Abuso sexual en la infancia



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ABUSO SEXUAL EN LA INFANCIA
MARTA MARÍA AGUILAR CÁRCELES

Licenciada en Criminología y Psicología

RESUMEN: El presente estudio revisa la temática del abuso sexual en la infancia destacando las diversas aportaciones realizadas por diferentes profesionales. La envergadura actual de la problemática supone la necesidad de hacer una valoración tanto de los factores de riesgo como de los efectos y secuelas que en el menor produce tal indeseable experiencia. Por todo ello que finalmente se tenga la obligación de tratar la metodología de intervención comúnmente empleada.



PALABRAS CLAVE: Maltrato infantil; abuso sexual en la infancia; negligencia; factores de riesgo; trastorno de estrés postraumático.
ABSTRACT: The present study checks the subject matter of the sexual abuse in the infancy, emphasizing the diverse contributions realized by different professionals. The current importance of the problematic supposes the need to do a valuation so much of the factors of risk as of the effects and sequels that in the minor produces such undesirable experience. For all this that finally has the obligation to treat the methodology of intervention commonly used.

KEY WORDS: Child mistreatment; child sexual abuse; neglect; risk factors; post-traumatic stress disorder.
SUMARIO. I. Introducción. II. Definición del abuso sexual como forma concreta de maltrato en la infancia. III. Envergadura de la problemática: prevalencia del abuso sexual en la infancia. IV. Factores de riesgo y signos de detección. V. Consecuencias del abuso sexual en la infancia. 1. Efectos a corto y largo plazo. 2. Teoría de la transmisión intergeneracional. VI. Metodología de intervención.- 1. Prevención. 2. Evaluación. 3. Tratamiento. VII. Conclusiones.

