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HERBERT L. A. HART

Profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Oxford


EL CONCEPTO

DE DERECHO




Traducción de Genaro R. Carrió





ABELEDO-PERROT


BUENOS AIRES

Título del original THE CONCEPT OF LAW

Oxford University Press, 1961


La presente traducción de The Concept of Law se publica en virtud de un acuerdo con The Clarendon Press Oxford


Todos los derechos reservados © by ABELEDO-PERROT S. A. E. e I. Lavalle 1280 — 1048 - Buenos Aires — Argentina Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723


I.S.B.N.: 950-20-0089-7

El derecho de propiedad de esta obra comprende para su autor la facultad de disponer de ella, publicarla, traducirla, adaptarla o autorizar su traducción y reproducirla en cualquier forma, total o parcial, por medios electrónicos o mecánicos, incluyendo fotocopia, grabación magnetofónica y cualquier sistema de almacenamiento de información; por consiguiente nadie tiene la facultad de ejercitar los derechos precitados sin permiso del autor y del editor, por escrito, con referencia a una obra que se haya anotado o copiado durante su lectura, ejecución o exposición públicas o privadas, excepto el uso con fines didácticos de comentarios, críticas o notas, de hasta mil palabras de la obra ajena, y en todos los casos sólo las partes del texto indispensables a ese efecto.

Los infractores serán reprimidos con las penas del artículo 172 y concordantes del Código Penal (arts. 2, 9, 10, 71, 72, ley 11.723).


IMPRESO EN LA REPUBLICA ARGENTINA



PREFACIO A LA EDICION CASTELLANA


Constituye una satisfacción muy grande -para mí el hecho de que mi libro The Concept of Law esté ahora al alcance de los lectores de habla española, y en una traducción que, según mi modo de ver, reúne todo lo que debe ser una traducción. Lamen­to no poder escribir en español, pero puedo leerlo lo suficiente­mente bien como para darme cuenta de que el Dr. Genaro R. Garrió ha cumplido su tarea con rara destreza y gran compren­sión. Ha superado algunos obstáculos muy serios. La terminología del derecho y de la filosofía jurídica ingleses contiene muchas expresiones que carecen de equivalentes simples en español; por­que las palabras de cada uno de esos idiomas están con frecuen­cia cargadas de una teoría jurídica extraña al otro y llevan en sí implicaciones diferentes. Por añadidura, al escribir mi libro creí necesario, para destacar aspectos del derecho previamente des­atendidos, inventar o usar expresiones que no son familiares ni siquiera para los juristas ingleses. Nada de esto, empero, ha im­pedido que el Dr. Garrió comprendiera lo que quise decir, por lo menos tan bien como lo comprendo yo. Le agradezco la labo­riosidad y el cuidado que ha puesto en la traducción.

H. L. A. Hart



Oxford, marzo de 1963.



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PREFACIO A LA EDICION INGLESA




En este libro he querido promover la comprensión del dere­cho, la coerción y la moral, en cuanto fenómenos sociales dife­rentes, aunque relacionados. Si bien está primariamente dirigido al estudioso de la teoría jurídica, espero que sea también útil a aquellos que se interesan principalmente en la filosofía moral o política o en la sociología, más que en el derecho. El jurista verá en este libro un ensayo de teoría jurídica analítica (analytical ju­risprudence), porque se ocupa de la clarificación de la estructura general del pensamiento jurídico, y no de la crítica del derecho o política jurídica, Además, en muchos puntos he planteado pro­blemas que bien puede decirse que versan sobre el significado de términos. Así, por ejemplo, he considerado cómo "verse obli­gado" difiere de “tener una obligación cómo el enunciado de que una regla es una norma jurídica válida difiere de una pre­dicción de la conducta de los funcionarios; qué es lo que quiere decir la aserción de que un grupo social observa una regla y có­mo difiere de la aserción de que sus miembros hacen habitual- mente ciertas cosas y cómo se asemeja a ella. Ciertamente, uno de los temas centrales del libro es que ni el derecho, ni ninguna otra forma de estructura social, puede ser comprendido sin una apreciación de ciertas distinciones cruciales entre dos tipos dife­rentes de enunciados, que he denominado "internos” y "exter­nos” y que pueden ser formulados dondequiera se observan re­glas sociales.

