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INTRODUCCION
En las épocas de reflujo del movimiento obrero, resulta muy dificultoso entablar la lucha ideológica en los términos pertinentes. Las clases populares se manifiestan indolentes y prietas en torno a la ideología burguesa canalizada por la pendiente del reformismo. Por este motivo, la burguesía arrecia su propaganda anticomunista. Son tiempos en los que la ideología burguesa ejerce su mayor y más negativa influencia entre los trabajadores. Son los momentos en los que la correlación de fuerzas entre los reformistas y los revolucionarios, en el seno de los partidos comunistas, se desliza favorablemente a los reformistas. Son periodos de transición en los que bajo el pesimismo y la impotencia, sectores revolucionarios, los más débiles, caen hecho presas de la confusión en el terreno del oportunismo originando nuevas fórmulas revisionistas
A lo que hay que añadir que “En todos los países capitalistas existen siempre, al lado del proletariado, extensas capas de pequeña burguesía, de pequeños propietarios. El capitalismo ha nacido y sigue naciendo, constantemente, de la pequeña producción. El capitalismo crea de nuevo, infatigablemente, toda una serie de “capas medias”… Estos nuevos pequeños productores se ven nuevamente arrojados, también de modo no menos inevitable, a las filas del proletariado. Es perfectamente natural que la mentalidad pequeño-burguesa irrumpa de nuevo, una y otra vez, en las filas de los grandes partidos obreros. Es perfectamente natural que suceda así, y así sucederá siempre hasta llegar a las grandes peripecias de la revolución proletaria” – Lenin, Marxismo y revisionismo.
Por todas estas razones, también, es la hora en la que la defensa de los principios revolucionarios, obliga a los partidos marxistas-leninistas a encarar el reto sobre la base de desenmascarar el oportunismo en todas sus vertientes.
Hoy, podemos contemplar que numerosos partidos comunistas del mundo, se olvidan con demasiada frecuencia del cumplimiento de los deberes al que obliga pertenecer al marxismo-leninismo y que se pueden resumir en dos: el primero, constituye el problema cardinal de la doctrina marxista; hacer extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. Y el segundo, consiste en la persecución, rodeo y estrangulamiento de toda manifestación reformista, don quiera que surja y se exhiba.
Sin dar curso a la perseverancia y a la intransigencia en ambos compromisos, será imposible liberar a los trabajadores de las influencias de la ideología burguesa, y menos aún educarlos para la revolución socialista.
Una vez más, tomamos en consideración el talante defensivo que preside las conductas de muchos partidos comunistas. Es como si la defensa de los principios revolucionarios solo puede tener lugar en un estadio avanzado de la lucha de clases. Nosotros estimamos todo lo contrario. Haciendo uso del sentido común, que nos indica que la mejor defensa es un buen ataque, que la protección a ultranza de los principios, no admite debilidades ni treguas. Si no tenemos voz, lo haremos por escrito. Si no tenemos pluma, lo haremos con tiza, pero la palabra revolucionaria ha de quedar impresa allá donde se le requiera. Nuevamente, tenemos que decir que hay que pasar a la ofensiva.
Cuando se habla de la Dictadura del Proletariado se suele hacer con fines teóricos, alejados de las tácticas y estrategias de los programas de los Partidos. Las nuevas expresiones, inapropiadas, “democracia directa” o “democracia participativa”, han dado al traste con la noción Dictadura del Proletariado; en cambio, el concepto Democracia Popular prevalece en todos los programas como el paso inmediato a partir de la situación actual. De todas formas, la inconcreción y la abstracción preponderan en los programas.
Con las nuevas terminologías “democracia directa” y “democracia participativa” se pretende suplantar por sinonimia a la dictadura del proletariado. Aquí debemos pararnos un instante y volver a repetir lo que ya el partido en su momento argumentó al respecto. Tanto en el sistema capitalista, como en el régimen socialista se da la democracia directa y participativa, las que varían son las clases que las disfrutan. En el capitalismo es el burgués el que participa directamente de las libertades y derechos de una forma real, en tanto, que en el socialismo, son las clases trabajadoras las que tienen garantizadas las libertades y derechos a través de su participación directa en las tareas de gobierno. Sin embargo, al hacer hincapié en los términos “participativa” y “directa” sin más, se está excluyendo el carácter clasista de la democracia.
La Democracia Popular se presta a la confusión en virtud de que a través de la historia de la lucha de clases ha sufrido variaciones de forma y contenido, de acuerdo con las contradicciones dadas en cada periodo histórico. Refiriéndonos a Europa, algunos partidos comunistas resultan tramposos al abordar el problema, como si no fuese necesario correr riesgos. Pues una democracia popular puede ser indistintamente la dictadura del proletariado, como también una modalidad de democracia que aún no ha rebasado los límites del sistema burgués y tal vez nunca los desborde. Pero dependiendo de las contradicciones dadas y de los fines a perseguir, dimanantes de éstas, uno u otro modelo de democracia popular puede ser un dislate oportunista de derecha o de izquierda si la que se entienda aplicable no corresponde a las condiciones objetivas. Muchos revolucionarios nos hablan de poder, de correlación de fuerzas etc. pero sin concretar, retrotrayéndose al período del Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Se menciona el poder de los trabajadores junto con otras fuerzas, pero en abstracto y no dicen nada sobre sus formas. Tan solo se alude al concepto Dictadura del Proletariado, al final, en el apartado teórico en donde se honora enfáticamente con sabor a añoranza en vez de actualidad.
PREMISAS TEÓRICAS DE LA DICTADURA DEL PROLETARIADO
La teoría dice que el desarrollo de las fuerzas productivas alcanza tal grado y amplitud, que choca con las formas de propiedad de los medios de producción, con las formas, también, de distribuirse las riquezas que la sociedad produce, etc. es decir, con las relaciones de producción. Dicha contradicción solo puede ser solventada con un cambio de sociedad superior, que abra las perspectivas de desarrollo de las fuerzas productivas, en relación directa con las necesidades que plantean las nuevas relaciones de producción. Dicho con el verbo marxista, el desenlace científico deviene con la revolución social.
Pero ¿quiénes, y de qué forma llevarán a cabo la revolución? ¿Con qué armas la garantizará? Como quiera que el Manifiesto Comunista, no responde a estas preguntas de manera concreta, los expertos en revisar las teorías marxistas propagaban que la Dictadura del Proletariado es una idea acientífica posterior, inventada por Marx.