I. INTRODUCCIÓN
Los derechos de los niños han sido vagamente tratados desde el origen de los tiempos, pudiendo decir que no es hasta los s. XVII y XVIII cuando esta situación da un vuelco a la protección legal del menor. Fue en este último siglo cuando hospitales y orfanatos hacen hueco a nuevas instituciones de asistencia a los menores. No obstante, el giro de mayor envergadura lo provoca el caso de Mary Ellen Wilson en 1874 cuando en la ciudad de Nueva York quedaba reconocido por vez primera el maltrato infantil. Y no sólo es duro pensar que hasta bien entrado el s. XIX el reconocimiento de dichos derechos fuesen nulos, sino que lo difícil es mentalizarse de un proceso judicial que sólo convenció a los tribunales argumentando la defensa y protección legal con que contaban los animales; es decir, Mary Ellen no entró en proceso judicial por ser una niña de nueve años maltratada física y psicológicamente, sino por ser parte del reino animal y merecer, por este mismo hecho, la defensa de su integridad física y moral1.
Junto a este hecho, puede decirse que no es hasta los años 60 del siglo pasado cuando se reconoce la trascendencia del maltrato infantil. Fue de la mano de Henry Kempe en 1962 cuando el impacto del problema promovió diversas reacciones legislativas, cuando la reacción social en general y del mundo médico en particular reaccionó ante tal aberración. Kempe define originalmente el maltrato infantil como el “uso de la fuerza física no accidental dirigida a herir o lesionar a un niño, por parte de sus padres o parientes” 2.
Uno de los principales problemas, y promotores de la incredulidad y dejadez social ante la situación del maltrato viene determinado por su confusión terminológica. A nivel internacional, y si bien es cierto que existan pequeñas distinciones imperceptibles, suelen considerarse los mismos principios fundamentales. Así pues, una de las definiciones más concretas y eficientes de maltrato infantil la establece, a nuestro modo de ver, la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Ciudad de México (CNDH), la cual propone la siguiente definición: "Todo acto u omisión encaminado a hacer daño, y aún sin esta intención, pero que perjudique el desarrollo normal del menor"3; por su parte, el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia del mismo país (DIF) define a los niños maltratados como: "Los menores de edad que enfrentan y sufren ocasional o habitualmente, violencia física, emocional o ambas, ejecutadas por actos de acción u omisión, pero siempre en forma intencional, no accidental, por padres, tutores, custodios o personas responsables de ellos".
En este sentido, de forma ejemplificativa, pueden traerse a colación las conceptualizaciones de diversos autores. Siguiendo a Pedreira Massa, el maltrato en la infancia (MTI) abarca desde el niño apaleado (“battered child”) hasta las violencias psicológicas y el abuso sexual, junto con la negligencia en la atención de las necesidades para un crecimiento y desarrollo adecuados, destacando así pues que “ocurre maltrato en la infancia cuando el niño es objeto de acciones y omisiones por adultos cercanos (familia, entorno social) o instituciones que afectan a su desarrollo físico, psíquico, afectivo y/o social, con o sin lesiones evidentes, pero percibidas por el adulto que las inflinge como dañinas”4.
Por su parte, Morillas Fernández lo define como “toda aquella acción u omisión consistente en poner en peligro la integridad física o mental o la seguridad de un menor de dieciocho años por parte de sus familiares o personas responsables de su cuidado”; conceptualización que añade respecto de la anterior dos importantes matices, a saber: a, la víctima ha de ser menor de dieciocho años y b, indica que dentro del entorno social referido por Pedreira, la violencia doméstica se extendería concretamente a los cuidadores o responsables principales del menor5.
En consecuencia, y personalmente hablando, entendería el maltrato en la infancia como el conjunto de acciones provocadas al menor de edad, y que efectuadas de forma intencional y reiterada por familiares o cualquier otra persona de su entorno social cercano, propiciarían el desarrollo de graves secuelas en el desarrollo de su personalidad. En este sentido, se hace mención a seis aspectos imprescindibles a considerar en la definición de maltrato, estos son: a, conjunto de acciones llevadas a cabo, ya sean por comisión u omisión, con consecuencias tanto físicas como psicológicas o emocionales; b, la víctima es el menor de dieciocho años, al cual se le consideraría indefenso y desprovisto de mecanismos de defensa ante estas situaciones; c, intencionalidad, pues no existe accidentalidad en cuanto a la conducta efectuada, entendiendo así la deliberación del autor; d, reiteración o frecuencia del comportamiento que se realiza; e, contexto del maltrato, incluyendo en ello tanto el ámbito familiar como extrafamiliar (que incluiría el maltrato institucional) y f, se amenaza el desarrollo e integridad del menor, propiciando el desarrollo de conductas desadaptadas e inmaduras para su edad y afectando el desarrollo de su personalidad.
En definitiva, existen variadas y diversas definiciones, pero que todas están orientadas a unos fines comunes: salvaguardar la dignidad y autoestima del menor como ser humano, su desarrollo e intereses.
Donde si encontramos mayor unanimidad entre los distintos profesionales es a la hora de clasificar el maltrato en tipologías, diferenciando la mayoría de autores distinguen cuatro tipos de maltrato en la infancia: físico, psicológico, abuso sexual y negligencia6. Los definimos a continuación.
A) Maltrato físico. Cualquier acción que, ejercida desde un miembro de la familia y de manera intencional, provoque o pueda provocar daño físico al menor (golpear con distintos instrumentos, producir quemaduras, dar patadas, provocar torceduras, estrangular o asfixiar, envenenamiento, ahogamiento, encerrar o atar, exposición deliberada a la intemperie, infligir heridas con objetos cortantes o punzantes)7.
B) Maltrato psicológico/ emocional. Cualquier acción que, ejercida desde un miembro de la familia y de manera intencional, provoque o pueda provocar daño emocional al menor, causando serios deterioros en el desarrollo emocional, social e intelectual del menor (rechazar, humillar, ridiculizar, ignorar, aterrorizar, chantajear, someter a actos crueles, presenciar violencia entre la pareja, aislarlo, privación de sentimientos de amor/ afecto/ seguridad)8. Hablamos de una de las formas más sutiles pero no menos extendidas del maltrato en menores.
C) Abuso sexual. Cualquier acción de un familiar que involucre a un menor en actividades de índole sexual. Dentro de este grupo diferenciamos las acciones que incluyen contacto físico de aquellas otras que carecen de este elemento. Dentro de esta tipología se citan el incesto (familiares cercanos), estimulación sexual (tocamientos, masturbación), vejaciones, violación, exhibicionismo, explotación sexual ( pornografía infantil, prostitución), etc.
D) Negligencia o abandono. Omisión del deber de supervisar y/o atender las necesidades del menor efectuada por aquella persona encargada legalmente de satisfacer tales aspectos, quedando afectados su desarrollo y bienestar por dicha carencia o cuidado mínimo requerido tanto a nivel físico como psicológico. Esta categoría englobaría los siguientes comportamientos: abandono temporal o permanente, desatención grave de necesidades médicas/ higiénicas/ nutricionales/ educacionales, permiso tácito de conductas desadaptativas (delincuencia, uso de drogas,…). Es muy frecuente que este tipo de maltrato se solape con el abandono emocional, desatendiendo de este modo las necesidades afectivas y emocionales del menor involucrado.
Por último, cabría señalar que algunos autores incorporar cinco e incluso seis tipologías de maltrato, tal es el caso de Pedreira al distinguir entre negligencia física y psicológica, o de Morillas Fernández al diferenciar los siguientes tipos de maltrato: físico, psicológico o emocional, abuso sexual, negligencia o abandono, envenenamiento o drogadicción, y el maltrato conformado por el Síndrome de Münchausen9. No obstante, bajo nuestra visión personal, la clasificación general seguiría conformada por las cuatro tipologías inicialmente descritas, pues entendemos las nuevas aportaciones como derivaciones específicas de las anteriores. Por ejemplo, en el Síndrome de Münchausen por poderes, es clasificado dentro de los trastornos facticios no especificados y de tipo exclusivamente físico, caracterizándose por presentar los padres a sus hijos con enfermedades físicas recurrentes; así pues, el síndrome de Münchausen por poderes como forma de maltrato físico debido a la inducción o simulación de síntomas10.