A pesar de su preocupación por el análisis, el libro puede también ser considerado un ensayo de sociología descriptiva; por­que la sugestión de que las investigaciones sobre los significados


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de las -palabras simplemente arrojan luz sobre éstas, es falsa. Mu­chas distinciones importantes, que no son inmediatamente ob­vias, entre tipos de situación social, o relaciones, pueden ser es­clarecidas mejor mediante un examen de los usos típicos de las expresiones relevantes y de la manera en que éstas dependen de un contexto social que a menudo no se expresa. En este campo de estudio es particularmente verdad, como decía el Profesor J.L. Austin, que podemos usar “una conciencia agudizada de las palabras para agudizar nuestra percepción de los fenómenos".

Es obvio que tengo una enorme deuda frente a otros auto­res; en verdad buena parte del libro se ocupa de las deficiencias de un modelo simple de sistema jurídico, construido según las líneas de la teoría imperativa de Austin. Pero en el texto el lector encontrará muy pocas referencias a otros autores y muy pocas no­tas de pie de página. En lugar de ello hallará, al final del libro, notas extensas para ser leídas después de cada capítulo; allí se re­lacionan las opiniones expresadas en el texto con las de mis prede­cesores y mis contemporáneos, y se formulan sugestiones sobre las maneras en que se 'puede proseguir el razonamiento en los tra­bajos de ellos. He adoptado este criterio, en parte porque la línea de argumento del libro es continua, y su continuidad quedaría interrumpida por la comparación con otras teorías. Pero tam­bién he tenido en mira un propósito pedagógico: confío en que esta estructura puede desalentar la creencia de que un libro de teoría general del derecho es, por sobre todo, una obra en la que uno se informa sobre el contenido de otros libros. Mientras esta creencia persista entre los autores, poco progresará nuestra dis­ciplina, y mientras persista entre los lectores, el valor educativo de aquella seguirá siendo muy escaso.

He sido deudor durante demasiado tiempo de demasiados amigos para ser capaz ahora de señalar todas mis obligaciones. Pero tengo que reconocer una deuda especial frente a A.M. Honoré, cuya crítica detallada puso de manifiesto muchas confu­siones de pensamiento e ineptitudes de estilo. He tratado de eli­minarlas, pero temo que ha quedado mucho que él no aprobaría. A conversaciones con G. A. Paul debo lo que pueda haber de


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valor en la filosofía política de este libro y en la interpretación del derecho natural que en él hago; tengo que agradecerle tam­bién el haber leído las pruebas. Me siento también muy agrade­cido a Rupert Cross y P. F. Strawson, que leyeron el texto, por su beneficioso consejo y crítica.

H. L. A. Hart



Oxford, febrero de 1961.