En el Estado y la Revolución, Lenin nos advierte “En 1847, en el Manifiesto Comunista, Marx daba a esta pregunta una respuesta todavía completamente abstracta, o, para ser más exactos, una respuesta que señalaba las tareas, pero no los medios para cumplirlas. Sustituir la máquina del Estado, una vez destruida, por la “organización del proletariado como clase dominante”, por la “conquista de la democracia”: tal era la respuesta del manifiesto Comunista”. Lo que Lenin sugería como pregunta es ¿con qué sustituir la maquinaria estatal burguesa?
También en el Estado y la Revolución, Lenin señala a propósito: “Sin perderse en utopías, Marx esperaba de la experiencia del movimiento de masas la respuesta a la pregunta de qué formas concretas habría de revestir la organización del proletariado como clase dominante”.
Es fácil deducir que lo que estaba en discusión no era el principio de la necesidad que tiene el proletariado de ejercer su dominio sobre la burguesía; lo que estaba sobre la mesa de debate eran las tareas concretas para llevarlo a cabo y las formas concretas que habría de revestir dicho dominio.
Aunque en 1852, Marx reconocía a su amigo Weydemeyer a través de una carta, que su mérito consistía en haber demostrado “que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado” y “que esta misma dictadura no es de por sí mas que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases” es en el 1871 y tras la experiencia de la Comuna de París cuando se dio respuesta a la pregunta que subyace en el Manifiesto. A tenor de dichas experiencias Marx y Engels llegaron a la conclusión científica de que ese “primer intento... por destruir la máquina del Estado burgués” constituía “la forma descubierta, al fin por la revolución proletaria, bajo la cual puede lograrse la emancipación económica del trabajo”.
¿Qué criterios científicos aportó la Comuna de Paris? El aparato del Estado capitalista fue sustituido radicalmente por otro nuevo, cuya misión era liquidar el aparato burocrático-militar sustituyéndolo por el pueblo armado y por funcionarios revocables en cualquier momento. Las bases teóricas de la Dictadura del Proletariado quedaron sentadas y Marx, cinco años después, en su Crítica del Programa de Gotha establecía la formulación adecuada:
“Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media un período de transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”.
De ahí que Lenin afirmara sin ambages que “...quien reconoce solamente la lucha de clases no es aún marxista, puede mantenerse todavía dentro del marco del pensamiento burgués y de la política burguesa. Circunscribir el marxismo a la teoría de la lucha de clases es limitar el marxismo, tergiversarlo, reducirlo a algo que la burguesía puede aceptar. Marxista sólo es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado”.
Entonces, ¿se puede ser marxista-leninista sin propugnar la dictadura del proletariado como primer paso para negar el capitalismo monopolista de Estado? Marx no ofrece oportunidad a las dudas en su formulación post Comuna de Paris: Primer paso, la revolución socialista que lleva implícita la conquista del poder político (dictadura del proletariado) para establecer y garantizar las tareas de las nacionalizaciones y transformaciones (periodo revolucionario).
Ahora bien, con frecuencia, sacando fuera del contexto histórico en el que Lenin se expresa, se maniobra con su siguiente texto: La república democrática, no suprime, ni mucho menos, la dominación del capital, ni por consiguiente la opresión de las masas ni la lucha de clases; lleva inevitablemente a un ensanchamiento, un despliegue, una agudización tal de esta lucha que, tan pronto como surge la posibilidad de satisfacer los intereses vitales de las masas oprimidas, esta posibilidad se realiza inevitable y exclusivamente en la dictadura del proletariado”
Haciendo uso de este pasaje incompleto se dice en “Principios Fundamentales de Filosofía, de Georges Politzer en su edición de 1952: He aquí, además un ejemplo notable de dialéctica: “…uno de esos casos de `transformación de la cantidad en calidad” –la democracia puesta en práctica del modo más completo y consecuente que puede concebirse, se convierte de democracia burguesa en democracia proletaria”.
Pero Lenin, no coincide en su pensamiento con la revisión que de su texto realiza el Politzer, puesto que él se refiere a la “democracia” no como medio para luchar contra la burguesía, sino como consecuencia del derrumbamiento de la burguesía.
“En realidad, este período es inevitablemente un período de lucha de clases de un encarnizamiento sin precedentes, en que ésta reviste formas agudas nunca vistas, y, por consiguiente, el Estado de este período debe ser inevitablemente un Estado democrático de manera nueva (para los proletarios y los desposeídos en general) y dictatorial de manera nueva (contra la burguesía) –Lenin, El Estado y la Revolución.
Se puede objetar que actualmente la composición social de la clase obrera es mucho mas compleja que en tiempos de Marx y de Lenin y que otras clases estarían interesadas en socavar los cimientos del capitalismo monopolista de Estado, en cuyo caso, la Democracia Popular sería un paso a dar previo a la dictadura del proletariado. Lenin nos puede sacar de dudas en Estado y la Revolución:
En la Europa de 1871, el proletariado no formaba la mayoría ni en un solo país del continente. Una revolución "popular", que arrastrase al movimiento verdaderamente a la mayoría, sólo podía serlo aquella que abarcase tanto al proletariado como a los campesinos. Ambas clases formaban en aquel entonces el "pueblo". Ambas clases están unidas por el hecho de que la "máquina burocrático-militar del Estado" las oprime, las esclaviza, las explota. Destruir, romper esta máquina: tal es el verdadero interés del "pueblo", de su mayoría, de los obreros y de la mayoría de los campesinos, tal es la "condición previa" para una alianza libre de los campesinos pobres con los proletarios, sin cuya alianza la democracia será precaria, y la transformación socialista, imposible.
Hacia esta alianza precisamente se abría camino, como es sabido, la Comuna de París, si bien no alcanzó su objetivo por una serie de causas de carácter interno y externo.
Consiguientemente, al hablar de una "revolución verdaderamente popular", Marx, sin olvidar para nada las características de la pequeña burguesía (de las cuales habló mucho y con frecuencia), tenía en cuenta con la mayor precisión la correlación efectiva de clases en la mayoría de los Estados continentales de Europa, en 1871. Y, de otra parte, constataba que la "destrucción" de la máquina estatal responde a los intereses de los obreros y campesinos, los une, plantea ante ellos la tarea común de suprimir al "parásito" y sustituirlo por algo nuevo.