II. DEFINICIÓN DEL ABUSO SEXUAL COMO FORMA CONCRETA DE MALTRATO EN LA INFANCIA
Dentro de los tipos de maltrato infantil se advertirá aquel que se entiende ha suscitado una mayor repercusión social, psicológica y política en los últimos años, a saber: el abuso sexual en la infancia. No se quiere decir con ello que las tres categorías restantes no posean igual o mayor importancia, sino que la demanda social nos empuja a escribir unas palabras sobre una situación actual realmente conmovedora.
Como se acaba de referirse, el problema de la definición representa una constante al tratar el maltrato en el ámbito doméstico y no menos ardua la tarea de definir el abuso sexual como forma concreta de maltrato dentro del medio familiar. Las dificultades para delimitar este concepto no sólo se basada en la falta de acuerdo entre los distintos profesionales, sino también en las limitaciones legales en relación a la edad del menor11. Del mismo modo, habría también que señalar la diferencia existente con algunos conceptos que actualmente se podrían consideran sinónimos. Tal es el caso de explotación y agresión, denominaciones que, como analizaré posteriormente, quedan enmarcados dentro del abuso sexual, pudiendo establecerse sutiles distinciones.
El punto inicial de partida a la hora de conceptualizar el referido término debe de buscarse en el Código Penal (CP); así, artículos del 181-183 del Texto Punitivo regulan la citada figura delictiva en los siguientes términos:

  • Tipo básico: 181.1

  • Tipo cualificado simple: 181.2

  • Tipo cualificado de prevalimiento: 181.3

  • Tipos agravados: 181.4 y 182

  • Tipo autónomo: 183

Las características que identifican a los abusos sexuales son:




  • La ausencia de violencia o intimidación.

  • La inexistencia de consentimiento o presencia de un consentimiento viciado en un acto que atente contra la libertad o indemnidad sexual de una persona.

Estas dos características definirían dicho tipo concreto de maltrato como la ejecución de actos que atenten contra la libertad sexual de la persona sin violencia ni intimidación.


El artículo 181.2 CP añade que se consideran en cualquier caso abusos sexuales no consentidos los que se ejecuten sobre menores de 13 años12, personas privadas de sentido o de cuyo trastorno mental se abusare; de este modo, el bien jurídico aquí sería la libertad sexual si hablamos de mayores e indemnidad sexual si hablamos de menores.
Puede haber otra hipótesis en el caso del abuso y es que el consentimiento tampoco es válido si se obtiene mediante prevalimiento; es decir, gozando el sujeto activo de una situación de superioridad respecto del pasivo o de cualquier estado que otorgue al primero una posición privilegiada, de la que se aproveche para abusar sexualmente de la víctima.
El artículo 181.4 CP es una agravación punitiva: se agravan en su mitad superior las penas de los artículos anteriores en el caso de que la víctima sea especialmente vulnerable, menor de 13 años o haya prevalimiento por relación de superioridad o parentesco.
El artículo 182 CP es similar 179 CP, contempla aquellas situaciones en las que el abuso conlleve “…acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de miembros corporales u objetos por alguna de las dos primeras vías,…”.
El tipo autónomo del artículo 183, recibe el nombre de abusos sexuales fraudulentos, los cuales identificamos con aquellos producidos a un sujeto mayor de 13 años y menor de 16 donde medie engaño. Para apreciar este abuso sexual fraudulento las características que han de concurrir son:

  • La edad: más de 13 y menos de 16.