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INDICE GENERAL

I. PREGUNTAS PERSISTENTES 1

  1. Perplejidades de la teoría jurídica 1

  2. Tres problemas recurrentes 7

  3. Definición 16

II. NORMAS JURIDICAS, MANDATOS Y ORDENES 23

  1. Variedades de imperativos 23

  2. El derecho como órdenes coercitivas 26

II. LA DIVERSIDAD DE NORMAS JURIDICAS 33

  1. El contenido de las normas jurídicas 34

  2. El ámbito de aplicación 53

  3. Modos de origen 56

  1. SOBERANO Y SUBDITO 63

  1. El hábito de obediencia y la continuidad del derecho…………………… 64

  2. La persistencia del derecho 77

  3. Limitaciones jurídicas a la potestad legislativa 82

  4. El soberano detrás de la legislatura 89

  1. EL DERECHO COMO UNION DE REGLAS PRIMARIAS

Y SECUNDARIAS…………………………………………………………………… 99

  1. Un nuevo punto de partida 99

  2. La idea de obligación 102

  3. Los elementos del derecho 113

  1. LOS FUNDAMENTOS DE UN SISTEMA JURIDICO ………………… 125

  1. Regla de reconocimiento y validez jurídica 125

  2. Nuevas preguntas 137

  3. La patología de un sistema jurídico 146

VH. FORMALISMO Y ESCEPTICISMO ANTE LAS REGLAS .. 155

  1. La textura abierta del derecho 155

  2. Variedades de escepticismo ante las reglas 169

  3. Definitividad e infalibilidad de la decisión judicial……………………… 176

  4. Incertidumbre de la regla de reconocimiento 183



Vin. JUSTICIA Y MORAL 193

  1. Principios de justicia 196

  2. Obligación moral y jurídica 208

  3. Ideales morales y crítica social 224

  1. LAS NORMAS JURIDICAS Y LA MORAL 229

  1. Derecho Natural y positivismo jurídico 229

  2. El contenido mínimo del Derecho Natural 239

  3. Validez jurídica y valor moral • 247

  1. DERECHO INTERNACIONAL 263

  1. Fuentes de dudas 263

  2. Obligaciones y sanciones 266

  3. La idea de obligación y la soberanía de los estados 272

  4. El derecho internacional y la moral 279

  5. Analogías de forma y de contenido 286

NOTAS 292

INDICE ALFABETICO 327





CAPÍTULO I

PREGUNTAS PERSISTENTES



  1. PERPLEJIDADES DE LA TEORIA JURIDICA

Pocas preguntas referentes a la sociedad humana han sido formuladas con tanta persistencia y respondidas por pensadores serios de maneras tan diversas, extrañas, y aun paradójicas, como la pregunta “¿qué es derecho?”. Aunque limitemos nuestra aten­ción a la teoría jurídica de los últimos ciento cincuenta años, y dejemos a un lado la especulación clásica y medioeval acerca de la “naturaleza” del derecho, nos daremos con una situación que no encuentra paralelo en ningún otro tema estudiado en forma sistemática como disciplina académica autónoma. No hay una vasta literatura consagrada a contestar las preguntas “¿qué es quí­mica?” o “¿qué es medicina?”, como la hay para responder a la pregunta “¿qué es derecho?”. Unas pocas líneas en la primera página de un manual elemental es todo cuanto debe considerar el estudiante de aquellas ciencias; y las respuestas que se le dan son de un tipo muy diferente al de las que recibe el estudiante de derecho. Nadie ha pensado que es esclarecedor o importante insistir en que la medicina es “lo que los médicos hacen respecto de las enfermedades”, o “una predicción de lo que los médicos harán”, o declarar que lo que comúnmente es reconocido como una parte característica, central, de la química, por ejemplo, el estudio de los ácidos, no es en realidad parte de ella. Sin embar­go, en el caso del derecho, se han dicho con frecuencia cosas que a primera vista parecen tan extrañas como ésas, y no sólo se las ha dicho sino que se ha insistido en ellas con elocuencia y pasión, como si fueran revelaciones de verdades sobre el derecho, oscu-





recidas desde tiempo atrás por representaciones groseramente falsas de su naturaleza esencial.

“Lo que los funcionarios hacen respecto de las disputas es... el derecho mismo”1; “Las profecías de lo que los tribunales harán... es lo que entiendo por derecho”;2 “'Las leyes son fuentes de de­recho... no partes del derecho mismo”;3 "El derecho constitucio­nal no es otra cosa que moral positiva”;4 “No se debe robar; si alguien roba deberá ser castigado.... Si existe, la primera norma está contenida en la segunda, que es la única norma genuina.... El derecho es la norma primaria que establece la sanción”5.

Estas son sólo unas pocas de las numerosas afirmaciones y ne­gaciones sobre la naturaleza del derecho que, por lo menos a pri­mera vista, se presentan como extrañas y paradójicas. Algunas de ellas parecen hallarse en conflicto con las creencias más firme­mente arraigadas y ser fácilmente refutables; es así que estamos tentados de contestar: “Por supuesto que las leyes son derecho, al menos un tipo de derecho aunque hay otros”; “Seguro que de­recho no puede significar simplemente lo que los funcionarios ha­cen o Jo que los tribunales harán, puesto que es menester una norma de derecho para que alguien sea funcionario o juez”.

Sin embargo, estas expresiones aparentemente paradójicas no fueron formuladas por visionarios o por filósofos interesados pro­fesionalmente en poner en duda los veredictos más elementales del sentido común. Ellas son el resultado de una prolongada re­flexión sobre el derecho, llevada a cabo por hombres que han sido primordialmente juristas, dedicados profesionalmente a la enseñanza o a la práctica de aquél, y en algunos casos, a su apli­cación como jueces. Además, lo que ellos dijeron sobre el dere­cho realmente incrementó, en su tiempo y lugar, nuestra com­prensión del mismo. Porque, entendidos en su contexto, tales




