¿A quién mandaré?, ¿Quién irá de nuestra parte?



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¿A quién mandaré?,

¿Quién irá de nuestra parte?

Is.6,8

Hoy finalizan estos días de encuentro personal con el Señor, aquí en la Casa Madre! Te invito a que te sientas cómoda respires profundamente… comiences a recordar todo lo vivido. Haz un balance sincero, de esta nueva experiencia:

Que frutos he obtenido? Que impacto en mi vida y me hará crecer?

El pueblo de Dios, por tanto tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente



y para no cerrarse en sí mismo.”1

La liturgia de hoy nos ayuda en nuestra reflexión, tal vez a realizar una síntesis de lo vivido. Jesús pregunta: ¿Me amas?

En aquel momento Pedro le respondió al Señor: Si, Señor; tu sabes que te quiero.

Jesús llamo a Pedro a Su servicio, este discípulo inseguro, imprudente,… que lo negó. Después de preguntarle tres veces, si lo ama le encomienda una Misión

Tomamos la hoja con diferentes realidades de sufrimientos del mundo y contemplamos.

A cada repuesta de Pedro, Jesús lo envía a la Iglesia a sus hermanos: Fortalecer y servir a sus hermanos

Apacienta mis ovejas…..apacienta mis corderos…” es decir el amor a Jesús se expresa en el cuidado de los hermanos, desde los pequeños (corderos) a los adultos (ovejas).



“…apacienten el rebaño de Dios que les han confiado, [cuidando de él] no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por ambición de dinero, sino generosamente; no como tiranos de los que les han asignado, sino como modelos del rebaño. Así, cuando se revele el Pastor supremo, recibirán la corona eterna de la gloria.” 1Pe5,2-4

Hoy para mí, que es apacentar el rebaño?

Si, Jesús se presenta en estos momentos y me pregunta. Me amas?

¿Qué le responderías…? ¿Cuáles son esas ovejas y esos corderos que encomienda a tu cuidado?

Jesús nos dejó sus huellas, Él nos llamó a continuar su obra…Ven sígueme! Un día con mucho entusiasmo, alegría, amor…dijimos: SI! El tiempo y nuestra historia nos hicieron caminar por caminos inimaginables. Miramos siempre nuestra meta, Jesús!

Así también lo hicieron Juan Eudes y María Eufrasia. Cuanto entusiasmo evangelizador había en sus corazones!

La espiritualidad de Juan Eudes constituye la clave de nuestro espíritu misionero. Nuestro principal deber, como cristianos bautizados, es el de formar a Jesús en nosotros: “la vida cristiana no es otra cosa que la continuación y la actuación de la vida de Jesús…”, “Nuestro deseo, nuestro objetivo y nuestra principal preocupación, debe ser formar a Jesús en nosotros y hacer que en nuestros corazones reine su espíritu, su devoción, sus afectos, sus deseos y sus disposiciones. Toda nuestra vida religiosa debe tender a eso. Tal es la tarea que Dios nos ha confiado para que trabajemos en ella constantemente”2

María Eufrasia, nos motiva constantemente, nos impulsa ir más allá de las fronteras. Hoy ir a la periferia. Al pobre, al marginado…

¡Coraje, pues, mi amadísima hija! ¡Oh Dios mío! ¡Qué santa es nuestra misión: buscar almas para el divino Pastor! permanezcamos unidas para siempre. No me abandone y créame que procederé con entera confianza.3

Las veía en Dios hacer grandes conquistas en la fe. Veo venir a nosotras un gran pueblo de elegidos: Roma, Múnich y Londres, qué misiones! Mi hija querida, cuantas cosas veo!4

Oh, hijas, que Aquel que ha comenzado esta buena Obra, la termine por su misericordia! Que él las sostenga en sus religiosos sentimientos, que aumente siempre su obediencia y su celo. Crezcan Hijas bien amadas,... Oh, si ustedes supieran cuan querida es su misión para el Instituto!5

Reflexionar la Misión desde SJE y SME, es partir de nuestro corazón. Es dejar formar a Jesús en nosotros. Es tener un corazón humano. Es dejar que Dios cambie el corazón de piedra por el corazón de carne. Este corazón humano, sensible solidario, es “Un corazón misionero es un corazón que ha conocido la alegría de la salvación de Cristo y la comparte como consolación frente al límite humano: «Sabe que él mismo tiene que crecer en la comprensión del Evangelio y en el discernimiento de los senderos del Espíritu, y entonces no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino».6

Papa Francisco nos ayuda en la reflexión de hoy. Nos interpela, como humanos, cristianos y Consagrados, a no caer en una Globalización de la indiferencia, hacia el prójimo y hacia Dios.