  • El engaño: se identifica con el uso de cualquier procedimiento fraudulento idóneo por sí mismo como para desencadenar una situación de error en la víctima.



V. CONSECUENCIAS DE LOS ABUSOS SEXUALES EN LA INFANCIA
Las consecuencias del abuso sexual en la infancia son diversas, variadas y complejas en su clasificación, pues son infinitos los factores que deben considerarse a la hora de realizar estudios pormenorizados sobre esta característica. Entre los aspectos más definitorios del curso o evaluación del abuso se encuentran, entre otros, la edad en que se produce el maltrato, el perfil de abusador, el ambiente familiar, la frecuencia o cronicidad del hecho y los medios o recursos disponibles para hacer frente a dicho acto.
Para ello me voy a centrar en la descripción de los principales efectos a corto y largo plazo, dando especial cabida a la edad en que se produce el abuso sexual, cerrando el epígrafe respaldando con valoración teórica de las más controvertidas a día de hoy: la transmisión intergeneracional del abuso.

1. Efectos a corto y largo plazo.
Para definir con mayor claridad los efectos que produce el abuso sexual en la infancia, he querido destacar las diferentes consecuencias provocadas en el sujeto atendiendo a la edad en que dicho maltrato se experimenta. Si bien no puede hablarse de una clasificación tajante sobre tal asunto, pues son muchos los factores que a nuestro modo de ver condicionan semejante circunstancia, si podemos decir que existe una mayor probabilidad de presentar determinadas adversidades en ciertas etapas del ciclo vital13.
En términos generales el alcance de las consecuencias va a depender del grado de sentimiento de culpa y estigmatización, así como la revictimización del niño por parte de otros familiares o conocidos y de las estrategias que posea para afrontar con éxito tales efectos. Dichas consecuencias son diferentes atendiendo a la edad en que el menor es víctima del abuso sexual; así pues, y haciendo una revisión exhaustiva de diversos estudios14, se llega a la conclusión de que los efectos más característicos en cada etapa del desarrollo; esto es, a corto plazo, serían los se representan a continuación (Tabla 2).

Tabla 2. Efectos a corto plazo atendiendo al nivel de desarrollo del menor.




Etapa del ciclo vital

Manifestaciones más señaladas de los efectos

Edad preescolar

(3-6 años)

  • Expresión de algún tipo de conducta considerada como anormal.

  • Ansiedad.

  • Pesadillas.

  • Desórdenes del trastorno de estrés postraumáticos.

  • Problemas internalizantes y externalizantes de conducta15.

Edad escolar

(7-12 años)

  • Los problemas de conducta tanto a nivel interno como externo se hacen más patentes, especialmente depresión y agresión respectivamente.

  • Descenso en la autovaloración personal y niveles de autoestima.

  • Miedos.

  • Pesadillas.

  • Neurosis.

  • Baja autoestima.

  • Hiperactividad.

  • Efectos en el funcionamiento y desarrollo cognitivo y socioemocional (sobre todo en el caso de las niñas víctimas de tales abusos).

  • Problemas escolares: funcionamiento académico global deteriorado y mayores problemas de aprendizaje.

  • Conductas sexuales inapropiadas (masturbación y preocupación sexual excesiva, exhibicionismo y agresión sexual).

  • Comienza aparecer el sentimiento de culpabilidad, sintiéndose las víctimas responsables del abuso.

Adolescente

(13-18 años)

  • Depresión.

  • Retraimiento social.

  • Baja autoestima.

  • Ideas repetitivas de suicidio y conductas autolesivas.

  • Trastornos somáticos.

  • Conductas antisociales (consumo de drogas y/ o alcohol, escapadas del hogar, falta de asistencia a la escuela,…).

  • Comportamiento sexual precoz (embarazo).

  • Problemas de identidad sexual.

Fuente: Adaptado de Echeburúa y Guerricaechevarría, 200616.