PRIMERA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA Y POPULAR


De lo que llevamos expuesto podría deducirse que el concepto Democracia Popular es nuevo y además contradictorio con los principios marxistas-leninistas. Pero no es así, tanto Marx y Engels como Lenin, precisan que para que se den las premisas que fuercen el tránsito de una sociedad a otra, el modo de producción caduco ha debido llegar a su plena madurez, para ello ha de haberse desprendido previamente de toda reminiscencia del sistema de producción anterior. Mientras las clases en el poder no hayan cumplimentado sus tareas revolucionarias no pueden surgir las condiciones materiales para la revolución y es prácticamente imposible que la clase llamada a regir los destinos de los combates haya podido adquirir la conciencia de clase que determina la condición subjetiva para que se de la revolución.
Tomemos por ejemplo la revolución rusa de 1905-1907. El capitalismo ruso había alcanzado un desarrollo medio y se encontraba en los umbrales de la fase imperialista. Sin embargo, los capitalistas no habían llevado a cabo su revolución democrática que finiquitase el régimen feudal. En Rusia gobernaba una monarquía absoluta que representaba la dictadura de la clase terrateniente. En los campos se castigaban físicamente al siervo. El pueblo estaba privado de todos los derechos y libertades políticas más elementales.
Estaba claro que la burguesía no había culminado sus tareas revolucionarias. Es tal la razón que explica que la revolución de 1905-1907 fue burguesa: las transformaciones que se proponía llevar a efecto (derribar la autocracia, instituir la república democrática, acabar con los privilegios estamentales, abolir la propiedad agraria terrateniente) no implicaban la destrucción de la sociedad burguesa, sino la feudal.
No obstante, esa revolución se distinguía esencialmente de las revoluciones burguesas que se habían sucedido en Europa en los siglos XVII y XVIII. En estas fue la burguesía la que protagonizó y dirigió las luchas. Mientras que en la revolución rusa, por primera vez en la historia, el proletariado se constituye en el director de la revolución. En ella tomaron parte también el campesinado pobre y otras capas de las amplias masas populares. Puede decirse que no fue solo una revolución burguesa, sino también democrática, popular, la primera revolución popular de la época del imperialismo, aunque resultó fallida, por tal motivo el Partido de Lenin no pudo continuar hacia el socialismo.
Es obvio que desde Marx hasta Lenin, una vez que la burguesía haya abordado y culminado las transformaciones sociales que le pertenece, una revolución popular, cualesquiera que sean las clases que intervengan, según la sociedad dada, ha de tener la forma y el carácter de la dictadura del proletariado para destruir la maquina estatal burguesa. Recordemos las palabras del Lenin mas arriba expuestas: … el Estado de este período debe ser inevitablemente un Estado democrático de manera nueva (para los proletarios y los desposeídos en general) y dictatorial de manera nueva (contra la burguesía) En Febrero de 1917 la burguesía rusa pone fin a su proceso democrático y en abril tiene lugar por parte de Lenin la elaboración y presentación de sus famosas “Tesis de Abril” en la que propugna el asalto al poder del proletariado para instaurar su dictadura.
A decir del revisionismo moderno y al juzgar las consecuencias de numerosos programas de Partidos Comunistas, amparándose en el proceso histórico que rodea a la II Guerra Mundial con las sucesivas revoluciones que parecen confirmarlo, sería forzoso acometer ambas etapas, dada la diversidad de clases interesadas en la destrucción de los monopolios. De ningún modo, hay que quemar las dos etapas de manera obligatoria. Cada una dimana de la contradicción fundamental que se dilucida en la ebullición de la lucha de clases y del objetivo histórico a cubrir.