1 Llewellyn, The Bramble Bush (2a. ed., 1951), p. 9.


2 O. W. Holmes, “The Path oí the Law”, en Collected’ Pavers (1920), p. 173.


3 J. C. Gray, The Nature and Sources of the Law (1902), s. 276.


4 Austin, The Province of Jurisprudence Determined (1832). Confe­rencia VI (ed. 1954, p. 259).

8 Kelsen, General Theory of Law and State (1949), p. 61.

enunciados son a la vez esclarecedores y desconcertantes: se pa­recen más a gruesas exageraciones de algunas verdades sobre el derecho, indebidamente desatendidas, que a definiciones frías. Arrojan una luz que nos hace ver mucho que permanecía ocul­to en el derecho; pero la luz es tan brillante que nos ciega respec­to del resto y seguimos así sin una visión clara del conjunto.

Este interminable debate teorético en los libros, contrasta ex­trañamente con la capacidad de la mayoría de los hombres para citar ejemplos de derecho, con facilidad y confianza, si se les pi­de que lo hagan. Pocos ingleses ignoran que hay normas de dere­cho que prohíben el homicidio, otras que obligan a pagar el im­puesto a los réditos, otras que especifican qué es lo que hay que hacer para otorgar un testamento válido. Virtualmente todos, salvo el niño o el extranjero que se encuentra con la palabra in­glesa “law” por vez primera, podrían multiplicar fácilmente tales ejemplos, y la mayoría de la gente podría hacer algo más. Po­drían describir, por lo menos en esquema, cómo se determina si algo es derecho en Inglaterra; saben que hay expertos a quienes consultar, y tribunales que tienen la última palabra, revestida de autoridad, sobre tales cuestiones. Generalmente se sabe mucho más que esto. La mayoría de la gente educada tiene la idea de que las reglas de derecho de Inglaterra forman algún tipo de sistema, y que en Francia o en los Estados Unidos o en Rusia, y, por cier­to, en casi todas las partes del mundo que son concebidas como un "país” independiente, hay sistemas jurídicos que son, en lí­neas generales, similares en estructura, a pesar de sus importan­tes diferencias. Sin duda que una educación habría fracasado se­riamente si no informara sobre estos hechos, y no pensaríamos que es un signo de gran sutileza si quienes los conocen pueden decimos también cuáles son los puntos importantes de semejan­za entre los diferentes sistemas jurídicos. Podríamos esperar de todo hombre culto que fuera capaz de identificar estas caracterís­ticas destacadas, en una forma esquemática del tipo siguiente. Ellas comprenden (i) reglas que prohíben o hacen obligatorios ciertos tipos de conducta bajo amenaza de aplicar una pena; (ii) reglas que exigen que indemnicemos a qpienes hemos dañado de


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ciertas maneras; (iii) reglas que especifican qué es lo que tene­mos que hacer para otorgar testamentos y celebrar contratos u otros acuerdos que confieren derechos y crean obligaciones; (iv) tribunales que determinan cuáles son las reglas y cuándo han sido transgredidas, y que fijan el castigo a aplicar o la compensa­ción a pagar; (v) una legislatura que hace nuevas reglas y deroga las anteriores.

Si todo esto es de conocimiento común, ¿cómo es que la pregunta “¿qué es derecho?” ha persistido y ha recibido respues­tas tan variadas y extraordinarias? ¿Es porque, además de los ca­sos típicos claros, constituidos por los sistemas jurídicos de los estados modernos, que nadie en su sano juicio dudaría que son sistemas jurídicos, existen también casos dudosos, acerca de cu­ya “calidad jurídica” no sólo vacilan los hombres cultos comunes, sino también los juristas? El derecho primitivo y el derecho in­ternacional son los más importantes de tales casos dudosos, y es patente que muchos entienden que hay razones, aunque por lo común no concluyentes, para considerar que es impropio exten­der el presente uso convencional de la palabra “derecho” a estos casos. Por cierto que la existencia de tales casos cuestionables o discutibles ha dado origen a una controversia prolongada y de al­guna manera estéril, pero es patente que esos casos no pueden explicar las perplejidades sobre la naturaleza general del dere­cho, expresadas por la persistente pregunta “¿qué es derecho?” Que ésta no puede ser la raíz de las dificultades, parece mani­fiesto por dos razones.