No obstante, ha de volver ha destacarse la singularidad e individualidad de cada sujeto, que uno vive sus circunstancias personales, por lo que no cabe aferrarse al cien por cien a las características mencionadas con anterioridad, a su especificidad para una etapa concreta del desarrollo, sino que pueden llegar incluso a solaparse con elevada facilidad. Sin embargo, lo que sí puede afirmarse es que existe cierta continuidad en las manifestaciones del abuso, pues mientras en un primer momento afecta a las áreas más básicas de conducta y cognición, posteriormente el daño ira configurándose como parte de la persona, formando su identidad y personalidad en base a estas tempranas experiencias.
Factores tan diversos como la edad, el sexo, el grupo de iguales, el estilo de crianza parental, así como la duración y frecuencia con que el acto se lleva a cabo17, son algunos de los aspectos que, como ya identifiqué en epígrafes anteriores, condicionan en gran medida los efectos y secuelas que el abuso deposita en el menor.
Con el paso del tiempo los efectos del abuso tienden a verse mitigados, lo que no quiere decir que sean inexistentes; esto es, el tiempo puede apaciguar los efectos sufridos en la infancia pero no curarlos, pues lo que realmente sucede es el tránsito y/ o comorbilidad entre distintas patologías18. Así pues, entre los efectos producidos a largo plazo, es decir, ya en la etapa adulta, las víctimas que han sufrido abuso sexual durante la infancia presentan una menor adaptación general, mayor aislamiento social, tienen más problemas de pareja y más comportamientos sexuales inadecuados. A su vez, las quejas somáticas, los trastornos afectivos, el abuso de alcohol o drogas y los comportamientos antisociales suelen ser muchos más frecuentes. En los casos más graves pueden llegar a realizar conductas autodestructivas o autolesivas así como a tentativas de suicidio. Como puede apreciarse muchos de los efectos pueden acaecer tanto a corto como a largo plazo (aislamiento, trastornos de somatización,…), diferenciándose tanto cuantitativa como cualitativamente a la hora de su manifestación.


2. Transmisión intergeneracional.
La transmisión del maltrato infantil afecta a las relaciones vinculares establecidas entre el menor y su cuidador principal promoviendo el desarrollo de conductas disfuncionales. Se habla de una relación disfuncional que podría considerarse como factor unificador de las diferentes categorías de maltrato. En este sentido, la presencia de violencia doméstica habitual y reiterada en el seno familiar influirá directamente sobre la futura victimización del menor en dos vertientes: a, por ser testigo de los malos tratos es muy posible que sea también víctima en un futuro; y b, por crecer en un ambiente donde la violencia es considerado normal aprenderá a reproducir dicho comportamiento en un futuro19. En consecuencia, en sendos casos el menor crecerá con unas bases vinculares deficitarias en el ámbito intrafamiliar, consecuencia que resultará en su identificación con uno de ambos progenitores; a saber: la víctima o el agresor.
Centrándome en el segundo de los aspectos señalados, esto es, cuando la figura del agresor supone un modelo de imitación para el menor, la teoría de la transmisión intergeneracional del abuso infantil postula que los individuos que fueron objeto de abuso sexual durante su infancia tienen una mayor probabilidad de reproducir dicha conducta dentro del seno familiar; esto es, de convertirse en padres abusivos. Esta conclusión dista mucho de ser uniforme entre los distintos profesionales, pues las diversas definiciones del concepto así como la metodología de estudio dificultan el acuerdo entre los distintos ámbitos disciplinarios. Pese a ello, puede afirmarse que existe acuerdo en considerar un porcentaje de entre el 25-35% en la transmisión del abuso, siendo los resultados mucho más drásticos cuando acontecen tales comportamientos durante la adolescencia y/ o en familias donde la violencia de género promueven en el menor tal modo de relación. Esta reflexión muestra la importancia de desarrollar métodos preventivos eficaces que permitan frenar la tasa de abuso sexual en la infancia, pues si aproximadamente el 70% de adultos no desarrolla tales conductas es porque verdaderamente existe un conjunto de amortiguadores eficaces que evitan tal transmisión20.
A colación de lo anterior, sería interesante señalar la presencia de dicha teoría cuando la mujer es la víctima de la violencia doméstica. Siguiendo a Morillas Cueva, los antecedentes de la mujer víctima reflejan la existencia de un modelo de de criminalización, pues la experiencia y observación habitual de un menor de tales comportamientos promueven la percepción de dicho proceso como algo normal y susceptible de ser utilizado en situaciones sucesivas. En definitiva, el menor que convive durante su infancia con una situación de maltrato llegará a percibir como legitima dicha conducta21.
Por último, se presenta una breve explicación realizada por Garrido Genovés sobre el aprendizaje de la conducta sexual en adultos. Este autor habla de la mayor excitabilidad que desarrollan determinados sujetos como consecuencia de un proceso de condicionamiento; esto es, estímulos que en un primer momento son neutrales para el sujeto se emparejan con una serie de conductas que el individuo realiza sin previa meditación, es decir, vinculándose y produciendo de este modo una respuesta condicionada (Cuadro 1)22.
Cuadro 1. Proceso de aprendizaje de la conducta sexual adulta.

