6. variedades socioculturales y los registros idiomáticos: clases y principales rasgos. Las variedades socioculturales



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6. VARIEDADES SOCIOCULTURALES Y LOS REGISTROS IDIOMÁTICOS: CLASES Y PRINCIPALES RASGOS.
1. Las variedades socioculturales.

El carácter social de la lengua se fundamenta en el hecho de que es compartida por los individuos de una comunidad. La sociedad se halla organizada en clases que se distribuyen a modo de estratos. Dado que no existen fronteras claras en las formas de hablar de las distintas clases sociales, las modalidades lingüísticas parecen corresponder más bien a diferencias socioculturales: es el grado de instrucción o de cultura de un hablante el factor determinante de su variedad de lengua, y no el económico o la clase social. Otros factores extralingüísticos, además, configuran estas variedades: según el hábitat (lengua rural/urbana), según la edad (pertenencia a determinados grupos generacionales), según los diversos oficios o actividades. Se distinguen las siguientes variedades sociales o niveles de lengua (variedades diastráticas):


Nivel culto. Propio de las personas instruidas, de gran nivel cultural, modelo de corrección. Características:

  1. Concreción. Afecta a todos los niveles: al fónico -una pronunciación que evita todo vulgarismo-; al gramatical -uso riguroso de construcciones sintácticas y nexos adecuados-; al léxico -rechazo de vulgarismos y barbarismos-.

  2. Riqueza léxica. El hablante dispone de un léxico rico y preciso.

  3. Capacidad de abstracción. Es capaz de expresar con mayor profundidad los conceptos abstractos.

  4. Tradición literaria. Recoge el peso de la tradición literaria y comparte su belleza formal. Apropiada para todo tipo de actividades intelectuales.


Nivel popular. Se sitúa en el nivel medio de competencia lingüística y se usa en el ámbito de la vida cotidiana. Entre sus peculiaridades señalamos:

  1. La subjetividad del hablante: uso frecuentes de interjecciones y exclamaciones, expresiones irónicas, interpelaciones al oyente, etc. ¡Eso te lo digo yo!

  2. Economía en el uso de medios lingüísticos: oraciones inacabadas o suspendidas, oraciones sincopadas, falta de precisión léxica, frases cortas y muy expresivas, deícticos, muletillas, frases hechas, etc. ¡Bueno, pues… como te decía!

  3. Continuas apelaciones al oyente: ¡Ya me dirás! ¡Tú tienes la última palabra!

  4. Uso del llamada lenguaje proverbial o refranes: En boca cerrada no entran moscas.


Nivel vulgar. Es utilizado por las capas más modestas y peor escolarizadas de la sociedad. Es un sistema pobre, con una gramática sencilla y léxico reducido. Se caracteriza por la alteración constante de la norma, el uso de vulgarismo y errores lingüísticos debidos a la ignorancia del hablante. Los vulgarismos se producen en todos los niveles de la lengua:

  1. Vulgarismos fonéticos: simplificación consonántica (dotor, istancia); relajación consonántica (colorá, toavía, esperdiciar); cambio en el orden de consonantes (Grabiel, cocreta); alteración l/r (arquiler, sordao), eliminación de fonemas al principio de una palaabara (amos); pérdida de fonemas finales (na, to, pa); reducción de diptongos (pos, mu); adición de fonemas al principio o final de una palabra (arrascar, asín).

  2. Vulgarismos morfológicos: uso incorrecto de formas verbales (haiga, hicistes, andé); leísmo, laísmo, loísmo; anteposición de artículo a los nombres propios (la Juani, el Rubén); alteración del orden de los pronombres (me se ha caído); quísmo y dequeísmo (pienso de que, me acuerdo que).

  3. Vulgarismos léxicos: confusión en el significado de términos vecinos fonéticamente (infestar por infectar); frases hechas (uno es así, como yo digo); palabras malsonantes; abuso de muletillas; abundancia de palabras comodín, etc.

