dónde puede terminar todo si sigue así.

Gracias a Dios que me dio una mujer estable, que permite que abordemos juntos a matrimonios y gente con problemas tales! Eso es de mayor ayuda para el ministerio, porque los matrimonios tienen nuestro testimonio diferente (de Marte y de Venus), pero unido en Cristo. Pero cuando una mujer es frágil, impresionista, no es sabio que trabaje por gente con problemas, con traumas. El pastor tendrá que abordar esos problemas solo, ya que la mujer podría traerlos a su propio hogar y terminar rompiendo la paz y la armonía de la que habían disfrutado hasta ese momento. Hay muchos hogares, aún de pastores en USA, que han sido divididos por diferentes motivos, inclusive por el que estoy mencionando. Un evangelista me decía hace un tiempo atrás. Lamentablemente no nos dan la opción de intervenir para ayudarlos. Vienen con la separación ya cocinada y se retiran del ministerio.

Cuando veo a veces a hermanas con problemas, juntarse entre ellas para darle a la lengua (darse manija), ¡cómo quisiera poder separarlas! Porque entran en un círculo vicioso de imaginaciones que no les permite distinguir después entre lo que es imaginación de lo que es realidad, y que las hace vivir amargadas. ¡Parecieran no poderse dar cuenta que sólo van a descubrir lo bello que tenían, cuando lo habrán tristemente perdido! Y cuando tales círculos viciosos se dan dentro de las familias, ¡qué gran incendio inútil y estúpido que producen!
4. Aconsejando a parejas con problemas

 

Una joven se casa y está feliz con su marido, hasta que descubre que su padre pastor, poco antes de su jubilación (en plena andropausia), abandona a su madre y se va con otra. La imagen tan elevada que tenía de su padre se viene abajo porque, como es comprensible, hasta se retira del ministerio. Su frustración se la pasa a su joven marido, a quien comienza a vestir con el nuevo ropaje figurado que descubre de su padre. Así como ahora odia al padre, odia también a su marido y no quiere seguir viviendo con él. Lo llena de acusaciones falsas, ya que su joven marido no tiene nada que ver con el problema de su padre. Intervinieron otros pastores, pero nunca supe si lograron hacer entrar en razón a esa joven mujer, porque me fui del lugar y no escuché más nada del caso.



Uno de los problemas que se está volviendo más común entre los seres humanos, al menos desde que los sicólogos lograron definirlo bastante después de la guerra de Vietnam, es el de la ansiedad o estrés post-traumático (en inglés Post-traumatic stress disorder), que se manifiesta de múltiples maneras tanto en hombres como en mujeres. Hasta en las películas ya incluyen en los traumas que revelan, la definición del otro con esos términos. Algunas personas son capaces de superar más o menos un estado de ansiedad, pero lo proyectan sobre otro. Es más común que la esposa asuma el problema de su marido y lo proyecte sobre otros, por su propia naturaleza de mujer que ya hemos visto. Si no es el problema de su marido, podrá ser el problema de su padre o abuelo que proyectará sobre su padre o su marido. También hay mujeres que asumen los problemas que encuentran en otros con quienes se relacionan en la sociedad y en la iglesia, y los proyectan sobre los demás creando conflictos en su entorno social y familiar.

En Nueva Helvecia, Uruguay, donde fui pastor, una mujer descubre que su marido le fue infiel. Eso la traumatiza de tal manera que se pone a hablar de todo y de todos, generando conflictos donde va. En contextos tales, el pastor debe ser muy cuidadoso y dedicar mucho tiempo a la visita pastoral, no sea que se le divida la iglesia. Recuerdo cuando cerca de la una de la mañana, mientras dejaba todavía desahogarlos en su hogar, el marido reaccionó:  Pastor, ¿es cierto todo lo que dice mi esposa de todos los demás? Si eso no es cierto, entonces le pido que la haga callar, porque me tiene ya medio loco. Con respecto a lo mío, ya lo arreglé y me rebauticé y no tengo más ese problema. Pero que termine ya porque tampoco puedo seguir así.

En visitas subsiguientes comenzaron a mencionarme otros casos de antiguos hermanos que habían abandonado la iglesia. Pastor, ¿no podría visitarlos a ellos? Ellos no tuvieron la oportunidad de recibir visitas pastorales como la suya. Si Ud. va y los trata como lo ha estado haciendo con nosotros, con la paciencia que nos ha estado teniendo y todas las cosas que nos dice, estamos seguros que van a volver a la iglesia. Hace unos 8 años atrás vi a esa pareja y estaba todavía en la iglesia (un cuarto de siglo después). Era evidente, por la forma en que nos hablaba, que la mujer nunca se curó del todo; al menos fue lo suficiente como para poder sobrellevarla, y para que toda su familia permanezca en la iglesia.

Aquí quiero resaltar la importancia que tiene para el pastor, de permitir a la gente desahogarse. En Salto, Uruguay, una mujer con traumas recibía terapia sicológica con una mujer, y espiritual con este servidor. La hermana y el marido escuchaban a veces lo que ella me decía de ellos, y se alarmaban después diciendo que lo que me contaba no era cierto... Les decía que la dejen soltar lo que tiene adentro, que yo ya sé que exagera y tergiversa. De lo contrario no estaría tratándola. Con eso se calmaban. Sólo un 10% de la terapia espiritual que llevaba con ella podía yo hablar, ya que el 90% me hablaba ella. Pero en ese 10% lograba irle metiendo cosas en la cabeza que la iban ubicando. Finalmente la sicóloga, a quien le contaba lo que yo como pastor le decía, terminó diciéndole que no fuese a verla más, que ella como sicóloga le había dado todo lo que tenía como profesional, y que de allí en adelante su pastor podría completar la tarea de reinsertarla en forma normal a la sociedad.

Felizmente esa sicóloga estuvo bien ubicada. El problema con muchos profesionales de la salud mental es que le dan la razón al paciente y lo afirman en sus temores, o le crean otros (hacen su negocio). Por ejemplo, en esa misma ciudad, perdimos toda una familia que había comenzado a estudiar la Biblia con nosotros y asistía ya a la iglesia, porque el psicólogo, ateo, les habló de la religión como causante de traumas y le aconsejó a la hija con problemas de ir a unas termas para liberarse con el que encontrase, tanto de sus padres como de su iglesia.

En el siguiente número voy a comentar un artículo que salió el lunes 3 de octubre (2006), en el diario Clarín de Bs. As., sobre el papel del estrés post-traumático en los falsos recuerdos, algo nuevo que, en la actualidad, está siendo objeto de estudios científicos. En mi caso, ese artículo me es de suma importancia para ayudar a la pareja que estoy tratando en donde hemos podido ver que el marido tiene razón. Su mujer dice una cantidad de cosas que se imagina de su marido, sin fundamento alguno.

 

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