SOCIALIZACIÓN

SEXUAL

DESVIACIÓN



SEXUAL




Experiencias Condicionadas (vinculadas a personas adultas que consienten en la relación)

Respuesta Sexual Condicionada



Estímulos Incondicionados (estimulación física directa mediante masturbación o relación sexual)

Respuesta Sexual Incondicionada

(excitación y orgasmo)






Estímulos Condicionados (antisociales)

(sexo forzado con mujeres o niños a través de pornografía, imaginación y práctica)



Respuesta Sexual Condicionada

Fuente: Garrido, V.; Stangeland, P. y Redondo, S., 200623.


Lo anterior representa una teoría y una explicación del comportamiento sexual desviado que, en mi opinión, se complementan mutuamente y ejemplifican de una manera muy escueta, pero no por ello poco precisa, el proceso mediante el cual una persona puede llegar a abusar de un menor. Ahora bien, esto no significa que sea la teoría más válida, pues la primera crítica sería, tal y como su nombre indica, centrarse exclusivamente en esa transmisión intergeneracional; es decir, no explica el elevado porcentaje de sujetos que desarrollan conductas de vejación sin haber vivenciado tales actos durante su infancia24.


1 WATKIN, S.A., “The Mary Ellen myth: Correcting child welfare history”, Social Work, 1990, 35, 6, pp. 500-503.

2 El pediatra C. Henry Kempe junto con sus colaboradores dan un giro de especial relevancia en el ámbito del maltrato infantil cuando publican un artículo sobre dicho tema y acuñan el término del “síndrome del niño maltratado”. KEMPE, C. H.; SILVERMAN, F. N.; STEELE, B. F.; DROEGEMUELLER, W., y SILVER, H. K., “The battered child syndrome”, Journal of the American Medical Association, 1962, pp. 17-24.

3 Ver el reciente comunicado de la CNDH al director del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) por el caso de un menor víctima de agresión sexual por personal de la misma institución. Comunicado del 4 de octubre de 2009.

4 PEDREIRA MASSA, J. L. y MARTÍN, ÁLVAREZ, L., La infancia en la familia con violencia: Factores de riesgo y contenidos psicopatológicos, PSIQUIATRIA.COM, 2003, 7.

5 MORILLAS FERNÁNDEZ, D. L., Análisis criminológico del delito, Cádiz, 2003, pp. 154 y ss.

6 Otros autores incorporan a la clasificación el Síndrome de Münchausen y el Maltrato Institucional; a nuestro modo de ver, estos no deberían ser clasificados como independientes, pues en su conjunto proviene de diferentes tipos de maltrato, no configurando ninguna en concreto.

7 A diferencia del maltrato físico el castigo físico emplea la fuerza física con la intención de corregir o controlar una conducta concreta; no obstante, no queremos decir con ello que su empleo sea algo efectivo, sino al contrario, el castigo es una práctica muy frecuente y habitual en la sociedad que puede llegar a ser contraproducente. Ver referencia en ROMERO MEDINA, A.; JARA VERA, P., y CAMPOY MENÉNDEZ, G., “Condiciones para la efectividad del castigo”, Manual de Aprendizaje y Condicionamiento, Murcia, 2001, pp. 268-273.