Mira en lo profundo de tu corazón, mira en lo íntimo de ti mismo, y pregúntate: ¿tienes un corazón que desea algo grande o un corazón adormecido por las cosas? ¿Tu corazón ha conservado la inquietud de la búsqueda o lo has dejado sofocar por las cosas, que acaban por atrofiarlo? Dios te espera, te busca: ¿qué respondes? ¿Te has dado cuenta de esta situación de tu alma? ¿O duermes? ¿Crees que Dios te espera o para ti esta verdad son solamente "palabras"?



Podemos preguntarnos: ¿estoy inquieto por Dios, por anunciarlo, para darlo a conocer? ¿O me dejo fascinar por esa mundanidad espiritual que empuja a hacer todo por amor a uno mismo?7

Para nuestro discernimiento frente a toda reflexión es muy importante la formación. Siguiendo a SME que nos motiva “Estén atentas, queridas hijas. No permitan que se debilite la fe. Instrúyanse, prepárense, evangelícense. No se avergüencen de repasar las verdades primarias de la fe. Lean y relean el Nuevo Testamento.”8

Una fe auténtica implica siempre un profundo deseo de cambiar el mundo. He aquí la pregunta que debemos plantearnos: ¿también nosotros tenemos grandes visiones e impulsos? ¿También nosotros somos audaces? ¿Vuela alto nuestro sueño? ¿Nos devora el celo? (cf. Sal 69, 12) ¿O, en cambio, somos mediocres y nos conformamos con nuestras programaciones apostólicas de laboratorio?



Encontrarnos en este espacio sagrado, es ya tener gestos de apertura al cambio. Por qué participamos con Jesús en la misión de liberarnos para liberar a los que me rodean, al prójimo, “No de modo abstracto, no sólo las palabras, sino el hermano concreto que encontramos, ¡el hermano que tenemos al lado!” a la mujer que sufre la esclavitud de diferentes manera, junto a sus hijos; la mujer que vive en la guerra; en la soledad de un Hogar de anciano; la que debe trabajar para alimentar educar…a sus hijos…..

Es dejar que el espíritu de Jesús termine en nosotras/os religiosas laicos su obra misericordiosa: es decir dejarnos llevar por su energía, caminando al lado de quien se cuestiona y como Felipe, subirnos en el carro de la Iglesia, Es mucho más allá de nuestras dudas, inseguridades…como Pedro.

Es escuchar, comprender la pregunta: Me amas?

  • Hasta arriesgar tu vida, tu tiempo…como Jesús que no tiene miedo de arriesgar para asumir el sufrimiento humano

  • Siento que soy llamada a cambiar: mi mentalidad? actitudes, frente a mi vida?

Así poder responder concretamente a la Misión de la Congregación Hoy?

Es responder en libertad: Tú lo sabes todo! Tu sabes que te amo! Sabes que he dejado todo para seguirte

Estas invitada a elegir un texto para tu reflexión:

Jn. 21, 15-19

Mc. 6, 7-13

Mt 25,31-40


1 Discurso del Papa Francisco en cuaresma - 2015

2 Los Orígenes de Ntra. Sra. de la Caridad P. José María Ory

3 Carta Nº 34. A Hna. María de San Estanislao Bedouet. Año 1833

4 Carta 683. A Hna. María de San Juan de la Cruz David. Año 1840

5 Carta 865. A Hna. María de santa Filomena de Stransky. Año.1843

6 Carta a los Consagrados/as “Alegraos…” 2014

7 Idid

8 Conferencia Nº 2 Los fines de Nuestra Congregacion.


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