Primero, es completamente obvio por qué se vacila en los referidos casos. El derecho internacional carece de legislatura, los estados no pueden ser llevados ante los tribunales internaciona­les sin su previo consentimiento, y no existe un sistema central­mente organizado y efectivo de sanciones. Ciertos tipos de dere­cho primitivo, incluso aquellos a partir de los cuales pueden ha­ber ido evolucionando en forma gradual algunos sistemas jurídi­cos contemporáneos, presentan características similares a las se­ñaladas, y es perfectamente claro para cualquiera que lo que hace que su clasificación se presente como cuestionable es su desvia­


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ción de los casos típicos, en estos aspectos. No hay ningún mis­terio en ello.

En segundo lugar, no es en virtud de una peculiaridad de términos complejos como “derecho” y “sistema jurídico” que es­tamos forzados a aceptar que hay casos típicos claros y casos lí­mites discutibles. Es hoy un hecho familiar (aunque demasiado poco subrayado) que es menester hacer esta distinción respecto de casi todos los términos generales que usamos para clasificar ca­racterísticas de la vida humana y del mundo en que vivimos. A veces la diferencia entre el caso típico claro, o paradigma, del uso de una expresión, y los casos discutibles, es sólo una cuestión de grado. Un hombre con un cráneo reluciente es claramente calvo; otro que tiene una hirsuta melena, claramente no lo es; pero la cuestión de si es calvo un tercer hombre que tiene una mata de cabellos aquí y otra allá podría ser discutida intermina­blemente, si se la considerara importante, o si dependiera de ella alguna decisión práctica.

A veces la desviación respecto del caso típico no es una mera cuestión de grado, sino que surge cuando el caso típico es de he­cho un complejo de elementos normalmente concomitantes pe­ro distintos, alguno o algunos de los cuales pueden faltar en los casos debatibles. ¿Es un bote volador un “buque”? ¿Podemos seguir hablando de “ajedrez” si decidimos jugar sin la reina? Tales cuestiones pueden ser instructivas porque nos obligan a reflexionar, haciéndola explícita, sobre nuestra concepción de la composición del caso típico; pero es obvio que esto, que pue­de ser llamado el aspecto marginal de las cosas, es algo demasiado común para explicar el largo debate sobre el derecho. Además, sólo una parte relativamente pequeña y poco importan­te de las más famosas y controvertidas teorías jurídicas se ocu­pa del problema de si es o no propio usar las expresiones “dere­cho primitivo" o “derecho internacional” para describir los casos a los que ellas convencionalmente se aplican.

Cuando reflexionamos sobre la capacidad general de la gen­te para reconocer y citar ejemplos de normas de derecho, y so­-







bre la cantidad de cosas que generalmente se sabe acerca del ca­so típico de sistema jurídico, podría parecer fácil poner fin a la persistente pregunta “¿qué es derecho?”, señalando simplemen­te una serie de cosas familiares. ¿Por qué no nos limitamos a re­petir la explicación esquemática dé las características salientes de un sistema jurídico nacional que, quizás con excesivo opti­mismo, pusimos, en la pág. 3 en labios de un hombre culto? Po­demos decir simplemente, “Tal es el caso típico de lo que se quie­re decir con ‘derecho’ y ‘sistema jurídico’; no hay que olvidar que además de estos casos típicos encontraremos también estruc­turas en la vida social que, aunque comparten algunas de estas características salientes, no tienen otras de ellas. Estos son casos debatidos respecto de los cuales no puede haber un argumento concluyente en favor o en contra de su clasificación como de­recho”.

Esta manera de tratar el problema sería agradablemente bre­ve. Pero fuera de ése, no presentaría ningún otro aspecto favo­rable. Porque, en primer lugar, resulta claro que quienes se en­cuentran más perplejos ante la pregunta “¿qué es derecho?” no han olvidado, y no necesitan que se les recuerden, los hechos fa­miliares que esta respuesta esquemática les ofrece. La profunda perplejidad que ha mantenido viva la pregunta, no es ignoran­cia u olvido o falta de capacidad para reconocer los fenómenos a los que la palabra “derecho” comúnmente se refiere. Además, si consideramos los términos de nuestra explicación esquemática de un sistema jurídico, es patente que ella no va mucho más allá de afirmar que en el caso típico, normal, van unidas normas ju­rídicas de tipo diverso. Esto es así, porque tanto un tribunal co­mo una legislatura, que aparecen en ese breve esquema como ele­mentos típicos de un sistema jurídico normal o común, son a su vez creaciones del derecho. Sólo cuando hay ciertos tipos de nor­mas jurídicas que acuerdan a los hombres jurisdicción para deci­dir casos y autoridad para dictar reglas se constituye un tribunal o una legislatura.