LA III INTERNACIONAL


Pero ¿Cómo se trata el problema a raíz de la III Internacional, ante la nueva situación que crea la llegada del fascismo en Alemania y otros países y su amenaza de extenderse por toda Europa, con el peligro de una gran guerra?.
La ejecutiva del Komintern, entrañándose en el discurso del III Congreso de Diciembre de 1921, diseñó la táctica del frente único por el que se invitaba a los partidos comunistas a dirigirse a las direcciones de los partidos y sindicatos reformistas con el propósito de concluir en la unidad de acción por las reivindicaciones cotidianas del proletariado. El frente único de los trabajadores estaba llamado a desempeñar un papel histórico hasta después de la II Guerra Mundial. Su consecución en los países de Europa estuvo marcada por las peculiaridades sociales y políticas de cada nación. Pero el Frente Único de Trabajadores adquiere sentido durante el período de lucha contra el fascismo triunfante, en el que se convierte en sendos frentes populares, organizaciones concluyentes de las democracias populares en la Europa del Este y Asia. En España tuvo primordial repercusión el VII Congreso de la III Internacional.
¿En que consistía el Frente Único para la III Internacional? El 23 de Agosto de 1.923 J. Dimitrov alertaba al pueblo búlgaro “Es de vital para las masas trabajadoras y para la intelectualidad laboriosa, como también para sus partidos políticos y organizaciones económicas, conservar hoy, mediante esfuerzos conjuntos, sus libertades, sus derechos, su honor y su vida, aplastando desde el comienzo mismo a la reacción burguesa que levanta la cabeza y a su expresión mas típica: el fascismo.
El V Congreso de la Internacional Comunista insistió en el problema del frente único, comprobando que casi todos los llamamientos efectuados por los partidos comunistas al respecto, chocaban con la oposición de los partidos reformistas, que sin embargo, estaban en trance de estrechar su colaboración con la burguesía, escorándose cada vez más hacia la derecha. Por este motivo, el congreso condenó toda interpretación del Gobierno obrero como una simple coalición con la socialdemocracia, pero a su vez, en determinadas resoluciones del Congreso se reflejaron errores tácticos como el de concebir el Gobierno obrero como la consigna de instauración de la dictadura del proletariado, que no correspondía a las contradicciones planteadas.

De esta forma se desarrolla posteriormente el VI y sobre todo el VII Congreso de la Internacional Comunista, que subrayan que ante la clase obrera no se presentaba de inmediato la disyuntiva entre dictadura del proletariado y la democracia burguesa, sino entre democracia y fascismo. Desde esta perspectiva se hizo obligatorio dirigir a la clase obrera contra el fascismo que venía a abolir todos los derechos del proletariado y demás trabajadores. Además, los Estados fascistas representaban una amenaza inminente de una nueva guerra mundial. La tarea que impuso el congreso era la de impedir el ascenso del fascismo al poder y en aquellas naciones donde el fascismo gobernaba luchar por todos los medios para derrocarlo. Es decir, la lucha por el socialismo era apartada de momento como objetivo inmediato y sustituida por la lucha contra los restos del feudalismo, contra el fascismo y la guerra, que constituían la contradicción fundamental del momento histórico que se vivía.