8 Algunos autores diferencian entre maltrato psicológico y maltrato emocional; así, mientras definen este último como “una respuesta emocional inapropiada, repetitiva y sostenida de la expresión de emoción del niño y su conducta acompañante como consecuencia de un dolor emocional”, el maltrato psicológico se diferenciaría por ser “una respuesta sostenida, repetitiva, persistente e inapropiada (violencia doméstica, insultos, actitud impredecible, mentiras, decepciones, explotación, maltrato sexual, negligencia,…) que daña o reduce sustancialmente tanto el potencial creativo como el desarrollo de facultades y procesos mentales del niño, que lo imposibilita a entender y a manejar su medio ambiente, lo confunde y atemoriza haciéndolo más vulnerable e inseguro, afectando adversamente su educación, bienestar general y vida social” (O´HAGAN, K.., El abuso emocional y psicológico de los niños, 1999, en www.kieranohagan.com).

9 Ver referencia en PEDREIRA MASSA, J. L. y MARTÍN, ÁLVAREZ, L., La infancia…cit., p. 7; y MORILLAS FERNÁNDEZ, D. L., Análisis…cit., p. 154.

10 AMERICAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION (APA), Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fourth Edition, Revised (DSM-IV-TR), Barcelona, 2000.

11 CANTÓN, J. y CORTÉS, R., Malos tratos y abuso sexual infantil, Madrid, 1999, p. 172.

12 No compartimos la opinión del legislador el cuanto a edad de consentimiento se refiere, pues al igual que conceptualiza menor de edad hasta los 18 años en los delitos de pornografía infantil (art.189 CP), por entender que el menor no tiene capacidad para formular presunciones sobre el destino futuro de dicha documentación, también entendemos nosotros que debería establecerse en dicha edad el consentimiento para las relaciones.

13 DUBOWITZ, H.; BLACK, M.; HARRINGTO, D., y VERSCHOORE, A., “A follow-up study of behaviour problemas associated with child sexual abuse”, Child Abuse and Neglect, 1993, 17, pp. 743-754.

14 HIBBARD, R. y HARTMAN, G., “Behavioral problems in alleged sexual abuse victims”, Child Abuse & Neglect., 1992, 16, pp. 755-762; DUBOWITZ, H.; BLACK, M.; HARRINGTO, D., y VERSCHOORE, A., “A follow-up study of behaviour problems associated with child sexual abuse”, Child Abuse and Neglect, 1993, 17, pp. 743-754; y PAOLUCCI, E. O.; GENUIS, M. L. y VIOLATO, C., <>, Journal of Psychology, 2001, 135, 1, 17-36.

15 Los trastornos externalizantes (conducta delictiva y agresiva) suelen ser bastante más frecuentes en chicos, mientras la mayoría de las chicas reacciona con trastornos de interiorización (retraimiento, síntomas somáticos y ansiedad/depresión); por su parte, los problemas sociales, de pensamiento y de atención, no quedan ceñidos a ninguna de estas dos categorías, no existiendo diferencias tan significativas en función del sexo.

16 ECHEBURÚA, E. y DE CORRAL, P., “Secuelas emocionales en víctimas de abuso sexual en la infancia”, en Cuadernos de Medicina Forense, nº 12, 2006, p.79.

17 BEITCHMAN, J. H.; ZUCKER, K. J.; HOOD, J. E.,y DA COSTA, G. A., “A review of the short –term effects of child sexual abuse”, en Child Abuse and Neglect, nº 15, 1991, pp. 537-556.

18 Ver meta-análisis realizado por RIND, TOMOVICH y BAUSEMA, en LAMIERAS FERNÁNDEZ, M. (Coord.), Abusos sexuales en la infancia. Abordaje psicológico y jurídico, Madrid, 2002, pp. 74 y 75.

19 MORILLAS FERNÁNDEZ, D. L. y LUNA, J., “Datos de la mujer maltratada”, en MORILLAS CUEVA (coord.), Estudio empírico sobre el maltrato a la mujer. Un estudio de 338 casos, Madrid, 2006, p. 37.

20 CANTÓN DUARTE, J. y CORTÉS ARBOLEDA, M. R., Malos trataos y abuso sexual infantil, Madrid, 1999, pp. 25-29.

21 MORILLAS FERNÁNDEZ, D. L. y LUNA, J., “Datos …” cit., p. 68.

22 GARRIDO, V.; STANGELAND, P. y REDONDO, S., Principios de Criminología, Valencia, 2006, pp. 364 y 365.

23 Ibídem.

24 Otras teorías explicativas en CANTÓN DUARTE, J. y CORTÉS ARBOLEDA, M. R., Malos tratos…, cit., pp. 18-62.


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