Esta manera breve de tratar el problema, que se limita a re­cordar las convenciones existentes que rigen el uso de las expre­-


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siones “derecho” y “sistema jurídico”, es, por lo tanto, inútil. Ob­viamente lo mejor es posponer toda respuesta a la pregunta “¿qué es derecho?” hasta que descubramos qué es lo que realmente ha desconcertado a quienes la han hecho o tratado de contestar, aun cuando su familiaridad con el derecho y su capacidad para reco­nocer ejemplos de él sean indiscutibles. ¿Qué más quieren saber y por qué quieren saberlo? Es posible dar algo así como una res­puesta general a esta
pregunta. Porque hay ciertos temas prin­cipales recurrentes que han formado un foco constante de argu­mento y de contra-argumento acerca de la naturaleza del dere­cho, y provocado afirmaciones exageradas y paradójicas sobre el mismo, tales como las que ya hemos citado. La especulación so­bre la naturaleza del derecho tiene una historia larga y compli­cada; sin embargo en visión retrospectiva se advierte que se ha centrado en forma casi continua en unas pocas cuestiones prin­cipales. Estas no fueron elegidas o inventadas gratuitamente para placer de la discusión académica; ellas se refieren a aspectos del derecho que, en todo tiempo y en forma natural, parecen dar origen a equívocos, de modo que la confusión y la consiguiente necesidad de una mayor claridad acerca de ellos puede coexistir, aún en los espíritus de pensadores profundos, con un firme do­minio y conocimiento del derecho.


  1. TRES PROBLEMAS RECURRENTES

Distinguiremos aquí tres de esos principales problemas recu­rrentes, y mostraremos después por qué ellos se presentan juntos bajo la forma de la exigencia de una definición
del derecho o de una respuesta a la pregunta “¿qué es derecho?”, o a preguntas estructuradas más oscuramente, tales como “¿cuál es la natura­leza (o la esencia) del derecho?”.

Dos de estos problemas surgen de la manera siguiente. La característica general más destacada del derecho, en todo tiempo y lugar, es que su existencia significa que ciertos tipos de con­ducta humana no son ya optativos sino obligatorios, en algún sentido. Sin embargo, esta característica aparentemente simple




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no lo es en realidad, porque dentro de la esfera de la conducta no optativa u obligatoria podemos distinguir diversas formas. El sentido primero, y el más simple, en que la conducta no es ya op­tativa, se presenta cuando un hombre se ve forzado a hacer lo que otro le dice, no porque sea compelidó físicamente en el sentido de que se actúa sobre su cuerpo, sino porque el otro lo amenaza con consecuencias desagradables si se rehúsa a hacer lo que éste quie­re. El asaltante ordena a su víctima entregarle el bolso y le ame­naza con disparar si no lo hace; si la víctima cumple, aludimos a la manera en que fue forzada a hacerlo diciendo que se vio obligada
a ello. A algunos les ha parecido claro que esta situa­ción en que una persona da a otra una orden respaldada por amenazas, y, en este sentido de “obligar”, la obliga a cumplir, muestra la esencia del derecho, o, por lo menos, “la clave de la ciencia de la jurisprudencia” 6. Este es el punto de partida del aná­lisis de Austin que tanto ha influido en la teoría jurídica inglesa.

Es por cierto indudable que, a menudo, un sistema jurídico presenta, entre otros, este aspecto. Una ley penal que declara que cierta conducta es delito y especifica la pena para el transgresor, puede asemejarse a la situación del asaltante en escala mayor;, y podemos pensar que la única diferencia es relativamen­te pequeña, a saber, que en el caso de las leyes las órdenes están dirigidas, por lo común, a un grupo que habitualmente las obe­dece. Pero por atractiva que pueda parecer esta reducción de los complejos fenómenos del derecho a este elemento simple, se ha visto, cuando se la examina más de cerca, que constituye una de­formación y una fuente de confusión aun en el caso de una ley penal, en el que un análisis en estos términos simples parece ser más plausible. ¿En qué difieren, pues, el derecho v la obli­gación jurídica de las órdenes respaldadas por sanciones y cómo están relacionados con ellas? Este ha sido, en todo tiempo, un problema cardinal, latente en la pregunta “¿qué es derecho?”.


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