El VII Congreso pasó de la consigna del Frente Único de trabajadores (todavía indispensable para conseguir la dirección de la clase obrera en las luchas) por la creación del frente único popular. El Movimiento Comunista se apoyó en la concepción de Lenin del frente único propugnada y elaborada por el III y IV congresos del komintern en los años 20. Los cambios operados en la situación internacional durante los años 30 empujaron al movimiento comunista internacional a profundizar en esta concepción. El problema principal continuaba siendo la superación de la división de los trabajadores para ahondar y ampliar el frente antifascista que además de los obreros, incluía a campesinos, intelectuales y las capas medias urbanas y demás fuerzas con el fin de crear el frente popular antifascista.
Las resoluciones del VII Congreso dieron lugar en nuestro país al Frente Popular que se alzó victorioso en las elecciones de Febrero del 1.936. Fue en España donde por primera vez se instauró un régimen de Democracia Popular, que perseguía erradicar todo vestigio de la España semifeudal, es decir, sería una democracia sin terrateniente, sin oligarquías financieras e industriales en los que se podía sustentar el fascismo y sin Ejército de casta y en la que el pueblo tenía las armas. Dicho frente se llevó a la práctica al calor de la existencia de la Unión Soviética y suponía en palabras de Azaña batirse “por la independencia de España y por la libertad de los españoles y por nuestra patria” En modo alguno se podía hablar de la dictadura del proletariado, aunque éste constituyera su fuerza rectora. El objetivo era frenar el fascismo y la posibilidad de una gran guerra.
Las grandes burguesías de Europa abrieron sus puertas al fascismo durante la II Guerra Mundial. Una verdadera traición nacional que es repelida, también, por sectores burgueses (pequeña y mediana burguesía). Por su contenido, pues, las democracias populares fueron primeramente antiimperialista, antifeudales, democráticas, que en el cumplimiento de sus tareas de carácter liberador y democrático general se transformaron en revoluciones socialistas. Así pues, las Repúblicas Democráticas Populares pasaron por dos etapas. La primera comprende desde el otoño del 1944 hasta 1947-48, periodo en que se lleva a cabo las medidas antiimperialistas, antifeudales, nacionales y democráticas. Acabando con el dominio fascista y de sus agentes locales. Se juzgaron a los traidores y se les confiscaron sus propiedades, se implantaron las reformas agrarias y se aniquilaron todo vestigio feudalista.
La burguesía nacional que había apoyado a la clase obrera perseguía sus propios fines. Con la ayuda de los monopolios estadounidense pretendía dirigir el curso de los acontecimientos por la vía democrático burguesa. Por consecuencia lógica y para neutralizar la acción de la burguesía, en esta segunda etapa se fortalece la alianza obrero campesina y procede a la nacionalización de los medios de producción, es decir, se avanzó por el camino de la transformación de la revolución democrática en socialista.
El proletariado aprovechó consecuentemente la existencia de la URSS, así como el debilitamiento de la gran burguesía tras la derrota de la II Guerra mundial para transformar un proceso democrático en la dictadura del proletariado, muy distinto al soviético, de ahí que las democracias populares se convierten en variantes de la dictadura del proletariado, pero adoleciendo de debilidades ostensibles, dado el escaso desarrollo de las fuerzas productivas.
Es necesario extraer conclusiones certeras del proceso descrito para no caer en errores. En un principio la democracia popular no sustituye a la dictadura del proletariado, después se convierte en ésta. El sistema democrático popular acontece de condiciones muy especiales; la IIª Guerra Mundial. Como vemos, la Internacional Comunista, ante el impetuoso avance del capitalismo en la forma de fascismo, abogaba por Frentes Únicos de Trabajadores. El fascismo no solo era anticomunista, también antipopular y ofrecía la oportunidad de conjugar amplias fuerzas del proletariado, de todos los trabajadores y demás capas y clases afectadas. La presencia a corta distancia de la URSS después de salir victoriosa de la II Guerra Mundial, hizo posible que las democracias populares cumpliesen su misión de pasar del capitalismo al socialismo sin apenas interferencia de la burguesía. Las burguesías de Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria, Rumania y Polonia, después de la derrota en la guerra, escaseaban de fuerzas para enfrentarse abiertamente al proletariado.
Debido a estas circunstancias (relativo pacifismo), se liquidaron las bases económicas de estos países en los que el capital asentaba su poder, no obstante, pese a las expropiaciones, las burguesías conservaron a gran nivel sus cuadros y su papel político activo. En algunos casos como en el de Hungría no se destruyó inmediatamente el aparato estatal burgués, salvo la policía y el ejército, el resto de las instituciones burguesas se fueron transformando paulatinamente. De esta forma, y durante un tiempo bastante largo, la burguesía pudo conservar gran parte de su influencia en la administración estatal y en las decisiones referentes a la economía y a la cultura. El hecho de que se sustentara la “dictadura del proletariado” en forma de democracia popular sin ser abatida, se debe como anteriormente se expone a la presencia de la URSS. Los hechos del 1956, se explican por sí solo, pues después de once años de instaurarse el poder popular la burguesía pudo organizar sus filas y actuar.
Las Democracias Populares han presentado en todo momento fisuras y debilidades, pues de una u otra forma se daban situaciones similares a las de Hungría. En China incluso, la burguesía nacional conservaba bastante poder e influencia no solo política sino también ideológica. Mao, en sus famosas contradicciones, decía que la burguesía nacional no representaba una contradicción en el seno del pueblo que impidiera la construcción del socialismo. Mao incluía en su noción de pueblo a la burguesía nacional.
Recordemos que las democracias populares de España, Chile y Nicaragua, sucumbieron por no proceder, desde el primer instante, y por diversas causas a la aniquilación del estado burgués.
De todo ello tendremos que extraer determinadas conclusiones:


  • La democracia Popular de los años 40 surgen en condiciones muy específicas.

  • La democracia Popular viene a cumplimentar las tareas democráticas no acabadas por la democracia burguesa, como la eliminación de todo vestigio feudal y constituye un freno al fascismo en avance

  • La democracia popular en su avance hacia el socialismo erró al no liquidar inmediatamente el estado burgués

CONTRADICCIÓN FUNDAMENTAL CONTEMPORÁNEA EN EUROPA


Anclados en el pasado, sin tener en cuenta los cambios operados en Europa, algunas fuerzas revolucionarias, conciben la democracia popular como una etapa prólogo a la dictadura del proletariado (creemos, pues no aparece claramente). Nosotros entendemos que se trata de un error, debido a la confusión reinante que permite la penetración de las ideas pequeño burguesas en el interior de los partidos. Como consecuencia de ello, no se ha procedido al examen consecuente de las condiciones contemporáneas. Y es también el reflejo del bajísimo grado de conciencia de clase que aún luce el proletariado.