Nivel estándar. Esta variedad se sitúa en un nivel medio pero formal de la lengua. Adopta las exigencias normativas del idioma, aunque es menos rígida y meticulosa que la variedad culta. Respeta la norma léxica y gramatical que supone el uso correcto del idioma. Se adapta a los cambios introducidos por modas o préstamos de otras lenguas. Se difunde a través de los medios de comunicación y, también en la enseñanza.
Los lenguajes específicos. Llamamos lenguajes específicos, jergas o argots a las lenguas características de grupos, que dependen de factores como su nivel social, su profesión o edad, y que hace que los miembros de dicho grupo compartan un tipo de lenguaje especial, normalmente ininteligible para los que no pertenecen a él. Hay diferentes tipos:

  1. Las jergas profesionales. En determinados oficios o profesiones se utiliza un léxico muy específico, repleto de términos exclusivos de dicha profesión (a los que llamamos tecnicismos) y que, en muchas ocasiones, el resto de los hablantes desconoce. Es lo que sucede, por ejemplo, en el ámbito de la medicina, el derecho, la economía, etc.

  2. Las jergas marginales. La pertenencia a un grupo desfavorecido o marginal, o al mundo de la delincuencia, también genera un tipo de lengua diferente: el llamado lenguaje del hampa o argot marginal. Los individuos que se mueven en jun ambiente delictivo desarrollan una forma de hablar propia, plagada de términos que solo ellos conocen (maco en vez de cárcel, por ejemplo). El no ser comprendido por el resto de los hablantes es uno de los objetivos de este tipo de jergas. Son jergas marginales el lenguaje carcelario o el de los delincuentes.

  3. La jerga juvenil. Los jóvenes intentan ser diferentes de los mayores, y para ello emplean también el lenguaje como marca de identidad. Se caracteriza por utilizar un léxico propio en ámbitos como la droga (camello, peta, farlopa), el sexo (echar un kiki o un polvo), actividades delictivas (trullo, talego) en ocasiones tomado del argot marginal, abundancia de palabras malsonantes, etc. Es frecuente el acortamiento de palabras (anarco, masoca) y el uso de una ortografía al margen de las normas (okupa, anarkía), reforzado por las redes sociales, donde se abusa de siglas y abreviaturas.


2. Los registros idiomáticos.

El uso individual que de la lengua hace el hablante, en virtud de la situación comunicativa en que se encuentre (variedades diafásicas), recibe el nombre de registro idiomático. Cada situación comunicativa requiere un registro. La capacidad de cambiar de registro de los hablantes depende de su competencia lingüística: cuanto mayor sea su grado de instrucción y conocimiento de la lengua, más fácil le resultará pasar de una modalidad a otra. Tan inapropiado es utilizar un registro coloquial en una situación formal como viceversa. De acuerdo con el uso más generalizado podemos distinguir dos tipos fundamentales de registro:



  1. Registro formal. Utilizado en situaciones en las que no conocemos a nuestros interlocutores, no tenemos confianza con ellos o queremos mostrar una actitud respetuosa. El léxico se vuelve más cuidado, evitamos coloquialismos e incorreciones.

  2. Registro no formal (coloquial o familiar). Lo empleamos con personas de confianza, amigos y familia, con quienes hay una comunicación directa y espontánea que se aprecia en el empleo de hipocorísticos (mamá, papá, Chema), diminutivos, términos coloquiales o jergales y un léxico más reducido.

En ocasiones se confunde nivel popular de lengua con registro no formal. Aunque tienen elementos en común, responden a criterios diferentes: la lengua popular es una variedad diastrática (que depende del nivel sociocultural del hablante) y el registro no formal es una variedad diafásica (alude a una situación comunicativa determinada). Aunque es característica de la lengua oral, la variante coloquial puede aparecer en el registro escrito.



Sus rasgos lingüísticos son los siguientes:

  1. Aspectos fónicos: se produce cierto relajamiento en la articulación de los sonidos (vete de ái por vete de ahí, taluego por hasta luego).

  2. Tratamiento: pronominales (tuteo), nominales (apodos, hipocorísticos), expresiones cariñosas.

  3. La expresividad: la manifestación de la subjetividad o afectividad del hablante se refleja de modo particular en la gran riqueza en la expresión de la modalidad -duda, asombro, sorpresa, admiración, reproche, enfado, exhortación-; en la organización subjetiva del mensaje, sin reparar en la estructura lógica del mismo; creaciones léxicas espontáneas (Tiene mucha pechonalidad).

  4. Economía y comodidad: se asegura la comunicación con el menor esfuerzo, lo que implica descuido formal e imprecisión, como en las formas regresivas (cole, bici, tele, profe), muletillas (o sea, bueno, vamos), frases hechas (como yo digo) y palabras comodín (cosa, chisme, rollo, chorrada).


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