En la actualidad, cuando los países europeos han cumplimentados sus tareas democráticos burguesas, cuando han sido erradicados, hace tiempo ya, todos los vestigios feudalistas, la democracia popular adquiere un significado distinto. Debe contemplarse como equivalente de dictadura del proletariado de nuevo corte, diferente a las anteriores democracias populares. La contradicción fundamental es ahora; democracia burguesa o socialismo. Hay que reseñar que en nuestro país, se dan datos aparentemente visibles de no haberse terminado el proceso democrático burgués, cuales son, la privación del derecho de los pueblos que configuran el estado a la autodeterminación de su destino, y la existencia de la clase terrateniente.

El derecho a la autodeterminación es perfectamente compatible con la dictadura revolucionaria del proletariado y por otro lado, la clase terrateniente, se ha transformado en “burguesía-terrateniente” estrechamente ligada a los monopolios y al capital financiero español. La Reforma Agraria que necesita nuestro país no puede ser solo antilatifundista, sino además antimonopolista, pues las relaciones de producción son burguesas y no feudales.
Muchas veces se acoge al contenido antiimperialista del proceso de lucha moderno, para postular la democracia popular previa a la dictadura del proletariado. En realidad, toda lucha, sea de liberación nacional, antifeudal o socialista son tácitamente antiimperialistas.
Así pues, el modelo de sociedad de democracia popular por el que aboga el PCOE tendrá inexcusablemente sus propias particularidades, su especificidad, derivadas de las circunstancias del momento presente, del desarrollo económico alcanzado por el país, de la correlación de fuerzas políticas conformadas y de la situación internacional en que estemos enmarcados, pero evidentemente constituirá todo un proceso revolucionario ininterrumpido hacia el socialismo.
¿Cuáles son las características esenciales de la democracia popular que propugna el PCOE?


  • la dirección revolucionaria de la clase obrera y campesina a las que se unirá las demás capas populares, con carácter dictatorial y represivo contra la gran burguesía.

  • Antiimperialista, contra la Europa de las multinacionales y de los monopolios y contra los EE.UU.

  • Respetará el derecho a la autodeterminación de los pueblos que configuran el estado.

  • Se dotará de organizaciones populares que propicie la democracia obrera y popular, entre otros argumentos cabe esgrimir que ya la propia burguesía española al incluirse en el imperialismo europeo ha inutilizado las instituciones democrático-burguesas sometiéndola y supeditándola a las instituciones continental y mundial.

  • Debido al alto desarrollo de las fuerzas productivas procederá al cambio de las estructuras económicas, para limitar y aniquilar el poder de los monopolios y de las multinacionales.

  • En consonancia con lo anterior es imprescindible la destrucción del estado burgués y su sustitución por el Estado de la clase obrera y sus aliados

  • La República Democrática y Popular no puede circunscribirse al derrocamiento de la monarquía y a las transformaciones económicas olvidando el papel que desempeña el Estado burgués y sus instituciones.

  • La Republica Democrática y Popular es una forma de dictadura del proletariado.

POR EL FRENTE UNICO DE TRABAJADORES


El pasado 6 de Diciembre tuvo lugar en Madrid la última manifestación por la República. Cada vez que se celebra un evento de esta categoría acude mayor número de personas, lo cual evidencia un buen trabajo de las organizaciones convocantes. Este es un dato bastante alentador, pero para librar las batallas por la República Democrática y Popular, previamente hay que solventar el problema cardinal del momento actual, la división del movimiento obrero. Y es aquí donde deben incidir y coincidir la izquierda revolucionaria, en primer lugar, sin desdeñar las demás actividades, como la clásica ya manifestación.
Sin lograr la unidad de la clase obrera (Frente Único de Trabajadores), la clase llamada a dirigir el proceso revolucionario, no es posible emprender ningún camino con garantía de éxitos. ¿Qué habrá que hacer? ¿Entablar la lucha en los sindicatos contra las direcciones reformistas, o cortar de raíz el control que mantienen las centrales y que les da autoridad ante los trabajadores?
Es el eterno problema sin resolver. Infinidad de siglas, demasiadas ya, nacidas al calor de la necesidad de contribuir a la unidad de los trabajadores, no han resultado efectivas, por el contrario, su presencia en el ámbito laboral dentro y fuera de los sindicatos, ofrece un espectáculo lamentable, de dispersión y de disputas competitivas. Los encuentros sindicales estatales, son un claro ejemplo de ello.
En tanto, las únicas organizaciones capaces de movilizar a las amplias masas, con facultades para convocar huelgas generales continúan siendo CC.OO. y UGT. Últimamente y dado el desarrollo que ha tomado hay que citar, tal vez, la CGT, sin que por ello, aún sea capaz de ensombrecer a las “grandes” centrales.
Resulta paradójico que tras las desventuras, errores y traiciones protagonizadas por CC.OO y UGT, ambas centrales todavía dominen el movimiento sindical.
A los partidos comunistas se nos presenta el problema en los siguientes términos. Dada la proliferación de sindicatos y organizaciones alternativas, las respectivas militancias son heterogéneas, hablando en términos sindicales. Y la conclusión generalizada a la que se llega, es la de adoptar la táctica de sugerir a los militantes que perseveren en los sindicatos donde están encuadrados, rigiéndose por el principio de la unidad de los trabajadores.
La primera parte de la táctica es aceptable, hasta cierto punto. Hasta que el grado de la lucha de clases disipe toda la confusión reinante y coloque a cada cual en su sitio. Si bien esta es una consigna extraña por imprecisa.
La segunda parte, al ser la consecuencia de la primera es inconclusa y además difusa, lo que pone de relieve nuestra ignorancia acerca del arma a emplear y de forma o formas para llegar a la unidad de los trabajadores. La cuestión fundamental, naturalmente, queda sin solucionar.
Es obvio, que el objetivo primario que hay que proponerse es que en los militantes comunistas prenda el pensamiento de que la militancia en un sindicato es circunstancial. La meta es, sin atenuantes que nos descentre, la unidad de la clase obrera, sin olvidar jamás que detrás de las centrales desclasadas existen trabajadores, en este caso, la mayoría de los trabajadores a los que hay que captar inexcusablemente.
Sin advertir estas circunstancias, ninguna táctica, idea o alternativa será consecuente, ni esperanza éxitos.
Los hay quienes esperan en vano que los trabajadores se autoorganicen en formas y principios diferentes a las centrales sindicales, sin reparar que estas organizaciones existen a un nivel amplio. Son entes independientes de los sindicatos, pero que estos hábilmente controlan y distorsionan, hasta hacerlos pasar desapercibidos. Nos referimos a los Comités de Empresas y a las Asambleas de Trabajadores.
La influencia, que tanto CC.OO. y UGT ejercen sobre los trabajadores es diez o quince veces superior al volumen de sus afiliados y contradictoria con el descenso de sus miembros. Pero esta influencia solo es posible, por su dominio sobre los Comités de Empresas, verdaderos órganos unitarios y más cerca de los trabajadores, que estos respetan.
De no existir los Comités de Empresas las consignas de huelga general, por ejemplo, estarían condenadas al fracaso. No es factible la ligazón directa entre sindicatos-masas, si no es a través de los Comités de Empresas.
Ni siquiera las secciones sindicales, prácticamente inexistentes, y que fueron creadas para ser el nexo de unión sindicato-masa, ejercen por las razones expuestas influencia alguna sobre los trabajadores. En no pocos casos, los comités actúan con total autonomía debido a la indiferencia de las centrales o al repudio de los trabajadores a éstas.
Es cierto y no nos podemos engañar, que los Comités de Empresas discurren por la senda del reformismo. Sus miembros afiliados a CC.OO y a UGT carecen en muchos casos de la mas mínima formación sindical y política y son ellos los que recurren a sus sindicatos en busca de amparo y directrices, y lo que reciben como respuestas son consignas desmovilizadoras por parte de los funcionarios aburguesados.
El movimiento comunista internacional está lleno de experiencias de este tipo, pero una por su semejanza sobre sale de las demás, se trata de cómo el Partido Comunista Checo logró constituir el frente único de trabajadores, después de ser rechazado por las direcciones de los partidos reformistas: Desde el otoño de 1923, los comunistas dedicaron gran atención a la organización del movimiento de los comités y consejos de empresas, logrando sustraer estos órganos obreros de la política de conciliación de clase a la que había sido conducido por los reformistas. Los comunistas organizaron una serie de asambleas locales y regionales de comités y consejos de empresa. Este movimiento culminó en el otoño de 1924 cuando se reunió el I Congreso nacional de los Comités y Consejos de Empresa.
Ninguna experiencia es transportable en su totalidad, pero puede darnos referencias de hacia donde debemos dirigirnos para solucionar el problema en cuestión.

EL PCOE ANTE EL LLAMADO PROCESO DE UNIDAD DE ACCIÓN


Las manifestaciones a favor de la III Republica, constituye para sectores de la izquierda española, la táctica para cuajar la unidad de acción. Para el PCOE, como antes indicábamos tiene otras connotaciones. Preferiríamos que las manifestaciones formaran parte de las luchas que han de sobrevenir tras acuerdos serios y concretados. Como quiera que estos no son fáciles de alcanzar, nos mostramos abiertos a cualquier otra eventualidad, que contengan medidas unitarias. Sin embargo, el documento matriz que signan los convocantes de las manifestaciones contiene elementos de juicio, que nos separan y no son matices sin importancia, sino principios de envergaduras.


Para el PCOE la Republica Democrática y Popular solo puede llegar después de un proceso de luchas en el que se irán definiendo las formas de ese sistema. No creemos que los puntos incluidos en el documento salido de la Asamblea Republicana del 14 de febrero sean alcanzables a través de procesos electorales o de manifestaciones.
Vivimos en un país encuadrado en el imperialismo, que ejerce imperialismo, en el que los imperialismos se juegan mucho estratégicamente y económicamente, como para hacerse ilusiones de una transición pacífica. Por consiguiente, el PCOE, siempre elegirá el camino menos costoso, pero sabiendo con qué enemigo se las juega, y además sin ocultar su naturaleza a los trabajadores.
Nos parece desacertado y rayano en el reformismo, que después de tremendas batallas contra el estado actual, representado en la monarquía, el pueblo acceda al poder y convoque un referéndum para decidir la forma de estado, si Monarquía o República, dándole opción al enemigo abatido a rehacerse y tomar de nuevo las riendas:
5.- Derogación de la Constitución de 1978. Convocar un referéndum para que el pueblo decida la forma de Estado que desea, si Monarquía o República, y a partir de éste, elección de un Parlamento con carácter constituyente que garantice la laicidad del Estado, la democracia directa, el derecho a la autodeterminación, el control social y la nacionalización de los sectores económicos estratégicos, la reforma agraria, el control social efectivo de los medios de comunicación, impidiendo su concentración en manos privadas”.
Firman: Ciutadans per la República (Catalunya), Colectivos de Jóvenes Comunistas, Corriente Roja• Colectivo Comunista 27 de Septiembre (Castilla y León), Coordinadora de Inmigrantes del País Valenciano, Esquerra Valenciana, Organización Comunista Octubre, Organització Comunista del País Valencià, Partido Comunista de los Pueblos de España, Partido Revolucionario de los Trabajadores, Izquierda Revolucionaria, Plataforma de Ciudadanos por la República de Madrid, Móstoles, País Valencià, Elche, Alicante, Valencia, Castilla y León, Arévalo, Campo de Gibraltar, Almería, Cartagena, Galicia., Unidad Cívica por la República, Unión de Juventudes Comunistas Y republicanos de Extremadura, País Vasco, Aragón, Andalucía, Madrid y Castilla-La Mancha.
¿Cuál es la diferencia entre esta posición y la del reformismo? ¿Cuestión de tiempo? ¿Formas de luchas? En ambos casos no se precisan el carácter del estado y se barajan métodos que la historia ha evidenciado como infructuosos y favorables a la reacción. El PCOE no puede suscribir un documento de tal índole; aunque acuda a las manifestaciones con sus pancartas y sus octavillas reivindicando posiciones revolucionarias, que son las que consideramos que corresponden.
¿Puede someterse la Democracia Popular a referéndum? Porque se está hablando del Estado. Pero si de lo que se trata es de reformar el aparato del Estado, o de mantenerlo intacto, considerándolo servible para la Democracia Popular, entonces, hablamos ya de un reformismo puro y duro, sin más, que ha olvidado sus denuncias de la no ruptura con el régimen anterior. Reformismo, naturalmente, al que hay que combatir. Hablamos de eternizar el capitalismo con nuevas formas, hablamos de confusión, hablamos de trampa.
ALGUNAS CUESTIONES SOBRE LA DICTADURA DEL PROLETARIADO

Finalmente, hay que destacar que a priori resulta prácticamente imposible determinar el tipo de Dictadura del proletariado que devendrá de la lucha de clases en nuestro país, es fundamental, la correlación de fuerzas existentes en cada momento. Lenin apuntaba que la transición del capitalismo al socialismo proporcionará una gran diversidad de formas políticas, pero la esencia de todas ellas será, necesariamente, una: la dictadura del proletariado. Entendemos que en las actuales circunstancias la democracia popular es lo que mejor caracteriza la conformación de clases de la sociedad española, pero sabemos que en el transcurso de las luchas se operan cambios sustanciales de posiciones, a la par que la clase obrera genera formas específicas de organizaciones populares que se enfrentará a las instituciones burguesas.


De cualquier forma, será un tipo u otro de Dictadura del proletariado y no tenemos por qué ocultar la terminología, que por su carácter científico es la que mejor se corresponde con la nueva sociedad. En su polémica con Kautsky, Lenin subrayaba que era totalmente ridículo hacer hincapié en el término “dictadura” que lo que procedía era explicar a las masas el verdadero contenido de la dictadura del proletariado. Son varias las veces que Lenin tiene que refutar dentro y fuera del partido que el termino “dictadura” asuste a los obreros, que son los que la soportan actualmente, a quien asusta realmente es a la burguesía, se trata de sacar al obrero de las influencias de la burguesía, como en tantas otra cuestiones.
Cuando hablamos del sistema burgués, podemos estar haciendo referencia según el país, a la Republica Democrática, a la Monarquía Democrática o autocrática, al fascismo, etc. pero en todos los casos es obvio que constituyen formas o variantes que adopta la dictadura de la burguesía.
Del mismo modo, cuando hacemos alusión a la Republica Soviética, a la Democracia Popular y cualquier otra forma de revolución socialista que en el futuro tenga lugar, estaremos hablando de la dictadura del proletariado, pero no todas las democracias populares son forzosamente dictaduras del proletariado.
Para concluir nada mejor que las palabras de Lenin: “…la dictadura del proletariado no es sólo una cosa totalmente legal, como medio para desbancar a los explotadores y aplastar su resistencia, sino totalmente imprescindible para toda la masa trabajadora, como la única defensa contra la dictadura de la burguesía que ha llevado a la guerra y prepara nuevas guerras.
Lo principal, que no comprenden los socialistas y que constituye su miopía y su traición política al proletariado, consiste en que en la sociedad capitalista, al surgir una tensión –aunque sea relativamente seria- de la lucha de clases que ésta engendra, no puede existir algo intermedio: solo existe la dictadura de la burguesía o la dictadura del proletariado. Toda ilusión respecto a una supuesta tercera posibilidad no es más que lamentación reaccionaria de pequeño burgués. Esto ha sido puesto en evidencia por la experiencia secular del desarrollo de la democracia burguesa y del movimiento obrero en todos los países avanzados, y, sobre todo, por la experiencia del último lustro. Esto es evocado igualmente por la ciencia de la economía política, por todo el contenido del marxismo, que muestran la inevitabilidad económica de la dictadura de la burguesía en toda situación mercantil, dictadura que sólo puede ser reemplazada por la de la clase que se desarrolla, se multiplica, se une, se consolida por el propio desarrollo del capitalismo, es decir, la clase proletaria. –Lenin Obras Escogidas en tres tomos Moscú 1974. Tomo III Págs. 89-90.


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